Título: Entre aviones y trenzas.
Autor: Ya'girlBeppie
Disclaimer: Kimetsu no Yaiba y todos sus personajes no me pertenecen.
Alerta de spoilers: Spoilers del arco de la villa de los herreros y de la batalla final contra Muzan. Canon Divergence.
Summary: Nezuko no solía pasar ratos prolongados sola, más cuando la encontró con un avión de papel entre sus manos supo que no había de que preocuparse.
Notas de autor al final. Disfruten la lectura~
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Cansado y abatido. Esas serían las palabras que Kamado Tanjiro usaría si le preguntasen como se sentía en ese preciso momento. Estaba agotado, y sin mencionar todas aquellas consecuencias que acarrearía el haber pasado tanto tiempo sin una gota de agua ni comida. Kotetsu, pese a su joven edad, había resultado ser un maestro por demás de estricto. Ni siquiera en su momento Urokodaki-san se había comportado de esa forma mientras lo entrenaba.
Sus tambaleantes pasos no hacían más que evidenciar su cansancio. Sin embargo, decidió no permitir que esto lo desanimara. Había convencido a Kotetsu de permitirle abandonar aquel espacio en el bosque que habían designado como su área de entrenamiento, todo bajo la excusa de cambiar sus andrajosas ropas por limpias. Kotetsu había aceptado, pero no dio su brazo a torcer por completo y le dijo que lo quería de vuelta en una hora.
Con eso bastaría.
Le daría tiempo suficiente para tomar un cambio de ropas y asearse, todo lo más rápido posible, pues quería invertir el tiempo restante en su pequeña hermana: Nezuko.
Había pasado 4 días en la zona de entrenamiento. Seguramente su hermana menor estaría preocupada por su imprevista ausencia. Y es que en serio que había sido repentino, había salido por un rato, pero no con la expectativa de terminar afuera por más de un par de horas. Así que le pediría disculpas y le explicaría la situación lo más rápido posible.
Con ese pensamiento en mente, se sintió con un poco más de fuerza para seguir. Continuó su recorrido hasta llegar a la posada donde la menor de los Kamado le esperaba.
Nezuko no solía pasar ratos prolongados sola. Durante su estadía en la finca de la mariposa las demás habitantes solían hacerle compañía y jugar con ella. Pero ahora… Kanroji-san estaba ahí ¿Cierto? Tal vez ella le habría dado compañía. Negó con la cabeza, Kanroji había quedado flechada por su hermana, pero no evadiría sus responsabilidades de esa forma para darle compañía a Nezuko. Las cosas eran diferentes, ni siquiera sus ruidosos amigos estaban ahí para llenar los silencios que la menor tuvo que haber soportado.
¿Cómo se encontraría? ¿Estaría enojada por su repentina desaparición? O peor aún, ¿Y si estaba triste?
La culpabilidad le llenó, y terminó de trazar su camino lo más rápido que pudo. Dando breves saludos a la gente de alrededor, emprendió su camino hacía su habitación.
-¡Nezuko!- habló al deslizar la puerta. La pequeña dama de rosa no estaba en la habitación. Sintió un pinchazo a su corazón, y antes de si quiera poder reaccionar notó que la puerta de su cuarto que apuntaba hacía el patio estaba abierta.
-¡Nezuko!- se asomó, y la encontró sentada en el engawa.
Esta giró su cabeza y sus miradas se encontraron. Por un momento temió que ella estaría enojada, más el temor se disipó al ver como sus ojos se contraían levemente en señal de que sonreía por debajo del bozal. Comenzó a hacer ruiditos de felicidad por debajo del bambú.
Fue entonces cuando la atención del mayor cayó en sus manos, o más bien, en lo que sostenía.
-Hey ¿Qué tienes ahí?- preguntó al tiempo que tomaba asiento a su lado en el engawa.
La menor estiro sus manos para cederle la pequeña figura de papel que sostenía. Se trataba de un avión de papel. La punta de este lucía un poco magullada, probablemente como producto de aterrizajes abruptos. De ahí en fuera, la figura parecía estar en buen estado, los dobleces precisos y bien marcados.
¿Lo habrá hecho ella?
Su respuesta estaba justo al lado, donde un par de aviones de otros colores reposaban. Las orillas y dobleces en las hojas lucían más descuidados, y un tanto malhechos. Evidentemente no había sido ella.
-¿Tu hiciste este?- preguntó señalando la pieza perfecta. Nezuko negó con la cabeza y estiró la mano, retirando la preciada figura de las manos de su hermano.
-¿La hizo alguien más para ti?- la menor asintió. Sus ojos formando medias lunas, estaba sonriendo de nuevo- ¿Kanroji-san?- intentó adivinar, y ella negó con la cabeza- ¿Alguno de los pobladores?- nuevamente negó. Eso no dejaba muchas opciones, no había visto a mucha gente, ¿Quién más pudo haber sido?
-¿Genya…?- la menor cambio su expresión. La confusión llenando sus orbes- No te preocupes, olvídalo, ¿Estuviste sola todo este rato?- su sonrisa volvió y negó de nuevo.
-¿En serio? Qué alivio. Sabes, no creí permanecer tanto tiempo afuera, fue muy repentino. Lo siento mucho, no quería dejarte sola- el semblante de su hermana no cambio, y de inmediato supo que no estaba enojada.
