HINATA
SEIS MESES DESPUÉS
ENTRADA DEL BLOG
¡Oh, Nueva York! ¡Nueva York! ¡Nueva York!
Me he vuelto a enamorar locamente de ti otra vez. Te echo de menos cuando estoy lejos unos días, y cada vez que veo desde el avión el horizonte de Manhattan, sé que es aquí a donde pertenezco.
Los fines de semana, desde el ático del Madison, en Park Avenue, veo cómo flotan sobre el río Hudson todas las esperanzas y sueños de la gente. Incluso me sorprende el éxito que sale a raudales de las ventanas abiertas de Wall Street. Pero esta vez no tengo que preguntarme si alcanzaré mi propio éxito.
Ya tengo todo lo que quería.
Ojalá pudiera poner en palabras cómo han volado —literalmente— los últimos seis meses, cómo cada momento se ha unido a la perfección al anterior para conducirme aquí, pero solo dispongo de unos minutos para escribir este post.
Estoy sentada en la terraza de una librería, preparándome para la firma final de la gira, contando con impaciencia los minutos que faltan para volver a verlo. Desde que nos encontramos en esa fiesta de la terraza, mi vida y la suya se han entrelazado sin esfuerzo, y no quiero estar alejada de él.
Estoy enamoradísima de él y, aunque intenta actuar como si no supiera de qué estoy hablando, siempre dice: «Joder…, te amo, Hinata », cuando me duermo entre sus brazos.
Sí, todavía discutimos de vez en cuando, y sí, en cada una de esas discusiones termina follándome contra la estantería, en la ducha o en la cama… y a veces, incluso cuando necesitamos discutir sobre algo, ni siquiera nos molestamos. Pasamos directamente a nuestra mejor parte: el sexo.
Dudo mucho que nuestro amor sea perfecto, o que se vuelva menos caótico con el paso de los años, pero así es lo nuestro, y no me gustaría que fuera de otra manera.
Quiero que seamos nosotros hasta el final. Solo nosotros.
Hasta pronto.
*Hyuga H.*
7 comentarios:
Naruto TROLL: Juraría que estuvimos de acuerdo en que no ibas a comenzar otro blog privado como Hyuga H.
Hyuga H: No, en lo que estuvimos de acuerdo fue en que nunca convertiría mi nuevo blog en un libro. (¿¿Cómo has dado con este??). ¿De verdad estás pidiéndole a un escritor que no escriba más?
Naruto TROLL: Un escritor que no escriba leería mucho más, pero no le pediría nunca que dejara de escribir. (Te has dejado el portátil abierto y solo es necesario un par de interrogaciones). Solo te pido que no escribas más sobre nosotros. Ahora que ya lo has hecho y soy tu único seguidor, desactiva este puto blog o verás.
Hyuga H: ¿Veré? ¿Qué veré, Naruto ?
Naruto TROLL: No creo que quieras que escriba mi propia versión de A Gran escala 2. Creo que mi versión sería más correcta gramaticalmente y mucho más veraz.
Hyuga H: No te atreverías…
Naruto TROLL : Ponme a prueba…
*BLOG DESACTIVADO*
NARUTO
Bebí un sorbo de agua mientras mi doctora favorita hacía tamborilear los dedos en la mesa de reuniones. Llevaba más de una hora sentado en la sala de reuniones de AmbuAirways, esperando que terminara la última escena de esta larga e innecesaria investigación.
Habían sido precisos tres meses para que la Junta Nacional de Seguridad del Transporte determinara que el vuelo 491 había sufrido un fallo de mantenimiento, dos meses más para que la Asociación de Pilotos determinara que estaba mentalmente apto para volar de nuevo y uno más para que Ambu decidiera que quería hacerme más preguntas.
—¿Capitán Uzumaki? —La doctora Senju se aclaró la garganta—. ¿Cuántas veces tengo que repetir la pregunta anterior?
—Hasta que empiece a tener sentido.
