KinkTober 2021. Prompt 15 # Dirty Talk.


El Investigador y la máscara


La chica ghoul corrió y corrió. Como si no pudiera enfrentar al Investigador.

La verdad, sí que podía. Pero...no era conveniente.

—Ahí estás...

Los túneles oscuros debieron sentirse como su hogar pero ella no pertenecía a ese lugar. Tampoco él.

La sangre no hacía ninguna diferencia.

—¿Y si no se lo hago fácil? —dijo ella de repente, con ganas de desafiarlo. Siquiera un poco.

Nadie los escucharía ahí. Y si alguien lo hacía...tal vez ambos estarían en peligro.

¿Pero a ella le importaba?

No.

Y a él menos.

Era un trabajo para morir, todos lo sabían.

El Investigador se echó a reír. Los escalofríos de ella fueron reales cuando el hombre saltó y la aprisionó contra la pared.

—Sabes que perdiste ya, perra —murmuró él, entre risas. El ruido de ropa rasgada acompañó sus burlas. Tenía la voz ronca, emocionada.

¿En serio la iba a lastimar? ¿Cómo...? ¿Cuánto? Eso...no pensó que sería así. O sea...

—¿No podemos...negociarlo? Por favor...haré...lo que sea...Señor Investigador.

...Diablos, eso había sonado menos patético en su mente. Él no dejó de reírse. Ella pensó en quitarse la máscara.

Si viera su rostro humano, él reflexionaría. ¿No? Detendría esa locura.

(Aunque ella también quería seguir...)

(Él se portaba como si quisiera matarla...ella, hasta cierto punto, quería morir).

(Siempre quiso...)

—Tu gente solo puede ofrecerme su muerte —susurró él, riendo, en su oído.

Ella pensó en usar su kagune pero...él tenía una cuchilla contra su cuello. Rompía hábilmente su ropa. Pronto su camiseta estuvo hecha de jirones, al igual que sus viejos jeans blancos, desteñidos.

Debió enfurecerse. Más estaba bajo control de ese hombre.

—Pero tú también...eres un ghoul...—replicó ella, suavemente.

Él tembló de ira. Si, podía desestabilizarlo así. Un momento...

Pero no lo suficiente.

Un dolor aguijoneó la parte alta de uno de sus muslos. Ella bajó la vista...él le había clavado una jeringa, de inmediato vacía.

—Nunca me llames así otra vez...muñeca...

...Supresores de células RC. Y probablemente otras drogas. No era la primera vez que las probaba. Pero eso hacía todo mucho más intenso.

El miedo. La confusión. La euforia.

El hombre cruel le apartó la jeringa, que arrojó a un lado como basura. Apretó su cuerpo contra la pared sucia y llena de grafittis. Pronto, contra sus nalgas tuvo una dureza.

—Si follamos, ¿me dejarás ir?

Él rió entre dientes. Ella se sintió tonta siquiera por sugerirlo. La mera palabra, follar, era casi nueva en su vocabulario.

—Tú no decides lo que yo quiero hacerte...ya deberías saberlo —murmuró él, bajándose la bragueta, a juzgar por el sonido de un cierre y los movimientos desde su espalda.

—Solo no me lastimes.

—Eres una perra ghoul. Claro que voy a follarte. Primero por el culo. Si lo haces mal o no me gusta, te mataré, te convertiré en un quinque y cuando estés muerta, en un maletín, eyacularé sobre tu asqueroso kagune. Si lo haces bien, te arrestaré y pediré tu propiedad. Seré el dueño de tu vagina, de todos tus agujeros y los llenaré con mi semen hasta hartarme. Eso es todo lo que tienes que saber.

Él se bajó la ropa interior, ella pudo sentir el miembro caliente y duro contra su piel, frotándose con fuerza invasiva entre sus nalgas. Deslizándose más. Apretándose desde abajo hacia su raja húmeda.

Ella no estaba realmente lista para eso pero no podía negarle nada. No así. Trató de relajarse. La inyección le sirvió de anestésico.

—¿Ves que eres una perra? Ni siquiera te pedí esto...y estás totalmente entregada...—se burló él, apretando el miembro erecto contra el sexo de ella, desde atrás. El investigador le jaloneó los cabellos.

Ella solo lo...permitió. Aquella violencia, quiéralo o no, la excitaba, tal vez tanto como a él. Se arqueó contra el investigador, movió sus caderas, que él sostenía con fuerza.

—Solo se...siente bien...—comentó, con la verdad.

—Puedes rogarme si quieres, con esa cosa tan húmeda que tienes, pero de todos modos, voy a romper tu ano...

