Lemon del Día Riko

Tema: Compartir la Cama.

NOTA: Tenía una opción primero para hacer esto y al final cuando pensé en lo perfecto que era el Día 2 de la UkyoWeek para meterlo con este lemon, pero nada, me quise lanzar la aventura de describir lo que hicieron Senku y Kohaku en esa increíble velada de una noche (espero que hayan leído El Guardián de la Reina).

NOTA 2: No creo que vaya a hacer long fic de esto, porque eso sería medio fastidioso una guerra en la que haya un arroz con mango de egipcios, israelíes, romanos y bárbaros, así que pues nada. De todas formas, ya veremos.

NOTA 3: (La más importante) Quizás es errado el término "Emperador", sin embargo, me gusta plantearlo como Emperador y recuerden que, tal como dije en El Guardián de la Reina, el Fanfic no tendrá mucho de temas históricos, así que entiéndase como un AU en todo su esplendor.

Título del Fanfic: La Poderosa Reina de Egipto.

Senku entendía que no era ninguna clase de galán ni nada de eso, pero siempre había tenido muchas chicas interesadas en él, aunque ellas no le interesaran de igual forma. Esto debido a su posición: cualquiera en roma querría casarse con el aspirante a Emperador. Así, Senku se había acostumbrado a rechazar mujeres una y otra vez constantemente, porque era muy problemático y estaba en contra de sus planes establecer vínculos de esa índole. Aunque entendía que en algún momento necesitaría procrear para dejar descendencia, eso ya quedaría relegado para cuando conociera alguien conveniente para plantar su semilla.

Y ese día había sido el día exacto en el que había conocido a la persona que cumplía con las condiciones necesarias para ello: La Reina Kohaku, de Egipto. No sólo se trataba de una de las reinas más poderosas del mundo conocido, sino que además era hermosa, Senku tenía que reconocer que lo había deslumbrado, a pesar de ser una mujer bastante sencilla (especialmente para ser una reina), era increíble. No había podido quitarle el ojo de encima mientras hablaban y sabía perfectamente que el mentalista se había dado cuenta de ello, pero le importaba muy poco.

Los habían invitado a una velada para celebrar la alianza (excelente idea de Gen, porque bajo los efectos del alcohol sería más fácil usar sus encantos). Pero su asesor y amigo no le había permitido librarse de una larga charla de cómo debía comportarse con la reina para asegurarse de obtener favores sexuales de ella al lograr que se desinhibiera.

—Y recuerda, Senku, esto es algo que necesitamos. Debes asegurarte de tratarla muy bien y con suma delicadeza, porque realmente es importante que consigas que ella se case contigo, sería la forma más rápida de aliarnos y hacernos con el ejército egipcio~ —expresó Gen, haciendo que Senku sintiera obstinación y empezara a rascarse el oído con el meñique—. Y no vayas a rascarte el oído, por favor, podrías arruinar su imagen sobre ti~.

—Ya-ya. Lo sé —concordó Senku—. Sé lo que tengo que hacer. Ahora explícame un poco de qué debo hacer para satisfacerla, esa "magia" que usas para que las prostitutas te atiendan sin cobrarte —se burló con una sonrisa ladina.

Después de eso, Gen le dio una clase bastante detallada sobre los puntos clave que debía conocer, sorprendiendo a Senku, ya que en todos sus años en las grandes escuelas romanas no había recibido ningún tipo de información respecto a ello. Ante esto, Gen le había explicado finalmente que muchas veces las cosas son sólo ensayo y error, y que a él le había tomado muchos años para conseguir que las prostitutas no le cobraran (y esto último lo había dicho lloriqueando).

Esa noche todo estaba preparado y Ukyo se presentó antes de la llegada de la reina para presentar un "obsequio" a Gen.

—Ella es nuestra mejor sirvienta erótica y la presento ante usted, Gen, para que le dé satisfacción esta noche —presentó Ukyo a una chica demasiado blanca para ser un ser humano normal, con los ojos sombreados de negro como si tuviera meses sin dormir y con una mirada de indiferencia que prácticamente hacía pensar que no soportaba su trabajo.

