"No pasa nada, no estoy molesta. Ha sido un accidente" Formuló, no estaba enfadada con ella por lo de la copa. Solo era un vestido, una cosa material que se podía sustituir. "Aunque, ¿podría cambiarme? Huelo mucho a Marqués de Murrieta Rioja Castillo Ygay Gran Reserva Especial"

"Por supuesto, te dejo para que te lo quites. Mientras, voy al vestidor y te buscó un vestido que te pueda gustar de los que he traído de Corintia "

Mientras la castaña se fue al vestidor como le dijo, se levantó e intentó desabrocharse su vestido para salir de él. Durante varios segundos hasta que se percató de que nunca iba a llegar al cierre. Se olvidó que ese pequeño detalle de que desabrocharse la parte de atrás lo realizaba su doncella de compañía, así que no podía hacerlo sin ayuda. "¿Clio, podrías ayudarme con la parte de atrás? No puedo desabrocharlo sola"

La princesa de Corintia no le dio una respuesta verbal como esperaba, en unos instantes se acercó a ella por detrás y sus dedos comenzaron a desabrochar botón a botón hasta llegar casi al final de su columna vertebral. Le ayudó a quitarse las mangas y luego a salir de él, como habría hecho la doncella que estaba a su disposición en su castillo de Freezenburg. Al quedarse en corsé sintió al momento una ráfaga de frío por primera vez desde que entraron en ese dormitorio, en ese preciso instante deseaba que encendieran la chimenea que estaba enfrente de la cama. Su reino era ártico y casi siempre con bajas temperaturas, sin embargo, ella era friolera aún habiendo nacido durante una tormenta de nieve.

Durante su espera, había comenzado a sentir como se congelaban partes de su cuerpo, al encontrarse en paños menores. "¿Ya has encontrado un-?"

Estaba hablando hasta que sintió un inesperado abrazo detrás de ella, unos brazos abrazándola fuertemente. Ellas se abrazaban, casi siempre que se veían, pero Clio nunca la había abrazado de esa manera. Y como ella era más baja su respiración daba justo en su oreja y cuanto más la escuchaba, más sabía que desde que se vieron en la entrada y la rubia contó aquello, su mejor amiga estaba distante.

"Hildy, estoy enfadada contigo. Mucho de veras. ¿Por qué no me lo dijiste en mi camerino? Te pregunté por tus vacaciones en Avalor y me ocultaste que Zandar te propuso matrimonio. Soy tu mejor amiga ¿no?" Al salir de sus labios el nombre del príncipe, notó como aumentó un poco la intensidad del abrazo.

"Lo eres, mi mejor amiga" Respondió abrazando sus brazos que estaban en su cintura, aunque en su corazón era mucho más que solamente eso.

"Entonces ¿por qué no me lo contaste? Para mí todo lo que te ocurre es importante y que te vayas a casar con Zandar lo es demasiado. Lleváis cuatro años en una relación y sé que desde preadolescente está enamorado de ti, te lo decía en todas las cartas de San Valentín que te daba en la Academia Real. Pero, ¿tú lo amas?" Formuló la pregunta que no paraba de rondar en su cabeza desde que se enteró del casamiento por Amber.

Si era sincera consigo misma, quería hacerlo, amarle. Era el príncipe perfecto, el más caballeroso y romántico que conocía y que todas escuchan en los libros que te leen o cuentan las viejas tatas. Quería poder sentir felicidad y alegría por sus grandes sentimientos hacia su persona, no obstante, no eran correspondidos a tal grado. Llevaban en pareja cuatro años, pero todos esos momentos a solas los sentía como buenos amigos, cuando le besaba las pocas veces que lo hacía eran en la mejilla y apenas le había dejado pasar su brazo por el hombro, darla abrazos o la mano.

"De verdad, ¿le amas?" Volvió a preguntar, esta vez más cerca de su oído. "Hildy, no puedo dejar que mi mejor amiga se case con alguien a quien no ama. El matrimonio es especial y ha de ser con la persona que amas con todo tu corazón, Zandar me cae bien, pero no sé si él te merece. El otro día en el teatro casi no te hablaba y hoy no ha venido contigo ni tampoco se te ha acercado a hablar"

Ya sabía que el matrimonio era especial y debía ser con quien estuviera en tu corazón, por eso le rechazó porque no era quien estaba en su corazón, pero tampoco podía ir a los brazos de quien amaba, ya que aquello era imposible. Tal vez hace años solo tomó la decisión de aceptar una cita con él para intentar hacer lo mismo que James le había hecho, quería que sintiera como es que te robaran la atención de tu mejor amigo. No tenía mucha más intención que pasar una cena con Zandar y, sin embargo, en el presente después de cuatro años, era él quien aguantaba todos sus dramas con una sonrisa y le daba luego unas dulces palabras, quien le hacía reír a veces, quien sabía de su mayor secreto y de quien confiaba para habérselo confesado. No podía tampoco decir que lo que tenían, no significaba nada. No amaba al príncipe de Tangu como a un novio, no obstante, no descartaba la posibilidad de poder amarlo como a un gran amigo."No le amo si te refieres a lo que debería sentir por ser su pareja, pero como amiga le aprecio y tengo mucho cariño hacia él"

"No quiero que te cases. Tienes que hacerlo porque le amas, no por mucho aprecio y cariño que le tengas" Dio su sincera opinión antes de apartarse.

