NARUTO

Mientras las nubes de la tarde daban paso a un ceniciento cielo gris, me encontraba en la terraza, observando el sueño tranquilo de Hinata en el dormitorio.

Cada vez que pasaba la noche conmigo, yo seguía un patrón: no había noches de insomnio ni estrés si ella estaba cerca. Incluso hoy en día, cuando mis recuerdos parecían empeñados en envolverme, su sola presencia parecía ser capaz de mantenerlos a raya. No solo eso, sino que en cualquier momento que estuviera cerca algunos restos de sentimientos volvían a la vida cuando Hinata me lanzaba una mirada.

Cuando nos besábamos, sentía reminiscencias de emociones que había tenido en algún momento. Y después de tantos encuentros por ciudades de todo el país, no podía negar que mi atracción por ella era más que física. Tampoco podía negar que aunque era del tipo de mujeres del que debería mantenerme alejado, no era capaz de hacerlo. Se había metido debajo de mi piel, hasta la misma médula, y eso era un problema.

Cogí el móvil y comprobé las llamadas que había recibido en el apartamento, deteniéndome cuando vi un nuevo mensaje de voz de un número desconocido. Sin poder evitarlo, y esperando que fuera la llamada que llevaba años esperando, tecleé la contraseña para escucharlo.

—Tiene un mensaje nuevo… —dijo el sistema antes de emitir el suave pitido familiar.

—Naruto, soy yo… —Era la última persona que quería volver a escuchar, Menma

—. Naruto, de verdad que odio con todas mis fuerzas que insistas en bloquear los números de teléfono. Es doloroso y…

—Alto —solté con los dientes apretados antes de que el mensaje llegara a su fin. Luego añadí la nueva serie de cifras a la lista de contactos bloqueados. Todos pertenecían a Menma, Riley y a mi padre. Este mes llevaban diez.

Mientras lo hacía, me bajó un escalofrío por la espalda. Un repentino recordatorio de que había estado fuera de mí durante las últimas semanas, que me había descentrado de mi objetivo y empezaba a confiar en alguien de nuevo.

Todas las personas de mi vida, salvo una, me habían traicionado en algún momento, o habían decidido dar un oportunista giro en vez de permanecer leales. Sabía que solo era cuestión de tiempo que Hinata hiciera lo mismo.

Regresé al lugar donde ella dormía y la cubrí con las sábanas. Deslicé un dedo por sus labios, consiguiendo arrancarle una sonrisa saciada, y luego cogí una almohada y una manta para dormir en el sofá.

Tenía que detener esto, fuera lo que fuera en lo que se estuviera convirtiendo, y volver a lo que habíamos convenido al principio. Era necesario por nuestro bien.


NARUTO

Asunto: Hola…

Mis padres (y resto de familiares) llegarán a la ciudad dentro de unas semanas para la propuesta de matrimonio de la que te he hablado.

Dado que ambos estaremos en Nueva York ese fin de semana, me preguntaba si te gustaría ser mi pareja (informal…, solo informal) durante la cena.

Hinata

Asunto: RE: Hola…

En ese correo no hablas de follar. Naruto

Asunto: RE: RE: Hola…

Lo sé (risas), soy consciente de ello.

(Tampoco he recibido uno sobre eso de ti, así que gracias por las risas).

¿Te apetece venir o no?

Si estuvieras allí, podrías ayudarme a relajarme… Hinata

Asunto: RE: RE: RE: Hola…

¿Por qué iba a querer conocer a tus padres?

¿Piensas presentarme como el tipo al que te tiras? Naruto

Asunto: RE: RE: RE: RE: Hola…

Me gustaría presentarte como un amigo. Hinata

Asunto: RE: RE: RE: RE: RE: Hola…

No somos amigos.

Naruto

Asunto: RE: RE: RE: RE: RE: RE: Hola…

Vale… ¿Tienes un mal día o algo así? ¿Te ha pasado algo? Hinata

Asunto: RE: RE: RE: RE: RE: RE: RE: Hola…

¿Naruto ? ¿Estás ahí? Hinata

No le respondí; comencé otro hilo de mensajes.

Asunto: Dallas

Nos vemos en la A21 el jueves. Naruto

Asunto: RE: Dallas

No pienso reunirme contigo en ninguna parte hasta que me digas qué demonios te pasa.

¿Qué ocurre, Naruto ? Hinata

Asunto: RE: RE: Dallas

No me pasa nada, Hinata. A21.

El jueves. Naruto

Asunto: RE: RE: RE: Dallas

No pienso estar. Córrete en la basura.

Hinata

Asunto: RE: RE: RE: RE: Dallas

Estarás.

Ven con la boca preparada. Naruto

No me respondió.

