NARUTO

Me desperté con el sonido de susurros en mi dormitorio, que hablaban de mí como si yo no estuviera presente.

—¿Por qué este inquilino tiene que reemplazar siempre el televisor? —decía una voz—. Parece que lo rompe todas las semanas.

—Es una de sus muchas aficiones. —La voz familiar de Iruka flotó en el aire—Disfruta haciéndolo.

—Sí, bueno. Probablemente debería decirle alguien que otras aficiones no cuestan mil dólares semanales.

—Estoy seguro de que lo sabe —intervino Iruka—. Gracias una vez más.

—De nada. Literalmente.

Oí que se cerraba la puerta y los firmes pasos de Iruka cada vez más cerca de mi dormitorio. Entró sin llamar a la puerta.

—De nada, señor Uzumaki —dijo, dejando una factura en el tocador—. Y también de nada, por adelantado, por encontrar a una nueva persona que cuide de sus plantas.

—¿Qué ha pasado con la anterior?

—Creo que le dijo algo tipo «largo de mi casa» hace unos días, durante uno de sus episodios. ¿No lo recuerda?

—No.

—Ya veo. —Se encogió de hombros—. Bueno, si me necesita, estaré en la planta baja. Esperando su próxima serie de problemas.

—Espera…

—¿Qué?

—Le he enviado un mensaje a Hinata anoche y también la noche anterior. No me ha respondido.

Parpadeó.

—Se supone que tienes que llenar los espacios que tengo en blanco, Iruka. ¿Por qué coño no me ha devuelto el mensaje, ya que pareces saber todo lo demás?

—No estoy seguro —dijo con simpatía—. Pero dado que han pasado más de dos meses desde la última vez que me habló de ella, asumí que habían terminado. —Cogió un bolígrafo del bolsillo de la chaqueta y escribió algo en la parte posterior de la factura. Luego salió de la habitación y del apartamento.

Me levanté para ver qué había escrito en el papel.

«Ella vino a dejar el reloj. Está en la encimera de la cocina».

Gemí y me vestí para bajar en el ascensor privado hasta el aparcamiento. Empecé a mandarle a Hinata otro mensaje, pero antes de dar al botón, revisé el historial.

No me había escrito desde hacía semanas, y la última vez que lo hizo no me digné a responderle.

«Dios…».

Aceleré para salir del garaje en dirección a su apartamento, en Brooklyn. Arriesgándome a la ira de sus vecinos, aparqué el coche en mitad de la calle. Subí corriendo las escaleras exteriores, y sin molestarme en llamar al timbre, abrí la puerta y subí los cuatro tramos hasta su piso.

El letrero de «Dos chicas rotas» ya no estaba colgado de la puerta, pero llamé igualmente.

No obtuve respuesta.

Oía una voz femenina en el interior, así que llamé con más fuerza, negándome a permitir que Hinata me ignorara.

La puerta se abrió, pero no lo hizo Hinata ni su compañera de piso. Era una mujer mayor con un gato en brazos.

—Hola, ¿sí? —Me sonrió—. ¿En qué puedo ayudarlo?

—Estoy buscando a Hinata Hyuga .

—¿A quién?

—A la joven que vivía aquí. Pelo negro, ojos perlas, muy guapa. ¿Dónde está?

—¡Oh! ¿La chica que tenía esa compañera de piso tan loca? Se mudaron hace un mes.

«¿Hace un mes?».

—¿A dónde se mudaron?

—No estoy segura. —Se acarició el labio—. Pero seguramente, fuera donde fuera, es un lugar agradable. El padre de la chalada las recogió en una limusina.

¡Una limusina!

—Gracias. —Me alejé y bajé las escaleras para regresar al coche. No podía creer esta mierda. No era posible que hubiera pasado tanto tiempo sin que me diera cuenta.

Cuando giré la llave en el contacto, sentí que me vibraba el móvil en el bolsillo. Era un mensaje de texto.

«¿Hinata ?».

Pulsé su nombre para leer la respuesta.

