N/A: Este fic es un spin-off de «El chico que adoraba los dragones». Es completamente independinete y puede leerse como una historia independiente.


CAPRICI
o la historia de una chica impulsiva

—uno: preludio—

Lily Potter podría haber pasado como hija única, la devoción con la que sus padres siempre la habían colmado de atenciones, había sido una niña muy buscada, cómo lo fue en su momento la propia Ginevra, y eso se notaba en lo que sus padres le demostraban su amor.

Sin embargo, ese encanto que levantaba no solo se limitaba a sus padres, sino que tenía embelesado también a sus abuelos, en especial al abuelo Arthur, y a sus padrinos Teddy y Luna.

La relación con sus hermanos siempre había sido soberbia: de pequeña, Albus y ella eran inseparables, James al ser el mayor siempre les chinchaba, y aunque Al podría haber escogido el equipo de James, parecía siempre escogerla a ella antes que a cualquier otra persona en el mundo.

Lily sentía una admiración por su hermano mediano que no sabía muy bien cómo explicar. Sentía hacia él una ternura, un afán de protección, que iba más allá de una simple relación fraternal. Quizás porque siempre supo que a Albus le costaba más expresar sus sentimientos, que era un chiquillo más infantil y tímido que su hermano mayor, en definitiva, que la necesitaba más.

Con James siempre fue más complicado, quizás porque eran muy parecidos, muy tercos y orgullosos mientras que con Albus, pelearse y perdonarse siempre resultaba increíblemente más sencillo. Y sin embargo, con el paso de los años, Lily y James, hicieron un gran equipo, sobre todo cuando los tres hermanos dejaban la niñez para emprender el viaje de la adultez. Cuando Al se marchó a Rumanía, cuando James le dijo que iba a ser padre.

Lily Potter podría haber pasado como hija única. Pero no lo fue, y eso, más que nada, era lo importante: porque hasta que no tocó fondo, no se dio cuenta de que podría haberse hecho la protagonista de su vida.

—dos: negro—

Lily no era muy buena estudiante, lo era lo suficiente como para aprobar sin destacar demasiado. Se le daba bien el quidditch y, como su padre y su madre lo fueron una vez, fue la buscadora del equipo de Gryffindor durante sus últimos tres años como estudiante en Hogwarts.

No era de extrañar verla acompañada siempre, podía decirse que tenía muchos amigos y que era una chica de lo más popular, aunque ella siempre lo negara y le restara importancia, en el fondo sabía que sí lo era.

Así que cuando Sybill Talkalot y Norah Thomas empezaron a ignorarla en quinto no lo entendió muy bien.

Quizás porque en un primer momento no pudo asociarlo a nada concreto, desde fuera hasta podría decirse que simplemente la relación se había enfriado.

Al principio Lily creyó que podía ser porque ya no pasaba tanto tiempo con ellas, porque había entrado como titular en el equipo de quidditch, y Fred Weasley —el capitán en ese momento— no le pasaba ni una, por mucho que fuera su primo y tenía que pringar nadie entrenando muchas tardes con él.

Pero eso, no podía explicar por qué ya no la esperaban para desayunar, o en lugar de sentarse juntas en la tercera fila, habían decidido de un día para otro, que el mejor sitio para atender sus clases era junto a Qi Chang en primera fila.

Pensó que quizás era porque las chicas estaban preocupadas por sus notas y los próximos TIMOS, por lo que dedicaban muchísimo más tiempo a estudiar, y eso a Lily no solía entusiasmarle.

Llegó a pensar que era por el olor de su nuevo champú, ese que le preparaba la abuela Molly en pastillas y que le enviaba regularmente por correo. Para cuidar su color natural, le había dicho.

Pero ninguna de las dos cosas le encajaban en absoluto, porque no explicaban ese distanciamiento ni tampoco el afán de querer poner tanta distancia con ella.

Era sábado, quizás domingo, era una mañana previa a la salida a Hogsmeade cuando descubrió el por qué. A pesar de que Lily madrugó, las camas de sus dos amigas y compañeras de cuarto estaban vacías. Solo Marie Rockwood seguía retozando en la cama y como solía hacer últimamente y debido a su aversión a la soledad, Lily decidió esperarla para desayunar.

—Dónde has dejado a tus secuaces esta mañana Potter —le decía, mientras engullía un buen plato de alubias. La implicación que hizo su compañera de equipo no le hizo mucha gracia—, pensaba que tenías un hechizo que hacía que las tuvieras pegadas a tu culo.

—Yo no obligo a nadie a estar conmigo —se encogió de hombros—, si no quieren pasar tiempo conmigo, ellas sabrán.

—Tranquila leona —se rió de nuevo con la boca llena—, créeme que estás mejor sin esas dos cabezas huecas. Te considero más inteligente.

Lily arrugó la nariz como respuesta. Marie era una chica taciturna y algo extraña, no tenía muchos amigos, aunque era una excelente bateadora, pues tenía muy mal genio y solía hacer uso de él en el terreno de juego. Era una compañera de equipo excelente, pero eso no la hacía una persona fácil con la que tratar. Lily soltó un mohín pensando en que le esperaba un día de lo más interesante.

Lo primero que debía hacer era buscarse un plan alternativo a Marie, si quería disfrutar de la salida al pueblo mágico. Era la última antes de las navidades y quería hacer algunas compras antes de volver a casa.

Oteó sobre las mesas de las otras casas en busca de algún rostro familiar que quisiera apiadarse de ella y su soledad. A esto último estaba muy poco acostumbrada. De repente, fue consciente de lo sola que estaba: de que realmente conocía a mucha gente, pero que podía contar con muy pocos.

A lo lejos vio una cabellera plateada y otra negra enmarañada a punto de salir por los grandes portones del comedor. Sin mediar excusa con Marie, corrió tras ellos.

—¡Eh Al! —Saludó a su hermano y a su mejor amigo, a lo que ambos se volvieron. No es que fuera especialmente bajita, pero aquellas dos moles delante de ella sin duda la hacían sentir menuda— ¿Vais a ir a Hogsmeade?

Albus arqueó una ceja en su dirección, Scorpius la miraba en silencio, esperando que su amigo le contestara.

—Hola Lilú, era la idea —se llevó las manos al cabello con nerviosismo—, ¿por qué?

—Había pensado en ir con vosotros, quería comprar algunos regalos de última hora antes de volver a casa por navidad.

Albus se sonrojó y miró a los lados. Scorpius a su lado intentaba sin éxito esconder su risa.

—Al, ¿estás bien? —insistió Lily.

—No te preocupes Lilu, le da vergüenza decirte que tiene una cita —Scorpius cruzó los brazos sobre su pecho, tras recibir un manotazo por parte de su hermano.

—¿Tú? —Lily abrió los ojos y ensanchó su sonrisa— ¿Con quién? ¡Tienes que contármelo todo!

—Eres un bocazas Scorpius —se quejó Albus, dando media vuelta e ignorando la pregunta de su hermana, en dirección a la salida.

Lily miró a Scorpius inquisidora, mordiéndose el labio, apremiando con los ojos a que le contara más al respecto. El chico negó con la cabeza sonriendo y encaminó el paso en la dirección por la que su amigo se había marchado, ella le siguió el paso. Intentó acribillar al rubio con preguntas sobre la cita misteriosa de su hermano, a lo que él insistía que no iba a entrometerse en la privacidad de su amigo.

—Además, te enterarás cuando pases por delante de Madame Puddifoot —sentenció ayudándola a subir a uno de los carruajes.

Cuando ella le hizo sitio a su izquierda esperando que el chico se sumara a su lado, él simplemente se apeó.

—Espera, ¿no me acompañas? —se inclinó sobre la puerta, y por primera vez desde que le conocía le miró a los ojos desde una posición más alta a la que estaba acostumbrada.

—Podemos vernos luego, tengo que hacer cosas de Premio Anual antes —Señaló la placa que brillaba sobre su túnica.

—Y qué voy a hacer sola en Hogsmeade hasta que llegues Malfoy —se quejaba sin realmente esperar una respuesta del chico.

—Aprende a disfrutar de la soledad Lilu —la despidió finalmente cuando su carruaje se hubo llenado y mágicamente se puso en marcha, colina abajo.

Lily bufó sobre su asiento sin prestar atención a los chiquillos de tercero sentados con ella y observó con hastío el paisaje a su derecha. ¿Pensaría la gente que era raro pasearse sola por el pueblo? ¿Sentarse sola en alguna terraza a tomar algo? Solo de pensarlo se le revolvía el estómago, le daba mucha vergüenza y no sabía bien por qué. En aquel momento se arrepentía de haber rechazado la invitación de Holden Wickham la semana pasada en los vestuarios, después del último partido contra Hufflepuff.

Sin embargo, no tuvo que pasar mucho tiempo entre sus tribulaciones y la llegada al pueblo, para ver que el pobre chico al que había rechazado, no parecía entristecido en absoluto. Tampoco Norah Thomas de su brazo entrando en el mismísimo Madame Puddifoot del que hace nada se estaba riendo con Scorpius.

Ella llevaba la melena al aire, sus rizos negros le colgaban de los hombros, mientras el chico a su lado hacía el ademán de abrirle la puerta. Ni siquiera se acordó de su hermano ni esa dichosa cita misteriosa, la curiosidad se desvaneció por unos momentos y se redirigió a la extraña pareja que tenía enfrente. Se quedó impasible en su sitio, viendo cómo Holden y Norah entraban en el salón, y cómo Norah, que la había visto llegar y a penas se encontraba a unos metros de distancia, había fijado sus ojos en los de Lily.

No dejó de mirarla todo el tiempo que duró lo que tardaron en desaparecer de la calle al interior del recinto.

Fue una mirada con mucho significado, en gran parte porque los ojos de Norah en un primer momento habían devuelto una mirada fría, casi altiva, sin un ápice de sentimiento, mientras que para Lily era evidente el miedo y la desesperación que sentía su amiga por cómo arqueaba las cejas y cómo había arrugado los labios en una mueca. Estaba claramente decepcionada con ella.

Un ramalazo le recorrió desde los dedos de los pies, hasta la punta de la lengua. Y entonces lo entendió. Pero si era una tontería, se dijo.

Sin embargo comprendió que había herido a Norah, que se había portado de lo más mal con ella. Y sintió muchísima pena por su amiga y también por sí misma.

Se le revolvió el estómago y aparcó sus sentimientos mientras se adentraba en Zonko's en la búsqueda de algún regalo para su hermano mayor.

Si bien intentó que el recuerdo de Norah Thomas durante las vacaciones no la invadiera durante sus compras, fue de lo más imposible, cuando siempre encontraba algo que la trajera de nuevo a sus recuerdos. Tampoco ayudó encontrarse con Sybill y su novio de frente, y que simplemente la ignoraran cuando Lily hizo el ademán de hablar con ellos.

Ni siquiera se acordó del pobre Scorpius y su dulce promesa de tomarse algo con ella en algún momento de la mañana. Fue él quien se la encontró a mitad de camino pues Lily estaba dispuesta a volver al castillo andando cuando el rubio la llamó por su nombre, bajando de uno de los carruajes.

—¡Lilu! —vociferó a sus espaldas. Ella ni siquiera le había visto acercarse— ¿Ya te marchas?

Se volvió para encontrarse de nuevo con el mejor amigo de su hermano. Lily apreció su sonrisa, tenía los dientes muy blancos y los labios finos, ni un solo pelo en la barba y sin embargo no había ni un rastro de maldad en su mirada.

—Perdona Malfoy —se disculpó volviéndose para mirarle—, no me acordaba que ibas a venir.

—¿Ha pasado algo? —inquirió el rubio acercándose un poco más.

—Es complicado —Lily miraba al suelo mientras se encogía de hombros.

—Tengo toda la mañana —le sonrió el chico tendiendole el brazo para que se apoyara sobre él.

Ella le devolvió la sonrisa, y aunque sabía que en ese momento no le entusiasmaba la idea de poder encontrarse de nuevo con Norah o Sybill, pensó que estar en el castillo sola sin más compañía que sus pensamientos podía ser muchísimo peor.

Fueron directos al bullicio de Las Tres Escobas donde no había ni una mesa vacía, por lo que optaron por apoyarse en la barra a esperar que les sirvieran alguna cerveza de mantequilla. A pesar de estar a rebosar, el calor humano se agradecía ya que aquella mañana había refrescado suficiente para que en los próximos días la nieve empezara a acumularse a los lados de la carretera.

—No te hagas la interesante, cuéntame: qué chico ha osado romperle el corazón a nuestra pequeña Potter —comentaba casual Scorpius tras darle un largo trago a su helado botellín.

