Después del día de la Ópera, se encerró permanentemente en su dormitorio durante una semana o así, no quería salir de donde no había príncipes, novios, propuestas de matrimonio ni mucho menos bodas. Estaba decidida a quedarse en su alcoba indefinidamente, no obstante a la semana y un día después de las súplicas matutinas de que saliera, decidió abandonar su habitación. No porque quisiera o por los ruegos de sus doncellas, únicamente porque Clío la requería.

Le había escrito una carta especial para invitarla, sin una tarjeta de invitación formal, a la fiesta de Navidad que todos los años se hace en Enchancia: Wassalia. Nunca se había perdido una, las fiestas que organizaban allí eran de las mejores. El rey Roland y su mujer no escatimaban en extravagancias y siendo también la fiesta para anunciar el compromiso, sería de las que nunca se olvidan. Iba a ser perfecta y todo giraría en torno al futuro matrimonio: saludarían a cada uno de los invitados, seguramente habría un discurso de bienvenida a la familia para su mejor amiga, luego un balls iniciado por ellos y por último volverían a despedirse de cada uno de los presentes al tiempo que agradecían felizmente que hubieran venido.

Jamás pensaba que podría desagradarle la idea de asistir a una de las tantas fiestas anuales que hacían los reyes de un país amigo y aliado. Sin embargo, cuantos menos días faltaban más deseaba no tener que ir y ver a la pareja feliz. Y ya en las dos horas restantes en las que se estaba terminando de arreglarse y maquillarse, ansiaba volver a clausurarse.

"Hildy, ¿me estás escuchando?" Preguntó ya la heredera de Freezenburg después de haber estado durante casi media hora hablando ella sola.

"Lo siento Astrid, estaba pensando en la fiesta" Respondió siendo franca.

Apenas estaba prestándola atención desde que se había sentado y había comenzado a hablarle sobre el viaje real por Rusia con su cuñado. Y se sentía mal por no estar escucharla, eran escasas las ocasiones en las que se veían y pasaban un rato juntas desde que se casó con el primogénito del rey Garrick y se fueron a vivir juntos al reino de su cuñado. Mayoritariamente se veían en eventos formales y oficiales de Freezenburg o cuando ella y Axel venían a pasar una parte de sus vacaciones aquí. Astrid siempre estaba ocupada con deberes reales, incluso más que antes, ahora que había pasado de en un futuro convertirse en reina de solamente un reino a ser de dos.

"Cariño, no te preocupes porque tus amigas o yo nos hayamos casado o van a hacerlo y tú aún no, estoy muy segura que Zandar no va a tardar nada en pedírtelo. Recuerda que no tienes por qué ser siempre la primera y mejor en todo"

"¿Por qué hablas de matrimonios tan de repente?¿ Y por qué estás tan segura de qué él me lo va a pedir?" Esa declaración le pilló por sorpresa, para nada había acertado a lo que rondaba por su mente y además eso de tener celos y querer ser la mejor era muy de la Hildegard del pasado. No obstante, también sacar al moreno así, tan inesperadamente le fue sospechoso.

Desde que eran niñas, Astrid no podía con los secretos, los solía decir cuando se enteraba de alguno o solo había que presionarla y empezaba a cantar. Además, cuando intentaba mentir siempre se ponía roja y mordía su labio inferior, lo que estaba haciendo enfrente suya hace un segundo. "Lo decía por decir, porque yo no sé nada te lo juro, ya sabes que yo no puedo guardar un secreto y por eso nadie me los cuenta. Pero, cuando te escribí después de tus vacaciones y no me diste muchos detalles en tu carta me extraño y se lo comente a Axel. Y a él se le escapó que Zandar te debería haber propuesto matrimonio porque fue a pedirle consejos un día y le dijo que a finales de esas vacaciones te lo propondría. Ambos llevamos dos semanas sin saber si te lo ha propuesto aún o no, y papá desde que le pidió tu mano quiere decir a todo Freezenburg tu compromiso"

Menos mal que Zandar ya se lo había propuesto porque, sino se habría enterado completamente de la sorpresa por parte de su hermana mayor. Aunque aquello no hubiera sido lo malo, era peor que su padre, su hermana y su cuñado supieran de la propuesta de matrimonio del príncipe de Tangu hacía ella. ¿Cómo no lo vio venir? ¿O pensar siquiera? Se consideraba una persona observadora y debió haber comenzado a deducir en algún punto de las últimas semanas que el moreno quería proponerla matrimonio. Hasta había ido expresamente a pedirle permiso a su padre y ni se había enterado de cuando fue eso ni donde.

