NARUTO
Los intermitentes fuegos artificiales blancos de la gala iluminaban el cielo mientras aceleraba para salir del aparcamiento. Sentía que me subía la presión arterial cada minuto que pasaba, y estaba seguro de que si no llegaba a casa pronto, acabaría haciendo algo que podría lamentar más tarde.
Estaba acostumbrado a ver la cara de mi padre en las portadas de las revistas y anuncios publicitarios, de poner los ojos en blanco al leer sus palabras y mentiras, pero verlo frente a frente esta noche me había hecho darme cuenta de lo mucho que seguía despreciándolo. De cuánto rechazaba Ambu y todo lo que representaba.
Encendí la radio para poder concentrarme en otra cosa, pero cuando los pensamientos sobre mi padre desaparecieron, fueron sustituidos por otros sobre Hinata. La recordé con aquel vestidito, coqueteando con Menma. Y cómo me había hecho reaccionar eso.
«Nuestro acuerdo solo implica no tener sexo con otras personas, no con quién debemos hablar».
«¡Dios…!».
Pasé del aparcacoches del Madison y no me molesté en esperar a que se acercara a mi coche. Salí del vehículo dejando las llaves en el contacto, y subí rápidamente los escalones de entrada del edificio.
—Buenas noches, señor Uzumaki. —Iruka me abrió la puerta—. ¿Qué tal van las cosas por el aire últimamente?
—Turbulentas. —Me dirigí al ascensor, que tenía la puerta abierta, y subí al ático, apreciando todavía más no tener que volver a hacer comprobaciones de seguridad cada vez que llegaba a casa. Abrí las ventanas de la sala, dejando que el aire fresco de la noche inundara el interior. Luego fui a la cocina y puse en fila todos los vasos de chupito que tenía para llenarlos de bourbon.
Me tomé un par de ellos y activé el contestador automático.
—Bienvenido a casa. Tiene dos mensajes nuevos. ¿Le gustaría oírlos?
—Sí.
—Por favor, diga la contraseña. Me bebí el tercer chupito.
—Uno. Ocho. Siete. Dos.
—Mensaje número uno… —Se escuchó un sonido y una voz ronca—. ¿Hola?
¿Estoy llamando a Deluxe Catering? Este es el número que…
—Siguiente.
—Mensaje número dos.
—Naruto, soy yo. —La quejumbrosa voz de Riley resonó en la sala—. Naruto, ya sé que estás en casa, así que coge… De acuerdo, mira. Independientemente de lo que sientas por mí, Menma o tu padre, tienes que hablar con nosotros. Es muy importante, y llevamos años tratando de utilizar todos los medios posibles para que nos prestes atención. ¿No lo ves? ¿No puedes verlo? —Parecía como si estuviera llorando de verdad—. Si todavía estás oyéndome…
—Siguiente.
—No hay más mensajes. ¿Le gustaría borrar los últimos mensajes?
—Sí.
—Hay treinta y seis mensajes archivados.
Cogí el cuarto chupito, dispuesto a bebérmelo, pero en ese momento sonó un fuerte y repentino golpe en la puerta. El tipo de golpe grosero y desconsiderado que solo podía provenir de Riley.
Con las palabras «mantente lo más alejada de mí que puedas» en la punta de la lengua, me acerqué a la puerta. Pero al abrirla, fue Hinata la que apareció ante mí.
Estaba empapada, todavía con el vestidito verde esmeralda que llevaba en la gala. Tenía la cara roja y sus pechos subían y bajaban siguiendo el ritmo de su jadeante respiración.
—¿Y bien? —Arqueé una ceja.
—Tenemos que aclarar algunas cosas —dijo, pasando por delante de mí para entrar en el apartamento—. Vamos a hablar ahora mismo, te voy a dejar claras algunas cosas y tú me vas a escuchar.
Cerré la puerta y me bebí el chupito.
Ella se cruzó de brazos, esperando a que mirara cómo su vestido goteaba agua sobre el suelo.
—No me puedes hablar como me has hablado en la gala. No puedes volver a dirigirte a mí de esa manera otra vez. No soy tu maldito felpudo ni una cría de ojos saltones tan desesperada por tu polla a la que no le importa cómo la trates.
