NARUTO

EN LA ACTUALIDAD

«Penguin adquiere por dos millones de dólares los derechos de publicación de un romance de ficción entre un piloto y una azafata de Ambu Airways».

The New York Times

Me quedé mirando el titular en negrita queriendo creer que las palabras correspondían a algún tipo de broma, pero no me encontraba de humor.

Citaban a Hinata Hyuga , que ya había publicado con anterioridad bajo el pseudónimo de Hyuga H., que decía: «Fue un turbulento asunto entre nosotros. Y sí, nos arriesgamos mucho para estar en algunos de esos lugares. Pero, a pesar de los altibajos, me enamoré de este hombre, y no cambiaría la experiencia por nada del mundo. Bueno, nada salvo la forma en la que terminamos en la vida real, por supuesto».

Cuando se le preguntó si el protagonista masculino de la novela sabía lo que había ocurrido en realidad, si era consciente de que iba a contar su historia, se limitó a responder con un cortante «Sin comentarios».

Ni siquiera pude terminar de leer el artículo, fui con rapidez a su corta biografía, donde se detallaba su anterior publicación. Algo que no se le ocurrió compartir conmigo la noche en la que le conté todo.

«Todo…».

Allí estaba yo, una vez más, leyendo sobre las acciones de alguien que formaba parte de mi vida en la prensa en lugar de enterarme en persona. Una vez más, me sentía familiarmente traicionado, y alguien a quien amaba se convertía en otra decepción. Como siempre.


HINATA

Cogí un taxi para ir al ático de Naruto a eso de las tres de la madrugada, mi corazón no podía soportar que me ignorara una semana más. Cuando el conductor aceleró imprudentemente por las calles de la ciudad, mi ansiedad aumentó de forma proporcional al taxímetro.

—¿Se encuentra bien? —preguntó el conductor—. Parece como si estuviera a punto de vomitar.

—No voy a vomitar.

—Será mejor que no. —Me miró por espejo retrovisor—. Si vomita, le cobraré el doble. No, el triple.

Suspiré y mantuve la cabeza hacia la ventanilla, tratando de concentrarme en la vista de Manhattan en vez de en mis emociones.

Cuando el taxi se detuvo finalmente delante del Madison, le entregué al conductor un par de billetes de veinte y corrí hacia los escalones.

—Un momento, señorita. —Iruka levantó la mano, sin abrirme la puerta—. ¿En qué puedo ayudarla esta noche?

—He venido a hablar con Naruto.

—No conozco a ningún Naruto.

—Me refiero al señor Uzumaki —dije—. Ya sabes de quién estoy hablando. Tengo que verlo.

Me lanzó una mirada llena de comprensión, pero negó lentamente con la cabeza.

—La ha añadido a la lista de gente que no es bien recibida.

—¿Qué?

—Lleva en ella semanas. No puedo permitirle pasar. Tiene prohibido el acceso. ¿Quiere que le pida otro taxi?

Permanecí en silencio, sin saber qué decir.

Al borde de las lágrimas, di un par de pasos hacia atrás, pero Iruka empezó a abrirme la puerta.

—Dese prisa —me apresuró, mirando hacia otro lado y dándome la oportunidad de correr al interior.

Fui directa hacia los ascensores, con la tarjeta que Naruto me había dado para entrar. Tenía la esperanza de que aún funcionara. Cuando el ascensor comenzó a moverse, suspiré de alivio.

Cada piso que subía, traté de calmar mis nervios, pero no me sirvió de nada. En el momento en el que llegué a su piso, estaba absolutamente desbordada por las emociones.

Me acerqué a la puerta y llamé cinco veces. No obtuve respuesta.

Lo intenté cinco veces más, cada vez más fuerte. Sin respuesta.

Le di un par de patadas a la puerta al tiempo que decía su nombre, y Naruto respondió finalmente, vestido tan solo con unos pantalones de deporte. Parecía como si acabara de salir de la ducha, porque el agua goteaba desde su pelo a su pecho desnudo, y el familiar aroma de su gel flotó hacia mí.

—Gracias por abrir la puerta —dije, notando la impronta de su polla a través del pantalón.

No me dijo nada, solo me miró.

Me aclaré la garganta y estiré el cuello para escudriñar detrás de él. La televisión estaba encendida en la sala.

—¿Estoy interrumpiendo alguna cita nocturna?

—¿Qué coño quieres, Hinata ?

