Disclaimer: Los personajes que reconozcáis y el universo le pertenecen a JK Rowling. La historia es mía. No obtengo beneficios económicos al escribirla.
Capítulo 1.
Estaba soñando algo. Algo bueno, algo agradable... De eso estaba seguro. Cualquier sueño que tuviera sería mejor porque Voldiepants no podía meterse en su cabeza nunca. Ni en la suya ni en la de nadie más.
Él había estallado y el lugar en el que había muerto estaría por siempre ennegrecido debido a ciertos artefactos que había utilizado para almacenar pedazos de su alma.
Harry se había reído cuando Dumbledore le habló de ello. Voldieshorts almacenó su alma como el que guarda comida no perecedera ante un apocalipsis zombie.
Después, cuando el shock se le pasó, comprendió la magnitud de lo que le habían estado explicando y se había frotado la frente con una esponja áspera al enterarse de que él había... Él había sido uno de esos... esos almacenes de alma...
El ministro se había deshecho en elogios hacia su persona y ahora todo el mundo volvía a adorarlo. Podrían comer barro todos o beber veneno de basilisco por todo lo que le importaba. Bien, tal vez eso fuese un tanto drástico, pero ya estaba cansado de lo volubles que se volvían las personas.
No faltaron quienes lo acusaron de utilizar artes oscuras para acabar con Voldieblod por esa mancha negra que seguro se convertiría en un monumento a la gloria o algo igual de pomposo, pero si Harry era sincero, solo había estado allí gritando como banshee debido al dolor de su frente y entonces...
También habían estado en el ministerio, allí había todo tipo de artefactos y Harry se había topado con varios y había destruido algunas cosas de las cuales restos se le habían quedado pegados en la ropa, la piel y el cabello.
Así que lo que pasó con Tommy OdioMiNombre Ryddle, sería un misterio para todos... Tal vez no para Dumbledore, él siempre parecía saberlo todo, pero Harry no iba a preguntar.
Voldesnakeface estaba muerto, su cicatriz ya apenas se notaba, casi todos los mortífagos habían vuelto a Azcaban o habían muerto y era lo único que le importaba. A veces la ignorancia era lo mejor. Y si Dumbledore quería llevarse sus secretos a la tumba, que así fuera.
Así que había estado soñando algo agradable, sin embargo había algo que le estaba molestando y aún no quería saber el qué.
Tal vez si fingía que seguía profundamente dormido...
"La ignorancia es buena". Ese era y sería su mantra a partir de ahora. Bueno, ignorancia sobre cosas que no le interesaban, por supuesto.
-Essstoy aplasssstada.
-¿Que essstásss aplassstada? ¡Yo essstoy aplassstado!
-¿Osss queréisss callar? Algunasss estamosss durmiendo.
-Por sssupuesssto que sssí. Como tú puedesss hacerlo sssin problema...
Harry gruñó disgustado. ¿Quién se empeñaba en hablar tanto? Si Fred y George estaban tramando cerca de su cama de nuevo por algo que Ron había hecho, los hechizaría, sanción del ministerio o no. Aunque quizá lo perdonarían y todo ya que había salvado al mundo y todo eso...
Suspiró y se dio la vuelta. Además se tapó la cara con su almohada para ver si así las voces molestas se silenciaban.
-¡Ahora yo essstoy aplassstada! ¡Qué grosssero anfitrión tenemosss!
-¿No essstabasss durmiendo?
-No te passsesss de lisssta! ¡No te pega! ¡Y te morderé!
-No puedesss, essstásss aplassstada.
Se acabó. Harry estaba harto. Iba a pedirle a Sirius una maldita habitación privada. Y si tenía que limpiarla por su cuenta, lo haría. Ya estaba acostumbrado de todos modos.
¿Y es que los Weasley no tenían casa propia o qué?
De inmediato se sintió horriblemente culpable por pensar algo tan atroz, pero estaba teniendo un descanso decente, y...
Apretó los dientes y se levantó dispuesto a gritar una tormenta y quizá atraer a la señora Weasley para que echara a esos molestos pelirrojos, pero cuando se levantó y miró, se dio cuenta de que no había nadie y seguía escuchando las voces.
-Por fin. Ya puedo essstirarme.
-Sssi tuviera huesssosss, ssseguro ssse me habría roto alguno.
-Nuessstro anfitrión debería ssser másss amable.
Las voces, Harry se dio cuenta, venían de su cabeza.
