Ha sido un periodo de trabajo intenso. gracias a quienes escriben comentarios, es gratificante.
Año 762
Para cuando los bloqueadores le devolvieron la movilidad, descubrió su cuerpo en pleno funcionamiento, libre de todo daño previo. El siseo del viento entre los surcos de las rocas y las tonalidades azuladas de un horizonte extrañamente familiar, pero que podría jurar que no había pisado en recuerdos jamás ¿Habría muerto? ¿Dónde estaba el resto? ¿Gohan, Milk, Krillin, Bulma? No había señal alguna reconocible, quizá deambulaban como el en otros parajes lejanos, quizá realmente se encontraba en el otro mundo. No había tiempo de pensar en lo sucedido, debía poner manos a la obra, sea aferraba al proverbio personal que rezaba: todo siempre tiene solución.
No distinguía si se trataba de alguna imagen ficticia, puesto que nunca había vislumbrado ese número de astros cercanos. Distinguió al final de las imponentes columnas de piedra pequeños cobertizos rústicos, al pie de ellos tres figuras le observaban a una distancia considerable entre ellos. Sin sospechar lo que sucedía, buscó alguna señal.
—¿Qué es este lugar? — preguntó admirando el desolado paraje de terrones apilados, una atmosfera extraña de tonos café y cobrizos, sin lugar a dudas una terrible sensación de presión que aquejaba todos sus músculos.
—¿No lo reconoces basura? — El único individuo dispuesto a responder tomó sitio junto a él, dispuesto a entretenerse con una víctima tan obvia, pero habiendo recobrado su postura habitual, le causo un repentino sobresalto escandaloso —¡¿Pero que tenemos aquí?! —exclamó fascinado —Finalmente nos encontramos de nuevo, pequeño pedazo inservible— Se tumbó sin gracia observando con los colmillos bien visibles bajo esa risa floja —Sigues igual de débil que siempre— se carcajeó cual si hubiese escuchado la mejor broma de la historia.
—¿Quién se supone que eres tu? —Tomó su distancia sin entender el motivo de las burlas, aunque ciertamente, podía sentir la diferencia de poderes que esos sujetos poseían contra el suyo.
Pero el grupo no detuvo su interés por mucho, en seguida recordando que un tema requería mucho mas prioridad.
—¡Gohan! — Se levantó con torpeza en dirección al sitio donde sentía la débil señal del ki de su hijo. Descansaba su frágil figurita en torpor, por el pesado ambiente atmosférico. Acarició su frente en paternal gesto. Era un alivio verlo libre de sus heridas externas.
—¿Papá? — Esbozó una suave voz, abriendo los ojos con esfuerzo—¿Por qué no puedo moverme? —intentaba mantenerse en una postura, pero la debilidad de sus músculos se lo imposibilitaba.
—Tranquilo —Le intentó tomar en brazos con esfuerzo —Estarás bien— Cerró de nuevo sus ojos dejándole dormitar. No quería enfrentar la horda de preguntas que probablemente sobrevendría. Al fondo, el resto de compañeros de celda en ese rojizo paraje fijaban su atención a ese intercambio.
—¿Tienes un… crío? — Uno de los seres más corpulentos y musculados que recordara presenciar, lo interrogó con animadversión —No hay mujeres sobrevivientes de nuestra raza—Sentenció en curioso desplante.
—Pues parece que mi pelmazo hermano encontró la forma de preservarnos— El primer sujeto que se le había acercado sonrió para sí, regresando su atención a la comida que había dejado de engullir. Ninguno de los demás persistió el interés en el recién llegado.
Comprendiendo que ninguno de esos hombres tenía intenciones de aclarar sus dudas, dejó a la pericia de sus observaciones indagar en el resto. Todos poseían una cola como habría tenido en su temprana infancia. Todos parecían tener niveles de poder inalcanzables. Más, al pasar la vista por el de menor estatura, su quijada se tensó de inmediato. Su poder era inmenso. Una brecha casi inalcanzable entre sus habilidades y las de esa clase de ente sobrenatural. Había escuchado entre sueños de recuperación que le llamaban "el saiyajin sin cola" por lo que probablemente esas personas eran alguna clase de tribu o raza a la que él mismo perteneció alguna vez. Por el momento sospechaba que no obtendría una amistosa conversación al respecto y todo lo vivido era muy reciente como para intentarlo.
Había fallado, había dado lo mejor de sí, sin poder siquiera detener al líder del escuadrón que atacó su comunidad. No quería pensar que todo fuera el fin, que habría sido la última vez que disfrutó de su casa, que recorrió los bosques de criaturas que adoraba frecuentar… la última vez que escuchó a su esposa.
La idea le hizo recostarse, repugnado por el recuerdo y la emoción, no sabía si el resto habría sobrevivido, si alguna vez volvería a verlos y, sobre todo, si esos monstruos representaban del mismo modo una amenaza para su hijo, de ser así debía encontrar la forma de superar esas barreras de tristeza y sobrevivir… sobre todo de fuerza. Proceder con cautela y adelantarlos en poder. Si ellos habían logrado llegar a esas circunstancias significaba que él también podría.
No sabia que sus ansias de protección, se traducían en un beneficio directo a los villanos que le colocaron en ese infierno.
Año 763
Pulsaba por fin bajo sus pies la promesa esperada. Después de todo ese tiempo las reservas retribuían sus frutos, todas esas vidas arrebatadas por el precioso coste de su energía.
Al fondo del oscuro pozo, una grotesca masa de carne y venas temblaba amenazando con dar erupción a un ser de poderes insospechados. No así para la única figura que veía materializarse el sueño de su vida, el alcance de todo su poder sin nadie que pudiese detenerle. Reía en voz baja echando un vistazo a los dos crédulos que en ridícula celebración esperaban el momento de surgir.
El tamborileo se detuvo, de los visibles poros una espesa neblina brotó, dando lugar a una amorfa masa rosácea, la figura esperada tomó su primera sonrisa la criatura a la que debían temer.
—¿Es?...— Sin convencerse totalmente, el principal secuaz de la operación detuvo sus palabras.
—Es Majin Boo— Bibidi tallaba sus pequeñas manos totalmente absorto.
Al descender la extraña criatura, la sorpresa asaltó de inmediato a los testigos, puesto que el tercer involucrado tenía ya su propio plan en carrera.
Se deshizo de los pesados harapos, invocó toda la fuerza restante en su ser, la decadencia borrada de súbito por una invocación colosal de magia oscura y sin aviso, se dispuso a absorber de inmediato al único contrincante que tenía en su poder el secreto para encerrarle.
El arranque de ráfagas desfiguró al recién llegado, hasta integrarlo al cuerpo del responsable. Se dispuso a dar una mirada complacida al resto de los convidados al desastre, mas no esperaba la reacción calma y plácida del principal involucrado en esa desventaja táctica.
La diminuta criatura despreciable lanzó una risa de burla en contraataque. Extendió los dedos regordetes hacia ellos y emitió su propio conjuro en el acto.
Moro estaba descolocado, el giro de eventos era imposible, su piel comenzó a exudar el horrendo gas rosáceo de la criatura que acababa de absorber, su piel se retorcía en violentos movimientos y su fisionomía se desvanecia para ser reemplazada por una mueca siniestra, no era Majin, no era él. Un ente oscuro totalmente distinto producto de ambas detonaciones.
Los temblores en toda la zona eran apenas contenidos por la escasa atmosfera del pequeño planeta elegido, una dimensión que soportaría por poco la carga energética del evento de formación.
—¡Maestro debemos irnos! —Dabura intentaba sostener la barrera de energía que les aislaba del caos externo, pero la negativa de su empleador le impedía realizar la retirada por cuenta propia. Poco faltaba para terminar el ciclo y ya estaba listo para efectuar la siguiente fase.
—Moro, pobre tonto oportunista— susurró entre el desastre volátil de destrucción y energía —Pensaste que no lo sabría — se carcajeo sutilmente relamiendo los labios ante la trampa bien ejecutada. Quizá era un ente insignificante en poder cuya fama de torpeza recorría el universo, pero ahora compensaba toda su carencia en la astucia de su plan, sabia que seria menoscabado y esa era su ventaja. Se había preparado mucho tiempo ya para lograrlo.
Destelló el ultimo atisbo de cambio y prosiguió a sellar a la nueva criatura de inmediato. Un antiguo recipiente milenario en el que la figura emergente apenas pudo caer en cuenta de ser atrapado. El planeta bajo sus pies empezó su propio desmoronamiento, antes de finalizar del todo los transportó de regreso cerrando de inmediato el recipiente antes de que la estación terminara de ser sacudida.
Todos ahora sabían que lo peor estaba por venir. Solo quedaba un oponente a vencer en la lucha por la supremacía de todas las cosas vivas y por extraño que pareciese, debian encontrar la forma de reunir más recursos para estar en el nivel de su máxima amenaza.
Año 764
— Las cifras no mienten— la joven voz aseguró.
—Increíble— El anciano científico evaluaba en silencio los eventos en el dispositivo de grabación, uno a uno los pasos inexpertos cargados de una energía violenta y fugaz, tan poderosa que en tan solo un instante reunió una tercera parte de las cuotas diarias necesarias— ¿Cuál es la edad de la cría?— prosiguió Gero el interrogatorio sin mayor detenimiento.
— Apenas 7 años— un silencio expectante sobrevino. La existencia de esa clase de poder simplificaba las cosas de una manera muy provechosa para los objetivos de los amos, muy probablemente le daría una superioridad de rango como experto científico que hasta ese momento no le era concedido.
— Quizá es el beneficio del amonto anormal en células S— El analista medico, un brench-jin azulado continuó — Parece ser que son potencializadas con la mezcla sanguínea humana— Se echó a un lado esperando que su colega terminara de dar un vistazo a los resultados.
— Confiarse de estructuras naturales…. tan primitivo— Carraspeó perturbado— Propuse en alguna ocasión una fuente biomecánica ilimitada en energía— Soltó con amargura— pero estos malditos no confían en nada que no puedan controlar por magia— Musitó de modo casi inaudible, escudriñando a detalle las gráficas de proyección esperadas. Si bien no habrían querido arriesgarse a darle poder mediante sus invenciones, posiblemente podría sacar ventaja de sus enormes conocimientos en biomecánica — Al parecer este mestizo también es más dócil y menos proclive a buscar conflictos— Observó inspeccionando el registro hormonal y neurotransmisores. Estaba frente a una oportunidad muy favorable, solo tenía que sugerirlo y el resto sería sumamente fácil. Clones, nuevos elementos, lo que fuera posible crear a partir de ese hallazgo y con suerte, le compraría un poco más de libertad para sus propios fines.
La sonrisa que emuló no escapó de la vista de otro de sus compañeros de celda. Con una actitud completamente opuesta.