Astrid se veía emocionada y feliz de la idea de que se casaba, tenía la misma expresión que su padre le llevaba poniendo desde que regreso de Avalor. Y ahora que sabía a qué se debía esa mirada hacia ella, no le salían las palabras para destruir la felicidad que había en su familia sobre su supuesta boda.

"Perdón princesa, pero el carruaje le espera abajo"

Aquello le alivio, no deseaba hablar del moreno ni de nada relacionado con él sinceramente. Asi que fue una gran salvación a la escena incómoda que se había formado para ella con ese desvelamiento.

El tema de su no boda y su familia lo aplazaría hasta más tarde, ya que subida en el carruaje y yendo hacia Enchancia aunque no lo prefirierá, solo se pudo recordar que Clio decía en su carta que quería que estuviera a su lado durante el tiempo que durará Wassalia. Asi que solo pensó en aquello durante el tiempo en que estuvo sobrevolando el cielo hasta aterrizar en su destino. Y una vez que bajo, se quedó sola frente a la gran escalinata que había que subir para entrar por la puerta principal del castillo. Donde se encontraban ya Sofía y su mejor amiga saludando a los primeros invitados que habían llegado temprano como ella.

"¡Hildy!" La castaña dijo emocionada, pasando al instante su cesta a Sofía para darla un abrazo. Ella siempre se olvidaba de protocolos y decidía abrazarla como saludo, y aunque le regañaba por eso, le gusta que lo hiciera. "Estamos saludando y dando una bola navideña a cada invitado para que cuando entren la pongan en el árbol que hay en el salón de baile. Y esta azul es especial para ti, se lo he pedido exclusivamente Baileywick porque sé que adoras este tono"

"Gracias" Agradeció cuando se la entregó, era verdaderamente muy bonita. Estaba cuidadosamente decorada con tonos dorados que combinaban armoniosamente con aquel azul que amaba, sin duda era especial como dijo ella, el resto de bolas eran como grises, apenas cambiaban algún detalle de la decoración.

Se había quedado embelesada mirando aquella esfera durante unos segundos más, hasta que habló la otra castaña. "Gracias por venir Hildegard. Por cierto, ¿no viene Zandar? Se lo había prometido a James que vendría a celebrar Wassalia"

La mención directa de donde estaba él, si no era del brazo con ella, le hizo recordar que salía con el príncipe de Tangu, que llevaban siendo novios desde hace cuatro años o debía decir habían sido. No habían roto de un modo claro y hablado entre ambos, sin embargo, no hizo falta que uno se lo dijera al otro. Por su revelación en el palco junto con los días en que ninguno había contactado con el otro y que había rechazado casarse con él, asumía perfectamente que ya no quería estar con ella. Y muy comprensible, no tenía nada que objetar debido a que él se merecía de verdad a una dama con la que pudiera formar una familia y ser muy feliz.

"Hemos venido por separado" Contestó, aún no sabíendo bien como decirles a sus amigos y familiares su ruptura.

Segundos después de contestar a Sofía vieron lo apresurada que venía Amber hacia ellas. O más hacia ella parecía. Algo intrigante porque se escribían regularmente y porque no recordaba que cuando se veían lo hicieran tan emocionadas como venía la rubia.

"¡Hildegard! He estado esperando todo el día a verte, tienes que enseñármelo, tengo que verlo, ¡quiero ver tu anillo!"Al segundo la gemela de James agarro su mano derecha esperando encontrar un anillo mientras las castañas no parecían entender nada. Y personalmente ella tampoco sabía de donde había sacado Amber que tendría un anillo en su dedo anular. "Oh, ¿no lo has traído? ¡Quería verlo Hildy!"

"Amber, ¿de qué anillo estás hablando?" Aquella pregunta le hizo querer no saber si lo que empezaba a sospechar sería lo correcto, que ella también conocía lo de la propuesta de matrimonio.

"Del anillo de compromiso que le compró Zandar, ¿de qué anillo va a ser si no? Qué en verdad sé como es porque le aconseje yo personalmente cuál le gustaría más a Hildegard, pero quería vérselo puesto en la mano. Ay, y me tienes que contar a mí también como fue la propuesta" Comento luego dirigiéndose a ella después de contestar a la pregunta de su cuñada.

"¿Tú también estás comprometida? Enhorabuena por ti y Zandar, no lo sabía" Le felicitó Sofía dándola un tierno abrazo.

"Gracias" Respondió con una sonrisa muy nerviosa, se había quedado paralizada al escuchar como hasta Amber lo sabía. Y acababa de confesar la propuesta de matrimonio delante de su hermana y Clio, que ahora mismo ni la miraba.