—Hola, mi nombre es Gen. Te llevaré conmigo ahora mismo~ —saludó él, llevándose luego a la sirvienta, para luego dejar a Ukyo y Senku solos.

Pero eso no duró por mucho tiempo, ya que a los pocos segundos apareció Kohaku vestida de forma hermosa con un traje egipcio que la hacía ver más brillante: resaltaba, ante todo. Senku se la llevó a una esquina del lugar donde se encontraban, sentándose en un área llena de almohadas que estaba bastante cómoda y que le permitiría ir sonsacando a la reina.

Empezaron a ingerir alcohol desde ese momento. Una copa tras otra, mientras se hacían insinuaciones que sorprendieron al mismísimo Senku por las implicaciones que tenían. Ella no dejaba de reír ante las ocurrencias de Senku, y Senku no dejaba de sentirse embobado por esa sonrisa que parecía de otro mundo. Así fue como decidió tocarla disimuladamente en las piernas, acariciando suavemente al principio y causando ligeros estremecimientos en ella, a la par de que esto también la hacía reírse con disimulo.

—¿Acaso estás pensando tomarme esta noche como si de una esclava me tratara, Comandante Senku? —cuestionó ella.

—Para nada, mi reina leona, tú eres un manjar divino que sólo merece ser tratada con devoción, no como una esclava, pero no niego que verdaderamente me encantaría tomarte toda y llenarte hasta con la última gota de mí —susurró al oído de la reina, hablando suavemente, pero a la vez con un tono ronco característico de su voz. Ella se estremeció momentáneamente, pero luego lo miró.

—¿Leona? Yo no soy una leona —se defendió ella.

—Pero eso pareces, mi reina leona, eres hermosa y fiera a la vez, quiero sentir cada parte de tu ser pegándose a mí, quiero que seas mía esta noche, mi reina Kohaku —expresó nuevamente al oído de ella, entre susurros, pero causando el efecto esperado, ya que ella se estremeció con fuerza.

—No soy una leona, pero igual me reconozco que me siento halagada con esto, Comandante Senku.

—Puedes llamarme solamente Senku.

—Entonces no me llames reina, no es necesaria la formalidad.

—Ya veo, entonces te quedarás "leona" —enfatizó él, haciéndola enojar—. A ver, leona… ¿quieres compartir mi cama conmigo esta noche? —inquirió acercándose peligrosamente al oído de Kohaku y haciéndola estremecer.

—Veo que va directo al grano, Senku —se burló la rubia—. Pues aceptaré, por curiosidad —sentenció, haciendo que Senku sonriera con una sonrisa ladina.

La llevó a sus aposentos rápidamente, sin importarle lo abrupta que había sido la salida de ambos. Pero realmente él tenía muchas ansias de comerse el cuerpo de Kohaku, así como de aprovechar esto para forjar un lazo entre ambas naciones, construido a través de un convenio matrimonial entre ambos.

Al encerrarse en su habitación, la egipcia inmediatamente se quitó el vestido, mostrándole al romano su cuerpo completamente desnudo e induciéndolo a hacer lo mismo, en ese momento él se acercó a ella y, tomándola del cuello suavemente, se acercaron poco a poco hasta que juntaron sus labios. Primero el beso parecía tranquilo, hasta que Senku decidió avanzar en las cosas, al notar que, evidentemente, ella también tenía una inexperiencia franca (y probablemente mucho mayor de lo que era la indiferencia sentida por él).

La fue guiando hacia la cama, donde la hizo acostarse para poder observar su cuerpo desnudo con más detalle. Ahí estaba: La poderosa reina de Egipto completamente a su merced, sus pechos se veían increíblemente suaves y con los pezones de un color rosa que la hacían lucir mucho más hermosa. Su cuerpo lo hacía sentir deseoso de más. Fue sobre ella tras quitarse su ropaje y continuó besándola, primero en la boca y luego fue descendiendo hacia el cuello, donde tomó especial atención de sus clavículas, y todo esto sin dejar de tocar cada centímetro de su ser. Apretó fuertemente sus muslos mientras besaba y succionaba su cuello, haciéndola gemir intensamente.