— No es práctico— sugirió el doctor Briefs, sin querer apelar con obviedad a la ética totalmente inexistente en esos lares— No es una fuente de poder estable, fiable, ni constante, el organismo tiene ya una ruta metabólica definida que le hace ser de ese modo, no accede a su poder a voluntad, cualquier defecto se potenciará en las nuevas constituciones orgánicas— Prosiguió llamando la atención del resto — Pueden terminar con todo un lote de organismos incapaces de potencializar energía. Terminó sus actividades, enderezándose del sitio donde realizaba reparaciones de rutina. Nunca fue la biotecnología su fuerte, sin embargo tenía que hacer algo al entender de quien hablaban. No podía permitir que Gohan fuese sujeto a ese tipo de experimentos inhumanos, era solo un niño.
—De todos modos debemos encontrar una solución al desabasto de esclavos fuertes— El medico brench del área inquirió —Entre las batallas y misiones de captura mas de la mitad han sido eliminados, los nuevos mundos no prometen mejores guerreros. El amo necesita más energía.
—Cada día tenemos menos reclutas para los escuadrones de recolectores—un humanoide amarillo prosiguió con otro problema insistente— a este paso terminaremos usando los individuos de mas riesgo de escape.
El doctor comprendió que quizá había hablado mas de la cuenta. Sacudió su apocado bigote, y se dispuso a salir, cayendo en cuenta de que quizá habría llamado la atención más de lo debido sobre los sobrevivientes. Dejó detrás un pensamiento sembrado, que rápidamente viró a una solución mucho menos agradable de lo que el primer ensayo sugería, pasando a perjudicar a la única persona en el complejo por la que daría su vida.
- ... -
—¡Yo no merezco este trato Vegeta! —Pateaba fúrica intentando librarse del doloroso agarre sobre su frágil hombro —cumplí con mi parte, ordena a tu gorila que me suelte o inventaré algo que les vuele la cabeza la próxima vez que necesites algo—Amenazaba casi de manera hilarante, situación que era recalcada por las risotadas de Raditz quien le sostenía cual cachorro rebelde sobre su hombro.
—Tus servicios están por expirar, mi poder es cada día mas grande — Inspeccionaba en la palma de su mano el nuevo aditamento solicitado. Era ya su costumbre permitirle ingresar con la finalidad de favorecerse de ello, siempre había un precio que pagar y siempre recibía el mismo trato hostil —No sé si me agrada la idea de que beneficies del mismo modo al imbécil de Kakarotto—Mencionó dándole a entender que sabía que ella era la causante de la repentina mejora en los entrenamientos de su rival —Quizá sea mejor quitar el problema de raíz— Sonrió tomándola del mentón para tener toda su temerosa atención.
—¿Es que no tiene valor tu palabra?—Le borró la complacida sonrisa, sumiéndolo bajo una mirada prejuiciosa. Hecho que siempre resultaba para desplumar sus ínfulas de grandeza.
Aburrido, hizo un ademán a su subordinado, quien de inmediato la liberó.
—Espera— Le interrumpió su apresurada huida. Acto seguido se dirigió de nuevo a su subordinado—si no funciona, mátala de inmediato. Colocó el diminuto cuadro sobre su brazalete, encendiéndolo hasta ajustarlo a la gravedad deseada. Una pequeña descarga indicó que sus efectos estaban a punto de surgir y de golpe fue casi enviado hasta el piso.
—Te lo dije— Se cruzó de brazos presuntuosa — llegará hasta 700 unidades… no lo excedas a menos que quieras…—-Se detuvo retándole con la mirada —¡Oh cierto!, no me importa… espero que esta vez mueras— Sonrió divertida siendo ignorada por completo, mientras su empleador se daba la vuelta. Se soltó de mala gana del agarre de su custodio resoplándole altiva y disponiéndose a marcharse rápidamente.
—Quiero otro neutralizador— Ordenó el líder sin mirarla, a sabiendas de la ronda de reproches que proseguiría.
—¡NO te debo nada Vegeta! — Le gritó a la distancia. Quitó el cabello de su frente, resoplando con el mismo estruendo que la tormenta que se avecinaba en el paraje. Regresó de inmediato con sonoras pisotadas, hasta estar justo frente al objeto de su ira —¡No soy tu maldita esclava! y ¡estoy arriesgando el pellejo por cumplir tus exigencias! — Olvidó del todo su intención de marcharse. Pero la mueca asesina de su oyente le hizo desistir acobardada. Dio un paso hacia atrás con lo que quedaba de su dignidad y se marchó sin objetar. Recordaba ese irónico momento en que por mera casualidad estuvo en sus manos la pobre vida del sujeto. Jamás se lo confesaría, pero ahora pensaba había sido una pésima decisión salvarle. En todo ese tiempo no había cedido al hecho de que era imposible razonar con ese hato de locos sobremusculados.
—Bulma— La pequeña voz que esperaba ver le llamó —Mi papá necesita ayuda.
Ambos se dirigieron al recinto rocoso donde descansaba su viejo amigo. Al ingresar la sorpresa le asaltó frente a la escena.
—¡Caray Goku!…. ¿Que te ha pasado? —Enunció conmovida por el estado de salud deplorable de su compañero terrícola. Estaba en los huesos, desprovisto de ropa decente y sumamente apaleado. Un estado de crisis constante que nadie habría atendido en mucho tiempo y aun así, seguía en pie simplemente sobreviviendo.
—No es nada— Sonrió desganado —al parecer quieren enseñarme alguna especie de lección que no he terminado de aprender.
—Maltratan a mi papa para que se someta a su egoísmo ¡Lo quisieron llevar a uno de esos escuadrones! ¡El nunca será un asesino! — Reprochó el menor con sus pequeños puños bien cerrados— son unos….
—Lo entiendo— Bajó ella hasta su nivel —Pero supe también lo que lograste hacer, eres mas fuerte de lo que todos creíamos — Le dijo asombrada a la vez que consternada. Los estudios de sus arranques de fuerza habían llegado a sus manos por medio de sus contactos en el área médica, Su poder era desafortunado a la hora de vislumbrar la clase de monstruos que transformaban sus virtudes en desgracias. Sus ojos zarcos tocaron el suelo ante las probabilidades funestas que ese descubrimiento podía atraer.
—Gohan— Ella prosiguió tomando su mano en la propia —Será mejor que por el momento guardes tus emociones, solo un par de días mas y podremos ser libres, espera un poco mas— Rogó entendiendo a su vez que estaba exigiendo demasiado a un niño de tan corta edad.
Pero él siempre se distinguió por poseer un entendimiento de mayor calibre al de cualquiera. Asintió guardando sus pensamientos para si.
Siempre repitiendo en su mente las palabras de su madre, aquel día cuando bajo su sacrificio consiguió librar una batalla imposible, donde ella antes de morir exigió en pago el mantra donde su inocencia se quebró "Se valiente hijo mio, se valiente y sobrevive".
Llevó su ofuscada figura al final del remedo de entrada que habrían construido. Los símbolos que le daban significado a su lucha estaban tallados en las entradas, los nombres de sus seres amados, los antiguos kanjis de sus casas. Sin embargo el sentimiento que les producía vengarlos, cada día se sentía mas difuso. Miró alrededor, el resto de sus congéneres entrenaba sin descanso, indolentes a su situación como de costumbre. Un montón de seres sin alma cuyo combustible era el calor de una nueva pelea. Parecía que el sentido humanista de libertad y justicia se habían acabado desde el mismo instante en que pusieron pie en ese horrible lugar.
Sus pensamientos de algún modo siempre terminaban en su madre, en la vida que nunca conocería, todo lo que jamás pasaría por su experiencia, ya ni siquiera recordaba el sabor de sus comidas, luchaba por recordar su olor y voz, por no dejar atrás su estampa del modo en el que su padre parecía haber hecho. No lo comprendía, mas tampoco se atrevía a juzgarlo. Suspiró sentándose en la distancia mientras escuchaba a su padre quejarse por el tratamiento para restaurarle. Solo un par de semanas mas y el ultimo escape estaría a su alcance. Solo un poco más y encontraría la forma de arreglar todo.
- ... -
Miraba el cronometro en su muñeca, hacia mucho que el tiempo era irrelevante, sin embargo la precisión de la hazaña debía ser consolidada en todo aspecto. Sin demoras, sin errores. Escuchaba en la distancia el ruido del domo de pelea levantar las puertas de sus jaulas, pronto terminaría, solo unos momentos mas y rogaba a todo ser que pudiese escuchar su plegaria, que el resto de sus seres amados consiguieran librar con vida esa ultima batalla.
Corrían sobre el resto de cuerpos desperdigados en la arena, simplemente esquivando ataques cercanos, los enemigos rutinarios se enganchaban, buscandose entre los pocos sobrevivientes, el único frente que se sostenía a la defensiva era el de los terrícolas, espaciados con suficiencia para no despertar sospechas en sus actos, esperaban la señal, solo un momento en el descuido de los captores, todos silenciosamente conectando sus miradas en medio del caos orquestado por los asesinos del área.
—¡MUEVETE NAPA! — Cargaba Raditz un contraataque contra el grupo de guerreros de Namek que ahora se unían recabando una energía suficiente para eliminar uno de los planetas mas grandes de ese sistema.
—¡No lo hagas imbécil! —el primero gritó ante lo inevitable, la onda de choque llevó a casi todo ser presente hasta el suelo, en el camino cercano los restos carbonizados de los primeros atacantes volaron en todas direcciones.
En la distancia Freezer se incorporaba retomando su presa desde el suelo.
—Solo un golpe de suerte que no evitará que te mate esta vez, maldito simio— Encajó otro gancho al estómago del casi desvanecido Vegeta —Esto debí hacerlo hace tanto tiempo… — Lanzó la daga de ki justo al centro de su odiado oponente, pero éste golpe fue contenido por el ser que menos esperaba ver en ese instante.
—¡Detente! — aferrado al casi abatido príncipe, Gohan intentaba frenar el acto que presenció en la distancia, por mas que lo intentó, no pudo contener la necesidad de brindar su ayuda, aun cuando se trataba de uno de los seres que menos empatía le habrían dado desde el día que llegó a ese infierno.
El siniestro ex emperador se contuvo momentáneamente, casi entretenido por el acto de tremenda irracionalidad que contemplaba, llevó su mano a su mentón y miró en todas direcciones. Esta vez no había nadie que pudiese ayudarle.
—Muy estúpido, muchacho — Sonrió apuntando con el dedo —Eso fue… sumamente estúpido— y disparó otorgando una herida escandalosa al costado de su víctima.
