Un cumpleaños desastroso

Por Palasatenea.

La habitación tan pulcra y estéril, en colores monótonos que le recordaban que se encontraba en un hospital, pese a ser una habitación exclusiva, tal y como su posición se lo permitía, no cambiaba el hecho de estar hospitalizado, pero con todo y su actual estado, tenía varios rostros muy serios, mirándolo en forma retadora, ¿Cómo había llegado a esto?

Apenas hacia unas horas estaba feliz celebrando su cumpleaños, se sentía el hombre más feliz del mundo, teniendo todo lo que siempre había soñado y más, una maravillosa esposa, cinco preciosos hijos, de los cuales tres eran hijos del corazón y dos de su carne, lo cual nunca nadie podría con solo verlos interactuar saber cuál es la diferencia entre ellos, puesto que él y su esposa los trataban y amaban igual que si todos hubieran nacido de ellos.

Ahora toda esa dicha parecía haberse esfumado de la nada y la prueba estaba en los muy serios rostros de los hombres que lo acompañaban en la habitación, los cuales le recordaban que había lastimado a las mujeres más amadas de su vida, Terrence solo pudo tomar su rostro con sus manos, en un gesto de frustración, al saber que ellos tenían razón.

Horas antes

—mmm pecosa, buenos días, que manera de despertarme.

—feliz cumpleaños amor, decía una sonriente Candy, mientras con una mirada picara le hacía saber sus intenciones.

Y es que ese día lo había despertado a base de besos y caricias, mientras su boca bajaba sin reparos, hasta llegar a su muy dispuesto miembro, el cual como siempre se encontraba más que dispuesto ante las atenciones de su pecosa, quien no tardo en comenzar a degustarlo, cual caramelo del más delicioso postre se tratara.

—pecosa, decía el castaño con voz entrecortada, sin ser capaz de decir ninguna otra palabra comprensible, ante el ataque de la hábil boca y lengua de su rubia.

Candy continuo su trabajo, con la pericia y habilidad que los años casada con el hombre que amaba le habían dado, verlo temblar de placer, incapaz de hablar ante sus caricias y besos, la hacía sentir una felicidad indescriptible, a su vez que la hacía sentir un placer casi tan grande como si el mismo la estuviera complaciendo a ella.

Terry no tardo en llenar su boca de su valiosa simiente, la cual ella limpio con destreza, dejando un beso en la cabeza de su virilidad, saboreando sus labios llego hasta su amplio pecho, dejando besos en los duros pezones de este, el castaño la sorprendió tomándola en brazos y colocándola bajo el, la beso apasionadamente, sin dejarla apenas respirar.

—vas a matarme un día de estos mujer y seré el hombre más feliz sobre la tierra por morir entre tus brazos.

—cualquiera diría que no te gusto tu primer regalo de cumpleaños.

—todo lo contrario, y lo mejor es que apenas inicia.

Terry siguió besándola, mientras tomaba sus caderas y en un solo movimiento la penetro, soltando ambos un gemido de gozo al estar unidos, como si no acabara de tener un orgasmo hace apenas unos minutos, el castaño desplego toda la pasión que solo Candy le provocaba, su pecosa, la única mujer de su vida, su primer y única mujer.

Los besos y las caricias se hicieron frenéticos, disfrutándose hasta el último suspiro de placer después de haber alcanzado juntos las estrellas, por ellos hubieran seguido por horas, pero ambos sabían que contaban con poco tiempo antes que sus amados retoños tocaran sus puertas para felicitar a su querido padre, por lo que con un beso se separaron para volver a colocar sus pijamas, y organizar un poco la cama, cepillar sus dientes y rociar un poco de aroma traído por Annie de Paris en su último viaje.

Apenas terminaron justo antes de que sus puertas sonaran y fueran abiertas por Candy, dejando pasar la tropa que se tiraban sobre Terry, llenándolo de besos y abrazos, deseándole feliz cumpleaños, Candy y Terry sonreían felices, al ver a sus hijos desde Eli quien era la mayor con dieciséis años, Richard y Elby de catorce, Doris trece y Marck el menor con diez años

—¿estas feliz papi?, —pregunto Eli.

—claro que si princesa, tengo todo lo que podría querer

—eso significa que puedo quedarme con los regalos que te den esta noche papi, —dijo entonces Marck.

—qué cosas dices hijo, esas serán cosas para adultos y no te servirían, tienes que esperar a que sea tu cumpleaños para recibir los propios, —reprendió divertida Candy.

