¡ADVERTENCIAS!

Universo alterno

OoC

Songfic inspirado en "Historias de taxi" de Ricardo Arjona

Contenido 18

Sinopsis:

El mundo es un pañuelo, dicen...

Chifuyu era taxista y decidió pasar su noche trabajando en el vehículo tras la suspensión de su cita nocturna con su pareja.

Matsuno comprueba que el mundo es pequeño cuando alguien pide la parada de su taxi y mientras viaja, le cuenta la realidad de su vida amorosa. Una vida que, casualmente, comparte muchas similitudes con la suya.

Un amor, una infidelidad y una drástica decisión les brindará nuevas experiencias en el plano sexual...

¿Qué pasará cuando el destino los junte y les muestre la verdad?

Disclaimer: Los personajes pertenecen a Ken Wakui.

Fanart: @とらふゆ (Twitter)


«El falso amor no es inmortal como el verdadero amor; su luz se extingue tan veloz como se apaga el deseo.»

—Alexander Hamilton.

[...]

El mundo es un pañuelo, dicen...

Sin embargo, nadie podía explicarlo a detalle.

Las luces de la ciudad eran el toque mágico de la noche. Daban cierta impresión de encontrarse en un cuento de hadas en donde la fantasía no existía, mas si la cruda realidad.

«Lo siento, esta noche trabajaré hasta muy tarde.»

Recordaba ese último mensaje y lamentaba tener que reemplazar su cita de sábado por la noche para trabajar y olvidar su frustración.

Suspiró al mirar su billetera y percatarse de que hubieron muy pocos pasajeros, pues la demanda era muy alta pero los taxis no perdían la oportunidad para llenar sus bolsillos.

Frunció el ceño y apretó el volante. Esperó que el semáforo cambiara de rojo a amarillo y, posteriormente, a verde para otorgarle el paso. Cuando así sucedió , las gotas comenzaron a mojar el parabrisas. Al principio no le dio importancia pero, al ser copiosa en cuestión de minutos, debió encender el limpiaparabrisas para lograr un mejor campo visual.

Cuando creyó que su noche sería la peor de todas, una mano extendida a lo alto de una esquina le indicaba que por fin podría tener esperanzas de salvarse. Detuvo su vehículo frente a él y el pasajero subió con mucha prisa, tratando de mojarse lo menos posible.

Una vez que subió, cerró la puerta con cuidado y su cuerpo tembló al sentir la diferencia de temperaturas entre el exterior y el interior del automóvil.

—¡¡Buenas noches!! —exclamó el taxista mientras lo observaba por el espejo retrovisor.

El joven arregló su larga cabellera y desvió su mirada hacia la ventanilla. Sus ojos se veían cargados de dolor y nostalgia.

—Buenas noches... —respondió en un tono quebrado. El conductor notó cómo el pasajero tragaba saliva a cada momento y supuso que contenía el llanto. —Te pagaré lo que sea, pero necesito pasar el rato.

Con la vista al frente de la avenida, condujo sin ningún rumbo. Estaba confundido, pues su pasajero se quedó mirando la nada misma. Sus pupilas daban cuenta del vacío que tenían en su interior, la angustia que cargaba en silencio y un corazón roto.

No obstante, el chofer se enfocó en todo lo que ganaría con sólo un viaje sin destino.

[...]

Tras varios minutos, el joven rompió el silencio. La lluvia había dado tregua por un momento y el muchacho aprovechó para sacar una cajetilla del bolsillo de su pantalón.

—¿Te molesta si fumo? —preguntó en un tono más calmado.

—Si abres la ventanilla, no veo el problema. —sugirió y dio la vuelta en otra de las calles principales.

El hombre colocó el cigarrillo en sus labios y lo encendió. Bajó el vidrio y apuntó con él hacia la calle. Inhaló y lo retuvo por un buen rato hasta soltarlo. Aquel suspiro daba cuenta de que comenzaba a alcanzar la relajación que tanto anhelaba.

—Gracias, lo necesitaba —Dio una calada más y lo arrojó a pesar de que no lo terminaba. —. Esta mierda es lo único que me calma después de conocer esa espantosa verdad.

El conductor ojeaba por momentos a través de su espejo retrovisor hasta que ambos cruzaron sus miradas. Los ojos de su pasajero recobraron la vida y notó cómo el brillo podía llegar a encandilarlo. Su cabello era oscuro pero tenía varios mechones teñidos de un color claro, realzando su delicada tez. Llevaba una campera informal abierta hasta la mitad de su pecho, con los hombros caídos y que le permitía ver una remera negra debajo. En su oreja izquierda llevaba un pendiente que tintineaba al moverse.

