HINATA

Unas horas después, me sonrojé mientras Naruto me hacía apresurarme a su lado después de traspasar los escáneres de seguridad. Ambos íbamos vestidos con ropa sport, y resultaba diferente atravesar el aeropuerto sin las exigencias del trabajo.

—¿Vas a pilotar tú solo el avión?

—No. —Me miró—. Llevaremos un piloto que me relevará a mitad del vuelo y una asistente.

—¿Para qué los necesitamos?

—Para que tú y yo podamos disfrutar de que nos sirvan un almuerzo y follar por encima de las nubes.

—¿Qué? —Sentí que se me volvían a enrojecer las mejillas.

—Ya me has oído. —Sonrió mientras me conducía a la puerta 24A, donde estaba previsto que desembarcara el vuelo de Boston en el que venía mi familia. Me mantuvo cerca mientras esperábamos en los asientos, besándome sin cortarse cada pocos minutos.

Pasaban veinte minutos de la hora prevista cuando los pasajeros atravesaron la puerta y, como sospechaba, los miembros de mi familia —que viajaban en primera clase— fueron los que antes salieron del avión.

—Ahora vuelvo —le dije a Naruto, levantándome para dirigirme hacia mi madre.

—Hola, Hinata —me saludó ella, antes de abrazarme—. Estás preciosa esta mañana.

—¿En serio? —intervino Amy de inmediato—. ¿Vives en la ciudad de la moda y te has puesto unos vaqueros rotos y una camiseta? Ya veo…

—Estaba siendo agradable, Amy —se apresuró a añadir mi madre—. Estoy segura de que cuando sea la proposición, Hinata no se vestirá así. Llevará ropa tan adecuada como los demás. ¿Verdad, Hinata?

Neji movió la cabeza y me lanzó su acostumbrada mirada de disculpa. Mi padre me abrazó antes de decir que necesitaba descansar un poco, y cuando empecé a sacar la tarjeta de acceso al ático del Madison del bolsillo, Rem comenzó a interrogarme como de costumbre.

—¿Toneri y tú os habéis arreglado? —Me lanzó una mirada de simpatía fingida

—. ¿O él se ha dado cuenta de que es el pez gordo y tú quien lo necesita más?

—¡Ja! —se rio Amy—. Llegas tarde. Toneri ha pasado a la historia, vi una foto de él en Facebook muy bien acompañado. Alguien que parece que sí sabe hacer algo con su vida. Es escritora, creo.

—¡Oh, maravilloso! —intervino mi madre—. Es increíble. Quizá puedas llamar a Toneri y pedirle que te la presente, Hinata. Si es editora, quizá puedas conseguir que te publique tus próximos libros. Quizá te abra las puertas de una editorial importante.

Apreté los dientes, dispuesta a decirles que hasta aquí había llegado y que podía irse a la mierda, pero de repente Naruto me rodeó la cintura con el brazo.

—No —me susurró al oído—. Creo que deberías presentarme —dijo un poco más alto, antes de besarme la frente.

—Mamá, papá… —hice una pausa—, queridos hermanos, os presento a Naruto.

Naruto, estos son mis padres y estos mis hermanos, Amy, Mia, Rem y Neji.

Neji y mi padre le tendieron de inmediato el brazo para estrecharle la mano, pero todas mis hermanas, y también mi madre, se quedaron paralizadas mirando a Naruto. Parecían muy impresionadas.

—¿Es tu novio? —preguntó Amy, parpadeando un par de veces mientras se daban la mano—. Esto… mmm… ¿Lo eres, Naruto ?

—Sí —repuso Naruto antes de que yo pudiera decir nada, sin apartar la otra mano de mi cintura—. Resulta que se me ha ocurrido sorprender a Hinata hoy con un vuelo. No me he dado cuenta de que coincidía con la propuesta. —Miró a Neji

—. Pero vamos a intentar regresar a tiempo.

Mis hermanas asintieron al unísono mientras él mostraba sus dientes blancos. Era la primera vez que las veía sin palabras, y grabé aquella imagen en mi memoria.

—La tarjeta, Hinata … —me recordó Naruto por lo bajo—. Dales la tarjeta.

Saqué la llave en forma de tarjeta del bolsillo trasero del pantalón y se la entregué a mi madre.