—De acuerdo. —Se puso a hablar lentamente—. ¿Le dijo o no le dijo al copiloto que llamara a la torre de control y que pidiera permiso para subir más cuando usted volviera a la cabina?
—Lo hice.
—Bien. ¿Recuerda lo que pasó después? ¿Qué se encontró en realidad?
La miré, sin saber a dónde quería llegar. Ya había respondido a esta pregunta muchas veces en otras tantas entrevistas.
—No, no es una pregunta trampa, capitán Uzumaki. Solo quiero que me cuente exactamente lo que recuerda. Podría ser cualquier cosa, dado el aspecto que presentaba el cielo y los sonidos que se escuchaban en la cabina. ¿Qué recuerda?
«Todo».
—Nada especial.
Movió sus papeles antes de continuar realizándome preguntas que me resultaban familiares. Mientras hablaba, los minutos anteriores al choque se hicieron más nítidos en mi mente e intenté bloquearlos, pero fue inútil.
El sonido de los gritos de los pasajeros —por no hablar de los de Ryan— era algo que todavía revivía en mi mente. Eso, y el sentimiento de culpa de que no había sido capaz de prevenir el fatal desenlace.
—Vale, una última pregunta. —Su voz me arrancó de mis pensamientos—. La grabación de la cabina confirmó que tanto usted como el copiloto cumplieron con el protocolo de emergencia, pero queríamos aclarar una cosa más por razones personales. ¿Dijo o no las siguientes palabras antes de que el vuelo 491 comenzara a caer en picado a las aguas? Cito: «Dios…, te amo, Hinata ».
—¿Qué tiene que ver eso con la investigación?
—Mucho —dijo con voz firme—. Necesito que responda a la pregunta, capitán Uzumaki.
—Y yo necesito una pregunta que valga la pena responder.
Cogió un mando a distancia y la pantalla de la pared se iluminó con una ráfaga de estático gris y blanco. Luego, comenzaron a sonar las grabaciones inéditas que se habían realizado en la cabina.
—Hemos entrado en pérdida. —La voz de Ryan era temblorosa, pero fuerte y clara—. ¿Subo?
—No. Mantén esta altura. —Sin duda era mi voz—. Solo hay que resistir hasta que el aire esté más estable. Con tal de que no hayas intentado nada mientras he estado fuera, todo irá bien.
—¿Y si hubiera intentado algo? —Larga pausa—. Y si lo hubiera intentado y no lo hubiera conseguido, ¿hay un plan b?
A continuación se nos oía golpeando frenéticamente los controles y pidiendo a los pasajeros que se prepararan para el impacto que íbamos a tener. Llegó un débil sonido proveniente de la cabina, seguido del fuerte «¡Error! ¡Error!» que surgía del salpicadero del avión. Luego solo hubo un espeluznante silencio.
—¡Dios! —Mi voz surgió en la cinta una vez más—. Te amo, Hinata.
La grabación se detuvo de inmediato y la doctora Senju me miró con la ceja arqueada.
—¿Le refresca eso la memoria, señor Uzumaki?
—Un poco.
—Bien —dijo ella—. Por fin estamos llegando a algo. —Hizo clic en el bolígrafo y garabateó algunas notas en el bloc—. Gracias por cooperar durante los últimos meses y completar todas las evaluaciones requeridas por Ambu y el departamento de recursos humanos. Como hemos dicho ya a los medios de comunicación, el factor clave del incidente fue un fallo en el mantenimiento. No vamos a suspenderlo ni a culparlo de nada.
—Entonces, ¿por qué sigo en la lista negra para trabajar con otras compañías?
—No lo sé. —Me miró con simpatía—. ¿No cree que vaya a volver a volar con nosotros?
—Lo dudo mucho.
—De acuerdo. —Ojeó unos cuántos periódicos, tarareando para sus adentros antes de levantar la vista—. Bien, creo que eso es todo por mi parte. ¿Tiene alguna pregunta?
