Katekyo Hitman Reborn! Anómalo: III.


Objetivo 3: Lambo, el Llorón.

En la residencia Sawada, explosiones tras otra retumbaban en el segundo piso, justo en una de las habitaciones en donde Gokú, sentado de rodillas y con una hoja de papel en mano, estudiaba con desdén. Al frente suyo, Reborn sostenía una de las palancas de tres detonadores que hacía estallar cuando su pupilo contestaba incorrectamente. Cada detonador estaba enumerado por la parte frontal, acompañado de la palabra «respuesta».

—Creo que estas exagerando, Reborn.

La ropa de Gokú estaba tostada, y algunas quemaduras adornaban su rostro.

Los regaños de Reborn no se hicieron esperar, echándole en cara que no recibiría un aumento de mesada si no subía sus notas, no solamente en los deportes, sino que también en los demás ramos.

De pronto, desde el árbol del patio que está frente a la ventana de la habitación, un niño disfrazado de vaca se posó sobre las ramas y apuntó su arma hacia el bebé sicario, que seguía dando clases ignorándole completamente.

—¡Muere, Reborn!

En el momento que jalo del gatillo, pudo percatarse que el arma estaba vacía, y recordó haber usado la carga de balas el día anterior, cuando daba disparos al aire por diversión.

Por estar perdido en sus pensamientos, no se percató que la rama en la que estaba parado se quebró, cayendo del árbol con su retaguardia al suelo. A la vez que se frotaba las posaderas, el niño trató de no llorar mientras se ponía de pie lentamente. No obstante, de inmediato se repuso y se dirigió hasta la entrada principal.

Luego de oprimir el botón del timbre, la puerta se abrió por obra de la matriarca del hogar, que vio como un niño desconocido pasaba por debajo de sus piernas. Aunque no le dio mucha importancia, al creer que era un amigo de Reborn.

El niño vestido de vaca daba carcajadas, jactándose de que su plan fue totalmente perfecto (pese a que solo entró por la puerta).

—¡Cuánto tiempo sin vernos, Reborn! ¡Soy yo, Lambo!

Azotando la puerta de la habitación, el niño con disfraz de vaca y cuernos incluidos a conjunto con un pelo afro, entró armando alboroto. Sin embargo, Reborn seguía ignorándolo mientras le enseñaba a su pupilo una fórmula matemática.

Totalmente cabreado, Lambo se lanzó hasta Reborn empuñando un cuchillo y con todas las intenciones de atravesarlo. Aunque, sin problemas, el bebé sicario esquivó la estocada y lo golpeo, mandándolo de cara a estrellarse contra el muro.

—Ah... auch... creo que tropecé con algo. —Lambo se puso de pie con dificultad y comenzó a dar carcajadas—. ¡Me acabo de tropezar! ¡Yo, Lambo-san, de cinco años de edad y sicario italiano de la Familia Bovino! ¡Yo, Lambo-san, cuya comida favorita son las uvas y los dulces! ¡Yo, que conocí a Reborn en un Bar, me tropecé!

Aún seguía siendo ignorado.

No obstante, Gokú se levantó de su asiento y caminó hasta el sollozante Lambo que sacaba de su bolso varios Kiritanpos (cilindros asados de arroz triturado), para llamar la atención de Reborn.

—¿Estas bien, pequeño?

Gokú se agachó hasta la altura de Lambo y revolvió su afro, mostrando su alegré semblante que lo diferenciaba de muchas personas.

Lambo afirmó, pero como si nada hubiera pasado, alegremente comenzó a presumir muchas de las armas que su jefe le confió y que eran heredadas de generación en generación por la familia Bovino.

—Eso es sorprendente, pequeño.

Feliz de que elogiaran su armamento, Lambo sacó de su cabellera frondosa una bazuca, describiendo el arma como un artefacto espacio-temporal que cambia con su "yo" de diez años en el futuro, durante cinco minutos si recibes un disparo.

Ahora sí que Gokú estaba lleno de curiosidad; aunque, para su desgracia, Lambo guardó la bazuca, excusándose de que sería un desperdicio usarla en esos momentos.

—¡Encontré algo!

Esta vez, sustrajo una granada, y al ver que Reborn estaba relajado tomando su café, retiró el seguro y lo lanzó sin dubitación alguna.

Si bien parecía estar distraído, el bebé sicario jamás había bajado su guardia. Por lo que, con un movimiento rápido de su brazo, devolvió la granada. Esto causó que Lambo saliera como un proyectil por la ventana, cuando fue golpeado en la cara por el explosivo.

¡Boom!

—No debiste ser tan duro con él. —Dijo el azabache, desde la ventana, divisando la explosión generada por la granada—. Lo conoces, ¿no?

—No tengo idea quien es. —Negó, sin prestar mucha atención a lo sucedido—. Como sea, si es de la familia Bovino, es un grupo muy pequeño. Y no me junto con gente de rango inferior.

Gokú simplemente dejó salir un suspiro.

Pasaron unos minutos luego del incidente, y Gokú escuchó su nombre procedente del primer piso. En la entrada, su madre sostenía en sus brazos al pequeño Lambo lastimado, sucio, y con el disfraz rasgado.

Por pedido de su madre, tomó al pequeño y lo cargó sobre su hombro, retirándose de la casa para poder tener una charla mientras preparaban el almuerzo.

Sentados en el césped a orillas del canal, muy cerca del puente, Gokú sustrajo de sus bolsillos unos dulces y se los regaló a Lambo. Más calmado, Lambo se sinceró, revelando que su sueño es ser el jefe de la familia Bovino, y también deseaba que la humanidad se arrodillara ante él. Además, su jefe fue el que dio la orden de derrotar a Reborn, el super mercenario de primera categoría.

