NARUTO

La mañana del sábado estaba en mitad de la lectura de A gran escala,exactamente por mitad de la Puerta C49, cuando un fuerte golpe en la puerta me arrancó de la trama.

Al principio hice lo que hago normalmente cuando tengo un visitante inesperado: me encogí de hombros y lo ignoré.

Por desgracia, los golpes se hicieron cada vez más fuertes, y, después de media hora sin que el idiota se diera por aludido, salí de la biblioteca. Ni siquiera me molesté en echar un vistazo por la mirilla: ya tenía preparada la larga lista de palabras que iba a soltar a quien fuera cuando nos encontráramos cara a cara.

Giré el picaporte y abrí la puerta para encontrarme a Menma.

—¿Qué cojones quieres? —pregunté—. ¿Por qué coño ha permitido Iruka que suba gente de la lista negra?

—Tú. Yo. En Red Bar. Ahora. —Había una expresión de derrota en sus ojos—.Solo necesitamos cinco minutos.

—¿Necesitamos?

—Papá y yo.

Empecé a cerrar la puerta, pero me lo impidió con el pie.

—Cinco minutos y no volveremos a molestarte.

—¿Es una promesa?

—Sí. —Asintió moviendo la cabeza—. Es una promesa.

—No estoy seguro de que conozcas la definición de esa palabra, pero voy a pasarlo por alto. —Recordé de pronto lo que me había pedido mi madre y contuve un suspiro—. Aparta el pie. Saldré dentro de diez minutos.

Dio un paso atrás y me reprimí lo suficiente para cerrar la puerta sin dar un golpe. Me puse unos vaqueros y una camiseta. Cuando cogí la cartera de la cómoda, puse mi ejemplar de A gran escalaen el bolsillo de la chaqueta.

Leería los demás capítulos durante el vuelo nocturno. Abrí la puerta y me encontré a Menma apoyado en la pared.

—¿Dónde nos encontramos?

—En Red Bar. Si quieres te llevo.

—Ni de coña. —Apreté el botón del ascensor y las puertas se abrieron.

—Entonces, iré contigo —afirmó, entrando conmigo en la cabina.

—El Red Bar está a quince minutos en coche, Menma. Me has prometido que no volveré a saber nada de ti cuando te dé cinco.

—Considera que no has leído la letra pequeña.

—Prefiero que no vengas.

—Si después de hoy no voy a poder hablar con quien es sangre de mi sangre y carne de mi carne, quiero disfrutar de cada segundo posible.

—Por favor, abstente de rollos tipo «La familia lo significa todo» —salí del ascensor en el aparcamiento—, los dos sabemos que no es así.

—Naruto …

—Entra en el coche —dije, abriendo las puertas—. Pero acuérdate de que son solo cinco minutos, así que no me dirijas la palabra durante el trayecto.

—Vale.

Mantuve la mirada clavada en el frente mientras conducía, incapaz de reprimir las imágenes mías con Hinata que pasaban por mi mente. Ella invadía todos mis sueños, y de vez en cuando seguía buscando a ver si se había dejado algo en el ático, algo que pudiera estar escondido en los lugares que utilizaba antes.

—Ahí —dijo mi hermano, señalando una plaza en el aparcamiento.

Detuve el coche y apagué el motor, más que preparado para poner punto final a la reunión. Entré y vi a mi padre sentado en el reservado de la esquina, solo.

—Lo has prometido —me recordó Menma, dándose cuenta de que me había detenido—. Dale cinco minutos.

—Son cinco minutos a los dos —argumenté—. ¿No vas a estar presente en la reunión?

—Yo ya he hablado con él —suspiró—. Estaré en la barra. Dame unos segundos antes de marcharte. Si puedes. —Me miró con una expresión de dolor en los ojos—. De verdad, me gustaría que supieras que siento lo de Riley. Debería haberte dicho lo que estaba haciendo a tus espaldas en vez de ponerme del lado de papá, borrándote de nuestras vidas. Lamento haber arruinado la relación que teníamos como hermanos.