—Sí, en realidad sí.
—¿De verdad? —Sonrió—. Pregunte.
—¿Puedo marcharme ya?
—Ah… Por supuesto. —Me entregó un papel para que lo firmara. Un formulario de autorización que confirmó que había completado cada paso del proceso de investigación.
—Gracias. —Firmé y le devolví el documento. Aliviado de que esto hubiera terminado, me dirigí hacia la puerta y me detuve antes de girar el pomo de la puerta—. Un minuto —dije mirándola por encima del hombro—. Tengo una pregunta más.
—Sí, puede marcharse, capitán Uzumaki. —Me hizo un gesto con la mano—. Y no, no lo llamaremos hasta que llegue el momento de hablar personalmente con recursos humanos. Allí le darán todas las respuestas.
—Hablo en serio —protesté—. ¿Por qué me ha preguntado sobre las palabras que dije en la cabina? Nadie me ha hecho esa pregunta durante los últimos seis meses, así que ¿qué propósito tiene?
—Oh… Mmm… —Sus mejillas adquirieron un rojo encendido mientras negaba con la cabeza—. Estaba en la lista de cuestiones que debía preguntarle hoy. Eso es todo. No hay ninguna razón más.
—Está claro que sí que hay alguna razón, y quiero que me la diga. —Clavé los ojos en ella, echándole una mirada con la que le hacía saber que no saldría de esta habitación sin una respuesta—. Ya.
—Fue por razones personales. Razones estrictamente personales.
—Usted y yo no mantenemos una relación personal, así que ¿cuáles son esas razones, doctora Senju?
Metió la mano en el bolso y sacó un ejemplar de A Gran escalacon las mejillas teñidas de rojo.
—Solo… Solo quería saber si algo de lo que pone aquí es cierto o no. Y, salvo que se ha equivocado en algunos aviones y códigos de aeropuerto aquí o allá, lo es. Así que gracias por confirmar mis elucubraciones como lectora. —Hizo una pausa y luego esbozó la sonrisa más amplia que le hubiera visto nunca—. ¿Cree que se lo propondrá algún día?
«¡Dios…!».
Puse los ojos en blanco y salí de allí como alma que lleva el diablo. Aunque me persiguieron sus palabras, no miré atrás.
—¡¿Podría al menos firmar mi ejemplar?! —gritó—. ¡O, todavía mejor, dígame cómo puedo ponerme en contacto con Hyuga H., para que pueda firmármelo!
Esa misma noche, recogí un montón de libros que acababa de leer Hinata y los devolví a su estante correspondiente por color y género. Había renunciado a discutir con ella cómo prefería que estuviera ordenados los volúmenes de la biblioteca. Ese desacuerdo en particular siempre terminaba en sexo, y los libros seguían estando como ella quería.
Y esa era solo una de las muchas concesiones que había tenido que hacer cuando se mudó al ático hacía unos meses. La suite de invitados era ahora su despacho, donde escribía, su familiar perfume de lavanda parecía haberse grabado en las sábanas que compartíamos cada noche y seguía teniendo el hábito de girar las latas de Coca-Cola en la cocina cada vez que salía de casa. Además, su mejor amiga, Ino, pasaba por el ático no menos de tres noches a la semana para que pudieran «ponerse al día con las estrellas de valoración y hablar sobre sexo». (Me aseguraba de tener siempre algo que hacer o algún lugar al que ir siempre que pasaba eso).
A pesar de que no había volado en un avión comercial desde el incidente, alquilaba aeronaves privadas de Signature y las pilotaba personalmente a cada una de las ciudades a las que tenía que ir Hinata a firmar libros. Entre los vuelos, las salvajes discusiones y nuestra incomparable manera de follar, me di cuenta de que los dos compartíamos una especie de locura.
Eché un vistazo al reloj y saqué el móvil para escribirle un mensaje con intención de saber dónde estaba, pero me encontré tres mensajes de mi padre.