—Ah, por favor...

—¿"Por favor" qué?

—Por favor...señor investigador...use este cuerpo mío para satisfacerse.

Hizo lo posible para que sus músculos no estuvieran tensos. La punta del miembro se estaba mojando en su excitación, en tanto la chica hacía que su cuerpo fuera y viniera contra el hombre.

Era bochornoso. Él comenzó a reír, hizo un movimiento brusco y se enterró en ella, entre sus nalgas, jaloneando con fuerza sus caderas.

La muchacha no estaba preparada para eso pero se dejó llevar, al igual que él, evidentemente. Permitió que sus cuerpos se unieran. El dolor era terrible pero por debajo de él, había un placer extraño...íntimo.

—No pensé que violar a una ghoul sería tan fácil...—comentó él, contra su oído. Ella se dejó rodear por sus brazos. Los dedos de él bajaron hacia su humedad, dos de ellos se metieron sin más y cepillaron con dureza su clítoris.

—Tú...tú me doblegaste...

Él siguió riendo. Entraba y salía de sus entradas apretadas. Algunas gotas de sangre cayeron al piso, ella vio borroso antes de correrse muy duro. Estaba esperando la inyección de semen, cuando el joven investigador se apartó y sacó los dedos de su interior. Ella apoyó las manos en la pared sucia del canal oscuro. Le daba miedo que la picara un cienpiés o algo parecido. Pero...incluso si eso sucedía, no sufriría ningún daño real. Solo se regeneraría. Un poco más tarde, por las drogas.

La consciencia de aquel poder la embargó. Él la volteó, para verle la cara. Alzó su máscara por encima de los labios y la besó.

Aquello...fue demasiado. Debió rechazarlo. Pero las lenguas de ambos se entrelazaron, él la apretó contra la pared, ella lo abrazó, totalmente fuera de sí.

—Dejaste mucha mierda en mi pito, mugrosa ghoul, ¿debería ponerla dentro de ti? Con la carne que tanto necesitas para vivir —murmuró él, apartándose para besar su cuello y pellizcar sus pezones.

Ella se descubrió asintiendo. Abriendo más las piernas, ayudándolo a que la levantara, sosteniéndola desde las sentaderas.

Usaron los túneles como una cama de hotel.

Era tan indigno y bochornoso. Pero ella no podía parar. Y él no lo haría. La chica asintió, pudo sentir la inmundicia del sexo erecto penetrándola. Jadeó, gimió, el investigador tapó su boca y copularon.

Él eyaculó en su interior, ella arañó su espalda, por encima de la pesada chaqueta del uniforme blanco. Un daño menor.

Como era mitad ghoul, el investigador tampoco sufriría secuelas graves. Aún así, cuando descansaron, por un momento, ella se descubrió acariciando sus hombros, abrazándolo de nuevo, con algo que solo podía ser romanticismo.

Estaba confundida. Odiaba estarlo.

—¿Te sientes bien? ¿Mutsuki?

Ella puso los ojos en blanco. No soportaba estar sin su parche. Ni bien Urie la bajó, con cuidado, lo buscó en el bolsillo del pantalón roto, había subsistido ante los bruscos cortes. Tooru se quitó la máscara completamente. Quiso deshacerse de aquella pero...

La había comprado con Haise.

—Estoy bien...solo no tenías que romper toda mi ropa. ¿Cómo volveremos a casa ahora?

Él se quitó la chaqueta y se la puso sobre los hombros. Ya estaba acostumbrada a eso...Pero no a que pasara de abrazarla, de rozarle los brazos, a cargarla, de repente.

—Urie...

—Más allá, donde nos encontramos, dejé un bolso con un cambio de prendas para ti...

—¿De verdad?

—Si...hasta traje vendas, ya sabes. Por si las tuyas se perdían o querías nuevas porque...

—Está...bien.

Ambos estaban cansados pero de alguna manera, revitalizados. Tooru se preguntó si era algo en la sangre de los dos, que volvía aquel lugar sucio y lúgubre, una especie de nido grande, en el que sus instintos y los de Urie clamaban que se escondieran y reprodujeran.

Hubiera seguido follando con él. Tenía su semen adentro y de todos modos...

—Aquí, ¿ves?

—Urie, meternos tan adentro en los túneles...

—Lo sé. Los dos nos descontrolamos. Tú corriste y yo...

—No podía detenerme. No sabía cómo.

—Nos dejamos llevar por el papel.