No dije nada. Me saqué el móvil del bolsillo y comprobé la hora. Luego me dirigí a la mesa donde estaba mi padre y me senté.

—Son las cuatro y media —advertí—. Tienes mi atención hasta las cuatro y treinta y cuatro.

—¿Hasta las cuatro y treinta y cuatro? —Sonrió—. Treinta más cinco son treinta y cinco, ¿no?

—Resto un minuto para asimilar tu terrible aspecto. Mis ojos son muy sensibles.

Se rio y se reclinó en la silla, ajustándose los gemelos.

—¿Puedo traerle algo de beber, señor? —preguntó la camarera.

—No me voy a quedar el tiempo suficiente para tomar nada.

—Traiga una Coca-Cola —pidió mi padre—. Para mí otro whisky doble.

—Sí, señor. —La joven se alejó.

—Cuidado —avisé, mirando el reloj una vez más—. Si fuera tú, no perdería el tiempo con las bebidas.

—No pienso perder el tiempo. Cuando escuches lo que tengo que decirte, no vas a querer marcharte. Es muy importante.

—No contaría con ello.

La camarera trajo las bebidas y se alejó.

Mi padre cogió el vaso y se lo llevó a los labios, tomando el trago más lento del mundo.

—Quería hablar contigo porque… —vaciló— estoy muriéndome.

Parpadeé.

Dio otro sorbo a su bebida, y noté que le temblaban las manos cuando dejó el vaso de nuevo en la mesa.

—¿No vas a decir nada, Naruto? ¿Te da igual lo que acabo de revelarte?

—Estoy esperando a oír la razón por la que eso va a evitar que me marche.

—Que te jodan, Naruto.

—Esa es… —Terminé el refresco y me levanté—. ¿Prefieres que te entierren o que te incineren? Siempre he sido partidario de respetar el último deseo de un hombre.

—Espera. —Me agarró de la manga—. Por favor. Por favor, escucha lo que tengo que decir —suplicó—. Sin límite de tiempo. Me parece bien que luego no me dirijas la palabra. Pero dame hoy.

—Por lo que veo, sigues teniendo problemas para cumplir tu palabra. —Me zafé de su mano, pero me senté—. Tienes hasta la hora límite del vuelo.

—De acuerdo. —Hizo un gesto a la camarera para que rellenara las bebidas y esperó hasta que ella no pudo oír la conversación—. Ya sabes que tu madre no murió en ese accidente, y lo sabes desde hace tiempo. Podrías haberme delatado, pero no lo has hecho.

—No es algo que no se me haya ocurrido.

—Entonces, ¿por qué?

—Porque mamá hubiera sufrido demasiado —repuse—. Es lo que ocurre cuando amas a alguien. No haces daño a propósito.

—No, no es a propósito… —Tomó otro sorbo de la bebida—. También has sabido que Menma no ha pilotado un avión comercial en toda su carrera, podrías haberlo delatado también. ¿Por qué no lo has hecho?

—Pereza…

—¿Estás seguro? ¿No habrá otra palabra que comienza con A?

—No. «Futura ruina» son dos palabras, y empiezan con F.

—De acuerdo. —Negó con la cabeza—. Voy a ir al grano. Quiero entregarte mi legado, la aerolínea.

Arqueé una ceja.

—¿De verdad piensas que voy a aceptarla?

—¿Qué diferencia hay entre eso y lo que estás haciendo ahora?

—No pienso perpetuar una imagen falsa ni continuar levantando un imperio cimentado en jodidas mentiras.

—Sin embargo, vuelas para mí y cobras a fin de mes.

—Eso son hechos circunstanciales. Presentaré mi renuncia en breve. De nada.

—Hace unos años hablé con tu madre de esto. Antes de que…, ya sabes… — Parecía sincero—. Me dijo que esta era la única forma de que ella me perdonara.