—¿Por qué asumes que es algo romántico? —Lily arqueó una ceja antes de imitar a su acompañante bebiendo un trago de su bebida.

—¿No lo es?

Lily no contestó en seguida. Apretó los labios en una fina línea mientras pensaba detenidamente en si lo que le había dicho Scorpius tenía sentido.

Tenía claro que se sentía mal, sabía que había obrado mal, quizás no con mala intención, simplemente por el hecho de haber sido egoísta, no haber pensado más allá de sus deseos y sus emociones. Pero en última instancia, ¿podría decir que era algo romántico? Esos sentimientos de los que había sido partícipe, o más bien, los que había ignorado, ¿eran de índole amorosa?

—No puedes contárselo a Al —le advirtió levantando un dedo acusador—, ¿entendido?

Scorpius cerró una cremallera invisible sobre sus labios, y solo entonces Lily se aventuró a contarle sus peripecias al mejor amigo de su hermano.

—Creo que Norah está colada por mí —Entrecerró los ojos antes de continuar, no tenía claro si estaba sonrojándose por la vergüenza o por el calor del pub—. Es más, no lo creo, lo sé porque me lo dijo este verano.

Scorpius no osó interrumpirla, la escuchaba con los ojos abiertos y prestando toda la atención que le era posible, sin dejar de mirarla.

—Había ido a pasar una semana con ella —continuó la chica—. Me lo dijo la primera noche, estábamos en la cama hablando de tonterías, puede que hubiéramos bebido algo, y no sé, me cogió la mano, empezó a acariciarme el pelo y a decirme cosas tan bonitas.

—Y tú, ¿qué le dijiste?

Lily volvió a dudar antes de contestar. No tenía miedo de que Scorpius fuera a juzgarla, sin duda era de las personas en su entorno a quien más sentía que podía confesarse sobre ciertos temas, su hermano Albus se preocupaba demasiado, y su hermano James se preocupaba demasiado poco.

—La besé. Y luego follamos Scorpius —se llevó las manos a la cabeza cubriéndose su timidez—, todas las putas noches.

Después de confesarlo se sintió muchísimo mejor. El hecho de haberlo guardado dentro tanto tiempo le había hecho hasta casi olvidarse de lo bien que se lo había pasado con Norah, de cómo la habían besado los labios de su amiga, cómo su lengua la había recorrido de arriba a abajo sin dejar un resquicio de piel sin probar. Sólo de pensarlo se estremecía.

—¿Y qué es lo único que se me ocurre hacer después? Ignorarla, hacer como si nada hubiera pasado —Lily golpeó su botellín contra el de Scorpius a modo de brindis antes de sorber de nuevo un largo trago—. Creo que necesito algo más fuerte que esto.

—No lo entiendo Lilu —se inclinó sobre la barra y apoyó su cabeza sobre su mano, esperando que su acompañante volviera a explicarse.

—No hay nada que entender. He herido sus sentimientos, creo que ella esperaba más de mí y yo ni siquiera me pude imaginar que ella… —Se paró en mitad de la frase antes de continuar— Para mí fue un juego, o algo con lo que divertirnos y supongo que ella quería algo más.

»Ella y Sybill han estado evitándome casi desde que llegamos a Hogwarts y no entendía por qué. Y hoy la he visto, a Norah, con el idiota de Holden Wickham, del que no he parado de hablar desde que entré en el equipo, que si está buenísimo, que si es guapísimo y cómo me lanza la caña sin parar. ¿Lo entiendes ahora?

—A ver, entonces para que yo lo entienda, Norah está colada por ti, os acostais y lo siguiente que haces es hacer como si nada hubiera pasado —Lily asintió—; llegáis a Hogwarts y le restriegas en toda la cara que te gusta un chico del equipo, que encima parece que tiene interés en ti —Lily vuelve a asentir—; y cuando la ves con otro te entran los celos. Vaya Lilu, entonces me estás confirmando lo que ya venía sospechando —Lily arqueó una ceja—, los hermanos Potter sois imbéciles, a cada cual más idiota.

Lily sonriendo le pegó un manotazo que le hizo tropezar sobre la barra.

—¡Malfoy eres idiota!

El chico se desternillaba de la risa y la abrazó por los hombros en un gesto fraternal. Aunque se conocían desde hacía mucho tiempo, lo cierto es que Scorpius nunca había sido excesivamente cariñoso hacía ella, aunque sabía que lo era. Bastaba verle cerca de Rose o de Albus para saber que Scorpius era muy tocón, y sin embargo, con ella siempre parecía mantener una distancia de seguridad. Quizás, pensaba Lily, en parte por ser la hermana de Al y James, y quizás eso le cohibía un poco. No sin razón, Lily se atrevería a decir que era la primera vez que se quedaban solos, sin la compañía de algún miembro de su familia.

—Vamos Lilu no le des importancia a estas cosas —comentaba casual, aún con su brazo sobre sus hombros. Su mano firme sobre la piel que dejaba al descubierto la camiseta en su brazo—, son chiquilladas. No te darás cuenta y volveréis a ser amigas cuando menos te lo esperes. No creo que el sexo pueda interponerse entre vosotras, y mucho menos el flequillo de Wickham —añadió con una última sonrisa y dejándola de nuevo libre de su abrazo.

Aquella misma noche, Lily permaneció despierta a la espera de que Norah apareciera en la habitación. En la penumbra del cuarto, solo se escuchaba la respiración pausada de dos de sus compañeras. Únicamente ella se mantenía despierta, aunque no era demasiado tarde, por lo que aún podían pasar horas antes de que su amiga apareciera. No es que desde el primer momento hubiera tenido claro que quería esperarla, pero sí que pensó cuando entró en la habitación que le preguntaría cuando la viera cómo le había ido, si Holden y ella se lo habían pasado bien. Con el devenir de las horas, la ansiedad por no saber dónde estaba y la necesidad de hablar con ella la fueron consumiendo, hasta decidir esperar despierta su llegada.

Rozaba la medianoche cuando la melena negra de Norah se asomó por la puerta. Lily a pesar de su resolución inicial, se había dormido, pero su sueño era ligero y aunque la chica no hizo mucho ruido mientras se metía en la cama, Lily se despertó.

—Hola —susurró Norah debajo del edredón, volviéndose para observar cómo destapaba las sábanas de su cama.

—Perdona Lilu —se disculpó también en un susurro—, no quería despertaros. Ya me acuesto.

Norah parecía dispuesta a meterse en la cama, y por un momento Lily pensó que lo iba a dejar correr. Que no era tan importante lo que tenía que decirle, que no era lo suficientemente valiente como para abrir ese melón con ella.

Pero sí para acostarte con ella, era la voz de Scorpius en su cabeza.

Norah se había vuelto en el colchón, dándole la espalda y estaba dispuesta a dormirse. Lily salió del entresijo de mantas de su propia cama, y se metió en la de su amiga. Las sábanas estaban aún frías, y el colchón crujió bajo ella cuando recostó todo su peso.

—¿Qué haces Lily? —Norah se incorporó, y aunque su tono denotaba enfado, lo dijo en un susurro, y con muy poca intención de echarla de su cama.

Lily hizo caso omiso y estiró sus brazos para envolverla en un abrazo que Norah no recibió de buen agrado, ya que se mantuvo con los brazos a los lados y los hombros encogidos.

—Lo siento Norah —se disculpó Lily, Norah permaneció con los labios apretados, dispuesta a refunfuñar en cualquier momento—, lo siento de verdad. Siento no haber tenido en consideración tus sentimientos. Tienes que saber que lo último que querría en este mundo es hacerte daño, lo sabes, ¿verdad? —Norah seguía sin contestar, por lo que Lily continuó— ¿Por qué no me lo dijiste antes?

En ese momento, la liberó de su abrazo y la miró a los ojos. Tenía los ojos oscuros, casi negros, y sin embargo, Lily diría que aquella noche, a su lado, a meros centímetros de distancia, le parecían la cosa más clara que había visto nunca.

No sabía muy bien cómo pero sus caras estaban muy cerca, Lily podía oler el perfume de grosellas que siempre parecía envolverla. Lily no fue realmente consciente de cuán bonita y atractiva era su amiga hasta ese momento. Había sido como un golpe de realidad, verla en los brazos de otro, le había hecho darse cuenta de lo mucho que siempre le había gustado. De que quizás para ella podía ser más que un juego.

Se relamió los labios y pensó que quizás pudiera hacerlo, quizás pudiera decirle cómo se sentía, que quizás con una disculpa podía arreglarse todo.

—Lilu —se aclaró la garganta Norah, con la vista fijada en sus labios, Lily podía ver el deseo en su mirada—, creo que no te haces una idea de lo que causas en la gente a tu alrededor. Tienes un aura que te rodea que te hace de lo más tentadora.

Lily respiraba con agitación, y el corazón sentía que le iba a salir del pecho, pero no dijo nada y dejó que Norah continuara hablando.

—Pero eres peligrosa —Esta vez, acompañó sus palabras con un gesto: alcanzó su mejilla con su mano en un delicado movimiento, acariciándole el pómulo hasta la oreja con la punta de los dedos—, porque eres una caprichosa Lily Potter. Siempre pides más de la gente de lo que puedes dar.

El estómago le dio un vuelco ante esas palabras, y Lily no tenía muy claro si Norah pretendía herirla, o bien comerle la boca hasta dejarla seca. Tragó saliva antes de responderle.

—Eso no tiene que ver con nosotras —Buscó con su mano, la mano de la chica que aún descansaba en su mejilla y le dio un apretón—. Si no me gustaras de esa manera, no me habría acostado contigo Norah. Yo sólo había estado con un chico antes, y eso lo sabes.

—¿Por qué ahora? —insistió centrándose en la primera parte de su explicación e ignorando el resto. Lily no pudo contestar, y ella sonrió— ¿Ves? Sé que lo sabes, es porque me has visto con Holden. Sabía que sería la única manera de hacerte reaccionar. Asúmelo Lilu, quieres lo que no puedes tener.

Lily no pudo rechistar. Claro que lo sabía, claro que sabía que se había dado cuenta de cómo se sentía porque la había visto en los brazos de otro, pero no por ello significaba que lo que sintiera por ella —o más bien pudiera llegar a sentir— no fuera cierto.

—No pasa nada Lilu, jamás tendría que habértelo dicho, jamás deberíamos haber cruzado esa línea y ahora lo sé. Lo mejor será que hagas tu vida y yo la mía. Duerme conmigo si quieres, no cambiarás lo que pienso. Buenas noches —sentenció antes de volverse de nuevo sobre el colchón y darle la espalda a su acompañante.

Lily aún ofendida, durmió a su lado y soñó con ella, aunque eso nunca se lo dijo. Hasta diría que en algún momento durmieron abrazadas. A la mañana siguiente no había nadie en sus brazos, y Lily pensó que estaba todo perdido, que la había perdido como amiga para siempre, quizás por sus últimas palabras antes de dormir.

Pero evidentemente se equivocaba, acertó más Scorpius con la predicción que le hizo en Las Tres Escobas que no Norah con esa sentencia tan pesimista.

Porque Wickham no iba a poder interponerse entre ellas, aunque es verdad que después de aquella cita en Hogsmeade, estuvieron tonteando algunas semanas. Lily siguió el consejo de su amiga e intentó hacer su vida, y dejó que ella hiciera la suya. Y como Scorpius predijo, pasadas unas semanas, quizás algunos meses, volvieron a retomar su amistad.

Es verdad que ya no volvió a ser igual pues la intimidad que compartían, lo bien por dentro que se conocían, hizo que siempre se quedaran palabras en el aire, nunca pronunciadas.

También ayudó que las dos se enamoraran. Eso sí, de personas diferentes.

—tres: sal—

El verano en el cumplió la mayoría de edad lo pasó en su totalidad en Longbourn Beach. Lily adoraba esa casa con todo su corazón, en parte porque era una niña del verano, y sus padres la llevaron allí por primera vez el día que cumplía ocho años, así que sentía cierta propiedad sobre el adosado frente al mar. Pasar los veranos frente al océano era lo que más le gustaba en el mundo, y la intensidad con la que vivía las vacaciones no parecía decrementar con el paso de los años.

Aquel verano fue diferente, era la primera vez que lo pasaría en única compañía de sus padres, ya que Albus se había marchado a Rumanía con el tío Charlie, y James acababa de independizarse, por lo que estaba muy ocupado siempre, y Lily no tardó en admitirle a su padre que añoraba a sus hermanos.

—Si no les soportas —le decía su padre tras una sonrisa pícara—, no me digas que ahora les echas de menos.

