DISCLAIMER: Los personajes y lugares le pertenecen a Hajime Isayama. Esta historia participa en el evento FalBi Week 2022, organizado en Twitter.

* Día: 2.

* Palabra/Frase: Vals.


AL SON DEL CORAZÓN


La suave brisa de verano sopló sobre un extenso jardín de rosas, llevándose consigo algunos pétalos y un exquisito aroma floral que invadió los exteriores de la Casa Braun. No muy lejos del patio principal, Gabi se había sentado en un gran ventanal de madera y contempló el panorama nocturno desde el establo de su casa, con vista hacia el Gran Palacio de Marley en el sur. Las lejanas torres iluminadas combinaban perfectamente con el manto estrellado del cielo y como si se tratara de un paisaje de caricatura, la mente de la chiquilla se había perdido en una de sus más recientes fantasías: visitar aquel lugar y bailar toda la noche en sus grandes salones, como lo hacían todas las damas refinadas.

Lo último la hizo reaccionar y su expresión de anhelo se tornó ligeramente sombría: recordó que hace unos días, el portavoz real anunciaba una fiesta por el cumpleaños del príncipe; y aunque su más anhelado deseo se hallaba a pocos kilómetros de su aldea, sabía que alguien de su condición social jamás podía aspirar a semejantes lujos; al menos no hasta cumplir la edad suficiente para ser aceptada en la sociedad. Gabi bajó la mirada y trató de olvidar su tristeza trenzando su largo cabello marrón, hasta que oyó que alguien abría el portón del establo.

—Lo siento —un joven rubio de dieciséis años se detuvo en el umbral con una lámpara de aceite y un enorme trinche sobre su hombro, en una actitud de disculpa por haberla interrumpido—, no quise molestar.

—Descuida, Falco —sonrió Gabi, sin dejar de arreglar su peinado—. ¿Aún sigues trabajando?

—Ya había terminado, pero olvidé acomodar ese montículo de paja —ingresó con la venia de la señorita, dejó la lámpara en una mesa al costado del portón y ejecutó su última labor, mirando de reojo a la doncella— Piensas en la fiesta del palacio, ¿verdad?

—Qué comes, que adivinas —se encogió de hombros, resignada— Parece que el tiempo se niega a hacerme adulta.

—Sólo te faltan dos años —dijo el muchacho—: cuando cumplas dieciocho, ¡serás la primera de esta casa en pisar el salón real!

—Que el cielo te oiga —Gabi ató el final de su trenza y volvió a mirar la lejana figura del castillo, con ilusión—. ¿Te imaginas cómo será por dentro?

Falco terminó su quehacer con la paja y se quitó el sombrero para dejarlo en la mesa del establo: apenas llevaba un año trabajando para los Braun y aunque la familia Grice no gozaba del mismo prestigio que ellos, agradecía que la chica no se guiara de esos complejos para entablar amistad con él. Muchas veces conversaban en sus ratos libres y durante el último mes, el tema de la visita al palacio se había tornado recurrente. Lejos de sentirse aburrido, Falco disfrutaba que Gabi le confiara sus pensamientos y como en las otras noches, aprovechó la oportunidad para colgar su trinche, escalar unos cubos de paja y sentarse en el otro extremo del ventanal. La brisa veraniega agitó sus cabellos y sin necesidad de que hubiera luna llena, admiró la belleza de la joven a quien había comenzado a amar.

—No estoy seguro —Falco retomó la charla—, pero unas condesas en el mercado dijeron que sus patios son los más bellos de la región y que el piso brilla igual que un millón de diamantes.

—¿Cómo es un diamante? —preguntó, sin saber a qué se refería.

—Pues, parecido al cristal, supongo —intentó asociarlo con algo que Gabi conociera—. Pero no es lo único…

—¿Hay más? —se emocionó.

Falco asintió y por largos minutos, inventó la descripción más fastuosa que se le pudo ocurrir sobre el castillo: un lugar al que jamás había ingresado por ser un humilde granjero, pero que se encargó de embellecer con su imaginación sólo para alimentar el ensueño de la muchacha. Sus palabras brotaron con mucha fluidez, la pasión en su relato se sentía en cada frase y la mente de Gabi viajó a ese hermoso mundo ficticio, visualizando cada paraje en su mente. La historia del joven Grice comenzó a hacer su magia cuando la chica se "transportó" a la entrada principal del palacio y recorrió la gran alfombra roja con un vestido satinado color esmeralda; la gente a su alrededor la recibía con reverencias y al final del camino, llegó al salón de baile, el cual lucía tan reluciente como los diamantes ya mencionados. Todo era tan mágico a su alrededor, demasiado… hasta que en el momento cumbre de su sueño, Gabi sintió un fuerte vacío en el estómago y se quedó inmóvil. La belleza del lugar la estremeció por completo y aquel sentimiento que casi consideró incomparable, sólo pudo medirse con una cosa: su inmenso temor a equivocarse.

