Ha escuchado que el amor es como una batalla, por lo tanto tuvo que tomárselo literalmente.

Decidió el campo de dicha batalla, ella y él se encontrarían después de terminar sus rondas en la casona perteneciente a los Yamada, se aseguró de llegar tarde para que él baje la guardia, tiene el elemento de la sorpresa de su lado justo como le gusta en un combate. Todo es perfecto, su llegada fue de incognito y escucha al hermano menor en su habitación tarareando para él mismo, así que cuando abrió y cerró la puerta corrediza rápidamente supo que no había vuelta atrás.

- Oh, Rukia ¡Hola! –

En una batalla se deben evitar los golpes, se debe luchar contra sus debilidades y es voz es una de ellas. Le habla de un manera serena, le dirige la más radiante de su repertorio de sonrisas tímidas, detrás el viento nocturno sopla jugando con las cortinas que son sus cabellos oscuros, tiene en sus manos un pequeño recipiente metálico con agua mientras le saluda.

- Regaba las plantas – Acomoda algo de ese cabello tras su oreja y se inclina para dejar el recipiente de agua en el suelo, da la vuelta y cierra la ventana dejando las plantas del lado de adentro – Ha pasado un rato d-desde que lo hago –

Si se detiene ahora entonces eso significará la derrota.

Si le responde entonces entablarán conversación y así pasarán toda la noche, eso estaría bien normalmente pero con las burlas de sus compañeras todavía resonando en su memoria Rukia no puede permitirse una simple charla. Por eso es que cruza la habitación cuando no la está viendo y se para tras él de manera recta y forzada, por eso es que cuando se vuelve hacia ella una vez más lo toma del uniforme negro y baja su cabeza como suele hacerlo otras veces, acorta la distancia entre sus rostros para darle un beso mientras él entra en un pánico que ha disminuido con el tiempo pero todavía es visible.

El beso es distinto a lo usual y él tarda en darse cuenta, no es un beso de broma o uno para atontarlo, sus labios se mantienen juntos y los ojos morados de ella desaparecen tras un largo parpadeo. No hay anticipación, no se construye ninguna situación antes de que la mente de Hanataro se electrocute con el suave y dulce aroma de su rostro, sus besos usuales son todo lo contrario, ahora él tiene el tiempo suficiente para comenzar a preguntarse sobre qué está pasando, en sus pequeños ojos oscuros está ese vergonzoso pensamiento de querer aventurarse más allá y Rukia con solo verlo presiona con más fuerza, arruga más esa gastada tela negra con su pequeña y pálida mano.

Si, aunque suene algo tonto, ella nunca le había dado tiempo, en sus besos, para que él note que se están besando.

Y mientras observa sus manos aparecer para tomarla de los hombros, para acariciar su mejilla, es entonces cuando decide cortarlo tan pronto como empezó, empujando en su pecho con mínima fuerza, haciéndose a un lado y dejándolo con las ganas de tocarle.

En el afán por mantener ese dulce beso por un segundo más Hanataro resbala hacia adelante una vez que Rukia sale del camino, de la manera menos agraciada posible aterriza boca abajo en el suelo de la habitación dejando salir un pequeño quejido.

Se da la vuelta con la nariz roja y los ojos llenos de lágrimas.

Ella se ríe, incluso si no debería haberlo hecho, y esa risa se contagia entre ambos.

- Eso fue… -

No puede encontrar la palabra correcta, eso va perfecto con él, pero la verdadera razón es que tan pronto como se encuentra en el suelo Rukia se abalanza contra su cuerpo, un brillo de malicia en sus ojos que lo hace temblar y perder el hilo de su propia oración.

- ¡Uh! ¡R-Rukia…! – Ella se aferra a su obi como si fuera a romperlo, el nudo que tiene es demasiado elaborado y conforme se acrecienta su rostro de enfado él se mueve más.