No era que no les extrañara, claro que lo hacía, pero echaba más de menos el alboroto que generaban, su predisposición siempre a meterse en líos: a hacer constantemente el tonto. Solo llevaba dos semanas en Longbourn y ya veía que se le iba a hacer muy largo el verano. ¿Había comentado que llevaba mal lo de la soledad?

Su madre había preparado té, y ella estaba sentada en la terraza dejando que los pocos rayos de sol tostaran su piel mientras leía por decimocuarta vez su novela favorita. Estaban las dos disfrutando de la temperatura en su piel, como si fueran dos lagartijas calentándose en el desierto. Su padre apareció en la chimenea, aún llevaba el uniforme del trabajo y el maletín en la mano. El cabello desordenado como siempre.

—No sabéis a quién me he encontrado haciendo prácticas en el Wizengamot.

Madre e hija arquearon una ceja mientras observaban cómo Harry se sentaba en la terraza con ellas y se servía una taza de té. No esperó respuesta antes de continuar:

—A Scorpius —sentenció tras beber un sorbo—, está haciendo prácticas como pasante. ¿Lo sabíais?

Mientras Lily negaba con la cabeza, Ginny asintió.

—Huele a Draco mediando de por medio —contestó su mujer.

—Se lo podéis preguntar esta noche, le he invitado a cenar. Se lo he dicho también a James, quizás se acerque.

Lily sonrió para sí, estaba encantada de tener compañía y más si era la del rubio y su hermano, y aunque sabía que no iba a ser como en las otras ocasiones en las que habían compartido mesa los tres hermanos Potter, sabía que en algo podía acercarse. Y quién sabe, quizás Lily pudiera venderles la idea de escabullirse para darse un baño a la luz de la luna.

Scorpius llegó primero, lo cierto es que hacía casi un año que no le había visto, y Lily aseguró que estaba muy guapo. Siempre había sido un chico atractivo y solía ir de punta en blanco a todos los sitios, pero lo cierto es que el toque desaliñado le quedaba increíblemente mejor. Lily se fijó en la barba rubia que le crecía rebelde en la mandíbula, llevaba el pelo más largo que nunca, más de lo que lo había llevado en Hogwarts, y por supuesto desordenado, como si acabara de aterrizar de su escoba tras un partido de Quidditch de lo más igualado.

La recibió con una amplia sonrisa y un roce distante en su brazo que la hizo saltar en un respingo. Lily siempre había pensado que había algo en ella que le hacía ser distante, precavido, como si el mero hecho de abrazarla fuera a romperla. Por eso, cualquier interacción táctil con él siempre la sorprendía.

Cenaron en la terraza, el sol aún estaba candente en el cielo, cubriendo el azul de toques anaranjados. James llegó cuando su padre estaba abriendo una botella de vino francés de lo más estirado y sin pensárselo mucho sirvió una copa a todos los comensales, incluida Lily, a lo que su padre le guiñó un ojo sin mediar más palabra.

Tenía aún el regusto amargo del vino en la boca cuando Harry y Ginny se levantaron de la mesa y anunciaron que iban a acostarse, no sin antes recordarles a James y a Scorpius que podían quedarse a dormir, pues no aconsejaban a ninguno a aparecerse aquella noche. A lo que James insistió que tenían disponible la red flu, y a pesar de haber sido insistente en eso de que no iba a quedarse, fue el primero en quedarse dormido en el sofá mientras Scorpius y Lily hablaban sin parar en el salón.

Lo cierto es que no sabía si era el vino o bien siempre había sentido demasiada vergüenza delante del rubio pero lo realidad era que, sentada muy pegada a él, casi susurrándose en el oído, se sentía cómoda y sentía que podía sincerarse plenamente.

James terminó recostado sobre el diminuto sofá e incluso algunos ronquidos se escaparon de su boca, Lily se desternillaba de risa, y de nuevo creía que el vino tenía algo que ver en eso. Cogió la mano de Scorpius y le hizo seguirla por la terraza hacia la calle. Caminaban dirección a la playa, debía ser tarde porque solo se podía escuchar el sonido ensordecedor de las chicharras. Lily sentía un pinchazo en el estómago cada vez que la mano de Scorpius rozaba la suya.

No podía parar de reírse, ¿cuando Socrpius se había vuelto tan divertido? Ni siquiera sabía qué era lo que le hacía tanta gracia. Cuando llegaron a la playa, ella se descalzó sobre la arena e instó a su acompañante a tumbarse con ella. Era una noche oscura, solo un cuarto tímido de la luna los alumbraba, y sin embargo las estrellas se apreciaban todas.

—En Londres no pueden verse estrellas así —murmuraba Lily sin volverse.

—En Hogwarts sí —le recordó él estirándose a su lado, su mano casi rozando la de ella—. No sabes la envidia que me das Lilu.

—¿Por qué?

—Porque aún te queda un año en Hogwarts.

—¿Me estás diciendo que querrías volver?

Scorpius no contestó enseguida, rumió su respuesta mientras hacía una mueca con los labios.

—No exactamente —Scorpius se irguió y se sentó apoyando el peso en las manos a su espalda—. Hacerse adulto es una mierda.

—Creo que Al o James no opinan lo mismo —se rió Lily imitando la postura del chico, abrazándose las piernas y apoyando la cabeza en sus rodillas para observar el semblante de Scorpius.

—Supongo que tienes razón —Se encogió de hombros sin añadir nada más.

—No pareces convencido —Lily chocó su hombro con el suyo de manera amistosa.

—Supongo que para mí es diferente —empezó diciendo, intentando explicarle cómo se sentía—, mi padre siempre me ha presionado mucho. Trabajar en el Wizengamot no era lo que más ansiaba en este mundo, pero ya sabes como es Draco Malfoy —Soltó un suspiro de resignación.

—¿Y si pudieras elegir? —insistió de nuevo la chica.

—Supongo que ese es el problema, que no siento que nada me apasione. Mira a Al, por ejemplo.

—Albus no es un buen ejemplo, su obsesión es enfermiza —se rió de nuevo ella, restándole importancia al hecho de que Albus siempre hubiera sabido hacia donde quería dirigirse.

—Pero entiendes a lo que me refiero, ¿verdad? —Él la miró de reojo y ella avergonzada volvió la mirada hacia el mar.

—Sí, yo también me siento un poco así —asentía Lily con la cabeza mientras hablaba—. Tengo la sensación de que nada me gusta lo suficiente como para dedicarme a ello toda la vida, ni siquiera creo que sea excepcional en nada —Scorpius iba a rebatirle pero Lily continuó—: tú al menos eres un genio en todo lo que te propones.

—Eso no es cierto —negó con la cabeza el chico, sin añadir nada más.

—No mientas Malfoy, se te da bien todo, das mucho coraje —Lily sonrió y levantó la mirada para contemplar de nuevo el cielo.

—No, eso no —la corrigió Scorpius—, me refería a que sí que eres excepcional Lilu.

Lily se desternillaba de risa, quizás esta vez con algo de nerviosismo, y le empujó de nuevo amistosamente.

—Cuidado Malfoy, o voy a empezar a pensar que estás interesado.

Él sonrió maliciosamente y la miró desde arriba.

—Pues puestos a ser sinceros, ¿puedo confesarte algo? —Lily asintió intrigada y esta vez con valentía le miró a los ojos— Siempre me has gustado —confesó el chico sin dejar de sonreír, sin un ápice de vergüenza en la mirada.

A Lily le dio un vuelco el estómago, el corazón empezó a palpitarle con fuerza, y el mismo Godric se apoderó de ella. Porque lo siguiente que recordaba era estampar sus labios contra los de él.

No tenía muy claro qué era lo que esperaba Scorpius confesandole su tierno cuelgue de adolescente, pero Lily creyó que sin duda que ella le besara no estaba en sus planes pues le había cogido por sorpresa ya que tardó en responder.

La primera reacción fue mover sus labios contra los de Lily, y una vez pudo, sin perder el equilibrio, aprisionó su cara con sus frías manos y profundizó el beso, abriéndose paso para, con su lengua, saborear cada rincón de su boca.

Lily soltó en un mohín, parecido a un gemido, todo lo que llevaba contenido desde que se encontraron durante esa noche de verano. Quizás más, pensó, quizás se había sentido así desde que le conociera, quizás por eso le costaba tanto verle como un amigo. Se dejó besar sin ningún tipo de remordimiento.

—Lilu —se lamentaba Scorpius en un susurro contra sus labios—, ¿qué vas a hacer conmigo?

Lily no entendía muy bien a qué se refería. Es más, si bien se había encontrado en situaciones parecidas, pues ella solía responder a estímulos sin pensar las cosas demasiado, sí que tenía claro que era la primera vez que hacía algo que le hacía plantearse el resultado. ¿Y después? ¿Qué pasaba después?

—Calla y bésame —le contestó la chica de manera dramática, mientras aprisionaba de nuevo sus labios.

Aquella noche, tras haberse liberado de la tensión con la que la había despedido el chico en la puerta de su casa, debajo de las sábanas, Lily no podía dejar de pensar en sus manos, y en sus besos y como deseaba que no se hubiera marchado, y que la hubiera acompañado esa noche y todas las siguientes que le quedaban por vivir.

Era la primera vez en su vida que sentía algo más allá de un calentón, de un capricho. Y eso, aunque la tenía flotando en el aire, también la acojonaba. Porque Scorpius era casi como familia, porque era el mejor amigo de su hermano, porque su padre le adoraba, porque sus madres eran amigas. Y el hecho de ser tan complicado, de poder convertirse en algo catastrófico, no podía negar que le atraía.

A la mañana siguiente, un mensaje de Scorpius la invitaba a su casa el siguiente sábado, asegurándole que solo estarían ellos dos, ya que, cómo le había comentado la noche anterior durante la cena, sus padres se habían marchado ya de vacaciones a Menorca, mientras que él se había quedado trabajando.

Ni Ginny ni Harry se extrañaron de que Lily se marchara a cenar en la casa de los Malfoy. Ella supuso que por una parte tenían normalizado el hecho de que Albus fuera allí de tanto en tanto, y porque siendo sinceros, ni ella misma sabía qué podía resultar de aquello, y se imaginaba que mucho menos sus padres.

El reencuentro fue raro, mientras que Lily fue a darle un beso en la mejilla, él se acercó para envolverla en un abrazo por lo que resultó un saludo de lo más extraño. Ambos rieron algo avergonzados.

Lily observó que al contrario de a lo que la tenía acostumbrada, Scorpius iba vestido con ropa muggle, muy casual, con ese look desaliñado que parecía acompañarle durante el verano, y en eso, como le había asegurado, parecía tener mucho que ver la cantidad de trabajo que tenía, lo mucho que debía estudiar y lo poco atractivo que le resultaba todo.

La velada fue mejor que el saludo, un elfo doméstico les preparó la mesa para cenar en la terraza que daba a un jardín de lo más verde. Aunque Scorpius venía de una familia bastante adinerada tenía una manera extraña de ser humilde, cosa que siempre le había dicho Al.

Su casa era elegante sin duda, mucho más que el terrible adosado de Londres donde ella vivía con sus padres y sus hermanos, pero quizás no lo extravagante que esperaba por todas las cosas que en su día su padre y su tía Hermione le contaron de la Mansión Malfoy, en la que Draco había crecido y la que Scorpius ni siquiera había pisado.

Según Ginny, y en palabras de Astoria, ella y Draco habían intentado criar a su hijo de una manera más humilde, en más valores que en los que ella y —sobre todo— Draco habían sido educados.

Lo que había resultado en un chico estudioso y atento, con modales muy clásicos, quizás hasta anticuados, que había vivido tanto los lujos de la alta sociedad como la sobriedad de una cena modesta.

Y sin embargo, Lily a veces pensaba que Scorpius no sabía dónde ubicarse en cada situación. Por lo que la pilló de sorpresa cuando de repente, en medio de la cena tan agradable y natural que habían tenido, se aclaró la garganta mientras le servía más vino.

—Lilu —le dijo, cambiando el semblante y poniéndose muy serio—, tengo que serte sincero.

Lily tragó saliva temiendo lo peor. Aunque eso no lo tuviera muy claro, pues ¿qué sería lo peor? ¿Que le dijera que no podían ser más que amigos? ¿O quizás que ya no le gustaba y que todo había sido un error? Sin embargo asintió y espero con ansia su explicación.

—Me gustas mucho, de hecho siempre lo has hecho —le sonrió el chico con ternura, a lo que ella le devolvió una sonrisa con algo de rubor en sus mejillas—. Nunca pensé en ti como algo más que una amiga, pero tienes que entender que es porque jamás pensé que nada entre nosotros podía pasar.