—Pues, comprendo lo que dices... —respondió amablemente, ignorando por completo que él jamás había fumado.

—¿Puedo preguntarte algo? —interrumpió, acercándose deliberadamente al espacio que separaba el asiento del conductor con el del acompañante. Se aferró al borde de ambos y giró apenas su rostro para mirarlo de cerca. —¿Qué piensas sobre la infidelidad?

Sorprendido, el chofer dirigió su mirada hacia el joven y se detuvo ante el semáforo en rojo. Respiró profundo y apretó con fuerza el volante.

—Creo que es una bajeza, pues no existe algo peor que la traición para evitar enfrentar a la realidad, a los sentimientos y eso destruye muchos corazones. —espetó y se enfocó en las orbes del joven, haciendo hincapié en el pequeño lunar ubicado debajo del ojo derecho.

Él regresó hasta su asiento en la parte trasera y cruzó sus brazos. Giró su cabeza hacia la ventanilla y mordió su labio inferior,volviendo a contener su llanto.

—Pienso lo mismo, ¿sabes? —murmuró y cerró sus ojos. —Creí que él me valoraría pero al final de cuentas jugó con mis sentimientos.

En ese momento, el chofer se dio cuenta de que el joven mantenía una relación homosexual y supuso que él, teniendo la misma orientación, podría comprenderlo y aconsejarlo.

—Soy homosexual y creo que podría ayudarte. Digo, si quieres desahogarte o pedirme algún consejo, haré mi mejor esfuerzo. —sugirió.

—Podrías ayudarme incluso si fueras heterosexual, ¿sabías? —respondió en un tono áspero, frunciendo el ceño pero sin voltear a verlo. —A menos que tu intención sea coquetearme, porque no vería el caso de que me aclares tus gustos. —sentenció y dirigió su mirada hasta el espejo retrovisor.

El conductor rió con nerviosismo, pues era cierto que su elección de palabras no había sido la adecuada. Al volver a detenerse en un semáforo, miró a su pasajero. Siendo honesto, asumía que el joven era apuesto y muy sensual, cualidades que a él podría atraerle fácilmente si no estuviera en pareja con alguien más.

»—Soy Kazutora, es un gusto compartir una charla tan agradable contigo —espetó y acomodó un mechón de su cabello detrás de su oreja izquierda. —. Te tomaré la palabra y te pediré un favor. Prometo pagarte muy bien por esto. —enarcó su ceja derecha y sonrió.

El taxista no podía negarse a ganarse todo lo que pudo haber obtenido en la noche en tan sólo unos minutos. Era una oferta tentadora que no quería rechazar.

—Chifuyu, a tu servicio —A pesar que el semáforo ya estaba en verde, él no avanzó. —. Dime, ¿en qué puedo servirte?

Kazutora mordió su labio inferior y, de una manera muy extraña, pasó de estar en el asiento trasero al del acompañante. Se apoyó contra el respaldo y suspiró.

La lluvia volvía a manifestarse, empapando el parabrisas rápidamente.

—Quiero sentirme pleno, deseado... —susurró el pasajero, deslizando sus dedos índice y mayor por su pecho. —Me enteré que el idiota de mi novio me engaña y la rabia me carcome por dentro. Quiero follar, que me follen o lo que sea... No me importa.

Chifuyu, sorprendido y avasallado por la confesión de Kazutora, tragó saliva y se calmó para evitar que el joven se confundiera. Era una fuerte tentación la que estaba frente a él, su desesperación era palpable pero Matsuno no tenía la fuerza para engañar a su pareja.

Debía asumir que Kazutora era directo, guapo y su cabello largo lo atraía. De hecho, Chifuyu tenía un fetiche con los hombres de larga cabellera, pues imaginaba una y mil posiciones sexuales donde pudiera sujetarse de él para escuchar los gemidos más excitantes para sus oídos.

Aunque miles de pensamientos pecaminosos dominaran su ser, debía mantener la cordura y hablar de una manera coherente.

—C-conozco un sitio ideal para eso... —farfulló. —¿Quieres que te lleve hasta ahí?

Kazutora asintió y volvió a cruzar sus brazos. Chifuyu exhaló tranquilidad, pues la bestia de Hanemiya acababa de ser controlada.

O eso creía...

[...]

Chifuyu detuvo su taxi en la entrada de un famoso antro de la ciudad. En las afueras, un cartel led con luces rojas indicaba que aún había espacio para más personas.