Pasaron los días sin noticias de ella. Y, el jueves, estuve en las cercanías de los baños, en la A21, pero sabía que no iba a aparecer.

Nervioso, me fui a la terminal, donde la localicé en un restaurante. Estaba en una mesa sola, con los brazos cruzados, mirando al infinito.

Una parte de mí quería acercarse y decirle que me siguiera al cuarto de baño y otra parte quería pedirle perdón, pero no me atreví a hacerlo.

Era una mujer fuerte. Lo superaría.


HINATA

EN LA ACTUALIDAD

ENTRADA DEL BLOG

Tonta, soy tonta…

Por no decir que me dejo tratar como un felpudo.

Me siento como la protagonista de una vieja novela romántica, una MarySue dispuesta a soportar cualquier cosa, hasta un protagonista idiota, a cambio de su polla increíble. Pero, sinceramente, no puedo seguir así, no puedo permitir que alguien me destroce el corazón una y otra vez por unos cuantos polvos y risas.

Lo rechacé en Dallas, me reuní con él en Atlanta y dejé que hiciera lo que quisiera conmigo en Nueva York.

Y las únicas palabras que intercambiamos fueron gemidos. Eso y un «hasta la próxima semana». Me merezco algo mejor…

Hasta pronto.

MarySue

*Hyuga H.*

1 comentario:

KayTROLL: Las desventuras del sensible coño de Hyuga H. continúan…


HINATA

Me quedé mirando a Naruto mientras arrojaba un condón a la basura, esperando a que hiciera contacto visual conmigo, pero parecía demasiado preocupado por algo.

—Naruto, ¿te pasa algo? —pregunté.

—No. —Se colocó los gemelos—. Como todas las demás veces que me lo has preguntado durante las últimas dos semanas.

—Bueno, ¿y por qué no respondes a mis llamadas telefónicas?

—No tengo nada que decirte. —Se puso la chaqueta y se acercó al espejo. Sus ojos se encontraron con los míos en el cristal y arqueó una ceja—. ¿Por qué?

—Pensaba que estábamos llegando a alguna parte… —Me encogí de hombros

—. Por eso he preguntado. Lamento que volvamos a…

—¿Que volvamos a ser solo compañeros de polvos? Asentí moviendo la cabeza.

—Pensaba que éramos más íntimos, y tú… tú retrocedes. Y eso que me has prometido que no me harías daño.

—¿Cómo demonios voy a hacerte daño? —Se dio la vuelta—. No estoy haciendo nada distinto.

—Me estás dejando fuera. Solo me hablas de polvos y de follar, y te pones nervioso si te pregunto qué te pasa. —No quería gritar, pero mi voz resonó con fuerza en las paredes—. No puedes negar que hay diferencia entre ahora y hace unas semanas. Eras casi un príncipe azul, dejando que salieran a la superficie todo lo que tenemos en común, pero ahora estás comportándote como un gilipollas insoportable. Eres más frío, más malo… Ahora no me gustas.

—No tengo que gustarte —dijo—, solo tiene que gustarte follar conmigo. —Se acercó más, hasta apoyar su frente en la mía—. Y por la manera en que te corres cuando estamos juntos, es evidente que sí.

—Mira cómo me hablas.

—¿Y lo dice la persona que acaba de llamarme gilipollas insoportable?

—Estoy segura de que tus sentimientos no se han visto afectados.

—Supongo que, para que así fuera, tendría que tener sentimientos. —Me miró

—. No hago nada diferente. Seguimos follando como se supone que debemos follar, sigues corriéndote cada vez, y no creo que debas esperar nada más. Sí, nos gustan los crucigramas, viajar y el diseño de aviones, pero las cosas van a seguir así. Si quieres algo más, dímelo y me largo para siempre. O, ya que siempre quieres tener la última palabra, puedes largarte primero. ¿Quieres algo más?

—No. —Mentí, manteniendo una expresión estoica mientras bajaba la vista al reloj que me había regalado—. No, no quiero nada más de ti.

—Bien. —Cogió su equipaje y se alejó. Luego me miró por encima del hombro—. Nos vemos en Chicago el jueves que viene.

Me negué a admitir que las lágrimas que me resbalaban por las mejillas fueran reales.

—¡Cielo, ya estoy en casa! —Ino entró bailando en nuestro apartamento varios días después—. ¡Oh, Dios! ¿A qué huele? ¿Estás intentando cocinar de nuevo?

No respondí.

Movió las ollas y las sartenes, apartándolas de los fogones donde estaba quemándose la comida. Luego dejó las bolsas con las compras encima del mostrador.

