—¡Estás embarazada! —exclamó Sasuke, con ojos fríos.

Sasuke contemplaba su vientre con mirada gélida, como si fuera una rata. Su reacción era tan contraria a lo que había imaginado que Sakura se quedó inmóvil y atónita. La hería de tal modo que le costaba incluso respirar. Estaba helada. Se sentía desnuda, patéticamente vulnerable.

Sakura se dio la vuelta, agarró el albornoz a los pies de la cama y se envolvió en él. —Sí.

Sasuke se pasó una mano por la frente sudorosa. —¡Maldita sea, Sakura! Nunca hemos hablado de tener hijos —dijo él levantando la voz, enfadado—. ¿Cómo demonios has podido hacerme esto?

Sakura se dio la vuelta bruscamente, atónita ante aquella acusación. —¡Fue un accidente, yo no te he hecho nada! —se defendió enfurecida.

—¡No quiero tener más hijos! —contraatacó él seco, haciendo añicos su corazón con sus palabras.

Entonces Sakura dejó que la ira la dominara, perdió todo el control. Cualquier cosa con tal de evitar aquel dolor que le infligía. —¡Bien, entonces no te hubieras acercado al cuarto de la lavadora!

—¿El cuarto de la lavadora…? —los ojos de Sasuke, lo suficientemente expresivos, le dieron a entender que recordaba la escena. Sasuke juró—. ¿Cuánto tiempo llevas embarazada?

—Casi seis semanas —respondió ella haciendo esfuerzos sobrehumanos por controlarse.

—¡Oh, Dios mío! —exclamó Sasuke hundiéndose en la cama y cubriéndose la cara con las manos—. No quiero más niños.

Aquellas horribles palabras cayeron sobre ambos separándolos como un abismo. Todas sus esperanzas, todos sus sueños de futuro, sus fantasías sobre una vida llena de amor con aquel hombre, murieron en aquel instante. Sakura se alejó de él y se agarró al marco de la puerta del baño. Entonces lo miró, y comprendió que Sasuke se daba cuenta de cuál era su propósito. Sin embargo, para entonces se había encerrado ya en el baño. Cerró la puerta con pestillo justo a tiempo, segundos antes de que él llegara.

Sasuke comenzó a gritar, pero ella hizo oídos sordos a sus protestas y abrió todos los grifos, dejando que el agua amortiguara su preciosa voz. Sasuke se quedó detrás la puerta escuchando el correr del agua. Sakura mantuvo la calma e ignoró sus ruegos de que abriera. Finalmente él juró y la golpeó la purta con los puños. Sakura se sobresaltó. Luego escuchó sus pisadas por la habitación, saliendo al

pasillo. Continuó escuchando atentamente, y oyó la puerta de la cocina cerrarse de golpe. Se asomó a la ventana y lo vio alejarse en dirección al granero.

Sakura estaba a punto de llorar, tenía encogido el corazón, pero no podía permitirse el lujo de hacerlo, no en ese momento. Si lo hacía, no podría parar. Trató de olvidar a Sasuke y se concentró en lo que tenía que hacer. Se vistió y sacó una de las maletas del armario. Se llevaría ropa práctica, la suficiente como para estar lejos unos cuantos días. Luego fue al cuarto de Sano y sacó sus cosas. Volvió al dormitorio y las metió en la maleta. El ruido de un caballo atrajo su atención hacia la ventana.

Sasuke montaba su animal favorito, alejándose hacia la sierra. Lo último que vio de su marido fue su espalda, alejándose. Sakura alcanzó el teléfono del dormitorio e hizo dos llamadas. Una al aeropuerto de Rapid City, y otra a Hinata. Luego cerró la maleta y la bajó las escaleras. Por último fue a la cocina y recogió los biberones de Sano. Sobre el refrigerador había un dibujo de Sarada. Las lágrimas escaparon de sus ojos al verlo. Lo tomó y lo metió cuidadosamente en la maleta.