Al segundo de notar que ya no estaba detrás de ella, el frío comenzó de nuevo a invadir su cuerpo mientras su mente quería que Clio siguiera abrazándola de esa manera. Y no de nuevo volviera a evadir su mirada cuando le trajo un nuevo vestido para que se pusiera. Estaba volviendo a comportarse de una manera distante con ella, apenas se había acercado para ayudarla a cerrarse la parte de atrás y en cuanto ya estaba vestida parecía querer irse a la fiesta.

"¿Y tú Clio? ¿Amas a James?" Le costó pronunciar la pregunta, ya que no deseaba saber lo qué sentía por el príncipe de Enchancia. Pero, como amiga al igual que la castaña debía saberlo. Podía aceptar que se casara con otra persona, no obstante, no podía permitir que se casará con quien no amaba.

La princesa de Corintia se giró a encararla cuando escuchó sus palabras, no parecía haber esperado aquella pregunta sobre su relación. Espero unos segundos, pensativa, antes de sentarse a su lado en la cama y proceder a contestarla. "Creo que le amo. Pero, no llega al grado en que sé que te amo a ti. Una parte de mi mente sigue creyendo en el pensamiento de vivir juntas, tú y yo solas, cuando casi todas mis pertenencias están aquí o de camino a Enchancia"

"Yo también te amo, muchísimo más de lo que podría a Zandar" Una pequeña risa salió de ella y aquello solo hizo que se perfilara aún más su sonrisa en su rostro.

"¿Por qué no podemos ser únicamente tú y yo? Gobernarías bien Corintia Hildy, yo no tengo la iniciativa y don de mando que tenéis Amber y tú. Y James ni mucho menos podrá manejar Corintia y Enchancia a la vez, ese futuro me da algo de miedo. Sería mucho mejor si nosotras fuéramos las reinas de mi reino" Habló al tiempo que comenzó a acariciar su mano izquierda lentamente.

Ansiaba que la castaña no notará como su respiración había comenzado a acelerarse debido a sus palabras. En esos momentos era ella quien evitaba su mirada mientras sabía que estaba siendo observada.

"Siempre he soñado con compartir mi reino con alguien, a quién amara y pudiera ayudarme a controlarlo desde el día en que tuviera que ocupar el lugar de mi madre. A mí gobernar no me apasionaba, quería saber mucho más de las artes escénicas. En cambio, a ti te llamaba más la atención las estrategias, finanzas y esas cosas importantes en un monarca. Lo que es mi madre y que necesitará Corintia cuando ella no esté, he pensado tanto en que pudieras vivir conmigo allí" En ese instante le daba mucha vergüenza mirarla, sin embargo, lo hizo sonrojada al haber escuchado sus últimas palabras.

No creía que ambas habían soñado tantas veces con una vida al lado de la otra, aquello que parecía ser imposible. Al igual que ella se le acercaba de una manera muy íntima, parecida a las que siempre recordaba que lo hacía cuando practicaban dar besos.

Volvía a sentir desde hacía años su rostro casi pegado al de ella, lo que había anhelado desde que comenzó con James. Lo ansiaba y deseaba que por fin de nuevo ocurriera. Sin embargo, en ese instante apareció la palabra invertida por su mente, al conocer que el beso que estaba a punto de ocurrir entre ambas no iba a ser de prácticas. Y no podía consentir que su amor se fuera a convertir por su culpa en una de esas mujeres invertidas a las que encarcelaban.

"Clio no te menosprecies porque desde el día que te toque, gobernaras excelentemente tu reino y Enchancia. No tengo menor duda, y siempre contarás con mi ayuda de mejor amiga para lo que seas" Habló cuando apenas quedaba espacio entre los labios de ambas.

Le costó que salieran de sus cuerdas vocales aquellas palabras, pero debía recordar lo que realmente eran y serían junto con su prometido que estaba abajo. La decepción apareció en sus ojos, lo vio, mientras la castaña retrocedía para que volviera a estar presente la distancia personal entre ambas. Estuvieron un rato así calladas sin decir nada, antes de que se levantara de su lado y se dirigiera hacia la puerta.