-Tengo mucho que contarte. Este chico, Kotetsu-kun, él me está ayudando a entrenar. Tiene esta muñeca de entrenamiento, ¡Es realmente rápida!- su semblante decayó de repente- pero solo he recibido palizas y ni siquiera he podido acertar ni un golpe… Tokitō-kun parecía manejarlo tan bien, pese a que tenemos la misma edad, él lo hizo muy bien- fue entonces que notó que Nezuko parecía muy inmiscuida en el tema- Pero no te preocupes, puedo soportarlo porque soy el hermano mayor. Me volveré muy fuerte y regresarás a la normalidad. Así que no te preocupes, ¿De acuerdo?- y finalizó dando unas cuantas palmadas a su cabeza.
Nezuko le sonrió, disipando todo el malestar de su hermano.
-Pero me tengo que ir de nuevo- se levantó del engawa- Kotetsu es muy estricto, solo me dejo volver para cambiar mi uniforme- un pequeño tirón de lo que quedaba de su gastado uniforme lo detuvo- ¿Nezuko? ¿Qué pasa?- la menor señaló su cabello- ¡Oh! ¿Quieres que te peine? Bueno ¿Qué tan difícil puede ser?-
Ciertamente, había subestimado lo complicado que era el hacer trenzas. Había descubierto un nuevo sentido de respeto hacía Kanroji y todas las mujeres por el esfuerzo diario que representaba el peinarse de esa forma. Las trenzas que había hecho en las negras cortinas de su hermana lucían desaliñadas, y los cabos no eran proporcionales. No había seguido el orden correcto para trenzar, y había hecho un desorden con su cabello. Desenredarlo tomaría un rato. Kotetsu lo iba a matar por exceder el tiempo acordado.
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No tenía palabras precisas para describir la sesión de entrenamiento que había tomado. Lo cierto es que le había dicho al chico del haori de cuadros y al niño de mascara, que había sido un gran entrenamiento. Aunque para ser honestos, no se sentía de esa forma.
¿Qué sentido tenía el entrenar si sus movimientos eran tan pulidos, y los de la muñeca tan repetitivos como para representar un reto?
Infructífero. Había perdido su tiempo. Aunque al menos se había cerciorado de no estar oxidado, y eso en sí, ya podía ser considerado ganancia.
Sin detenerse a pensarlo demasiado continuó su camino hasta llegar a la posada. Recorrió los pasillos de esta sin prisa. Por la noche vería al jefe de la aldea para revisar cuestiones en torno a su nichirinto, así que hasta ese momento no había mucho que hacer.
En esos vagos pensamientos estaba cuando la presencia de una figura le hizo alertarse y detenerse repentinamente; quedando frente a la puerta, donde una joven de cabellos negros y largos le observaba fijamente.
Sus orbes eran rosados, y un bozal de bambú yacía colocado en su boca. La recordaba de algún lado, ya la había visto, ¿Cierto?
Sintió un leve pinchazo de dolor en la cabeza, lo cual lo ayudó a salir de sus pensamientos. No tenía por qué forzarse a recordar. Fue en ese momento que cayó en cuenta que ambos se habían estado mirando fijo.
-Te conozco de algún lado ¿Cierto?- la chica parpadeo un par de veces, y las comisuras de sus ojos se arrugaron levemente; le estaba sonriendo. Asintió un par de veces, y con eso le bastó para creerle. Tokitō Muichirō dio media vuelta y siguió su camino, dejando a Nezuko parada justo debajo del portal del shoji.
Así habían pasado los días, y cada vez que Muichirō regresaba a la posada una escena similar volvía a ocurrir. Cada vez que pasaba cerca de aquel cuarto, la menor se encontraba en el portal, y entonces ella le saludaba o le sonreía.
Nuevamente se encontraba recorriendo el pasillo, y se detuvo de nueva cuenta al verla parada ahí. Este era el tercer día que hacía lo mismo. La observó por un momento, y ella le sonrió.
-Kamado Nezuko- le llamó. La pequeña dama de rosa abrió los ojos, ligeramente desconcertada- Ese es tu nombre ¿Cierto?- y pese a no poder ver sus labios curvearse, tuvo la sensación que su sonrisa se intensificó.
Lo había recordado la noche anterior. Los sucesos acontecidos durante la junta de pilares, y el cómo Oyakata-sama había dado su bendición para que aquella demonio permaneciera con vida y conviviera en sintonía con los demás.
Entonces, el chico de aretes que había visto antes en los campos de entrenamiento junto al enano de máscara, había sido Kamado Tanjiro. Era obvio si te basabas en la lógica que su hermana estaba ahí; y uno iba a donde el otro.
Se aventuró a darle un vistazo a la habitación donde Nezuko había estado todo ese tiempo, y reparó en la ausencia de cierta persona.
-¿Tu hermano aún no ha vuelto?- y cuando la chica negó supo que él seguramente seguía afuera entrenando, ¿Seguiría con el mocoso de máscara? Tal vez estaban ocupando la muñeca, y es por ello que aún no volvía.
No supo cuánto tiempo paso parado ahí, hasta que notó como el cuerpo de Nezuko comenzaba oscilar ligeramente. Sus parpados luchaban por mantenerse abiertos. Y tampoco supo cuándo ni cómo lo hizo, pero se encontró a si mismo posando su mano sobre su cabeza y dándole un par de palmaditas.
-Deberías de ir a dormir- le dijo. La menor de los Kamado se talló los ojos, y le dedicó una somnolienta sonrisa antes de dar media vuelta y perderse dentro de la habitación. Dejando a un perplejo Tokitō atrás.