Minato : Hola, Naruto. ¿Tienes un minuto?
Minato : Naruto, sé que has visto este mensaje… Este es tu nuevo número.
Minato : Pensaba que nos ibas a dar a Menma y a mí otra oportunidad para hablar contigo… Han pasado meses, Naruto. Por favor, contesta… Por favor…
Pasé el dedo por el botón de respuesta, pero no me decidí. Eliminé los mensajes, como todos los demás que me había enviado con anterioridad.
Había leído su último artículo en The New York Times más de cien veces. Incluso había visto todas las entrevistas que le habían realizado en los programas matinales de televisión, queriendo creer que estaba realmente arrepentido de todo lo que había hecho, pero todavía me daba la impresión de que hacía todo aquello para mantener limpia la imagen de Elite. Y aunque me había dicho lo mucho que lo sentía en el hospital, todavía no estaba seguro al cien por cien de su sinceridad.
Me puse a escribirle un mensaje a Hinata, pero antes de que terminara, entró en el ático con un montón de bolsas.
Las dejó en el mostrador de la cocina y se dirigió directamente a las latas de Coca-Cola, que empezó a girar una por una. Murmurando para sus adentros, movió algunas cosas más antes de que sus ojos perlas se encontraran con los míos.
—No te había visto. —Se sonrojó—. Me pareció entenderte que la entrevista duraría hasta las cinco.
—Hemos terminado antes. —Me acerqué a ella y la estreché con fuerza, apretando los labios contra los suyos—. ¿Qué llevas en esas bolsas?
—Cosas para esta noche, para evitar que te disculpes diciendo que tienes que irte a por algo.
Arqueé una ceja.
—Es la primera vez que entrevistan a tu padre en directo —me recordó—. Y me prometiste la semana pasada que tratarías de verlo. Que le darías al menos treinta minutos.
—Dije treinta segundos. —Le dibujé la boca con un dedo—. Hay muchas cosas que prefiero hacer esta noche en vez de ver mentir a mi padre en directo en televisión.
—Bien, pues podemos hacerlas después de la entrevista. —Dio un paso atrás y empezó a sacar lentamente los artículos de las bolsas—. Vino para ti, café para mí, postres gourmet de tu restaurante favorito y dos nuevas revistas de crucigramas. ¿Adivinas cuáles son los temas de cada una?
—Prefiero no hacerlo.
—Entonces te lo diré yo. —Sonrió—. La primera va sobre anomalías. La segunda, sobre compromisos a largo plazo.
Sabía qué debía responder a eso. Le arranqué la botella de vino de las manos y le indiqué que se sentara en el sofá. Como estaba seguro de que no iba a querer salir por la entrevista, preparé una cena rápida y me senté a su lado.
Hice zapping por los canales, deteniéndome cuando vi la cara de mi padre en la CBS. En la parte superior de la pantalla había un titular:
«El presidente de AmbuAirways rompe finalmente su silencio».
—Hoy tenemos una entrevista muy especial, consecuencia directa de las sorprendentes declaraciones del presidente de AmbuAirways, Minato Namikaze, un hombre que ha hecho historia en la industria aeronáutica —comentó la reportera rubia que había sentada a su lado—. Esta noche, el presidente nos ha ofrecido una exclusiva.
Mi padre sonrió débilmente a la cámara, pero la cara de la periodista se mantuvo inexpresiva.
—Señor Namikaze, vamos a ir directos al grano. ¿Por qué mintió y dijo que su esposa había muerto en el accidente fatal de la aerolínea? ¿Dónde se encuentra exactamente su esposa si no ha fallecido, tal y como explicó en The New York Times?
—Es un tema… personal. Y si mentí fue porque…
—En realidad —saltó la entrevistadora, interrumpiéndolo—, no solo ha mentido, sino que tanto usted como su hijo, Menma Namikaze, se han esforzado mucho durante años para ocultar ese hecho.
Él no respondió a ese comentario, solo la miró fijamente.