"Estoy tan feliz de que mis mejores amigas se vayan a casar por fin y las dos en el mismo año. Entre tantas bodas me voy a arruinar en vestidos y Hugo en trajes"

Con el comentario de su amiga rubia solo pudo seguir con su sonrisa nerviosa, ¿el moreno se lo había dicho a todo el mundo? ¿Familiares y amigos? Porque ya eran varias personas que pensaban que estaba comprometida debido a que conocían la intención de Zandar de hincar rodilla y declararse a ella, cuando aquella propuesta había fracasado al rechazarle y se debía haber quedado entre ambos exclusivamente. Porque ahora había personas que estaban ilusionadas y creyendo que se iban a casar.

"Creo que voy a pasar ya, estoy retrasando la cola y tenéis que saludar a los demás invitados que están llegando" Comentó rápidamente despidiéndose temporalmente de sus amigas, al querer salir de su segunda escena incómoda del día. Aunque segundos antes de comenzar a caminar buscó con la mirada a Clio, sin embargo, esta seguía evitándola.

Pasadas las dos horas y media oficialmente podía decir que había comenzado la fiesta: todos los invitados ya habían llegado y entrado al salón de baile, los músicos tocaban piezas clásicas, los mayordomos se paseaban por el recinto ofreciendo canapés y la familia real entera ya había posado para el retrato real de Wassalia. La decoración estaba hermosamente decorada como todos los años y al fondo de la sala al lado de la escalera derecha estaba el árbol de navidad. El más grande que había visto diría, que casi llegaba la punta de la estrella hasta el techo.

Todos los presentes y sus excompañeros de la Academia Real conversaban unos con otros animadamente, mientras ella se encontraba observando los jardines desde los grandes ventanales que tenía el salón. Hasta que una voz conocida se dirigió hacia ella. "Princesa Hildegard, ¿quieres?"

"Gracias Vivian" Aceptó su invitación de coger la copa de vino que le estaba ofreciendo, aunque su interacción con ella le sorprendió. No habían sido entre ellas dos muy cercanas nunca.

"De nada. Te notaba algo solitaria y entonces vine a hablar contigo" Afirmó la princesa de Zumaria.

En efecto llevaba estando sola desde que entró por la puerta principal. En la carta de su mejor amiga decía que quería que estuviera a su lado durante toda la velada, ambas juntas como solían hacer cuando tenían trece a catorce años. No obstante, esa idea que proyectó en su mente no estaba ocurriendo. Clio no quitaba su brazo del de su prometido y cuando intentaba cruzar mirada con ella sonriéndola la esquivaba sin mucho disimulo, cuando ni sabía a qué se debía ese acto que hacía desde que Amber contó que el moreno le pidió pasar por el altar.

"Perdóname, me habías preguntado por mi reino ¿verdad?" Vivian estaba interesándose en su persona y ella, por intentar que la princesa castaña la mirara, se había perdido en la conversación.

Parecía que tendría su primera conversación interesante con alguien desde que empezó Wassalia y sin embargo, al segundo que le asintió con la cabeza sonriendo a modo de respuesta apareció la princesa rubia de Enchancia con su elegancia portando una copa de vino. Y por supuesto, en cuanto aparecía había que dejar todo para hacerla caso obviamente. Le agarró del brazo derecho y comenzó a andar queriendo dejar atrás a la amiga de su hermana menor. "Te robo a mi amiga un rato Vivian querida"

"Amber, podías haber esperado a que termináramos de hablar" Para la única persona que se había percatado de su soledad y había querido ir a hablar con ella, no merecía aquella intromisión.

"Lo siento, pero necesitamos hablar tú y yo. Me tienes que contar cómo fue tu pedida de mano"

"No creo que deba contarla aquí, se supone que la fiesta es para anunciar el compromiso de Clio y tu hermano" Pronunció en voz baja lo último, sintiendo como al decir la palabra compromiso seguido de esos dos nombres, le costaba asimilarlo.

"Pero, necesito saber cómo fue el tuyo. Si Zandar te lo propuso tan románticamente como nos dijo a mí y a James que quería hacerlo: en el último día de vacaciones juntos, cenando en el restaurante favorito de Elena, a la luz de las velas mientras se veía por la ventana el atardecer tan precioso que hay en Avalor, con vuestras manos enlazadas al tiempo que te dice tengo una cosa que decirte y al segundo se arrodillara delante de ti para sacarte la pequeña cajita con el anillo. Me habría encantado estar presente ahí viéndoos, cómo le contestaste con mucha euforia mientras os besabais delante de todos que os aplaudían. Ojalá Hugo lo hubiera hecho delante de mucha gente y no en privado, me hubiera gustado más" Amber había descrito tal y como fue la propuesta del moreno, haciéndola sentirse cómo si estuviera enferma por haberle rechazado.

