Disclaimer: Los personajes son de Hajime Isayama.
Inspirado en el tiktok de [usuario] erejeagerdesu con la canción Meant to be yours – Heathers.
La puerta
Con todo lo que su cuerpo le había permitido, trastabilló subiendo las escaleras, pero no se detuvo un segundo.
—Mikasa…
Su voz, gruesa y amenazante, hizo que las lágrimas que había estado reteniendo y el nudo en el estómago, se hicieran mucho más difíciles de soportar. Las manos le temblaban y el camino a su cuarto se hacía largo, interminable. Intentó no gritar y se mordió los labios cuando los pasos de Eren resonaron quedos por las escaleras, mismas por las que ella acababa de subir.
—No, no, no… —se repitió en susurro, llegando hasta la puerta de su habitación y cerrándola con fuerza. Se apresuró a poner el seguro, pero las manos le temblaban y sudaban tanto, que sinceramente no fue capaz siquiera de ver en dónde estaba la maldita cerradura—. Maldita sea... —chilló entre dientes y respirando errática. El sudor se había inmiscuido en sus ojos, lo que hizo el trabajo de la visión, imposible. Prendió la luz lo más rápido que pudo y apretó los dedos índice y pulgar sobre los párpados.
—Mikasa… —Habló Eren de nuevo y el corazón se le quiso salir por la boca. Aquello parecía ser una maldita pesadilla, tenía que serlo.
Siempre había sido fuerte, siempre había sido una mujer completamente dueña de sus emociones, pero ver a Eren terminando de asesinar a Armin y a Jean había sido más de lo que podía soportar. Su rostro pasivo, pero enojado, salpicado de sangre y los cuerpos inertes sobre la sala… la sola idea le hizo taparse la boca con la mano para intentar acallar el llanto de pánico que la estaba deshaciendo.
Tenía miedo, tenía tanto miedo que no quería despegarse de esa puerta por si el peso de su cuerpo ayudaba a que él no lograra entrar y aferrándose al seguro como si de ello dependiera su vida.
Y quizás sí que era así.
Cuando los pasos se convirtieron en una carrera, de la misma forma, su corazón empezó a latir rápido en el pecho y después subió hasta las sienes, creando una presión en la cabeza que amenazó con quitarle la poca estabilidad física que tenía. Un escalofrío más la recorrió cuando Eren se pegó a la puerta y la tocó con el puño por primera vez.
«No digas nada, no digas nada, no digas nada, no digas nada…»
—Mikasa, abre la puerta, por favor —del otro lado, la expresión de Eren contenía ira y frustración, manchando la inmaculada madera blanca de la puerta con la sangre de sus amigos, quienes no habían sabido entender sus advertencias de no acercarse a ella, de no mirarla, de no pensarla, de no dirigirse si quiera por error a su presencia. Porque le pertenecía. Porque en ese lugar tan cruel y oscuro llamado mundo, Mikasa era la única luz que parecía alumbrar cada centímetro de su camino y no iba a permitir que nadie se la quite. No importaba qué tuviera que hacer, ella no sería de nadie más—. Mikasa, abre la puerta.
—¡No, no! ¡Lárgate! —De un grito desgarrador, la pelinegra dejó ir todo su pánico en esa negativa, despegándose de la entrada y mirándola como si pudiera verlo a través de esa cortina física—. ¡Voy a llamar a la policía, lárgate!
—¡Mikasa! —Volvió a golpear la madera, perdiendo la paciencia.
—¡Maldita sea, Eren! —En respuesta, gritó de nuevo y se tapó la boca por el espanto otra vez.
—¡¿Podemos no pelear más, por favor?! —Abrió la palma de su mano y la dejó ir, marcando los dedos carmesíes—. ¡Mikasa! Seguro que tienes miedo, yo he estado ahí ¡puedo liberarte! —Se aferró más a la entrada, intentando convencerla.
Dentro, ella negó, empezando a buscar su celular sin tener idea de en dónde lo había dejado la última maldita vez que lo usó. Necesitaba llamar a la policía, necesitaba salvar su vida.
—¡¿Liberarme?! —Revolvió las sábanas como una loca y entre ellas, le pareció ver el móvil—. ¡Mataste a mis amigos! ¡Vas a matarme también!
—¡Nunca! ¡No digas estupideces!
—¡Eren, maldición! —Su voz estaba tan entrecortada, que el aire se le fue de los pulmones y se le secó la garganta. Por fin dio con el celular—. ¡Estoy…, estoy llamando a la policía!
—¡Mikasa, no me hagas entrar ahí! —Golpeó la puerta tan fuerte, que los sonidos parecieron retumbar en las sienes de Mikasa. Y con cada uno, sollozó más fuerte. Desbloqueó y bloqueó el teléfono sin poder evitarlo. No sabía no cómo funcionaba ya—. ¡Voy a contar hasta tres!
—¡No!
¡Maldita fuera toda su existencia! ¡Maldito fuera todo! Si hubiera sabido que Eren estaba tan dañado, jamás habría aceptado salir con él. Y aunque lo amaba con toda su alma, en ese momento era un completo desconocido, un asesino y un enfermo.
—¡Uno!
—¡Eren, por favor, no me mates! —Al fin dio con el teléfono y se dispuso a marcar.
—¡Dos!
Aquello sonó como una sentencia de muerte.
—¡No puede ser, no puede ser! —Tecleó al 911 y cuando estuvo a punto de timbrar, los golpes cesaron.
Miró a la puerta de inmediato, con los orbes saltando y sin dejar de llorar. Fue un silencio sepulcral. ¿Él seguía ahí? Aquello le dio más pánico. De pronto, el sonido de los sollozos masculinos volvió a amenazar con hacerla infartar.
—Dios…, no —se recostó contra la puerta y lentamente empezó a dejarse caer. Sus ojos verdes brillaban por las lágrimas que había empezado a producir y se sintió cansado, físicamente deshecho y emocionalmente destruido—. ¿Mikasa? —Intentó limpiarse la mejilla, pero la llenó de la sangre que todavía no había secado y se diluyó al contacto con el agua salada—. Por favor, no me dejes… —por fin llegó al suelo y ahí detuvo sus movimientos— solo.
—¿Qué…? —Sus labios temblaron y sin darse cuenta, había empezado a caminar hacia la entrada—. ¿Eren…?
—Eres lo único en lo que confío —volvió a hablar, con la voz rota. Fue un pedido de auxilio que resonó en el alma de Mikasa como si fuera capaz de llevarse el miedo y el instinto de sobrevivencia. Miraba la madera blanca y deseaba saber qué pasaba allá, aunque no se atrevería a dejarlo pasar—. No puedo…
Ella respiró más rápido, con el corazón más acelerado.
—No…
—No puedo hacer esto solo. —Terminó por decir.
—Eren… —sin darse cuenta, su mano se hallaba ya suspendida de la perilla, temblorosa y helada.
—¡Mikasa!
Ante la voz de Sasha, las pupilas de Eren saltaron y sus ojos se abrieron con fuerza. La misma fuerza con la que volvió a empuñar el cuchillo. La puerta pareció abrirse despacio. El timbre volvió a sonar.
»—¡¿Mikasa?!
Y el grito de su mejor amiga, alertó a Sasha de que algo allí había ido muy mal.
Tal vez demasiado.
Aclaración: Los diálogos de Eren son casi literalmente fieles a la canción, así que xd.
Sorry por el OoC, por lo sin sentido y por lo random, pero así me pasa a veces, debo aprovechar la inspiración xd.