Ni siquiera se había detenido a pensar, simplemente había actuado. Y cuando se dio cuenta había palmeado la cabeza de la chica en un gesto que muchos definirían como afectuoso. Su mano se sentía tibia justo donde había conectado con su cabeza.
Desde aquella ocasión las cosas habían cambiado un poco. Ahora sus interacciones no se resumían a simples saludos o sonrisas. Ahora Nezuko inclinaría su cabeza en una silenciosa petición.
Es por ello que se dio cuenta mientras caminaba por el pasillo durante el quinto día, que la Kamado no estaba parada en el portal. Pero al pasar cerca de este vio la puerta abierta, y al asomarse la vio sentada y ocupando el espacio de la pequeña mesa en medio del cuarto. Había diversas hojas de colores regadas a su alrededor, algunas estaban hechas bolas, aunque la mayoría parecían estar intactas.
-¿Qué haces?- le preguntó acercándose. Nezuko atinó únicamente a voltear y sonreírle. Aunque casi de inmediato su atención volvió a lo que hacía. Sobre la mesa posaba una hoja, y las perseverantes manos de la joven hacían dobleces. Sus movimientos eran un tanto torpes, y los dobleces no eran exactos.
Tras unos cuantos momentos de observar lo que hacía, logró adivinar cuál era su objetivo.
-Los aviones de papel no se hacen así- le corrigió y tomando una hoja blanca del montón procedió a colocarla sobre la mesa- Los dobleces van así- Nezuko se acercó un poco más para poder observar adecuadamente. Y extrañamente su cercanía no le abrumo.
Bajo la atenta mirada de Nezuko continuó hasta crear el avión de papel perfecto.
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Nuevamente hizo su camino de vuelta. Se sentía cansado, adolorido, y de nueva cuenta su ropa estaba sucia y gastada. Aunque esto no le bajaba el ánimo en lo absoluto, todo lo contrario.
Al fin había acertado un golpe a la muñeca y si bien esta ahora ya no servía más, le había servido para dar con Haganezuka, y no solo ello, pero ahora el hombre de máscara Tengu le había dicho que forjaría su espada. Todo parecía estarse acomodando en su lugar, y no podía evitar sentirse aliviado.
Tenía muy buenas noticias para compartir con los demás huéspedes de la posada. Tal vez si se esforzaba, aun encontraría a Genya, y podría compartirle un poco de su travesía. Y sin olvidar a Nezuko, venía determinado a intentar trenzar su cabello de nuevo. Estaba seguro lo lograría esta vez, pues ahora no cargaba con ninguna prisa ni preocupación.
Aunque ese pensamiento se fue por la borda en cuanto la vio. Su hermana dormía plácidamente, aunque eso no era lo extraño. Portaba su cabello en una perfecta replica de como Mitsuri lo solía estilizar del diario. Tal vez algún alma caritativa habría cedido ante la petición de la menor, ¿Tal vez algún aldeano u algún habitante de la posada? Sonrió y agradeció mentalmente a aquel que se desvió de sus labores para complacer a su hermana.
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Salió de su habitación, deslizando el shoji tras de sí. Aún era temprano, y pese a no haber mucho movimiento el quedarse dentro todo el día no era una opción para el usuario de la respiración de la niebla. Sabía que tenía pendientes que resolver con los herreros. Recorrió el corredor que lo llevaría a las afueras, y muy para su sorpresa, logró distinguir a Kamado Nezuko parada en el portal de la puerta, tal y como lo solía hacer por las tardes.
Tal parecía que ella lo había estado esperando, porque al verlo sonrió, y de inmediato lo rodeó, haciendo varios ruiditos por debajo del bozal. Le tomó de la mano y dio un leve tirón. Con su mano libre señaló su cabello.
-¿Qué sucede?- preguntó sin entender del todo lo que pasaba. Su expresión serena, muy para el disgusto de la chica que continuaba jalando su manga insistentemente.
La Kamado dejo ir su brazo, y extendiendo su palma le mostro el contenido que sujetaba en su puño. Se trataba de un par de listones, similares a aquel que portaba en esos mismos momentos. Una vez mostrados estos, procedió a señalar su cabello.
Tokitō la observó fijamente. Parpadeó un par de veces comprendiendo lo que Nezuko pedía.
-¿Quieres que te peine?- preguntó. Y cuando obtuvo un asentimiento por respuesta suspiró. Sería fácil simplemente irse, pero algo se lo impedía, y por un momento pensó que tal vez esa era la habilidad demoniaca de la chica, la persuasión. Desecho el pensamiento en cuanto su mirada entro en contacto con la suya.
El silencio permaneció, la confirmación a la petición de la dama de rosa pendiente en el aire.
-Necesitare un peine- habló de repente. Y en menos de un parpadeo estaba siendo jalado de la manga hacía los interiores de la habitación.
La menor colocó un peine de madera sobre las manos de Muichirō. Y procedió a sentarse dándole la espalda para que pudiese trabajar en sus negras cortinas.
No era una labor difícil, no tomando en cuenta que Muichirō tenía cabello largo, y estaba familiarizado con el proceso. De poco a poco libró su cabello de nudos. Y observó por un momento a la Kamado, que había comenzado a tararear por debajo del bambú. A simple vista no parecía ser más que una chica de su edad, de ojos grandes, piel pálida y con un cabello peculiarmente suave. Lo único que salía a relucir e indicaba que era un demonio era el bozal, porque de ahí en fuera, no era diferente a una chica común.
Nezuko detuvo su tarareo y volteó. Como si estuviese cuestionando por qué se había detenido.