Tuvo que respirar hondo varias veces para calmarse de nuevo.

¡Ella estaba embarazada! ¡Dios! ¿Qué haría si la perdía?, se preguntó. Sasuke comenzó a respirar agitadamente, como si estuviera corriendo en lugar de ir a caballo. En su mente veía la imagen de Shion en la camioneta, pálida y aterrorizada, buscándolo: —¡Estoy de parto!

—Pero… si no te toca hasta… —había contestado él atónito.

—Eso díselo al niño. Yo me voy al hospital. ¡Ahora! Shion había acabado por gritarle. Él, por fin, había salido de su estupor y se había puesto en movimiento. Había bajado del caballo y se había subido a la camioneta. Luego llamó a Itachi por el teléfono que llevaba en el coche para que recogiera al animal mientras se dirigía a Rapid City. Y, mientras tanto, no dejaba de rezar. Sin embargo sus plegarias no habían encontrado respuesta.

Jamás, en toda su vida, se había sentido Sasuke tan impotente. Después, durante años, se había preguntado cientos de veces qué otra cosa habría podido hacer, qué podría haber hecho de un modo diferente. Se había torturado inútilmente con fantasías en las que lograba contener la hemorragia y salvar a su mujer. Pero lo cierto era que no lo había conseguido. Shion había muerto, y el niño también. Solo después de conocer a Sakura había comenzado a concebir la idea de que la historia de su vida podría terminar bien, de que quizá pudiera volver a emprenderla con un amor inmenso, un amor que jamás había conocido. Pero de pronto Sakura estaba embarazada.

¿Qué haría si Sakura lo abandonaba? Había sobrevivido a la muerte de Shion, pero si algo le ocurría a Sakura… Y podía ocurrir. Era perfectamente posible. Su imaginación conjuraba las miles de posibilidades de que todo fuera mal. Vivían demasiado lejos del hospital. Ella era muy pequeña, demasiado diminuta. Jamás podría soportar la carga de un bebé. Shion había sufrido una hemorragia. Y lo mismo podía pasarle a Sakura. Aún podía ver la expresión del rostro de Sakura ante su estúpida, aterrorizada reacción.

Una ira irracional se apoderó de él al recordarlo. Le había preguntado, en tono de reproche, cómo había podido hacerle eso. Y sabía muy bien a qué se había referido ella al contestar. Sasuke recordó la excitante escena en el cuarto de la lavadora, el instante increíblemente perfecto en que la poseyó, sin nada que se interpusiera entre los dos. A menudo, después, había recordado esos instantes.

¡Si Sakura no hubiera sido tan increíblemente excitante! Sasuke no pensaba en otra cosa que en el sexo desde que ella se había mudado a su casa. No pensaba sino en hacerle el amor. De día, de noche. Todo el día soñaba con Sakura. Y el resultado era ese. Un matrimonio destrozado y una esposa…

Sasuke gimió. Una esposa que fácilmente podría perder la vida, y todo por su culpa. Sasuke ordenó al caballo ir al paso. La conciencia comenzaba a remorderle, el enfado a aplacarse. La culpa era tanto suya como de Sakura. Ella se había mostrado tan dolida… probablemente en ese momento estuviera sentada, llorando. Y por muy asustado que estuviera, no podía dejarla sola en un momento como aquel.

De pronto Sasuke tomó una decisión. La llevaría al médico ese mismo día. Y no la perdería de vista hasta que no hubiera dado a luz a ese bebé. Ese bebé. Una pequeña ola de entusiasmo inundó su alma, creciendo rápidamente y extendiéndose. De no tener tanto miedo por ella, estaría saltando de felicidad. Un niño concebido por los dos, fruto de su amor. El corazón de Sasuke se ablandó. ¿Sería niña? ¿O sería un hermano para Sasuke? «Oh, Dios, no dejes que nada le ocurra a mi mujer. La quiero. Necesito que me quiera».

—¡Eh! ¡Sasuke!