Con aquella descripción parpadeaba y podía volver al momento en que Zandar estaba enfrente de ella, con un anillo y esperando sonriente su respuesta al igual que todos los comensales del restaurante que les observaban. Su novio había preparado todo cuidadosamente y calculadamente para que saliera perfecto, había sido una escena romántica a rabiar para pedir matrimonio a una dama como ella. No obstante, le había rechazado con todo un público mirándoles y esperando una respuesta de una novia deseosa de vestirse de blanco e ir al altar con él. De nuevo se sintió mal, recordando como se negó a la propuesta del príncipe, mientras su amiga continuaba hablándola.

No quiso contestar a su pregunta, no si eran de ese asunto. Aunque a la rubia no pareció importarte porque después de casi una hora entera seguía preguntandola sobre su presunta boda, haciendo que necesitara que alguien la rescatará de esa conversación ya. No creía aguantar mucho más con cuestiones sobre qué tipo de vestido quería llevar, dónde sería la ceremonia y el banquete, en qué palacio de los reyes de Tangu vivirían... y muchísimas preguntas más.

"¿Y qué fecha habéis pensado para casaros? Tienes que decírmelo ya, para pensar en el color, estilo, accesorios que vayan a juego con mi vestido"

Amber le estaba llenando la cabeza de palabras de preguntas que ni se había puesto a pensar porque no iba a casarse con nadie este año ni el siguiente. A las primeras alguna contestó, pero a partir de la sexta únicamente hablaba ella, le preguntaba y al tiempo hablaba de como fue su boda.

"Oye ¿y qué vais a elegir en el menú? Qué eso es muy importante, una de las cosas más importantes de una boda diría ¿Carne o pescado? Te recomiendo carne, Hugo y yo la elegimos. Ay, perdona que te estoy atosigando a preguntas y una boda es de dos personas, vamos con Zandar y así me lo contáis todo los dos juntos"

Cuando dijo de ir con el moreno su cabeza volvió a prestarla atención. No quería ir con el príncipe de Tangu, daba gracias a que no le había visto en lo que llevaban de Wassalia. "Pescado, me gusta más"

"¿En serio? A mí me gusta más carne, pero es tu boda así que lo que tú quieras Hildy. ¿Y la tarta cómo la quieres? ¿De cuántos pisos?" En cuanto había comenzado a responder a sus preguntas, su amiga había parado de andar y de nuevo estaba preguntando cosas, ahora que veía que respondía.

"Mi tarta será blanca con seis pisos, adornada con flores blancas y azules en los pisos impares y los pares decorados con perlas azules "Contestó recordando la tarta nupcial que pensó Clio para ella.

"Te pega mucho una tarta así" Afirmó, aunque ella hubiera elegido otro modelo.

Mientras la rubia parecía pensar en más preguntas, miró unos segundos a su alrededor y una emoción se apoderó de ella: la princesa de Corintia estaba viniendo a su dirección por primera vez en la noche. Había venido como le prometió que pasarían la fiesta juntas, así que solo estaba pendiente de la visión de Clio caminando hacia ellas, que ignoró la nueva pregunta de Amber.

Cuando su mejor amiga estaba enfrente de ella, notó como se tropezó con sus tacones y rápidamente antes de que cayera al suelo la agarró con los brazos. "¿Clio estás bien?"

"Oh, Hildegard ¡Tu vestido!" Exclamó alarmada la rubia segundos después.

Se miró había abajo y en efecto algo había estropeado su vestido, gran parte frontal de la tela estaba empapada y con un olor a vino. Normalmente, se habría puesto algo histérica y enfadadísima porque su vestido se había arruinado así, además era uno de sus favoritos y había sido frente a una multitud que ahora las miraba detalladamente. No obstante, estaba bastante tranquila.

"Deberías cambiarte, ven, subamos a mi habitación y te presto otro para que te pongas" Comentó la castaña cogiéndola de la mano para salir del salón de baile, dejando atrás a Amber y al resto de invitados que seguían mirándolas, Zandar entre otros.

Clio estaba caminando muy rápido para su gusto y ambas llevaban tacones, aunque le siguió el ritmo ese obedientemente al tiempo que seguían unidas sus manos, hasta llegar al dormitorio donde se alojaba ella. Se quedó durante unos segundos hiperventilando al tiempo que necesito sentarse en la inmensa cama para recuperar su aliento. Aunque estaba feliz porque su mejor amiga había aparecido para estar con ella y ahora por cosas del destino iban a estar juntas en una habitación alejadas del resto durante al menos un rato. Mientras su respiración volvía a la normalidad, quiso mirar a la princesa de Corintia y esta estaba con la cabeza baja.

"Siento haber derramado la copa encima de ti" Se sentía mal al haber tenido que manchar uno de sus vestidos favoritos para que pudieran estar a solas.