-¿Cómo quieres que lo haga?- y en cuanto la chica secciono su cabello en tres cabos, supo lo que quería, una trenza.
Esto terminó por volverse rutina, y al final terminó por ver a la Kamado no solo por la tarde, pero también por la mañana. Todas las mañanas volvería a peinar su cabello y finalmente se separarían en la puerta. Es como si la menor le desease un buen inicio de día, y como si lo recibiera por las tardes con una sonrisa.
Y aunque no entendía del todo lo que sucedía, una sensación cálida se instaló en su pecho. Tokitō Muichirō, al estar constantemente atormentado por su carencia de recuerdos no había reparado en lo solitario que solía ser su vida diaria. Y ahora se daba cuenta de lo agradable que era tener a alguien cerca.
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Su día había sido bastante ocupado, había salido más temprano de lo establecido de la posada. Y entre entrenamientos y visitar al jefe de la villa su tiempo se había ido volando. Al menos ahora tenía un nuevo herrero, y por lo tanto su nichirin podría obtener mantenimiento.
Ahora un nuevo problema se adentraba, ¿Cómo encontraría a Kono Kanamori?
Tal vez el chico Kamado lo sabría. Había escuchado de algunos de los trabajadores que había regresado la noche anterior. Por lo tanto, Nezuko ya no estaría sola por más tiempo, y pese a ser buenas noticias una sensación extraña se instaló en su estómago, ¿Ósea que ya no lo necesitaría más?
Decidió que no era momento para pensar en ello, y recorriendo la posada fue como finalmente llegó a la puerta de la habitación de los Kamado. Entró sin hacer ruido, porque a final de cuentas, el ser sigiloso ya era una segunda naturaleza para él. Y fue cuando encontró al par; estaban dormidos justo en medio de la habitación.
Sin detenerse a pensar demasiado le pinchó la nariz al mayor.
-¡Ngh!- se quejó. Y sus parpados se abrieron para dar paso a unos orbes burdeos. Su expresión ligeramente somnolienta, antes de abrir los ojos al percatarse de quien estaba ahí.
-¿Conoces al forjador de espadas Kanamori?- le preguntó sin esperar a que este abandonara el sueño por completo.
-¡Whoa, Tokitō-kun! ¿Me picaste la nariz?- preguntó Tanjiro llevándose las manos a su rostro y cubriendo su nariz.
-Seh. Tu sí que reaccionas lento- señaló. Como espadachín que era, lo adecuado sería que sus instintos de reacción predominaran, pero tal parece que no era así.
-¡No, no! Me refiero a que lo hubiese notado si te hubieses acercado con malicia o algo por el estilo- intentó explicar mientras movía sus manos.
-Bueno, no lo haría si tú tuvieses malas intenciones-
-Bueno, lo conozco…-Dijo volviendo al tema de Kanamori-¿Pero por qué preguntas? Creo que él esta con Haganezuka-san-
-Él es mi nuevo forjador, ¿Dónde se encuentra Haganezuka?- dijo sin más.
-¿Quieres venir a verlos conmigo?- propuso alegre el Kamado.
-¿Por qué te interesa tanto?, ¿No tienes nada más que hacer?- a simple vista, uno pensaría que estaba siendo grosero. Pero tanto su voz como sus gestos no demostraban nada, no había malicia de por medio.
-Ayudar a las personas también termina siendo de utilidad para uno al finalizar del día. Y también tenía ganas de irlos a ver, así pues, que buen momento- agregó Tanjiro.
-… ¿Qué?- las palabras del portador de la respiración del agua haciendo eco en su cabeza. Sus ojos abriéndose de más- ¿Qué acabas de decir? Justo ahora- necesitaba escucharlo de nuevo.
-¿Huh? Dije qu- Nezuko se reincorporó de golpe de su lugar y terminó golpeando a su hermano con la cabeza justo en la barbilla- ¡Nezuko! ¡Despertaste!- sonrió alegre, y comenzó a acariciar su cabeza y decir un par de cosas, cosas que Tokitō dejó de escuchar por lo abstraído que estaba.
¿Ayudar a la gente ser de utilidad? ¿Qué tipo de utilidad podría tener el ayudar a alguien más? Era algo sin sentido. Si no había algún beneficio de por medio era absurdo, pero… ¿Acaso no era lo que había estado haciendo con la menor de los Kamado? Su mirada reparó en ella, y como aún portaba su cabello en trenzas. Había estado estilizando su cabello los últimos días, dándole palmadas e incluso le había hecho aviones de papel. Y el bienestar que se instalaba dentro de sí al verla feliz era innegable. Tal vez, solo tal vez, si había utilidad en ayudar a la gente.
Y como si la Kamado recién reparase en él, se le acercó y sentándose a su lado, le sonrió. Con la precisión de aquel que ha repetido un movimiento millones de veces levantó su mano y le dio un par de palmadas en la cabeza, y esta soltó sonidos de deleite, todo bajo la atenta mirada de Tanjiro.
-¡Hey! Parece que le agradas- sonrió el portador de aretes hanafunda. Y sin decir más agregó:-¡Vamos a buscar a Haganezuka!-
Y fue así como en medio de la noche. El trio salió en busca de ambos herreros. Tanjiro guiaba el camino al tiempo que hacía una leve charla, la cual, en su mayoría era respondida por él mismo. Muichirō iba por detrás, y de un momento a otro, sintió como la mano de Nezuko se prendía de la suya. Volteó a verla y la observó por un momento, esperando desencadenar alguna reacción de ella, pero cuando esta solo inclinó su cabeza y le dedicó una sonrisa decidió que no le molestaba.