—Hablando de eso, ¿Ya lo conocías de antes? —Inquirió Gokú, y Lambo asintió.

—Cuando mi jefe me llevó al Bar por primera vez, él estaba sentado en la barra. Hablamos mucho a pesar de que nos acabábamos de conocer. —Narraba Lambo—. En lo que Lambo se comía unas uvas... Reborn estaba haciendo bombas de chicle con la nariz.

«¿Eso no lo hace cuando está dormido?» —Pensó el azabache. Parece que el niño no tenía conocimientos de que Reborn dormía con los ojos abiertos, y eso debió haberlo confundido cuando le habló en el bar—. Bueno, muy bien... ¿Qué te parece si vamos a comer?

Algo tembloroso por la timidez, Lambo agitó su cabeza en afirmación; y nuevamente, Gokú lo sentó sobre su hombro. La experiencia de haber cuidado a su hermano, le ayudó bastante en esta situación. Además, sólo necesitaba que alguien lo escuchara.

En casa, el ambiente tenso por parte de Lambo se hacía notar, pues no apartaba la vista de su objetivo, Reborn.

Por consiguiente, la matriarca del hogar salió a repartir volantes, y Gokú con los tres infantes, se quedaron en casa degustando de la pasta que se les había preparado.

En el instante que la mujer cruzó la puerta, comenzó el desastre.

—¡HAAAA!

Lambo arrojó el cuchillo de su servicio hacia Reborn, con el fin de apuñalarlo, pero al pequeño sicario solo le bastó el tenedor para desviarlo de vuelta.

Antes que el rostro del niño vaca fuera atravesado, algo detuvo el cuchillo por el mango, a muy pocos centímetros de la frente. Con un temblor notable, Lambo se giró lentamente a la izquierda y observó la mano de Gokú sostener el cuchillo y la que tenía libre la usaba para devorar su pasta.

—Re.… sis... te... ¡UWAA!

Al sentirse incompetente, Lambo sustrajo de su afro la bazuca que llamó la atención de Gokú con anterioridad. Y mientras lloraba, apuntó el arma en su cabeza, jaló el gatillo y, subsecuentemente, una explosión que sacudió la casa alarmó al sawada menor.

—Vaya, vaya. Parece que estoy aquí por la bazuca de los diez años.

Del humo, una silueta se comenzó visibilizar, al tiempo que un joven agraciado aparecía ante los presentes. Lo único que resultó familiar con el pequeño desaparecido, fue la camisa del mismo estampado que el disfraz de vaca.

En cuanto a apariencia se refiere, el joven tiene cabello negro y liso, y su ojo derecho parece estar cerrado. Su demás atuendo consta de una chaqueta negra con un cuello estampado de piel de vaca, que se abre un poco y deja la mitad superior de su pecho hacia afuera. Además, acarrea en su cuello un collar con un colgante de toro, pantalones beige y sandalias, y porta en la mejilla un signo hash en el lado izquierdo, debajo del ojo.

—¡¿Ese es Lambo?! —Exclamó el sawada menor, sorprendido.

—¡Hola, Lambo! —Fue el saludo por parte de Gokú después de haber terminado su comida.

—Cuanto tiempo sin vernos, jóvenes Vongola. —Lambo correspondió el saludo, pero se giró con el fin de decirle unas palabras al azabache—. Gracias por haberme cuidado hace diez años. No recordaba que usted fuera tan pequeño, pero es claro que jamás olvidaría ese peinado tan singular.

El sawada menor pedía alguna explicación, y Reborn fue quien le explicó el funcionamiento de la bazuca de los diez años.

Lambo miró a cierta persona en particular, pero parece que ni con su nuevo aspecto pudo llamar la atención de un Reborn, que comía a gusto su pasta.

—Vaya, vaya. Voy a tener que usar mis poderes para enseñarte todo lo que he cambiado en estos diez años. —El Lambo joven sacó sus cuernos de su traje y los situó en su cabeza como los de un toro—. ¡Thunder Set! —Y del exterior, un rayo entró a la casa, cayendo directamente en los cuernos como un pararrayos—. Mis cuernos tienen un millón de voltios. ¡Muere, Reborn! ¡Elettrico Cornata!

Como un toro, el Lambo joven arremetió contra Reborn quien, aun con el servicio en boca, reaccionó clavando el mismo tenedor en la mollera de su atacante.

—Re.… sis... te... ¡UWAA!

El joven Lambo, al igual que su versión infantil, lloró puerilmente y corrió hasta salir de la casa, demostrando ante los ojos de los Sawada y Reborn, no haber cambiado mucho en esos diez años.

Pasados unos minutos, la matriarca apareció, otra vez, con Lambo llorando en sus brazos. Gokú fue reprendido porque él tenía el deber de cuidar la casa y los niños, pero no había seguido las órdenes dadas en consecuencia.

—Lambo-kun dice que quiere ser amigo de Reborn-kun. —Dijo dulcemente la matriarca.

—¡Era una mentira!

Lo que nadie sabía, fue que todo había sido un vil engaño de Lambo que atacó de inmediato, lanzando varias granadas que Reborn le regresó con su plato, golpeándolo de tal manera que lo hizo volar y cruzar la puerta principal hacia el exterior de la residencia.

Los hermanos Sawada comenzaron a reír, viendo como el pequeño Lambo recibía la explosión de su propio ataque, al tiempo que daba un cómico grito de "GUBYAA", que incluso sacó una indetectable risita de la matriarca.

—¿Me puedes servir más, mamá? —Pidió Reborn, alzando su plato sin importarle lo que había sucedido con Lambo.


Prueba de ingreso a la Familia.

De camino a la escuela, Gokú daba bostezos al no dormir por los constantes gritos de Lambo y sus intentos de asesinato hacia Reborn, que siempre terminaban en explosiones. Si no fuera por su hermano, que noqueó al niño vaca de un golpe en la cabeza, su falta de sueño le habría impedido levantarse este día.