—Quiero hablar contigo.

—¿Estás segura? Quizá solo quieras tener material para escribir. —Parecía enfadado, pero vi un mundo de dolor en sus ojos.

—Solo quiero hablar contigo. ¿Puedo pasar?

—No.

—Bien, ¿podrías entonces salir aquí para que pueda…?

—¿Grabarlo? ¿Filmarlo? ¿Usarlo para la segunda parte de tu libro? ¿O la segunda novela tendrá un nombre diferente?

—Lo lamento mucho, Naruto, y traté de explicarte todo la otra noche —me justifiqué en voz baja—. Te dije que era importante.

—Me dijiste que podía esperar. —Me miró con los ojos entrecerrados—. Sabías de sobra que algo así no podía posponerse. ¿O ese era tu propósito desde el principio? ¿Todo lo nuestro ha sido solo un puto proyecto para ti?

—No, no ha sido así. Te lo prometo. Firmé ese contrato cuando no nos hablábamos, cuando pensaba que no habría nada más. No he revelado nada específico sobre ti. No he mencionado tu nombre en ningún lugar, y no….

—No era necesario. —Apretó los dientes—. No tienes que dar detalles de mierda, Hinata, porque ¿sabes qué? Ahora tienes a todos los de recursos humanos interrogando a los empleados y preguntando por la frecuencia con la que follamos en los vuelos. ¿Qué pasará cuando descubran que hay más relaciones en realidad? ¿Qué pasará con las personas que no tienen un FPE u ofertas millonarias por sus libros? ¿Qué pasa con ellas?

—Nada. Se ha publicado como ficción.

—¿Es un nuevo sinónimo de mierda?

—Te he dicho que lo sentía.

—Y yo te he dicho que no me importaba.

—¿No vas a darme la oportunidad de explicarme? —Me sequé una lágrima—.

¿Vas a dejar que perdamos todo? ¿Se supone que esto es amor?

—Nunca nos hemos amado.

—Ha sido amor desde el momento en el que renunciaste a todas las demás por mí.

—Eso lo hice para poder follarte de nuevo. No tiene nada que ver con el amor. Apenas te conozco.

—Lo deseabas.

—¿Para esto has venido en medio de la noche? —No estaba poniéndomelo fácil—. ¿Para discutir en círculos? ¿Para correr uno detrás de otro hasta que uno se dé por vencido? —Levantó las manos—. Me rindo. Y ahora, ¿qué?

—No voy a pedirte que veas lo que tienes delante, Naruto.

—No es necesario que lo hagas, Hinata. —Su voz era fría—. Está claro lo que tengo ahora mismo delante de mí: el pasado.

Se me detuvo el corazón.

—Ahora, si fueras tan amable de desaparecer de mi vista, y volver con el rebaño de fans que compran esa mierda que has escrito sobre nosotros, creo que serás mucho más feliz. —Me cerró la puerta en las narices. Tuve que contenerme para no volver a llamar y obligarlo a abrirla otra vez. Para no entrar allí en tropel y hacer que me escuchara, pero me contuve.

Tenía que dejar todo esto atrás para siempre. Habíamos terminado finalmente.


NARUTO

Tomé asiento en la improvisada oficina del departamento de recursos humanos en la terminal del Dallas/Ft. Worth Marriott, y me di cuenta de que, a diferencia de mi anterior experiencia en las mismas circunstancias, no había ningún testigo con un traje azul ni archivos apilados sobre el escritorio ni una grabadora digital esperando para captar todas mis palabras.

Solo había una pelirroja con gafas sentada enfrente de mí que me miraba como si llevara demasiado tiempo con sesiones de este tipo.

Se subió la montura por el puente de la nariz y presionó el botón del bolígrafo.

—Buenas tardes, señor Uzumaki.

—Buenas tardes.

—¿Podría echar un vistazo al documento que tiene delante y leer en voz alta las primeras líneas, por favor?

—Claro. —Lo cogí—. «AmbuAirways no acepta bajo ninguna circunstancia las relaciones interpersonales entre sus empleados. Si se demuestra que algunos de ellos puede estar involucrado en una, cualquiera de los dos (dependiendo de su posición en la empresa) puede verse afectado por una suspensión, traslado o despido».