Lily asintió de nuevo, sin seguir teniendo idea por dónde iba a salirle el rubio, pero escuchando con atención esperando no perderse ni un mísero detalle de su explicación.

—Por eso necesito saber qué es lo que sientes tú —continuó diciendo—, porque aprecio demasiado a tu hermano y a toda tu familia como para que una tontería entre nosotros pueda estropearlo.

El corazón de Lily latió con fuerza, sin duda no quería que la rechazara, pero que le diera una declaración de intenciones tan clara y directa no entraba en sus predicciones en absoluto.

—Además —añadió adelantandose sobre la mesa—, creo que me enamoraría como un tonto de ti, Lilu.

Tras escucharle finalizar su explicación, Lily se levantó y se acercó a la silla donde Scorpius se sentaba frente a ella. El chico se volvió con la silla para encararla desde abajo, y contempló cómo ella ponía sus manos en su mandíbula y acariciaba su barba desaliñada.

—Vale —contestó Lily, inclinándose para mirarle a los ojos—, creo que yo también puedo enamorarme de ti como una tonta.

Y sin esperar respuesta, de nuevo acercó sus labios a los de Scorpius, esta vez con una ternura inigualable, a sabiendas de que ninguno iba a echarse atrás. A sabiendas de que ninguno de los dos tenía intención de marcharse.

—cuatro: cotidiano—

A Lily siempre le había fascinado el sexo. Quizás no era el acto sexual en sí, sino lo que llevaba a ello: le gustaba toda la danza, las miradas, las palabras con segundas intenciones, el juego, los roces; sin duda era lo que más le divertía.

Siempre había tenido todo lo que había querido, y con veintipocos no podía negar que era caprichosa y que todo lo que supusiera un reto, le excitaba. Que cuánto más difícil fuera, más le gustaba. En eso, diría que era muy parecida a su hermano mayor, aunque Albus había llegado incluso a decirle que tenía que aclararse sobre lo que quería, que no todo era un juego, pero eso era otra historia.

Scorpius se lo puso muy fácil desde el primer momento. Por eso le extrañaba no haberse cansado de él, ni de la pronta cotidianidad que compartieron, por eso estaba muy segura de que lo que sentía por él tenía que ser de otro mundo, que lo que ella le quería a él, tenía que ser sincero. Muy grande y complejo para que ni ella ni nadie pudiera llegar a entenderlo.

Cabe decir que pensándolo fríamente, Scorpius le había dado cosas que nadie más le había podido dar. Estaba primero el ocultismo, el quererse y desearse a escondidas, robándose besos y caricias, follando a oscuras con el miedo constante a ser descubiertos.

Luego fue el miedo, el hecho de saber que era peligroso, que no solo contaba con lo que ellos sintieran, sino con cómo podía terminar y a quiénes podía herir la explosión que ambos generaran. Si bien Scorpius no era un chico dado al victimismo ni a las grandes escenas, Lily sí pecaba de tanto en tanto de eso. Ser la pequeña de tres hermanos, en una familia llena de niños, la había convertido sin duda en un pequeño duende en busca de constante atención.

Sabía que eso la había acompañado toda la vida, quizás siendo una adolescente había sido incapaz de ponerle nombre pero con veintipocos, entrando en la vida adulta, adentrándose en lo insospechado del compromiso, la realidad le golpeó duramente en la cara.

Los primeros años tras Hogwarts le pasaron muy rápido, en un abrir y cerrar de ojos se había convertido en una adulta, estaba en una relación seria y comprometida que visitaba a su familia los domingos. Si lo pensaba detenidamente, con veintiún años cumplía con la media de todo lo establecido que se debe hacer en la edad adulta, y tenía la sensación de que le quedaban muy pocas cosas por cumplir.

En cuanto a su carrera profesional había poco que destacar. Si bien nunca había resaltado por ser una alumna brillante en el colegio, siempre había hecho lo suficiente para cumplir sin rebasar expectativas y sin duda era lo que aplicaba en su vida laboral. Trabajos sencillos que no le supusieran mucho esfuerzo y que le dejaran disfrutar de su juventud.

Jugaba en las ligas menores de quidditch en un equipo de Wiltshire, donde se había mudado a vivir con Scorpius, los Winnie Wiltshires, donde como en todo, no destacaba pero le divertía y le servía como una entrada secundaria de dinero. No era la profesional que había sido una vez su madre, pero Lily se conformaba con eso. La llenaba porque aún le suponía un reto y en el fondo tenía la esperanza de que quizás en algún momento podría convertirse en profesional, aunque eso nunca se lo dijo a nadie, ni siquiera a Scorpius, que la veía llegar agotada de los entrenamientos todos los martes y viernes.

Por un tiempo fue muy fácil acostumbrarse a esa vida. Perdió el contacto con sus amigos y compañeros del colegio, y volcó sus energías en el quidditch y su relación con Scorpius.

Jamás hubiera pensado que esa química que tenían juntos podría haberla tenido con nadie, sobre todo porque jamás hubiera pensado que nadie pudiera aguantar todas sus excentricidades y que además ella pudiera aguantar las suyas.

Porque Scorpius era bueno, educado, puntual y todas esas cosas que ella no era, todas esas cosas que pensaba que nunca podría ser y sin embargo que tampoco quería. Porque Scorpius la retaba y porque también podía ser díscolo, y perverso, incluso hasta retorcido si alguien le sacaba de sus casillas, y Lily sabía que ella podía hacerlo.

A pesar de todo, no solían pelear, jamás había escuchado a Scorpius gritar, ella que podía desesperarle hasta ponerse rojo como un tomate de furia, quizás por eso, porque Scorpius era reflexivo y actuaba siempre con sangre fría mientras que ella era todo fuego.

También por eso recuerda perfectamente aquella pelea que desembocaría en su ruptura justo un año después, después de haberse hecho añicos el uno al otro, estirando la goma hasta no saber muy bien cómo volver atrás. Una hecatombe muy del estilo de Lily y poco del de Scorpius.

Lily salía de la ducha, era ya bastante tarde, había llegado agotada de un duro entrenamiento y acababa de empezar la pretemporada, llevaba de pie desde las seis de la mañana porque había empezado un nuevo trabajo como dependienta vendiendo bisutería a jóvenes brujas.

Scorpius estaba en la cocina preparando la cena para los dos, pues él también acababa de llegar a casa, ni siquiera se había cambiado, llevaba la toga aún hasta los pies mientras salteaba unas verduras en el fuego. Lily se sentó directamente en la mesa de la cocina totalmente agotada, dispuesta a cenar e irse a la cama.

—¿Cómo te ha ido hoy? —le preguntó el chico sin girarse, mientras atendía a lo que tenía entre manos en la encimera de la cocina.

—Estoy agotada —contestó casi en un susurro Lily sin alzar la vista en medio de un bostezo.

No volvieron a hablar, hasta que Scorpius se sentó frente a ella y levitó dos raciones de su revuelto delante de ella. Lily no dudó ni un instante y se dispuso a engullir la cena como si no hubiera un mañana. Por contra, Scorpius más calmado, se retiró la toga, quedándose en camisa y pantalón, se colocó la servilleta y solo cuando se había colocado perfectamente en la silla se llevó un bocado a la boca.

—Ha venido a verme mi padre al despacho —comentó casual a lo que Lily asintió sin mucho entusiasmo a mantener una conversación—, me ha preguntado por ti.

Lily arqueó una ceja sin contestar limitándose a masticar.

—Le gustaría que fuéramos a comer el próximo sábado.

—Tengo partido —se apresuró a excusarse la chica.

Lo cierto es que con su familia política no se llevaba de lo mejor, si bien con Astoria nunca había tenido ningún problema, Draco era un caso aparte. Scorpius nunca se lo había dicho, tras casi siete años de relación, jamás le había admitido lo que Lily siempre había sospechado: que ella no le gustaba. Quizás no era tanto que ella no le gustara como persona, sino que no le gustaba para Scorpius. Así como sí que había podido tolerar su gran amistad con Albus, pues le constaba que su suegro tenía en alta estima a su hermano, con ella no pasaba lo mismo. Lily sabía que Draco no la veía suficiente para él.

—Además —añadió la chica rodando los ojos—, dudo que tu padre quiera verme.

—Ya hemos hablado de esto Lilu —insistió Scorpius—, mi padre ha aprendido a tolerarte.

Seguramente Scorpius pensara que no había sido la mejor selección de palabras, también Lily estaba de lo más agotada, y qué decir tiene que no estaban en su mejor momento, que los años juntos les estaban empezando a quemar, y la tolerancia les empezaba a fallar. En otras circunstancias se lo hubiera tomado a broma, pero esa actitud pasivo agresiva con la que se andaban comunicando últimamente la hizo estallar.

Lily se puso roja como un tomate, y empujó el plato sobre la mesa con tanta violencia que resbaló por la mesa hasta caer contra el suelo en el otro lado. Lily arrastró su silla hacia atrás enfurecida y se levantó rápidamente.

—Que se vaya a la mierda tu padre y la madre que te parió —le dijo airada.

—Desde luego, con ese comportamiento no puedes esperar que mi padre tenga mejor opinión de ti cariño —contestó con rintintin Scorpius sin alzar un ápice el tono de voz.

—Déjame que me corrija: os podéis ir todos los Malfoy a la mierda —gritó de nuevo gesticulando con todo su cuerpo—. Os pensáis que sois mejores que el resto, con vuestro apellido, vuestro dinero, vuestra posición social, vuestra sangre…

—Lily no entres por ahí —la advirtió cortándole a mitad de la frase.

—Porque sabes que tengo razón —le contestó—, ¿sabes por qué no voy a casa de tus padres Scorpius? —No esperó que contestara antes de continuar— Porque no me gusta estar donde no me quieren y tu padre no soporta verme la cara, no soporta saber que te follas a la hija de Harry Potter. No te haces una idea de cómo me hacen sentir.

—No seas absurda —le rebatió de nuevo, esta vez alzando algo más la voz.

—Ni se te ocurra negar cómo me siento —Lily le levantó un dedo amenazador.

—Piensa lo que quieras.

Scorpius se encogió de hombros e hizo caso omiso y continuó degustando su cena como si nada hubiera pasado, lo que hizo saltar a Lily de nuevo. ¿Se iba a quedar ahí parado como siempre? ¿Iba a dejar que ella se fuera sin más, sin discutir, sin alzar la voz como siempre? Lily estaba cansada de ofenderse y salir por la puerta evitando la discusión que él no quería tener. Es que acaso ¿no podía ver que necesitaba verle estallar? Que le dijera que era importante, que estaba por encima de todo y de todos.

Se adelantó en un paso rápido, empujó el plato de Scorpius a un lado y corriendo la misma suerte que su comida, el plato estalló contra el suelo. Lily se inclinó sobre la mesa apoyando las manos sobre la madera esperando la respuesta del rubio, el chico alzó la mirada, Lily sabía que estaba furioso porque sus ojos claros brillaban y se le marcaban las arrugas en su ceño fruncido, y sin embargo, la reacción que ella buscaba no se sucedió. Scorpius se crujió el cuello y apartando la mirada y sin mediar palabra, se levantó de la mesa y se agachó a recoger la cerámica en pedazos que descansaba sobre la baldosa.

—No te voy a dar lo que quieres Lilu —sentenció Scorpius en cuclillas desde el suelo, sin mirarla—, no voy a decirte lo que quieres oír. No voy a gritarte ni a pelearme contigo si es lo que estás esperando, desperdicia la comida que quieras.

Lily le escuchó terminar la frase desde las escaleras, no quería escucharle, no quería que la hiciera sentir tan menuda, tan infantil. Subió al dormitorio y se metió en la cama y se hizo un ovillo debajo de la manta. Estaba realmente disgustada, no podía dejar de pensar lo avergonzada que se sentía, por la manera en que había actuado y lo frío que había sido Scorpius. Jamás le había hablado así, tan frío y tan distante, aunque ella tampoco había montado una escena similar en lo que llevaban juntos.

Sin duda, el tiempo juntos les estaba haciendo sacar lo peor de cada uno, Lily sentía que cada vez se alejaban más y se acentuaban los defectos del otro. Ese punto medio sobre el que solían rondar, les quedaba ya muy lejos.

Lily se durmió de agotamiento, no diría que tardó mucho desde que se acostara hasta que cayó rendida, pero Scorpius no parecía querer acompañarla esa noche en la cama. Sin embargo, unas manos frías la aprisionaron en mitad de la noche, y la abrazaron por la espalda.