Hinata : Mmm… No sé si estás tratando de ligar conmigo o qué, pero este número no pertenece a ninguna Hinata. Yo soy Clara. Dicho esto, si realmente sigues interesado en «comerme el coño» toda la noche mientras me corro en tu cara, no es necesario que me envíes otro mensaje, llámame


Una semana después, estaba en la puerta B4 del aeropuerto de Atlanta, imprimiendo los informes meteorológicos para el vuelo de esa noche con la esperanza de que el desgraciado con el que me tocaba volar fuera un piloto competente. El primer oficial que tenía designado como copiloto había sufrido una intoxicación alimentaria, por lo que me iban a enviar un piloto de la reserva para que el vuelo pudiera salir de una vez.

—¿Señor Uzumaki? —dijo una familiar voz masculina a mi espalda—. ¿Señor Uzumaki, es usted?

Me di la vuelta y me encontré cara a cara con Ryan.

«Ryan, el del simulador».

«¿Qué cojones…?».

—Parece que al final nos toca volar juntos en la vida real. —Sonrió—. Quizá ahora sí me pueda mostrar el botón de la alfombra mágica, ¿verdad? —Se rio, esperando que me uniera a él.

Iba a esperar mucho.

Agarré el resto de los informes meteorológicos e hice una señal a la agente de embarque de que estábamos preparados. Y cuando nos llevaba hasta la puerta, vi a la supervisora de Hinata, una rubia, y a la propia Hinata andando hacia nosotros.

—Son las asistentes del vuelo 1543 a París, ¿verdad? —preguntó la agente de embarque—. Escanearé sus insignias después de que suban los pilotos a bordo. Un segundo.

Miré de nuevo a Hinata, esperando que sus ojos se encontraran con los míos, pero eso no ocurrió. Los mantenía clavados en el suelo.

—Señorita Connors —la oí decir cuando subieron a bordo del avión, unos segundos más tarde—, voy a dar lo mejor de mí en este vuelo, pero, por favor,

¿podría mantener al capitán Uzumaki lo más posible alejado de mí si se decide a abandonar la cabina de pilotos?

La supervisora asintió moviendo la cabeza.

—Por supuesto —repuso, haciendo una mueca en mi dirección.

De todas formas, había planeado permanecer en la cabina de mando durante las primeras horas del trayecto, sobre todo porque no confiaba en Ryan para dejarlo solo ni cinco segundos, y no estaba seguro de si había bromeado cuando dijo lo del botón de la alfombra mágica.

—Damas y caballeros, les habla el capitán —dije a través de los altavoces cuando se completó el embarque—. En nombre de la tripulación, me gustaría darles la bienvenida a bordo del vuelo 1543 de AmbuAirways con destino a París. La duración de este será de unas ocho horas y veinte minutos, y no esperamos ningún tipo de incidencias. Gracias por elegir volar con nosotros. Relájense y disfruten del vuelo. —Puse fin al mensaje y esperé turno para despegar.

—Mmm… ¿señor? —Ryan me dio un golpecito en el hombro.

—¿Sí, Ryan?

—No me gustaría faltarle al respeto ni nada, pero se le han olvidado cuatro frases del saludo obligatorio. Es toda una ofensa.

—¿Perdón?

—Ya sabe, todo eso de «¡Me encanta volar con Elite!», «¡Es el mejor trabajo y la aerolínea más maravillosa del mundo!», y luego se supone que debe decir algo ingenioso o contar una broma divertida para que los pasajeros se sientan cómodos.

Parpadeé.

—¿Te sientes cómodo tú, Ryan?

—¿Quiere una respuesta sincera?

—Por favor, me encantaría.

—Bueno, me sentiría mucho más cómodo si hubiera hecho una broma. Incluso me hubiera convencido de que es usted un ser humano y no el mismo robot que en las sesiones de simulador, y podría haber conseguido que me resultara más fácil copilotar un Airbus 321 por cuarta vez.

«¡Dios!».

—Ambu uno, cinco, cuatro, tres listo para el despegue —dijo el controlador por el auricular—. Pista veintinueve.

—Recibido. Listo para el despegue. Ambu uno, cinco, cuatro, tres entrando en la pista veintinueve.

Empujé el acelerador hacia delante impulsando el avión por la pista a máxima velocidad. Las luces del aparato iluminaban el suelo en la noche azul oscuro de Atlanta, y las señales amarillas que marcaban los lados de la pista de aterrizaje brillaban con fuerza cuando el avión pasaba junto a ellas.