Su mano era ligeramente más pequeña y delgada. Sus uñas rozaban con su piel y sus manos, contrario a las suyas, eran suaves, y un tanto frías. Y fue entonces cuando supo que Tanjiro tenía razón. Si el estar y ayudar a la Kamado dejaba esta sensación en él al final del día, no le molestaría en lo absoluto permanecer cerca por un rato más.
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Todo había sido demasiado rápido. Dos lunas habían aparecido y destrozado por completo la villa de los herreros. Sin embargo era preferible tener pérdidas materiales a humanas, ¿Cierto?
-¿Están bien?- preguntó Muichirō una vez los hermanos Kamado estuvieron cerca. Nezuko cargaba a su hermano en su espalda.
-Oh… Tokitō-kun… Gracias… a salvo… Espada… gracias- Cierto, él le había lanzado la espada (muy pese a los lloriqueos de Haganezuka) para que decapitara al demonio.
-Gracias también a ustedes. Logré recuperar algo importante- las palabras de Tanjiro habían sido un pequeño empujón para la cascada de recuerdos que le invadió durante su pelea. Ahora podía recordar a su padre, a su madre, a Yuichirō…
-Eh, oh no. No hice nada- aun y cuando se sentía tan cansado, Tanjiro insistía en permanecer humilde.
Tras examinar brevemente el estado del Kamado, su mirada recayó en Nezuko. En lo diferente que su cabello lucía ante la luz, y el cómo los rayos del sol atravesaban sus irises. Era todo un espectáculo. Se sentía aliviado de que estuviese bien, y de que ella ahora pudiese estar parada ahí justo bajo el sol.
-Nezuko- le llamó. Tenía que saber bien lo que sucedía- ¿Qué fue lo que-
-¡Chicos!- le interrumpieron. La voz aproximándose en forma de la Pilar del Amor- ¡Wha! ¡Ganamos, ganamos! ¡Es asombroso!- chilló Mitsuri Kanroji al tiempo que sujetaba a todos y los unía en un fuerte abrazo.
-¡Estamos vivos! ¡Gracias al cielo!- las lágrimas hicieron acto de presencia.
Muichirō sintió sus labios curvearse ligeramente mientras observaba a la Kamado repetir lo que la pilar decía. Ya tendría más tiempo de averiguar lo sucedido respecto a la chica-demonio. Mientras tanto disfrutaría la sensación de ser envuelto en la calidez de los cuerpos que lo rodeaban; Nezuko pegada a su lado.
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La mudanza y reinstalación de los herreros se puso en marcha al par de horas. Una vez oscureciera más demonios podrían llegar, y ese no era un riesgo a tomar. No hubo tiempo para brindar respeto a los caídos, más que para enterrarlos y resguardar sus cosas. El tiempo seguiría su forma, y más pronto que tarde posibles riesgos se acercarían.
El equipo de cazadores había sido llevado por los Kakushi hacía la finca de la Mariposa. Aparentemente la única librada de heridas de gravedad había sido Nezuko. Genya, pese al haber comido una parte de la luna superior a la que se habían enfrentado, no había sido eximido de heridas ni de cansancio. Lo cual dejaba a dos pilares y al par de jóvenes bajo el cuidado de las habitantes de la finca.
Su descanso había sido agitado. Los fantasmas del pasado cazándolo, lo podía recordar todo. Sus padres habían muerto cuando tenía diez, y se había quedado solo a la edad de once. Yuichirō había estado a su lado por un año más que sus padres.
El "Mu" en Muichirō es el "In" de "Ineficaz", el "Mu" en Muichirō es el "In" de "Inválido".
Los sentidos de Tokitō conectaron, siendo su oído el primero en reaccionar y regresarlo a la realidad. En cuanto escuchó el sonido de las sabanas moverse sus parpados se abrieron para revelar un par de orbes color menta.
Se dio cuenta de inmediato que estaba en la finca de la mariposa, mas su atención finalmente recayó en lo que sucedía, o más bien, en quien estaba ahí. Kamado Nezuko, ahora en una versión más pequeña y de apariencia pueril, se encontraba recostada a su lado en la cama. Sus ojos la observaron con curiosidad, ¿Es que planeaba hacer algo?
-¿Qu- no pudo terminar de externar sus dudas. La pequeña dama de rosa colocó su mano sobre sus labios exigiendo silencio. Era probablemente de madrugada, y la Kamado siendo el alma considerada y generosa que era no quería perturbar el descanso de los demás.
Sus pequeñas manos hicieron un camino ascendente hasta posarse en la coronilla de su cabeza. Y afiladas pero dóciles garras arrastrándose levemente sobre su piel y cabello hasta completar su recorrido. Y una vez llegó a su destino acaricio la cabeza del joven pilar.
Se sintió abrumado de inmediato, y sintió su cara acalorada, una sensación extraña y nueva instalándose en él. De repente la habitación se sintió demasiado pequeña, y nada le habría gustado más a Tokitō que levantarse y poner todo el espacio posible entre él y Nezuko. Pero no se sintió capaz de hacerlo, no cuando la menor lo atrajo más hacía ella y sus dedos se hundieron en su cuero cabelludo, masajeándolo y tomando un ritmo y aire tranquilizador.
Poco a poco su cuerpo perdió la rigidez, y antes de darse cuenta sus parpados se habían cerrado nuevamente, dando paso a una nueva ronda de sueños. La calidez que emanaba su acompañante permaneció a su lado toda la noche; no hubo más pesadillas por lo que restaba de la noche.