—He tenido entrevistas en Dior, Michael Kors, Furstenberg y Coach. ¡Ah! Y no vas a creer la nueva línea que tiene Hermès para este otoño. Es más atrevida que nada que hayas visto a la venta.

Me quedé mirando al frente.

—¿Hinata ? ¿Estás escuchándome? —Se puso delante de mí—. Hinata, ¿por qué no te…? Guau… ¿Qué te pasa?

No contesté.

—¿Te han despedido otra vez?

—No… —Negué moviendo la cabeza.

—¿Te has encontrado con Toneri?

—No.

—De acuerdo, espera… ¿Tu familia se ha enterado por fin de que vives en una pocilga y no tienen ni idea de lo que eres de verdad?

—No. —Se me escapó una risita, pero luego solté un gemido—. Tú tenías razón. Mucha razón…

—¿Sobre qué? Suspiré.

—¿Sabes el hombre con el que te conté que me acostaba?

—¿El piloto? ¿El que juraste que dejarías después de que te avergonzara en la gala?

—Sí, ese, pero… —Suspiré—. No lo dejé. Volví con él y todavía sigo…

—¿Tirándotelo? —Se cruzó de brazos—. ¿Estás de coña?

—Ojalá.

—Entiendo. Bueno, ¿no te habrá hecho daño físicamente? ¿Estás llorando por eso?

—No… —Negué con la cabeza y luego dejé de intentar embellecer mis palabras. Le dije todo, cada detalle de lo que había ocurrido hasta la última cita, en el baño. Que los polvos eran perfectos, pero su mente estaba en otra parte. Que el ardor que emitían sus ojos no coincidía con la frialdad que salía de sus labios.

—¿Has intentado razonar con él alguna vez? —Me miraba en estado de shock.

—Alguna vez, sí.

—¿Más de dos? ¿Más de cinco? No respondí.

—Vale —dijo—. Tienes que salir de ese círculo. El sexo casual es solo sexo casual. Se supone que tiene que ser informal y divertido, y que él debe ser capaz de, al menos, mantener una conversación básica contigo. Si vuelve a tratarte así, déjalo. De lo contrario, solo lucharás para que te preste más atención y será una pérdida de tiempo. —Debió de notar la expresión de mi cara, porque levantó las manos en señal de rendición y suspiró—. ¿Cómo se llama?

—Naruto.

—¿De verdad es tan guapo? Asentí moviendo la cabeza.

—¿Y tan bueno en la cama?

—Sí. —Odiaba que solo imaginar que me besaba me hiciera morder el labio.

—De todas formas, Hinata, existe la posibilidad de que se disculpe. Y después de eso, solo dale una oportunidad. Prométemelo. Eres demasiado buena para atarte a otro idiota.

—Bien. Te lo prometo.

—Vale. —Se levantó y cogió un montón de sobres de la mesita de café—. Ah, y por cierto, el correo ha cambiado algo desde que has estado fuera. Veamos lo que hay por aquí. —Echó un vistazo a las cartas—. James Patterson, Stephen King, Janet Menmaovich y, como siempre, Ten Ten L. ¿Significa esto que tus acreedores tienen la esperanza de que seas fan de autores de renombre?

—Sí.

—¿Sabes?, estaba acostumbrándome a los personajes de ficción. —Se encogió de hombros, lanzando los sobres a la esquina—. Un día tienes que decirme cómo demonios consigues que te den este tratamiento. —Se dirigió hacia la cocina—. Y a menos que hayas quedado con «Naruto » antes, necesito una cita para cenar, y te elijo a ti. ¿Tortitas?

—No, gracias.

—¿Crêpes?

—Es lo mismo, Ino.

—Vale, vale, entonces, ¿qué te parece crêpes de arándanos y tortitas? ¿Con caramelo?

Me reí, cediendo.

—Vale.

—Ahora, por favor, cuéntame algo más sobre ese sexo que está fuera de la escala Ritcher sexual. ¿Qué tienes para atraer siempre a este tipo de hombres?


HINATA

Asunto: Nosotros…

Naruto, no sé qué te ha pasado ni por qué estás actuando de esa forma últimamente, pero no me gusta, y quiero que hablemos.

Quiero que «nosotros» volvamos a estar como antes. Hinata

Asunto: RE: Nosotros…

Estoy tratando de averiguar si este correo va sobre polvos o no.

¿Tu «nosotros» se refiere a nuestro acuerdo original?

¿El que hicimos en el hueco de las escaleras de aquel hotel? Naruto

Asunto: RE: RE: Nosotros…

Se refiere al «nosotros» que tenemos cuando me hablas, cuando te puedo considerar mi amigo. Te echo de menos…

Hinata

Asunto: RE: RE: RE: Nosotros…

Martes en Atlanta. E28.

Naruto