—¡GOHAN! —Sin meditar lo que hacía, piccolo voló en su defensa descuidando por completo el puesto de guardia entre su raza. El tiempo de convivencia con los terrícolas le había hecho formar un extraño lazo con el menor de ellos, recordándole su misma condición como un ser alguna vez vulnerable entre un mundo agreste.
—Dos por uno— sonrió el malicioso tirano. Su precoz victoria se vió aplazada por su antiguo juguete de humillaciones, levantado milagrosamente, goteando entre el sudor y sangre de las heridas acumuladas, resoplaba transpirando el cumulo de humillaciones proferidas, jadeaba fracturado en orgullo y cuerpo.
—¡NO HE TERMINADO CONTIGO! —Gritó expulsando con violencia las ultimas fuerzas de su aura azulada. El poco sorprendido ex monarca ladeó la cabeza posando las manos en aburrido desplante. Detestaba las frecuentes interrupciones y con la mano realizó un ademan despectivo, indicándole al retador que le diera su mejor golpe para terminar todo de una buena vez.
La humillación fue la gota que derramaba el vaso de su conciencia.
—Vas a arrepentirte de esto toda tu vida— Aseguró fijado su espíritu en la rabia y el odio, movido en el acto y el tiempo, en todos sus vanos esfuerzos y el dolor de toda su agónica historia, abandonó toda su conciencia y esperanza, moriría de ser así, mas de pie y entregado a lo único que le mantuvo vivo por sobre todas las cosas: su venganza y orgullo.
Y en un grito invocó toda su fuerza. La ráfaga de viento abstrajo la atención de todas las vistas que, sin creerlo, lo observaban entre la tormenta, tornar sus colores opacos a un estridente brillo intolerable, la presión de la falta de control vibraba el suelo de la arena.
—¡AHORA! —Escucharon en la distancia. La falla inmediata abrió de golpe las puertas desestabilizando los constrictores de energía, todos los sistemas quebraron de un golpe. La distracción fue suficiente para que los pocos atentos encontraran la veloz salida.
Los bloqueadores fueron neutralizados en cuestión de segundos, solo unos minutos tendrían que bastar. Habiéndose aglomerado en la salida, No 16 se detuvo intentando contener la amenaza de otros oportunistas que buscaban escapar.
—¡Que haces! — Krillin le instó a huir apresurado — Si ellos también salen, no habrá manera de que utilicen la anomalía temporal — Le rechazó empujándole a seguir —Yo no tengo otro propósito en la vida que destruir a Gokú — Se lamentó observando la avalancha sobrevenir —tal vez así sea mejor.
Corrió al encuentro de las criaturas que a toda costa intentaban usar la salida emergente.
—¡Dieciséis! —
—¡Vamonos! — Piccolo le tomó del cuello impactándole en la realidad—¡Gohan esta herido! — Sostenía al niño casi desprovisto de color por sus escandalosas heridas abiertas.
—Debemos robar una capsula de recuperación— Krillin insitió cerrando la entrada antes de ser alcanzado por el último saiyan.
—¿Dónde esta Bulma? — Gokú corrió detrás del grupo —¡Dieciséis se quedo atrás! — intentó hacer entender al resto sin caer en cuenta de lo que sucedía
—No podemos esperar mas — Piccolo enseñó el estado en que se encontraba el menor—honraremos su vida defendiendo lo ultimo que queda de la Tierra.
—¿¡Que están esperando!? — Bulma les esperaba acompañada por su padre al final del laberinto
—Necesitamos una capsula — Gokú insistió despavorido por la alarmante amenaza de perder a su único hijo.
—Ya estoy en ello — Contestó ella tecleando el pequeño control con el que provocaba las fallas — Pasillo 15— contestó siendo sujetada por su compañero —¡Tenemos unos minutos antes de que colapsen los bloqueadores!.
—Sujetate — ordenó el saiyajin surcando los aires como un trueno de poder. Al instante ingresaron en el área deseada, bajando ella lista a encapsular uno de los tanques de regeneración.
—Señor, intrusos en la base 15— Uno de los ayudantes del domo inquirió en la falla más sospechosa—No podemos bloquearlos — llamó la atención del jefe absoluto, quien por una funesta casualidad se encontraba en el panel de control vigilando la batalla.
—Dejalos entrar — Sonrió deseoso de encontrar un buen ejercicio vespertino—esta vez yo me encargaré — salió con su enorme estatura y capa, sondeando con rapidez los planos para llegar antes de perderse ese encuentro.
En el área, la luz se extinguió. De golpe un ki enorme ingreso anunciado por una curvatura de horrendo gozo en sus labios. La voz tenebrosa y los ojos viperinos pusieron el pelo de los intrusos en punta.
—Sabia que se trataba de ustedes— el enorme demonio iluminó el recinto solo con su aura.
Los dedos del saiyain al frente se movían preparándose para el ataque.
La mujer detrás de su protección intentó alejarse mas, buscando resguardo entre todos sus aliados.
—Quitate de la puerta — Gokú gruñó sin intención alguna de retractarse de los actos cometidos.
— ¡Goku! — Piccolo le llamó recordando lo antes visto —No dejes que su saliva te toque — advirtió en todos los abusos que gustaba de hacer contra victimas incautas.
De inmediato Dabura se lanzó sobre el grupo, siendo esquivado por el líder que contraatacó con un disparo de energía, intentando distraer su atención de la presencia de sus amigos. Continuó su ofensiva con disparos que eran esquivados con relativa facilidad, intentaba acercarse al resto de los rebeldes sin éxito, las contantes intromisiones del saiyajin bloqueaban las salidas por las que el resto de terrícolas intentaba escapar.
Teniendo hartazgo en el repetitivo hecho, la inferioridad de los esquivos adversarios y la incapacidad de dar un rápido fin, finalmente su colera estalló.
—Pensé que sería mas sencillo — Se sulfuró retirándose la capa de un tajo—Pero hace mucho que no tengo una batalla digna. Saltó con todo su poder contra el mayor estorbo en la sala, de inmediato incrustándolo entre los duros muros de titanio, la mano fija sobre el rostro, disfrutando la lentitud por dolor provocada. No deteniendo su marcha destructiva, rebasó los limites de todo material destrozando, con el cuerpo de su enemigo como escudo, todas las estructuras del área, una orquesta de caos ante los ojos de todo espectador que huía horrorizado de la zona de acción.
Aun cargando su transformación mas poderosa, el freno que proporcionó a la imparable destrucción fue tan insustancial, que apenas le permitía sostener ambos pies para esquivar el curso de la terrible ronda.
Una vez libre intentó asaltarle únicamente en uso de técnica, la proximidad de inocentes era demasiada para usar ataques de ki. En su mente corría la desesperación del poco tiempo que poseían, el deplorable estado de su hijo y la vulnerabilidad del resto de sus aliados atascados en la fortaleza.
Mas todo movimiento era frenado incluso antes de comenzar. Las fuerzas que poseían, simplemente no eran comparables.
El click de las ultimas migajas de tiempo resonó, no había otra oportunidad.
Entre los testigos, el único mártir restante…comprendía lo que debía hacer.
—¡¿Qué haces?! — La mujer refugiada bajo los escombros intentó detener a su compañero y amigo, cuando de forma solemne, apretó los ojos denegando a la valentía abandonar su cuerpo, se puso en pie, el último guerrero humano, invocando sobre sus palmas, el único ataque que a corta distancia podría hacer una diferencia.
—¡Gokú! — Le gritó intentando atraer su atención —…Encuéntrales esperanza— Se avalanzó sobre el invencible oponente —¡Taioken!.
El resplandor borró la vista de todo aquel que desconocía el ataque
—¡Maldito estorbo! — furioso, mas no cegado por completo, el enemigo le lanzó una ráfaga tan poderosa que hizo cimbrar los cimientos del complejo.
—¡Corran imbéciles! — Piccolo gritó a ciegas aun sosteniendo al niño, sabiendo que no habría vuelta atrás al sacrificio que acontecería.
—¡No podemos irnos sin el! —Bulma rogó siendo arrastrada por el namekiano.
—¡NOOO! — Gokú desgarró la voz entendiendo que el destino de su mejor amigo, quien tantas ocasiones habría intentado proteger, estaba finalmente sellado. Desapareciendo su estampa frente a todos, provoco tal arrebato en su alma, que el viento voló salvaje arremolinándose sobre su presencia, las venas sobre sus puños se ennegrecían en la cantidad de sangre que desbordaba ese jadeo de rabia y dolor, de la nada se materializaban rayos en la esfera, atravesando sin piedad el resto de escombros metálicos que temblaban y desintegraban la estructura completa del ala.
—Impresionante — admitió el enorme monstruo rojizo—pero eso no va a bastarte para vencer.
En plena conciencia del riesgo, Dabura se lanzó de nuevo en carga completa, contra el osado esclavo que rebasaba de nuevo los limites de su poder de forma incomprensible, casi colocándolo al borde de sus mayores fuerzas. Sin querer admitir que la diferencia en su favor no era tan miserable, que debía poner todo su empeño en solo un golpe certero.
Sin embargo, la suerte actuó de su lado. De inmediato cayeron todos al suelo, finalmente doblegados por el fin de la resistencia de sus bloqueadores ahora en plena capacidad.
El silencio reinó de nuevo, todos los elementos rendidos en diferentes locaciones. Caminó hasta la porción mas dañada de la fortaleza, donde presenció el casi fructífero escape de los terrícolas, que por unos centímetros habían logrado atravesar el casco de seguridad. Su mirada fija en los humanos del área intelectual. Ciertamente babidi había tenido toda la razón en sus conjeturas. Esas criaturas consideradas miserables en poder, podían haber hecho la diferencia táctica de no ser por sus apegos.
—Llévenlos a sus celdas y desconecten a los humanos hasta que lo ordene— avisó a los organismos de control y limpieza que se aproximaban — la mujer será dispuesta en otra celda, no la activen hasta que sea dado el aviso.
Estaba tan molesto como sorprendido, esa mujer insolentemente astuta habría orquestado el mejor de los ataques y ese sujeto inconcebible, logró un cambio monumental de poder en unos instantes producto de su rabia. ¿Que clase de seres eran esos saiyajin? ¿Y cuanto poder podrían llegar a reunir en poco tiempo?. A nadie admitiría que casi por un instante, tuvo la inseguridad de pensar que quizá no sería el vencedor.
- ... -
—La llamada proviene de los antiguos códigos de las filas de Freezer — Gichamu inspeccionaba la superficie del planeta —Las ridículas vidas primitivas abundan en Vampa— hizo una mueca despectiva al encontrar las formas que aguardaban la entrada de su nave a la atmósfera.
—Mucho tiempo estuvieron escabullidos en ese infierno — Otro de los pilotos concedió el asombro al descubrimiento.