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Por lo que le dijeron los demás se enteró que había pasado dos días durmiendo por completo. Y casi de inmediato en cuando él y Kanroji estuvieron listos para dejar la finca fueron convocados a una reunión de emergencia entre pilares en el estado de Ubuyashiki.
Fue aquí cuando un gran intercambio de información tuvo lugar entre los pilares. Los hechos sucedidos en la villa de los herreros fueron recontados. No todo era miel sobre hojuelas, si bien el hecho que la menor de los Kamado haya logrado conquistar el sol había resultado algo aliviante para el modo en el que transcurrieron las cosas, las posibles consecuencias que esto podría desencadenar era lo que tenía a los altos mandos preocupados.
Kibutsuji Muzan probablemente ya se habría hecho de esta información, y probablemente sus planes hubiesen cambiado y ahora girasen en torno a la menor. Esto solo podía significar que la posible batalla final estaba más cerca de lo que hubiesen esperado anteriormente.
Más tenían un as bajo la manga. Amane-sama les había informado respecto a las marcas que habían aparecido en ambos pilares durante su enfrentamiento más reciente. Y como esta se trataba de una cualidad bastante común de los espadachines de la era Sengoku. Aparentemente estas marcas mejoraban el empeño en batalla y en habilidades físicas.
Los engranes comenzaban a girar, y todo se puso en movimiento. Himejima había ideado una forma de entrenamiento para los miembros de los cazadores y que las marcas continuaran esparciéndose.
Mientras los planes se terminaban de afinar, cada pilar se retiró a atender asuntos propios. Fue así como Muichirō se encontró a si mismo dirigiéndose a la finca de la mariposa. Tenía poco más de una semana que había dejado el lugar, y según lo que había escuchado, Tanjiro ya había despertado.
Logró distinguir la figura femenina de dos chicas. Una se trataba de Kanzaki Aoi, la común habitante de la finca, y a su lado estaba Nezuko. Pese a que él mismo lo había presenciado anteriormente, no podía evitar sentirse un tanto impresionado ante la idea de un demonio bajo el sol.
Las féminas parecieron notarlo, o al menos Aoi lo hizo. Y la Kamado re direccionó su atención a lo que había distraído a su acompañante. Menta y rosa chocaron en cuanto sus miradas se encontraron, y Muichirō cayó en cuenta que ahora no portaba el bozal.
-Bien… bienvenido- dijo, y una sonrisa se formó en su rostro. Sus colmillos sobresalían ligeramente. Aoi observó el intercambio con una ligera sonrisa, como aquel que mira con orgullo a un hermano menor.
-Cierto, ahora puedes hablar- dijo tras recordar como al final de la batalla repetía lo que Kanroji decía- ¿Cómo está tu hermano?- preguntó.
-¡Oh! ¡Tokitō-kun!- y como si lo hubiesen invocado con el solo mencionar su nombre Kamado Tanjiro apareció por el pasillo, su pierna estaba enyesada y se movía con ayuda de una muleta.
-¿Qué haces aquí?- habló Aoi deteniendo su tarea de tender la ropa por un momento– No puedes moverte demasiado aun, ¿Recuerdas? Tu pierna sigue delicada ¡Vamos, regresa dentro!- le riñó la chica de coletas.
-P-pero-
-Te ayudo a volver, vamos- habló Tokitō, el cual, en algún momento había trepado al engawa y ahora estaba a su lado.
Hicieron su trayecto hacía una pequeña sala de estar. El lugar tenía una puerta con vista al jardín, una mesa y un pequeño librero pegado a la pared.
-Tokitō-kun, no quiero sonar grosero, pero ¿Qué haces aquí?- pregunto el de aretes hanafunda en cuando llegaron a la habitación.
-Bueno, quería saber cómo estaban- ambos tomaron asiento- Estuviste dormido varios días-
-Fueron 7 días, pero escuché que Kanroji-san y tú solo durmieron dos y se sentían mejor, son increíbles- agregó alegremente- Por cierto, Inosuke estuvo aquí hace poco, y mencionó algunas cosas respecto a un entrenamiento. La verdad no me quedo muy claro- Muichirō le volteó a ver.
-Es sencillo- comenzó- ¿Recuerdas el cuervo que mando Amane-sama?-
-Sí, me preguntó respecto a una marca-
-Durante la batalla en la villa de los herreros, aparecieron marcas sobre Kanroji y sobre mí. Según lo que Amane-sama mencionó, estas son cualidades que los guerreros de la era Sengoku portaban, y ayudaban a mejorar su desempeño y efectividad en la batalla. Estas marcas se propagan, y si queremos mejorar debemos propagarlas con mayor rapidez. Himejima pensó que si realizábamos algún tipo de entrenamiento colectivo más marcas aparecerían- explicó.
Tanjiro lo escuchó detenidamente. Tokitō parecía haber cambiado un poco desde aquella vez en la villa de los herreros, parecía más expresivo y centrado, y sin mencionar que no lo había escuchado hablar tanto en el tiempo que llevaba de conocerlo.
El usuario de la respiración de la niebla continuo brindando detalles. Eventualmente la conversación giró en torno a los demás pilares y otras situaciones. Tras un rato, las demás habitantes de la finca ingresaron a la habitación junto con un sonrojado Genya. Tal parecía que el pelinegro no terminaba de acostumbrarse a la presencia de las féminas.