—Me he trasladado al edificio Madison, en Park Avenue. Te he enviado un correo electrónico con la dirección por si no te acuerdas al decírselo al taxista. Ya le he dicho al portero que os espere y os ayude con cualquier cosa que necesitéis mientras estéis aquí.

—Gracias —dijo ella, con los ojos todavía clavados en Naruto.

—Oye, espera un momento —me llamó Neji—. Entonces, vas a intentar estar de regreso esta noche para la propuesta, ¿verdad, Hinata ?

—Por supuesto. —Le brindé mi mejor sonrisa, respondí a algunas preguntas más tanto de él como de mi padre sobre la ciudad y luego me despedí.

Fueron hacia la sala de equipajes mientras los observaba. Pillé a alguno de ellos lanzando una miradita por encima del hombro de vez en cuando hasta que se perdieron de vista.

—¿Preparada? —me preguntó Naruto unos minutos más tarde.

Asentí y me cogió la mano para conducirme a la terminal más moderna y pequeña del JFK, la que utilizaban los aviones privados y de alquiler.

Pasó su identificación por la puerta y me guio a bordo de uno de los aviones más lujosos del mundo. Un Gulf-Stream 650.

—No sé si atreverme a preguntarte cómo puedes permitirte esto —murmuré, segura de que no me iba a responder.

—No tengo que «permitírmelo» —confesó, sonriéndome—. Son Beneficios por haber pilotado con anterioridad para Signature Airlines. Todavía tienen que cumplir ciertos requisitos con cualquier persona que alcance un cierto estatus. ¿Contenta?

—No. ¿Cómo puedes pagar ese apartamento en Park Avenue?

Sonrió otra vez, haciendo un gesto para que me sentara en un asiento de cuero.

Se inclinó y me abrochó el cinturón de seguridad.

—Me lo regaló alguien especial. No, no es una exesposa, ni un fondo fiduciario.

—¿Tu madre?

—Sí. —Me retiró el pelo de la cara—. Y antes de que me preguntes, porque tengo la sensación de que lo vas a hacer, para los relojes es la misma respuesta.

—Así que, en realidad, no eres rico e independiente.

—No necesariamente. —Una sonrisa curvó sus labios—. ¿Hemos hablado suficiente desde las seis de la mañana o tenemos que comentar algo más?

—No, no es necesario. Por ahora.

—Gracias. —Dio un último tirón al cinturón de seguridad—. Nos vemos en cuanto estabilice el aparato. —Se dirigió a la cabina de mando y la asistente me puso un enorme vaso de zumo de naranja delante.

Me ofreció también un menú de desayuno de cuatro páginas, pero lo dejé a un lado y me agarré a los reposabrazos para prepararme para el despegue.

Con los ojos cerrados, escuché a Naruto hablando con el otro piloto en la cabina.

—Alerones, en orden; transponders, en orden; de-ice, en orden; luces, encendidas… —Su voz comenzó a desvanecerse mientras el avión se movía, alejándose de la terminal.

Sin tener que fingir una sonrisa para los pasajeros más observadores, mantuve los ojos cerrados mientras el avión recorría la pista de aterrizaje, chocando contra el aire a máxima velocidad hasta que se estabilizó en el cielo.

Reclinada contra el respaldo, me pasé las manos por los vaqueros durante varios minutos, esperando escuchar la confirmación verbal de que habíamos alcanzado la altura de crucero, pero parecía que el anuncio no llegaba nunca.

—Ya puedes moverte con libertad por la cabina. —Naruto me acarició de repente la mejilla con el dorso de la mano, haciendo que abriera los ojos. Curvó los labios en una sonrisa—. ¿Estabas esperando que diera el anuncio?

—Sí, es lo que ocurre normalmente.

—Solo en vuelos comerciales. —Me desabrochó el cinturón de seguridad y se sentó enfrente de mí—. ¿Qué estás pensando?

—Que realmente puedes ser el hombre perfecto si te da la gana. ¿Qué estás pensando tú?

—Estoy pensando en tu boca —confesó—. La he echado de menos.

—¿Su aspecto?

—El aspecto que tiene cuando rodea mi polla. —Se inclinó hacia delante y me cogió por las muñecas para tirar de mí hacia él—. Tengo que hacerte un par de preguntas personales.

—Pues me pensaré qué responder. —Me burlé, consiguiendo que me diera un beso en el cuello.