La lluvia aún continuaba y Kazutora lamentaba tener que volver a mojarse después de varios minutos en el vehículo donde apenas pudo secarse un poco.

—¡Acompáñame! —ordenó y sacó una billetera repleta de billetes de gran denominación. —Te pagaré muy bien si aceptas.

Una vez más, la ambición y la tentación reinaban en la mente de Matsuno. Él podía continuar el juego de Kazutora y ganar mucho más que conduciendo sin rumbo ni pasajeros. Sería sencillo... O eso pensaba.

—¿Estás seguro de lo que dices? —inquirió inseguro.

Chifuyu miró su reloj y se percató de que eran más de las dos de la madrugada.

—Cuando encuentre con quién desquitar mi resentimiento y esta horrible calentura, te pagaré y podrás retirarte. —aseguró y estiró su mano para cerrar el trato.

Desconfiado, Chifuyu acercó la suya y la estrechó con la de su extraño pasajero. Las apretaron y sacudieron apenas para darle aún más énfasis a la misma.

Seguidamente, Kazutora bajó del vehículo y el taxista lo siguió, no sin antes colocar el seguro. Una vez que lo hizo, corrieron hasta la entrada. Ambos ingresaron y se sorprendieron ante la cantidad de personas que se encontraban dentro. Apenas había un poco de espacio para moverse y para solicitar tragos.

El primero en acercarse a la barra fue Hanemiya, quien giraba su rostro para asegurarse que el taxista continuara su juego. Los dos se sentaron allí, Kazutora solicitó dos copas de champagne y le dio una a Chifuyu.

Matsuno agradeció y miró detenidamente su contenido. Suspiró y antes de dar el primer sorbo sacó su celular.

«Saldré tarde de mi trabajo. Al final tendré que cubrir a un compañero en la guardia. Mañana podremos salir y hacer lo que habíamos planeado... »

El mensaje que había recibido de parte de su pareja lo desanimó.

—Oye, no está tan mal aquí —exclamó Kazutora, vaciando por completo su copa —. No conocía este lugar. —añadió mientras bajaba lentamente el cierre de su campera húmeda.

Debajo de ella, podía ver cómo su remera marcaba su torso. Notó su abdomen trabajado, admirando rápidamente sus músculos.

—He venido muchas veces. Me gusta el ambiente porque es tranquilo y agradable... —respondió y tomó su primer sorbo.

Francamente no podía beber si conducía y mucho menos si tenía que trasladar pasajeros, pero estaba tan frustrado por su mala noche que necesitaba al menos un trago de alcohol.

Kazutora giró su cuerpo e inspeccionó cada rincón. Sonrió al ver a varios hombres guapos y mordía su labio inferior para activar su juego de seducción. Chifuyu lo miraba con discreción, admirando cada centímetro de su ser.

—¡¡No puede ser!! —exclamó de pronto, su voz denotaba enfado. —¿¿Por qué tuvo que venir a este sitio con ese tipo?? —gruñó y golpeó la barra.

La curiosidad invadía a Chifuyu y no pudo evitar seguir la mirada hacia el punto donde veía Kazutora.

»—Encima se da el lujo de dejarse tocar la camisa roja que le regalé en nuestro aniversario... —refunfuñó.

Descartó a cada hombre que vistiera con otra prenda que no fuera la dichosa camisa roja que había encolerizado a Kazutora, hasta que por fin dio con él: elegante, moreno y sexy. Cabello largo, los primeros tres botones de su camisa abiertos y sus manos aferrándose a la nuca de otro hombre que, a simple vista, se veía inocente y tierno.

Su mundo se paralizó en ese instante, separándose de aquella espantosa realidad que jamás esperó ver. La música desapareció junto al barullo de los demás. El único sonido que escuchaba era su corazón latiendo a mil por hora, debilitándose con el paso de los segundos. Sentía su nuca helada, como si alguien le hubiese arrojado una bolsa completa de hielo sobre él.

—Oye, ¿te encuentras bien? —La mano de Kazutora en su hombro lo devolvió a la realidad.

—E-ese tipo de cabello largo y camisa roja... —Sus labios temblaban y su voz se destrozaba en el camino. —¿Ese e-era tu novio? ¿El mismo que te engañaba? —Tragó saliva y trató de serenarse.

—Si, el idiota e infiel de Baji es ese maldito hombre que estuvo engañándome todo este tiempo... —espetó con dolor y rabia. —Durante dos años creí en su amor, en sus palabras bonitas y ahora...

¿Dos años? ¿Dos malditos años?