—Las lecturas indican un potencial muy alto — El ingeniero inquirió en la potencial amenaza de uno de ellos—Quizá lo mejor sea probar el nuevo invento del panel de seguridad— activó los códigos sin esperar respuesta —No tenemos en este momento escuadrones de recolección.
—Procediendo a neutralizar todo elemento biótico— aseguró el perímetro de inmediato con la red de bots dispersos. Al observar que el ataque neural daba resultados se aventuraron a acercarse mas.
—Un saiyan anciano— Susurró entretenido—Eso no se ve todos los días.
—No está solo — Su ayudante advirtió. El pánico se apoderó de sus rostros al mirar al más joven levantarse sumamente furioso — Maldición dale una dosis doble— Pero el individuo no detenía su fiera marcha—TRIPLE— finalmente los disparos directos lograron derribarle. El shock ante lo imposible inundaba el panel. Ni siquiera las criaturas mas poderosas a bordo podían soportar la triple descarga mortal de paralizadores.
—¿Que clase de monstruo es ese? — Estiró y retrajo los dedos con nerviosismo antes de atreverse a continuar el procedimiento—¿Otro híbrido?.
—No— Guichamu sostuvo el aliento—Las lecturas indican que es un sangre pura. Todos los presentes dieron un momento a inspeccionar el inusual hallazgo.
—Es un tipo enorme — No podía su ayudante quitar los ojos de encima, el numero de robots necesarios para transportarlo era elevado.
—Como casi todos los malditos de esta raza— Finalizó su jefe, dejando de lado el transmisor del panel para ir a la sala de recuperación a inspeccionar por si mismo el control de ese animal recién ingresado. Seguramente un descubrimiento aterrador.
Cuando el sueño le devolvió la parcialidad de su visión periférica, la sensación familiar después de tantos años costó un escalofrío en su espina.
—¿Ve…getasei? — escudriñó los alcances de ese horizonte, un holograma digno de los extintos planeta en el que pensaba se encontraba. Pero ¿Dónde estaban todos los sobrevivientes? ¿O se trataba acaso de una nueva era en el planeta? ¿Dónde estaba su hijo?
Vislumbró detrás de las murallas vítreas una sombra diminuta, contemplándole con el entretenimiento de un espectador en el zoológico. No atinaba a adivinar que clase de criatura era, pero entendía que estaba frente al autor de esa inmoralidad. No debía ser su planeta, era una vulgar imitación donde era exhibido como animal exótico. Se levantó desechando el polvo y dio vuelta sin mirar. No había oportunidad de entablar dialogo alguno pues en ese momento supo cual era su posición en jerarquía. Tan relevante como la nulidad en sí.
Fue entonces cuando miró con claridad. A la lejanía sus últimos congéneres reclutados existían en ese espacio como sombras del pasado, de todos los que hubiese esperado encontrar, solo cinco de ellos subsistían. Por desgracia, una silueta reconoció muy bien, pues fue en algún momento la causa principal de su destierro. Entrenaba en la lejanía, sometido a algún trance mental, pero era la viva imagen de la estirpe que tanto odiaba.
El resto de los convidados no se habían percatado de su presencia aún.
—¿Que sucedió con el gran Freezer?— preguntó ruidosamente esperando llamar la atención de alguno de ellos.
Los mas cercanos interrumpieron sus actividades.
—¡No puede ser! — Nappa al instante cayó frente al intruso — Un maldito desterrado— se carcajeo sin poder detener su asombro —Ahora si creo que es el fin de todo lo conocido— se aproximó sin temor alguno resguardado por las normas del sitio.
—¿Quien se supone que eres? —Preguntó el recién llegado sumamente turbado.
—O solía ser… —El otro joven de aspecto desaliñado se unió a la novedad —No creo que recuerdes los antiguos decretos— sostuvo su propio mentón intentando descifrar porque su rostro le parecía familiar—El es Napa y ¿tu, anciano?.
—Paragus— interrumpió el calvo encolerizado sin dejarle responder — ¡Escoria traicionera! —escupió a sus pies —Pero como podrás darte cuenta— Señaló a brazos abiertos la jaula donde todos se encontraban—Ya no queda nada de lo que deseabas usurpar.
—Somos los últimos — Raditz se encogió de hombros aburrido —Pero para tu infortunio—Prosiguió tentando suerte acerca de las intenciones de lo que su compañero afirmaba— La casa real también sobrevivió — Señaló el centro del remolino de arena donde la figura inamovible de un absorto joven permanecía —Así que oficialmente sigues siendo un súbdito del último príncipe saiyajin.
—Todo ese tiempo escondiéndote como una rata— susurró Napa en cercania—… En vano— Se carcajearon ambos frente a la mueca de desaprobación y repugnancia del nuevo integrante. Suponía que todo ese tiempo habría estado atormentado por el fracaso de su infructuoso escape, un exilio que había sido comidilla de la sociedad de vegetasei en su tiempo. Un afamado general que habría intentado usar a su hijo como escudo del nuevo orden social.
—¿Dónde estuviste todos estos años? — continuó con la despiadada burla—¿No encontrabas un plan suficientemente bueno para embaucar a los demás? — Daba codazos furtivos a su compañero que del mismo modo se unía a la humillación del sujeto —¿Tu hijo desquiciado también sobrevivió?.
Pero el viejo No prestó mayor oído a las insolencias que brotaban como verborrea imparable. ¿Vegetasei destruido? Se alejó sin decir algo más, comprendía que la respuesta a ese enigma no llegaría de boca de ninguno de ellos. Llamó su atención la presencia de otro superviviente que, en la distancia, hacía alguna clase de tutela de un menor. Hecho que consternaba su memoria en ese lejano planeta con su única compañía. ¿Dónde estaba su hijo? ¿Qué habrían hecho con él? No había ningún consuelo en su ansiedad y lo único que podía seguir mirando fijamente era la silueta de esas figuras externas que no dejaban de parlotear cosas inentendibles desde esa dimensión. El abrupto cambio era demasiado para un solo día.
—Con que nuevos reclutas—
Del otro lado del recinto, resguardado bajo la seguridad de los limites impuestos. El amo de toda la operación había sido llamado ante el inusual hallazgo de la poderosa fuente dormida.
—Así es mi señor — inclinado en gran reverencia el medico Brench asintió—estamos trabajando en solucionar los desabastos desde que iniciamos las rotaciones del domo— les señaló entregando en sus manos los planes a seguir—otro de los ingresados al parecer no tiene control sobre sus niveles— justificó la ausencia del ente que seguramente buscaba echar un vistazo—Permanece en criogenia hasta perfeccionar sus dispositivos de control— extendió el otro informe a las manos del dueño del complejo —mejoramos los aislantes después del ultimo incidente de escape, pero parece variar sus lecturas en niveles inimaginables.
—es una pena— exclamó repasando los detalles de dicho elemento—tanto potencial de preciosa energía en una sola especie— afirmó levantando los ojos al grupo de criaturas que tenía enfrente. Todos cumpliendo sus entrenamientos sin darle atención a su presencia —sin modo de exprimirlo por completo.
—Sucederá lo mismo que los demonios del hielo — Se atrevió a opinar sobre futuras contiendas—No podemos seguir enfrentándolos así, se extinguirán también—
—No— Sonrió regresando los documentos a su dueño—Los saiyajin siempre tendrán la ventaja— confesó caminando de regreso por el pasillo de sus colecciones más exóticas—Por eso los icejin los subyugaron desde el comienzo— continuó la explicación como si explicara los viejos secretos del universo a un incauto aprendiz—sabían que existen algunos pocos prodigios…las reservas les son ilimitadas de manera natural, pero esto es una condición que incluso ellos ignoran, en miles de años no habríamos conseguido una cosecha igual, tantos prodigios coincidiendo en un solo momento de la historia— sonrió fascinado por las fructuosas coincidencias que le habrían llevado al éxito. De pronto miró a su lado al silencioso espectador que no se atrevía a pestañear evitando desconcentrarle. Aburridas criaturas tan serviles, pensó enfureciéndose sin motivo—Has tu trabajo y consígueme más de esa energía pronto.
—Como usted ordene— se apresuró a dejarle atrás.
—Mi colección se ampliará de alguna forma — Repasó en su mente los nombres de los cuatro elementos que le darían la ventaja —todavía nos falta mucha energía para poder enfrentar al dios de la destrucción— se carcajeó regocijado en su repentina suerte—pero estos seres pueden darnos la clave para vencerlo.
Año 765
— Siempre supe que eras un terrible monstruo… — Fue lo único que pudo decir. El sabor cenizo de la amargura detenía sus palabras por la impotencia del momento. Inmovilizado solo cooperando en lo que garantizara la supervivencia de lo que más amaba, su hija ahora expuesta como un animal de laboratorio. Deseaba desaparecer en ese momento, pero sabía que quizá aun podía hacer algo para ayudarle.
El aludido no volteó, ni siquiera se inmutó de la ira implícita de esa declaración. Tenía también cargando una decepción notoria, más no por las vidas que arruinaría, no por los inocentes que condenaría, ni mucho menos el alcance de la vileza en lo solicitado. Lo que más le aquejaba era el desperdicio de su genio, el orgullo quebrado de supervisar eventos de tan bajo nivel de conocimiento, que consideraba ese designio una afrenta personal.
Claramente era hecho por humillarle, más no tenía opciones de protesta o mejora en sus condiciones. Jamás debió hablar de sus hallazgos, no trataba con visionarios, sino con entes huecos cuya única finalidad era destruir al mundo. Ahora les había dado una salida a sus desabastos energéticos, una solución elegante ahora tergiversada en burdo fiasco primitivo. Querían su propia escuadra de soldados de reemplazo y la tendrían con o sin su ayuda. Con ordenes específicas que él no habría diseñado, Era la forma de hacerle ver su propia insignificancia.
— Este no era el plan— contestó con brevedad. Otra serie de gruñidos inconformes provino de otro sujeto al final del panel médico.
— Malaka, guarda silencio y termina el trabajo— Detalló los informes y tiempos en los que el experimento tomaría lugar. Ya habrían intentado sin éxito un ensayo en condiciones controladas, pero no había forma de que funcionara. —No ha habido éxito en ninguna de las pruebas in vitro, no queda mas que el camino antiguo — Se lo tomaba como un agravio personal, ni con todo su conocimiento avanzado en genética y biomecánica había logrado recrear las condiciones optimas para generar nuevos individuos, necesitaba por fuerza equipo mas avanzado que en repetidas ocasiones le había sido negado. Necesitaba ahora la observación in vivo para entender el misterio de ese fenómeno celular. Las sustancias implicadas en un desarrollo embrionario normal humano no estaban siendo eficaces.