—¿Eso fue antes o después de que diseñaras un avión con la fecha de su muerte? —preguntó—. ¿Antes o después de que decidieras que tener una mujer con una enfermedad neurológica era malo para tu imagen?

—Naruto, por favor. Estoy intentándolo…

—¿Por qué no se lo dejas a Menma? Es tan despreciable y moralmente retorcido como tú.

—Exacto —convino—. Es igual que yo, y ya sabemos todos que tú eres mejor.

—Incluso aunque fuera lo suficientemente estúpido para aceptar algo de ti, ¿cómo piensas explicar que entregas tu compañía a un extraño? Solo tienes un hijo, ¿recuerdas?

—Lo confesaré todo.

—¿También lo concerniente a tu primera esposa?

—Sí. —Asintió—. Lo explicaré todo. Entonces, ¿aceptas mi oferta?

—Por supuesto que no. Sin embargo, la agradezco. Si no te importa, tengo un vuelo a Francia dentro de unas horas. Os deseo a ti y a Menma lo mejor.

—Has dicho que respetarías la última voluntad de un moribundo. Esta es la mía, Naruto. Esto es lo que deseo, y no quiero que me sigas odiando cuando me muera.

—Has vivido con mi odio todos estos años, no deberías notar ninguna diferencia cuando estés bajo tierra.

—¿No piensas preguntarme de qué me estoy muriendo? —Parecía más vulnerable que nunca—. ¿De qué enfermedad? ¿Qué síntomas?

—Si lo hiciera, implicaría que me importa. —Hice un gesto con la mano—. Por cierto, enhorabuena por la fusión. Te deseo lo mejor, hasta que mueras, claro está.

—Sé que ese puto libro habla de ti —siseó—. Sé que esa chica se refiere a una relación contigo.

—Entonces somos dos. —Vi que mi padre le hacía una señal a la camarera para que trajera la cuenta.

—Tu hermano y yo hemos borrado todas las pruebas. Fue él quien os puso en tantos vuelos similares.

—¿Esperas que te dé las gracias?

—Espero cierta consideración. Te he cubierto de muchas maneras, y me gustaría obtener algo a cambio. No te morirías si lo consideraras al menos, ¿no?

—No. La respuesta será siempre la misma. —Me levanté—. Por cierto, por pura curiosidad, ¿cuántas personas tienen un FPA en la empresa?

—Solo tú.

—Déjate de gilipolleces.

—Es cierto —afirmó—. Solo tú. Algunos tienen ECF, que son formas de liquidación ejecutivas. Significa que están muy arriba y son intocables a menos que cometan una atrocidad. Creo que los de recursos humanos piensan que FPA es lo mismo.

—¿Y qué significa FPA?

—Futuro presidente de Ambu.

Me alejé de la mesa sin mirar atrás. Volví corriendo al coche y puse el motor en marcha para huir a toda velocidad.

Sentí la repentina necesidad de llamar a Hinata y hablar con ella sobre el encuentro con mi padre, pero me reprimí. Ella seguía siendo una decepción, como todos los demás.


Me quedé mirando fijamente el parabrisas del avión, sin saber muy bien qué hacía allí. Desde la semana pasada hasta este momento, todo había sido un borrón, y necesitaba un descanso. Cuando estuviera de vuelta, iba tomarme un mes de descanso.

—¿Capitán Uzumaki? —preguntó por lo bajo una voz familiar, interrumpiendo mis pensamientos—. ¿Capitán Uzumaki?

—¿Sí, Ryan?

—Mmm… tenemos vía libre para el despegue, señor. De hecho, la tenemos desde hace tres minutos. Como tardemos más, los controladores se van a pensar que nos pasa algo.

—De acuerdo… —Puse la mano en el control e hice avanzar el aparato, mirando al frente. Esta vez no sentí ninguna descarga de adrenalina, ni liberé mi ansiedad.