Chifuyu llevaba un año y medio saliendo con Baji, así que la verdad que acababa de descubrir lo desgarró aún más. Él fue engañado y Kazutora también había creído en Baji ciegamente.

»—¡¡Maldición!! No lo soport- —Antes de que acabara su frase, los labios de Kazutora fueron silenciados por los de Chifuyu.

Matsuno se había levantado de su lugar y se dirigió hasta Hanemiya, sosteniendo su remera con una mano y su nuca con la otra. Invadió el interior de su boca con su lengua, provocando que éste último siguiera aquel inesperado juego. Al no obtener resultados, Chifuyu abrió aún más su boca y devoró por completo a Kazutora.

Absorto ante la profundidad del beso, Hanemiya respondió a él del mismo modo, imitando las posiciones de sus manos. Degustaron la miel amarga del resentimiento y el dolor, mezclado con un poderoso sabor a pasión que se encontraba latente dentro suyo. Arrugaron sus prendas y suplicaron continuar con esa explosión de sus deseos.

Se alejaron un momento y Kazutora se percató de las lágrimas que cubrieron las orbes del taxista. Aquel sentimiento doloroso era altamente contagioso y su vulnerabilidad afloró nuevamente al recordar la escena de Baji engañándolo.

Mejor dicho, engañándolos.

No necesitaron palabras para guiar al otro, pues comprendieron perfectamente qué estaban por hacer. Dejaron sus copas en la barra y corrieron bajo la lluvia hasta abrir la puerta trasera del taxi. Subieron con desesperación y cerraron tras ellos.

Kazutora quedó acostado en el asiento trasero, quitándose la campera y remera que llevaba. Por otra parte, Chifuyu fue deshaciéndose de sus prendas con torpeza. Cuando ambos tenían sus torsos desnudos, el taxista se abalanzó sobre su pasajero. Sus besos pasaron de ser amargos, rebosantes de resentimiento e ira a unos que sabían a pasión que excedía todo su ser. Sus lenguas jugueteaban en sus interiores e incluso escapaban de ellas para encontrarse en el exterior, chocando las puntas de cada uno para aportar un granito más de placer.

Sus miembros palpitaban dentro de sus pantalones y ambos se frotaban con sutileza para comprobar aquello que verían minutos después. Chifuyu pellizcaba los pezones de Kazutora, disfrutando de un extremo gozo que le ofrecía su amante al gemir sin ningún reparo ante cada estímulo recibido. Llevaron sus manos hasta sus entrepiernas, ayudando a externar la pronta desesperación que contenían en su ser.

Antes de quitar su pantalón, Chifuyu sacó de su bolsillo la caja de condones que había comprado específicamente para usar esa noche con Baji en esa cita y salida fallida con el que solía hacerlo gozar cada fin de semana.

No obstante, el momento le regalaba una oportunidad única al ofrecerle el mando en el encuentro sexual. Era el instante preciso para demostrar lo que sentía al actuar de manera activa y no pasiva como solía hacerlo.

Mientras se colocaba la adecuada protección, Kazutora preparaba el terreno para el siguiente paso en el encuentro, dilatando su entrada mientras masturbaba su miembro.

La impaciencia los dominaba. El despecho los llevó hasta ese punto de inflexión donde ambos compartían el mismo destino desdichado.

Dos hombres con corazones lastimados que desquitaban su rabia a través de una fuerte dosis de sexo rudo que los haría olvidar, al menos por un momento, de su desafortunada realidad.

Dos cuerpos que albergaban amor en exceso por una persona que no supo valorarlos y se burló de ellos descaradamente.

Agitado, sudado y sin un ápice de arrepentimiento, Chifuyu se aferró a la cintura de Kazutora para fusionarse con él. Su interior era muy estrecho, estimulando su miembro de un modo inexplicable y delicioso. Sus paredes lo aprisionaban y los gemidos eran incontenibles. Sus embestidas fueron creciendo de forma paulatina, adaptándose el uno al otro. El calor de sus cuerpos y el frío del exterior hicieron que todos los vidrios terminaran empañados.

Las manos de Kazutora estaban en la ventanilla que se encontraba detrás de él y la marca de sus dedos descendían a medida que ambos alcanzaban el clímax.

Cada uno tenía en mente las palabras de Baji, sus demostraciones de afecto y sus mentiras; sus movimientos al tener relaciones sexuales y sus jadeos al sentir cómo él los invadía en cada encuentro. La rabia se adueñaba de ellos, impulsándolos en su vaivén. El cosquilleo de sus cuerpos ascendían desde sus pies y se detenían en la punta de sus miembros.

