Katekyo Hitman Reborn! Anómalo: I.


Introducción.

Italia, el Belpaese [País bonito], deslumbra con su increíble museo al aire libre. Un porcentaje sustancial de tesoros culturales del mundo se reúnen aquí, y es por eso que los monumentos famosos de Italia se encuentran entre los más importantes del mundo; por ejemplo, el Coliseo de Roma; la Fontana de Trevi, (la fuente más espectacular de Roma), y la Torre Inclinada de Pisa, por nombrar algunos.

Desde Sicilia, por los barrios más bajos, siendo más específicos, en una taberna, el sonido de la puerta rechinando alertó a dos hombres bien vestidos de traje, que parecían estar al tanto de aquel individuo que cruzaba la puerta.

—¿Eres tú, Reborn? Parece que otra vez has sido llamado por el viejo. —El hombre de abundante bigote y portador de una cicatriz vertical en su mejilla izquierda, comenzó tomando la palabra. En su mano se hallaba un vaso con licor, y humo desprendía de su boca, fumando a gusto un cigarrillo.

—Los populares la tienen difícil. —Esta vez fue el acompañante quien alzó la voz—. ¿Vas a Roma? ¿A Venecia?

Este hombre era más joven, delgado y de cabello castaño, pero a diferencia de su compañero, solo degustaba de un cigarrillo.

—Giappone.

Los hombres quedaron estupefactos ante la respuesta. Todo parecía indicar que alguien o algo había en Japón, que su jefe y los presentes conocían a detalle.

—Parece que será un largo viaje. —Musitó.


Mi Tutor es un Sicario.

En el mundo de los sueños, en un jardín sin fin donde se hallaban las delicias más extravagantes sobre una mesa, un joven de cabello un tanto peculiar, no paraba de babear mirando los manjares que iba a degustar con entusiasmo. Pero antes de tomar si quiera un bocado, su placido momento se derrumbó como castillo de naipes, cuando el sonido retumbante de la puerta llegó hasta sus oídos.

—¡Despierta, hermano, o llegaras tarde a la escuela! —Fue la voz de un pequeño al otro lado de la puerta quien se oía feliz—. ¡Mamá dice que el desayuno está casi listo!

El pequeño giró la manilla y, para su suerte, la puerta no tenía el seguro. Así que entró a la habitación, sin pedir permiso, y saltó directo hacia el estómago de su hermano mayor, provocando que perdiera abruptamente el aire. De inmediato, el azabache se sentó en la cama y observó a su pequeño hermano correr, dirigiéndose hasta el primer piso mientras se escuchaban sus carcajadas.

—Olvidé poner el seguro de la puerta. —El chico se frotaba los ojos, al tiempo que daba un suspiro.

En la cocina estaban su hermano y su madre, desayunando un par de tostadas y jugo de naranja.

La hermosa mujer es de una contextura delgada, y de cabello y ojos negros. Para su edad, se ve bastante joven, de unos veinte, pero solo le faltan unos pocos años para sus cuarenta.

A su lado, se hallaba un niño de cabello largo y erizado, de color marrón oscuro al igual que sus ojos. Hace poco, había cumplido los 6 años de edad, y este día, es su primer curso de enseñanza primaria.

—Qué lindo se ve mi bebé. —La mujer abrazó y frotó con ternura su mejilla contra la del niño, quien reía sin quitar una de las tostadas de su boca.

En tanto, en la habitación, el mayor de los hermanos, preocupado, aceleraba su paso, pues se le había hecho tarde para la escuela. Apresurado corrió hacia la cocina, tomó varias tostadas y salió disparado de la casa, sin antes olvidar despedirse de su madre y hermano.

A una cuadra de llegar a la escuela, en la entrada, pudo distinguir a un joven de estatura media; cabello negro corto con flequillo en V, y ojos delgados y grises que se entrecierran con desdén. Además, en sus manos, porta un par de tonfas listas para el combate.