—Y por si eso no fuera suficiente, siendo su compañía y usted los pioneros en multitud de campañas para ensalzar la institución familiar, repudió a su propio hijo. Un hombre que al final acabó trabajando para su compañía. ¿Cómo espera que el pueblo estadounidense vuelva a confiar en su empresa? ¿Cómo podemos creer lo que va a contar esta noche?
—No lo sé, Christy. Depende de si me das o no la oportunidad de decir algo esta noche —repuso él, y por una fracción de segundo recordé que compartíamos el mismo sentido del humor.
—Disculpe —dijo ella—. Empecemos por el principio. Después de todo, disponemos de una hora. ¿Quiere decir algo antes de que empiece a hacerle preguntas?
—Sí. —Miró a la cámara fijamente—. Naruto, si estás viendo esto, lo siento. Me siento muy mal por todo lo que te he hecho. Por arruinar a la familia de tantas formas, con tu esposa, tu madre, tu hermano…
Hinata se acercó a mí y entrelazó sus dedos con los míos cuando él hizo una pausa.
—Quiero que sepas que todas las palabras que escribí en ese artículo me salieron del corazón, ya que estoy seguro de que no has abierto ninguna de las cartas que te he enviado. —Parecía al borde de las lágrimas—. Una parte de mí siente que no me queda mucho tiempo para rectificar, así que… haré lo que sea necesario para que todo se solucione entre nosotros. Entre todos nosotros. Sé que no crees que lo diga de verdad, pero el FPA sigue en pie, y nada me gustaría más que ostentaras el mando de Ambu…
Apagué el televisor.
—Bien, sin duda sigue conociéndote muy bien. —Hinata me quitó el mando y volvió a encender la tele—. Si por casualidad te parece mal esto, apágala de nuevo y haremos otra cosa. —Me tendió el mando a distancia, pero no lo cogí.
En vez de eso, la senté en mi regazo, donde permaneció durante el resto de la entrevista. Supe, cinco minutos antes de que terminara, que mi padre había conquistado de nuevo con facilidad al crédulo público.
Cuando la entrevistadora le dio las gracias por acudir al programa con una sonrisa, apagué el aparato antes de que comenzara la parte en la que analizaban la entrevista.
Hinata se volvió hacia mí lentamente, y nuestros ojos se encontraron.
—Creo que deberías considerar su oferta, Naruto.
—¿Por qué?
—Hay muchas razones.
—Dime solo tres.
—Bueno, la primera es que creo que en el fondo quieres darle una oportunidad y acercarte de nuevo a tu familia. —Esperó a que respondiera, pero permanecí en silencio—. Dos, sabes que se te daría muy bien.
—¿Y tres?
—La tercera es… —Hizo una pausa—. La tercera es que le darías a alguien que yo me sé vuelos ilimitados en primera clase siempre que los quisiera.
—Estoy seguro de que eso ya lo tienes ahora. —La rodeé con mis brazos y me levanté, sosteniéndola contra mi pecho mientras me dirigía al dormitorio—. Eso no influirá en que considere o no su oferta.
Parecía como si estuviera a punto de decir algo más, como si estuviera a punto de empezar uno de esos largos monólogos que me seguía soltando de vez en cuando.
—Lo pensaré. —Le cubrí la boca con la mía y le mordisqueé el labio inferior antes de que pudiera decir una sola palabra—. Déjame que lo piense, ¿vale?
¿Quieres discutir sobre algo más?
—De hecho, sí. —De repente, parecía nerviosa—. Se trata de A Gran escala.
—En ese caso… —La arrojé al centro de la cama y apagué las luces—. Lo discutiremos mañana.
—¿Mañana? ¿Por qué no podemos hablar ahora?
—Porque ahora mismo… —dije—, vas a sentarte en mi cara y te voy a devorar el coño hasta que no puedas más…
—Naruto … —comenzó, pero la detuve poniéndole el dedo sobre los labios y la empujé sobre mí.