El cuerpo caliente de Scorpius contra su espalda la hizo despertarse. El chico le apartó el pelo del cuello y encajó su cabeza sobre su hombro, apretándose muy fuerte contra ella.

—Perdóname —le susurró él rozando sus labios contra su oreja. A Lily le recorrió un escalofrío que la despertó por completo.

Se volvió sobre sí misma permaneciendo en el abrazo de Scorpius y envolviéndole ella con sus brazos a su vez. Sus frías manos viajaron a su rostro, y pese a estar en la oscuridad Lily pudo apreciar que su cara estaba hinchada, parecía que había estado llorando.

—Mi vida… —contestó ella en otro susurro— Perdóname tú a mí.

Se acercó, más si cabía, y alcanzó sus labios en un tierno beso. Scorpius la besó desesperado.

—Te quiero —le dijo el chico.

Acto seguido, Lily le abrazó con fuerza y de nuevo buscó sus labios en la oscuridad, y se sumó a la desesperación de Scorpius. Inconscientemente, y mientras las manos del chico la recorrían entera bajo las sábanas, Lily empezó a mover sus caderas contra las suyas, y notó cómo el cuerpo de Scorpius reaccionaba pegándose más a ella, dejando que la fricción de sus movimientos le atusaran todo el cuerpo.

La mano de Scorpius se paseaba por su vientre, acariciando su piel caliente debajo de la camiseta, a la vez que se acercaba a su pecho desnudo dejando a su paso un escalofrío en la piel de Lily.

Alcanzó su pecho sin mucho miramiento, y lo acarició detenidamente mientras descendía la boca a su cuello y lamía su yugular a la vez que Lily no podía por más que gemir.

—Muchísimo Lilu —repetía él sin cesar con la voz entrecortada y la respiración agitada.

Lily se dejaba sentir y disfrutaba del contacto de la lengua de Scorpius contra su piel, cómo sus manos le instaban a deshacerse de la prenda que les separaba aún unos pocos milímetros. Notó como su boca descendía hasta su escote y succionaba incansable sobre sus turgentes pechos que le esperaban impacientes. Lily soltó de nuevo un gemido y respiró con fuerza.

El vaivén tímido de sus caderas se había vuelto un baile incansable contra la entrepierna excitada del chico, Lily descendió su mano hasta la goma del pantalón y le acarició por encima de la prenda, comprobando cuán entusiasmado estaba. Sin dejar de moverse, introdujo su mano en la ropa interior de Scorpius y aprisionó su miembro caliente entre sus dedos. Lily sintió como Scorpius desfallecía ante el contacto y volvía de nuevo a buscar su boca sedienta, a la vez que su mano, imitando el recorrido que había hecho la de Lily, encontró su sexo y separando sus bragas unos milímetros, introdujo su dedo índice en ella, comprobando con stisfacción lo húmeda que estaba.

Lily se apretó fuerte contra su brazo mientras sentía cómo los dedos de Scorpius la masturbaban con perfecto conocimiento de causa. No sin razón, llevaban demasiado tiempo juntos como para no conocerse bien, como para no saber qué le gustaba al otro.

Lily se acercó a su oído y le susurró con la voz entrecortada:

—Te necesito dentro de mí.

Scorpius no objetó, simplemente se separó de ella lo suficiente como para que él pudiera deshacerse de sus calzoncillos y colocarse sobre ella. Lily alargó ambas manos entre los dos, y mientras una guiaba el miembro de Scorpius a su entrada, la otra separaba sus bragas a un lado.

Scorpius se movió sobre ella sin prisas, saboreando la sensación del sexo húmedo de Lily en su extensión, y una vez dentro, ella se agarró con fuerza por el cuello, aprisionándole con las piernas e instándole con sus caderas a que se moviera más rápido, más adentro, haciendo sus cuerpos chocar hasta convertirse en un ritmo desenfrenado.

De repente quedaba muy lejos la discusión de la cocina, la cotidianidad, los primeros besos, las primeras caricias, las primeras sonrisas.

Solo eran dos cuerpos amándose de la manera más natural y expresiva, sin más palabras que los gemidos que se respiraban en la boca del otro.

De hecho, todo lo que se pronunciaba era fruto del más puro inconsciente, por eso Lily no podía recordar que mientras un orgasmo recorría todo su cuerpo, ella no dejó de arañar y morderle. Y de gritarle que le quería.

—Te quiero —le repetía una y otra vez como un mantra mientras el placer le alcanzaba la punta de los dedos.

—Merlín, y yo Lilu —le contestaba Scorpius, juntando sus frentes, aún dentro de ella, solo sintiendo la presión de sus cuerpos conectados—, más que a nada.

Y era cierto aquello que le había dicho cuando empezaron a salir, que se iba a enamorar de ella como un tonto.

Lo que aún no sabía es que a partir de aquel día, ya no dejarían de enfadarse el uno con el otro, y que cada vez las discusiones serían más horribles que las anteriores. Tampoco sabían que justo nueve meses después, Lily se iría un par de semanas a casa de sus padres, para ver las cosas con distancia, ni que se mudaría definitivamente a Longbourn seis meses después, con el corazón roto, mientras decidía qué hacer con su vida después de haberse convertido en adulta tan de repente.

Ninguno podía saberlo, porque aquella noche se durmieron pensando que lo que sentían era de otro mundo, y que nada les podría separar. Pero estaban equivocados.

—cinco: posverdad—

El amor no bastaba.

Eso lo aprendió Lily cuando decidió que con Scorpius ya no había marcha atrás, que ya no había más pausas posibles y que o paraba o solo le quedaba seguir hacia delante. Ambos coincidían que se querían con locura, pero que se habían envenenado lentamente. Que la presencia del otro les irritaba hasta límites insospechados.

Su padre, tras verla deambular por el adosado en Londres cual alma en pena, le dijo que el amor lo era todo. Que era la fuerza mágica más poderosa del universo.

Cuando ella se mudó sola a Longbourn, tras pedirles permiso a sus padres y en vistas de que no iba a volver con Scorpis, ella le dijo que el amor no les había bastado.

A pesar de que era su sitio favorito en el mundo, nunca había pasado un invierno en Longbourn. Era un pueblo que en septiembre quedaba desierto, solo el ruido de las olas del mar la acompañaban por las noches, la quietud de la calle a veces era ensordecedora y Lily tardó en acostumbrarse.

Con veintimuchos se dio cuenta de que jamás había estado sola, únicamente acompañada por sus propios pensamientos. Era una situación que per se no la asustaba, pero se le hacía muy extraña. Se preguntaba cómo podía ser que en lo que llevaba de vida jamás hubiera experimentado esta sensación. De hacer cosas sola, de disfrutar de la falta de compañía, de hablar consigo misma y preguntarse qué es lo que la hacía feliz.

Para enero, envuelta en los vientos fríos que traía consigo el atlántico, se prometió no volver a someterse a un encierro similar, a no asustarse por preguntarse a sí misma.

En cuanto a sus sentimientos por Scorpius no fue tan madura, pues los sacó de su corazón y los envolvió con mucho cuidado y delicadeza y los guardó en un cajón bajo llave y a buen recaudo. Uno no sabe cuándo lo puede volver a necesitar.

Hizo como si los últimos siete años no hubieran ocurrido, dejó el equipo en Wiltshire a la espera de que la llamaran de algún otro equipo que estuviera al menos a 100km de su anterior residencia. Iba con ventaja porque a pesar de que por la amistad de Scorpius y Albus, su ex había entrado a formar parte de su familia, su hermano residía en otro país, y la posiblidad de cruzarse era mínima.

Cuando se quiso dar cuenta, un año había pasado, su hermano mayor se había casado y su prima Rose estaba esperando un crío, y ella seguía jugando a ser adulta viviendo en la casa de veraneo de sus padres.

Recibió una carta de Hugo para informarle de que él y algunos compañeros estaban organizando una reunión de antiguos alumnos de Hogwarts y de que esperaba que asistiera. No le dio mucha importancia, de hecho olvidó la carta sobre la mesa durante algunas semanas antes de decidir ir, convencida por James a que se reencontrara con viejas amistades, y que se divirtiera de una maldita vez.

La velada era en un piso muy pijo del centro de Londres, no tenía claro quién podía ser el propietario, pero desde luego no de su primo Hugo, que era el que le había recibido con un abrazo demasiado cariñoso.

—Lilu —le saludó, evidentemente embriagado, a pesar de no ser más de las nueve de la noche—. Qué bien que hayas venido, no pensaba que fueras a aparecer.

—Gracias por la confianza Hugo —respondió con media sonrisa, algo molesta pero en el fondo sabía que no podía culparle. Era consciente que había abandonado a los que una vez fueron sus amigos tras irse a vivir con Scorpius.

—Ya sabes a lo que me refiero —mirándola con seriedad.

—Menudo piso —contestó ella cambiando de tema, adentrándose por el marco de la puerta.

—Es de Richard, mi pareja —explicó su primo, mientras la guiaba por el espacioso pasillo.

Lily le miró arqueando una ceja. Eso explicaba muchas cosas, por qué su primo vestía con ropa cara y se iba de viaje de placer tan a menudo. Parecía que había encontrado a alguien que le pagara los caprichos. La tía Hermione debía estar muy orgullosa. Y sin embargo, quien era ella para juzgar, quizás el tal Richard era una persona maravillosa y no sólo el novio rico de su primo.

El salón era muy grande y lujoso. Las paredes de blanco estaban saturadas de pinturas y en cada mesilla había una escultura. Lily no tenía ni idea de arte pero tenía claro que en esa habitación había muchos galeones. La habitación estaba llena de los que una vez fueron sus compañeros de clase, la recibieron con una gran ovación que pronto quedó en el olvido, pues todo el mundo estaba demasiado preocupado intentando demostrar a los demás lo bien que les había ido la vida.

Su primo le abandonó enseguida con una copa de champán en la mano. Lily contempló la estancia esperando encontrar una cara medianamente amigable con la que socializar cuando su mirada encontró la tremenda panza de su prima Rose, siendo sobada por algunas manos. Por lo que Lily decidió huir a la cocina en busca de algo más fuerte con lo que emborracharse si tenía que aguantar a su prima Rose y su dichosa verborrea sobre la maternidad y cómo ahora era más mujer que nunca. De hecho, ¿qué diantres hacía allí, si ni siquiera era de su curso?

Estaba rebuscando por los armarios de la inmensa cocina cuando una voz femenina en la puerta la asustó.

—Si buscas whiskey de fuego me temo que te has equivocado de fiesta.

Allí estaba plantada frente a ella.

La dichosa Norah.

Más guapa que nunca. Más atractiva que lo que pudiera recordar.

—Norah —susurró Lily, totalmente pillada por la sorpresa.

—Hola Lilu —le dijo con una sonrisa.

Lily se acercó sin dudarlo y la abrazó con fuerza. El olor de grosellas que siempre la envolvía le transmitió de nuevo una alegría que hacía tiempo que no sentía, la trasladó a momentos donde se recordaba terriblemente feliz, un tiempo sin preocupaciones, sencillo y sobre todo sincero.

—¿Cómo estás? —le preguntó, una vez se separaron de su abrazo— Hugo no me dijo que estarías.

—Bien —contestó la que una vez fuera su mejor amiga—, ha sido cosa de último momento, he venido a visitar a mi padre unas semanas. ¿Y tú? ¿Cómo estás?

—Bien —se llevó la mirada a sus manos, y empezó a jugar con el anillo de su mano derecha—, Scorpius y yo nos separamos. Estoy viviendo en casa de mis padres en Longbourn, ¿te acuerdas?

—Claro, siempre te gustó mucho esa casa —sonrió obviando completamente la parte de que volvía a estar soltera. Lily se preguntó si lo había hecho a drede.

Contempló a su amiga con detenimiento, no había cambiado mucho, diría que estaba más delgada de lo que recordaba. Los pómulos se le marcaban en su cara redonda. Pero su mirada negra seguía igual de penetrante que siempre.

—¿Hace mucho que has llegado? —le preguntó de nuevo Lily, rompiendo el silencio.

—Una media hora, ¿por?

—Vámonos de aquí.

No esperó respuesta de la chica y simplemente cogió una de las botellas de vino que reposaban sobre la encimera y la cogió de la mano y juntas desaparecieron de una fiesta en la que ninguna de las dos parecía tener ganas de estar.

Norah no opuso resistencia y no paró de reír todo lo que duró el camino por entre las calles del centro de Londres hasta dar con la orilla del río Támesis. Dejando el London Bridge tras de sí, pasearon contándose la vida, rellenando los huecos que habían dejado los casi cinco años de distanciamiento entre ellas.