—se irán a festejar con mami después de la fiesta papi, —pregunto Elby levantando sus cejas.

—y vendrán hasta el día siguiente, —la secundo Doris también levantando sus cejas.

— ¿Por qué están tan interesadas en saberlo?, par de pilluelas, es que acaso tienen alguna travesura planeada, —respondió Terry haciéndoles cosquillas a ambas

—pues ellas no sé, pero tal vez Eli aproveche a pasear por el jardín con Giulio, —dijo Richard.

Terry se puso de pronto rojo, pocas cosas hacían que perdiera los estribos, como el celo que le provocaba que algún chico se acercara mucho a alguna de sus princesas, hacía mucho había notado unas miradas que le daban mala espina entre Eli y Giulio el hijo de la Tímida y el Elegante, cosa que lo ponía de muy malas pulgas, pero Candy como siempre conocedora del carácter de su amado esposo no dudo en intervenir antes de que comenzara un problema

—imagino que lo mismo dirá Albert cuando estas acompañando a Rosemary a pasear, ¿no es así Richard?

El joven rojo como tomate, prefirió ya no responder, girando la conversación hacia los preparativos y lo que debía hacer cada uno para esa noche, dejando que Eli respirara un poco tranquila de los celos y enfados de su amado padre.

Como siempre el desayuno fue en familia, compartiendo los planes del día, luego de despedirse, Candy salió para la Clínica de asistencia en la que trabajaba como voluntaria, lo mejor hubiera sido que ese día se quedara para terminar con los pendientes para la fiesta que ella y su suegra estaban organizando para su esposo, pero sabía que su responsabilidad con sus pacientes era ineludible.

Los pacientes de dicha clínica eran personas muy necesitadas, que de otra manera no contarían con la asistencia médica que tanta falta les hacía, si bien es cierto que estos recibirían ayuda aun si ella no llegara, Candy se sentía responsable por atender y dar seguimiento a quienes allí llegaban, hizo su trabajo, con la misma eficiencia de siempre, pero en algún momento a media mañana, el Doctor Miller la hizo pasar a su consultorio.

Esa semana le habían hecho el chequeo trimestral, que obligatoriamente se le hacía a todo el personal que en dicha clínica trabajaba, dicho chequeo había sido impuesto por ella misma a la hora de fundar la clínica asistencial, puesto que así evitaban un contagio masivo, como el ocurrido algunos años atrás con la gripe española, aun cuando habían pasado varios años, los que la vivieron la recordaban con espanto.

Candy sospechaba que el doctor la había llamado para informarle que todo estaba bien en sus estudios, puesto que ella se encontraba de maravilla, Terry en cambio, pobre, hacia días andaba indispuesto, fue una completa sorpresa que hoy se terminara el desayuno, ya que hacía unos días apenas y podía pasar él te de la mañana, sin contar que el pobre se la pasaba con sueño, si, tenía que traerlo a que se hiciera un chequeo, así tuviera que amarrarlo.

Sin embargo, lo que el médico le revelo termino de aclararle el porqué de los síntomas de su esposo y le dio otro regalo que tendría que participarle a su esposo ese día en su fiesta, por lo que aprovecho a pasar por una tienda al salir de la clínica, antes de llegar donde su suegra para seguir con los preparativos.

Mientras avanzaba por las calles de New York, recordaba su propio final feliz, cuando al fin Terry y ella pudieron casarse, dejando atrás las intrigas y trabas que quisieron imponerles para evitar que estuvieran juntos, su hermosa boda en la capilla del hogar de Pony, luego de que el Duque y Albert los ayudaran a darse cuenta del error que estaban cometiendo al haberse separado por la felicidad de una tercera persona.

Susana, aun se le escapaba un suspiro de dolor al recordar su nombre, ella había logrado manipularlos para que Terry se quedara con ella, si, era cierto que ella había salvado a Terry, por lo cual ambos estarían eternamente agradecidos, pero, ella había casi obligado a Candy a irse apresuradamente de New York, haciéndola sentir obligada a dejar a Terry, haciéndole sabedora que se quitaría la vida si no estaba con él, quien era según ella la única razón de su existir.