Sasuke escuchó una voz lejana, procedente del otro lado de la colina. La escuchó una y otra vez. Masculina, profunda, llena de ansiedad. Era Naruto. Sasuke tiró de las riendas y se detuvo, observó a Naruto subir a caballo hasta la cima. Cabalgaba deprisa pero sereno, llegó a su lado con ojos expectantes.

—¿Qué estás haciendo aquí?

No podía contarle sus penas en ese preciso momento, reflexionó Sasuke. —Soy un cowboy, trabajo aquí, ¿recuerdas?

—Ah, ¿sí? Bueno, pues mientras tú estás aquí, trabajando, tu mujer va de camino al aeropuerto para marcharse a California.

—¿Qué? —preguntó Sasuke mostrando un profundo shock.

—Hinata me ha llamado. Me ha sugerido que viniera a buscarte. Sakura le ha pedido que la lleve al aeropuerto. Ella ha accedido, pero la ha traicionado —explicó Naruto observando significativamente a Sasuke—. ¿Quieres decirme qué diablos os ocurre? La última vez que os vi, tú y tu preciosa mujercita estabais locos el uno por el otro.

No, no quería contarle lo que sucedía. Sin embargo Naruto y él habían crecido juntos, y lo conocía bien. Si de algo era capaz Naruto Uzumaki era de sentarse ahí, sin decir palabra, y hacerle sentirse culpable hasta estallar. —Hemos tenido una pelea —musitó Sasuke tratando de asimilar aún la noticia. ¿Sakura se marchaba? ¡No podía abandonarlo! ¡La amaba!

Naruto frunció el ceño y lo miró. —Sí, y ha debido ser una buena, para que ella se marche. Has dicho alguna estupidez, ¿a que sí?

—¡Bah, como si no las hubieras dicho tú!

—Bueno, soy un hombre, y según Hinata, eso lo dice ya todo —respondió Naruto serio—. Vamos. Será mejor que nos pongamos en marcha, si quieres detenerla. No, de vuelta a casa no —añadió al ver que Sasuke hacía girar el caballo en esa dirección—. Tratemos de detenerlas al final de la carretera.

Hinata detuvo la camioneta de Naruto frente a la casa y salió del vehículo. Sakura la esperaba junto a la puerta. —Gracias —dijo Sakura serena.

—No me des las gracias aún —contestó Hinata—. ¿Qué ha ocurrido entre Sasuke y tú? ¿Habéis tratado de solucionarlo hablando? Ya sé que la vida en un rancho puede ser muy dura, pero has conseguido sobrevivir el primer invierno y la estación de cría, y pensé que…

—Estoy embarazada —explicó Sakura sin más preámbulos, interrumpiendo a Hinata a mitad de la frase y dejándola atónita.

—Bueno, entonces…

—Sasuke no quiere el bebé.

—¿Estás segura? Creía que Sano se lo había ido ganando poco a poco — contestó Hinata extendiendo las manos, impotente—. Supongo que pensará que es un poco pronto. Acabáis de casaros, y tenéis dos hijos, pero…

—No. Sencillamente… no quiere más niños. En absoluto.

—¡Estás de broma! —contestó Hinata con la boca abierta.

—Eso me ha dicho —respondió Sakura sacudiendo la cabeza, con el corazón agarrotado—. Tengo que tomar un avión. Si me llevas, Sasuke no tendrá que ir a recoger la camioneta.

Hinata vaciló. Luego asintió. —Está bien.

Sakura dejó la jaula de Inky en la parte de atrás de la camioneta y comenzó a cargar el resto. Después subió a recoger a Sano. Tenía que cambiarle de pañal y de ropa, y el tiempo corría. Temía que Sasuke volviera. No porque pensara que iba a detenerla, sino porque no deseaba tener otra escena. Sakura se mordió el labio inferior hasta sentir dolor. De ese modo era más fácil controlar los nervios. Ya tendría tiempo de llorar. De momento, lo más apremiante era abandonar el rancho. Bajó las escaleras.