No podía sentir nada. Me quedé sentado durante horas mientras el avión se deslizaba entre las nubes, deseando que existiera alguna manera de que pudiera hacer retroceder los últimos meses.

—¿Puedo confiarte el aparato durante veinte minutos? —pregunté, desabrochándome el cinturón de seguridad—. Necesito una Coca-Cola.

—¿Por qué no se la pide a una de las asistentes de vuelo?

—Sí o no, Ryan. —Puse los ojos en blanco—. ¿Puedo confiar en ti durante veinte putos minutos o no?

—Puede confiar en mí.

No, no podía confiar en él, pero aun así salí de la cabina de mando y anoté al piloto de relevo, haciendo saber que descansaría veinte minutos. Luego fui directo al office y abrí los cajones de bebidas; no había Coca-Colas a la vista. Podía elegir lo que quisiera salvo eso.

—Los viejos hábitos nunca mueren, ¿eh? —La voz de la señorita Connors me hizo darme la vuelta.

—Imagino que no. ¿Y mi Coca-Cola?

—Pues… —Sonrió y abrió un compartimento diferente, de donde sacó dos latas de mi refresco favorito para entregármelas—. Las guardé aquí al darme cuenta de que iba a volver a volar conmigo.

—Qué previsora…

—Gracias. —Se rio y se apoyó en la pared—. ¿Alguien ha descubierto ya que es el piloto del libro?

—¿De qué libro?

—Qué gracioso… —Puso los ojos en blanco—. ¿Sabía que ella me llamaba el Halcón todo este tiempo?

—Sí, ¿por qué?

—Por nada. —Se encogió de hombros—. De hecho, esa parte me ha gustado mucho. Sin embargo, podría haber pasado sin saber todas las cosas sucias y repugnantes que hicieron en las ciudades de escala. Y, ya que estamos, ¿de verdad mantuvieron relaciones sexuales en el baño durante un vuelo? Por favor, dígame que se inventó esa escena…

Una imagen de Hinata apoyada en la puerta mientras la follaba en aquel avión rumbo a París pasó de repente por mi cabeza.

—Se la inventó —dijo.

—Sabía que era verdad. —Me guiñó un ojo y me tendió otra Coca-Cola—.¿Quiere la cena a las siete?

—A las ocho está bien.

Me dio unas palmaditas en el hombro y se alejó, dejándome solo. Iba a llamarla para preguntarle si había hablado con Hinata últimamente, pero el avión comenzó a temblar de repente violentamente, y sobre los asientos se iluminó la señal del cinturón de seguridad.

—Damas y caballeros, les habla el capitán. —La voz de Ryan llegó a través de los altavoces mientras el avión se balanceaba de forma brusca hacia la izquierda

—. Estamos experimentando un problema imprevisto en uno de los motores en este momento. Por favor, regresen a sus asientos y abróchense los cinturones de seguridad.

Cuando el avión se inclinó hacia la derecha, los murmullos de temor de los pasajeros se hicieron más fuertes. Los vasos de primera clase se hicieron añicos en el suelo y se abrieron los compartimentos superiores, lo que hizo que parte del equipaje cayera al pasillo.

Me apoyé contra la pared y me dirigí a la cabina de mando.

—¿Qué cojones pasa, Ryan? —pregunté—. ¿De qué problema mecánico hablas?

—Si lo hubiera sabido, lo habría especificado. —Estaba sentado en mi asiento, con las manos temblorosas sobre los controles—. Ahí delante hay una tormenta,

¿lo ve? Se me ocurrió que mencionar un problema mecánico era mejor que informar de una tormenta tropical. A los pasajeros les suena mejor y los hace sentir más seguros, ¿no le parece?

«¡Dios…!».