—¿Qué te parece? —la pregunta de Falco la trajo de vuelta a la realidad.

—¿Eh? —reaccionó.

—¡Ja! Veo que te perdiste de nuevo —empezó a reír, no con afán de burla.

—No, para nada —negó—

. Creo que es genial…

—¿Y por qué no suenas de la misma forma?

Braun lo miró fijamente: para ella, no era novedad que Falco acertara con sus estados de ánimo; pero cada vez que ocurría, se asombraba tanto como la primera vez. Su facilidad para leer sus pensamientos y emociones la hizo sonrojar un poco y suspiró, consciente de lo imposible que era ocultarle las cosas.

—¿Gabi? —su silencio lo turbó un poco.

—No tienes de qué preocuparte —desestimó—. Sólo fue una tontería.

—De todas maneras —insistió—, a menos que sea algo muy privado. Si es así, podemos olvidarlo y…

—No lo es —volvió a mirar el palacio, nerviosa—, pero va a sonar estúpido.

—Eso depende —esperó largos segundos a que se lo contara, hasta que una idea repentina aceleró sus latidos y cambió la expresión de su rostro—. Oh…

—¿Qué?

—Creo que ya lo entiendo.

—¿Qué cosa? —lo observó con intriga.

—La razón por la que tanto deseas ir al palacio —dedujo—. Francamente, no es tan difícil adivinarlo.

—Ahora soy yo la que no comprende —se acomodó un poco.

—Vamos, no finjas —Falco trató de reír para disimular su ligera tristeza—: es obvio que te gusta el príncipe. Cualquier chica estaría feliz de ganarse su atención y en tu caso, tienes bastantes cualidades que lo cautivarían —tamborileó sus dedos contra su pierna, cabizbajo—. Si algún día llegaran a conocerse, tal vez ustedes…

—¡Un momento! —lo detuvo de golpe— ¿Insinúas que quiero un marido?

—¡N-no dije eso! —esta vez, fue el turno de Falco para ruborizarse.

—¿Ah, no? ¡Pues no es eso, tonto! —agarró un puñado de paja y se lo lanzó a la cabeza, algo ofendida— Cuando dije que pensé una tontería, me refería a mi poca habilidad para bailar.

—¿Bailar? —repitió, muy confundido e irónicamente aliviado.

—Sí, ¿por qué otro motivo querría ir al salón del palacio?

—¡Genial! —exclamó, para luego controlarse— Eh, digo, ¿por qué le temes al baile? Has danzado muchas veces en los festivales.

—¡Pero nunca un vals! —jaló su propia trenza— Lo que menos quiero es quedar en ridículo, cuando llegue la hora.

—No creo que sea tan complicado —resolvió Grice.

—Claro, como tú no vas a llevar vestido ni tacones —bufó.

—Qué dramática eres —dejó el ventanal y se paró en un cubo de paja—. Baja.

—¿Para qué?

—Para bailar —le extendió su mano y al notarla estática, agitó sus dedos—. No me mires así, no voy a cobrarte nada.

La suspicacia de Gabi fue desapareciendo, aceptó la invitación del granjero y con su ayuda, ambos descendieron por los cubos de paja hasta llegar al ras del suelo. Un cómodo silencio invadió el establo e iluminados por la lámpara de aceite sobre la mesa, se aproximaron unos cuantos centímetros.

—¿Cómo lo haremos sin música? —se preocupó Gabi.

—Descuida, tengo una tonada en mente —con delicadeza, Falco cogió la mano derecha de Gabi y la levantó al nivel de su hombro—. Es que una vez, vi a Colt bailar con su novia.

—¿En serio? —rio al oír su confesión— ¿Qué hacías espiándolos?

—Fue por casualidad —se excusó, sonrojado—. Ahora debes poner tu mano izquierda sobre mi hombro y yo…

Gabi no necesitó más indicaciones y más por instinto que por las reglas del baile, se acercó más a Falco y le permitió tomar su cintura. La diferencia de altura no era tan evidente, pues apenas se llevaban media cabeza; sin embargo, era la primera vez que estaban tan próximos y ninguno se atrevía a dar el primer paso. Con gran timidez y lentitud, Gabi hizo contacto visual con Falco y por el intenso color de sus mejillas, podía jurar que ambos lucían bastante ruborizados.

