I. Onigumo.
Amar es reconstruir, cuando te alejas, tus pasos, tus silencios, tus palabras, y pretender seguir tu pensamientocuando a mi lado, al fin inmóvil, callas. Amar es una cólera secreta, una helada y diabólica soberbia.
Todo en él ardía.
Desde su piel quemada, hasta las sucias y vastas vendas ensangrentadas, que se extendían en todo su cuerpo mallugado, cubriendo lo que quedaba de él.
A pesar de su patética situación, podía sentir como poco a poco dentro de su ser estaba siendo consumido por un insaciable hato de diferentes y nada desconocidas sensaciones.
Rencor, envidia, culpa.
En su mente aún albergaba vagamente el recuerdo de la mueca de disfrute de su camarada al verlo caer por el barranco.
Incendiado y mutilado por sus compañeros de robo. Se resignó a morir de esa miserable manera, pues su vida había sido lo bastante jodida como para luchar por ella. Por eso, cuando despertó por el fétido aroma de su sangre coagulada, se sorprendió de haber sobrevivido a tan dura caída y en tan malas condiciones.
Evidentemente su cuerpo lo había resentido, ya que se desangraba de una forma excesiva y sus piernas estaban terriblemente rotas, decidió que lo más lógico y menos doloroso sería guardar silencio y esperar con paciencia su inevitable muerte.
Sin embargo, el destino tenía otros planes para él, pues en la lejanía una silueta se acercaba a gran velocidad.
Ambición, deseo, esperanza.
Cuando la sacerdotisa estuvo a metros de él una ola de emociones propiciaron su demacrado corazón, se sintió en un mundo errático, como si de pronto la vida se adhiriera a sus frágiles huesos. Y sin preguntarle lo ayudó, a él, al hombre de rostro deforme y cuerpo quebrado.
Bajo sus más primitivos instintos, se dejó guiar y cuidar todos los días sin falta por ella, naturalmente, con el tiempo comenzó a desarrollar sentimientos por la joven pelinegra, llegando al punto de sentirse aliviado con el simple hecho de verla, pues pocas veces escuchaba su voz, que era tan efímera y dulce, siempre parecía ser un hálito del viento que cruzaba los pastizales hasta la caverna.
Odio, celos, obsesión.
Lo supo desde que pudo ver con claridad su rostro por la vela que ella tomaba entre sus manos, supo que algo había pasado en la vida de la sacerdotisa.
Sus alargados ojos achocolatados tenían un esplendor diferente, la indiferencia que eclosionaba en ellos había desaparecido, ahora, solo quedaba un sutil rastro de frialdad.
Cómo era de esperarse, dejó de asistir a sus encuentros, y él comenzó a ser atendido por su pequeña hermana, quién tenía el rostro más tosco y duro que ella. Extraordinariamente, fue con la pequeña aprendiz con la que conversaba más.
Sin embargo, aún se sentía traicionado, no podía entender porque la sacerdotisa lo había abandonado y fue así que conoció al demonio arácnido.
— ¿No quieres saber por qué no está contigo?
Disclaimer: InuYasha (犬夜叉), es el manga de Rumiko Takahashi. Ninguno de los personajes me pertenecen.
Personaje utilizado: Onigumo.
Advertencia: Nada de lo que estoy escribiendo es oficial, la neta no sé muy bien sobre su historia, pero mientras veía la serie con mi mamá me entró un impulso por escribir de ellos. En fin, espero que te haya gustado. [Rated T].
Nota: Puedes encontrar mi obra en Wattpad y mis otras RR. SS. con el título "Mortíferos". Se prohíbe su copia y/o adaptación de los apartados de esta obra.
Nota 2: Créditos a @naesxph, por tan maravillosa portada. La puedes encontrar en Wattpad.