—Sé que llevamos un tiempo separados, pero ¿con qué frecuencia has pensando en follar conmigo?

—¿Qué? —Tragué saliva.

—Ya me has oído, Hinata —dijo en voz baja—. ¿Con qué frecuencia?

—Mucha…

—Define «mucha».

—Todos los días.

—¿Quieren comer algo ahora? —nos preguntó la asistente, acercándose a nosotros—. ¿Les gustaría disponer de más tiempo para mirar la carta del desayuno?

—No —repuso Naruto, poniéndose de pie—. Comeremos más tarde. —Me cogió de la mano y me arrastró hasta la parte trasera del avión, donde había un pequeño dormitorio. Cerró la puerta y se acercó a mí sin dejar de mirarme.

—¿Todos los días? —insistió, retomando la conversación—. ¿Eso es lo más concreta que puedes llegar a ser?

Moví la cabeza, asintiendo, sin saber a dónde quería llegar. Antes de que pudiera preguntarle algo, el avión se sacudió ligeramente y se desvió hacia la derecha, haciendo que me inclinara hacia la pared.

Naruto se mantuvo en su lugar, sin inmutarse ante ningún tipo de turbulencia, como siempre.

—Cuando nos encontramos hace unos meses en la sala de correo, me dijiste que habías tenido sexo mejor con alguien que no era yo. Gilipolleces aparte, ¿era siquiera medio cierto?

—¿De verdad te acuerdas de eso?

—Responde a la pregunta.

—No, no era cierto. —Sentí que el avión se agitaba de nuevo—. ¿Por qué me preguntas eso después de tanto tiempo?

—No tengo ninguna razón. —Me agarró con fuerza la coleta y lanzó la banda elástica al suelo. Sin dejar de mirarme, cogió el dobladillo de la camiseta y me la pasó por la cabeza.

—Quítate los pantalones —ordenó.

Me llevé las manos al botón y me lo desabroché, observándolo mientras él también se deshacía de los vaqueros y la camiseta.

Se quedó completamente desnudo frente a mí, con la polla dura y erecta. Empecé a temblar al recordar todo lo que había estado perdiéndome. Suspirando, se acercó con la vista clavada en lo único que todavía llevaba puesto: las bragas. Sin mediar palabra, me las arrancó, dejando caer al suelo los pedazos.

—Dame tu móvil.

Confusa, me incliné y lo saqué del bolsillo de los vaqueros para entregárselo.

—¿Qué vas a hacer?

—Le queda memoria para grabar un vídeo, ¿verdad? —No me dio la oportunidad de responder, y se puso a toquetear la pantalla—. Sí, tiene capacidad… —Me cogió de la mano y me llevó hasta el pequeño sofá que había en la esquina.

Pensé que quería sentarse en él, pero permaneció de pie.

Apretó la polla contra mi culo y colocó el móvil delante de nosotros. Nuestros cuerpos desnudos eran visibles cuando la luz roja que indicaba que el aparato estaba grabando apareció en la pantalla. Antes de que pudiera preguntarle qué demonios estaba haciendo, apretó la boca contra mi piel y arrastró lentamente la lengua desde mi hombro derecho a mi hombro izquierdo.

Sosteniendo el teléfono con una mano, me rodeó la cintura con la otra y me acercó lo suficiente para que su polla quedara encajada entre mis nalgas. Siguió depositando besos en mi carne, mordisqueándola con suavidad.

—No apartes los ojos de la cámara, Hinata … —susurró—. Míranos.

Noté las mejillas rojas mientras me veía en la pantalla, con los ojos abiertos como platos. Sus ojos azules se encontraron con los míos en el cristal, los suyos brillantes de malicia mientras sus besos se convertían en un juego más insoportable cada segundo que pasaba.

De repente, me dio la vuelta para que me enfrentara a él y me cubrió los labios con los suyos, profundizando el beso antes de que pudiera decir nada. Su boca se movió contra la mía, húmeda y brusca, exigiéndome que siguiera su ejemplo.

—Relájate, Hinata —susurró mientras continuaba grabándonos—, estás a punto de ver por qué exactamente soy tan adicto a follar contigo.

Sin añadir nada más, me inclinó sobre el sofá, haciendo que mi cuerpo se arqueara hasta que mi pelo rozó el suelo. Me golpeó el trasero con la mano varias veces, y yo jadeé cada vez. Luego deslizó despacio la mano entre mis muslos; lo sentí contener la respiración al notar lo mojado que estaba mi coño.