Era delicioso para Senku pensar en cómo cada segundo su cuerpo experimentaba el placer dado por el cuerpo de Kohaku le hacía sentir. Subió sus manos a sus pechos mientras se pegaba más de ella para que sintiera su miembro en las cercanías de sus genitales. El roce era completamente satisfactorio y Senku no podía negarlo, pero tenía que ser fuerte para conseguir satisfacer plenamente a una reina: tal como la Reina Kohaku lo merecía.

Y así había sido como Senku había ido marcando un camino mientras descendía hasta sus pechos de la rubia, para masajearlos, besarlos y hacerle sentir maravillas a esa reina leona que se encontraba frente a él. Estas atenciones fueron excesivas para ir sintiendo cómo se humedecía cada vez más la fémina, aumentando cada vez más el nivel de excitación de él, pero seguía repitiéndose que debía ser fuerte.

—Oh, Senku… ah… esto es maravilloso —expresó entre gemidos, haciéndolo sentir orgulloso de sí mismo.

Él siguió descendiendo, haciendo un camino de besos por el cuerpo de la reina, mientras la sentía retorcerse, moviéndose cada vez con más desesperación y haciéndolo sentir plenamente orgulloso de lo que había logrado en ese momento. Su mano se posó en la entrepierna de ella, acariciando en toda su extensión y haciéndola retorcerse más e intentar mejorar las sensaciones. Veía a Kohaku casi en plena rendición ante las maravillas que le estaba haciendo sentir y en ese momento decidió probar los fluidos que salían de su entrepierna.

Acercó su boca, primero pasando la lengua con suavidad, haciéndola arquearse, pero luego empezó a hacerlo con un poco más de intensidad, hasta que en medio de la desesperación Kohaku enredó sus dedos en el cabello de Senku haciéndolo prácticamente adherirse de todo su sexo y estimularlo con mucha atención. Los gemidos de Kohaku al tomar este gesto lo empezaron a enloquecer y ya no pudo contenerse ante la necesidad de estar dentro de ella, pero ella no lo dejó separarse de sus genitales hasta que con un gemido más intenso él sospechó que había hecho un buen trabajo, ya que ella había pasado a acompasar su respiración y había soltado el agarre.

—Luego dices que no eres una leona —se burló mientras la veía con una mirada perversa, haciéndola estremecerse, mientras terminaba de controlar su respiración.

—No me… llames leona… —expresó entrecortadamente—. Me gustó mucho eso… uff… quiero más —indicó con una voz un poco más calmada.

—Tus deseos son órdenes, mi reina leona —hizo una pequeña reverencia y se posicionó sobre ella nuevamente, haciéndola estremecerse ante ese roce, a pesar de que acababa de alcanzar el máximo placer.

El romano alineó su sexo con el de la egipcia, mientras la miraba fijamente a los ojos y seguía notando cuán hermosas eran todas sus facciones, sintiendo cómo esa mirada tan fiera y a la vez tan dulce e inocente lo hacían sentir deseos de fornicarla hasta el cansancio, hasta que le vaciara todo su ser adentro. Él primero realizó movimientos de arriba abajo, sin introducir su miembro dentro de ella, para asegurar la lubricación del área y nuevamente despertar los sentidos de Kohaku, pero ella parecía encontrarse en otro mundo mientras él hacía cada uno de sus movimientos, lo que lo hizo reír orgullosamente.

Cuando ya sintió que era el momento y los movimientos de cadera de Kohaku le indicaron que ya estaba en niveles incontrolables de excitación, se introdujo dentro de ella poco a poco, intentando que ella fuese acostumbrándose al tamaño paulatinamente, mientras se iba moviendo con suavidad. Ella primero hizo una mueca de dolor, pero luego de un momento reflejó que ya estaba empezando a acostumbrarse al tamaño y características del miembro de Senku, quien sonrió cuando supo que ya podía moverse libremente dentro de ella, empezando embestidas a una mayor velocidad, haciendo que ella empezara a gemir y gritar su nombre con desesperación.