—Gracias. —Me tendió entonces otro documento diferente—. Ahora, para que conste, soy consciente de que tiene un FPE y que no se le puede despedir por ningún motivo. Dicho esto, hasta este momento, les he hecho a todos los pilotos que despegan de Dallas esta semana una serie de preguntas, y tengo que viajar por todo el país para hacer lo mismo cientos de veces más. Así que, por favor, no se las tome como algo personal. ¿Usted, Naruto Uzumaki, ha mantenido relaciones personales con Hinata Hyuga ?

—No sé quién es.

—Solo tiene que responder sí o no.

—Entonces supongo que la respuesta es no, ya que no sé quién es. Arqueó la ceja y abrió una carpeta.

—La señorita Hyuga realizó con usted numerosos trayectos, señor Uzumaki. Durante los últimos meses aquí, sus planes de vuelo coincidieron el treinta por ciento de las veces. No estoy pidiéndole que me explique nada. Solo quiero que…

—Le he dicho que no sé quién coño es. —La miré—. ¿Podemos continuar?

—De acuerdo. —Me devolvió la mirada apretando los labios. Luego me tendió una copia de un informe de vuelo—. ¿Es esta su firma? Aquí confirma que fue testigo de que un pasajero la trataba de una forma inapropiada durante un aterrizaje en Houston, en un vuelo de reposicionamiento.

—Eso parece.

—Hay una cinta de vídeo en la que aparece grabado este hecho.

—¿Estaba bajo coacción en ese momento?

—Señor Uzumaki —dijo ella, cruzando los brazos—. ¿Confirma que vio que Hinata Hyuga era tratada de forma inapropiada o no?

—Sí —cedí—. A pesar de que no es la primera asistente que defiendo.

—En realidad sí lo es. Silencio.

—Durante todos sus años como piloto en esta y en otras compañías, nunca ha salido en defensa de ninguno de sus compañeros. Solo de la señorita Hyuga . Un dato interesante, ¿verdad?

—Solo si tiene una definición distorsionada de la palabra «interesante».

—¿Por qué, señor Uzumaki? ¿Por qué salir en su defensa en una cosa tan tonta? ¿Estaba celoso?

—¿Esta es su manera de «no» implicarnos?

—Esta es la forma en la que intento darle la oportunidad de ser sincero conmigo. —Me miró a los ojos—. Cuando he accedido a este archivo, hace unos minutos, me he dado cuenta de que fue actualizado hace unas semanas. Añadió un nuevo contacto de emergencia, a nombre de Hinata Hyuga . Y esta Hinata Hyuga tiene el mismo número de teléfono y dirección que la otra. ¿Alguna idea de cómo llegó allí su nombre? ¿De cómo usted lo firmó?

Saqué el formulario de la carpeta y firmé con rapidez al lado de las casillas

«Nunca he tenido contacto con Hinata Hyuga » y «Entiendo la política de relaciones entre los empleados».

—¿Necesita algo más de mí?

—No. —Negó con la cabeza mientras le entregaba el papel—. No. Gracias, señor Uzumaki.

—El placer es mío.


HINATA

«El próximo lanzamiento de Penguin, A gran escala, disfruta de una gran acogida y unas ventas muy elevadas en la preventa tanto en ebook como en papel».

USA Today

« A gran escala, la novela que todos estamos esperando, deja al descubierto lo falsa que es la cláusula de no confraternización de AmbuAirways al revelar que sí hay sexo en los vuelos».

Flying Quarterly

«Los pilotos rechazan las escenas de "sexo en vuelo" que aparecerán en la novela A gran escala, que se publicará dentro de poco».

*Comunicado de prensa oficial de AMBUAIRWAYS*

—Sobre la obra de ficción de una exempleada—

Nuestra estimada aerolínea contrató, en efecto, a la señorita Hyuga como agente de embarque, asistente de vuelo en la reserva y asistente de vuelo a tiempo completo durante un período documentado de tiempo.

Durante su breve carrera con nosotros, la señorita Hyuga acumuló un total de cinco infracciones leves, entre ellas una reclamación que fue finalmente archivada debido a un error en el departamento de recursos humanos.

Sin embargo, su novela —donde afirma que es posible mantener una relación dentro de los estrictos límites de nuestra política de no confraternización— está basada en mentiras, y ha sido publicada bajo la RESPONSABILIDAD de su editor.

Por otra parte, aunque nos sentimos felices por el éxito que está alcanzando en su nueva carrera como escritora bajo el pseudónimo de Hyuga H., nos satisfaría todavía más que sus lectores aceptaran que su verdad no deja de ser mera ficción.