—Esta vez no podrá ser, Hibari. —El azabache saltó por encima, observando como el susodicho no movió un músculo para tratar de detenerlo—. ¡Sera para la próxima!

Hibari Kyoya es el líder del comité disciplinario de la escuela Namimori. Su atuendo habitual es su uniforme del comité disciplinario, que consiste por una camisa blanca de manga larga, pantalones negros, zapatos negros y una blusa Gakuran negra que lleva sobre los hombros, con la banda roja del comité prendido en la parte superior de la manga izquierda.

Sin decir una palabra y dando un suspiro, Hibari guardó sus tonfas y se adentró tranquilamente hacia el interior de la escuela.

En el aula, sentado al lado de la ventana, y sin ánimos de estar ahí, el azabache miraba hacia el exterior perdido en sus pensamientos. Cabe decir, que no era muy bueno en los estudios, pero le alcanzaba para pasar de curso. A pesar de ser muy bajo en estatura, sobresalía destacando en los deportes, materia que le ayudaba mucho en su nota general. Todo se debía a una inexplicable fuerza, que adquirió en sus innumerables enfrentamientos y entrenamientos que ha tenido desde que era un niño.

Solo su familia y amigos cercanos sabían de esto, al igual que Hibari. Y debido a sus sparrings, se formó cierta rivalidad que no era muy notoria a la vista de los demás alumnos, a consecuencia de que sus peleas y charlas, siempre se daban en la azotea de la escuela.

Las clases habían terminado y, luego de despedirse de alguno de sus compañeros de clase, caminó sin apuros hacia su casa.

—¿Mmm…? ¿Qué es este extraño presentimiento? —Musitó el azabache, caminando muy relajado, apoyando sus manos atrás de la cabeza.

—¡Adiós, Gokú-kun! —Una chica lo llamaba a la distancia, agitando su mano en despedida.

Al fin se había revelado el nombre del pequeño adolescente.

Gokú, como se dijo antes, es un chico bastante bajo de estatura para su edad, apenas midiendo un metro con treinta centímetros. Tiene el cabello de color negro con puntas, constando en tres mechones colgando a la derecha de su frente y dos colgando a la izquierda. Su cabello también se levanta en la frente con cuatro picos y tres mechones por detrás. Esta forma capilar tan peculiar, ha permanecido sin alteración desde su nacimiento.

Por el contrario, Kyoko es de estatura media (un metro con cincuenta y seis centímetros), y posee una complexión delgada. También tiene el cabello castaño anaranjado que le llega hasta el cuello, y ojos de color dorado.

—¡Nos vemos, Kyoko! —Agitando su mano, jovialmente, el azabache repitió el gesto de despedida.

Al llegar a su casa, entró, saludó a su madre y hermano, y luego caminó directo hasta su habitación. Dentro, observó a un pequeño bebé de enormes ojos negros, patillas negras en espiral y una cabeza grande, con un cuerpo pequeño y delgado; y su estatura es de cuarenta centímetros. Además, viste un fino traje negro, y una cinta anaranjada rodea su sombrero negro. Lleva consigo un camaleón que se posa en una de las alas de su sombrero, además de un chupete amarillo que cuelga como collar en su cuello.

—¡Ciaossu! —Saludó el bebé.

Pese a que Gokú era pequeño, el bebé lo era mucho más. Por lo tanto, se agachó hasta su altura y lo saludó con su distintivo saludo:

—¡Hola, soy Gokú! ¿Cómo te llamas?

No parecía importarle la intromisión del pequeño, al no sentir malas intenciones viniendo de él.

Por consiguiente, el bebé sustrajo un arma de alto calibre y se presentó como Reborn, un sicario profesional. A Gokú le pareció raro, porque no tenía idea que era eso de "sicario".

Reborn se hallaba un poco sorprendido, ya que nunca pensó que el chico le pusiera tanta atención, a pesar de su aspecto infantil.