Cuando estaba a unos pasos de la entrada principal de la escuela, distinguió a Yamamoto levantando su mano en saludo, y el correspondió. Pero, al fijarse en el semblante agotado del azabache, preguntó si no había podido dormir (las ojeras lo delataban). Él confirmó, explicando la razón (Lambo) de su falta de sueño.

Todo esto es observado desde una de las terrazas de la escuela; y lo que más enfurecía al curioso fisgón, fue la cercanía que Yamamoto tenía con Gokú, llegando al punto de codearlo como si lo conociera de toda la vida. Esto causó que el sospechoso mirón lo maldijera en sus adentros.

—Reborn-san... ¿En verdad estás pensando meterlo en la familia? —A su lado, Reborn afirmaba a la pregunta de Gokudera, aclarando que lo de Yamamoto no estaba planeado, sino que era una decisión concreta—. Por favor, ¡Piénsalo de nuevo, Reborn-san! ¡Me opongo a que alguien tan llevado como él entre a la familia!

Al girar se fijó que Reborn no había oído nada de lo dicho, pues una burbuja transparente se expelía de su nariz, y unos sutiles ronquidos daban a entender que estaba en un profundo sueño.

Pasadas las horas, el sonido del timbre dio comienzo el primer receso.

Atrás de la escuela, en la zona de natación, Reborn nadaba en la alberca, degustando de un helado como si estuviera en vacaciones de verano. Sentado en el borde de la piscina, Gokú era informado sobre lo sucedido con Gokudera y su discrepancia por incluir al beisbolista en la familia.

—Entonces, para complacer a Gokudera, he decidido que Yamamoto haga la "prueba de ingreso a la familia". —Dijo Reborn.

—¿Esta bien hacer eso? A Yamamoto le gusta mucho el Baseball. No deberías inmiscuirlo en este mundo. —Contestó Gokú, dejándose caer al suelo para apreciar las nubes y sus formas.

Antes de que Reborn se sumergiera en la piscina, confesó que Gokudera iba de camino para "hablar" con Yamamoto. El sólo pensar que pasaría si se encuentra con el Beisbolista, dejó con algo de preocupación al azabache. Y bueno, aunque le disgustaba más la idea de cortar su descanso, se levantó un poco fastidiado y partió hacia el lugar, a paso moderado, por si se llegaba a dar una posible pelea.


En el destino, ya se hallaban cara a cara Yamamoto y Gokudera mirándose fijamente. Este último, empezó a rodear al sonriente beisbolista, examinándolo con detalle de pies a cabeza.

«Que tipo tan detestable. ¿Cómo alguien que luce tan débil va a poder proteger al décimo?» —Era la pregunta que pasaba por la cabeza de Gokudera.

De repente, Yamamoto sustrajo de su bolso una pequeña caja de cartón impermeable y se la ofreció, sugiriéndole beber un poco de leche porque la falta de calcio causaba frustración. Esto puso de malas al pelo plata; pues, estando de espaldas, disimuladamente sacó varias dinamitas de su uniforme listas para ser lanzadas.

—Así que era verdad lo que me dijo Reborn.

—¡Decimo!

En un segundo, Gokudera escondió sus manos con los explosivos atrás de su espalda.

Por el contrario, Yamamoto estaba más atento al pequeño infante en patineta, el cual era jalado por una soga que Gokú tenía atada en su cintura. Así que le preguntó al pelo palmera si era su hermano pequeño.

—¡Ciaossu! —Saludó Reborn, aclarando no ser hermano de Gokú, sino que un asesino de la familia Vongola.

Yamamoto bajo a la altura de Reborn y comenzó a reír, pero amigablemente le pidió perdón, comentándole que debía ser difícil ser un asesino a tan corta edad. Reborn discrepó, pero le aseguró que él también se uniría a la familia Vongola.

—¡Reborn! No...

—Vamos, solo es un niño, ¿no? —Yamamoto interrumpió a Gokú—. Nosotros también fuimos niños... y también jugábamos a ser policías y héroes.

Todo parecía indicarlo. Era claro que Yamamoto creyó que la prueba era alguna especie de juego, pero no le importaba en absoluto los detalles, pues tenía todas las intenciones de participar.

Yamamoto tomó a Reborn y lo sentó en su hombro, como si de su hermano pequeño se tratara.

—Gokú es el Décimo jefe de la familia. —Le dijo Reborn.

—¡Oh! ¡Es una excelente decisión! —Contestó él—. ¡Muy bien! Entonces, yo también quiero entrar a la familia Vongola.

Gokudera hizo un sonido con su boca ("Tch") en desacuerdo ante lo dicho.

Reborn, primero, le explicó a Yamamoto sobre la prueba de ingreso para entrar a la Familia Vongola. Y, por último, se le advirtió que, si perdía el desafío, no solo quedaría descartado de entrar a la Familia, sino que lo asesinaría.

—¡Ja, ja, ja! En verdad eres simpático. Me caes bien.

Yamamoto sonrió de nuevo, dando leves golpecitos amigables en el sombrero de Reborn, ya que todavía tenía la creencia de que todo era un juego.

—Oye... cuando Reborn dice que te matará, está hablando en serio. —Dijo Gokú, pero Yamamoto seguía sin creer.

—La prueba es fácil. Solo tienes que esquivar mis ataques. —Reborn desenfundo dos ametralladoras, una en cada mano—. Muy bien, comencemos. Primero, Cuchillos.

El bebé sicario arrojó cuatro que fueron evadidas con dificultad por Yamamoto, puesto que el ataque lo tomó por sorpresa.