Creyendo erróneamente Candy que la culpa seria desgarradora para Terry y no queriendo condenarlo a una vida llena de remordimientos, ella se había marchado sin mirar atrás, fue hasta que Albert y el Duque se pusieron de acuerdo, aun en medio de la gran guerra, con la ayuda de Eleonor y los médicos que se dieron cuenta de que si bien es cierto Susana había salido lesionada, la única responsable de que no caminara era ella misma.

La pregunta había surgido luego de conocer el intento de suicidio de la joven, fue entonces que se dieron cuenta que no era lógico que alguien que había perdido la movilidad de sus piernas, hubiera logrado llegar por si misma hasta la azotea del hospital, subiendo tantas gradas, alguien supuestamente tan frágil no podría hacerlo y menos tener después la fuerza de intentar lanzarse al vacío.

Así que después de haber internado a Susana en una clínica de rehabilitación y de acordar con los abogados una compensación monetaria para que no le faltara nada, Terry había sido liberado de su injusta deuda de honor, convencer a Candy y Terry había sido otra cosa, pero luego de que el Duque revelara que o se casaban o Terry seria llevado a Londres para desposar a una joven noble y que la tía abuela haría lo mismo con Candy, accedieron sin dudar a casarse.

Y si lo hicieron, pero siempre a su modo, por lo que la boda se celebró en el lugar que vio crecer a la joven, desde ese día habían estado juntos, viendo crecer a su familia, creciendo profesionalmente cada uno en su área.

Había sido en esa clínica asistencial, que Candy había recibido bajo su cuidado a sus tres hijos del corazón, al haber muerto su madre entre sus brazos, está, le rogo que no los abandonara, Terry no había dudado en apoyar a su esposa cuando ella se lo pidió, creciendo ese día la familia, con tres pequeños más, por lo que hasta la fecha eran sus amados hijos.

Ellos siempre les hablaron de su verdadera madre y de los sacrificios que esta hizo por ellos, honrando con ello su memoria, pero recordándoles que ahora ellos tenían también un par de padres que los amaban y apoyaban incondicionalmente.

Candy junto a Eleonor supervisaban los últimos arreglos para la fiesta, sus suegros habían venido hacia unas dos semanas, para pasar una temporada en New York, desde que el Duque quedara viudo y lograran al fin casarse, Eleonor se había mudado a Londres para vivir con su esposo, convirtiéndose en la actual Duquesa de Grandchester, en Inglaterra se habían quedado Richard Junior y Charlotte, los hijos del Duque y la difunta Duquesa, quienes habían aceptado a Eleonor casi enseguida.

La hora de prepararse ellas también llego, reuniéndose nuevamente unas horas después en el salón de la fiesta, la cual por deseo de Eleonor había sido por todo lo alto, estando presentes, varios compañeros de tablas de su esposo, personal de la clínica también, los Ardlay no podían faltar, Albert y su esposa Sophie, junto a sus tres hijos Anthony, William y Rosemary, Archie y Annie, con sus hijos Giulio y Joshua, Stear y Paty junto a sus hijos, Martha y Stear Junior, acompañados de la abuela Martha, sin faltar la tía abuela, George y su esposa Laura y su hijo John.

Pero como no todo en la vida era perfecto, también estaban entre los invitados la familia Leagan, al formar parte del Clan Ardlay, siempre lograban colarse a alguna que otra celebración grande como esta, regodeándose a lo grande de las disque conexiones que poseían al pertenecer a la familia, en esta ocasión al igual que en la mayoría Neal no asistiría.

Terry había iniciado el baile junto a su esposa, disfrutando sentir su cuerpo deslizándose por el salón al compás de la música, apenas sintieron el tiempo pasar cuando ya era hora de la cena, la cual disfrutaron casi a prisa, pues Eleonor quería que Terry abriera todos los regalos recibidos después del postre, cosa que entre sonrisas y lleno de felicidad como estaba no había dudado en complacerle a su madre

Toda la fiesta había sin embargo estado un poco contrariado, puesto que para su disgusto había observado como el tal Giulio no le quitaba los ojos de encima a su preciosa hija Eli, debería tener una charla muy seria con el Elegante, no podía permitir que su niñita fuera corrompida por el mini Elegante ese.

Candy sonreía divertida ante los celos de su esposo, había tenido que distraerlo llevándoselo a darse de besos a la terraza, para que los jóvenes pudieran bailar un poco antes que su celoso padre los interrumpiera, no es que se quejara de tener que distraerlo, realmente amaba besar esa deliciosa boca de su apuesto esposo, si y es que los años lo hacían cada día más guapo, no sabía si eran las hormonas, nah que va, realmente el efecto que Terry ejercía sobre su cuerpo, era algo que siempre había existido.