—… hasta que estés demasiado cansada para decir una palabra.
HINATA
AL DÍA SIGUIENTE…
Me desplomé encima de Naruto, con el pelo enredado y la piel empapada de sudor, mientras sobrevolábamos las Carolinas. Todavía me estaba intentando recuperar de la noche anterior, cuando había estado demasiado cansada para preguntarle por qué necesitábamos ese vuelo privado a una hora tan temprana de la mañana.
Todo lo que podía recordar era que me había despertado diciendo que no podía esperar más para «hacerlo». Al principio, se me aceleró el corazón por si era una propuesta, pero ese pensamiento murió con rapidez cuando dijo que nos dirigíamos a Florida para reunirnos con su padre.
—Esto es solo una reunión de tanteo —me dijo con suavidad, mirándome a los ojos—. Necesito poner fin a esto.
—Vale —asentí, y él cambió de tema.
—¿Has terminado la revista de crucigramas que te pasé la semana pasada?
—¿La de las frases populares? —Negué con la cabeza—. Hice todos los pasatiempos menos uno. Ya te dije que eran demasiado fáciles.
—Entonces, ¿puedo suponer que terminarás los que me compraste ayer?
—Ya tengo uno por la mitad. —Sonreí—. No tengo la culpa de que no los hagas tan rápido como yo. —Suspiré mientras él me pasaba la mano por la espalda—. Naruto, tengo que decirte algo ahora. No puede esperar.
—¿Es sobre el epílogo? —preguntó en voz baja—. Ya me contaste algo antes de quedarte dormida.
—Sí, y no…
—No puede ser sí y no a la vez. —Me miró con los ojos entrecerrados—. ¿Se trata realmente de un epílogo o es más bien una segunda parte?
—Es solo un epílogo. Un extra para los lectores.
—Y ¿cuántas palabras aleatorias y secretas tienes que incluir? ¿Que follaron felices para siempre jamás?
—Unas cuatro mil. Mi agente me ha dicho que la novela terminó demasiado bruscamente, así que…
—Así que, claro, no podías decirle que no.
—Exacto. Silencio.
—De acuerdo, Hinata. —Puso los ojos en blanco—. Entonces, ¿eso es todo? Tragué saliva, medio asintiendo, antes de sacudir la cabeza.
Como si supiera que estaba luchando por soltar la respuesta, empezó a interrogarme.
—Sea lo que sea, ¿es malo?
—No…
—¿Puede esperar? No respondí.
—Hinata, ¿puede esperar a que regresemos a casa?
—No estoy segura. —No sabía por qué me resultaba tan difícil. Lo había estado ensayando un millón de veces durante los últimos días—. ¿Cuánto tiempo vamos a estar en Florida?
—Dos días. —Continuó frotándome la espalda—. Con independencia de lo que decida, volveremos dentro de seis meses y nos reuniremos con él en persona para darle la respuesta final. Te necesitaré a mi lado.
—Lo más seguro es que ese viaje no pueda hacerlo —susurré.
—¿El editor ha programado otra gira para firmar libros? —Me miró a los ojos
—. Pensaba que ya habías terminado con eso la semana pasada.
—No, es que… —Apenas oía mi propia voz—. Es porque las mujeres embarazadas no deben subirse a un avión durante el último trimestre.
—¿Qué? —Su mano se detuvo sobre mi piel.
—Ya lo has oído, Naruto.
—Creo que no he oído bien. ¿Qué acabas de decir?
—Estoy embarazada. —Clavé los ojos en sus iris azules, tratando de identificar su reacción—. Llevo toda la semana tratando de contártelo.
Él parpadeó.
—No quería decírtelo antes de la entrevista de tu padre, porque sabía que estabas centrado en eso, y tampoco quería hablarte de ello cuando visitamos a tu madre el otro día. Incluso a pesar de que dijo que deseaba que su Naruto se diera prisa en tener hijos, no pude… —No había podido decírselo, no sabía por qué—. La verdad es que me siento muy emocionada ante la idea de empezar una familia contigo, así que si tú no sientes lo mismo, no pasa nada. Seguiré sintiéndome feliz, pero no creas ni por un segundo que eso significará que no te volcarás con él, Naruto. Lo harás.