—¿Sabías que Sybill se casó? —le dijo Norah entre risas, mientras le daba un sorbo a la botella escondida debajo de la bolsa de papel.

—¿Qué? ¿Con quién? —se sorprendió Lily llevándose las manos a la cabeza— ¿Con el panoli de Timmy O'Riley?

Norah negó con la cabeza entre risas tendiendole la bebida.

—Le dejó nada más salir de Hogwarts por un chiquillo muggle de su pueblo. Tres hijos tienen ya.

—¡¿Qué?! —Repitió Lily totalmente sorprendida. No se lo podía creer.

¿Tanto tiempo había pasado desde que se vieran por última vez? ¿Desde que supieran las unas de las otras?

Lily pensó en la tierna Sybill que las seguía a todos los lados como un perro faldero, que no era la más agraciada ni tampoco la más lista pero que era divertida a rabiar. Que a pesar de ser tímida, en la intimidad tenía un sentido del humor de lo más surrealista.

Jamás hablaron de esos temas cuando estuvieron en Hogwarts. Siempre se preguntaban qué serían de mayores, a qué se dedicarían y dónde vivirían. Pero lo de la familia era un tema demasiado a largo plazo como para siquiera planteárselo.

—Guau, me has dejado muy flipada —repetía sin terminar de creérselo, la tierna Sybill siendo madre y ella aún no sabiendo qué se prepararía de comer al día siguiente—. Me siento una amiga horrible, ¿seguís en contacto?

—No te tortures Lilu —la tranquilizó Norah pasándole un brazo por los hombros—, Sybill también se alejó cuando decidió formar su familia, nos carteamos de tanto en tanto, pero ni siquiera conozco a su marido.

—Siento haberme distanciado —le contestó, parándose y volviéndose para mirarla—. Eres la única amiga que he tenido Norah.

Norah la miró a los ojos, con esos tremendos ojos negro que podían mirar tan adentro de ella.

—No digas tonterías —le restó importancia, con algo de nerviosismo en la voz— ¡La popular Lily Luna Potter! Todo el mundo quería ser tu amigo en el colegio.

—Pero sabes que nadie lo era, Norah. Solo os tenía a ti y a Sybill.

Norah la seguía mirando, apretó los labios en una fina línea, y arrugó la nariz.

—No sé qué quieres que te diga Lily…

—Me porté como una mierda contigo Norah —continuó diciendo sin dejar de mirarla.

Su amiga seguía siendo unos centímetros más alta que ella por lo que tenía que levantar la cabeza para poder clavarle la mirada.

—Merlín Lilu —se compadecía Norah—, no has cambiado nada ¿verdad?

—¿Qué quieres decir? —preguntó incrédula Lily.

Norah no contestó, le cogió por el mentón y posó sus labios en un tierno y casto beso sobre los de Lily.

—Porque eres peligrosa Lilu, siempre lo has sido —contestó finalmente, una vez se hubieron separado.

Norah siguió caminando sin esperarla y sonriéndose, adelantó el paso y siguió el camino de su amiga hasta alcanzarla.

Tras aquella noche, y mientras Norah seguía de visita en casa de su padre durante todo el mes de enero, Lily y ella se veían a menudo. Cualquier excusa era buena para quedar, ni siquiera tenían que hablar o hacer algo estrafalario, solo la presencia de la otra era suficiente para animarles el día.

Eso, de que parecía más feliz se lo dijo su hermano mayor cuando fue a verla pasadas dos semanas desde que se reencontrara con Norah. Y tampoco pasó desapercibido para sus padres que la andaban atosigando desde que se mudara a Longbourn sola.

La verdad es que Lily se había dado cuenta y en cierto grado la asustaba porque sabía que Norah no estaría para siempre, que volvería en algún momento a Ámsterdam, donde tenía su trabajo como maestra en pociones en un laboratorio industrial. Además, que tampoco tenía claro lo que sentía por ella, pues que se sintiera tan a gusto a su lado no quería decir nada.

Lo cierto es que desde la primera noche en la que compartieron ese casto beso, las muestras de cariño no habían ido más allá de los abrazos largos y pasear juntas de la mano, tampoco es que Lily tuviera claro qué sentía, estaba segura de que la quería muchísimo, también sabía que le atraía, pues siempre lo había hecho; pero no dejaba de preguntarse si era suficiente. Si todo lo que ella pudiera sentir bastaba para dar un paso más allá.

Norah fue a verla una noche, le quedaban pocos días en Inglaterra y le había prometido pasar una noche en Longbourn con ella. Lily estaba abriendo la segunda botella de vino cuando su amiga le hizo una pregunta que la sorprendió.

—¿Has vuelto a ver a Scorpius? —comentó casual, como si nada.

Pero no era para nada un comentario casual. Norah había obviado ese tema por completo desde que se reencontraron. No había querido saber nada de él, ni de su ruptura. Tampoco de su vida con él, si habían sido felices o no... Había hecho como si en la vida de Lily no hubiera existido.

—No, ¿por qué?

—Mera curiosidad —contestó a lo que Lily le arqueó una ceja—. Es cierto, siempre me habéis intrigado muchísimo Lilu, sois tan diferentes. Si te soy sincera, jamás di un sickle por vosotros.

Lily no contestó, y se limitó a apretar los labios en una fina línea. Era la primera vez en mucho tiempo que Norah le hablaba así, tan directa y dura.

—No me tomes en serio —añadió medio sonriendo, intentando suavizar su comentario anterior—. Son los celos que hablan, m-me gustabas mucho Lily —jugueteó con su copa mirándose las manos sin atreverse a mirarla—, no podía soportar que le hubieras escogido a él, que te hubieras podido enamorar tan fácil de él y… —No terminó la frase y exhaló fuerte, alzó la mirada sonriendo y negando con la cabeza— Chiquilladas Lilu, no tiene importancia —sentenció tras lo que bebió un largo trago de su copa.

Lily se aclaró la garganta, antes de contestarle.

—Claro que tiene importancia Norah —alargó la mano sobre la mesa y buscó las suyas que seguían jugueteando con la copa, y les dio un apretón—, yo me porté fatal contigo, ya te lo dije la primera noche que nos vimos. Siento muchísimo como te traté. Pienso mucho en lo que podría haber sido, en qué hubiera pasado si lo hubiéramos intentado.

—Lily —la cortó, retirando las manos de su apretón—, tengo que confesarte una cosa: Estoy saliendo con alguien en Ámsterdam y estamos muy enamoradas.

Acto seguido, Lily retiró sus manos y las posó en su regazo, había fruncido el ceño y la miraba perpleja. Sus palabras impactaron en ella como una bofetada. Norah ni siquiera había dejado que Lily le confesara sus sentimientos, en cuanto había visto hacia donde iba la conversación la había frenado en seco. Por otro lado, también le sorprendía porque Norah no había hecho más que alentar sus sentimientos, pues si ella no sentía nada, si estaba comprometida con otra persona, ¿por qué la había besado al lado del Támesis?

—Estoy muy confundida —se explicó su amiga llevándose las manos a la cara—, tendría que habértelo dicho antes.

—Tampoco tendrías que haberme besado —contestó con tono airado Lily, convirtiendo su sorpresa en enfado.

—Lilu… —se lamentaba su amiga sin decir nada más.

—No, Norah, dime a qué viene todo esto. Por qué, si estás saliendo con alguien de la que dices estar enamorada, por qué me besas, por qué paseas conmigo de la mano, me confiesas cosas tan íntimas… —Lily se levantó frustrada y empezó a dar vueltas por la cocina sin terminar la frase— No tengo muchas amistades Norah, pero tampoco soy idiota, lo que compartimos… No es como se tratan las amigas —sentenció parándose en seco y mirándola a los ojos desde arriba.

—Tienes razón —admitió quitándose las manos de la cara—, debería habértelo dicho antes, pero me asustaba muchísimo decírtelo. Creo que no puedes hacerte una idea de cómo me rompiste el corazón, ¿crees que me fui porque quería vivir en otro país? ¿Crees que sólo te alejaste tú?

»No soportaba verte con él —continuó diciendo, ahora casi enfadada, mientras también se levantaba de la mesa y apoyando las manos sobre la madera, encaraba a Lily—, ni lo asquerosamente felices que erais y lo ajeno que era para ti todo lo que no estuviera dentro de vuestra burbuja. Estás tan jodidamente centrada en ti misma, absorta en tus malditas tribulaciones, siempre tan egoísta y caprichosa, que eres incapaz de empatizar con nadie que no seas tú misma. Jamás entendí cómo te soportaba Malfoy.

Lily pestañeó con fuerza y resopló sonoramente, hervía de rabia. No le iba a tolerar a nadie que le hablara así, y menos en su maldita casa.

—Vete a la mierda Norah —contestó casi escupiéndole—, qué tendrá que ver eso con que no has sido sincera conmigo. Teníamos diecisiete años, han pasado casi diez años, supéralo y enfréntate a lo que sientes, porque creo que no puedo ser más directa contigo.

—¿Yo? ¿Enfrentarme yo a mis sentimientos? —Norah se reía sonoramente, se le había acercado, estaban a milímetros de distancia, y la posición de la chica hacía parecer que en cualquier momento pudiera soltarle un guantazo— ¿Pero quién te crees que eres Lily? ¿Cómo puedes decirme eso estando aquí? ¿Después de haber huido como una cobarde? Revisa tus propios problemas antes siquiera de mencionar mi nombre en tus labios.

—¿De qué estás hablando? —le retó de nuevo enfurecida.

—Las dos sabemos por qué estás aquí, y si no lo sabes es que estás más perdida de lo que pensaba.

Tras aquello Norah no medió más palabra y se marchó. Lily tampoco hizo por retenerla. Hacía mucho tiempo que no discutía así con nadie, y todo lo que había dicho se le revolvía en la garganta como si fuera a devolver todo el veneno que se le había quedado por soltar. Pensó en las discusiones con Scorpius y lo diferentes que eran y recostada en la cama le echó muchísimo de menos, sus abrazos que la envolvían cuando después de haberse calentado tanto se quedaba fría y solo el calor de él conseguía tranquilizarla de nuevo.

Aquella noche lloró muchísimo. Por lo que pudo ser y no fue. Ni siquiera todo lo que le había dicho Norah le caló, solo podía pensar en la desazón que la consumía por dentro.

A la mañana siguiente, recibió una carta de Norah suplicándole que se vieran, que se marchaba y no quería que las cosas quedaran tan rotas entre ellas. Más relajada, Lily consintió y la tarde siguiente se vieron en un pub cualquiera.

Norah le pidió disculpas, Lily hizo otro tanto. Norah le habló de la mujer que la tenía embelesada, y Lily le prometió ir a visitarla en verano. Cuando Lily creía que ya no podían decirse nada más, su amiga habló:

—Scorpius era un buen tío, no llegaste a decirme por qué rompisteis.

Lily hizo una mueca antes de contestar, Norah le apremió con la mirada.

—Es complicado, cuando estás tanto tiempo con una persona… Me sentía ahogada, sentía que era muy joven para vivir la vida que estaba viviendo. Y tú misma lo dijiste, somos tan distintos, nos enfrentamos a las situaciones de manera totalmente opuesta. Sé que Scorpius quería más pero no podía dárselo. Sé que le iba a defraudar.

—¿Puedo serte sincera, y no quiero que te enfades? —Lily asintió— Siempre me ha sorprendido lo creído que lo tienes y lo poco que te lo crees. Eso era a lo que me refería ayer.

Lily la miraba incrédula, si Norah esperaba que dijera algo antes de continuar no lo pareció, porque tras sorber de su vaso, añadió en seguida.

—El hecho de que Scorpius esté loco por ti después de tanto tiempo, lo fuertes que parecen vuestros sentimientos… ¿Realmente crees que no podríais haber superado nada? Todo el mundo habló de vosotros en la fiesta. Merlín hasta yo sé que volveréis. Sois —dudó antes de continuar— la pareja perfecta por antonomasia.

—Norah… —le advirtió Lily.

—No escúchame Lily —la cortó—, sé que todas las parejas pasan por altibajos. Y evidentemente nada es para siempre, si no te dije nada sobre que estaba saliendo con alguien era porque vi en ti de nuevo la Lily de la que me enamoré en el colegio —Norah le sonrió con ternura—, cómo me mirabas, lo bien que nos lo pasábamos juntas… —apartó la mirada antes de continuar— Pero en el fondo sabía que tu corazón es de otro Lilu, y aunque una parte de mí quería creerte, creer todo lo que me estás diciendo era verdad, sé que no estás con Scorpius ahora mismo porque estás aterrada.