—Oye, Reborn, ¿No es un poco exagerado? Lo vas a matar. —Gokú se acercó y le susurró cerca del oído.

Por algún motivo, Gokudera se veía feliz, pero su expresión fue disminuyendo cuando Yamamoto le comenzó a divertir la prueba.

—Tú eres el jefe, Gokú. ¡Dale un buen ejemplo!

Luego de proferir esas palabras, Reborn lanzó cuchillos tanto a Gokú como Yamamoto; a este último, le pareció divertido tomarlo como una competencia que Gokú no negó en aceptar. Los dos arriesgaban su vida, pero era claro que disfrutaban la adrenalina causada por saber quién sería el ganador.

—Tiene una gran condición por jugar al Baseball... además de buenos reflejos. —Gokudera afirmó a regañadientes ante las palabras de Reborn.

Lo más increíble de todo, es que Yamamoto creía que los artilugios usados en la prueba eran juguetes y no armas reales.

Por consiguiente, Reborn comenzó a disparar flechas con una ballesta para que los ataques fueran a mayor velocidad. Por ende, los dos estudiantes tuvieron que aumentar su velocidad.

—¡Ga, ja, ja, ja! ¡Te encontré, Reborn! —Desde la cima de la escalera exterior de la escuela, en el tercer piso, el niño Vaca hizo su aparición llamando la atención de Gokú y Yamamoto—. ¡Soy Lambo, de la Familia Bovino! ¡Vine a la preparatoria, aunque tengo cinco años!

—¿Bovino? No he oído de ellos. —Mencionó Gokudera—. ¿Qué hacemos, Reborn-san?

—Continuamos.

Ignorando a Lambo, Reborn arrojó con una mayor velocidad las flechas, pero igualmente eran evadidas sin problemas por los dos estudiantes.

Con los ojos cristalinos acompañados de unos leves lagrimales, Lambo, de alguna manera, no se echó a llorar y extrajo de su Afro un lanzamisiles que su jefe le mandó desde Italia recientemente, por el gran esfuerzo en esos días.

—¡Muere, Reborn!

Para su mala suerte (contrario para el que lo recibiría), los ataques no estuvieron ni cerca de impactar en su objetivo. Más bien, los misiles fueron directamente hacia Gokú y Yamamoto; pero antes de que impactaran, se congelaron en el aire como si el tiempo se hubiera detenido.

—¡¿Qué es lo que pasa, Reborn-san?! —Inquirió Gokudera.

En silencio, sin contestar a la pregunta, Reborn no apartaba su mirada en como los misiles eran detenidos por una clase de fuerza invisible que surgía de la mano de su pupilo. En cambio, Yamamoto seguía corriendo sin percatarse de lo sucedido.

De un movimiento rápido, Gokú contrajo sus dedos en un puño, provocando que los misiles explotaran y que fuertes ráfagas de viento soplaran en el área. Mientras todos se cubrían con sus antebrazos por la fuerte ventisca, el azabache era protegido por una barrera invisible.

«Eso estuvo cerca.» —Pensó Gokú.

—Fallé por unos diez metros. —Alegó Lambo quien, al ser un niño pequeño, no le tomó mucha importancia, ya que estaba más preocupado de eliminar a Reborn.

Yamamoto, por su lado, dio un suspiro de alivio. Había subestimado el juego y, si no se ponía más serio, reprobaría la prueba.

Dejando de lado lo sucedido, aunque el semblante de Gokudera era de un asombró notable, Reborn lo ignoró y se armó con una metralleta para, esta vez, disparar frenéticamente contra Gokú y Yamamoto. Cabe mencionar, que esto apenas era el primer nivel de entrenamiento para ser un asesino.

Al tiempo que disparaba, le ofreció a Gokudera participar; y aunque tenia algunas dudas, estas desaparecieron en un flash al oír que no había problema si intentaba matar a Yamamoto. Estas palabras originaron que su expresión se llenara de felicidad, mientras tomaba unas dinamitas y las arrojaba sin dudar en dirección del beisbolista. No solo era la dinamita, sino que también lo acompañó un misil lanzado por parte de Reborn. ¡Y eso no es todo! De igual forma, Lambo arremetió con misiles rodeados de electricidad con su habilidad Thunder Set. Esto se debe a que estaba en su forma adulta tras haberse disparado con la bazuca de los diez años, debido a la frustración de fallar tantas veces en matar al bebé sicario.

¡BOOOOOM!

Una fuerte explosión hizo retumbar el área, algo que preocupó a Gokudera tras no haber algún rastro de Gokú y Yamamoto, luego que la polvareda se disipara.

«Maldición... creo que me pasé». —Supuso Gokudera, preocupado. Pero esa conmoción desapareció en el momento que Reborn le llamó y apuntó en una dirección, como unos diez metros a la derecha de la explosión—. ¡Décimo! ¿Está bien Décimo?

Gokú y Yamamoto aparecieron un poco empolvados y rasmillados, pero sin ninguna herida notable.

Un segundo antes de que la artillería impactara, Yamamoto jaló a Gokú por el cuello de su camisa y esquivó el ataque. Gokú se sintió frustrado, porque tenía todas las ganas de recibir el ataque para probar su resistencia.

—Pasaste la prueba... —Reborn le notificó a Yamamoto—. Ahora eres un miembro oficial de la familia.

—Bien hecho. —Por su parte, Gokudera lo agarró de la camisa y lo felicitó, luego de haber salvado a Gokú—. Protegiste al Décimo, así que no me queda mas que darte la bienvenida a la Familia. Sin embargo, yo soy su brazo derecho, y tú más bien eres su hombro.

Amigablemente, Yamamoto puso su brazo alrededor del hombro de Gokudera, y le mencionó que era muy divertido. No obstante, cambió su expresión a una de seriedad y aclaró que él seguiría siendo el brazo derecho y el pelo plata el lóbulo auricular.