-Genial, me estoy volviendo loco. -Murmuró.
Lo que le faltaba, perder la cabeza.
Se rascó el cabello, frustrado.
¿Qué haría?
Y entonces fue cuando... Cuando... Entonces...
Tocó la cosa... Cosas de nuevo e incluso se pellizcó para asegurarse de que no estaba soñando.
No lo estaba.
Lo que estaba agarrando no era su pelo. Se sentía cilíndrico, grueso, cálido y... ¡escamoso!
Tiró de la cosa ofensiva y sintió dolor, la cosa se quejó en su mano y... ¡Lo mordió!
-¡Grosssero! ¡Por qué hacesss essso?
Harry corrió al baño y se miró al espejo.
Después, chilló tan fuerte que seguramente todos en Grymmauld lo escucharon.
-¿Por qué chilla?
-Sssí, essso. Sssi nuessstrasss mordedurasss no ssson venenosssasss para él.
-Aunque podrían ssserlo. ¡Tiró de mí!
Harry se dio la vuelta, no quería verse.
Tenía su cara, su cuerpo, su pijama... Todo era igual que la noche anterior, solo que en su cabeza había varias serpientes que colgaban allí como si fueran su pelo.
Ron entró entonces. Harry vio que le faltaba una zapatilla.
-¿Qué pasa, amigo? Estás grit... ¿Esas son serpientes? ¿En tu cabeza?
El moreno alzó la vista y cuando miró a su mejor amigo a los ojos...
Gritó de nuevo.
Ron era de piedra. De piedra real. Como una estatua perfecta de su amigo.
Se acercó cauteloso y pinchó un brazo con uno de sus dedos.
Sí, de piedra.
¿Pero cómo? ¿Qué había pasado?
Varias personas entraron y se los quedaron mirando, sin moverse.
Harry habría pensado que también eran piedras si no viese sus ojos parpadear... Por un momento antes de que también fuesen estatuas.
Remus le dio en la cabeza a Sirius provocando que el animago mirara al suelo.
-No lo miréis a los ojos. Os petrificará como a... -Señaló vagamente a Fred, Molly, Ron, Hermione y Ginny.
Vale, no iba a entrar en crisis ni nada. Acababa de petrificar a sus amigos y a la señora Weasley, pero todo estaba bien en el mundo.
Sí, y Voldiedork había sido un benefactor amable que abogaba por la paz mundial.
¡Había petrificado a sus amigos y no sabía qué hacer! ¡Y la gente que no estaba inerte continuaba mirándolo con cuidado de no encontrarse con sus ojos sin hacer nada y el único que no parecía entrar en pánico era el profesor Lupin.
-¿Soy una especie de basilisco mutante o algo así? Porque no entiendo nada y me gustaría una explicación.
Sirius dio un silbato agudo cuando varias personas comenzaron a gritar sin decir nada útil y por suerte guardaron silencio.
Había cosas que debido al estrés y el desconocimiento podían ser dichas y aunque luego hubiera arrepentimientos, había palabras que simplemente no podían recuperarse.
-Vamos a llevar a los petrificados a un lugar limpio y despejado, poco transitado para que nadie se tropiece con ellos por accidente. Si caen al suelo y se agrietan o peor, se rompen, no sé qué ocurrirá. -Remus ordenó.
George de inmediato fue a agarrar a su hermano gemelo. Quería arremeter contra alguien, tenía miedo y parecía que esto no era una broma muy elaborada como había pensado al principio, pero sabía lo dañinas que podían ser las palabras y lo irracional que se volvía la gente cuando... Por Merlín.
-Tienes una varita, levítalo. -Harry dijo al ver a Fred... ¿o era George? luchando por llevar a su gemelo a otro lugar.
Sentía como si Petigrew en forma de rata se le hubiera metido en la garganta. Su voz sonaba chirriante y sentía un enorme nudo que no podía tragar.
Era un monstruo, como le habían dicho siempre sus tíos. Sus... Nuevas adiciones lo demostraban. Además de lo que había hecho a sus amigos.
Seguros ya los petrificados, y dosificados con poción calmante los demás, Harry recibió más que el resto, Remus habló con la voz que Sirius llamaba "Su voz de profesor" acerca de lo que estaba sucediendo.
-Harry, en tu quinto año deberías haber recibido la charla...
El joven se enrojeció y ocultó la cara en sus brazos cruzados sobre la mesa.