Vi que dejaba el móvil en los cojines y lo oí abrir un condón. Lo siguiente que sentí fue su dura erección contra la piel. Me retorció el pelo con los dedos y tiró de mí hacia atrás mientras me llenaba por completo.

Grité de inmediato con una mezcla de placer y dolor, pues seguía sin acostumbrarme a lo profundamente que podía sumergirse en mi sexo, a la forma en la que me poseía con cada empuje.

—Mira cómo te follo en este momento, Hinata … Mira cómo tu coño me responde solo a mí —susurró con dureza, aunque no me dio la oportunidad de moverme. Me tiró del pelo, obligándome a mirarme en la pantalla.

No reconocí a la mujer que veía.

El sudor hacía brillar mi piel, mis labios se separaban con cada gemido que emitía, y cuando me aferré a las piernas de Naruto para mantener el equilibrio, parecía completamente fuera de control. Era como si quisiera seguir follando sobre todas las cosas. Cuando por fin me soltó el pelo, me rodeó a la altura del pecho y me agarró los senos antes de apretarme los pezones.

Jadeando, cerré los ojos un instante, pero él me exigió que los abriera.

—Quiero que te veas. —Me castigó mordiéndome con fuerza el lóbulo de la oreja—. Quiero que veas cómo follamos…, por qué necesitamos esto… Por esto no puedo estar lejos de ti, Hinata —susurró Naruto mientras la luz roja del móvil seguía parpadeando y el sonido del roce de nuestras pieles llenaba la habitación

—. Exactamente por esto.

Me mordí el labio cuando sus caderas impactaron contra las mías y me llevó la mano hasta el clítoris. Sentí que el pequeño brote inflamado vibraba debajo de mis dedos empapados, sentí que mi coño continuaba palpitando ante el ritmo imprudente que marcaba Naruto.

De repente, él me agarró la mano y empezó a chuparme los dedos. Gimió al saborear mi humedad. Sentí que los músculos de las piernas comenzaban a tensarse cuando empezó a reducir la velocidad con que me embestía, y mientras me sostenía contra él, nos corrimos juntos por primera vez.

Me desplomé en el sofá, liberando su polla al caer, y él se quedó en pie, mirándome.

Cerré los ojos mientras recuperaba el aliento. Varios minutos después, me di cuenta de que todavía estaba mirándome.

—¿Qué pasa? —pregunté.

—Nada. —Sonrió y cogió mi móvil, apagando la luz roja antes de entregármelo—. Ya lo verás.

—¿Querías grabarlo para que pudiera vernos más tarde? Asintió.

—¿Por qué?

—Porque la próxima vez que discutamos, si discutimos de nuevo, tendrás un recordatorio visual de que no necesitas perder el tiempo buscando a otra persona.

—Se acercó y me cubrió la boca con la suya. Luego continuó compensando el tiempo perdido separándome las piernas y deslizando su polla en mi interior una vez más, para follarme lentamente una y otra vez.


HINATA

Tomamos tierra en Londres esa noche, mucho más tarde. La familiar niebla de la ciudad nos recibió con los brazos abiertos. Todavía impregnados en el olor a sexo, nos registramos en el hotel y nos duchamos. Luego Naruto me llevó de compras.

Saciada por completo después de lo que habíamos hecho en el avión, me quedé dormida entre sus brazos, sintiéndome más completa y feliz que nunca. Y mientras me iba quedando dormida, mecida por sus besos, esperé —esperé de verdad— que pudiéramos seguir así por lo menos un mes…

Cuando me desperté por la mañana, dolorida y exhausta, tenía a mi izquierda una bandeja con un completo y variado desayuno. Había una nota de Naruto justo al lado de las uvas.

«He tenido que hacer un par de llamadas. Vuelvo enseguida.

Naruto ».

No dejé que mi mente vagara pensando por qué había sentido una vez más la necesidad de salir de la habitación para hablar por teléfono; decidí dejarlo pasar.

Me senté y me puse a tomar el desayuno mientras miraba los mensajes de texto que había recibido en el móvil.

Mi madre: Tu apartamento es mucho mejor de lo que esperaba. Gracias por permitirnos usarlo.