—¿Qué dijiste? —Reprochó Gokudera—. ¡Entonces tú eres un pelo de la nariz!

—¿Qué? —Exclamó Yamamoto—. ¡Entonces tú eres un moco!

Por otro lado, Gokú caminó hasta Reborn, situándose a su lado. Los dos sonreían al ver la discusión pueril de los estudiantes.

—Dejaste que te salvara, ¿Verdad? —Preguntó Reborn, y Gokú dio una leve carcajada al tiempo que se sobaba la nuca, gesto que confirmó sus sospechas.


Bianchi.

El día era muy caluroso, y Gokú cargaba con una bolsa mientras caminaba de regreso a casa, luego de hacer algunas compras encargadas por su madre. Esta vez estaba solo, y reprochándole al sol el exceso de calor que secaba hasta el salival de su boca, causándole una desesperante sed.

Cuando destapó una botella de refresco de cola para beberlo, observó como una persona, montada en una bicicleta antigua, frenó a su lado y lo miró por unos segundos. Se trataba de una joven alta, vestida con una camisilla ajustada que hacía resaltar sus curvas.

Al retirar su casco, resaltó su largo cabello liso y rosa claro, al igual que sus ojos verdes y piel pálida. Además, tiene un tatuaje de escorpión con un aguijón en forma de corazón en la parte superior del brazo izquierdo.

—Ten, si quieres...

La joven embozó una sonrisa y lanzó una gaseosa hacia Gokú. Pero cuando se marchaba, no se percató que el susodicho había pasado por su lado, ignorándola por completo.

El sonido de un objeto impactando en el suelo lo alertó, por lo cual, se giró para apreciar como un ave sin vida descendía del cielo, tras olfatear un misterioso gas venenoso proveniente de la lata que se hallaba derramada en el piso.

—¿Qué es esto? —Gokú se inclinó, olfateando la sustancia morada y putrefacta—. ¡Qué feo huele! ¡¿Quién tiró esto?!

De inmediato partió a casa para relatarle a Reborn lo sucedido. Sin embargo, cuando se lo topó, se llenó de sorpresa al ver escarabajos caminándole por la cara. Reborn resumió que eran escarabajos recolectores de información que trabajan durante el verano.

—¿Eso significa que puedes hablar con los insectos? —Preguntó Gokú, mirando como los escarabajos liberaron sus alas y volaron hacia el exterior, haciendo caso a un movimiento de mano por parte de Reborn.

—Por eso pude enterarme de que Bianchi está en la ciudad. —Contestó, y Gokú preguntó por la joven desconocida—. Ella es una asesina y compañera de hace mucho tiempo.

Repentinamente, el sonido del Ding-Dong, acompañado de una voz ofreciendo Pizza italiana, alertó a Reborn y Gokú. Por suerte, la matriarca y el Sawada menor no estaban en casa, por lo cual, Gokú tuvo que bajar las escaleras hasta la entrada.

Cuando abrió la puerta, se encontró con la misma chica que anteriormente había visto en aquella peculiar bicicleta.

—Disculpa la espera. Aquí está tu pizza de almejas.

Antes de entregarle la caja a Gokú, velozmente, la joven colocó una máscara de gas en su cara y abrió la caja de la pizza que liberó un vapor toxico. Mala idea. La intuición de Gokú hizo que reaccionara, lanzando un puñetazo que se detuvo a milímetros del rostro de la joven, quien se quedó paralizada al sentir como el golpe tuvo la suficiente fuerza para crear una ráfaga de aire que disipó por completo el gas toxico.

—Ciaossu, Bianchi.

La joven no salía de su asombro... ¿Qué habría pasado si ese golpe le hubiera dado de lleno? Además, esa peculiar aura fue la misma que sintió cuando viajaba por el mundo en una de sus misiones. Fue tan solo por unos segundos, pero lo suficiente para no olvidar como esa aterradora energía podía sentirse, incluso sin la necesidad de tener alguna clase de percepción. A pesar que la de este chico era muy parecida, no es ni de cerca tan intensa como el aura que la aplastó hasta lo más profundo de su ser.

—Oye, ¿estás bien? —Fue la pregunta de Gokú, pero la susodicha aun no reaccionaba.

—¡Bianchi! —Alzó la voz Reborn, grito que la hizo salir de sus pensamientos.

Al contemplar a su pequeño amado, su personalidad dio un giro de ciento sesenta grados, igual que una persona con trastorno bipolar que cambia su estado de ánimo dependiendo de la circunstancia.

—Vine por ti. —Dijo Bianchi, con un rubor en sus mejillas—. Demos otro gran golpe juntos, Reborn. Además, no perteneces a un lugar pacifico, tú perteneces a un mundo oscuro, lleno de emoción y peligro.

—Ya te lo dije, Bianchi. —Contestó el pequeño sicario—. Mi trabajo es educar a Gokú. No insistas, es inútil.

La joven asesina comenzó a derramar lágrimas; aunque parecían falsas, se podía distinguir el derramamiento de un líquido trasparente brotando de sus ojos como cascada. Sin embargo, su actuación no convencería a ninguno de los presentes.

«Que tipa tan rarita». —Pasó por la cabeza de Gokú, sin creerse las falsas lágrimas de cocodrilo.

—Jamás podrás ser libre, a menos que Décimo muera en un misterioso accidente. —Bianchi tomó y giró la manilla de la puerta—. Me retiro por ahora. Una vez que asesine a... ejem, que muera el Décimo, regresare por ti.

—¿Qué le pasa a esa loca? —Preguntó Gokú.

De una rápida descripción, Reborn relató que Bianchi es una asesina a sueldo, llamada el escorpión venenoso... y que su habilidad especial es la comida envenenada. Una habilidad que, según Gokú, era bastante inútil, pues contaminar la comida, era la mayor aberración que puede existir en el mundo.