Hinata la esperaba en el salón. Al verla se puso en pie. —Será mejor que pase al baño antes de irnos. Hay mucho camino de aquí a Rapid City, y estos días siento que el bebé me aprieta la vejiga —comentó Hinata poniéndose una mano en el vientre—. Ya sabes a qué me refiero.

Sakura asintió, incapaz de confiar en su propia voz. Les había tomado cariño a ella y a Izumi, e iba a echarlas de menos. Tomó a Sanosuke en brazos y lo sentó en su sillita, en la camioneta, atándole el cinturón. Minutos más tarde Hinata salió al porche.

—Espera un segundo —rogó de nuevo levantando la mano—. Naruto ha salido, pero tengo que dejarle un mensaje para que sepa que voy a estar fuera —explicó volviendo a entrar en la casa. Aquello parecía durar eternamente. Por fin Hinata volvió a salir y cerró la puerta. Caminó con cuidado hasta la camioneta, evitando los parches de nieve, y buscó las llaves por el bolso. Tras unos segundos, se dio cuenta de que las llevaba en el bolsillo del abrigo. Para entonces Sakura estaba ya muy nerviosa, a punto de gritarle que se diera prisa. Sin embargo apretó los dientes y no dijo nada.

Sasuke podía volver en cualquier momento. Hinata puso al fin la camioneta en marcha, y ambas salieron a la carretera. A cada kilómetro recorrido, Sakura sentía que se iba relajando. Sabía, sin embargo, que no conseguiría calmarse del todo hasta no embarcar en el avión hacia California. Al comprender lo que la esperaba, embarazada y casi rechazada por su marido, volviendo a casa de Anko para enfrentarse a ella, su corazón se derrumbó.

Lo único bueno de toda aquella situación era que Sanosuke conocería a su abuela paterna. Si permanecía alerta, vigilante, Anko no conseguiría manejarla de nuevo haciéndose cargo de su vida, tal y como lo había hecho con Neji. La idea le resultaba aterradora. Sakura apoyó la cabeza en el cabezal y cerró los ojos mientras Hinata conducía.

Cuando, minutos más tarde, notó que Hinata reducía la velocidad, abrió los ojos esperando ver por fin la autopista. Sin embargo no habían llegado aún. Dos hombres a caballo les bloqueaban el paso. Hinata salió del vehículo antes de que Sakura pudiera siquiera asimilar el hecho de que la había traicionado. Corrió hacia su marido, y este desmontó del caballo.

Sakura permaneció quieta, sentada, durante unos instantes. Se negaba a mirar al otro hombre, que aún no se había bajado del caballo. Después, por fin, salió de la camioneta y caminó hacia ellos tres. Se sentía humillada, desesperada. Cada paso le costaba un enorme esfuerzo. Sasuke había dejado claro que no quería a su hijo. Tampoco le había dicho jamás que la amara, y aunque al principio había creído que eso no importaría, por fin había comprendido que nunca le bastaría para vivir con él el resto de su vida.

—Sakura —dijo Sasuke en medio de aquel tenso silencio—. Tenemos que hablar.

Ella hizo caso omiso de sus palabras. En lugar de ello se dirigió a Naruto. —¿Cómo es que… ? ¡Hinata te lo ha dicho! —exclamó volviéndose hacia su supuesta amiga con los ojos brillantes de lágrimas—. Debería haberlo imaginado. He sido una tonta al confiar en los amigos de Sasuke.

Naruto reconfortó a su mujer poniendo un brazo sobre sus hombros. —También somos amigos tuyos —dijo con calma—. Por eso es por lo que no nos gusta verte marchar sin tratar al menos de solucionar las cosas con Sasuke.

Sakura no podía siquiera mirarlo. El adorable rostro de Sasuke estaba gélido, severo como el de una estatua.