"¿Deberíamos volver ya? Solo habíamos subido para que te cambiaras de vestido"Su mejor amiga sugirió al tiempo que abría la puerta lentamente.

En ese momento vio su última oportunidad de confesar sus sentimientos a ella, que parecía corresponderla igual. Solo debía levantarse, tomarla de la mano, expresarla lo mucho que deseaba que se quedaran en la habitación para siempre y darla el mejor beso de todos los que le había dado cuando practicaban. Quería hacerlo, un impulso en ella para que lo hiciera le hizo levantarse, camino hacia donde estaba ella, sin embargo, no pudo hacer lo que ambas querían. "Sí, volvamos"

En ese instante, cuando salieron por el umbral de la puerta de aquel dormitorio, supo que lo que había ocurrido ahí no volvería a pasar. Clio de nuevo jamás volvería a insinuarle que pensaba en que fueran algo más. Se notó al segundo que volvieron a aparecer en el gran salón de baile y la castaña corrió hacia su prometido después de que habían tenido una vuelta la mar de silenciosa y siempre respetando las distancias. Su corazón se rompió algo más cuando James la besó nada más verla y ella le correspondió, sin embargo, había hecho lo correcto. Su mejor amiga iba a casarse con el hermano de Amber, con alguien a quien amaba había dicho. Algo que era muy real al igual que pudieran casarse, tener hijos, gobernar y ser felices en la sociedad que vivían.

"Princesa Clio, ¿me concedería esta pieza?" El rubio le proclamó cuando todos los presentes observaban y la orquesta comenzaba a tocar un balls.

Miró atentamente, tal vez esperando otra respuesta como habría querido Clio cuando le preguntó si deberían volver ya. No obstante, ella pronunció las palabras que se debía decir cuando te proponían bailar. "Será un honor príncipe James"

Nada más escucharla necesitaba aire, sentía que ya no había oxígeno en ese salón. No aguantaba ver cómo la multitud estaba contemplándoles y tampoco soportaba comenzar a escuchar murmullos de admiración que hacían a la pareja real. Le era insufrible el momento, así que decidió salir de ahí. Comenzó a meterse entre la gente para salir del círculo que se había formado y anduvo en dirección al árbol de navidad, donde estaba Baileywick. El mayordomo real le miró raro cuando pidió su abrigo para salir al jardín donde había empezado a caer una pequeña nevada, sin embargo, llamó a otro sirviente y se lo dio. Al salir comenzó a ver la escarcha en las flores que se encontraban debajo del tejado que sobresalía, mientras que el color blanco estaba pintando desde hacía rato el césped y demás platas que se encontraban sin resguardar.

Sus mejillas se coloraron por el frío que comenzó a sentir un poco al rato de salir, pero le gustaba sentirlo. Prefería la molestia física al dolor emocional de sus sentimientos.

"Hildegard, deberías entrar. Hace frío y parece que esta noche va a caer una intensa nevada"

Se encontraba mirando apoyada en la balaustrada de piedra el jardín interior cuando aquella voz se dirigió a ella. No se habían cruzado en toda la noche, pero su nombre sí había sido muy pronunciado por la mayoría de personas con las que había entablado una conversación."Zandar, vengo de un reino nevado, sé que es el frío"

"Por favor, preferiría que entraras a dentro" Repitió de nuevo.

"No quiero" Le contestó mirando después de echar un vistazo a las ventanas y ver que los prometidos seguían bailando al son de la música. Había salido porque no quería verlos, así que no iba a volver ahí por mucho que le insistieran. "Me duele mucho más si entró"

"Lo sé, conozco el sentimiento, solo el amor puede herir de esta manera" Él también conocía como se sentía eso.

Sabía que no se lo decía cómo reproche ni algo parecido, no obstante, hizo que sus ojos comenzaran a humedecerse poco a poco. Le había soltado una verdad muy cierta junto con la reflexión de que ambos sabían que le hizo daño anteriormente. "Nunca he tenido intención de lastimarte, te lo prometo. Lo siento si ocurrió"

"No importa Hildegard" Afirmó viendo como su endereza se estaba quebrando, mostrándole su lado más sensible que pocas veces había visto.

Zandar debía ser el único hombre que veía a una dama llorar y no se marchaba pensando que era una llorona. Se acercó a ella y le ofreció un pañuelo que tenía en su bolsillo interno. Y mientras se recomponía emocionalmente fue tan caballeroso de limpiar su cabello que ya comenzaba a estar algo húmedo y con pequeños copitos de nieve. Su cuerpo a su lado, le desprendió un calor agradable que necesitaba, pero no quería admitirle.

"Estás helada, vamos a dentro ya mismo" Le ordenó después de que tocará su mano.