Su padrino se rió y el chico pensó que quizá le vendría bien un tiempo petrificado... Después se estremeció por solo pensarlo y si no fuera por lo calmado que había estado Remus desde el principio, Harry habría entrado más en pánico. Pero si no había una horda de aurores allí, quizá el problema podía revertirse.
¿Tal vez restauradores de mandrágora? Eso había funcionado en su segundo año. Además aún no le habían respondido si es que era un basilisco mutante o algo así.
-No esa charla, joven. Una acerca de qué esperar a los dieciséis años. Es un momento muy privado, porque algunas personas obtienen herencia de criaturas y otras un impulso a su magia.
El moreno levantó la cabeza.
-¿Y por qué no tuvimos esa charla?
-Umbridge. -George respondió. -Ella odia a cualquier criatura así que entre sus decretos, prohibió la clase informativa.
-Y después estaba todo el tema de tus visiones, las clases con Quejicus...
-Sirius...
-Sí, sí, Lunático. Lo que sea.
-Pensamos erróneamente, ya que ni tus padres ni los de James habían obtenido herencia de criaturas, que tú... No obstante, debido a tu... particular suerte...
El hombre lobo le dio una patada a su compañero por debajo de la mesa.
-Eres un gorgon, Harry. En la mitología griega eran tres las gorgonas. La más famosa, medusa, era una sacerdotisa de Atenea a la que Poseidón... Y Atenea los vio manteniendo relaciones sexuales en su templo así que la castigó transformando su pelo en serpientes y sus ojos petrificarían a cualquiera que la mirara. -Remus contó.
-¿Pero las medusas no son esas cosas marinas que pican?
-Eres divertido, cachorro.
El menor decidió dejar por el momento todo eso de qué era y de dónde venía su historia. Habría tiempo para eso después.
-¿Cómo devolvemos a la gente a su estado de carne y hueso? Porque puede revertirse, ¿cierto?
-Se puede. Pero no con poción de mandrágora. -Remus respondió.
-¿Entonces?
-Déjame que piense. Esto es lo que recuerdo. Lo leí hace tiempo... -Contestó. -Sé que puedes petrificar gente, que tu sangre es venenosa para cualquiera que la toque excepto tus compañeros, y que tendrás tantos compañeros como serpientes haya en tu cabeza. No recuerdo cómo sabrás quienes son... Apareamiento, reclamación... Cada vez que reclames a un compañero, una serpiente se desprenderá de tu cabeza y será un regalo para ese compañero. Él o ella podrán utilizar la serpiente como collar, pulsera, o llevarla como un tatuaje mágico. La serpiente protegerá al compañero... Qué más... A ver, estoy pensando...
Ahora Harry tenía más preguntas que respuestas y si no fuera porque varias personas habían sido petrificadas gracias a lo que era, habría interrumpido al profesor Lupin varias veces. Quizá encontrar algún libro sobre gorgons sería lo mejor.
Y el ex profesor seguía hablando.
Sirius era el único que no miraba extrañado al ex profesor. Sabía cómo Remus tamizaba la información y que recordaba mejor si lo decía todo en voz alta. Eso sí, agradeció que no mencionara nada acerca del apareamiento de su ahijado. Había cosas que un padrino no quería saber. La negación podía ser una bendición a veces. Odiaba haberse perdido gran parte de la vida de Harry. Ahora era un adolescente crecido...
La chimenea timbró. Era un sonido de campanada especial que indicaba que quien quería entrar tenía permiso para hacerlo sin necesidad de una autorización. Si quien quisiera entrar no tuviera ese permiso, la chimenea le impediría la entrada y o bien lo mandaría a otro lugar por no llamar antes o la persona sería inteligente y pediría permiso.
Unos segundos después fue Albus dumbledore quien entró por la puerta de la cocina y les sonrió a todos.
Harry recordó no mirarlo a los ojos y centró su vista en su taza de té. ¿Qué le mostrarían los posos? Se preguntó. No es que quisiera saberlo de todos modos. Adivinación había sido una experiencia bastante terrible.
-Joven muchacho. Veo que has obtenido una herencia de criaturas. Un gorgon, fascinante. -Dijo el director después de los saludos de cortesía y de recibir una taza de té.
-¿Sabe mucho sobre lo que soy, Señor? -Levantó la vista para mirarlo pero luego recordó su maldición y de nuevo miró su taza.
-Bueno, sé una o dos cosas. Tengo muchos años y en ese tiempo he adquirido algo de conocimiento.