No dijo nada, solo me miró fijamente.
—Y una cosa más —añadí—, ya que sigues ahí sentado tan callado… Lo que puse en el blog es cierto, aunque sigues intentando negarlo por alguna razón. No hay otro hombre para mí, y no hay otra mujer para ti, y sé que lo sabes, Naruto. Lo sabes muy bien. Y si no quieres casarte conmigo tan pronto, lo entiendo, pero mentiría si te dijera que yo no quiero…
—Cállate, Hinata. —Me interrumpió con un beso—. Deja de hablar ya. —Me secó las lágrimas de la cara y me besó de nuevo hasta que mi llanto cesó. Luego sacó una revista de crucigramas de su maleta y me la dio.
—Después de todo lo que acabo de decir… —se me quebró la voz—, ¿solo me dices que me calle y que empiece un crucigrama?
—No, quiero que vayas al único que no has terminado.
Lo cogí y fui a la última página. Arqueé una ceja; no podía creer que no me hubiera dado cuenta antes. Todas las definiciones eran la misma, y la forma del crucigrama era para principiantes.
Veintiuna letras. Tres palabras. Frase popular que le dice un hombre a una mujer cuando le propone amor y compromiso a largo plazo.
«¿Quieres casarte conmigo?».
—¿Quieres casarte conmigo? —Lo miré. Nuevas lágrimas salieron de mis ojos
—. ¡¿Quieres casarte conmigo?!
—Sí —dijo, deslizándome un enorme anillo de diamantes en el dedo—. Pero técnicamente he sido yo quien lo ha preguntado antes.
Me había quedado sin palabras, y estaba segura de que eso era algo que a él le encantaba.
Se me acercó y me besó, susurrando que se sentía muy feliz por el bebé, y luego, antes de que yo adivinara su intención, me subió a su regazo. Nos perdimos en lo nuestro otra vez.
«Naruto Uzumaki, el hijo secreto del expresidente de Ambu Airways, Minato Namikaze, se hace cargo de la dirección de la compañía».
The New York Times
«El nuevo presidente de AMBU da su primera rueda de prensa en Nueva York».
The Wall Street Journal
«Ambu Airways vuelve a ser la aerolínea número uno bajo el mando del nuevo presidente».
Flying Magazine
«El presidente de AmbuAirways, Naruto Uzumaki, se casa con la autora de A Gran escala, Hyuga H, en una ceremonia privada».
People
« A granescala vuelve a las listas de best sellers a raíz del matrimonio de su autora con el presidente de Ambu: los fans aseguran que ahora la novela tiene más morbo».
Entertainment Weekly
«El departamento de relaciones públicas de Ambu niega todos los hechos descritos en el libro, y anima a los medios a pasar del tema».
USA Today
«Hyuga H. revela las primeras imágenes de su hijo recién nacido, Boruto N. Uzumaki, en una entrevista exclusiva».
People
«Penguin adquiere por dos millones de dólares los derechos de publicación de la relación de un piloto con su antigua asistenta, ahora esposa. No se confirma ni se niega la segunda parte de A Gran escala».
The New York Times
Fin
El libro original es "Turbulencias" de Whitney G. donde nos presenta a Gillian Taylor (Hinata) y Jake C. Weston (Naruto).
En lo personal no creo en el amor sin guerra por eso este libro me encantó y no pude evitarlo adaptarlo al naruhina, aunque la pareja en sí es muy tóxica, no hubo infidelidad por ninguna parte (cuando leo eso me da un coraje... ) y en fin el amor es así esta llena de turbulencias.
Nos leeremos en otras adaptaciones pero será en mucho tiempo... Gracias por llegar hasta aquí.