Todo esto, Bianchi lo hacía porque estaba enamorada de Reborn. De hecho, salieron un par de veces y fueron amantes... la cuarta, según lo dicho por Reborn.

A Gokú le daba igual su historia amorosa. Lo más importante es que de verdad quiere acabar con él y eso era bastante fastidioso.

—Gokú... —Reborn bebió una bocanada de su te—. Todos los humanos morirán algún día.

—No es por mí, Reborn... —Con seriedad en su semblante, Gokú se sentó en su cama, cruzó sus brazos, cerró los ojos y bajo su mirada. Por consiguiente, alzo su rostro y abrió los ojos para observar a Reborn—. ...es por ella. No me haré responsable si algo llegara a pasar con tu amante.

—Qué pase lo que tenga que pasar.

Al siguiente día, Gokú y Kyoko se toparon por el camino, se saludaron como de costumbre, y caminaron juntos hacia la escuela.

Kyoko se veía feliz, pues hoy prepararían Onigiri (bolas de arroz rellenas), en la clase.

—¿Qué? ¿Yo también? —Preguntó Gokú con desdén, y su amiga dio una dulce risita.

De pronto, a lo lejos se distinguía a Bianchi pedaleando a toda velocidad, tocando frenéticamente la campanita de la bicicleta, mientras desprendía un aura siniestra, vociferando que quienes se interponen en el amor de otros, tienen que morir envenenados.

Al pasar por su lado, Bianchi arrojó dos latas de gaseosas envenenadas, pero rápidamente Gokú las pateo, mandándolas por los aires hasta perderse más allá de las nubes.

—¿Es una conocida tuya? —Preguntó Kyoko.

—No... esa loca es conocida de Reborn. —Contestó, notando como Bianchi se perdía en la lejanía.

En la escuela, más precisamente en el salón de clases, todas las estudiantes cargaban consigo un plato de Onigiris. La mayoría de los varones (no todos), esperaban ansiosos el degustar los platos preparados por las chicas que les gustaban.

Gokú, por su lado, estaba con sus ojos cerrados detectando la presencia de Bianchi, debido a que rondaba por los pasillos de la escuela desde hace un par de horas.

—¿Qué pasa, Gokú? —Preguntó Yamamoto, quien se hallaba a su lado derecho—. Te veo muy concentrado. Quizás, ¿ya sabes de quien aceptarlo?

—¿Mm? Bueno, comeré de los que me ofrezcan. Si no, pues, simplemente me comeré mi almuerzo. —Esto último lo dijo despreocupadamente, apoyando sus manos atrás de su cabeza.

Sin embargo, pudo sentir con su percepción la presencia de Bianchi muy cerca. De hecho, estaba en el mismo salón, justo detrás de Kyoko, con un plato de Onigiris morados y engusanados que expelían levemente un vapor toxico.

Bianchi embozó una sonrisa e intercambio con gran velocidad sus Onigiris con los de Kyoko. Después, nuevamente, desapareció sin dejar rastro.

Cuando Gokú se dispuso a perseguirla, fue detenido por Kyoko quien le ofreció de su plato.

—No voy a comer eso. —Contestó, con un semblante neutro. Esto la entristeció, pero al estar Hana a su lado, molesta, comenzó a revolver con fuerza el cabello de palmera de Gokú, haciéndolo gritar cómicamente.

Durante ese jale, con dificultad, Gokú apuntó hacia el plato para que Kyoko se percatara que no era el suyo, siendo bastante evidente. Tras apreciarlo mejor, Kyoko y Hana se sorprendieron al ver unas bolas de arroz fuera de tono.

«Mi teoría es que la gente puede morir de amor. Y ahora, tu morirás por el amor de otros, Vongola Décimo». —Bianchi estaba llena de confianza, pero ese sentimiento desapareció al observar que Gokú no había tomado ningún Onigiri.

¿Su plan había fallado?

Todo parecía estar bien, hasta el momento que Gokudera y Yamamoto tomaron los Onigiris envenenados dispuestos a comerlos.

—Si el Décimo no lo quiere, yo me lo como. —Dijo Gokudera y Yamamoto confirmó.

—«¡Maldición!»

Sin más opción, Gokú les arrebató los Onigiris y los tragó de un bocado sin siquiera degustarlos. Fue tan veloz el movimiento, que Gokudera y Yamamoto dieron un mordisco al aire, percatándose de que sus bolas de arroz habían desaparecido. Pero no había tiempo para buscarlos, ya que observaron como Gokú caía al suelo tomándose el estómago dando pequeños quejidos de dolor. Todos se preocuparon, pero la angustia se fue cuando el azabache salió disparado hasta el baño, quejándose cómicamente del dolor de estómago. Gokudera, Yamamoto y Hana cayeron de espalda, ya que su susto fue mal infundido.

—Hiciste bien en proteger a tu familia. ¡Eso es lo que hace un jefe! —Desde la cima de un edificio, Reborn observaba con la mira de su rifle francotirador—. Al parecer, no voy a tener que intervenir.

Luego de unos minutos, Gokú apareció en el salón dando suspiros de alivio, al tiempo que se sobaba el estómago.

Al verlo en buen estado, por algún motivo inentendible, lágrimas de felicidad comenzaron a brotar del rostro de Gokudera de un modo muy cómico. Luego, Gokú sintió como Yamamoto lo rodeaba con su brazo, mencionándole que no los preocupara de esa manera. Y Kyoko, por su lado, simplemente reía.

—¡Haces que nos preocupemos por nada, enano! —Alegó Hana, mientras lo torturaba revolviéndole el cabello.