A su señal, el muchacho arrastró su pie izquierdo y avanzó al mismo tiempo que ella retrocedía; abrió la pierna derecha y esperó a que ella lo acompañara con su pierna izquierda, para luego hacer movimientos contrarios que los devolvieran a su posición original. El juego de pasos describió un cuadrado imaginario en el suelo con paja y mientras sus pies se juntaban y separaban con gran habilidad, un sonriente Falco empezó a tararear para brindarle una mejor guía a su compañera. Gabi suspiró de felicidad al comprobar que el vals no era tan difícil y dejándose llevar por la cadencia, se esforzó más en sus movimientos: la velocidad aumentaba de poco en poco y en la imaginación de la joven, el establo se había convertido en el salón de baile, cuyo centro sólo fue ocupado por ella y el muchacho que ahora vestía un fino traje guinda, muy parecido a los que llevaba la guardia real.

El tarareo de Falco se tornó en un suave llanto de violín y la tela de su vestido esmeralda se agitó con las vueltas que daban juntos. Gabi no paraba de sonreír y en lo más profundo de su corazón, deseaba que el vals jamás terminara. No sabía si era por el encanto de aquel lugar imaginario o por la emoción de haber aprendido a bailar como tanto quería; pero sus brazos se aferraban a lo único que le daba plena seguridad en su sueño: la presencia de Falco. Perdida en el hechizo de la danza, pasó largos minutos contemplando su rostro y se preguntó por qué jamás había notado su atractivo; el color verdoso de sus ojos contrastaba con el marrón de los suyos y una infinita paz la invadió al verlo sonreír. ¿Por qué cada vez que estaba a su lado, se sentía tan contenta? ¿Por qué adoraba sus largas conversaciones con él? ¿Por qué el vals era más extraordinario con su compañía?

Gabi no lo supo e intuyó que Falco tampoco tenía respuesta para ello, excepto por el modo cómo la miraba y disminuía el ritmo de sus pasos, hasta detenerse. La realidad retornó a ellos, junto con el establo y la noche apacible, y a pesar de la escasa distancia entre ambos, ninguno quiso separarse.

—Bailas mejor que yo —sonrió el granjero.

—Es que tengo un buen maestro —correspondió a su gesto.

—No —movió la cabeza de un lado a otro—, ya eres increíble de por sí…

El asombro de Gabi ante sus palabras causó que el muchacho se sonrojara violentamente, sin saber qué contestar. Por su parte, ella seguía observándolo y se esforzó en grabar mentalmente cada detalle de su timidez.

—P-perdón… —se avergonzó Falco.

—¿Por qué? —inclinó su cabeza por reflejo.

—Por lo que dije —apenas alzó la mirada—. C-creo que debemos…

Braun leyó su pensamiento y reparó en las manos que seguían aferradas, aun después de terminar su baile privado. El contacto de sus palmas los abrumó y contrario a lo que la razón les gritaría, ambos iniciaron un lento juego con sus dedos, entrelazándolos entre caricias; fue ahí cuando Falco tomó coraje y envolvió la mano derecha de Gabi con su izquierda para apoyarlas contra su pecho. La sintonía de sus corazones danzó su propio vals y el vacío se deshizo cuando sus cuerpos reclamaron más cercanía. Sus rostros se rozaron con ternura y al cerrar sus ojos, dejaron que el destino obrara por ellos.

El establo era su nuevo palacio, el aroma de las rosas volvió a llenar el ambiente y en la soledad de aquella noche veraniega, la silueta de dos enamorados se fundía en su primer, inexperto y más ansiado beso.


N.A.:

¡Qué tal! De nuevo, aquí con ustedes, trayendo otro fanfic FalBi para el pueblo (aunque tarde, pero igual XD) TwT 3

¡Aaay, no se imaginan cómo estallaba mi corazón al escribir la parte final! En serio, si una shipp te remueve tantos sentimientos con sólo imaginarlos, ¡ésa es la OTP suprema, 100% confirmado! Jajajaja bueno, ya, me calmo :'v pero sí, agradezco que este febrero tenga un poco más de tiempo libre para mí, así me dedico a escribir los fics que me faltan sobre ellos y disfruto de tantas escenas bonitas en las que Falco y Gabi puedan demostrar su amor, ¡justo como ésta! Ya que es un AU, estoy rogando haber mantenido el IC de ambos, sobre todo con Gabi (porque algo me dice que cuando se deja llevar por el corazón, debe ser bastante emotiva, quizás igual o más que bebé Falco TwT).

Sin más que decir, espero que les haya gustado esta historia, que va con mucho amor. ¡Gracias por sus lecturas y reviews! ¡Buena suerte a todos! :D