— ¿Cómo conociste a papá?
María deja de redactar el correo que tiene que enviar a Pepper. Del otro lado de la mesa, su hija Sarahí la mira con cierta curiosidad, cerrando su libro de biología.
— ¿Nunca te hemos hablado de cómo nos conocimos? Estoy segura que si.
— No que yo recuerde. Pero tío Steve dice que fue gracias a él.
María suelta una leve risa, cayendo en cuenta de que es cierto.
— Te lo contaré en cuánto acabes tu tarea, jovencita.
— Ya acabe —se apresuró a contestar la menor de los Wilson, tomando asiento a un lado de su madre — ¡Cuéntame!
Junto sus manos, con esos ojos llenos de ilusión.
— Está bien.
María cerró su laptop, acomodándose un poco.
— Todo comenzó en el año 2014, con la caída de SHIELD...
María tiene fresco el recuerdo: aún puede sentir como su estómago se le revolvía con el casco puesto. Y el sudor le producía cierto picor en el cuerpo.
Podía ser una agente hecha para la acción, pero sus años en SHIELD no la habían hecho más tolerante a los uniformes que misiones estilo S.W.A.T.
— Tu tío Steve entro en shock y tu tía Nat se estaba desangrando. Pero lo que más llamo mi atención fue el desconocido que estaba al pendiente de que tu tía no cerrara los ojos.
En su memoria sigue el semblante pálido de Natasha y la preocupación de ese extraño por ambos Vengadores, mas que por su propia integridad, tanto así que se dirigió a ella y al esbirro de HYDRA que estaba a su lado.
— Tu padre reclamó que Nat necesitaba atención médica. Fue ahí cuando tuve que actuar. Fingí que iba a atacar a tu padre con una barra de castigo.
Sarahí hace una mueca, pues sabe que la electricidad no debe ocuparse a la ligera. No sé imagina a su madre con armas como la de la madre de James.
— La barra hizo contacto con el agente de HYDRA. Y lo patee...
— ...primero en el tórax y luego en la cabeza —completo Sarahí por su madre— Es lo que dices en los entrenamientos.
María asiente, orgullosa de que las lecciones de su hija estén dando frutos.
La mirada de esos tres no tenía precio: Steve dejo el aletargo, Natasha abrió los ojos con sorpresa. Y Sam la miro entre intimidado y maravillado.
—Esta cosa estaba aplastandome el cerebro—Maria sonríe de forma inconsciente— Eso dije, después mire a tu padre, y sin pensar pregunté quién era. No puedo describirte su cara.
— Verte fue como una experiencia religiosa — dijo la voz de Sam desde el marco de la puerta.
— ¡Volviste! —Sarahi corre hacia los brazos de su padre, quien recibe gustoso a su pequeña. Como pocas veces sucede, María se sonroja ante las palabras de su marido.
— ¿Desde cuándo eres tan silencioso? —cuestiona con indignación la agente de SHIELD.
— Desde nunca. Tal vez tus habilidades se están oxidando —le contesta Sam, que ya liberado de los brazos de su hija se acerca con intenciones de saludar a su esposa.
— Corrijo, tu papá me miraba igual que un acosador —dice María con fingido enojo, para diversión de su hija. Sam suelta una carcajada.
— Eso no es cierto. Te estaba escaneando con la mirada justo como lo hacías tú.
Y justo como lo hacen siempre, pensó Sarahí para sí misma.
— En fin, logramos escapar gracias a mí. Y el resto es historia —termina María el relato.
— Que modesta. Y que poco romántica eres —se queja Sam.
— ¿Querías que le contará a nuestra hija que tardaste años en pedirme una cita? ¿O que andabas coqueteando con otras chicas en mis narices?
— Tarde un par de meses, no años —se justificó el vengador— Tú me rechazaste muchas veces.
— Como digas, Wilson —dijo la azabache, sabiendo que era en parte verdad.
— Y yo no andaba coqueteando con nadie —término de decir Sam.
— No creo que Sharon opine lo mismo.
Ambos estuvieron discutiendo un poco eso, que si María era muy cabeza dura o que si Sam era demasiado amable para su propio bien.
— ¿Ahora por qué discuten? —la voz de Riley, el mayor de los Wilson Hill se hizo escuchar, aunque sus padre lo ignoraron olímpicamente.
— Le pregunté a mamá como conoció a papá —dijo la menor, encogiéndose de hombros.
— Tuvieron la misma discusión cuando yo les pregunté —dijo Riley, negando con la cabeza — ¿De dónde nació la curiosidad?
— Es que Irina estaba hablando de cómo se conocieron sus papás y me mi cuenta de que yo no sabía cómo había iniciado la historia de mamá y papá.
Ambos voltearon a ver a sus padres: siempre tenían pequeñas riñas que acababan con ambos disculpándose por banalidades infantiles.
Porque si, María Wilson tenía un lado infantil. Su existencia no se reducía a ser solamente la fría agente Hill (porque todo el mundo la llamaba así, sobretodo su marido).
Sam firmó la paz cuando envolvió en sus brazos a su esposa, depositando un beso en su coronilla, mientras ella le regresaba el abrazo.
— ¿Y el inicio te parece romántico, al menos?
— Yo diría que es mejor que eso —dijo Sarahí, viendo a sus padres llegando a un acuerdo.
— Sabes que nadie pudo deslumbrarme después de que te conocí.
— Que poético eres.
— Lo digo en serio, Hill.
— Lo se, Wilson —Maria le dió un beso en la mejilla, sin dejar de abrazarlo— Lo sé.
Ella no le iba a decir que la primera impresión que ella tuvo de él es la había impactado de alguna forma.
Eso Sam ya lo sabía.
Es el primer Hillson que escribo con mucho amor, porque casi no hay material de esta pareja (inserte carita triste).
Su escena en The Winter Soldier se me hizo tan poderosa, lástima que no hayan seguido interactuando en el MCU.
Debo agradecer al grupo de WhatsApp en dónde estoy. La inspiración broto como margaritas ahí y eso me llevo a acabar este fragmento que ya tenía en borradores.
Gracias por leer
La Hija de Frazel
Pd. One shot publicado el 24 de abril de 2021 en Wattpad