Él la bajó, buscaron juntos por la ropa de Tooru en el bolso, que los esperaba a un lado del canal oscuro y mojado. Urie la ayudó a ajustarse las vendas. Eran prendas de civil, de todos modos. Un suéter azul, jeans.

—¿Aún tienes que patrullar?

—Esta noche, si.

—Puedo unirme a ti.

—Tenemos una fachada, ¿no? Es tu día libre.

—No tengo nada que hacer, realmente.

—Entonces vuelve a casa y espérame.

Ella se sonrojó, él le acarició una mejilla. Volvió a besarla. ¿Urie le había pedido un juego tan denigrante, donde fingieran una violación?

Pero Tooru había aceptado.

Y sin embargo, el mismo hombre que la había sometido y lastimado, era tan bueno con ella.

—Creo que debería llevarle café a Sasaki, que está en la oficina con...

La luz de una linterna. Pasos torpes, apareciendo a un giro de los túneles. Probablemente esa persona había bajado desde un acceso en la calle.

—¿Mutsuki? ¿Urie?

El uniforme blanco les frenó el sobresalto a ambos investigadores ya desde antes que la voz familiar. Tooru maldijo la droga que Urie le había dado, puesto que su kagune seguía adormecido. Si hubiera sido una amenaza real...

—¿Shirazu?

El mencionado corrió hacia ellos.

—Alguien hizo una denuncia muy extraña, Urie.

—¿Si...? —Urie trató de parecer indiferente. Mutsuki guardó silencio.

—Dijeron que un investigador estaba violando a una ghoul. No sé...No sabía qué iba a encontrarme abajo, estaba a punto de llamarte. Supongo que vine por impulso, tengo suerte de que también respondieran al llamado.

Urie y Tooru se miraron de reojo, asintieron, como en un acuerdo tácito.

—Si, no hay nada por allá —explicó Urie, encogiéndose de hombros.

—¿Revisaron todo el sector? —indagó Shirazu, iluminando brevemente los túneles que habían servido para la violenta puesta de escena erótica.

Tooru se sintió avergonzada. No estaba segura de cómo mentir, solo quería marcharse. Urie, sin embargo, tomó el control.

—Si, no queda mucho, ¿verdad?

—La denuncia era en esta ubicación, así que debe haber sido una broma o una mentira de esos guerreros de la justicia, los de internet. Nunca supe de un investigador que se aprovechara de una ghoul, no hacemos eso, ¿cierto?

—¿Fuera del porno? Pues no. La gente se inventa estas cosas...—concluyó Urie, con las manos en los bolsillos.

—Iré a ver a Haise en la central —explicó Mutsuki, apartándose de sus compañeros.

—¿Tomarás un taxi? —le preguntó Urie.

Tooru suspiró. Ya no le dolía el cuerpo, pero...Aún lo sentía. Era extraño separarse de él.

—Si...eso creo.

—Mándame tu ubicación. Avisa si necesitas algo —le pidió Urie, ante la mirada un tanto sorprendida e incómoda de Shirazu. Tooru se adelantó hacia la salida.

En realidad, esos túneles no tenían ninguna comodidad ni glamour. De repente, la idea de aparecer en las oficinas con café para Sasaki le pareció tranquilizador a ella.

Lo necesitaba.

Estar lejos de la oscuridad.

—Lo haré —contestó Tooru, por encima de su hombro, ya casi sin mirar a sus camaradas.

Urie se quedó observando su espalda, hasta que la chica (disfrazada de chico) se perdió en las escaleras, hacia las luces de la superficie.

—Oye...Urie...—Shirazu le habló con timidez, mostrando sus dientes chuecos y afilados por debajo de sus labios resecos. Su amigo no era precisamente un az en materia de autocuidado e higiene.

—¿Si?

—¿Eso que Mutsuki llevaba en la mano...? —comenzó a indagar Ginshi, dándole quizá medio minuto a Urie para que su cerebro lo procesara. De inmediato. Casi con un soplo cardíaco.

—¿Qué...?

—¿No era una de las máscaras de ghoul que compramos con Sassan?

...Ahí no pudo disimular su mueca de enojo mal contenido.

—Oh, por favor.

—¿Qué hacía aquí?

—Solo...pasaba. Y yo respondí al llamado, es mi zona hoy, además.

—¿Si? Porque no vi que dieras aviso.

—La aplicación de mi celular no funciona bien.

—Si, la mía tampoco. Tú y Mutsuki no me aparecían ni siquiera activos en la zona.

—Es su día libre.

—Yo paso mi día libre con Haru. O tratando de arreglar mi motocicleta. Cuando tenía una, claro.