Sasuke sabía que aquel encuentro sería duro, pero de pronto un terror peor del que ya sentía constantemente en su vida se apoderó de él, helándolo hasta los huesos. ¿Qué pasaría si ella no quería escucharlo?, ¿qué ocurriría si lo escuchaba y, a pesar de todo, decidía abandonarlo? El caballo de Sasuke se sacudió nervioso, probablemente sintiendo la tensión de su amo. Sasuke no logró deshacerse de la sensación de miedo, pero sí del enojo, tras ver a Sakura ahí, de pie al sol, con la silueta y el abdomen claramente dibujados. Entonces miró a Naruto, que seguía abrazando a su mujer.

Naruto era su amigo. —¿Os importa llevar la camioneta a casa? —les pidió—. ¿Y cuidar del bebé? Naruto asintió.

Sakura se cruzó de brazos. —Yo necesito esa camioneta. Tengo que tomar un avión.

Hinata se subió al vehículo sin mirarlos a ninguno de los dos. Arrancó, giró y se dirigió hacia la casa, con el bebé en su sillita. Naruto montó el caballo y la siguió. En cuestión de segundos subieron una loma y desaparecieron. Sakura se quedó observándolos marchar. Se encogió de hombros y se dio la vuelta, de espaldas a Sasuke, comenzando a caminar de vuelta a casa.

—¡Sakura, espera! Necesitamos hablar —repitió Sasuke.

—Tú ya has dicho todo lo que tenías que decir —contestó ella sin detenerse.

Sasuke juró. Jamás había visto a Sakura tan enfadada, tan fría. A pesar de todo, no iba a ceder. Ordenó al caballo echar a caminar, la adelantó y desmontó justo delante de ella. —No vas a ir a ninguna parte hasta que no me hayas escuchado.

Sakura se detuvo a cierta distancia. Era evidente que no quería acercarse demasiado a él. —Bien, entonces caminaré y buscaré ayuda en otra parte —replicó ella beligerante, volviéndole la espalda y comenzando de nuevo a caminar.

Bien, ya estaba. La había hecho buena, reflexionó Sasuke comenzando a seguirla.

Sakura se dio cuenta entonces, demasiado tarde, de que la seguía, y echó a correr, pero Sasuke la alcanzó con una docena de zancadas, la hizo volverse y la tomó en sus brazos. —¡Déjame! —gritó ella tratando de liberarse.

Sasuke se quedó atónito al comprobar lo profunda que era su ira. Trató de luchar con ella sin hacerle daño. Por fin, cansado de sus protestas, la inmovilizó agarrándola fuertemente contra su cuerpo. Sakura se quedó helada. Igual que él. El cuerpo de Sakura era suave, blando. Era como una almohada cuando la apretaba. El aire parecía cargado de electricidad, cargado con los sonidos de sus respiraciones entrecortadas. Sakura bajó los ojos hasta los labios de Sasuke, y aquella mirada erótica lo excitó.

En realidad estaba ya excitado sintiendo el cuerpo de Sakura luchar, abrazando sus formas femeninas. De pronto Sasuke comenzó a moverse, posó los labios sobre los de ella embistiéndola con la lengua, tratando de derribar la muralla de sus dientes cerrados una y otra vez hasta que, por fin, ella cedió y le devolvió el beso.

Sasuke se inclinó y la levantó en brazos, caminó unos pasos en dirección a la hierba, saliendo de la carretera, y la posó cuidadosamente sobre la cama dulce y espesa de verde con florecillas silvestres.

—¿Quieres, por favor, dejarme marchar? —pidió ella dolida.

—No hasta que me hayas escuchado —respondió él con respiración entrecortada, mirándola a la cara. De nuevo Sasuke sintió un profundo shock. Sakura estaba llorando. Grandes lágrimas caían por sus mejillas. La miró a los ojos. Sus miradas se encontraron. Y Sasuke vio en ellos un indescriptible dolor, un dolor que lo asustó. Entonces gimió. —No llores, ángel mío. Me destroza el corazón verte llorar.

—Tú no tie… no tienes corazón —sollozó ella—. Nadie con corazón sería capaz de… de decir que… que no quiere a su propio hijo.