- Estoy haciéndonos un favor a ambos –

- ¡D-déjame que te ayude al menos…! –

- ¡No! ¡Yo puedo! – Su exclamación suena menos sensual y más como un grito de desesperación de alguien intentando atar una bolsa de basura demasiado llena - ¿Quién diablos ató esta cosa? –

Finalmente puede desatarlo y, tras unos tirones más, la larga tela blanca queda completamente en sus manos dejando suelto el uniforme. Hantaro la mira fijo, su rostro está rojo pero no tanto como acostumbra, es probable que esté distraído preguntándose qué es lo que va a hacer a continuación, es una mirada acalorada y tan concentrada que le transmite ese mismo calor a ella. Se apoya en sus codos levantándose del suelo, se acerca milímetro a milímetro hasta poder sentir su profundo y nervioso respiro, entonces es cuando ella frunce el ceño.

- No mires – Le exige, él inmediatamente aparta la mirada volviendo a tener un rubor más natural, o sea, mas similar al color de una manzana madura.

¿Cómo se supone que puede hacerlo desear si su mirada deseosa le agita el corazón de tal manera? Todavía con rostro ofendido ella alcanza hacia adelante y tapa sus ojos con el obi, es tan grueso que también parte de su frente queda cubierta, no lo ata, solo lo da una vuelta por ambos lados y empuja a Hanataro contra el suelo para que este lo presione con su propia cabeza. Lo ve titubear, debe estar pensando que hizo algo malo, quiere volver a hablar pero lo único que sale de su boca son más respiros nerviosos y un pequeño susurro de su nombre.

Comienza a trabajar en su propio obi, este es desatado con más calma y rapidez, una vez deshecho mira a su amante, tapado completamente pero intentando observar de manera encubierta por debajo de la improvisada venda. Rukia se inclina hacia adelante y pone la segunda capa de tela blanca sobre sus ojos nuevamente, esta vez tapando parte de su nariz.

Una risita se escapa de él, son las cosquillas del cabello sobre su cuello desnudo.

Con su uniforme ya suelto este se desliza por los hombros de Hanataro cuando ríe, ayudado por una de sus manos que revela poco a poco la piel de su pecho expuesto.

Tiene una complexión escuálida hacia afuera pero, después de todo, un Shinigami no sería tal sin un mínimo de entrenamiento físico y se nota en Hanataro, incluso si la luz de vela es tenue y se encuentra lejos todavía puede ver esa pequeña señal de musculo en su pecho, su abdomen marcado apenas que se contrae con un poco cuando ella comienza a jugar con su dedo sobre la piel. Sigue la delgada línea de una cicatriz, cruzando por el medio de sus pectorales y haciendo una curva para desaparecer sobre sus costillas, esa marca que en otros momentos tanto remordimiento le ha dado y que, ahora, solo quiere acariciar a modo de disculpa.

- Perdón, no soy bueno en… estas cosas… -

Lo dice con una calma bastante inusual, eso es lo suficiente para poner en alerta a Rukia quien había estado mirándolo desde hace un buen rato mordiendo su propio labio. Sin notar sus ojos sabe que está más tranquilo, debe creer que con su guía todo saldrá bien, con su voz bien podría haber dicho "Dime que hacer, tu eres la experta" porque a ella le ha sonado así.

Carajo.

Su mano libre estruja con fuerza la tela de su propio uniforme, protestando en silencio.

¿Qué demonios estoy haciendo? ¿Qué sigue ahora?

Sabe cómo funciona bilógicamente, eso es obvio, pero no sabe cómo debe funcionar de una manera más íntima ¿Y Hanataro? Es un doctor, al menos el conocimiento de donde va cada cosa debe tenerlo. Aceptar que no sabe es demasiado, a este punto no le interesa para nada lo que diría Matsumoto pero simplemente no puede dejarse ver así por él ¿Y acaricia su cabeza y la manda a dormir cual niño? Entonces probablemente prendería fuego la casa, o la congelaría en su defecto.

Será, entonces, como dos ciegos en la neblina.

Puede imaginarse a Matsumoto ahora mismo, tapando su boca con una mano mientras oculta su incontrolable risa, aun así hay una cosa buena que trajo consigo la muy bocona rubia y fue su charla sobre la ropa interior humana. "Son mucho mejor que un fundoshi y vendas, o lo que sea ¡Más cómodos y muy monos!" dijo escandalizando a Nanao e Isane con un par de bragas de un color rojo alarmante adornado con un bonito patrón sobre la tela casi transparente, ese no es realmente su estilo pero se ha encontrado yendo de compras cuando visita el mundo humano, algo suave al tacto y con algún dibujo de conejo.