Subimos en el aire. Los tenues rastros de adrenalina que siempre me inundaban en un despegue corrieron por mis venas.

Ryan se mantuvo en contacto con los mandos, sorprendiéndome por su repentina profesionalidad, y cuando alcanzamos la altitud de crucero, a treinta y tres mil pies, apagué la señal del cinturón de seguridad.

—Damas y caballeros… —La voz de Hinata llegó a través de los altavoces, dejándome paralizado—. El capitán ha apagado la señal del cinturón de seguridad. Pueden moverse libremente con la cabina. Sin embargo, recomendamos que se abrochen el cinturón mientras estén sentados.

«Voy a conseguir hablar con ella en este vuelo…».

—Entonces… —dijo Ryan, aclarándose la garganta—, ¿no va a gastarme alguna broma? De verdad que me ayudaría.

—Claro. —Puse los ojos en blanco y me volví hacia él—. Toc, toc… Lo vi sonreír.

—¿Quién es?

—Señor Cállate la puta boca. —Hice un gesto para que me entregara el portapapeles—. Ya que estamos aquí, déjame enseñarte algunas cosas para que no estrelles el aparato cuando necesite ir al baño.

«Cuando necesite salir en busca de Hinata …».

Tardé cuatro horas en convencerme de que Ryan era un buen piloto; solo necesitaba aprender a tomarse las cosas en serio. Cuando me aseguró que todo iría bien si estaba solo durante cinco minutos, salí de la cabina y vi a Hinata en el office más cercano.

—Hola —la saludé, acercándome a ella—. ¿Podemos hablar? No me respondió.

—Hinata … —Me puse a su lado—. Hinata, sé que estás escuchándome, así que responde.

No levantó la vista. Continuó preparando las copas de postre y, cuando me incliné para verle la cara, vi que tenía lágrimas en las mejillas.

—Hinata, por favor, dime algo. Quiero arreglar las cosas.

—Le diré a alguien que le lleve su Coca-Cola dentro de un minuto, capitán. — Agarró la bandeja y se alejó de mí.

Vi cómo servía a los pasajeros de primera clase mientras evitaba mi mirada. Se tomó su tiempo para verter el vino. Esperé a que regresara para obligarla a escucharme, pero no lo hizo. Se dirigió hacia el office que había al final de la aeronave y siguió sirviendo los postres a partir de ese punto.

Enfadado, regresé a la cabina para pensar de qué otras maneras podría llamar su atención. Tardé media hora antes de decidir que estaba dispuesto a que todos los ocupantes del avión escucharan lo que tenía que decirle si era necesario.

Atravesé entonces primera clase, business y turista buscándola. Llegué a la parte trasera del avión, hasta los lavabos, sin haber tenido suerte.

Molesto, llamé a la puerta del cuarto de baño de la izquierda y respondió una voz masculina. Golpeé de inmediato la puerta de la izquierda y, al instante, oí su voz familiar.

—Está ocupado —dijo—. La luz roja está encendida.

Volví a llamar de nuevo, ahora con más fuerza. La oí gemir.

—La luz roja está claramente… —Contuvo el aliento al abrir la puerta y me miró de arriba abajo. Tenía los ojos llenos de lágrimas y la cara muy roja, sin embargo, seguía pareciéndome la mujer más guapa del mundo.

A su espalda, en el lavabo, había un montón de pañuelos de papel arrugados, y vi también el móvil en la repisa.

Consideré mantener la calma, soltar algunas tonterías.

—Hinata, tenemos que hablar —argumenté finalmente, poco dispuesto a perder el tiempo—. Tenemos que hablar ahora mismo.

—Paso. —Trató de cerrarme la puerta en las narices, pero la mantuve abierta y la empujé al interior antes de bloquearla.

Durante unos segundos ninguno dijo una palabra. Solo nos miramos en silencio, esperando que fuera el otro quien empezara a hablar. Supuse que era el mejor momento para disculparme, para decir algo agudo y tierno que estuviera seguro de que pudiera gustarle, pero tuve la sensación de que esas tonterías no funcionarían esta noche. Y, de todas formas, una pregunta mucho más importante rondaba mi cabeza.

—Naruto, no tengo nada más que decirte —me dijo con suavidad—. Nada más.