— ¿Cuantos ensayos? — preguntó sin querer saberlo realmente — Es la última hembra de tu especie… ¿destruirás de ese modo el último vestigio de tu propia especie? ¿Crees que por esto te dará algún reconocimiento tu esclavista?— Continuó el único médico del área sin poder callarse, no se atrevía a mirar el recinto donde llevaban a cabo la exploración robótica del sujeto de estudio. quizá era la falta de decoro, quizá se habría encariñado ese tiempo de convivencia o quizá eran los favores que nunca más tendría de ella. Pero ese nuevo proyecto era nauseabundo incluso para él mismo.
— No hay otra forma, la cantidad de energía en las reservas no es suficiente para enfrentar a los últimos dioses, Babidi dice que el tiempo se acaba y no tienen ni el mínimo reunido para hacerle frente— se justificó escuetamente— Han hablado de una mayor variabilidad en la muestra para menos errores, usaremos los individuos con mayor probabilidad de generar fuerza y retenerla— Cual si repasara un aburrido proceso habitual, continuó hablando sin emoción alguna —Ya tenemos tres individuos con ese potencial de cambio, utiliza a los dos que tienen control sobre si mismos — Otorgó el listado de especímenes con vida compatibles para proseguir su orden.
— No cooperarán— Malaka ni siquiera se dignó a mirar, sabiendo muy bien que se trataba de una raza sumamente negligente y orgullosa.
— No les dejaremos opción— Finalizó Gero molesto, arrojando los resultados de la prueba que acontecía. Otro patético fracaso que le ponía en un estrato aún más bajo de lo que le hubiera gustado estar en ese instante. Lo único que brindaba consuelo era someter a su máximo enemigo a circunstancias menos dignas, estaba seguro de que eso le significaría un mar de pesadillas.
Año 766
Los neurotransmisores habían dejado de funcionar en sus capacidades normales por ya un buen tiempo. Tenía horas completas de sueño, mas no de descanso. Se incorporó del rígido cubil con sumo esfuerzo, eran los últimos días de una larga espera y su cuerpo desnutrido apenas resistía el peso del enorme bebé que resguardaba. No ayudaba la poca disponibilidad de sanitarios, o lo que fuese que se consideraran los grandes tubos de limpieza, sumamente incomodos y poco prácticos para una mujer en su condición, sobre todo siendo rodeada por bestias sanguinarias la mayor parte del tiempo.
De inmediato acarició la diminuta espalda del ser que se habría vuelto su compañero incansable durante ese ultimo año. Amaba verlo dormir, actividad que le restaba beneficios nocturnos, pues no podía dejar de disfrutar observarle de forma enternecida entre sus horas de sueño.
—Es hora de ir a trabajar — depositó un tierno beso en sus cabellos atizados. Era viva imagen de su padre, más disfrutaba esas peculiares líneas de su propio color en un costado de su pelo. Meditaba en la lejanía de sus conductas pero similitud de carácter, no importaba el padre, era de ella, solo de ella. El niño había sido victima de un mal manejo de crecimiento, tenia el cuerpo y conocimiento de un niño de 4 años, pero apenas la madurez de uno de tres. Sus movimientos y gestos resultaban un tanto torpes a lo esperado para su edad. Quizá también era un proceso natural en su hibridaje, ya que le recordaba en demasía al pequeño Gohan cuando le conoció, solo enteramente opuesto en personalidad. El silencioso infante talló sus profundos ojos azules, tomando de inmediato su semblante serio característico, alisando el overol miniatura idéntico al de su madre y estirando su pequeña cola para alistarse en un bostezo casi gatuno.
—Apresúrate— le apremió ella tomando su bolso de herramientas para salir del área contigua a su celador personal. El infeliz dormía de forma tan ligera como pesada era su presencia. Pero poseía una ventaja permanecer en el mismo radio que el padre de sus hijos. ningún otro se atrevía a dañarlos, hablarle o siquiera mirarla. Aunque desgraciadamente esa premisa incluía a sus amigos, quienes en repetidas ocasiones se habrían enfrentado al irascible saiyajin en busca de liberarla.
Lo observó en la distancia, dormitando en ligero gesto relajado. Era una extraña sensación entre odio y seguridad, quizá algún tipo de síndrome psiquiátrico del que habría olvidado el nombre. Estaba tan cansada de todo lo vivido, que prefería silenciar todo pensamiento mas allá de sus propias tareas diarias, había sido un largo embarazo que por lo menos habría transcurrido en relativa tranquilidad.
Tomó a su hijo de la mano y éste le extendió el brazo para ayudarle a cargar esas herramientas pesadas —¿Ayudarás a mamá hoy también? — preguntó alegremente a lo que él sólo asintió contento. Ambos se apresuraron a las salas médicas por las puertas especiales de su compartimento. Había mucho trabajo por hacer.
El resto del día transcurrió en silencio, ambos consumían sus raciones diarias mientras ella instalaba los últimos controles de los tanques especializados, nuevas invenciones procuradas para la salud de criaturas mucho mas débiles, capaces de mantener en estados de normalidad por meses a sus ocupantes. Un proyecto mayormente pensado en el bienestar de sus hijos.
No sabia cuando, pero entendía que pronto iniciaría el entrenamiento de su pequeño ayudante y el miedo a perderle la obligaba a trabajar sin descanso en perfeccionar ese sistema en los mínimos detalles. No volvería a pasar el dolor de la primera vez que le pusieron en ese duro riesgo, sacándolo antes de tiempo, introduciendo los sueros de edad que casi le arrebatan la vida. Sintió una leve punzada en su cadera, signo de que ya se acercaba la fecha de parir a su siguiente vástago. Una falsa contracción la llevó a sentarse. De inmediato su hijo mayo,r hasta ahora inmóvil, se acercó buscando señas de alarma.
—¿Mamá? —Le tocó el brazo sin poder averiguar si algo necesitaba atención.
—No es nada— suspiró abstrayéndose en el trabajo que ya tenía varias horas ejecutando —Tu hermano anuncia que pronto quiere conocernos— El resto de las criaturas que trabajaban en el área les miraron sin especial interés. Se habían ya acostumbrado a la escena inusual de la diminuta cría y su madre reparando artefactos complicados.
Transcurrido el día. Las puertas fueron abiertas y un insignificante ser amarillento ingresó, logrando tensar a los partícipes lo suficiente para concentrarse en sus propios asuntos.
—Señor Kikono— Le recibió uno de los droides —Tenemos las lecturas de los organismos que fueron eliminados en el domo — Acercó de inmediado las cifras virtuales al interesado. Los grises y azul neon de los paneles oscilaban demostrando los amontos de poder registrados durante el combate — Los Hera restantes han tenido las mejores categorías de donadores energéticos, perdimos a varios prisioneros y no hemos podido restaurar a los saiyajin que vencieron.
El informe descolocó la atención que la joven ponía a la compleja labor final. A pesar de casi coexistir en los mismos espacios, hacia un largo tiempo que no hablaba o veía a ninguno de sus amigos.
—¿Cuantos? — Prosiguió el ingeniero pasando los datos con rapidez.
—Dos de ellos—Continuó uno de los humanoides naranjas que supervisaba los traslados desde el palco de mando —Están en rehabilitación extrema, pero probablemente requieran mas composturas, Malaka está afinando los detalles de su reconstitución, van a usar a un par para un escuadrón proximamente—Entregó en manos del jefe de área las imágenes obtenidas de los cuerpos.
Las cruentas noticias dieron un vuelco helado a la concentración de Bulma. ¿Se trataría de Goku? ¿Gohan estaba bien? No pudo evitar el temblor en sus manos, no podía hacer algo en ese estado, un paso en falso y podrían arrebatar de nuevo la custodia temporal de sus vulnerables vástagos. Notó la tensión de Ryoku, su cola lánguida e inmóvil prestando atención a sus gestos. Continuó ella con su tarea, resonando las herramientas intentando disuadirle de que algo estaba mal. Para su fortuna, el niño no conocía aún los términos de riesgo y lo que hablaran no hacia diferencia alguna de las conversaciones que diariamente se llevaban en esa área.
—¿Y el resto? — Kikono interrogó
—Dos de ellos tienen heridas de segunda prioridad, el pequeño fue atacado por el icejin, pero está estable—Desestimó la gravedad del asunto.
La mujer en el sitio evitaba dar nociones de sensibilidad, no dejaba de imaginar que algún día escucharía esa premisa de sus propios bebés y la idea era insoportable.
—¿Dónde están los mecánicos de seguridad? —Desvió la atención del tema —Esas estructuras quedaron muy dañadas—
—el Dr. Briefs ya se está encargando de ello —
No pudo evitar que la llave que sostenia en la mano se le callera. Su padre seguía bien, hacía tanto tiempo que no podía verlo, lo extrañaba tanto y el enterarse que aun se encontraba ahí era un consuelo enorme. Las hormonas del embarazo le jugaban la pasada mas humillante, no pudiendo controlar minúsculas lagrimas que empañaron los goggles que utilizaba.
El silencio del resto duró muy poco y en ese pequeño lapso ya tenía encima a su ayudante, con entrecejo fruncido, cambiando el temperamento por la preocupación de que algo estaba obstruyendo el bienestar de su madre.
—Todo está bien— acarició ella esas redondas mejillas — Todo esta bien, vuelve a tu lugar— demandó con la voz mas baja. Pero la testarudez de su hijo era digna de mencionarse, resopló plantándose en su lugar de brazos cruzados, sin quitarle la protesta de encima. Giró observando con detenimiento a los sujetos que hablaban, figurando que de ahí provenía el lamento que su madre intentaba contener. No podía entender a que se debía y si representaban una amenaza a la que tenía que estar atento.
—¡Obedece! — demandó una vez más desesperada, entendiendo que estaba perdiendo el control sobre el crío. Ya antes había provocado un incidente que le costó muchos favores reparar, uno más y no podría volver a verlo.
—Doblen la dosis de neuradoctos, así cooperará mas fácil su propio organismo, no es nada de que preocuparse— Kikono sugirió sin darse cuenta de lo que ocurría en la distancia, meros murmullos que estaba ya acostumbrado a ignorar —No perderemos elementos hasta que la experimentación esté factible. No tenemos ninguna mestiza para seguir, tampoco se han asignado recursos importantes de la nave. Mientras no haya avances seguiremos con las medidas mas cómodas.
—Tenemos relativa ventaja— El otro sujeto mostró el progreso de nuevos avances, sin siquiera inmutarse en lo que podría estar anidando en la mente de la peligrosa testigo. Era ya famosa por sabotear todo lo que pudiese lograr. —Ya están listas hoy las muestras genéticas que pidió Gero de casi todos ellos— bajó el rostro aprobando la moción.