Estaban al borde del colapso, ellos eran un volcán a punto de erupcionar. El magma los quemaba, los incineraba de modo que anhelaban culminar con ello.

Y fue de ese modo que alcanzaron el momento más esperado. La esencia de Hanemiya había sido derramada sobre el taxista, el asiento y su propio cuerpo. Ambos estaban exhaustos y extasiados.

Trataron de recuperar el aliento y Chifuyu se retiró del interior del pasajero con mucha sutileza. Se quitó el condón y lo ató para contener el líquido de su ser. Kazutora buscó su pantalón y sacó un paquete de pañuelos para limpiarse.

Como pudo, el taxista se fue vistiendo y sonrió con satisfacción al darse cuenta de que esa era la primera vez que tenía relaciones con alguien que no fuese Baji. Además, el contexto en el cual se había dado era aún más placentero.

—¿Qué te llevó hasta este extremo, Chifuyu? Realmente no esperaba esta propuesta. —inquirió Kazutora en un dulce tono.

Chifuyu, ya vestido, se sentó junto a la ventanilla y quitó la humedad de la misma para poder observar hacia afuera. Sonrió al ver que Baji se retiraba solo y que escribía con desesperación en su celular. Al mismo tiempo, su celular sonó y cuando lo revisó se dio cuenta de que era él.

«Estoy libre, Chifuyu. ¿Aún podemos retomar nuestro fogoso encuentro o tu jornada no termina? Aunque siendo sincero, tengo muchas ganas de follarte...»

Leyó el mensaje desde la notificación y apagó sus datos móviles. Guardó el celular y esbozó una amplia sonrisa satisfactoria.

—Era la oportunidad perfecta para que tú te vengaras de ese infeliz y yo probara nuevas experiencias. —Miró a Kazutora y agregó: —¿No crees que hemos perdido nuestro tiempo en alguien que no valía la pena?

Sorprendido, Hanemiya asintió y sonrió con timidez. Mordió su labio inferior y se acercó nuevamente al chofer. Se percató de la presencia de Baji en la entrada del antro y su lascivia se incrementó.

—Creo que entiendo lo que Baji siente al ser infiel. Es muy arriesgado, la adrenalina me excita más que cualquier otra cosa... —jadeó.

—Opino exactamente igual que tú —Acarició su mejilla y humectó su labio inferior. —. Es delicioso, me encanta y él se lo pierde.

—¡Vamos a mi departamento! Él no vendrá hasta el lunes y tendré mucho tiempo a solas para desquitarme esta ira. Tú eres muy atractivo y me has follado de una manera muy especial, intensa y delicada al mismo tiempo. En este sitio incómodo donde pueden vernos, me sentí completamente protegido por ti. Quiero conocerte a fondo, olvidarme de Baji y recurrir a sus espantosos métodos hasta que me descubra.

—¡¡Por supuesto que iré!! Me daría mucha satisfacción que él descubriera la verdad. Juntos podremos divertirnos en esta venganza... —propuso y volvió a besarlo apasionadamente.

Los mensajes de Baji se acumulaban en su celular, mas Chifuyu no los recibía porque él eligió desquitarse con Kazutora, un hombre que también atravesaba por la misma tragedia. Sus corazones destrozados se encontraron en un punto de encuentro inesperado, donde uno de ellos estaba al tanto del engaño y el otro ignoraba que la persona frente a él había sido otra víctima de las mentiras de Baji.

Sin embargo, la venganza puede tener distintas caras y la que Chifuyu eligió fue el juego que Kazutora estaba dispuesto a llevar a cabo.

Era como decía el dicho: "Dios los cría y el viento los amontona."

Baji les mentía y sus amantes lo traicionan.

Porque bajo el techo de un inocente taxi, dos cuerpos despechados continuarían encontrándose en aquellas noches de placer, ignorando a su pareja para profesarse la pasión desmedida que sus interiores guardaban.

Esa sería una de las tantas historias de taxi que Chifuyu guardaría en su mente a partir de ese día que la verdad salió a la luz.

Y a partir de esa noche, Kazutora lo esperaría siempre en el mismo... Lugar.

Fin.

️️️️️️️️️️️️️️️️


Buenas noches a todos!!!! Cómo han estado??

En primer lugar, quiero agradecer al grupo «Pasión por los fanfics» por proponer el reto Deep y darnos la chance de usar algunas temáticas en una historia.

Además, desde que se me ocurrió basarme en "Historias de taxi", mi mente divagó en la idea de hacer en BajiFuyuTora. Al final, el resultado obtenido fue más delicioso y muy bueno.

Espero que lo hayan disfrutado!!!