—Hinata …
—Todavía estoy hablando —me interrumpió, en plena ebullición—. Sigo hablando yo, Naruto. No tú. Tú ya me has dicho todo lo que tenías que decirme de la forma más grosera posible, y ahora es mi turno.
Parpadeé.
—Ya sé que no me conoces, que ni siquiera quieres conocerme fuera de esta habitación, pero tienes que saber esto. Tienes que respetarme. Siempre. Me vas a respetar durante el tiempo que sigamos adelante con este arreglo, y si tienes un problema con algo, o piensas que he hecho algo que traicione nuestro acuerdo, habla conmigo como si fuera un ser humano y no una maldita posesión.
La vi pasearse mientras hablaba, con los ojos clavados en los míos.
—Yo soy la que más se está arriesgando al acostarse contigo. Si nos pillan, a mí me despiden ipso facto, pero como tú eres piloto, solo te ganarías un tirón de orejas y un parte. Por lo tanto, lo mínimo que puedes hacer es tratar de mostrar un poco de respeto por mí. Creo que una disculpa por la forma en la que me has tratado en la fiesta es un buen comienzo. —De repente se detuvo y soltó un suspiro—. Ha sido cruel e innecesario, Naruto. Además de humillante.
Guardé silencio.
—¿Eso es todo? —pregunté cuando pensé que no tenía nada más que decir.
—Sí. Sí, creo que es todo.
—Bien —añadí—. Ahora puedes marcharte.
—¿Qué?
—¿Tengo que decirte las palabras más despacio? —La miré fijamente—. He dicho que ahora puedes marcharte. Diles a los del servicio de taxis que hay en la entrada trasera que te lleven a casa y que me lo carguen a mi cuenta, y no vuelvas. Nunca.
—No. —Se acercó a mí tanto que casi nos tocábamos—. No me marcharé hasta que me pidas perdón.
—Es que no lamento lo que he hecho.
Abrió la boca para decir algo más, pero me adelanté.
—No lo siento, Hinata —dije con perfecta claridad—. No lamento ni una sola de las palabras que he dicho en la gala. Y repetiría cada una de ellas, y si mi reacción ha sido un poco intensa para ti…
—Si ha sido un poco intensa, entonces, ¿qué?
—Acéptala.
—¿Que la acepte?
—¿Estás sorda o solo disfrutas repitiendo cada puta palabra que digo? —Me crucé de brazos—. No tartamudees.
—Naruto … —Se le cayó el tirante por el hombro, haciéndome saber que no llevaba sujetador, aunque no hizo ningún movimiento para solucionarlo—. Independientemente de que lo lamentes o no, me debes pedir perdón por educación.
—Tienes la puerta detrás. Asegúrate de que la cierras cuando te canses de hablar contigo misma. —Me di la vuelta y me dirigí hacia el pasillo, de vuelta a la cocina para beber más alcohol.
Me terminé el último chupito, le envié un mensaje a Iruka asegurándome de que se ocupaba de que Hinata salía del edificio y luego me quité el traje para meterme en la ducha.
Cerré los ojos, dejando que el agua caliente me cayera sobre la cara mientras me preguntaba cuánto más licor necesitaría para olvidarme de todo lo ocurrido esta noche.
Alargué la mano en busca del jabón, pero me sorprendió el sonido de apertura y cierre de la puerta de la ducha. De repente, Hinata me agarró el brazo desde atrás y me apretó el bíceps, obligándome a darme la vuelta para enfrentarme de nuevo a ella.
—¿Qué coño te crees que estás haciendo? —Extendió los brazos como si estuviera a punto de empujarme el pecho, pero le sujeté las manos.
«¡Dios…!».
—¿Te gusta, Naruto? —Tenía el rostro enrojecido—. ¿Te parece bien que aparezca alguien por detrás y se ponga a gritarte sin ninguna razón?
—Hinata … —Entrecerré los ojos mientras el agua caía sobre los dos.