Y dispuso el primero, su atención a la zona donde las cámaras de crianza eran terminadas. Ya era hora de tomar acciones menos primitivas. Se acercó poniendo sobre aviso a la mujer y su cría, quien de inmediato se puso a un lado de su madre sin dejar de escudriñar al intruso. La reclusa saludó de mala gana como de costumbre, poniendo las manos sobre su enorme vientre en ademan instintivo.
—Has hecho un gran trabajo — Sonrió contemplando el alcance de la invención que prontamente modificaría sus circunstancias.
—Es por el bien de los niños — Refutó la aparente aceptación a cooperar en ese detestable proceso. No había más que antipatía en su tono.
—Entonces ya es tiempo— indicó a los droides conducir a la madre a otra de las habitaciones de la sala médica. Dos de ellos se acercaron extendiendo los bloqueos de control especial para colocárselos.
—¡¿Que estás haciendo?! —protestó resguardando al pequeño detrás, que empezaba a dar signos de un peligroso enojo. Al ver que las maquinas apresaban a su madre contra su voluntad, su ira se desató. Sin que pudiera detenerlo, estalló sobre una de las amenazas, partiendo el ente mecánico por la mitad con solo un brazo, todos los pequeños pelos de su cola erizados y sus tiernas facciones redondas convertidas en una fiera estampa embravecida.
—¡Desactiven al mestizo! — Comandó el jefe alarmado, cayendo el infante de inmediato en sueño profundo. Fue levantado del desastre como un indefenso cachorro.
—¡Déjalo! — Gritó ella intentando alcanzarle, el palpitar era intenso, jamás lo habían separado de ella en esa forma, jamás había demostrado tal habilidad de destrucción —¡Hice lo que me pidieron! ¡Hice todo lo que han querido! NO LO TOQUES— pateaba frenética intentando librarse de los guardias que la sometieron.
—No lo llevaremos a él — anunció Kikono dando autorización a los protocolos de orden y seguridad —Te llevaremos a inducción del parto — Le confesó con frialdad — Es hora de continuar el programa de modo artificial, ya tenemos la siguiente muestra— Colocó los informes y los dispositivos en el centro, continuando su camino a través de las maldiciones que la mujer profería. Ella sintió una aguja atravesar su muslo y la necesidad inmediata de dormir— Por lo menos ahora no tendrás que soportar ningún saiyajin de nuevo— le dejó saber antes de verla caer completamente vencida.
Año 767
La intromisión no era inesperada. En la misma medida que era indeseable. Sin embargo su naturaleza calmada y bondadosa, le impedía poseer la misma frialdad que sus semejantes en la corte suprema. Con una fachada externa de total convicción, opacando los pensamientos de gran temor, le encontró firme ante su decisión, una vez mas invadiendo el sagrado espacio del dios de la destrucción.
—Honorable Kibito — le saludó una vez mas, las manos delicadas aferradas al báculo insignia de su estirpe.
—Maestro Whis— el aludido correspondió con una gran reverencia —Hemos fracasado en nuestro ultimo intento, hemos encontrado una única esperanza vertida en cenizas bajo nuestro enemigo — su puño intentaba contener la cruda realidad acrecentada entre sus dedos — Ni aun con la ayuda del ente mas fuerte a nuestra disposición… —continuó pausando para hablar de sus necesidades ya entredichas —necesitamos la intervención divina—
El etéreo guardian conservaba la placida curvatura suave de sus labios, convencido en la desesperación increpante de su subalterno en el orden celestial. Se acercó solemne intentando dar con su mera presencia un consuelo.
—No pasa un día en vano, mi querido amigo — concedió la mano de forma amistosa —tus aliados puede que nunca lleguen a materializarse frente a ti. Pero existen, entre todo lo adverso y obscuro, siempre hay una luz. Llegará el tiempo, pero debes ser paciente.
—Sus fuerzas de ataque son brutales— continuó sin escuchar — las ultimas resistencias han caido y no tenemos mas elementos que usar, incluso los artefactos mágicos que podíamos usar a nuestro favor, han desaparecido — se inclinó en un ultimo intento de humildad para volcar la decisión del impertérrito guardian.
—Ningun imperio construido bajo el odio y miedo se mantendrá en pie mas allá de sus propias bases— Terminó el encuentro desapareciendo en ese instante.
Kibito entendía, que no había algo mas que su propia astucia para detener la amenaza. Sin embargo divagó por un momento en la falsa esperanza, de que quizá en otra parte del universo, alguna criatura de mas estaba ligado a su noble causa. Era bien sabido en el universo que no hay aliado innecesario, ni enemigo pequeño.
Acunaba en brazos el minúsculo cuerpecito con el mismo semblante idéntico al de su gran amigo, con el que ahora tenia un hijo que jamás deseó. La única esencia de su persona eran los ojos azules que compartía con sus dos hermanos mayores, durmiendo a salvo en sus capsulas de sueño del recinto contiguo.
Había sido separada del resto de saiyans debido al incremento de peleas, incluida ella misma en aquel vergonzoso y confuso altercado con su supuesto guardián. El atentado contra el área de muestras que pautó el fin del inconcluso programa de inseminación artificial. Ahora vivía bajo la amenaza de regresar a las viejas practicas rogando no ser victima de un ente peor que su anterior verdugo.
Intentó olvidar ese hecho, se abstrajo en el rostro de su pequeño bebé, debatía entre el sueño y el seguir alimentándose con tiernos bostezos sin soltar el seno de mamá. El dulce momento pacifico se vería interrumpido por el mismo individuo que plagaba algunos recuerdos... y pesadillas.
—¡¿Qué haces aquí?! — Enunció intentando guardar silencio, se levantó rápidamente depositando en su cámara con delicadeza al pequeño —No te atrevas a tocar a mis hijos— amenazó cerrando la puerta e interponiendo su frágil cuerpo de por medio —habrás destruido toda la sala de muestras, pero ¡sobre mi muerte te permitiré que los toques! — Gruñó con toda la amenaza que su efigie le permitía, la mirada sumamente oscura sin quitar un segundo de su atención al peligroso sujeto que al parecer estaba en todas sus funciones. De inmediato notó el clip neutralizador de su propia fabricación, él se aproximaba sin temor alguno. Se dirigió hacia ella sin titubeos. La tomó de la muñeca acercándola a la fuerza.
—Por tu estúpida aventura, te confinarán a este lugar indefinidamente— Reprendió severo lo que acababa de suceder unos días antes — No lograste liberar a nadie ¡Menos a tu padre!— Le aseveró presionando su muñeca con rabia — Y ahora dirigen hacia aquí al maldito Paragus y su estúpido hijo para proseguir con el programa de forma tradicional— La soltó de un tirón intentando contener su ira, carraspeando entre dientes la ultima palabra.
A su juicio, ella había sido imprudente, no había forma de escapar ni conservar lo que hasta ese momento habrían intentado, solo un acto desesperado le ganaría mas tiempo. Entendía que no habría otra oportunidad, gastó su último recurso para llegar hasta ella a costa de sus propios beneficios.
—No me importa — Concedió rendida colocándose de forma derrotista en su improvisada cama —ya no me importa nada — Se lamentó enterrada en su propia miseria, furiosa ante la impotencia y bajando por completo la guardia.
—Te importará cuando compruebes que en realidad puedes pasarla peor de lo que ya lo has pasado — Gruñó sintiendo el tiempo encima, la alarma en la lejanía del domo anunciaba que era cuestión de segundos que se dieran cuenta donde se encontraba.
—¡No me importa! — Le gritó retomando el aire retador que habría dejado en su propia lástima.
Sin perder el tiempo la sometió, dispuesto a hacer lo necesario para conservar sus privilegios, así fuera en contra de lo que en si mismo consideraba decente.
—¡Suéltame idiota! —Bulma le pateó sin respuesta alguna —¡No volverás a ponerme una mano encima!.
—En ti esta decidir, si prefieres pasar por manos de todo ser de mi raza que habita este infierno — Susurró burlonamente sobre su oído, apenas tocando con suavidad el terso cuello, mientras la presionaba agresivo con su cuerpo, avasallándole sin esfuerzo ambas manos. Por un breve lapso, el reflejo involuntario de su excitación le indicó que quizá ella no era tan invulnerable a sus encantos masculinos como afirmaba. Se sonrió altanero, subyugándola sin contemplaciones.
—Quizá no me molestará tanto la idea — Siseó seductora pasando perezosamente la lengua sobre su labio superior — Esta vez cooperaré cuando llegue el turno a mi querido amigo de quien siempre tuve tanto afecto— resopló coqueta, pestañeando a la provocación de rabia que estaba generando en el rostro del engreído sujeto. Humillándolo con descaro —Quizá también sea un prodigio en otros aspectos —levantó las cejas deleitada en el rostro descolocado de su oyente.
—¡No te lo voy a permitir! —Resopló violento, de inmediato deshaciéndose de todo estorbo bajo la cintura, ceñida su víctima con únicamente un harapo mal ajustado, no hubo trabajo en ubicar el tibio sitio al que debía dirigirse. Sin previo aviso se colocó sobre ella en ademan dominante, la sujetó con más fuerza mirándola con sumo arrebato —Tu gestarás sólo mi progenie— la impugnó, embistiéndola hasta introducirse sin cuidado.
Y lo que parecía una buena idea al hostigarlo, adquiría ahora toda realidad repulsiva que desató, dolía terriblemente sin duda obligándola a cerrar los ojos con tal fuerza que negaba el reflejo natural de soltar un quejido, pero ardía aún más su orgullo, siendo completamente incapaz de darle una batalla digna al monstruo entre sus piernas. Se concentraba en soportar el dolor para vengarse, retrayendo las lagrimas con coraje, más forcejear no servía en absoluto, solo para dar fe a que se resistiría a pesar de todo lo que él hiciese, el acto puramente mecánico carente de emoción o sensualidad, la invadía empujándose cargado de intensidad y odio como nunca habría alguno de los dos permitido a su cuerpo atestiguar. Descarga de la humillación que por tanto tiempo cargó sin expresar, aun habiendo destruido el laboratorio, latía el centro de la incertidumbre de su legitimidad ¿En realidad se habría apareado con su rival? ¿Lo habría consensuado?. Todas las peleas que desató secretamente en su interior y en su celda, hasta que escuchó una versión poco convincente de la causa de esa cria que no engendró. La existencia de ese nuevo bebé era una desgracia personal a sus privilegios … y aires de superioridad.
Ella solo podía concentrarse en el desprecio de esa potestad repulsiva que el clamaba poseer de su persona. No había en ese momento un ser que le trajera tal amargura y rabia. Se contemplaban con los colmillos abiertos, zahiriendo con soberbia mutua sin sonido de voz alguna, solo el de sus cuerpos encontrándose en el vaivén violento y crudo.