—Soy tu tutor, y mi trabajo es convertirte en un jefe de la mafia. —Señaló—. Fui asignado por cierto hombre para entrenarte y convertirte en un asombroso jefe de la mafia.

—¿Entrenar? ¿Vamos a entrenar? —Esta palabra fue la que más le llamó la atención. Parece que Gokú creyó que el pequeño es una clase de maestro en algún arte marcial, y eso sí que le emocionaba.

—¡Ciaossu! Veo que te agrada la idea. —Mencionó Reborn, sonriendo.

—No sé qué signifique eso de famia, pero si vamos a entrenar, claro que le entro. —Expresó el azabache, apretando los puños con mucha emoción.

¡Toc, toc, toc, toc!

Sonó la puerta de la habitación.

Gokú abrió y su madre y hermano entraron. La mujer estaba al tanto de Reborn, pues fue ella quien lo contrató debido a una carta que encontró en su buzón. Además, no desaprovecharía la oferta de un tutor privado que trabaje gratis las 24 horas solo por un techo y comida.

Feliz, la madre del azabache apreció como su pequeño retoño jugaba con el camaleón de Reborn llamado León. El pequeño lagarto, increíblemente, tenía la capacidad de la metamorfosis. Y ahora mismo, estaba convertido en un pequeño balón verde.

—Gokú, ¿por qué no llevas a Reborn a conocer la ciudad y aprovechas de comprar algunas cosas en el mercado? —El susodicho asintió a lo dicho y se llevó al pequeño sicario sobre su frondosa cabellera.

—Oye, Reborn, ¿Cuándo comenzará el entrenamiento? Y ¿por qué debo convertirme en eso que llamas jefe de la Fabia? —Pidió saber el azabache, caminando por las calles de Namimori.

—Es 'mafia', tonto. Y el entrenamiento será a su debido tiempo. —Contestó el pequeño sicario, corrigiéndole—. Gokú, tu llevas en la sangre el A.D.N. del primer jefe de la familia Vongola.

«¿Familia von qué?»

—Fui asignado por el jefe de la Novena generación de los Vongola para venir a Japón a entrenarte y convertirte en un jefe de la Mafia. —Explica—. El Noveno Vongola está envejeciendo y planea pasarle el título de jefe a la décima generación.

Sacando unas fotos de su traje, Reborn reveló a un tipo de nombre Enrico, el miembro mejor calificado de la Décima Generación; sin embargo, para su desgracia, fue asesinado en un tiroteo.

El segundo candidato, Matsumo, lo asesinaron ahogado. Y el tercero y último, el niño predilecto, Federico, fue hallado reducido a un montón de huesos. Por lo tanto, el único candidato que quedaba era Gokú Sawada.

Según Reborn, el primer jefe de la familia Vongola, se retiró tempranamente y viajó a Japón. Además, Vongola Primo era tátara, tátara, tátara abuelo y, por ello, Gokú era uno de los candidatos legítimos más prometedores para ser jefe.

—Oye, Reborn. —El mencionado correspondió al llamado—. Me podrías repetir todo, no entendí nada. ¡Hahaha! —Gokú se frotaba la cabeza, en tanto Reborn caía de espaldas de una forma bastante cómica.

Al día siguiente, con un afro en la cabeza, Gokú botaba humo de su boca por causa de una explosión repentina, tras pisar unos hilos pertenecientes al seguro de unas granadas situadas cerca de la cama de Reborn. Todo este alboroto se debía porque no le gustaba que lo molestaran mientras dormía.

De camino a la escuela, se toparon con Kyoko quien saludo a Gokú. En vista de su cercanía, era claro que tenían un lazo de amistad. De repente, la estudiante se percató del pequeño individuo en la cabeza de su amigo.

—Gokú-kun, ¿Acaso este niño es tu hermano? —Preguntó.