—Solo tienes que llamar a la torre de control y pedir permiso para subir más—lo corté, ocupando su asiento mientras el avión continuaba temblando—. Deberías saber la respuesta a esta cuestión después de todas las sesiones en el simulador. —Esperé a que hiciera la llamada, pero siguió allí sentado, apretando botones—. Ryan, llama y pregunta si podemos subir.

—Lo he intentado antes de que entrara… —Tragó saliva—. Hemos perdido el contacto con ellos hace una hora.

—¿Hace una hora?

—Sí, se lo dije. Se lo comuniqué y usted solo miró hacia delante, ¿no lo recuerda?

Traté de establecer conexión con la torre de control por mí mismo, pero no había señal de radio. Intenté enviar señales de emergencia, pero no sirvió de nada.

—Hemos entrado en pérdida. —Le temblaba la voz—. ¿Subo?

—No. Mantén esta altura. —Saqué el manual mecánico de debajo del asiento

—. Solo hay que resistir hasta que el aire esté más estable. Con tal de que no hayas intentado nada mientras he estado fuera, todo irá bien.

—¿Y si hubiera intentado algo? —Abrió mucho los ojos cuando el avión se inclinó repentinamente hacia delante y comenzó a caer en picado hacia el océano

—. Y si lo hubiera intentado y no lo hubiera conseguido, ¿hay un plan b?

«¡Dios!».


HINATA

Cuando me desperté, tenía diez llamadas perdidas de Ino, cinco de mis padres y tres de Ten Ten. Le di la vuelta al teléfono, pensando que era lo mismo que cualquier otro día. Más entrevistas, más trabajo que hacer.

Me acomodé en la cama y me puse otra almohada debajo de la cabeza. Cogí el mando a distancia y encendí el televisor para ponerme a hacer zapping por los canales. Pasé por Lifetime, Nickelodeon y CNN, y estaba a punto de poner un DVD cuando apareció la NBC. Jadeé al ver el titular. Cuando vi una foto de Naruto.

«¿Qué coño…?».

—Esto es todo lo que sabemos por ahora… —decía la reportera, y por la parte de debajo de la pantalla se repetía una y otra vez la misma línea: «Ha desaparecido el vuelo 491 de AmbuAirways: el avión no tiene contacto con la torre de control desde hace dos horas. Hay doscientas ochenta y tres personas a bordo».

Vomité en el suelo.

Negándome a creer que la noticia era cierta, cogí el teléfono.

Llamé primero a Ino, que intentó tranquilizarme mientras buscaba un vuelo de regreso a Nueva York. Era medianoche cuando nos vimos obligadas a colgar, pero necesitaba seguir hablando. Que alguien impidiera que me volviera loca.

Llamé a Ten Ten.

—Hinata, escúchame —me dijo en cuanto respondió—. Tienes que apagar el teléfono, y no entres en Internet. Solo deja el televisor encendido.

—¿Qué? ¿Por qué?

—Hazlo. —Su voz era solemne—. Estoy de camino, así que si no lo has hecho cuando llegue, lo haré yo.

No me moví.

—¿Hinata? Gemí.

Mi pecho comenzó a subir y a bajar, y traté de decir algo, pero no fui capaz. En mi cabeza daban vueltas las teorías, los lamentos, y, aunque no quería creerlo, supe que Naruto se había ido.

Breves recuerdos de nuestras imprudencias pasaron ante mis ojos como una película: polvos contra la puerta del baño, la falta de cuidado en los vuelos internacionales, las citas…, y me sentí idiota.

Podía haber intentado con más ahínco que él me escuchara. Podría haber intentado con más tesón que lo nuestro funcionara…

No fui consciente de que Ino y Ten Ten estaban realmente en mi apartamento hasta las seis de la mañana, cuando me obligué a ir al cuarto de baño.

Tenían los tres televisores sintonizados en diferentes cadenas de noticias. Todas hablaban de lo mismo y, mientras Ino se paseaba de un lado a otro hablando por teléfono, Ten Ten escribía de forma febril en el móvil.

