Capítulo 3: Los primeros días
Harry se sentó en una roca en el extremo más alejado de Hogwarts en el borde del lago negro, dejando caer su mochila a un lado en el césped. Sus pasos simplemente lo llevaron a aquel sitio, caminando sin rumbo al perderse en sus preocupaciones; buscando una manera de despejar su mente.
La primera semana de clases pasó de inmediato, había estado estudiando con Hermione en la biblioteca durante horas por lo que descansar un poco no le parecía una pérdida de tiempo. Las tardes de sábado normalmente estaban destinadas a explorar el castillo, salir a los grandes patios o pasar el rato con sus amigos; pero algunas cosas cambiaron repentinamente en él, en especial su sed de conocimiento.
Se recostó suavemente en el suelo con sus ojos mirando el cielo pintado con esa peculiar tonalidad naranja, ahogándose en los recuerdos de su corta y poco fructífera estancia en el callejón Diagon y los eventos que sucedieron después.
Inconscientemente llevó su mano derecha hacia arriba, ocultando con la palma la hermosa vista, para poder observar su dorso. Lo más aterrador de Gringotts no era el ser tratado como un criminal al ir sin una llave o que los guardias te apuntaran con sus varitas ni mucho menos los mezquinos duendes, sino el miedo de haber firmado con una pluma que podía extraer la sangre y usarla como tinta.
Naturalmente él no hubiera sospechado demasiado de ello salvo el ardor en su mano y el color rojo de las palabras que escribió, fue más bien uno de los duendes con una retorcida sonrisa quién le advirtió que si no era Harry Potter, la pluma le extraería hasta la última gota de su preciada sangre.
Harry suspiró suavemente, no solo se sintió vulnerable sino también herido en su orgullo; los duendes lo habían tratado como tonto solo por preguntar acerca de su tutor mágico y la cantidad de oro en su bóveda, el duende a cargo comentó que el banco no estaba obligado a darle información ya que era el deber del tutor hacerlo. Al menos se encargó de llevar suficiente oro consigo para durarle mucho tiempo y su llave estaba perfectamente escondida en un compartimiento especial de su nuevo baúl.
No pudo evitar sonreír al recordar las compras no solo tenía ropa nueva y de su talla también un increíble baúl con bastante espacio y compartimientos había conseguido muchas cosas antes de la llegada de los Weasley y los Granger en especial libros que lo ayudarían a mejorar en diferentes materias. Aún así, no dudó ni un instante en reunirse con ellos cuando fueron a la librería. Pese a lo incómodo que fue ver a Lockhart conocer a los padres de sus amigos fue maravilloso hasta que los Malfoy aparecieron y arruinaron el ambiente.
A partir de ahí todo fue cuesta abajo.
Perdieron el tren a Hogwarts porque el portal no se pudo abrir, por suerte Harry logró tranquilizar a Ron y a sí mismo alegando que podían esperar a sus padres ahí ya que era probable que Dobby fuese el culpable.
Cuando los padres de Ron por fin pudieron traspasar el portal unos minutos después el señor Weasley se ofreció a llevarlos en su auto al enterarse de la situación.
El problema llegó al aterrizar en Hogwarts pues el auto se volvió loco y los expulsó a los tres violentamente junto a sus pertenencias para luego perderse en lo profundo del bosque prohibido. El señor Weasley tuvo que disculparse con la profesora McGonagall y explicarle todo lo sucedido mientras intentaba ocultar lo triste que se sentía por perder el Ford Anglia que tanto amaba.
Lamentablemente tuvo que ir a pie hasta Hogsmead para aparecerse en su casa.
Harry recordó que se perdieron la selección y apenas pudieron llegar al banquete a tomar algo de comida.
Suspiró pesadamente, el resto de los días se fueron entre las clases y lo que se esperaba de ellas; en estudiar en la biblioteca con Hermione y por fin sincerarse de su situación con los Dursley con sus amigos.
Se sentía terrible por ocultarles ciertos detalles pero no quería preocuparlos aún más ya suficientemente impactante era el hecho de ser expulsado de casa, no deseaba que sus amigos supieran lo mal que lo trataban y lo duro que fue, por tonto que sonara le dolía la idea de lo mirasen con pena o lástima.
Aun así fue sorprendente cuando Hermione y Ron casi al unisonó y sin pensarlo mucho le ofrecieron cobijo.
Harry estaba sonriendo ante el recuerdo solo para comenzar a reír ante la memoria de cómo eso se volvió una discusión entre sus amigos.
Se levantó con calma y se sacudió la poca suciedad que tenía, se estiró un poco y comenzó a caminar rumbo al castillo; dejando sus pensamientos en aquel lugar mientras sonreía.
Tal vez el año inició bastante mal, pero tenía amigos maravillosos y una nueva motivación para seguir adelante.
Ya se preocuparía en donde dormir después tenía meses para arreglar eso. Ahora mismo, su objetivo era convertirse en un mago excepcional y aumentar sus notas en el proceso.
Estaba dispuesto a encontrar una forma de encajar en este mundo, su mundo.
Despejaría su ignorancia investigando lo más que pudiera, empezando con averiguar quién es su tutor mágico y al menos conocer un poco más el legado de su familia.
Se volvería más hábil y fuerte.
Lucharía hasta el final para vivir, por él y por sus amigos.