—Ah… Senku… ah… me encantas… ah… esto… ah… maravilloso… ah… quiero más… ah… más de ti… ah… más… —logró decir entre gemidos.

—Lo que usted ordene, mi reina leona —expresó, susurrándole al oído con la voz más ronca que pudo reflejar.

Sus embestidas subían la intensidad, mientras Kohaku se rendía poco a poco ante los placeres que él le estaba otorgando Senku. Gemía, repetía el nombre de Senku y lo estaba haciendo sentir poderoso. Oh, sí, Senku estaba disfrutando infinitamente eso, disfrutaba lo húmeda que ella estaba mientras él se movía cada vez más rápido dentro de su cuerpo, disfrutaba cómo recibía una presión delicada y a la vez increíblemente excitante durante cada una de sus embestidas y el cómo se movía todo el interior de Kohaku indicándole que los niveles de excitación de Kohaku estaban al borde del clímax.

Y cuando él también empezó a sentir que estaba por dejar su semilla en ella, también sintió cómo ella nuevamente gritaba con intensidad y cambiaba su cara a una cara más tranquila con necesidad de recuperar el aliento. Él también continuó por unos segundos a una gran velocidad, hasta que se dejó ir dentro de ella, sintiéndose increíble por ese gran placer carnal que había experimentado con la Reina Egipcia, Kohaku.

Esa noche siguieron repitiendo en varias oportunidades ese encuentro, probando la penetración en diversas posiciones hasta que ya sus cuerpos no pudieron más y se dieron cuenta que requerían un descanso. Terminaron durmiendo abrazados toda la noche, pero Senku no dejaba de pensar en lo increíble que había sido sentir a esa maravillosa mujer, que ahora sería suya.

Tras despertar en la mañana, Senku sentía como si apenas pudiera mover su cuerpo, y sentía que le costaría recuperarse después de lo que había hecho la noche anterior. Pero lo mejor de todo era que la Reina Kohaku seguía entre sus brazos, haciéndolo sentir afortunado de haber obtenido para sí mismo tan glorioso manjar. Mientras la miraba, ella despertó y se le quedó viendo por un momento antes de que Senku tomara la iniciativa de hablar, pues evidentemente era hora de decirle lo que se esperaría en un caso como este de deshonrar a una reina de ese modo.

—Casémonos —dijo el romano sin más.

—¡¿Qué?! ¿Tú crees que porque yo haya compartido tu cama contigo voy a casarme contigo? Soy la reina más poderosa que ha habido en Egipto, no necesito un hombre, Senku, soy suficiente para cumplir con las necesidades de mi pueblo —respondió la egipcia tajante a la propuesta hecha por el chico.

Senku simplemente la miró con sorpresa, jamás en su vida lo habían rechazado y mucho menos de esa forma. Pero era cierto… ¿qué podía ofrecerle él a una reina poderosa? Era un debilucho que sólo funcionaba como Comandante por sus habilidades como estratega.

Mientras pensaba en lo poco que podía ofrecerle a la reina, ella simplemente tomó sus cosas y se vistió.

—Fue un gusto compartir tu cama, Senku. Nos veremos luego. No olvides enviarme a tus hombres para pelear contra los israelíes —indicó y, ya completamente vestida, se retiró de la habitación, dejando a un muy confundido Senku en su interior.

Y así termina esta historia. Espero que les haya gustado, ya que probablemente esto no tenga continuación, y pues no sabremos si Kohaku está embarazada o no después de este encuentro con Senku. Este es mi aporte del Día Riko y espero que a todos les guste.

Los personajes, evidentemente, no son míos, sino de Inagaki y Boichi. Sin embargo, hay algunos OCs que son míos y los que ya conocen a mi OC principal (Elise), deben haberse dado cuenta de cuándo apareció momentáneamente. Espero que en serio les haya gustado. Besos.