Fue así como Genya fue incluido en la conversación, y poco después Nezuko arribó también. Entró a la habitación y se dirigió a donde su hermano, mas al ver a Muichirō hizo un leve desvió y término por sentarse entre él y su hermano. Este detalle no paso por desapercibido para el mayor de los Kamado, quien, levemente sorprendido, se preguntó el motivo de tanta familiaridad, y si ambos se llevaban bien y desde cuándo.
En algún momento Naho regreso con un poco de té para todos. El rato procedió agradable y justo al bajar su taza, Muichirō sintió un leve tirón en el borde de la manga y encontró a la causante a su lado. Ella sonrió, y señaló su cabello.
-¿Quieres que lo trence?- preguntó. Y por respuesta obtuvo un asentimiento. Nezuko se giró un poco para que el pudiese tomar el cabello y dividirlo en tres cabos. Sus manos se movieron con la destreza de alguien que ha repetido la acción diversas veces.
-Espera, ósea que, todas esas veces que volví de con Kotetsu-kun y Nezuko tenía su cabello trenzado ¿Fuiste tú?- preguntó Tanjiro. De repente todas las piezas encajaron. Las trenzas, los aviones de papel y la familiaridad con la que su hermana se acercaba al pilar.
-Si- respondió-no fue muy atento dejar a tu hermana tanto tiempo sola- Tanjiro sintió su alma abandonar su cuerpo. Tenía razón. En cuanto sujetó las puntas con el lazo que la pequeña dama de rosa le tendió, agregó:- Ya quedó.
Nezuko pasó la trenza a su lado para inspeccionarla, y sonrió contenta con el resultado.
-Gr…gracias- pronunció con dificultad- M…Mui- y sonrió satisfecha ante la forma en que sus atropelladas palabras habían salido con esfuerzo. Tanjiro se sintió desfallecer (Por segunda ocasión en menos de cinco minutos) por la forma en que su hermana se había referido al pilar.
-¡Nezuko! Es Tokitō- corrigió, sus mejillas levemente rojas ante el atrevimiento de la menor. La expresión de la Kamado compungiéndose.
-Muichirō está bien- agregó el pilar al presenciar la escena, y dio un par de palmadas a la cabeza de la fémina. El semblante de esta iluminándose de inmediato.
Tanjiro observo la escena, y la calidez se esparció en su cuerpo. Tokitō era una buena persona. Y aprovechando que Sumi y Kiyo estaban obligando a Genya a comer algo de dango y que la atención estaba dispersa, decidió actuar.
-Hey, Tokitō-kun- le llamó, y este desvió su atención de la fémina, la cual se unió a las demás habitantes para jugar un juego recientemente popular entre ellas, que probablemente se llamaba "Molestando a Genya" o algo por el estilo.
Una vez estuvo seguro de tener su atención, procedió con su plan.
- ¿Te gusta Nezuko?- preguntó de golpe. Más la pregunta no perturbo al joven pilar en absoluto.
-Claro, es muy agradable. No entiendo porque no lo haría- finalizó. Tanjiro sonrió divertido y reformuló su pregunta en su mente antes de externarla.
-No, quiero decir. Un gustar gustar… me refiero a que, si Nezuko te gusta, como para pasar tu vida con ella cuando vuelva a ser humana- intentó explicar demasiado concentrado en explicarse como para ver al usuario de la respiración de la niebla a los ojos- ¿Te gusta Nezuko?- repitió.
Ante la falta de una respuesta Tanjiro levantó su mirada, y se encontró a un Tokitō Muichirō que nunca había visto antes. Sus ojos estaban más grandes de lo común y sus labios levemente abiertos. Más lo que atrapaba su vista era el creciente arrebol sobre su rostro. Aunque el estupor se disipó rápidamente, su expresión volviendo a la normalidad, más el rubor permaneció en su lugar.
-¿Y… y que si es así?- soltó, sonando más apresurado de lo que a él mismo le hubiese gustado. Tanjiro lo observó por unos cuantos segundos, y su expresión se rompió en una sonrisa.
-Entonces te daría la bienvenida a la familia. Mientras seas tú, sé que puedo estar tranquilo- agregó contento- Además, estoy casi seguro que a Nezuko le gustas también- y la cara del pilar se volvió a encender.
-oOo-
Había sido algo extraño, complicado de entender. Sin embargo, cuando Tanjiro le preguntó, supo que tenía razón. De alguna forma había terminado cayendo ante los pies de Kamado Nezuko.
Cada vez que la veía, y con cada pequeña acción emprendida, la chica de orbes rosas había logrado hacerse de los pensamientos y del sentir del usuario del aliento de niebla. Le habría gustado verla antes de que la llevasen al escondite de donde se refugiaría de la inevitable batalla que estaba por venir.
-¿A dónde creen que van? Aún no han terminado las repeticiones- su voz autoritaria salió. En ese momento se encontraba entrenando con los cazadores correspondientes a su parada. Sacudió su cabeza alejando cualquier pensamiento relacionado a la chica demonio, ya tendría tiempo para ese tipo de cosas después.
-oOo-
La lucha contra la primera luna superior había sido más que dura. Y el dolor en aquellos momentos lo superaba de sobremanera. Había recibido tantos golpes y cortaduras que le resultaba imposible rememorar cuantas veces había sido impactado. Su hombro había sido atravesado, y había perdido su extremidad izquierda desde la muñeca. No obstante, las heridas más graves las había obtenido al entrar en su rango de ataque.
Había luchado al lado de Genya, Himejima y de Sanemi. Las marcas habían aparecido, y había sido gracias a su trabajo en conjunto que habían logrado derribar a la primera luna superior. Había resultado irónico, incluso cruel, que él mismo había sido descendiente de aquel sujeto. Y ahora estaba muriendo a causa de él.