—Te odio — Le profirió como la única cosa que podría hacer en su contra, más lentamente bajo su olor, su cuerpo comenzó de nuevo el son de su propia traición, la saturación de su intensidad se transformaba en otra cosa, pese a todo lo vil y mundano que era, él no terminaba de resultarle un hombre tremendamente adictivo, le desvió la vista intentando no dar la evidencia de su fugaz culpa, le odiaba en la misma medida que su cuerpo le deseaba. La sensación interna no podía escabullirse, se hizo tan notoria como la gran sonrisa complacida del villano que ejecutaba su castigo. Estaba en lo cierto, no podía ser de otra forma, ella lo deseaba solo a él. Detuvo su ritmo a uno mas lento e intenso y con su propia cara le volvió el bello rostro, obligándola a mirarlo y perdiéndose en los ojos de la mujer, que nunca aceptaría, también le tenía embrujado.
Ella le enfrentó poniendo el perfil a la par del suyo y con violencia le mordió los labios, tan fuerte como el rencor que poseía, ensombrecida de ira, sangrándole y resoplando con inclemencia en busca de un signo mínimo de daño, pero el acto, lejos de provocar sufrimiento, fue correspondido con un beso intenso, explorando hasta el fondo de su ser la danza de ambas lenguas furiosas. Su arrebato era el mismo, su desprecio y avidez por igual. Lo único que llenaba el recinto eran ambas respiraciones entrecortadas. Giró volátil sobre ella elevándola en el extremo opuesto a la pared, pasando las manos sobre todo su precioso cuerpo, ella aferraba las uñas intentando incrustar sus propios dedos en una enferma guerra sádica de pasión y dolor. Le sujetó salvaje el cabello azulado, obligándola a clavar los ojos sobre su dominio, apretándola contra la pared bajo sus ojos intensos. Sentía que el final de todo estaba cerca, sabía que seguiría siendo suya, que siempre lo sería y se aseguraría de ello en todo momento, necesitaba hacerla presenciar lo que estaba sintiendo, mas no sería la única testigo de su locura, pues los encargados del encierro, miraban anonadados al abrir las puertas automáticas.
Sumaba la sangre regada, un escándalo a la convulsión de los amantes, finalizando su apresurado acto carnal con impertinente gusto monstruoso. Ambos con ojos apretados y sonoro gemido infame. El olor a sexo y carne desgarrada, fuerte en el ambiente. Cayó ella inmóvil abrazándose apenas del hombre que la sostenía contra el parapeto y el único descarado en pie volteó a los presentes, sosteniendo esas blancas piernas con una media sonrisa, limpiando la sangre de sus labios como el tigre que ha degustado una excelente cacería, dedicando su triunfo al enemigo de su contienda, siendo los otros saiyanos alejados con la misma velocidad con la que llegaron, mas ese vistazo petulante sellaba el rencor de años establecido, Vegeta siempre sería el mismo engreído oportunista, sin escrúpulos, decencia, ni límites.
Ese día más que nunca, Paragus le odió por ello y entendió que, si buscaba ejecutar sus propios planes, primero tendría que deshacerse de él. Sabía que su hijo conservaba el potencial de engendrar un guerrero con suficiente fuerza para vencer a los autoproclamados amos del complejo, ellos darían vuelta a la posesión del imperio construido. Solo había que deshacerse de los estorbos, demostrar su superioridad de algún modo e impedir las preferencias establecidas por los amos que le dejaban hacer cuanto quisiera al autoproclamado alfa del grupo. Cometería un error, tarde o temprano su arrogancia lo haría, era el error de todos los miembros de su casa, el rey y ahora el príncipe caerían por la ceguera de sus ambiciones.
—Cancela el suministro hormonal — Lúgubre sonido ensombrecía la voz del responsable de dicha área— Es demasiado tarde, averiguaremos el resultado en cuanto acabe el periodo— Malaka, quien presenciaba todo se lamentaba el giro, no entendía como habría podido obstruir ese corto tiempo el poder de los bloqueadores, pero su pesar no recaía en la desobediencia, sino en la guerra prevista ocasionada por ese atrevimiento. Nadie en ese lugar podía salirse con la suya sin pagar un precio importante y aferrarse a cualquier cosa era tan peligroso como un suicidio anunciado. Lo que estuviera pasando, si era conveniencia, si era una emoción que ambos sentían por el otro, indudablemente serían consumidos por sus propios errores.
- ... -
Otra fría noche en esa prisión dimensional prometía una novedad insospechada. El sonido de las corrientes de aire arrastraban la arena en un siseo adormilante, pero no escapaba a sus sentidos el tímido sonido de un visitante, que como un ratón escurría su presencia del resto de monstruos que dormitaban en ese lugar. Ágil como un felino se deslizó sin ser visto por el intruso. Hasta que se encontró detrás suyo y le sorprendió.
Sumamente debilitado, ojeroso al punto del colapso. Estaba encorvado con ojos llenos de esperanza la vista de un padre que buscaba el ultimo intento por otorgar ayuda a su hija. el color peculiar de cabello le dio la pista de quien se trataba
—¿Que haces aquí anciano? — Pregunto sin querer hacer notoria la condescendencia en su voz —Podrías morir si alguien mas descubre que estas aquí — aseguró enfardando los brazos sin mover un centímetro de su intimidante pose.
—Solo tu puedes decir si ha sido en vano ese riesgo— Se levantó del suelo intentando salir del agujero que hasta ese momento solo habría escuchado en las historias de Bulma.
—Ella no esta aquí — Prosiguió su custodio temporal — si es lo que buscas, estas errando el objetivo… del mismo modo si estas intentando algo estúpido, no seré tan benévolo como hasta ahora — Amenazó sin entender las razones de esa presencia, que entendía era tan peligrosa, como la falta de motivos para no declararle la guerra al directo responsable del dolor de su hija.
El viejo Briefs no se intimidó, terminó ingresando torpemente a la par del sujeto y lo encaró con lo único que tenia en ese instante: esperanza.
—Tu eres Vegeta— afirmó entendiendo por completo de quien se trataba, era la misma voz que había imaginado tendría ese ser iracundo del que hablaban en el laboratorio.
El aludido no respondió limitándose a observarle como un depredador evalúa su presa.
—No tengo fines bélicos en manos—afirmó tomando la valentía de acercarse — Pero también, sé algo mas de ti que solo tu nombre— siguió sin bajarle la vista de encima— Puede que en este momento, no estes preparado para escucharlo, pero esta existencia es mas que las cosas que has querido obtener, aun en esta prisión puede que encuentres algo de valor y no solo me refiero al poder que todos desean— Guardó silencio inseguro de su proceder, la falta de señales en su oyente inmóvil quitaba la audacia de proseguir aleccionándole — Sé que ella te importa — Cortó en seco intentando poner fin a la emotividad — Tengo la respuesta para frenar su sufrimiento y darte la ventaja frente al resto, antes de que restauren la cámara de muestras.
Finalmente, su oyente arqueó una ceja en signo de curiosidad. El doctor extendió del compartimento en su bolsillo una ampolleta extraña con un liquido aceitoso dentro.
—Esto es un compuesto que detendrá por completo su viabilidad reproductiva, no habrá forma de extraer nada, de implantar nada o encontrar material gametico funcional— Aseguró temblando en el centro, estaba corriendo el mayor riesgo de todos con solo la buena voluntad del sujeto para creer en el éxito de la encomienda — Debes administrarlo en la base de su nuca.
—¿Interrumpirá la gestación existente? — Preguntó entendiendo lo que el doctor quería decir.
—No— Negó de inmediato —Jamás me atrevería a hacerle daño a uno de mis nietos — Su semblante quedó en blanco, era duro aceptar que, pese a todo, los pequeños a los que no habría podido conocer eran también su familia. Su herencia era más fuerte, su legado persistiría.
—¿Por qué anciano? —soltó la pregunta sin meditar, era genuina curiosidad por entender lo que ese sujeto estaba pensando, ¿Por qué le brindaba esa información? bien podría traicionarle sin ningún remordimiento, sin embargo era un acto que no podía posicionar viniendo de un genio de la talla de ese hombre.
—Porque nadie mas podría hacerlo — contestó solemne, levantó los ojos con lentitud con tal convicción que era imposible darle una replica decente — sabotearé los sistemas por unos minutos, al amanecer tendrás solo eso para llegar hasta donde está y adminístralo, no habrá otra oportunidad… nunca más— Suspiró asintiendo a lo que eso significaba. Era un viaje de solo un sentido. El saiyajin asintió del mismo modo comprendiendo. Tomó de manos del sujeto el aditamento y este se dispuso a abandonar el sitio por el mismo lugar donde entró— Cuando yo me haya ido… — Le llamó —Tu serás lo único que tenga para defenderse— Tembló su cansada voz. Había una minúscula nota de súplica que por un breve instante se coló al subconsciente del joven.
¿De que estaba hablando? ¿Es que no le conocía en absoluto? ¿De algún modo enfermo y demente pensaba que él tenía alguna clase de deuda con ella para concederle tal gracia? Lo que mas afectaba su animo era esa absurda fe, esa visión de alguna clase patética de salvador que había visto pueblos enteros verter en tantos otros, a los que enfrentó y asesinó. No a él, no para él. Era un insulto y a la vez un enigma que conmocionaba. Era algo que hubiese esperado diera al imbécil de Kakarotto, pero en su lugar, le confiaba a él lo mas frágil que tenia para proteger. No lo comprendía y le molestaba sin entender de fondo la causa. Nauseabundo.
O… quizá una ventaja que podría explorar.
—Anciano— interrumpió su camino — Sígueme— caminó sin prisa hacia el sitio que sabia catalizaría la confianza que ese sujeto estaba poniendo en sus manos. Aun había un cabo suelto por atar.
El doctor hizo lo ordenado, cuando estuvieron frente al rustico refugio, su corazón se detuvo.
Frente a él, dormitaban las pequeñas formas de los niños que tantas veces soñó conocer. Apilados y desparramados, todos en pacifica inocencia, roncaban sin sospechar que les observaba felizmente una de las personas que mas significado le daba a sus existencias. Satisfecho sonreía observando los notorios atributos de su hija, mezclados con el evidente semblante del padre, las tres mechas azuladas en el cabello y flequillo del mayor, el mismo cabello de su propia cabeza, en el que dormía con las piernas arriba de otro, que parecía ser otra imagen de Gokú. Todos ellos vivaces, facciones finas de rostro, todos ellos fuertes.
—Todos tienen los ojos de tu hija— le señaló cayendo en cuenta de los detalles que admiraba. Se recargó en el dintel, dando tiempo al sujeto de convivir con su anhelo silencioso — Ahora esta gestando gemelos — prosiguió sin perder atención a la expresión facial.