—Claro que no, ¡Él es mi nuevo maestro que me entrenará para convertirme en un gran jefe de la Fabia! —Contestó el azabache, con su puño extendido, y mirando hacia el cielo con determinación.

El bebé sicario, cansado de corregirlo, tomó a León y creo un mazo que fue directamente hacia la cabeza de Gokú, originando un pequeño montículo que se abrió paso por su cabello alborotado. Esto hizo reír a Kyoko, al ver como el azabache seguía en su posición de determinación, pero con un chichón en la cabeza.

Mientras caminaban, Kyoko preguntó del por qué Reborn llevaba un traje, y sin pelos en la lengua, contestó que era parte de la mafia. A la chica esto le pareció genial y tierno a la vez, y creyó que el pequeño solo jugaba a ser mafioso.

De pronto, potentes sonidos de pasos corriendo, acompañado de un fuerte grito que vociferó el nombre de Gokú, se oyó desde la distancia. El azabache cubrió su cara con una de sus manos, ya que se hacía una idea de quien era y para que lo quería.

—¿Hermano? —Se preguntó la chica que los acompañaba, viendo como un joven peli blanco lleno de energía, se paraba frente a ellos, dejando un "pequeño" rastro de polvareda por su acelerado andar.

—No me uniré al club de Box, Ryohei. —Habló el azabache, despreocupado, apoyando sus manos atrás de la cabeza—. Ya te dije que no es de mi estilo luchar solo con mis manos.

Como hermano mayor de Kyoko, Ryohei se ve notablemente diferente en comparación con su hermana, tanto en rasgos y personalidad. Es un adolescente de piel bronceada, ojos grises y cabello blanco. Cuando era niño, recibió una cicatriz en la sien izquierda después de un accidente en la escuela primaria.

El atuendo más recurrente de Ryohei es su uniforme de Namimori. Viste un suéter negro, con una camisa formal blanca debajo y pantalones grises.

Los rasgos más definitorios de Ryohei son su vendaje adhesivo en la nariz y la cinta deportiva alrededor de sus brazos.

Su lema es vivir "al extremo", que aplica en todo lo que hace. Como tal, prefiere luchar de frente con sus oponentes, viendo cualquier desventaja como una oportunidad para mejorar sus habilidades de lucha. Cada vez que ve a Hibari y Gokú luchando, se emociona y quiere ser parte de ello, pero siempre termina noqueado por alguno de los dos.

Debido al entusiasmo de Ryohei, a menudo se precipita en las cosas sin evaluar completamente la situación, lo que a menudo resulta en una lesión. También tiene poca memoria y olvida muchos detalles importantes.

—¡NO LO PUEDO ACEPTAR! ¡TU ERES EXTREMO! ¡ESTOY SEGURO QUE NUESTRA ESCUELA GANARÁ SI PELEAS EN LAS NACIONALES! —Vociferaba, tomando por los hombros a Gokú para zarandearlo frenéticamente.

De forma fugaz, Gokú se apartó con Reborn hacia la entrada de la escuela, sin que los hermanos se percataran. Sin darse cuenta, debido a la velocidad, chocó y mandó a volar a un estudiante.

Gracias a los reflejos de la estrella del club de Baseball, fue atrapado para que el alumno no sufriera daños. A causa de esta acción, el beisbolista se llenó de halagos por parte de los estudiantes, tanto hombres como mujeres.

—¿Sentiste algo, Reborn? —El susodicho negó.

La primera hora de clases había terminado, al igual que el primer receso. En el salón de clases, se oían los murmullos de los estudiantes, los cuales pararon su plática en el momento que vieron al azabache llegar.

—Oye, Gokú. —Un estudiante un tanto rellenito se le acercó, y el azabache le puso atención—. El capitán Mochida dice que quiere pelear contigo durante el segundo receso en el gimnasio.

—¿Por qué? —Preguntó en confusión.

El estudiante negó, tampoco sabía cuál era la causa de su repentino actuar. Kyoko por su parte, estaba realmente preocupada, porque no le gustaba ver pelear al azabache. Esta preocupación fue notada por Hana.