- Que comezón – Escucha susurrar a Hanataro quien desliza un dedo bajo sus dos vendas para rascar la punta de su nariz.

Claro, él está allí.

La pequeña shinigami aterriza sobre las piernas del médico, este se estremece y vuelve a apartar sus manos de la cara sin haber notado que ella estaba tan cerca. Con su uniforme deshecho y descolgado de un hombro, sin sujetador ni hakama mostrando su ropa interior de manera tan indecorosa ¿Qué pensaría él si fuera a poder verla así? ¿Entraría en pánico o le daría otra de esas miradas de calor tan incomodas? Nunca podría mirarlo de frente, no si quiere mantener su acto un rato más, lucha en contra esas ganas de arrancar sus vendas y revelar un par de ojos temblorosos.

Dejar que haga con su boca lo que quiera sobre su parte más íntima, de solo pensar eso resopla, tal vez por esta primera vez podría llevarlo lento y a su propio ritmo, Hanataro no daría ninguna objeción.

Su boca indica sorpresa, palabras que no llegan a formarse cuando la siente encima frotándose contra él, quiere dar alguna especie de excusa sobre el flujo de su sangre vagando hacia lugares innombrables pero eso es lo que ella quiere, incluso si los separa su uniforme todavía puede sentirlo. Sus pálidas manos acarician el abdomen del pequeño médico, su cuerpo entero hipnotizado con ese vaivén que comenzó como un simple intento de hacer algo antes de que el momento se extinga, se siente suave para ambos, y conforme la fricción aumenta también lo hace la incómoda humedad de sus cuerpos sobre la ropa. Es solo un pequeño sonido compartido entre ambos, el frote de telas, los pequeños suspiros y quejidos, es un silencio que comparten, él intenta imaginársela bajo la prisión que es su propia incapacidad de tomar la iniciativa, ella necesita tenerlo más cerca, necesita escucharlo más.

Interrumpe su movimiento, basta dar un tirón a la hakama para exponer su cadera y la creciente molestia debajo que intentaba salir.

Se mueve una vez más, ignora los quejidos del muchacho, no lo hace con maldad sino que está sumida en su propio disfrute como para pensar en él siquiera, ese dulce sentimiento egoísta donde se dice a si misma que si lo hace más rápido entonces será mejor. Se inclina hacia adelante con las manos apoyadas en el suelo recargando su peso contra las mismas, presiona con fuerza, mueve su cadera con intensidad, intenta acallar esa creciente sensación de calor usando el cuerpo debajo para satisfacerse, sin darse cuenta pequeños suspiros comienzan a escaparse de su boca entreabierta.

Y luego un toque la devuelve a la realidad.

Una mano que acaricia su rodilla, una pierna que se choca con la parte trasera de su muslo, otro par de suspiros que vuelan hacia arriba desde el suelo como disparados. Ella sonríe, una sonrisa boba con la boca abierta, es bueno que él se deje llevar también porque entonces significa que ambos dos son un manojo de nervios ahora mismo.

Ve en su expresión parcialmente oculta un poco de sorpresa, su mano comienza a dudar temblorosamente conforme recorre la superficie de su pierna desnuda, eso debe haber sido el repentino descubrimiento que ella está sin el uniforme y ella disfruta con verle así. Por si la loca idea de destaparse le pasa por la mente Rukia se inclina hacia adelante un poco más, su cadera deteniéndose poco a poco.

Entrando en el territorio de sus temblorosos labios ya puede notar el calor, en su garganta se manifiesta un pequeño quejido, una protesta cuando ella detiene sus movimientos en seco para hablarle.

- No debes mirar, eso quedó claro ¿No? –

- M..hhmm – Solo puede asentir, sin mirar todavía, escuchando esa risita noble.