—¿Y si lo hiciera delante de un montón de gente? —Parecía al borde de las lágrimas—. ¿Tengo que despertar a todos tus vecinos e invitarlos para recrear el mismo efecto? —Trató de zafarse de mí, pero la mantuve inmóvil, empujándola contra los azulejos con los brazos por encima de su cabeza.
—Creo que tienes que calmarte. —Le cogí con fuerza las muñecas.
—Bueno, y yo creo que tenemos que llamar a mi compañera de piso y decirle que intente ligar contigo. Así podrás ver mi reacción, compararla con la tuya y aprender cómo se conduciría una persona madura.
—¿Tengo que tener en cuenta lo que estás haciendo ahora como rasgo de madurez?
—Considero que es necesario. —El escote del vestido se deslizó un poco más hacia abajo por el peso de la tela empapada, exponiendo la parte superior de sus pechos—. Esto es necesario para que me ofrezcas la disculpa que me merezco, de lo contrario…
—¿De lo contrario qué? —No estaba seguro de qué era lo que tenía esta mujer, pero se colaba debajo de mi piel y me ponía a cien sin esfuerzo. Aunque si no terminaba con ella esta noche, estaba bastante seguro de que pronto me habría vuelto adicto—. ¿Seguirás hablándome hasta la muerte?
De repente se quedó callada, una cosa extraña pero impactante. Sus ojos perlas seguían clavados en los míos, y apretaba aquellos labios exuberantes hasta que formaron una línea perfecta.
—¿Te has quedado sin palabras? —pregunté—. ¿Significa eso que por fin te vas a largar?
—Significa que eres una jodida contradicción —dijo—. Significa que eres todavía más idiota de lo que imaginaba. Y, a pesar de todo ese sexo adictivo, no pienso volver a hablar contigo.
—Lo dudo mucho.
—No lo haré. —Tomó aire—. Y creo que te gusto mucho más de lo que estás dispuesto a admitir.
—Por lo tanto, no has terminado de hablar.
—Da igual lo que digas, te gusta que te llame por la noche.
—¿Por eso te ignoro con tanta frecuencia?
—Te gusta hablar conmigo porque no tienes a nadie más, sé que no tienes más amigos. —Intentó moverse de nuevo, pero no la dejé—. Creo que incluso te gusto cuando intento conocerte mejor, cuando te hago preguntas.
—No me gustan tus malditas preguntas.
—Lo único que quiero es una disculpa. —Su voz era firme—. Pero si no me la ofreces, solo será porque eres idiota. Como te he dicho, me da igual lo bueno que sea el sexo, te prometo que no volveré a hablarte.
—Bien, bien. —Le solté una mano y, de inmediato, dio un paso atrás—.
Quítate ese vestido y te demostraré cuánto lo siento.
—¿Qué?
—Que te quites ese vestido, perdón, ese trozo de vestido, y te demostraré con mucho gusto cuánto lo siento, Hinata. ¿Es necesario que lo repita de nuevo?
Silencio.
—No puedes pensar en serio que quiero tener sexo contigo ahora…
—Creo que no sabes lo que quieres. —Me di cuenta de que sus pezones se endurecían por debajo de la seda—. Y estoy empezando a pensar que vamos a tener algunos problemas si no haces lo que te digo.
—Naruto … —Sus mejillas se ruborizaron cuando deslicé el dedo por la cremallera lateral del vestido—. Naruto, solo quiero que te disculpes.
—Quítate el vestido y lo haré.
Se me quedó mirando fijamente durante varios segundos, en un duelo final. No apartó la vista ni la aparté yo, y después de lo que me pareció una eternidad, se bajó la cremallera.
Cuando la prenda cayó al suelo de azulejos para formar un charco de empapada seda verde, confirmé que no llevaba absolutamente nada debajo, lo que hizo que me sintiera todavía más irritado al recordar que Menma la había manoseado. Cuando la vi inclinarse para desabrocharse las correas de las sandalias plateadas, le cogí la mano y la detuve.
La atraje hacia mí, sosteniéndola debajo del agua. Sin añadir una palabra, la hice arquearse sobre el asiento de la ducha.