—Espera un segundo, Georgia… —Ino pegó el móvil a su pecho y me miró—. ¿Cómo estás?

Sacudí la cabeza.

Se me acercó y me dio una palmada en la espalda.

—Han enviado a la guardia costera, y otros países han movilizado a sus propias unidades de búsqueda, así que… —Sonrió con ternura—. Están diciendo que cabe la posibilidad de que hayan amerizado.

Había realizado suficientes investigaciones sobre aviación para saber que no tenían ninguna posibilidad, pero le devolví la sonrisa.

—Claro, seguro.

—No es imposible —aseguró Ten Ten, todavía sonriente—. Tú, más que nadie, deberías saber que hay documentados varios amerizajes que terminaron con éxito.

—Solo dos. —Di un paso atrás, en dirección al cuarto de baño—. Uno de ellos fue en el Hudson, que es un río, no el mar. El otro fue en el Pacífico. El avión sobrevivió; los pasajeros, no.

Por la tarde, el vuelo 491 llevaba ocho horas desaparecido. Se habían enviado helicópteros, aviones militares y barcos guardacostas a la zona donde se había realizado el último contacto con el avión.

Los historiales de vuelo de Naruto y el copiloto eran repetidos una y otra vez, y los medios se preguntaban por qué Naruto no era el piloto que estaba en los mandos en ese momento, en lugar de Clarkson, que poseía mucha menos experiencia.

Ambu Airways se había visto obligada a emitir una declaración formal sobre el incidente. Además, un cámara había pillado al presidente, Minato Namikaze, viendo las noticias en una sala vacía del JFK; el hombre estaba hundido en una silla, llorando.

Mi teléfono seguía desconectado por sugerencia de Ten Ten, pero el suyo sonaba una y otra vez, sin parar.

Me ofrecían entrevistas que diera mi opinión sobre el suceso, pero también querían saber si conocía a alguno de los pilotos.

Ten Ten rechazó todas las peticiones, y entre Ino y ella cuidaron de mí como si fuera una niña pequeña, distrayéndome cuando lo que quería era hablar sobre los arreglos para el funeral de Naruto.

Cuando estaba rogándole que me hiciera caso sobre el tipo de flores que quería encargar, me mandó callar y encendió la tele.

Había novedades en la CBS.

La presentadora se aclaró la garganta mientras se veían unas imágenes borrosas en el mar, con la niebla flotando en la pantalla, a su espalda.

—Buenas noches, fieles televidentes —decía—. Tenemos novedades en relación con el vuelo 491. Según varias fuentes, el avión ha sido encontrado en el océano. A unas trescientas millas de la zona donde el avión perdió el contacto con la torre de control, que era donde los equipos de búsqueda estaban concentrados. —Se tocó el auricular—. Las fuentes informan de que varios pasajeros han sido capaces de abandonar la aeronave y utilizar las balsas de emergencia del avión. Sin embargo, todavía no se conocen cifras de supervivientes. Seguiremos informando…

Permanecí pegada al televisor durante horas, devorando cada pequeño bocado de información que me ofrecían. En realidad había cinco tripulantes a bordo, no seis. Naruto Uzumaki era quien pilotaba. Los guardacostas habían socorrido con éxito al setenta por ciento de los pasajeros, que estaban siendo tratados de hipotermia, shock y lesiones más graves. Todavía no habían aparecido miembros de la tripulación con vida.

Seguí viendo la pantalla durante horas, pero no hubo ninguna información sobre la tripulación…

*Comunicado de prensa oficial de AMBU AIRWAYS*

Ofrecemos nuestras más sinceras condolencias a los familiares de los ocho pasajeros que han fallecido por las heridas poco después del amerizaje del vuelo 491.

También nos gustaría tener en nuestras oraciones al capitán del vuelo 491, Naruto Uzumaki, y al primer oficial, Matthew Clarkson, que resultaron gravemente heridos en sus esfuerzos para salvar a los pasajeros del avión.