Lily se irguió sobre su asiento y abrió la boca para rebatirle toda su argumentación, pero se encontró incapaz de añadir nada y Norah continuó con su discurso.

—Siempre te ha dado miedo ser diferente, defraudar la opinión que tienen los demás de ti, siempre has destacado y siempre te ha dado miedo hacerlo. Por eso no eres jugadora profesional de Quidditch, por eso te escondes en la seguridad de Longbourn, por eso te marchaste de Wiltshire, porque Rose va a tener un hijo, porque James se ha casado y Albus va a ser una maldita eminencia.

Esta vez Lily no hizo el ademán de rebatirle, las palabras de Norah estaban siendo de lo más contundentes, y no sabía si era capaz de procesarlo todo en ese momento.

—Lo entiendo —añadió finalmente—, creo que está bien que hayas decidido darte tiempo para ti, decidir qué es lo que quieres. Saber estar sola es importante. Pero no te engañes demasiado Lilu, la vida es demasiado corta para ser infeliz.

Tras aquello se despidieron, Lily fue incapaz de mediar más palabras y no volvieron a verse hasta el verano siguiente, como le había prometido. Aunque sentía cierto rencor hacia su pequeño engaño, aquel verano con ella y su novia fue maravilloso. El tiempo había curado las heridas, y lo sentimientos encontrados que sentía por su amiga se desvanecieron al comprobar lo enamorada que estaba su amiga, cómo había pasado página y había sido capaz de rehacer su vida en un país diferente, con cultura e idiomas diferentes.

Ante eso sentía envidia, mucha, más de la que pudiera soportar. Pero un mes con ellas le bastó para dejarle con la miel en los labios y la sensación de que casi había formado parte de algo más.

Cuando volvió de las vacaciones, sabía que era la misma y sin embargo, sabía que muchas de las cosas que pensaba que formaban parte de quien era, ya no lo eran tanto.

—seis: apertura—

El rumor llegó a sus oídos por su propia familia. Ni siquiera había tenido tiempo de descalzarse en La Madriguera, cuando escuchó a la abuela Molly cuchicheando con su madre y sus tíos Ron y Hermione.

—Pues dice Rosie que es muy guapa —escuchó decir a su tía en la cocina.

—Y de muy buena familia —añadió Ron—, Malfoy debe estar contento.

Escuchar su nombre en boca de sus tíos la sorprendió, se acercó sin hacer mucho ruido esperando recabar algo más de información.

—Ronald —se quejó su tía Hermione y creyó escuchar lo que parecía un manotazo— no digas eso.

Se quedó mudo cuando vio que su sobrina entraba por la puerta, el aire se podía cortar con un cuchillo y con una capacidad de otro mundo para cambiar de tema y evitar una conversación incómoda su abuela se abalanzó sobre ella y la abrazó mientras le recriminaba de paso que no hubiera ido a visitarlos antes.

Vio como su madre le sonreía en la distancia con un deje apenado en la mirada. Parecía que se disculpaba del comportamiento de su propia madre.

Tras la copiosa comida familiar donde estaban solo los mencionados, su madre y ella se marcharon al mismo momento por lo que Ginny aprovechó para hablar con ella antes de despedirse.

—¿Cómo estás? —le preguntó— ¿Estás a gusto en Longbourn tu sola?

—Estoy bien mamá, de verdad. Voy a hacer las pruebas para los Hertford Heros en mayo, para hacer la pretemporada con ellos.

—No sabía nada —exclamó su madre con una sonrisa tras lo que se acercó a abrazarla con orgullo.

—Quiero dedicar mis últimos años a intentar ser profesional —se sonrojó tras explicarse—, pero no se lo digas aún a papá, quiero decírselo yo.

—Oh cariño, no sabes cuánto me alegra oír eso —musitó casi para sí misma—, podría ayudarte a entrenar. Si quisieras claro.

Tras aquello, Lily y Ginny se comprometieron a entrenar para las pruebas y con ello Lily consiguió que su madre obviara por completo el tema de que su ex pareja parecía estar rehaciendo su vida con otra bruja.

Pasados unos días, su hermano James la visitó y también le dio más información al respecto, pues recientemente se había cruzado con el rubio y fue entonces cuando Lily supo que era una chica extranjera, francesa nada menos, de una familia noble parisina, con título nobiliario incluído y una sangre que hedía pureza. James le dijo que Scorpius parecía incómodo hablando del tema a lo que Lily le respondió:

—¿Y qué te hace pensar que a mí no me resulta incómodo? —se enfureció.

—Supéralo Lilu —le recriminó su hermano sin alzar la voz—, le dejaste hace más de dos años. El pobre tiene derecho a rehacer su vida.

—Y yo tengo derecho a que dejéis de darme la tabarra con el maldito Malfoy.

Su hermano no volvió a sacarle el tema, pero allá donde fuera había algo que le recordaba a él. Se preguntaba cómo era posible, que después de tanto tiempo, después de creer que lo tenía más que superado, le siguiera echando tanto de menos. Se le partía el corazón solo con pensar que Scorpius estaba rehaciendo su vida, que otra mujer ocuparía el hueco entre sus brazos y su cuello, que otra persona podía hacerle sentir lo que ella le había hecho sentir.

Nuevas dudas se implantaron en ella, unas dudas que pensaba haber disipado después de su visita a Norah Thomas pues había decidido una vez por todas dar carpetazo y emprender algo que la motivara, ya fuera el quidditch o salir a divertirse.

Era sábado cuando esperaba a su tío Bill en la entrada de Gringotts, su madre le había pedido que llevara unos documentos que necesitaba el mayor de los hermanos Weasley, con tanta casualidad que el destino la juntó de nuevo con los Malfoy. Esta vez con el señor Malfoy.

Dos años habían pasado desde que le viera por última vez, de hecho, tras la ruptura, Lily no había vuelto a saber nada de ellos. A Scorpius le había visto en contadas ocasiones en alguna reunión familiar pero el intercambio de palabras no había pasado de la cordialidad.

Por eso cuando vio una cabellera rubia platina acercársele, Lily quiso que la tragara la tierra. Hubiera dado todo lo que tenía porque Draco pasara de largo a su lado, porque no la reconociera o simplemente evitara su presencia como siempre había hecho.

—Lily Potter —dijo cuando estuvo a su lado con una tremenda sonrisa en los labios, si la chica no le conociera bien hasta diría que estaba contento—, dichosos los ojos.

—Hola Malfoy —sonrió de vuelta ella una vez se vio sometida a saludar el que había sido durante tantos años su suegro—, cuánto tiempo. ¿Cómo estás? ¿Cómo está Astoria? Me dijo mi madre que no andaba muy fina de salud.

—Muy bien, de hecho Astoria parece que se está recuperando bastante bien con la nueva pócima —le explicó, pero Lily pudo apreciar que Draco no quería hablar del tema—. Y tú, ¿cómo estás Lily?

Aquella conversación no podía ser más bizarra, no podía entender en qué momento Draco Malfoy había decido que ella le caía bien y que se iba a interesar por lo que podía hacer con su vida.

—Bien, voy a hacer las pretemporada con los Hertford Heros y estoy entrenando mucho, no tengo tiempo para mucho más —explicó con nerviosismo sin saber muy bien por qué, como si tuviera que justificar su falta de trabajo ante una persona que en un principio debería importarle poco— ¿Cómo está Scorpius?

La pregunta salió de su boca antes de que realmente pudiera pensarlo dos veces. La realidad era que tenía mucha curiosidad y había una parte muy grande que se moría por saber qué podía decir su padre de él.

—¿Scorpius? —se sorprendió su padre, como si no tuviera un hijo con ese nombre— Ya sabes, trabaja demasiado, cada vez le vemos menos… Vive en Londres, no sé si lo sabías, nos gustaría que volviera cerca de casa, pero ya sabes…

No añadió nada más. Lily asintió, suponía que tenía más que ver con que Wiltshire le recordaba a ella y todo lo que habían vivido juntos, pues ella también había huído de Londres en cuanto había podido. Se mordió el labio antes de indagar de nuevo.

—Me dijo James que sale con alguien, me alegro por él —sentenció, no sabiendo muy bien por qué, pero sentía la necesidad de hacerle saber a Draco que a ella, hablar de Scorpius no le dolía—. Espero que estéis contentos con vuestra nueva nuera.

Draco levantó el labio superior en una mueca de desagrado, parecía sorprendido por el cambio de tono que estaba cogiendo la conversación. Lily sabía que a él nunca le había gustado, sabía que no tenía nada contra ella y sin embargo no le parecía lo suficiente para su hijo, y Lily no perdía oportunidad en hacérselo saber al que durante muchos años fue su suegro.

Lo que le dijo él a continuación la descolocó.

—Te queríamos mucho Lilu —dijo, utilizando ese mote cariñoso que tenían reservado sus amigos y familia—, Astoria te tiene en alta estima, y yo también. Espero que no pienses que nos alegramos cuando decidiste terminar la relación —sus palabras venían acompañadas de su semblante duro y una mirada severa, sin duda sabía de dónde lo había sacado su hijo—. Scorpius se quedó totalmente destrozado cuando te marchaste.

—Llámalo alivio Draco —le replicó Lily, llamándole por su nombre, y rodando los ojos se cruzó de brazos, evitando la mirada del mago.

—Nunca he pensado mal de ti ni de tu familia —volvió a insistir—, queremos a Albus como a uno más y a ti Lily, pese no lo creas, también. Vuestra generación está acostumbrada a tenerlo todo, y el respeto se gana con esfuerzo y dedicación. Y si hay algo que no voy a tolerar es que una niña caprichosa como tú me falte al respeto de esta manera. Sé que tu padre te ha educado con unos valores muy diferentes.

Lily le iba a reprochar de nuevo, no iba a tolerar que mencionara a su padre delante de ella, de hecho se dio cuenta de que estaban empezando a alzar la voz, cuando su tío Bill se acercó a ellos.

—¡Draco Malfoy! ¿Cómo estás? —les interrumpió su tío— ¡Cuánto tiempo!

—Bien Bill, me alegra verte. Ha sido un placer Lily, espero verte jugar la próxima temporada contra Wiltshire —se despidió el rubio, tras lo que se dio media vuelta y entró en el edificio que albergaba el banco.

Lily asintió y le observó marcharse y procuró cambiar la cara de pocos amigos por una más afable el rato que estuvo en la compañía de su tío.

Pasados unos días, cuando pensaba que había tenido demasiadas conversaciones con cabelleras rubias plateadas, otra se presentó en su puerta.

Aún era verano, pero decir que por las noches refrescaba era quedarse corto. De hecho había estado todo el día nublado y el cielo amenazaba con ponerse a llover en cualquier momento. Se apareció en casa tras una tarde agotadora de entrenamiento. En el jardín delantero la estaba esperando Scorpius, sentado en las escaleras de la entrada, con las manos apoyadas en las rodillas, parecía abatido y Lily hubiera jurado que el que acababa de llegar de entrenar era él.

—¿Scorpius? —el chico levantó la cabeza— ¿Qué haces aquí? ¿Está todo bien?

—Lilu —dijo simplemente, forzando una media sonrisa y mirándola con una ternura que hacía muchísimo tiempo que no veía en él.

Lily le instó a entrar con ella y le pidió que se sintiera como en casa mientras ella se duchaba pues el chico parecía tener mucho que decirle, pero no soltaba prenda. Cuando volvió al salón, estaba vacío y Scorpius le esperaba en la terraza, donde ella y su madre acostumbraban a tomar el té las tardes de verano.

—Hola —musitó de nuevo Lily mientras se sentaba a su lado y se abrigaba bien asiendo las solapas de la sudadera que llevaba sobre el pijama—, ¿vas a decirme qué pasa Scorpius?

El rubio la miró en silencio antes de contestar serio y frío, con ese tono que siempre le había caracterizado.

—Yo no quería esto Lilu, yo te quería a ti. ¿Por qué me dejaste? ¿Por qué desde que estoy saliendo con alguien no hago más que escuchar tu nombre? —Lily inspiró con intensidad y apretó los labios con fuerza y esperó a que Scorpius terminara— ¿Por qué le dijiste esas cosas a mi padre?

Lily rezongó por un instante con una mueca de desagrado. No es que cuando le viera en su puerta no pensara que pudieran acabar teniendo una conversación similar, sin embargo no por ello la hacía más agradable. Si lo pensaba detenidamente, no sabía exactamente qué mosca le había picado para decirle todas esas cosas a Draco Malfoy y aún así lo había hecho.

—Tu padre me saca de quicio —se limitó a contestar, mirando al techo del porche.

—Vete a la mierda Lily —le contestó casi escupiéndole. Jamás utilizaba ese nombre para referirse a ella, así que pensó seriamente que de verdad debía estar enfadado.