—Tuyos — contestó sin mirarle, a lo que el otro asintió.—Entiendo lo que haces, pero no lo apruebo — continuó comprendiendo que había demorado demasiado en ese lugar — Aunque así lo designes ante el resto, ella no te pertenece, solo podemos conquistar lo que por voluntad propia se entrega a nosotros.
—Eso no es de tu incumbencia — Sentenció alejándose para ser seguido por el invasor.
Cuando estuvieron frente al escondite, se atrevió a hablar de nuevo.
—Cuando descubran la cura, ¿habrá hecho un daño permanente? — utilizó el tono propicio para infundir lo que suponía quería escuchar su crédula víctima.
—Ella podrá decidirlo — Le sonrió — Dale esto, ella sabrá que hacer — depositó una pequeña capsula en su mano. La tomó sin darle mayor importancia. Antes de terminar su salida, el doctor lo miró detenidamente. Sentía que en el fondo estaba haciendo lo correcto, pese a toda su reputación, todas sus faltas y arranques, sospechaba que en poco tiempo las cosas cambiarían, el modo en que se aferraba a ser el único, los rumores de sus debilidades y del consuelo que asistió en el momento más vulnerable de su hija, acompañándola, obligándola a seguir en pie, esa tenacidad en no rendirse no podía ser meramente interés, debía haber mas, estaba seguro que tarde o temprano sería otro aliado de su hija. Y era el único aliado en el que ahora podía confiar.
—Cuídala — bajó el rostro y se marchó.
No alcanzó a ver la enorme sonrisa que el maquiavélico saiyajin poseía. Le había dado la clave para afianzar su dominio sobre los captores, nadie mas tendría la ventaja ahora, no habría mas competencia sobre su liderazgo. Todos entenderían que las condiciones dependerían únicamente de él y no podía dejar de saborear el gusto de haber adquirido un aliado tan ingenuamente oportuno. Cerró la mano guardando celosamente su preciada carga. Esperaría las instrucciones de fuga, todo debía ser ejecutado con suma precaución sin dejarse ser visto.
—Veremos quien ríe a lo último, imbéciles— meditó contento, retomando su postura para esperar ese ansiado amanecer clarear.
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Pasaba los dedos por el minúsculo bulto en la base del cabello, sin comprender en su totalidad lo que habría sucedido, plasmaba en su memoria los últimos días en los que su vientre albergaría a sus vástagos de escasos 4 meses . Sospechaba que correrían el mismo destino que su pequeño anterior, a quien habría escuchado llorar tan poco tiempo, que ni siquiera un nombre le habrían permitido ponerle. Por lo menos no habría pasado por el mismo dolor de la única niña que habría engendrado. Mas era un tema que prefería postergar antes de volver a perder el juicio.
Su única confianza radicaba en que sus hijos recordaban lo que como un mantra de protección les repetía todo el tiempo.
"Mamá los ama"
Estaba empezando a volverse loca de nuevo, en una habitación sin el menor riesgo, sin ningún sistema visible, solo un redondel blanco puro, incluso sin esquinas para comparar el burdo trabajo de construcción de la nave. Todo había sido retirado por sus numerosos escapes fallidos, incluso su vestimenta que era ahora un remanente de tela con el que solía cubrirse para dormir. La única cosa en la que podía perder el tiempo era en pasar los dedos por el cabello cercenado, habría intentado hacer una soga con el y también fue un fracaso.
Meditó en lo que acababa de suceder, dando pausadas vueltas entre su cama y la corta entrada a lo que era la habitación de todos sus hijos, arrebatados esa misma semana.
"Me lo agradecerás" le había escuchado decir, la sombra del arrogante bastardo entrando tan rápido como un sueño, no entendía si habría sido producto de su imaginación, pues podría jurar que incluso fue cuidadoso en su trato por primera vez. La única prueba que tenía era el dolor suave de lo que fuese que insertó en ese sitio. No entendía si sería para bien o para mal, pero algo le hacía pensar que no se trataba de algo que le pusiese en riesgo.
-Ese malnacido jamás se atrevería— se abrazó lamentándose en hechos pasados. Era imposible descifrar lo que realmente pensaba, después de ese momento en el que pensó que era una simple conveniencia y odio, le habría dado un atisbo de comprensión que era peor de aceptar. Si tan solo fuese solo odio, si fuese solo ese monstruo sin entendimiento, podría haber vivido con eso. Pero demostrarle un lado humano era igualmente apabullante a un golpe. Ahora meditaba en sus actos inesperados y esa ayuda que aseguraba en intención.
— ¿Vienes a divertirte? — A la defensiva, la sombra de lo que solía ser una muchacha vivaz, aguardaba enloquecida de ira y dolor. Respiraba con dificultad entre la presión que retenía sus nudillos. El príncipe saiyano sintió una inesperada punzada. Un incomodo recordatorio de la aspereza de ese cautiverio en la naturaleza de un ser que no estaba preparado para luchar. Sería lástima, sería agobio, o simplemente impotencia por ese honor subyacente que todavía quedaba en su escuálida conciencia. Cual fuese la razón, no pudo responder. Sus pálidos miembros, los hematomas en las muñecas, los golpes en el torso. Nadie podría saber a ciencia cierta todo lo que pasó para negarse a dar por perdida la vida de la hija que tanto custodió, la noticia de su muerte a causa de las experimentaciones, había desatado un animo lúgubre en los compañeros de celda que la conocían. No así para él, quien hasta ese momento caía en cuenta de lo que significó.
— ¿No es lo que esperabas? —Insistió notando su descontento — ¿No es lo que anhelabas ver? —Se levantó exhibiendo su decrépito estado aun más. Las marcadas ojeras de llanto, los abusos para dominarle — Siempre te ufanaste en que serías la causa de mi muerte— Persistió aproximándose fúrica— porque no simplemente lo haces y me dejas partir en paz—dio un puñetazo a la cara de su oyente, no logrando con ello mas que doblar su propia estampa, resguardando su puño adolorido. Le dedicó un vistazo decepcionado, permaneciendo en el suelo sin querer moverse más.
Sin ceder un milímetro de su lugar, le miró sin muestra alguna de empatía. Con el ceño fruncido, de brazos cruzados, solo se detuvo a expresar la causa de su incordia.
— Eres una pobre egoísta— Bufó severo— Vives cegada por tu propia lástima— continuó poniéndose en cercanía— lo único qué haces es relamer en tu propia lástima y olvidas que no eres el único ser a quien todo le fue arrebatado—rabió bajando en cuclillas hasta donde ella se escondía, la tomó del mentón obligándola a escuchar —No haces nada con tu inútil dolor, lo transmites a las mismas crías que tanto dices amar…¡Heredarán de su madre el miedo y la zozobra!— gruñó impasible— ¡Los condenas a ser arrasados por igual!.
— No sabes nada de mi —dio un manotazo sobre la mano que la apresaba, moviéndose en reversa.
—Se lo suficiente— La sujetó de la cintura obligándola a usar las piernas—¡Levantate! —Dio una ligera sacudida esperando avivar la chispa del odio de alguna forma —¡LEVANTATE!.
Pero la frágil consistencia de sus músculos no daba signos de haber sobrepuesto su dolencia. Se sujetó de los brazos que la asían, temblando al punto de las lágrimas, recordando su estadío de esclava, de incompetencia firmada, de un trozo de carne destinado a ser consumido por leones una y otra vez.
—¿ Por que me haces esto?—Vaciló temblando la voz, reprimiendo con todo el dolor de su frente a las lagrimas que asomaban, no era el tiempo, ni el lugar, ni la compañía para ser vulnerable. Empeoraban las cosas las múltiples hormonas de fertilidad que le obligaban a consumir.
La cristalina mirada quebraba la voluntad más férrea. El modo en que intentaba sostenerse, el cansancio por vivir. Pero no le permitiría una salida fácil, era indigno, no dejaría que se perdiera en el caos de la tristeza, veneno que si se inhala por mucho tiempo, es imposible relegar.
— En este mundo no hay significados— Insistió obligándola a mirarle— solo sobrevive el más fuerte y para tu desgracia eso es lo que debes ejemplificar— la soltó impaciente, cruzando los brazos para darle la espalda, encorvado en la incapacidad de poder transferir lo que necesitaba— No hay otro camino, está es la única prueba que tendrás y si la superas, habrás hecho de tu miserable vida algo mejor que solo ser un inservible despojo de guerra— volteó dedicándole la atención que pocas veces prestaba a algo que no fuese de vital importancia— Creí que eras mejor que eso—regresó hasta donde ella intentaba levantarse, la tomó de los hombros convencido en lo que diría — Te he tomado por todo lo patético qué hay… pero no eres cobarde…Ni débil—
Fue la declaración de sus palabras o la insistencia en infundirle un valor que ya no poseía, fue la vulnerabilidad de su estado, la vida misma que le presentaba el único ente en quien sostenerse en ese momento. Pero no pudo detener la inercia de colocarse en la cercanía del único calor vivo a la redonda, sucumbió al cansancio solo refugiándose bajo ese ser, que ahora le daba minúsculas gotas de agua en el desierto de esa desolación.
— Solo abrázame—rogó sabiendo que no sucedería, sin embargo tampoco él retiró su estampa de inmediato. Se quedó ahí, inmóvil con la vista acodada, incapaz de marcharse o proseguir, sintiendo por vez primera la única demostración de confianza que otro ser vivo le hubiese dado. Era inquietante y sumamente incómodo, pero aun así no podía dejar de vivirlo. Igualmente neófito ante su propia respuesta, cargada de alguna emoción desconocida, un secreto a medio entender de su inexistente alma.
Pasaron un día entero sin hablar o acercarse, era una intimidad nunca antes cruzada. Al siguiente amanecer, estaba de nuevo en sintonía con su deber. Mas no fue el proceso igualmente animalístico. Había un acto bajo la piel, una complicidad que nadie quiso denominar, debajo de una mirada silenciosa, un roce de labios tenue. Un filamento tembloroso de necesidad convertido en un vértigo pasional al instante.
Retomó el presente, acariciando el vientre abultado, sin querer recordar ese evento para anudarle una emoción, era imposible concebir un cambio así, mas por lo menos le habría dado en ese momento un motivo para sobreponerse. No se dejaría vencer, no lo merecían sus hijos. Su fuerza y motor.
Jamás sospecharía que, al encontrar un motivo, en otra celda su padre abandonaba los suyos en una disposición final de acato a sus enormes faltas, No se arrepentía, todos eran sacrificios necesarios para asegurar la continuidad de los seres amados a proteger.
— Briefs— su congénere de ciencias le dedicó un indecoroso saludo, el estoico ceño senil, como de costumbre. Mientras supervisaba la desaparición de los signos vitales lentamente. Al terminar resopló sonriendo, a sabiendas de que ahora era el último científico humano sobreviviente. Después de todo, a su juicio había vencido el mejor —No es nada personal.