Mi madre: Hinata, ¿cómo eres capaz de pagar esto? (Dime que no te dedicas a trapichear con drogas, por favor).

Amy: Te has perdido la petición del año… ¡Ha sido increíble, Hinata !

Neji: ¡¡Me ha dicho que sí!! Luego te enviaré fotos. ¡¡¡Ha sido épico!!!

Ino: La propuesta de tu hermano fue de vergüenza ajena. Me debes una gorda por obligarme a perderme la noche del sábado con eso. O_o. Adjunto fotos.

Ino: [Img] [Img] [Img]

Me reí antes incluso de abrir las imágenes, agradeciendo haber evitado la celebración «épica» del fin de semana. Cuando estaba mirando la fotografía de mi hermano llorando mientras hacía la propuesta de rodillas, Naruto volvió a la habitación.

—¿Qué es tan gracioso? —preguntó, dejando el móvil en el escritorio.

—La propuesta de mi hermano. —Le mostré la pantalla del teléfono—. Se puso a llorar incluso antes de pedírselo.

Miró la imagen y arqueó una ceja.

—Interesante.

—Si alguna vez en el futuro piensas hacerme una proposición, por favor, no se te ocurra llorar delante de mí. Lo arruinaría todo.

Ignoró mi comentario y apretó una uva contra mis labios.

—Vístete. Solo tenemos día y medio y quiero llevarte a un sitio.

Sonreí mientras me levantaba rápidamente de la cama. Me puse los vaqueros y el suéter que me había comprado la noche anterior bajo su atenta mirada.

Cuando terminé, me cogió de la mano y salimos del hotel, donde nos esperaba un taxi. Ya en el interior, me hizo sentarme en su regazo y me pasó los dedos por el pelo mientras el vehículo recorría las calles adoquinadas.

—¿A dónde vamos? —le pregunté en voz baja.

—A un lugar que creo que te puede gustar.

Unos minutos más tarde, el taxi se detuvo delante de Hatchard's, la librería más antigua de Londres.

No pude evitar que una enorme sonrisa se propagara por mi cara mientras me ayudaba a salir del coche. Me condujo al interior, pasando por el famoso café y los escaparates hacia un letrero y una sala donde ponía «¡Hoy, firma de libros!».

—¿Me has traído a una firma? —Levanté la vista hacia él, incapaz de contener la emoción—. ¿Se trata de John Grisham?

—Por desgracia, no —se rio.

—Entonces, ¿quién es?

—¿Es eso lo más importante en una firma? —preguntó interesado, como si realmente estuviera intentando descubrirlo.

—No —sonreí—. Esta vez no.

Me trajo una silla.

—Iré a buscarte un café. Tres azucarillos y polvo de avellana, ¿verdad?

—¿Te acuerdas?

—No, en absoluto. —Me besó en la frente antes de alejarse.

De repente, un fuerte aplauso resonó en la habitación y todos los presentes se pusieron en pie cuando una mujer vestida de rojo subió al pequeño escenario que había en el frente.

—Damas y caballeros —pronunció—. ¡Muchas gracias por acompañarnos hoy en Hatchard's! Tenemos el honor de presentarles a nuestra invitada del mes. Por favor, demos la bienvenida a la reconocida y mundialmente famosa autora de El club de la milla al descubierto y Nueva York, Nueva York, Brooke Clarkson.

Dejé inmediatamente de aplaudir y mi corazón se hundió en un pozo sin fondo mientras mi pasado chocaba con mi presente.

La autora, vestida con un precioso vestido negro y la famosa sonrisa de un millón de dólares que conocía todo el mundo, saludó a la audiencia tras tomar asiento.

—¡Hola! —dijo, tan perfecta como años atrás, cuando me mostré en desacuerdo con ella e hizo que me despidieran—. Estoy muy feliz de estar aquí hoy.

Todos se rieron y asintieron como colegiales ansiosos mientras mi antigua carrera aparecía ante mí, mientras todo el dolor y la rabia que había sentido entonces aterrizaban en mi vida actual.

—Me gustaría empezar con una ronda de preguntas y respuestas antes de ir al grano —dijo.

Me puse en pie muy despacio, dispuesta a salir corriendo.

Abandoné la habitación y casi choqué con Naruto, que me siguió hacia las puertas. Me cogió de la muñeca antes de que pudiera salir. Al ver mi expresión, me llevó hacia la parte trasera de la librería y me apretó contra los estantes.