—Si...¿Revisamos de nuevo el perímetro y nos vamos?

—Claro. Solo queda la ramificación a la izquierda.

—No escuchamos nada.

—Yo tampoco.

Un lugar tan oscuro y perdido.

—Pero dime, Urie...si tuvieras una chica, ¿no la traerías aquí? Podría ser divertido. Ya sabes. Jugar...

...Tenía que fingir. Por amor propio. Shirazu no era realmente malintencionado pero tenía una bocota que no se callaba ni queriendo y los líos de oficina se propagaban de inmediato, como infección.

Urie no quería problemas. Ni para sí mismo, ni dárselos a Tooru.

—No tengo una, así que no pienso en esas cosas.

—Si, ya. Yo tampoco. Además, si tuviera una, probablemente me dejaría si la trajera aquí en una cita.

...No todas son así.

—Si, probablemente.

Tooru no es una chica, no vive como una, ella...él...

—¿Crees que Akira aceptaría una cita conmigo?

Urie tuvo que ahogar su risa. Pero de pobres ilusiones vivía cualquiera. Shirazu no pedía mucho.

—Cuando te asciendan, ¿por qué no? Los años pasan para ella y tendrá que dejar de ser exigente un día.

...No lo dijo como un elogio pero el rostro taciturno de Shirazu se iluminó.

—¿De verdad? Hombre, estoy tan...necesitado...y esta biología rara de ser medio ghoul sintético...¡Te juro que cuando bajé, pensé que iba a agarrar a una pareja follando o algo así! Había como un olor extraño. Me hubieran dado hasta celos. Menos mal que no era una violación ni nada parecido...

Urie hizo una mueca. No, nada parecido. Su celular vibró, lo revisó mientras que caminaban por la sección faltante del canal. Tooru le envió un mensaje con su ubicación en vivo, iba a comprar café a ese local del distrito 20, probablemente para llevárselo a Sasaki.

Qué tonta, va a estar frío para cuando llegue, se dijo a sí mismo.

—¿A ti no te gusta nadie?

—¿Uh?

—De la oficina, hombre.

Nada, por ningún lado. Pero Mutsuki y él ya lo habían revisado antes de...

—No. Me enfoco en el trabajo.

—Ya. ¿Y nunca te sientes solo?

...Tal vez antes de Tooru.

—Para nada.

—¿Y Mutsuki?

Ya habían regresado a la entrada. Urie tragó en seco. Luchó por no ponerse a la defensiva.

—¿Qué con él?

—¿No crees que es...diferente?

Oh, Dios, estás más ciego que yo, amigo. Y tuve que atravesarle el estómago para saber, pero es muy obvio.

—¿"Diferente"?

Shirazu hizo su propia mueca de desconfianza y entrecerró sus ojos de pupilas afiladas, con aire de conspirador.

—Ya sabes...creo que podrían gustarle los hombres.

Urie soltó una carcajada.

—¿Y de dónde sacaste eso?

Comenzaron a subir las escaleras.

—Siempre está con Sasaki. O quiere estarlo. Cuando se trata de ellos dos, siento que solo estamos pintados en el fondo de una imagen.

Tú sientes eso...

(Pero había algo en lo que Ginshi decía...)

—Tooru lo admira, es todo. Supongo.

No sabía si se lo decía a sí mismo.

—Yo no tendría un problema con que fuera más que eso, ¿sabes? Ni siquiera si Sassan y él, ya sabes...

—No es eso lo que pasa.

...Tuvo que ser firme. Por ninguna razón en particular, Shirazu entendía todo mal, pero...

—Ya, pero si pasara no importaría, ¿no? Siguen siendo nuestros compañeros, Sasaki es un superior. Yo no tengo prejuicios.

Salieron al aire frío de la noche.

—No deberíamos hablar de la vida privada de los demás —comentó Urie.

—Si, eso también es verdad. Solo decía.

—No hay por qué decir nada si no nos concierne.

—Cierto.

Caminaron un momento más, en silencio, por el parque en el que desembocaba la salida subterránea. Urie se dejó caer en un banco. Shirazu lo observó un momento, como antes de decidirse a imitarlo. Entonces alzó las cejas.

—Tu uniforme está muy sucio, Urie...¿Peleaste o...?

Kuki Urie ya estaba al borde esa noche. Ni siquiera podía follar con su novia, sin que se volviera una Inquisición del género.

—Creo que quedamos en no hablar de temas personales. No es profesional, Shirazu.

Su compañero siguió mirándolo, con una mezcla de preocupación y confusión. Finalmente asintió y se sentó a su lado.