—¡¿Mi "Poison Cooking" no funcionó?! ¡¿Solo le causo un dolor de estómago?! ¿De que esta hecho el interior de ese enano?

Bianchi estaba totalmente anonadada ante lo visto, y maldecía a Vongola Décimo, declarando que algún día lo mataría para recuperar a Reborn. Sin embargo, el bebé sicario desconocía por completo lo que sentía la joven en ese momento, pues se hallaba comiendo un trozo de sandía bastante despreocupado.

El incidente de los Onigiri quedo en el recuerdo y un nuevo día comenzaba en la residencia de los Sawada.

Gokú caminaba de regreso a su casa, luego de correr alrededor de la ciudad con una roca de varias toneladas en su espalda; un entrenamiento básico del día a día. Cuando entró a su habitación, encontró durmiendo a Lambo tirado en el suelo, mientras se chupaba el dedo gordo de su mano como un bebé.

—¿Qué haces ahí, pequeño? —Gokú lo tomó en sus brazos y lo recostó en su cama.

Al girarse, vio como Reborn lo saludó con su típico "Ciaossu". Lo que más intrigó al azabache, fue verlo vestido con una especie de Yukata mientras comía fideos instantáneos, pese al calor excesivo del verano.

—También tengo para ti. —La voz de Bianchi se oyó en su espalda—. Come un poco.

—¿Qué haces aquí? —Inquirió el azabache, con una mirada seria y penetrante—. ¿Crees que se me olvidó que tu estúpida comida casi mata a mis amigos?

Con seriedad en su expresión, Gokú comenzó a desprender su energía, haciendo temblar por completo la residencia de los sawada. Debido al temblor, Bianchi perdió el equilibrio y cayó sentada en el suelo. En el momento que levantó su mirada, sus ojos parecieron distinguir una figura rodeada de un aura blanca. Esa figura era completamente oscura, excepto por dos esferas de fuego es su cabeza que parecían penetrar en lo más profundo de su ser.

—¡Detente, Gokú! ¡Ella es hermana de Gokudera!

Ante la orden de Reborn, atónito, Gokú desapareció su aura en una décima de segundo como si nada hubiera pasado. Un poco confuso ante la revelación, decidió tranquilizarse y pedir perdón inclinando su cabeza como su madre le había enseñado.

—Interesante, ¿verdad?

Bianchi suspiró, pero luego se levantó y comenzó a reír, asintiendo a las palabras de Reborn.

—Si, este chico es muy interesante. Ahora entiendo porque estabas tan interesado en ser su tutor. —Contestó, acercándose a Gokú, analizándolo detenidamente—. ¿Sabes una cosa? Esta es la segunda vez que siento la guadaña de la muerte cerca de mi cuello. Pero bueno, yo estoy aquí por otra cosa... estoy aquí por amor.

—Por trabajo. —Corrigió el bebé sicario—. Pensé en pedirle a Bianchi que me ayudé con tus tutorías.

—¿Qué te ayude? Pero si tú no haces nada. —Le susurró Gokú—. Además, ¿ella no querrá matarme con ese veneno raro que sabe muy feo?

—¡Ju, ju! Aun eres un niño. ¿Hasta cuando vas a seguir preocupado por eso? —Habló la asesina venenosa, tranquilamente—. Lo que estoy haciendo ahora se llama "Poison Cooking II". ¡Y es el doble de eficaz!

Levantándose de su lugar para dirigirse a la cocina, Bianchi le comunicó que sería su tutora de cocina y arte; y que el día de hoy, experimentarían cosas nuevas en la cocina.

—¡Décimo! —Fue la voz de Gokudera que se escuchó en el exterior.

Gokú bajo las escaleras y abrió la puerta, viendo como el pelo plata vestía, raramente, con ropa casual. En su mano cargaba una sandía, esperando degustarla en compañía de Décimo. No obstante, la fruta caería al suelo confundiendo al azabache. Luego percibió que la mirada de Gokudera se hallaba fija en una persona, una chica, siendo más precisos.

—¿Hermana?

Gokudera dejó caer su cigarrillo ante la conmoción de ver otra vez a esta persona que parecía desagradarle.

—Hayato.

De pronto, Gokudera cayó de rodillas y un fuerte sonido provino de su estómago, al tiempo que lo apretaba y daba quejidos de dolor tras oír la voz de su hermana. Apresurado, salió corriendo de la casa sin decir una sola palabra... solo huyo.

—Siempre es así... niño raro.

Gokú lo siguió por las calles, hasta llegar a un parque donde divisó como el pelo plata se apoyaba en un árbol, tratando de estabilizarse por los fuertes mareos causados por ver a Bianchi.

Cuando Gokú se acercó, parándose a sus espaldas, escuchó como Gokudera comenzó a relatar sobre los ocho años que pasó con su hermana en el pasado. En esos años, su familia organizaba muchas fiestas lujosas en su castillo, pero todo cambió cuando él tenía seis años. Ese día debía tocar el piano enfrente de toda la multitud, pero antes de la sonata, comió unas galletas que su hermana horneaba por primera vez. Siendo ese día, el nacimiento de "Poison Cooking".

—Después supe que mi hermana tiene la capacidad de convertir en veneno todo lo que cocina. —Prosiguió—. Y claro, cuando esa vez comí las galletas, sentí fuertes náuseas y mareo... y mi ejecución en el piano fue horrible. Pero eso solo fue el principio de todo. Aquella interpretación espantosa fue tan bien recibida, que mi papá me ordenó tocarla de nuevo. Por ende, le ordenó a Bianchi preparar galletas cada vez que iba a interpretar una sonata. Ese terror traumó mi cuerpo y ahora cada vez que veo a mi hermana me da dolor de estómago.

—Ya veo. —Contestó Gokú—. Tienes una relación bastante complicada con tu hermana.