—¿Qué te ha pasado, Hinata ? —Encerró mi cara entre las manos, intentando leer en mis ojos.

Negué con la cabeza.

—¿Otra larga historia?

—Sí, pero… no quiero hablar de ello.

—Entonces no lo hagas. —Dejó el café en la repisa—. Pero no vamos a perder el resto de la cita.

—¿Es una cita? —Sonreí—. Pensaba que no tenías citas.

—Creo que no las tenía. —Me empujó contra la estantería y apretó la boca contra la mía, haciéndome olvidar con rapidez todo lo demás. Aunque solo por

un tiempo…

Cuatro horas después, me desperté en medio de la noche con el sonido de la voz de Naruto en el balcón. Gritaba a alguien al tiempo que lanzaba algo de cristal al suelo.

—¿Cómo se te ocurre esperar hasta ahora para contarme eso? —gruñía—. ¿Te haces una idea del tiempo que llevo esperando que…? —Tiró algo más—. ¡Que te jodan! ¡Hostia ya! Voy para allá.

Me senté en la cama, clavando los ojos en las puertas correderas. Él irrumpió en el dormitorio, me miró y sacudió la cabeza. Se bebió uno de los chupitos que dejamos sin tomar la noche anterior y cogió los pantalones.

—Tenemos que marcharnos —dijo.

—¿Ahora?

—Ahora mismo.

—¿Juntos?

—No. —Marcó un número de teléfono antes de acercarse el móvil a la oreja—. Sí, necesito un billete en primera clase para Nueva York. No, me da igual la compañía aérea, pero quiero que el vuelo salga hoy, a ser posible en las próximas tres horas. Mejor JFK que La Guardia. Sí… Sí, gracias.

Noté que me vibraba el móvil al entrar un correo electrónico.

Asunto: Confirmación de vuelo.

Gracias por volar con Delta Airways. Estaremos esperándola en la cabina de primera clase. Por favor, haga clic en el archivo adjunto para conocer el horario de su vuelo.

[PDF]

Vi que Naruto empezaba a vestirse sin añadir nada más y que me hacía un gesto para que hiciera lo mismo. No me habló mientras salíamos juntos del hotel, ni siquiera me miró después de subirnos al taxi que nos llevó al aeropuerto.

—Me has hecho albergar esperanzas de nuevo, Naruto —dije por lo bajo—. Me has hecho albergar esperanzas y has vuelto a pisotearlas sin ninguna razón. Sin ninguna explicación.

—No puedo darte una explicación en este momento, Hinata —expuso—. No puedo, de verdad. Todavía no.

—Entonces no creo que puedas nunca… —No dije nada más durante el resto del trayecto.

Cuando el vehículo se detuvo en la zona de embarque de Delta, me abrió la puerta.

—Que tengas un buen vuelo —se limitó a decir.

—Pensaba que ibas a contarme lo que te pasaba. ¿Tiene algo que ver con la razón por la que estás actuando así en este momento?

—Sal del coche, Hinata.

Sacudiendo la cabeza, cogí el bolso y salí, ignorando el agonizante dolor que sentía en el pecho.

—Gracias por no luchar contra mí —dijo, inclinándose para besarme en la frente. Yo di un paso atrás.

—¿Sabes que siempre has dicho que se necesitaba una razón de verdad para que esto llegara al final?

—No me hagas esto ahora, Hinata. No sabes lo que está pasando.

—Lo sé. —Me alejé un paso—. Estamos en ese punto. Esto es el final para mí, Naruto. Adiós.

Me alejé de él por última vez.


NARUTO

En este momento no tenía tiempo para pensar en los sentimientos de Hinata. Solo recibía esta clase de llamadas o mensajes cada cierto tiempo y, cuando ocurrían, tenía que actuar con rapidez.

En el momento en el que aterricé en Newark, fui en taxi directamente a un remanso de paz en medio de los suburbios. Corrí al interior del solitario edificio que había en el centro de la manzana y entré con la firme esperanza de que no fuera demasiado tarde esta vez.

Recorrí el pasillo hasta la habitación número ocho, y pasé despacio los dedos por la placa con el nombre de su ocupante: Kushina Uzumaki.

Cuando entré, la mujer que había en la cama se sentó inmediatamente.