—Vale, pues hablaré yo.

—En fin, es toda una ironía, dado que normalmente no hablas.

—¿Estás follando con otro?

—¿Cómo?

—¿Es necesario que lo repita? —Cerré la distancia entre nosotros—. ¿Estás follando con otro?

—Hace semanas que no hablamos —susurró—. No te visto desde hace semanas y ¿esto es lo primero que me preguntas? «Hola, Hinata, ¿qué tal va todo? Ha pasado mucho tiempo desde que nos vimos por última vez. ¿Cómo estás?».

—Hola, Hinata—repetí mirándola a los ojos—. Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que hablamos. ¿Qué tal estás? ¿Estás follando con otro?

—No.

—¿Estás saliendo con alguien?

—Es la misma maldita pregunta.

—Entonces dame la misma maldita respuesta.

—No. —La veo cruzarse de brazos—. No, no estoy saliendo con otra persona, pero lo haré muy pronto. ¿Y sabes qué? Será con alguien que no me haga sentir una mierda cada pocas semanas, alguien que no desaparezca durante un tiempo haciéndome preguntarme todas las noches por qué me he abierto a él. Y mejor todavía, será alguien que me respete y no actúe como si amarme sea una carga.

—Jamás he dicho que amarte sea una carga.

—Jamás has dicho que me amas.

Silencio.

—Hinata … —La miré directamente a los ojos—. Escúchame.

—Que te jodan. Y déjame salir, por favor. —Me empujó, pero la mantuve inmóvil—. Naruto, he dicho que me dejes salir de aquí.

—No. —La atraje hacia mí y le rodeé la cintura con un brazo, usando la mano libre para secarle las lágrimas con los dedos. Luego le pasé las manos por la espalda y le besé las comisuras de la boca, mordisqueándole con suavidad el labio inferior para tranquilizarla—. Sabes que no quiero volver a hacerte daño.

—¿Lo sé?

—¡Joder, deberías! —Volví a morderle el labio inferior, esta vez con más fuerza—. Necesito que nos des otra oportunidad —susurré contra su boca.

—¿Qué te hace pensar que soy tan estúpida como para hacerlo?

—Porque no soy el único que ha cometido un error. —Le rocé los labios con los míos—. Te recuerdo que la forma en la que empezamos fue bastante jodida.

—Sigue siendo muy jodido todo. —Parecía como si estuviera a punto de llorar de nuevo, pero se secó las lágrimas antes de que pudieran llegar a caer. Comenzó a hablar, a lanzar una de esas largas diatribas suyas que tanto echaba de menos, y no pude evitar besarla en los labios.

Trató de apartarse de mí, de actuar como si no estuviera gimiendo, así que la besé con más fuerza, hasta que, por fin, se rindió.

—¿Estás tirándote a otras mujeres, Naruto ? —susurró contra mi boca.

—No.

—¿Estás saliendo con alguna más?

—No. —Le di una palmada en el culo y le tiré del pelo. Y mientras continuaba haciéndome preguntas como solo ella sabía, la besé hasta que estuvo tan jadeante que no podía hablar. Hasta que me lanzó una mirada vidriosa que me indicaba que ahora sí estaba realmente dispuesta a escucharme.

—Podemos hablar esta noche —susurré. Le cogí la mano y la apreté contra la parte delantera del pantalón, haciéndole sentir lo duro que me había puesto—. Esta noche podemos hablar de lo que te dé la gana.


HINATA

Horas después de aterrizar en París, Naruto me atrajo hacia su cuerpo en el jacuzzi de su suite. Tenía la espalda apretada contra su pecho y me pasaba los dedos mojados por el pelo mientras me besaba el cuello cada pocos segundos.

A pesar de lo que me había dicho en el avión, de que estaba dispuesto a hablar de lo que yo quería, no habíamos dicho ni una sola palabra desde que nos registramos en el hotel. Nos habíamos dedicado casi toda la noche a volver a conectar, dejando que fuera el sexo quien dijera todo lo que todavía no nos atrevíamos a confesar en voz alta.