Scorpius se levantó airado de la silla y empezó a dar vueltas por la madera del porche.

—Mira, lo siento Scorpius —intervino Lily, algo avergonzada—, siento mucho haberle dicho todas esas cosas a tu padre, siento muchísimo que toda mi familia nos tenga en la boca solo porque estás saliendo con alguien —se quedó en silencio de repente y concluyó: Lo siento, de verdad.

Aunque el semblante de Scorpius se relajó, Lily sabía que seguía enfadado. Las cosas que no entendía siempre le habían frustrado y ella siempre se había jactado de ser un enigma para él, y hoy más que nunca, hubiera preferido no serlo.

—Hablaré con mi familia —añadió—, te mereces ser feliz después de todo lo que hemos pasado.

Scorpius la miró con escepticismo, y dejó unas últimas palabras antes de levantarse e irse sin esperar respuesta.

—Hubiera preferido ser feliz sin tener que sufrir tanto.

Tras aquello, las semanas pasaron largas y a pesar de que estaba centrada en sus entrenamientos, no podía evitar revivir la conversación con Scorpius una y otra vez en su cabeza, estaba despistada y eso su madre lo notaba. Tras el enésimo desequilibrio sobre la escoba, su madre le instó a terminar la sesión, y sólo cuando estuvieron en tierra firme, la abordó.

—¿Vas a contarme qué te pasa? —Le preguntó arqueando una ceja.

Lily arrugó la nariz y pensó que estaba muy cansada de llevar tan adentro sus emociones, que la pena y el dolor la iban a consumir si eso no lo sacaba fuera.

—Scorpius vino a verme —sentenció Lily sentándose en el porche de su casa. Ginny se sentó a su lado en silencio—, supongo que no es lo que esperabas.

—¿De qué hablasteis?

—Puede que hubiera tenido un encontronazo con Draco Malfoy previamente.

—Lily…

—Ya, ya lo sé —la cortó su hija—, sé que no debería haberlo hecho. Pero no lo soporto.

—¿El qué, cariño?

—Que siga siendo la misma persona, que sus hábitos sean los mismos, que siga en ese trabajo que odia, que salga con la chica que sus padres querían.

—¿Y qué tiene que ver contigo?

—Siempre creí que yo era la causa de que él fuera quien era, que nos habíamos acomodado en ser quiénes éramos y que si nos separábamos íbamos a poder alcanzar todas esas cosas que siempre habíamos dicho que queríamos ser —Lily se llevó las manos a la cara y comenzó a sollozar.

—Oh Lilú, cielo —su madre la abrazó con ternura, mientras le acariciaba el cabello—, me temo que la vida y las relaciones no funcionan así.

—Soy una caprichosa mamá —se lamentó de nuevo entre sollozos—, me he dado cuenta de que sigo sintiendo muchísimas cosas por él solo porque ahora veo que es real, que él ha rehecho su vida y que yo ya no estoy en ella.

—Los motivos por los que rompisteis me parecen de todo menos caprichosos. Conociendo a Scorpius como le conocemos, creo que aún siente cosas por ti, habéis pasado mucho tiempo juntos. El hecho de que haya rehecho su vida no significa que no pueda estar en la tuya, quizás podríais intentar volver a ser amigos.

Ginny se marchó dejándole un sabor agridulce en la boca, aunque reflexionando fríamente creía que era un buen paso por el que empezar.

Escribió una larga misiva, en la que le rogaba, casi suplicando, que la perdonara. Ya no por los últimos acontecimientos, sino por todo, por haberle tenido tanto miedo, por haber pensado que anteponiéndolo a él, estaba liberándole de ser infeliz a su lado. Por haberse asustado por el futuro y lo difícil de hacerse adulto. Que esperaba que, si no ahora, en un futuro pudiera perdonarla y retomar de alguna manera la relación, del tipo que fuera, porque sentía que necesitaba tenerle en su vida de la forma que fuera.

Tras aquella carta, se siguió una contestación del rubio, en la que aceptaba las disculpas pero que no estaba en situación de perdonarla de momento. Y de momento, eso a Lily le bastaba.

Se produjo el otoño y tras él, llegó el invierno. Las Navidades fueron extrañas, el abuelo Arthur no estaba muy bien de salud, y la abuela Molly no daba a basto. Toda la familia se comprometió en verse, pero lo hicieron a cuenta gotas. Sin darse cuenta, estaba de nuevo en el campo de Quidditch y otro año le había pasado por encima.

No había vuelto a saber de Scorpius desde Diciembre, cuando se vieron en una de tantas reuniones de amigos en común. Aunque habían tenido una conversación cordial, dónde él la había puesto al día sobre su trabajo y también la había felicitado por haber entrado en el equipo Lily había sentido que de haber estado a solas, como en sus cartas, se habrían contado muchas más cosas, le notaba radiante, muy feliz y a pesar de que le dolía en el corazón, también sentía alegría por saber que de una vez por todas estaban preparados para pasar página.

Se mentiría a sí misma si se dijera que no esperaba ver a Scorpius en la fiesta que celebraban Monica y James por el embarazo que recientemente habían anunciado a toda la familia y del que estaba previsto que salieran de cuentas en verano. No era menos cierto tampoco que Lily temía que su novia pudiera aparecer en escena, pues todavía no estaba preparada para verle de la mano de otra persona.

En la casa de su hermano mayor había muchísima gente, Lily iba vestida con su mejor sonrisa pero su mirada no hacía más que dirigirse hacia la puerta de la entrada esperando ver una cabellera plateada entrar por el marco.

—No va a venir —le susurró su cuñada con una mano sobre su barriga más o menos sobresaliente.

Lily se sobresaltó y se hizo la sueca, ella no esperaba a nadie.

—La francesa y él han roto.

El corazón de Lily dio un vuelco y algo se le retorció en el estómago. Lily alzó una ceja esperando que su cuñada le proveyera con más información pero James requirió de la presencia de su mujer en la habitación dejando a la pequeña de los Potter totalmente anestesiada con la información que acababa de recibir.

Sin despedirse de nadie se colocó el abrigo y la bufanda y salió a la humedad de la noche de Londres. Respiró profundamente antes de aparecerse en Wiltshire con el corazón en la mano.

Le conocía lo suficientemente bien como para saber que ese era el sitio donde iba a refugiarse, que odiaba Londres con toda su alma y que era demasiado orgulloso como para volver a casa de sus padres. No sabía si el hecho de saber que había acertado al ver las luces encendidas de la casa en la que una vez vivió la reconfortaba o la aterraba soberanamente.

Antes de abrir la verja, dudó un instante y se preguntó qué estaba haciendo. ¿Acaso no le había bastado todo lo que habían pasado? ¿Por qué sentía esa necesidad imperiosa de complicarse la vida? ¿Qué diantres estaba haciendo allí y qué esperaba conseguir presentándose así cual bruja desesperada en su casa? ¿Y si no estaba solo?

Se dio la vuelta, y emprendió el camino hacia su casa, intentando olvidar de su memoria que una vez estuvo allí.

Pasaron dos meses antes de volver a encontrarse. De manera fortuita. Por cosas del destino. Estaba a punto de salir del Ministerio, tras haber almorzado con su padre aquella mañana de abril, cuando una melodiosa voz a sus espaldas la sacó de sus ensoñaciones.

—¿Lilú? —preguntó Scorpius vestido aún con su capa negra hasta los pies del Wizengamot.

Lo cierto, y pese a que era su uniforme de trabajo, se le hacía muy raro verle vestido así en el Ministerio, pues el único recuerdo que ella tenía de esa capa pertenecía a Wiltshire. Tras el shock inicial Lily hizo el ademán de saludarlo dándole un tierno abrazo, que él le devolvió con la misma intensidad.

—¿Cómo estás? —le preguntó Lily con algo de nerviosismo mientras aún degustaba el olor de su perfume en sus fosas nasales. ¿Era capaz todavía de darse cuenta de lo nerviosa que le ponía?

—Bien —se encogió de hombros—, hoy salgo pronto. ¿Y tú?

—Salía también, he venido a almorzar con mi padre.

Scorpius asintió sin añadir nada más. Merlín, las ganas que sentía Lily de hablar con él, saber cómo estaba, qué había estado haciendo… Impulsivamente la chica habló antes de que el silencio les abocara de nuevo a la separación.

—¿Estás libre ahora? ¿Tienes tiempo para tomarte un café?

El brillo en los ojos del chico no le pasaron desapercibidos a Lily que sonrió con emoción tras verle asentir de nuevo. Salieron juntos al día nublado de Londres y mientras caminaban por las calles repletas de muggles, Lily se sentía de nuevo en el colegio. Le sudaban las manos, y el corazón le palpitaba con fuerza.

Scorpius le contó que se había mudado de nuevo a Wiltshire, que procuraba trabajar menos porque su madre no estaba bien de salud pero no mencionó nada sobre la francesa.

—¿Puedo hacerte una pregunta? —inquirió el rubio, mientras daba vueltas al café. Lily asintió— ¿Estuviste en mi casa en Febrero?

—¿En Febrero? —repitió ella.

—Sí, en Febrero, el día de la fiesta de James y Monica.

Lily tragó saliva. Un calambrazo le recorrió de arriba a abajo, no podía contestar. Lo que sentía no era solo miedo a todos los reproches que él pudiera hacerle, sino vergüenza porque él supiera o llegara a adivinar una mínima parte de lo que aún sentía por él.

—¿Rompiste con aquella chica? —respondió intentando evitar la respuesta que no quería darle.

—No me has contestado —se lo dijo afable, casi riendo, sin un ápice de aquel rencor con que la visitara una noche de verano.

—Supongo que no —se encogió de hombros—, ¿por qué necesitas que te responda si ya lo sabes?

—Porque quiero escuchártelo decir —dejó la cucharilla sobre la mesa, e hincó los codos sobre la mesa prestándole toda la atención del mundo. Lily se ruborizó apartando la mirada, frotándose sus palmas sudorosas mientras algo en el estómago se le revolvía.

—Entonces sí —contestó levantándole la mirada de nuevo.

Scorpius la observó meticulosamente, parecía que en la cara pálida pero ruborizada de Lily estaban todas las respuestas a todos los problemas del mundo. Tras rumiar unos instantes en silencio, como si intentara averiguar si le había mentido o no, Scorpius habló de nuevo.

—Entonces puedo decirte que sí, rompí con ella porque no estaba preparado para querer a alguien de nuevo —respondió sólo entonces a su pregunta—. No como te quise a ti al menos —añadió.

Lily no podía dejar de mirarle, hubiera saltado encima de la mesa y le hubiera agarrado por esa cara de travieso, y le hubiera besado hasta dejarle extasiado. Le hubiera mordido los labios y hubiera gemido en su boca mientras le acariciaba entero como hacía tiempo que deseaba acariciarle.

Sin embargo, permaneció quieta.

Y pensó seriamente en todo aquello de que el amor no les había bastado entonces.

Pero que puede que ahora sí fuera suficiente.

Porque puede que ella fuera una caprichosa, que se había rendido siempre ante lo fácil. Porque lo más sencillo había sido abandonarse a la infelicidad, a la queja continua, a las bajas expectativas, a la falta de ambición.

Y lo difícil había sido fijar sus objetivos como jugadora de quidditch, sabiéndose poco excepcional, tirando a mediocre.

Porque lo difícil iba a ser meterse de nuevo en una relación llena de compromisos, con un hombre al que sabía que quería con locura, y del cual conocía todos sus defectos.

Estaba empezando a entender que la felicidad había que trabajarla, que era un modo de vivir y no una meta.

Lily estaba trabajando en ello.


N/A: He dicho alguna vez que se me dan mal los finales?

Este fic surgió mientras escribía «El chico que adoraba los dragones», que Scorily me dejó un poco enamorada. Como todo, tenía que ser una historia corta, al rededor de los 5k pero evidentemente se me fue de las manos, se ha vuelto ridículo editar este archivo, me desentiendo totalmente de erratas, diálogos apresurados y tramas inconexas. Comentar empecé a escribirlo estaba en una situación sentimental completamente diferente a la que me encuentro ahora, por lo que a pesar de tenerlo casi terminado, me ha costado en torno a casi un año escribir las 4k palabras de la última parte, y necesitaba sacarlo ya fuera. En fin xD.

Por lo que respecta a comentar del fic solo aclarar que el título "Caprici" es la traducción de Capricho en catalán.

Por lo demás, espero que os haya gustado tanto como a mí me ha servido de terapia. Siempre encantada de leer vuestros comentarios.

Con cariño,
Clara