-Excelente. Hay algunos petrificados en una habitación que seguro están ansiosos por volver a ser de carne y hueso. -El gemelo Weasley rió un poco nerviosamente. Harry no sabía si era Fred o George todavía.
-Simple. Hay que triturar un bezoar y añadirle veneno de esas preciosas serpientes. El bezoar neutralizará el veneno y se creará un polvo azul. Debes poner un poco en cada ojo de los petrificados y volverán a la normalidad. Después de eso ya podrás mirarlos a los ojos sin petrificarlos. Solo funcionará con tu veneno así que si otro gorgon los petrificara el veneno de tus serpientes no funcionaría. Así que creo que cuando termines de despetrificar a tus amigos deberías guardar el resto del polvo por si hay más accidentes.
Harry quería golpearse la cabeza contra la mesa pero no quería ser mordido por las serpientes de nuevo así que se contuvo.
-Traeré un bezoar. -Sirius salió corriendo.
Tenían algunos en reserva porque había habido y aún había tantas cosas raras en la casa que nunca se sabía si algo podía ser ultravenenoso.
-¿Y hay algún modo de no petrificar gente? -Remus fue quien preguntó.
-No hasta al menos dentro de dos semanas cuando se creará un segundo juego de párpados que podrá cerrar para evitar que alguien se convierta en piedra.
-¿Pueden los petrificados saber qué ocurre a su alrededor? -Arthur quiso saber.
-No lo sé. Nunca me he topado con ninguno y no había información en los lugares en los que investigué.
Sirius no tardó en regresar y en el camino agarró un mortero y se lo tendió todo a su ahijado para que pudiera trabajar.
Después de triturar el bezoar Harry se dirigió a sus serpientes en parsel. Ninguno se estremeció. No era algo novedoso así que aunque era extraño, ya se habían acostumbrado. No es que él hablara así a menudo ni nada.
-Nos essstá hablando.
-Tan adorable...
-Pero grosssero. ¡Tiró de mí!
-SSSHHH. Dejemosss que hable, a ver qué tiene que decir.
-Sssiempre tan pacificador... Eresss como una escama particularmente molesssta.
-Es un poco perturbador escuchar a las cinco serpientes hablar. Parece que pudieran atacarnos en cualquier momento.
-Eso sería desafortunado, joven Weasley. -Dumbledore comentó. -Pues el veneno cuando entra en el cuerpo causa dolor intenso y parálisis. Aunque quizá no todos los venenos. Las serpientes no son todas iguales, después de todo.
-¿Y la sangre de Harry? El profesor Lupin dijo que era venenosa excepto para sus compañeros.
-Solo si alguien trata de tomarla por la fuerza. La sangre tiene la misma acción que las lágrimas de fénix solo que mucho mejor. Y como algunas personas trataron de tomarla por la fuerza, por eso en algunos libros se dice que solo para sus compañeros no es venenosa, porque ellos no obligarían a su pareja a entregarles sangre.
-¿Y si alguien tocara esa sangre sin permiso? -Sirius cuestionó.
Se había servido otra taza de té y ofreció más a quienes la tenían vacía.
-Entonces la piel se enrojecerá, se agrietará, burbujeará y mientras tanto se sentirá como si ácido te corroyera.
Harry suspiró. Había estado escuchando a su director hablar mientras convencía a sus tercas serpientes de colaborar. ¿O él era de ellas? Porque tal y como se comportaban, parecía que no escucharían las órdenes de nadie.
Finalmente las cinco accedieron y el joven mago las ayudó a extraer el veneno de sus colmillos que cayó en el mortero.
Después de eso, las serpientes se acomodaron formando una corona gigante en su cabeza y él mezcló el bezoar con el veneno y vio satisfecho cómo se volvía azul.
-Enseguida vuelvo. -Murmuró levantándose. Esperaba que el polvo funcionara porque si no no sabía qué haría.
Despacio colocó la sustancia azul en los ojos de sus amigos y la señora Weasley y uno por uno reaccionaron al principio lentamente y después miraron a su alrededor como si no supieran dónde estaban.
-¿Qué ha pasado? -Fred ¿o era George preguntó mientras se rascaba la cabeza. -Yo había corrido a tu habitación...
-Es una historia interesante. Sí, muy intrigante y todo. -El moreno corrió a la cocina y se sentó. ¿Poco gryffindor? Quizá. Pero no iba a enfrentarse al pelotón de fusilamiento por su cuenta.