- Bien –

Mientras se levanta y sus cuerpos se separan una vez más es cuando agradece por la idea, por una vez su capacidad para pensar rápidamente se aplica a su vida privada. Recuerda ver esas películas románticas, las parejas teniendo su primera experiencia mientras se miran a los ojos de una manera casi extraterrestre, como si los actores se negaran a parpadear para hacerlo todo más incómodo esperando a ese fundido al negro que corte la escena, ella jamás podría hacer eso. De solo pensar en el rostro de Hanataro mirándole así, con esa pasión, quiere que la desee pero no cree poder soportar la intensa mirada que viene con eso.

Realmente es una situación algo contradictoria, y por eso las vendas.

Rukia no está por encima de inflar su pecho con orgullo y llamarse a sí misma una genio, y lo hace, solo que mentalmente.

Y se encuentra de nuevo allí, sentada, copiando el movimiento anterior solo que esta vez su cuerpo apunta hacia el otro lado. Hanataro apoya ambos pies en el suelo dejándole dos rodillas sobre las que posar sus manos, tiene ambas piernas alrededor de su cadera y, en el centro de este nudo acalorado, siente lo que únicamente podría describirse como un "hermoso peligro". Su dureza pasa entre sus piernas para frotarse a una velocidad que es una auténtica tortura y, sin embargo, ninguno hace nada para cambiarla, es una sensación donde con un pequeño desliz podrían pasar a estar unidos, todavía disfrutan del dulce momento donde no lo han hecho pero ya están tan sumergidos en ello que no hay vuelta atrás.

Y si Hanataro fuera a sacarse sus vendas ahora mismo solo encontraría su espalda cubierta de negro, su cabello alborotado asomando por el cuello, y una vista mínima de piel escapándose bajo el borde de la tela oscura del uniforme. Él espera a que ella cruce la línea, siente la humidad de ambos mezclándose a mitad de su cuerpo, lo único que puede hacer es acariciar su piel suavemente y seguir esperando.

Podría haber sido un tropiezo o algo hecho por voluntad pero en un segundo ya están unidos.

Es un movimiento lento y arduo, sin duda ella se pone roja cuando escucha que los primeros gemidos son suyos escapándose entre sus dientes, vocales que solo alcanzan a sonar por la mitad antes de ser acalladas por su propia garganta. Desde donde está ella puede decidir la velocidad, como le gusta en una batalla, la analogía todavía no se ha escapado aunque todo lo demás dentro de su mente si lo ha hecho, por eso toma unos segundos para recuperarse una vez alcanza la base de su unión.

Siente a Hanataro jadear, sus dedos presionan suavemente sobre sus piernas.

Si se detiene ahora entonces el dolor seguirá siendo eso, no puede ser que él sea el único que disfrute, no después de todo el esfuerzo para traerlos aquí. Siente a su compañero lentamente entrar y salir mientras ella hace su lento movimiento hacia arriba y abajo flexionando las rodillas, deja su cuerpo caer hacia atrás ligeramente apoyándose en ambas manos y allí es donde encuentra el lugar adecuado donde el dolor comienza a desaparecer. Cierra los ojos evitando mirar al techo moviéndose sobre ellos, en la oscuridad escucha todavía a Hanataro por debajo ya comenzando a mostrar su verdadera voz en gemidos ahogados de gusto, cierra sus piernas para poder sentir su piel, para tener más contacto, en algún momento deja de siquiera pensar en el ritmo y solo mueve sus caderas tan rápido como le es posible. No tiene espacio para pensar en lo romántico de la ocasión, solo quiere seguir, quiere seguir escuchándole, quiere sentir su piel pegajosa cada vez que baja para encontrarlo, quiere más de esa sensación de no ser correcta…

No toma demasiado para que ese ritmo comience a decaer, no por falta de espíritu, su rostro se enrojece al punto de quemar mientras piensa en la terrible situación que la aqueja y que tantas risas provocaría en esa misma mesa de bar.

Si, sus muslos se sienten calientes y no de una manera agradable…

Comienza a sentir un calambre.

Tal vez no debería haber ido tan rápido por… ¿Cuántos minutos? Se siente como que hace una eternidad caminaba a esa misma casa aunque, probablemente, haya pasado muy poco desde que vendó sus ojos siquiera.