Nuestros labios se unieron, enfadados y húmedos, y me mordió la lengua cada vez que trataba de explorar su boca. Luchó por el control de la situación, tratando de empujarme contra el respaldo del banco para poder estar arriba, pero finalmente la agarré por la cintura y la dominé con facilidad.
—Ponte de rodillas —le dije por lo bajo, tirándole del pelo.
Se inclinó poco a poco hacia delante, sujetándose en la madera mientras me mostraba aquel trasero perfecto y los tacones.
Le agarré las caderas y me deslicé dentro de su empapado sexo.
—Ahhh… —gimió ella cuando me hundí hasta el fondo al tiempo que le daba una palmada en el culo.
—Lo siento… —le susurré al oído—. Lo siento mucho, Hinata …
—Que te jodan —exhaló con suavidad, y le di otra palmada.
Gritó cuando la penetré una y otra vez, cuando la sostuve y la obligué a aceptar cada centímetro de mi polla.
—Te he dicho que lo siento… —Le mordí el hombro—. ¿Es suficiente para ti? Ella no respondió. Solo gimió, arqueándose contra mí.
La cogí por el pelo y tiré hasta que inclinó la cabeza hacia atrás con los ojos clavados en los míos.
—¿Aceptas mis disculpas o no?
Deslicé la mano entre sus muslos para frotarle el clítoris, haciendo que gimiera con más fuerza.
—¿Eso es que no?
Noté que su clítoris se hinchaba bajo mis dedos, que su sexo goteaba.
—¿Se puede exigir una disculpa y luego no aceptarla?
—Sí…
—¿Estás aceptando mi disculpa sí o no?
—Oh… ¡Oh, Dios!
—Respóndeme. —Le tiré del pelo y, de repente, sentí que su sexo se cerraba alrededor de mi polla—. ¿Es que no lo siento lo suficiente, Hinata?
—Es que… —Cerró los ojos cuando su cuerpo comenzó a sacudirse contra el mío—. ¡Sí…! ¡Sí! —gritó una última vez antes de caer hacia delante.
Me corrí justo después de ella, pero la sostuve por los costados para que no se golpeara la cara contra el banco. Nuestras respiraciones eran pesadas y estaban en sintonía, así que esperé hasta que se normalizó para retirarme de su interior.
La coloqué de forma que quedó sentada y apoyada contra la pared, y luego nos quedamos quietos los dos mientras el agua caliente seguía cayendo sobre nuestra piel.
Después de varios minutos, se volvió para mirarme, buscando mis ojos con sus atractivos ojos perlas.
—Había echado de menos usar esta ducha.
Sonreí, conteniendo la risa, y me levanté. Cerré el agua antes de tenderle la mano, ayudándola a levantarse. La conduje al dormitorio.
—Ten. —Le tendí una toalla y me rodeé la cintura con otra.
Entré en el vestidor y abrí el último cajón de la cómoda, donde había guardado algunas prendas suyas que había encontrado escondidas por el apartamento. Elegí unos pantalones negros, una camiseta oversize de Boston U y unas bragas. Por alguna razón, me quedé el resto de artículos y cerré el cajón.
Regresé a la habitación y me senté a su lado, tendiéndole la ropa.
—Gracias—me dijo en voz baja. Parecía sorprendida—.¿Dónde has encontrado esto?
—Donde no debía estar. —Me puse unos pantalones de chándal negros—. De nada.
Me miró mientras se vestía, y me lanzó esa extraña mirada que me dirigía a menudo cuando acabábamos de mantener relaciones sexuales.
—¿Te he hecho daño? —pregunté.
—No —repuso—. Te lo hubiera dicho en la ducha.
—Me refería a la gala. ¿Te agarré el brazo por detrás de la misma forma que lo has hecho tú aquí?
—No. —Sacudió la cabeza. Suspiré, vacilante.
—Lo siento, de verdad.
—¿Por hablarme de aquella manera?
—Por hacerlo en público.
—Naruto …
—Sí —reafirmé, cogiéndole las manos y ayudándola a levantarse—. Lamento haberte hablado de esa forma.