La mencionada, Hana, posee una estatura estándar (un metro con cincuenta y ocho), y su constitución es delgada. Su cabello es negro, ondulado y le llega más allá de los hombros, sus ojos son medianos y de un color gris azulado, y su rostro casi siempre muestra seriedad.

Luego de las clases, las campanas para el segundo receso sonaron y Gokú caminaba por los pasillos del aula con Reborn sobre su cabeza.

—Entonces, ¿Qué harás, Gokú? —Preguntó, el pequeño sicario, viéndolo fijamente a los ojos.

—No me gustaría meterme en problemas... pero... —Reborn solo dio un suspiro, creyendo que Gokú huiría de la contienda—. ¡No pienso rechazar una pelea!

Con una pequeña sonrisa imperceptible, tras ver la determinación de su pupilo chocando sus puños, Reborn decidió guardar su arma con la bala de la última voluntad.

En el gimnasio, muchos se percataron de la llegada de Gokú, el cual se hallaba en la puerta principal. Los murmullos cesaron, por alguna extraña razón. Desde que el pequeño azabache puso un pie en el recinto, el aire comenzó a hacerse más pesado y su aura aplastaba e intimidaba a los más débiles; débiles que se apoyaban en otros estudiantes, y los que no, se aferraban a las paredes por la pérdida repentina de sus fuerzas.

—Definitivamente, este chico no es moco de pavo. —Reborn posaba su mirada desde el segundo piso.

Mochida, antes de que apareciera Gokú, se hallaba con la confianza en las nubes, creyendo que ganaría con facilidad. Sin embargo, al momento de verlo entrar, con una expresión intimidante, añadido a la pesada presión que emitió desde que apareció, su motivación se marchó tan rápido como una leve brisa de verano.

Todos quedaron perplejos cuando oyeron como el campeón de Kendo, dejó caer su espada de madera en el momento que Gokú se paró frente a él.

—¿Tu eres el tal Mochila que quiere pelear conmigo?

Mochida estaba arrodillado, sus manos temblaban y el habla no le salía, ni si quiera se percató del como habían dicho mal su nombre. Antes de proferir una palabra, pudo ver al azabache alzar su mano para ayudarlo a levantarse.

—Lo siento. —Mochida levantó su mirada con total sorpresa—. Cuando venía hacia acá, me tope con un chico y me conto del por qué estabas molesto conmigo. Siento haberte lastimado. —Gokú le sonrió con jovialidad, mientras que Mochida le aceptaba la ayuda.

La presión que hace un momento se sentía, desapareció totalmente y una increíble paz se apreciaba ahora.

Gokú se daría la vuelta marchándose del área de deportes, luego de que sus disculpas fueran aceptadas por Mochida. Al susodicho le había quedado claro que, por nada del mundo, debía retarlo a un combate. El peligro de muerte que experimento en ese momento, jamás quería volver a sentirlo.

—Vaya, pensé que ibas a pelear. —Reborn se posó en el hombro de Gokú.

—Era débil. Solo liberé un poco de mi energía y comenzó a temblar. Además, lo que pasó fue mi culpa. Pedir disculpas fue lo correcto. —Tranquilamente y apoyando las manos en la nuca, por los pasillos, Gokú iba platicando con el bebé sicario.

En otro lado, entre las sombras y con un cigarrillo en boca, un joven observaba al azabache que se alejaba con Reborn sobre su cabeza.

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Bueno, señores, si les gustó la historia dejen un comentario.

Si, ya lo sé, no me he aparecido durante algunos años. Y si, es pura desmotivación. Además, el COVID me atacó muy fuerte y a mi familia. Yo pude salir de esta enfermedad, pero un tío muy cercano y mi abuela no tuvieron la misma suerte.

En fin, yo me despido. Y que tengan un buen día, tarde y/o noche.

Nos vemos.