Se sentía mareado, y su respiración era laboriosa. Dentro de sus alucinaciones logró distinguir la forma de Himejima acercándose hacía su punto en el piso.
Entonces te daría la bienvenida a la familia. Mientras seas tú, sé que puedo estar tranquilo.
Además, estoy casi seguro que a Nezuko le gustas también.
Si tan solo se le hubiese dado la oportunidad. Cerró los ojos y la oscuridad lo envolvió por completo. El dolor finalmente desapareciendo.
-oOo-
Había visto una entrada justo cuando Himejina hizo su lanzamiento, y fue así como, a toda velocidad se acercó y logro atravesar a Kokushibo en el torso. La satisfacción de haber acertado le llenó, alejando el dolor por un breve momento.
Dolor que fue reemplazado por miedo en cuanto los tres pares de ojos pertenecientes al demonio que alguna vez fue su ancestro le miraron hacia abajo. De repente sus pupilas se dilataron y el mundo pareció detenerse. Aquellos horribles ojos le observaban con desprecio.
Sus ojos se abrieron de golpe solo para encontrarse con el techo de su habitación. Nuevamente había tenido la misma pesadilla. Hacía años que habían derrotado a Muzan, las pérdidas habían sido grandes, tanto humanas como materiales, pero había valido la pena con tal de poner fin al reino de aquel demonio.
Recordaba perfectamente, de todos los pilares que se habían adentrado a batalla solo tres habían sobrevivido. Solo de aquellos cuyos cuerpos había sido posible recuperar yacían en descanso eterno bajo la tierra sagrada, no todos habían tenido suerte.
Algunas secuelas y daños irreparables habían quedado, las pesadillas y la falta de su extremidad izquierda como prueba de ello. Pero no dejaba que ello le afectara del todo, agradecía estar vivo.
Giró su cuerpo levemente para encontrarse con el cuerpo de su esposa, ¿Quién lo diría? Que realmente terminaría con ni más ni menos que Kamado Nezuko, actualmente Tokitō Nezuko.
Una vez Nezuko había vuelto a ser humana y ambos se volvieron a ver, una pizca de reconocimiento se reflejó en los orbes de la muchacha. Estos ya no eran rosas y vacíos, ahora eran similares a los de su hermano y llenos de su misma amabilidad.
La Kamado le había comentado que no recordaba bien todo lo sucedido, y que solo conservaba algunas memorias. Tras el pasar del tiempo ambos se volvieron más cercanos, la atracción que se tenía antes intensificándose, hasta que eventualmente sucedió, Tokitō Muichirō terminó por pedir la mano de la joven en matrimonio.
-¡Te dije que sucedería! ¡Bienvenido a la familia!- había dicho Tanjiro con una sonrisa gentil y llena de alegría.
Se casaron al poco tiempo, muy pese a los berridos y reclamos de cierto chico de amarillo. Y es lo que los llevaba al punto actual de su vida.
Vivir era bueno, sí que lo era.
Rodeó la figura de la fémina con su brazo y la atrajo hacía sí. Sus talles quedando el uno contra el otro. Sintió el leve movimiento de su cuerpo, y sus ojos se abrieron de a poco. Su expresión suavizándose en cuanto sus miradas se encontraron.
-¿Otra pesadilla?- preguntó somnolienta.
-Otra más- no dio detalles. Nunca daba detalles, no por miedo, pero porque no quería preocupar a la dueña de su afecto.
-Hmm… entiendo- atrajo la cabeza de su esposo hacía su pecho, y él se aferró a su cintura. Una vez así, Nezuko coló sus dedos entre su cabello y masajeó su cuero cabelludo, tal y como había descubierto le gustaba. Él soltó un suspiro contento, y ella sonrió. Poco a poco el mundo de los sueños le reclamó de vuelta.
N/A: Aquí mi 2do aporte al fandom. Recién estuve explorando el mundo de pairings que tiene Nezuko, y que agradable sorpresa fue ver que tenía gran variedad. No me gusta Zenitsu debo aclarar, y me di a la tarea de buscarme el ship ideal para Nezuko. Estaré explorando más dentro de los pairings para Nezuko, así que si están interesados, estén pendientes de mi :))
Decidí darle un final feliz a Mui, se lo merece. Por cierto, para este fic deje de lado el concepto de la muerte a temprana edad por las marcas, así que si, es un final feliz si o si xD
La idea para este fic me surgió de un par de fics que leí en AO3:
*star light, star bright (the first star i see tonight) de Raging_Nerd (el 2do capitulo)
*Demon slayer Oneshots I came up with at night cause I have a lot of ideas at night de MelMel1234567 (También el 2do capitulo)
Además del capítulo 179, donde durante una viñeta vemos a Muichirō, a Tanjiro, Genya y Nezuko juntos. Es de ahí que quise intentar darle forma a mi fic.
Cuando digo que solo tres pilares sobrevivieron no cuento a Uzui, pues especifique "de todos los pilares que se habían adentrado a batalla", y para este punto, él ya se había retirado y estaba protegiendo a Kiriya-sama. Por cierto, algunas de las conversaciones son tomadas del manga, por lo cual puede que difieran según los fansub que lean ustedes.
Cuéntenme, ¿Qué les pareció? Para ser sincera no estoy segura como maneje a Muichirō. Así que si hay algún consejo o error de ortografía no duden en hacérmelo saber.
Nos leemos. Besos~