Desde que habían estado juntos la primera vez, en su noche de bodas, ella había aprendido rápidamente junto a su amado el dulce acto de complacerse físicamente, por lo que nunca podía resistirse a él, muchas veces se preguntó si no era anormal el que deseara tanto a su esposo, pero claro veía como se le lanzaban encima sus admiradoras y comprendía que no, que era la reacción que el provocaba, pero que solo ella podía disfrutar, por lo que siempre que podía y hasta cuando no podían, procuraba hacerle saber cuan enamorada estaba de él y cuanto lo deseaba.

Terry no escondía tampoco el fervor que sentía hacia Candy, desde su primera noche él supo lo afortunado que era por tenerla, desde ese día se dedicó a amarla en todas las formas posibles, siendo el amor físico una de las favoritas para ambos, así tuvieran que esconderse en los armarios de algún lugar cuando las prisas los agarraban, pero nunca negándose a demostrarse mutuamente su amor.

Pero ni toda la distracción de su rubia pecosa lo hacía quitar el dedo del renglón, aun así, se fue a sentar a la mesa principal, para comenzar a abrir los regalos, recibiendo muestras de cariño y respeto de sus seres queridos en todos ellos, pero cuando iba a la mitad, una caja blanca llamo su atención.

La caja estaba envuelta con un lazo azul y otro rosa, dentro había una nota que decía que pronto llegaría un nuevo miembro a la familia, debajo de la nota había un pequeño par de zapatos de croché color amarillo, pero antes que pudiera seguir vio al frente como su querida hija recibía un beso en la mejilla de Giulio, a la vez que una insidiosa voz que simulaba susurrar decía en un tono bastante alto.

—valla como que ya se enteró que será abuelo

—GIULIO B. CONRWELL BRITTER, HAS EMBARAZADO A MI HIJA

Se levantó tan rápido que paso llevando la mesa y todo el contenido de esta con él, ante el asombro y los murmullos de la gente que, con sus declaraciones comenzaron a sonar, sin escuchar a nadie se fue encima del pobre joven, mientras la pobre Eli lloraba desconsolada.

— ¿Cómo te atreves a decir semejante cosa?, reclamo Candy a Eliza, sabiendo que ella había sido la odiosa voz que había comenzado todo.

—ni que fuera un secreto, de tal madre tal hija, si esa fue la artimaña que tu usaste para embaucar a Terry y quitármelo, decía con fingida inocencia, sabiendo que varios periodistas estaban listos a tomar nota.

—sabes perfectamente que eso no es así Eliza, —respondió muy molesta Candy.

—a mi madre la respeta señora, —reclamo Eli.

— ¿Qué acaso hay algo que respetar?, reclamo Liza, la hija de Eliza, —si tanto madre como hija solo saben retener a los hombres metiéndolos a su cama.

—obviamente ustedes no conocen el respeto, —respondió Eli, —no es mi culpa que Giulio jamás te haya dado ni la hora y que tu andes de ofrecida.

—las únicas ofrecidas son ustedes, —dijo entonces Sara Leagan quien también se unió a la discusión.

—exijo que se retiren de este lugar, ustedes no tienen derecho de venir a insultar a mi nuera y nieta, —reclamo Eleonor.

—ay por favor, —respondió Sara, —si usted también es otro ejemplo, no espero a que la anterior esposa del Duque estuviera fría en su tumba cuando usted ya lo había engatusado.

Eleonor solo pudo observar como Candy abofeteo a Sara tan fuerte que casi la tumba en el piso, las otras mujeres Leagan se le quisieron ir encima, teniendo que tomar Eli a Liza para que no se fuera contra su madre, mientras Candy se defendía de Eliza quien trataba de golpearla, las hermanas de Eli no dudaron en irse encima de Liza mandándola lejos de su hermana.

Toda la familia se había quedado conmocionada y no sabían ni que hacer, Archie y Stear se fueron a tratar de detener a Terry, mientras Richard corría a socorrer a su esposa, nuera y nieta, Albert se fue junto a ellas, aunque presentía que Candy podía sola contra todas las Leagan.

A Eliza no hubo ni quien la salvara pues Candy la mando al suelo rápidamente, no pudiendo ni levantarse pues frente a ella se colocó muy molesto su esposo y su padre quien con solo una mirada se llevaron a las tres mujeres fuera del salón.