Él está vendado y se aferra a lo que ella haga por encima ¿Cómo va a decirle sutilmente que deben cambiar de posición? Debe decirle pero no se le ocurre nada que suene sensual ¿Acaso debe gritar "cambio" a todo volumen? ¿Cómo siquiera debe sugerir un cambio si destapa sus ojos? Ahora mismo quiere golpear su propia cabeza por tener una idea tan estúpida.

Hay movimiento de repente, es algo abrumador, las piernas de Hanataro desaparecen por debajo suyo, deja de estar dentro y, antes de poder quejarse por eso, Rukia siente su presencia aún más cerca que antes. El pecho del muchacho rígido se frota contra su espalda, sus piernas la rodean por fuera, sus manos comienzan a apretarla por debajo del uniforme recorriendo cada centímetro de su abdomen y lo que era un vacío que causó algo de sorpresa pronto se convierte en un empujón aún más repentino que interrumpe su habla.

- Ha… na… - Ni siquiera puede terminar de susurrar su nombre, no sabe que le está haciendo pero tiene que detenerse para no dejar salir un gemido bastante vergonzoso.

Se reclina para verlo, el medico aparece sobre su hombro, una venda todavía persiste colgada alrededor de su rostro pero sus ojos ya están expuestos.

- Perdona… no pude contenerme al verte así – Dice él, atreviéndose a ser tímido con su voz a pesar de estar tomándola por detrás con tanta fuerza.

- Miraste –

Ella persiste, dedicándole una sonrisa acalorada.

Él deja salir un mínimo quejido pero, conforme la mira, pierde algo de timidez.

Comparten un pequeño momento íntimo riendo con el poco aire que les queda en los pulmones. Quieren decir mucho pero, a la vez, están de acuerdo que el quedarse en silencio es mejor.

Y así, apoyando su cuerpo contra él, Rukia busca su mejilla para plantarle un suave beso.

¿Y que si no tiene el control ahora? ¿Y que sí parece que no sabe lo que está haciendo? ¿Y que si ni siquiera tiene en cuenta el ritmo o la posición? Olvida de todo, del bar, de Matsumoto, de las risas, de su frustración, olvida de la analogía con la batalla, de las vendas, de todo. Presiona hacia atrás sintiendo como él se mueve, cómo reacciona desde dentro suyo, es una sensación llenadora que la hace temblar, se le escapa un gemido bastante escandaloso pero ya ha dejado de importarle, el propio Hanataro la mira sorprendido encontrando una cara sonrojada que falla en verse falta de timidez pero que, todavía, logra sonreírle.

- Anda, no me dejes esperando – Es una invitación para que él siga haciendo lo que tenía pensado, que se deje llevar, a este punto lo único que ella quiere es que estén juntos.

Espera una respuesta, una disculpa tan típica de él pero están en la misma página y el movimiento que se reanuda es prueba de ello. Vergüenzas y necesidades, gemidos y suspiros, besos mojados sobre la piel del otro, de repente se encuentran danzando de la misma forma, como si el contacto entre sus cuerpos casi desnudos les convirtiera en una sola persona. Es desorganizado, las acometidas por detrás de él no tienen ningún tipo de premeditación, no hay ritmo, sus manos viajan de arriba abajo deslizándose por debajo de ese pesado y caluroso uniforme, acariciando sus pequeños pechos, tomándola de la barbilla, ella enreda la cabeza del pelilargo con un solo brazo y se deja llevar, dirige sus manos a la punta de sus senos donde es más sensible, ya no le importa escuchar sus cuerpos chocar con un sonido tan delator y soso.

¿Se ríen o solo son sus suspiros y gemidos curvando sus bocas en un ángulo de sonrisa? Es difícil saberlo, Rukia mantiene su boca abierta por tanto tiempo que comienza a ensalivar su propio pecho y uniforme, Hanataro ya ni puede ver por los cabellos que se pegan a su frente sudorosa.

Están lejos de ser dos danzantes o cualquier otra analogía poética, pero eso ya tampoco les importa, el caos puede ser una cosa hermosa también.