—Entonces, ¿no lo harás de nuevo?
—No, a menos que te vea hablando con mi hermano.
—No volveré a hablar con él… —Se mordió el labio—. ¿Fuiste adoptado? ¿Menma es tu hermanastro?
—No vamos a hablar de eso —la corté—. Déjalo ya.
—Menma no mencionó que tuviera un hermano cuando lo entrevisté hace años para el periódico. Solo estoy preguntándote.
—Hinata, si lo nuestro va a seguir… —Traté de mantener la voz controlada—. Es decir, si este asunto nuestro va a funcionar, es necesario que te olvides de ese tema y no lo vuelvas a tocar de nuevo. No tiene nada que ver con nosotros.
Esbozó una sonrisa llena de sarcasmo.
—¿Estás diciéndome que ahora estás abierto a algo más ya que disfrutas hablando conmigo? ¿Que podrías estar enamorándote de mí?
—Esto no es amor.
—Tampoco es lujuria.
—Entonces, tendremos que llamarlo solo lo nuestro, nosotros. —Puse los ojos en blanco y la llevé hasta la habitación de invitados, donde le entregué su clutch. Encendí la luz, me acerqué y abrí la cama—. Puedes dormir aquí esta noche. Te llevaré a casa por la mañana.
—Gracias. —Se deslizó entre las sábanas con un aspecto más sexy que nunca.
—¿Cómo has venido? —pregunté.
—Me ha traído mi compañera de piso.
—Estás mintiendo. —Lo leí en sus ojos—. Repito, ¿cómo has venido hasta aquí?
—En bus.
—¿No había taxis o Ubers disponibles?
—Sí, pero algunos no hemos nacido ricos, así que tenemos que esperar a cobrar para tener dinero efectivo.
—No he nacido rico —dije, ahuecándole la almohada detrás de la cabeza—.La próxima vez que te enfades conmigo, ven en taxi. Te lo pagaré.
Pareció aturdida.
—¿Es una invitación para venir a tu casa siempre que lo necesite?
—Creo que has estado en mi casa más que suficiente. —Le deslicé las manos por debajo de los muslos y la atraje más cerca—. Pero hayamos echado un polvo o no, no es una invitación. Te aseguro que después de esta noche, no volverás a dormir aquí.
—¿Te preocupa desarrollar ciertos sentimientos por mí?
—Me preocupa que pienses que estoy desarrollando sentimientos por ti. —Le rocé los labios con un dedo—. No lo estoy haciendo, Hinata, pero a veces disfruto hablando contigo.
Dejó escapar un suave suspiro y empezó a soltar uno de esos largos monólogos, excitándome poco a poco con cada una de las palabras que salían por sus labios rosados e hinchados.
Esta vez, cuando terminó, me limité a mirarla. Luego me di cuenta de que era necesario poner fin a esta conversación ahora, antes de follarla otra vez, antes de que no pudiera dormir lo suficiente para volar mañana por la noche.
No le dije nada. Solo la miré una última vez, apagué las luces y me alejé. Entré en la cocina, guardé la botella de bourbon y me retiré a mi habitación, donde su aroma a lavanda estaba empezando a desvanecerse.
Rodé sobre la cama y miré fijamente al techo mientras me preguntaba cómo demonios habíamos pasado de estar discutiendo a una conversación cordial otra vez.
Todas las demás mujeres con las que había discutido en el pasado, daba igual sobre qué, habían pasado a formar parte de la lista de mujeres con las que no hablar nunca más. Cortaba cualquier lazo de inmediato, y nuestra comunicación quedaba congelada en ese momento. Sin embargo, a pesar de haber discutido varias veces, no sentía ninguna necesidad de bloquear el número de Hinata o de reemplazarla por otra persona.
Cuando por fin cerré los ojos unas horas más tarde, me dormí con facilidad por primera vez en meses. Pero cuando me desperté, me di cuenta de que no estaba en mi dormitorio. Estaba acostado con Hinata y la rodeaba con mis brazos.