Lo aceptó obedientemente, debía ser de las pocas veces que permitía que él le mandase, ya que siempre era al contrario. No obstante, esta vez no podía estar en contra del moreno porque estaba a un paso de comenzar a tiritar de frío. Aunque si deseaba que regresaran al baile, a eso sí que se negaría absolutamente. Sin embargo, esa no fue su intención. Nada más entrar Zandar pidió que le trajeran una toalla a un sirviente que justo pasaba por ese pasillo con una bandeja con algunos canapés de la fiesta. Y cuando se la trajeron, rápidamente se la puso por los hombros como todo un noble caballero.

"Gracias, la necesitaba" Agradeció mirándole con cariño, sabiendo que entre ellos había al menos una fuerte amistad que se había forjado con los años.

"Hildegard, cásate conmigo" Propuso de nuevo hincando rodilla y enseñándole un anillo.

No supo en qué momento de nuevo estaba en esa tesitura, con él en esa posición pidiéndole matrimonio y con un nuevo anillo más grande y azul que el anterior. Una desilusión hubo por su parte al escucharle, pensaba que se habrían terminado esas encerronas y escenas incómodas. Y no, estaba volviendo a ocurrir. Le había rechazado antes y en este instante volvería a hacerlo, pero se preguntaba si estaría eternamente preguntándole lo mismo una y otra vez.

"Lo siento, pero no voy a casarme contigo" Le respondió al tiempo que cerraba la cajita del anillo y se sentía mal de nuevo porque la sonrisa del príncipe se borrara por escuchar su respuesta.

"¿Por qué? Explícamelo porque es la segunda vez ya" Habló intentando no enfadarse.

Le gustaban poco las exigencias y podía perfectamente no contestarle por ese tono que parecía de irritabilidad. Sin embargo, sabía que se merecía una explicación verdadera esta vez. "Zandar, yo no siento tanto por ti como tú lo sientes por mí. Y habrá algún día que otra mujer sí sienta lo mismo por ti y entonces no podrás casarte con ella por estar encadenado a un matrimonio conmigo. Si te vas a casar tiene que ser con alguien a quien ames"

Estaba siendo sincera, no podía casarse con él porque ahora pensará que era la mujer de su vida y luego dentro de unos años la mirará amargado y enfadado al ver que podía ser más feliz con otra persona a su lado. Deseaba que viera su punto de vista y entendiera la situación que ocurriría si contrajeran matrimonio. No obstante, el heredero de Tangu comenzó a reírse un poco con su explicación, sin parecer comprenderlo. Molestándola un poco esa inmadurez por su parte para ver la realidad de la situación si llegaran a pasar por el altar.

"Hildegard, te amo. Nunca te lo he dicho porque sé que tú por mí no lo sientes, pero yo lo siento cuando te miró y pienso en la idea de casarme contigo. Me has gustado desde la Academia Real y lo sigues haciendo, desde ahí me dije que haría que me amaras y seguiré cada día intentándolo porque un día lo habré logrado. Llevamos cuatro años escribiéndonos cartas y teniendo citas diariamente, por eso creo que es el momento de pasar al matrimonio porque me haces muy feliz. Yo te amo de los tacones a la cabeza mi princesa fría y por eso no veo otra dama que no seas tú quien este conmigo vestida de blanco en un altar"

"Zandar, no digas esas cosas..." Se estaba sonrojando enormemente bajo su atenta mirada.

No terminó de poder hablar, el príncipe de nuevo estaba en frente de ella hincando rodilla y mostrándola otra vez el anillo. "Princesa Hildegard de Freezenburg, segunda hija del rey Henrik de Freezenburg y esposa, podría hacerme el honor de casarse con este príncipe que la ama y conseguirá que le ame algún día ¿Quisiera usted convertirse en mi futura reina de Tangu?"

"Está bien... sí... quiero..." Contestó dejando que pusiera aquel anillo, que contenía un zafiro como piedra central y estaba rodeado de diamantitos pequeños, en su dedo anular.

Zandar siempre ganaba, recordaba haberle escuchado decir una vez. No lo amaba, no como debía ser para comprometerse a unirse en matrimonio. Sin embargo, como amigos lo hacía y además comenzó a creer en la posibilidad de que en algún momento le consiguiera llegar a amar romanticamente.No obstante, estaba segura que aceptar casarse con el príncipe significó que con Clio ya no era un ojalá, tampoco serían un por fin, ahora siempre serían un jamás.


Esta semana tenía inspiración, asi qué he escrito este OneShot. Aunque como me quedó muy largo decidí partirlo en dos caps. Hago alguna mención a mi otro fanfic My Fair Lady, pero no hace falta haberlo leído antes. Espero que os haya gustado, y gracias por leerme xoxo