Entonces, trayendo de vuelta su cabeza a la tierra, Rukia siente a Hanataro tomando velocidad, sus respiros se vuelven regularmente rápidos también lo cual solo puede significar una cosa. Quiere sentirse bien hasta el último momento, si sigue de esa misma manera tan salvaje por unos minutos más entonces ella podría terminar también pero no necesita ser una veterana para saber, con una sola mirada, que su amante está al límite.

- H… ha… na… - El movimiento intenso no la deja hablar con claridad y teme tener que detenerlo en seco pero él responde forzosamente.

- Ya… lo sé… -

En un movimiento que parece de inhumana rapidez él está fuera y entre sus piernas, frotándose contra el interior de sus muslos unas pocas veces hasta que finalmente llega al climax, dejando salir una cantidad decreciente de suspiros directamente en su oreja. Ella también comienza a calmarse, al menos lo que conlleva recuperar su aliento, todavía tiene una comezón que tardará mucho más en desaparecer pero tampoco tiene la necesidad de reprochárselo en voz alta.

Hanataro ya sufrió bastante por ella, aunque le moleste admitirlo este resultado le parece lo más justo por haberla seguido en semejante locura, sin mencionar que más tarde debería limpiar esa línea manchada que hay ahora en su piso.

El sudor que les daba calor lentamente se convierte en una capa fría, su posición de rodillas se achica cuando Hanataro cae sentado sobre sus propias piernas y ella sobre las de él.

Una de sus temblorosas manos vuelve a recorrer su pierna, pareciera que le ha tomado el gusto a hacer ese movimiento.

- Eso fue una locura – Dice en voz baja, ya pudiendo formar una oración casi sin pausas – Eso es lo que iba a decir hoy… -

- ¿Una… buena locura? –

- C-claro, por supuesto – Incluso con ella sentada desnuda sobre él, y con el resultado de su aventura derramado en el suelo frente a ambos Hanataro logra avergonzarse como si tratara de tomarle la mano en público – Si no fuese por esas vendas tal vez ni podría haberte mirado a los ojos –

- Tonto – Ella le reprocha, ciertamente hubiese sido una linda sorpresa que se destapara y la mirara de frente, pero probablemente le hubiese reprochado todo de la misma forma.

Le escucha abrir la boca un par de veces, lo ha dejado bastante confundido, pero al cabo de unos segundos se recupera.

- ¡Digo! No que eres poco atractiva… sino todo lo contrario ¡A-a veces ni siquiera sé dónde mirar…! ¡O sea! No sé cómo mirarte, es que eres tan… todo tú… y… -

- Ya calla – Rukia suspira, él la obedece, su pequeño pánico le da una pequeña sonrisa – Ya sé que quieres decir –

La verdad es que no lo sabía, ha estado tan concentrada en mantener las apariencias hacia afuera que los vistazos de Hanataro le han pasado por encima ¿Dónde la mira? ¿Qué es lo que más le gusta de ella? ¿Acaso ha querido hacer esto con ella? Esas son todas las preguntas que le haría pero, por su orgullo, prefiere mantenerse callada y actuar como que todo ha sido parte de su plan.

Incluso si eso trae malos recuerdos.

- Hm –

Algo comienza a presionarla, esta vez la sonrisa que le causa es una mucho menos dulce.

- Entonces ¿Otra vez? –

El rostro de Hanataro, aunque solo pueda ver una pequeña parte sobre su hombro, es de auténtico terror, evidentemente se ha olvidado completamente de ese ataque de empoderamiento que ha tenido hace unos minutos, está a punto de decir que quiere irse a dormir pero la realidad es otra completamente distinta.

Ella puede sentirlo, despertándose otra vez.

- A-ah – El pequeño medico se pone más rojo todavía – Puede que necesite unos minutos –

Lo más lógico, entonces, es que Rukia comience a frotarse lentamente contra esa creciente protuberancia entre sus nalgas.

- Tomate el tiempo que quieras, pero no vamos a dormir hasta que yo esté satisfecha –

Lo escucha tragar saliva.

Otro round de amor les espera.

Esta vez cara a cara, como debería serlo todo buen combate.