El pelo plata asintió con su cabeza, y afirmó odiarla.

—No puedo acercarme a mi hermana. —Gokudera le confesó—. Décimo... ¿podrías hacer que se vaya de esta ciudad?

—No puedo hacer eso. Ella se convirtió en mi tutora, por pedido de Reborn. Así que tendrás que aguantarla por un tiempo. —Contestó, sin preocupación, apoyando sus manos atrás de la cabeza.

No obstante, de igual manera, Gokudera reveló que Bianchi, antes de estar enamorada de Reborn, se obsesionó con otro hombre. Dicho hombre había muerto en un accidente, pero ella aún no lo había superado. Por lo tanto, lo único que necesitaban para deshacerse de ella, era encontrar a un sujeto muy parecido al exnovio; porque, si lo veía, lo perseguirá hasta el fin del mundo.

Al ser tan ingenuo y fácil de convencer, Gokú decidió apoyar el plan, más que nada porque le parecía interesante y divertido. Para alguien con dos dedos en la frente, esto se trataba de una completa locura, y la probabilidad de encontrar a alguien parecido era de uno en mil millones. Gokudera, sin embargo, al revelar una foto de Bianchi y su ex, hizo que Gokú se sorprendiera del parecido que tenía con el Lambo del futuro.

Siguiendo el plan, Gokú se infiltró en su propia habitación y comenzó a buscar la bazuca de los diez años en el afro del dormido Lambo. Para su mala suerte, el niño despertó preguntando qué era lo que intentaba hacer. Gokú fue sincero, y le pidió que se disparara con la bazuca de los diez años para intercambiar con su yo del futuro por unos momentos, pues necesitaban de su ayuda.

—N-nunca... nunca he usado una bazuca de los diez años... —Contestó Lambo, nervioso—. El jefe me dijo que no tengo permitido usar la bazuca de los diez años... yo nunca he disparado. Yo me voy a dormir.

Antes de decir otra palabra, Gokú recordó los momentos en que Lambo se había intercambiado con su yo del futuro. Y claro, lo hacía después de que Reborn le diera sus incontables palizas, o golpes causados por algún tipo de accidente. Sin embargo, no se sentía muy a gusto pedir que golpeen al pequeño, así que trataría de pensar en otra cosa.

Cuando llego al patio trasero, encontró a Reborn llenando una pequeña piscina, tan pequeña que se ajustaba perfectamente a su tamaño.

—Reborn, ¿puedes ayudarme con Lambo? Necesito la ayuda de su yo del futuro. —Preguntó Gokú.

—No. —Contestó, de manera tajante—. Ya te lo dije. No voy a inmiscuirme con un don nadie que pertenece a una familia pequeña.

No había que insistir, Gokú sabía perfectamente que no podría convencerlo por ningún motivo. Sin embargo, para su suerte, sin que nadie se lo pidiera, un Lambo enojado apareció sobre el techo de la casa, pues había escuchado desde el principio cada palabra negativa que Reborn criticaba sobre él y su Familia.

—¡Gajajaja! ¡No podrás volver a decir eso, Reborn! ¡Lambo-san saltara valientemente desde el segundo piso! —Exclamó, portando en su mano una especie de arma que se usa para la defensa personal—. ¡Muere, Reborn... muere con el electroshock que me dio el jefe!

Dicho esto, se lanzó en picada hasta Reborn, quien solo se hizo a un lado para que el pequeño tonto cayera con el electroshock a la piscina, generando una fuerte corriente que lo electrocutó.

Unos segundos de zarandeo eléctrico, fueron más que suficientes para que el pequeño Lambo comenzara a llorar. En consecuencia, sacó la bazuca de su afro, y jaló el gatillo disparándose.

—Vaya, vaya... ¿Por qué estoy empapado?

De este modo, Lambo del futuro apareció sentado dentro de la piscina un poco confundido, y más, cuando observó que Gokú fue corriendo hasta la cocina gritando el nombre de Bianchi.

—No me gusta que me den ordenes, pero ya casi es hora de tu clase... —La joven de los venenos quedo en shock al distinguir una cara muy conocida—. ¡ROMEO!

Lambo se sintió más confundido aún después de ver como la chica corría hasta él con un semblante de felicidad, dispuesta a darle un fuerte abrazo; o eso parecía.

—¡Romeo! ¡Estas vivo! ¡ROMEOOOO!

Antes de proferir alguna palabra, Lambo recibió en la cara, por parte de una furiosa Bianchi, el "Poison Cooking II", (una torta venenosa), que lo dejó fuera de combate en un instante.

Según Reborn, al parecer, antes de que Bianchi rompiera con su ex, tenían una pésima relación. Y siempre que pensaba en él, se enojaba mucho.

—¿Estas bien, Lambo? —Preguntó Gokú, picándolo con una ramita.

—Tal vez pueda salvarse con los avances tecnológicos del futuro. —Contestó Reborn.

Luego, en la tarde, todos los acontecimientos sucedidos en la residencia de los sawada, fue relatado con lujo de detalle a Gokudera.

—Ahora que lo dices... creo haber escuchado que la causa de su muerte fue comida envenenada. —Comentó Gokudera, sintiendo escalofríos al recordar ese terrorífico y fatídico incidente.

Despreocupado y con sus manos apoyadas atrás de la cabeza, Gokú parecía no importarle el asunto con Bianchi, pues de a poco se estaba acostumbrando a su presencia. Además, la chica había dejado la ciudad por unos días, para embarcarse hacia el lago Hamana.

A una distancia considerable de ese lugar, en el patio de los sawada más precisamente, Reborn estaba sentado en una silla de playa disfrutando del sol.

—En el día más cálido, me gustaría comer una anguila.

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Bueno, señores, dejen un comentario por si les gustó el capítulo.

Nos vemos.