HINATA
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ENTRADA DEL BLOG
No quiero hacerme ilusiones, y no quiero perder de vista lo rápido que es capaz de cambiar de frío a calor, pero él me gusta de verdad. Me gusta más de lo que debería… Y da igual el tono de indiferencia que usa a veces conmigo: la forma en la que me besa ahora y la manera en que se toma su tiempo para follarme me indican que yo también le gusto.
Dicho esto, creo que este hombre acabará haciendo que me despidan… El criterio que compartíamos antes estaba perfectamente ponderado. Pero de «Encuéntrate conmigo aquí» hemos pasado a «En cuanto te veo, follamos».
Me coge la mano en público sin tener en cuenta que nos puede ver alguno de nuestros muchos compañeros de trabajo o cualquier otra persona, y cada vez que lo hace intento aparentar que solo es un juego entre nosotros, pero siempre pierdo porque al final solo me folla con más fuerza. El día que lo hizo en un almacén de comidas preparadas en el aeropuerto de Minneapolis, el St. Paul International, me puse a buscar un nuevo empleo.
Es solo cuestión de tiempo. Hasta pronto.
*Hyuga H.*
1 comentario:
KayTROLL: Conseguirás que te despidan. Como antes. Pero al menos esta vez solo podrás echarte la culpa de ello a ti misma…
ENTRADA DEL BLOG
Ahora hablamos por teléfono muchas veces por la noche, intercambiamos un sinfín de mensajes de correo electrónico cuando nos toca volar al extranjero y mensajes de texto que me hacen mojar las bragas. Y, sin embargo, a pesar de que hablamos más que nunca, de que solo de vez en cuando me dice que tenemos que hablar únicamente de sexo, nuestras conversaciones son superficiales.
Corta bruscamente las preguntas sobre su pasado o su familia, cualquier mención a «nosotros» queda rápidamente interrumpida por otros temas más seguros, y cuando no puede encontrar otra distracción, pone fin a nuestras discusiones con sexo.
Y anoche, después de que me llevara hasta la puerta de mi habitación en el hotel, cuando me dio un beso largo y profundo, hubiera jurado que le oí decir: «No eres buena para mí, pero me gustas igual…».
Al menos, creo que lo dijo… Hasta pronto.
*Hyuga H.*
1 comentario:
KayTROLL: La única razón por la que no he dejado de seguir tu blog es porque compadezco tu vida. Y tus mensajes de mierda me hacen sentir diez veces mejor al estar en mi propia piel.
NARUTO
Todavía tenía el sabor del coño de Hinata en los labios, tres horas después de haber salido de Orlando, y debía ser distracción suficiente durante una semana más. También era lo que impedía que centrara toda mi mente en la reunión de pilotos que tenía esta mañana.
—Entonces… —Un hombre con un traje azul que no le sentaba bien se detuvo en el estrado de la sala de conferencias para dirigirse a mí y a los otros veinte pilotos—. Como todos ustedes saben, en Ambu tenemos mejores paquetes de beneficios que en las demás compañías comerciales, además de los mejores aviones y del mejor historial de seguridad.
—¿De verdad nos han convocado para leernos el folleto publicitario de la compañía? —pregunté. La reunión se había prolongado ya durante media hora, lo que suponía demasiado tiempo—. Tengo cosas mejores que hacer en Hawái.
—Por supuesto, capitán Uzumaki. —Puso los ojos en blanco y apagó las luces al tiempo que hacía bajar una pantalla por la pared—. He convocado la reunión para recordarles la política de no confraternización de la compañía.
De repente, una imagen granulada apareció en la pantalla. Se trataba de un piloto uniformado que llevaba de la mano a una asistente de vuelo por una zona en la que había un letrero anunciando que se trataba de una zona en construcción.
—Normalmente los aeropuertos no suelen instalar cámaras de seguridad en las zonas en construcción porque…, bueno, ¿cuál sería su propósito de grabar fuera de los límites? Sin embargo, un pasajero captó esto hace algunas semanas y lo publicó en las redes sociales con la leyenda: «Apuesto lo que sea a que este piloto está a punto de hacer aterrizar su polla en una buena pista de aterrizaje».
Los demás pilotos soltaron algunas risitas.