—Lo sé —convino él echándose atrás, acercándose a ella después, abrazándola suavemente, absorbiendo su dolor—. No lo dije en serio. Ni siquiera sé por qué lo dije.

—No lo habrías dicho si no lo hubieras pensado.

La voz de Sakura sonaba amortiguada. Ya no trataba de echarlo de su lado, pero tampoco volvía a readmitirlo. El miedo volvió a apoderarse de Sasuke. Ella parecía tan… tan desesperanzada. ¿Sería posible que hubiera arruinado lo mejor que le había ocurrido en la vida, a causa del miedo que lo corroía? —No lo dije en serio —repitió en voz baja. Suspiró, se apartó y levantó el rostro de Sakura por la barbilla. Cuando sus miradas se encontraron, él le declaró abiertamente sus sentimientos—: Estaba aterrorizado. Aterrorizado con la idea de perderte. Pensaba que si tenías un niño… Eres tan frágil y delicada. Vivimos muy lejos del hospital —Sasuke tragó—. No puedo vivir sin ti. No puedo. Te quiero. Te quiero tanto que si te ocurriera algo me moriría —continuó hablando, casi en susurros—. La muerte de Shion me afectó mucho, pero conseguí sobrevivir. Tenía que pensar en Sarada y, de alguna forma, en el fondo, sabía que algún día volvería a casarme. Lo planeé todo, pero no encontraba a la mujer adecuada, y cuando por fin te conocí… todo encajó.

—Sasuke…

Sasuke sacudió la cabeza y posó un dedo suavemente sobre sus labios para hacerla callar, mirándola profundamente a los ojos. —Sí quiero a ese niño. Una parte de mí lo desea más que nada, como símbolo de cuánto te quiero. Pero no sería sincero si no te dijera que, por otro lado, estoy absolutamente aterrorizado. Me aterra la idea de que tengas que dar a luz a ese niño —la voz de Sasuke se quebró. Tuvo que detenerse y tragar para continuar—. No puedo perderte.

Las lágrimas seguían rodando por las mejillas de Sakura. Sin embargo levantó las manos, lo agarró de la cara y él cerró los ojos brevemente, suspirando de alivio al leer la expresión de los de ella. —Te quiero —dijo Sakura—. Te quiero desde el día en que nos conocimos, a pesar de que no dejaba de decirme a mí misma que era una locura, que eso del amor a primera vista era un cuento de las novelas. Jamás lamentaré tener en mi vientre a tu hijo. Sasuke, temblando hasta la médula y humillado ante el amor que ella le demostraba, volvió la cabeza y besó su mano. —Podemos tomar todas las precauciones que creas necesario —continuó Sakura —. Me trasladaré a la ciudad y viviré junto al hospital si eso te hace sentirte mejor, pero tienes que relajarte, no debes preocuparte tanto. Yo ya he tenido un hijo, ¿recuerdas? Estuve solo seis horas de parto, y ni siquiera recuerdo haber empujado. Fue un parto extremadamente fácil, y el niño pesó más de ocho kilos. El médico me dijo que estaba hecha para tener bebés. Puedo hacerlo. Podemos hacerlo.

¿Debía atreverse a confiar en sus palabras, a dejarse reconfortar y convencer por ellas?, se preguntó Sasuke dejando caer la cabeza y buscando sus labios para besarla. —Quiero creerte.

—Entonces hazlo —contestó ella—. Vamos a vivir juntos toda la vida. Con nuestros hijos.

Sasuke llamó silbando al caballo y sentó a su mujer sobre la silla. Luego montó a su lado. —Vamos a casa.

—A casa —repito ella.

—Gracias por amarme —añadió él tomándola de la barbilla y volviendo su rostro.

—No es tan difícil —respondió ella con ojos brillantes. Entonces él se echó hacia adelante deliberadamente, estrechando a su mujer contra sí. —Ahora ya no. Ambos rieron y se besaron, y el caballo los llevó de vuelta a casa.