—¿Quién es usted? —preguntó—. ¿Ha venido a ver a Sarah? —Señaló la cama vacía que había a su lado.

—Sí —repuse—. Estoy aquí por Sarah. ¿Sabe dónde está?

—Estará de vuelta dentro de una hora o así. —Dio una palmada en el borde de su colchón—. ¿Me hace compañía hasta que vuelva?

Asentí y me acerqué para sentarme en su cama.

Permaneció en silencio durante unos minutos, como si estuviera esperando a Sarah, pero luego empezó a hablar.

—No hace suficiente calor aquí —comentó finalmente—. Siempre tengo que pedir mantas.

—Lamento escucharlo. —Me di cuenta de que estaba enterrada debajo de cuatro y que había un montón más en la esquina.

—Está bien. Me toman el pelo cada vez que pido una. Al parecer, he pedido tantas que algunos donantes anónimos me envían más. Lo único que tengo que hacer es llamar a un lugar que se llama Fábrica de Mantas y las traen enseguida.

—Eso está muy bien. —Miré hacia la puerta para ver si había cerca alguna enfermera.

—¿Verdad? —Sonrió—. No me gusta la comida de aquí, así que otro donante anónimo me envía alimentos todos los días. ¿Cómo se llama, hijo?

—Naruto.

—¿Naruto? —Se le iluminaron los ojos—. ¡Mi hijo se llama Naruto! Naruto Uzumaki.

Es piloto, ¿sabe?

—¿De verdad?

—Sí. —Parecía orgullosa—. Me manda recuerdos de todas las ciudades a las que vuela. Casi siento que he viajado por todo el mundo.

—Es muy amable de su parte.

—Es muy bueno. —Asintió con la cabeza—. Muy terco también. O se hacen las cosas a su manera o de ninguna.

—No siempre…

—Oh, créame… —Se rio—. Conozco a mi Naruto. Lo ha sido siempre… Ahora tiene unos veinte años. —Señaló el montón de mantas para que cogiera una. Se la puse encima y la arropé con ella.

—Naruto, ¿tiene hijos? —preguntó ella.

—No.

—¿No? ¿Por qué? Está en la mejor edad para establecerse y tener unos cuantos críos.

—No tengo tiempo.

—¿Tiempo? —Se rio—. Oh, ¡¡ahora ha sonado igual que mi Naruto!! Eso es lo mismo que dice él. Voy a tener que hablarle de usted. Tiene que saber que hay otro Naruto en el mundo que no quiere tener hijos. —Miró hacia la puerta—. Dado que Sarah está tardando tanto, ¿podemos hablar un poco más? ¿Puedo contarle cosas de mi Naruto?

Asentí con la cabeza. El dolor que tenía en el pecho amenazaba con volverse insoportable.

—Bueno, ¿sabe eso que dicen de que una madre nunca tiene un hijo favorito?—Esperó hasta que asentí—. Entre usted y yo, Naruto siempre ha sido mi favorito. Cuando falleció mi padre y me legó ese monstruoso ático en Manhattan, se lo regalé a Naruto. Solo para él. También le entregué a mi otro hijo algo bonito, muy bonito en realidad. Pero está en las afueras, ya que ese sí me decía que quería tener familia… —Se interrumpió—. Luego lo vendió… apenas por la mitad de lo que valía.

—Lamento escucharlo.

—No lo haga. Hice lo mismo con los relojes de mi padre —continuó—. No sé por qué me los dejó, pero Naruto los aprecia, por lo que merecía tenerlos. —Se inclinó sobre la cama y abrió un cajón, sacó mi foto del anuario del instituto y me lo enseñó con una sonrisa.

Moví la cabeza, asintiendo al ver la imagen, deseando haber llegado antes.

—No suelo hablar con frecuencia, Naruto —explicó—, y dado que tenemos que esperar a Sarah por lo menos una hora más, puedo seguir contándole historias, si quiere…

Sin preguntar nada más, me contó interminables historias de mi infancia, cuentos que había oído un millón de veces antes y vivido de primera mano. Las adornaba con detalles aquí o allá, haciendo que yo pareciera un poco más travieso, como siempre.

Cuando estaba en medio de una en la que «Naruto » se había escondido en casa durante la noche, cogió el vaso de agua de la mesilla de noche y bebió agua despacio. Después, lo dejó de nuevo en su lugar y me miró, abriendo más los ojos a cada segundo que pasaba.