—También encontramos este vídeo. —Presionó un mando a distancia y apareció una imagen mucho más nítida. Un piloto de uniforme besando a una mujer contra una pared en un almacén de comida vacío en el Seattle
International—. Bien —añadió—, esto es solo una formalidad, ya que estamos dirigiéndonos a los pilotos de Ambu que han cubierto rutas en estos aeropuertos en particular en las fechas en las que se captaron estas imágenes. Huelga decir que, a pesar de que lo que ocurre en sus habitaciones es asunto suyo, la idea de que dos empleados rompan descaradamente la regla de no confraternización cuando mantenemos una política publicitaria tan abierta de nuestras normas ante nuestros clientes es un poco… —se acarició la barbilla— un poco vergonzosa. No, no es esa palabra… ¿Impactante? ¿Sorprendente? ¿Escandalosa?
Por fin, el vídeo llegó a su fin y el hombre encendió las luces.
—Si saben de quién se trata, les sugiero que nos lo digan. Y si es alguno de ustedes, recomiendo que nos lo digan de inmediato para que podamos despedir ipso facto a la asistente de vuelo. Les recuerdo que han firmado la política de vuelos y que pueden ser sometidos a una acción disciplinaria. Sin embargo, conservarán su trabajo siempre y cuando cooperen.
Continuó hablando mientras movía unos papeles, pero yo mantuve los ojos clavados en la pantalla, a su espalda. El vídeo estaba reproduciéndose en bucle, pero dado que ni Hinata ni yo mirábamos hacia arriba o hacia los lados, no había forma de saber que éramos nosotros. Solo eran dos empleados que trabajaban para la misma compañía aérea, dos personas que se besaban de tal forma que parecía que les importaba muy poco si los atrapaban o no.
—¿Está escuchándome, capitán Uzumaki? —El tono de su voz me arrancó de mis pensamientos—. ¿Capitán Uzumaki?
—¿Qué?
—Le he dicho que puede salir del aeropuerto tan pronto como vuelva a firmar de nuevo la política de no confraternización. —Señaló la estancia vacía—. Es el único que sigue aquí sentado.
Bajé la mirada al papel, percibiendo que la línea roja había cambiado: «Yo, Naruto Uzumaki, no tengo y nunca tendré una relación con ningún empleado de AmbuAirways, de cualquier departamento o subcontrata de AmbuAir. Además, estoy de acuerdo con la política de no confraternización original que se enumera a continuación…».
Cogí un bolígrafo, firmé y entregué el papel. Me levanté para dirigirme a la puerta, pero me llamó de nuevo.
—¿Sí? —Lo miré por encima del hombro.
—Mmm… Se ha dejado algo en la silla. —Señalaba una prenda arrugada de ropa interior de encaje negro.
—Gracias. —La recogí y me la metí en el bolsillo, sin permitir que me hiciera
la pregunta que sin duda estaba tentado a hacer. Salí de la estancia y atravesé la terminal del Honolulu International, aunque no tenía prisa; pasaría los próximos cuatro días descansando en la isla.
Años atrás, disfrutaba de la idea de pasar incontables horas en las playas, follándome a tantas mujeres como me era posible, pero por alguna razón, esa idea no me resultaba atractiva en este momento.
Saqué el móvil del bolsillo y miré el plan de vuelos de Hinata. Actualmente estaba operando un vuelo nocturno desde Orlando a Seattle. Luego iría a Los Ángeles, donde tenía tres días de escala.
Hice algunos cálculos mentales: Los Ángeles estaba a solo cinco horas de vuelo desde Hawái, con una diferencia horaria de tres horas. Seattle estaba a seis horas de Orlando, por lo que aterrizaría allí dentro de dos horas y subiría a un vuelo corto a Los Ángeles…
«¿Qué coño estoy haciendo?», me dije de repente, interrumpiendo aquel pensamiento.
Sacudí la cabeza y me dirigí hacia la parada de taxis, dispuesto a subirme al primero que estuviera disponible. Tenía que llegar al hotel lo antes posible, antes de que aquel imprudente pensamiento cobrara vida propia.