Candy entonces solo pudo ver a su hija desecha en llanto, busco a Terry quien seguía dando de gritos hecho un energúmeno y muy molesta por su actitud se dirigió a él, tan temible era la mirada que llevaba que no hubo ningún valiente que se atravesara en su camino, se paró frente a Terry y con voz engañosamente tranquila le dijo:

—TERRENCE GRAHAM GRANDCHESTER BAKER, espero que hayas disfrutado tu regalo de esta mañana, porque no volverás a recibir nada parecido hasta que no aprendas a controlar tu temperamento.

No hubo respuesta de parte del cumpleañero, puesto que Candy solo pudo ver como su esposo se tocó el pecho y cayo como peso muerto sobre el piso, sin poder resistir tantas emociones ella sintió que todo se volvió negro, sin saber que detrás de ella se desvanecieron Eli y Eleonor en brazos de Richard y de Albert.

Volviendo al presente

Así que ahora estaba Terry aguantando la furia de su padre, de Archie, Stear y hasta de Albert, cosa que era ya grave, puesto que el rubio era la paz andante, siempre se mantenía sereno ante cualquier problema, pero ahora parecía casi tan molesto como los demás, estaba seguro de que, si no fuera por el preinfarto que sufrió, bueno mejor no se lo imaginaba.

Pero la rabia de ellos era nada, si era comparada con la de su esposa quien estaba ingresando en ese momento a la habitación en una silla de ruedas, siendo empujada por una enfermera, ella pidió que la dejaran sola con su esposo y de pronto el temió quedarse solo con ella y casi deseo que mejor le siguieran reclamando los otros hombres de la habitación, pero estos salieron dejando a la pareja solos.

—no puedo creer que a pesar de los años sigas comportándote como un muchacho malcriado.

Candy hizo una seña a Terry indicándole que ni en sueños se le ocurriera responder.

—te das cuenta de lo que provocaste, no, claro que no, tu solo actuaste dejándote llevar por tus impulsos, sin tomar en cuenta las consecuencias, Terry gritaste a todo pulmón que nuestra hija mayor, nuestra hija soltera por cierto, estaba deshonrada, no solo eso, si no que le dijiste a todo el mundo que estaba embarazada, ah pero no solo eso, si no que permitiste que Eliza, su madre y su hija, nos ofendiera a tu hija, a tu madre y a mí, pero claro tú estabas demasiado ocupado tratando de matar a nuestro pobre sobrino, dejándote llevar por el demonio de los celos, como para que te importara que nos ofendieran y que nuestra reputación quedara por los suelos, no solo entre los presentes, si no a nivel mundial, pues la prensa se encontraba presente.

—Candy yo…

—no te preocupes, tanto Albert, como tu padre se han encargado de resolver todo, amenazando con demandas criminales y civiles en contra de cualquiera que repitiese las injurias soltadas por las mujeres de la Familia Leagan, pero, y los que las oyeron y no nos conocen lo suficiente, te das cuenta de lo que le has hecho a tu propia hija Terry, ni siquiera nos preguntaste, no esperaste a averiguar si era cierto, por si fuera poco, te dejaste llevar por el enojo sin pensar siquiera en tu propia salud, tuviste un preinfarto Terry, no quiero ni pensar en lo que hubiera pasado si…

Terry se sintió un gusano, su esposa tenía razón, había sido tanta su furia que no midió sus acciones.

—es mi bebé Candy, como quieres que reaccione, si ese ladrón se está robando uno de mis tres tesoros, mi princesa, menos mal que Doris y Elby aún son unas niñas, pero mi Eli, decía ya con lágrimas en sus ojos el castaño.

—ya ninguno de nuestros hijos es un bebé Terry, respondió Candy rodando sus ojos, ellos están creciendo y es normal que se enamoren y piensen en seguir su vida.

—pero es una niña, no lo ves.

—si no lo recuerdas, yo tenía la edad de Doris cuando nos conocimos y apenas un año más que Eli cuando nos casamos.

—eran otros tiempos Candy, no trates de cambiar las cosas.

—no lo hago, pero acaso no ves el daño que le haces a tu hija al no dejarla crecer, la pobre no ha parado de llorar desde que despertó después de desmayarse, ella cree que es culpable de que casi te diera un ataque, ya le expliqué que no tenías nada grave, pero ella se siente muy mal, ¿tan mala hija ha sido para merecer eso acaso?