—¿Por qué… por qué está sentado en mi cama? —preguntó—. ¿Quién es usted?

—Lo siento. —Me levanté—. Discúlpeme, señorita. Debo de haberme equivocado de habitación.

—No, está bien. No pasa nada. ¿Ha venido a ver a Sarah?

Me senté de nuevo, dejando que me contara de nuevo las mismas historias de antes una y otra vez, observándola mientras recordaba y volvía a olvidar a los cinco minutos. Y cuanto más hablaba ella, más me preguntaba yo si sabría que estaba técnicamente muerta. Que su nombre y su imagen estaban grabados en un avión, en un vuelo que nunca había tomado, que era la protagonista de una historia falsa que jamás oiría.

De vez en cuando recordaba al azar cosas recientes.

—Mi marido siempre me hablaba de Naruto …

—Él te mintió —diría yo—, nos mintió a todos… Utilizó ese accidente para su conveniencia…

Y a pesar de que podía caer fácilmente en otra letanía feliz y olvidarlo todo, lo único que yo veía era que mi padre había mentido una y otra vez. Que había usado cualquier oportunidad para reforzar su imagen, que me había borrado de su vida a mí y a cualquier otra persona que se interpusiera en su camino. Que cuando se enteró del diagnóstico de la enfermedad neurológica de mi madre y su corta esperanza de vida, aprovechó el accidente de aviación para decir que había muerto en él, y ganarse así simpatías y financiación.

Amor a cambio de codicia y adulación hueca. Todo por nada.

Sabía que no iba a ser capaz de funcionar bien durante las próximas semanas, que iba a romper el contenido de mi apartamento, como siempre. Que verla así, cada vez peor, sin tener a mi lado a alguien digno de confianza con quien hablar al respecto, tendría un efecto duradero en mí.

«Quizá, después de todo, fuera mejor que Hinata me hubiera dejado».


HINATA

EN LA ACTUALIDAD

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Esta es la última vez que voy a decir esto.

La última.

Mi corazón no puede aguantar otra serie de discusiones airadas, una nueva edición de este peligroso juego «¿Alcanzaremos la meta?». ¿Habrá una meta siquiera o solo será otro giro en este interminable carrusel de altos y bajos?

Sí, este hombre folla de una forma sublime, y me deja con ansias de más en cuanto sale de mí. Y sí, la forma en que me satisface con su boca y cómo consigue que me corra durante horas es inigualable. Pero la manera en que encajamos (o más bien no encajamos) ha alcanzado por fin su punto culminante.

No volveré con él. No volveré con él. No. Volveré. Con. Él.

Si me llama, no pienso responder.

Si me envía un mensaje, no voy a responder.

Si me manda un correo electrónico, no lo abriré. He terminado.

De verdad. Hasta pronto.

*Hyuga H.*

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KayTROLL: Ya he escuchado esto antes… Veamos cuánto tiempo pasa… O_o

ENTRADA DEL BLOG

Dos semanas más.

No hay mensajes de él, ni llamadas.

Aunque tuvimos que compartir un vuelo corto entre Atlanta y Houston, y que le tuve que pedir que firmara un formulario para confirmar que un pasajero estaba siendo demasiado grosero y ofensivo conmigo durante el desembarque, eso fue todo.

Apenas me miró mientras firmaba, y cada uno se fue por su lado en la terminal. Me dio la impresión de que ni siquiera me veía…

Hasta pronto.

*Hyuga H.*

1 comentario:

KayTROLL: Me reservaré la opinión hasta que pasen ocho semanas…

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Cuatro semanas.

Nada.

Hasta pronto.

*Hyuga H.*

No hay comentarios.

ENTRADA DEL BLOG

Seis semanas.

Todavía nada…

Solo un corazón roto y la triste constatación de que realmente lo amaba, pero él a mí no. Hasta pronto.

*Hyuga H.*

No hay comentarios.

ENTRADA DEL BLOG

Por fin me ha enviado un mensaje hoy, casi ocho semanas después de alejarme, y no ha sido una disculpa. Ni siquiera un saludo.

Ha sido un: «Tengo que follarte. Llámame cuando oigas este mensaje». Espero no volver a verlo. Lo estoy superando.

Hasta pronto.

*Hyuga H.*

1 comentario:

KayTROLL: Estás avanzando mucho…