Hacía solo un par de horas me había abrazado y empezado a contarme todas las cosas que plagaban su vida: las mentiras de su padre —como afirmar que su madre había muerto en el accidente del vuelo 1872, en vez de reconocer que tenía una enfermedad neurológica—, la forma en la que su hermano había corroborado esas mentiras, su exesposa, y lo más triste de todo, cómo lo habían borrado a él de su vida cuando se negó a seguirles la corriente para que todo encajara.

—¿Vas a verla cada tres semanas? —pregunté.

—Sí.

Me sentí culpable al haber pensado que se trataba de otra cosa.

—¿Tu hermano o tu padre van alguna vez a visitarla?

—No.

—¿Saben dónde está?

—Sí —dijo—. Estoy seguro de que le han enviado todo lo que el dinero puede comprar. Quizá un par de veces pueden haber organizado una gala de caridad, pero…

—No pueden permitir que la verdad salga a la luz.

—Exacto. No puede saberse porque puede arruinarlos a los dos —corroboró.

—Pero ¿por qué no has dicho nada al respecto?

—No tengo nada que ganar —me susurró al oído—. ¿Te importa si cambiamos de tema?

Negué moviendo la cabeza y él deslizó las manos por debajo de mis muslos para hacerme girar lentamente hasta que estuvimos cara a cara. Se inclinó para besarme y me mordió con suavidad el labio inferior antes de sujetarme con las dos manos.

—Tenemos que hacer que funcione —me dijo, mirándome a los ojos—.Necesito que lo nuestro funcione.

—Ya te dije en el avión que estaba dispuesta a darnos una oportunidad más.

—No, no, no… —Negó con la cabeza—. No has entendido lo que quiero decir.—Siguió mirándome a los ojos, con la expresión más vulnerable que le hubiera visto nunca—. A lo largo de mi vida, casi todo el mundo me ha traicionado en algún momento o me ha utilizado para obtener beneficio personal. Casi todo el mundo… Mi padre es un mentiroso y un maldito tramposo, mi hermano un hipócrita manipulador, mi ex una oportunista y una zorra.

Buscó mis labios al tiempo que me estrechaba contra su pecho.

—Tú, por otra parte, eres una anomalía en mi vida.

—¿A qué te refieres?

—Sin duda, después de todos los crucigramas que me has robado, sabes qué significa la palabra «anomalía».

—Sé lo que significa, pero no en referencia a nosotros.

—Quiero decir que aunque estoy seguro de que eres prácticamente incapaz de hacer ninguna de las cosas que ha hecho mi familia, no quiero despertarme un día y leer en los periódicos información sobre algo que has hecho, no quiero tener que preocuparme de que estés con otra persona, aunque algo me dice que nadie podría soportar como yo tu incesante charla, por lo que esta relación es casi más interesante para ti que para mí.

—Una de las cláusulas era que yo no fuera como las demás…

—Sin duda… —Soltó una risita por lo bajo—. Quiero que me prometas que seguirás siendo mi anomalía. Además no estoy seguro de cómo decirte que te amo.

Contuve la respiración, notando un aleteo de mariposas en el estómago cuando su boca reclamó la mía, rompiendo cualquier resistencia y demostrando sus sentimientos por encima de los míos.

Cuando por fin me soltó, recordé que tenía que decirle algo esta noche. Mi vida había cambiado desde la última vez que rompimos.

—Espera, Naruto. Tengo que contarte algo.

No me hizo caso y volvió a apretar su boca contra mis labios, deslizando la

lengua profundamente en su interior.

—No, espera… —Me separé de él—. Es muy importante.

—¿Es algo malo? Vacilé.

—Depende de la definición que hagas de «malo».

—Ya sabes qué es bueno y qué es malo, Hinata. —Me miró con los ojos entrecerrados—. ¿Es algo realmente malo que tengas que contarme en este momento o puede esperar?

—Puede esperar.

—Bien. —Volvió a cubrir mi boca y me colocó sobre su regazo antes de ponerse en pie con mis piernas enroscadas alrededor de su cintura—. Esta noche solo quiero centrarme en lo bueno, y en el hecho de que te amo de verdad.

—Si tanto me amas, es posible que no tengamos que jodernos tanto…

—Siempre vamos a jodernos, Hinata. —Sonrió, mordiéndome los labios antes de lanzarme sobre la cama—. Es la mejor parte de lo nuestro…


Salidos de una novela mexicana de los 90's jajaja