—claro que no, yo amo a mi pequeña y lo sabes, ella ¿está bien? Le ha sucedido algo, acaso ha perdido… oh noo… Terry se tapó la boca con su mano.

—no Terry no ha perdido nada, porque ella no está embarazada, nuestra hija ni siquiera ha recibido más que un beso, es una buena muchacha y merece disfrutar de su edad y del amor, así como nosotros lo hicimos en su momento.

—pero Candy.

—tu madre también tuvo que ser traída al hospital, —continuo Candy ignorando la mirada suplicante de su esposo, —ella también sufrió un desmayo por el susto de ver que tú te desvanecías, no, ambas están bien, afortunadamente solo fue el estrés, pero debes aprender a controlarte Terry, aunque no niego que el ver que, aunque Eli hubiera realmente estado embarazada, tu igual te hubieras preocupado por su bienestar, eso me llena de mucho más amor por ti.

—es mi pequeña, no sabes lo feliz que me hace que no fuera verdad lo del supuesto embarazo, pero aun si lo hubiera sido, ella es más importante que cualquier cosa y la hubiera apoyado, claro hubiera matado a palos al mini elegante, luego lo revivo para que se casaran, pero amor, a ti que te paso pecosa, dijo entonces el castaño, viendo a su enérgica esposa en una silla de ruedas y con el rostro un poco pálido.

—en mi caso, si hay una razón, amor esa caja que abrías era mi regalo.

—quieres decir que…

—si Terry, seremos padres nuevamente, solo que las emociones de esta noche fueron un poco fuertes y no me sentaron bien.

—noooo, amor nooo, decía el castaño arrodillándose frente a su esposa, —perdóname pecosa.

—estamos bien Terry, ya paso, no es tu culpa tampoco, es algo que siempre pudo pasar, la sola presencia de Eliza pone mal a cualquiera, solo que ahora deberé aguardar unos cuantos días de reposo para evitar cualquier riesgo, mucho más en este caso.

— ¿qué quieres decir?

—en la revisión del médico al parecer se escucharon dos latidos, así que amor, estamos esperando doble, —si Terry decía Candy limpiando las lágrimas de su esposo, mientras este llenaba de besos su pecoso y bello rostro, —son dos bebés.

La pareja se quedó un rato más celebrando la feliz noticia, luego todos fueron dados de alta, disculpándose el castaño con toda su familia por su proceder, muy a su pesar, Terry tuvo que aceptar que Giulio cortejara a su princesa, claro no sin antes enseñar a sus hijos Richard y Marck sobre cómo ser unos buenos chaperones, el embarazo de Candy fue como siempre muy mimado, pero sobre todo muy sobreprotegido por el castaño, quien no dejaba de culparse por el susto que le causo a su amada pecosa.

Con su última actuación, las Leagan habían conseguido al fin ser sacadas de la lista de invitados de cualquier reunión Ardlay o Grandchester, la misma tía abuela había insistido en un castigo ejemplar, por mucho que fueran sus favoritas, no perdonaba que hubieran intentado manchar el buen nombre de la familia ni sus conexiones con la nobleza, por lo que muy a su pesar abuela, hija y nieta estuvieron fuera de eventos sociales durante varios meses, y de los familiares por siempre, no pudiendo volver a mencionar sus disque múltiples conexiones que ahora eran más que inexistentes.

Al año siguiente Terry festejo su cumpleaños, con una familia más grande, con el nacimiento de la pequeña Joan y Benjamín, para su pesar también con la celebración del esperado compromiso matrimonial entre su princesa Eli y el infame Giulio, pero que podía hacer, era obvio que el joven amaba a su princesa y que el Elegante lo había criado bien, por lo que estaba seguro que haría todo para hacerla feliz, mientras él estaba con las manos llenas cuidando de los gemelos, además de tratar de quitarse los pretendientes de Doris y Elby de encima, sin dejar de robarse tiempo para disfrutar junto a su pecosa, si, la vida era muy buena con él, no podría pedir nada más, era uno de sus mejores cumpleaños y lo mejor de todo, es que sabía que los que vinieran serian igual de buenos.

FIN.

Hola amigas, aquí les traigo un cortito preparado para festejar el cumpleaños de nuestro querido Terry bombón, espero lo disfruten.

Ya esta en el canal Sinceramente Apasionadas de YouTube, si quieren escucharlo, feliz día, bendiciones.