"Llamadas perdidas"

Había corrido tan rápido como sus débil piernas le permitían, no le importo que lo vieran como un loco, solo quería llegar a donde su madre lo está esperando: a su hogar.

Tras recorrer varias calles finalmente logro visualizar su hogar. Saco sus llaves y abrió, todo estaba en silencio lo cual era casi normal de no ser por el frio que recorrió todo su cuerpo al entrar. Dudo un momento, pero aun así se adentró más, en cada habitación busco a su madre.

—¡Mama! —Grito con la esperanza de que apareciera, sin embargo no lo hizo.

Se rasco con cierta desesperación su cabello. Tomo rumbo a la cocina, el único lugar que no reviso. Ahí estaba, su madre estaba con unos audífonos mientras tarareaba una canción.

De inmediato corrió abrazarla, en ningún momento se dio cuenta de que comenzó a llorar.

Nana dio un pequeño brinco al sentir como un par de brazos la rodeaban con añoranza al igual que una cabeza se recargaba en nuca, giro un poco su espalda mientras se quitaba sus audífonos. Sonrió de lado, era su querido hijo.

—¡Tsu! —Le llamo animada, y con una voz juguetona comento: —. ¡Llegas justo a tiempo casi termino de preparar la…!

No logro terminar la frase, pequeñas gotas recorrieron su cuello. Podía sentir como su corazón se encogía al no saber que decir o que hacer.

Apago la estufa y sin que aquellos brazos la soltaran giro. Su querido hijo menor tenía la cabeza inclinada hacia adelante. Le dolió no saber la razón de su sufrimiento, pero al ver pequeñas heridas en su cuerpo y parte de sus brazos se dio una leve idea, más no quería sacar conclusiones, deseaba que su hijo le comentara lo sucedido para poder ayudarlo.

—Tsuna… —Nuevamente lo nombro con cariño, quería hacerle saber que podía contar con ella. Extendió sus manos y comenzó a limpiar sus lágrimas. Volvió abrir la boca para preguntar algo, no lo logro.

—Lo siento mucho, perdón… —Susurro abatido y alzo su cabeza, una pequeña sonrisa le dio, ya no debía de preocupar a su madre. Y aunque intento transmitir felicidad, de que todo estaría bien, no funciono, sus ojos solo denotaron su tristeza y arrepentimiento.

Nana estiro sus brazos con la intensión de abrazarlo, de apoyarlo, no quería dejarlo solo en su sufrimiento después de todo Tsuna no lo hizo, siempre permaneció a su lado y la consolaba en sus peores momentos, pero ella jamás logro devolver el mismo cariño a él. Podía sentir sus dedos tocando la ropa de su hijo, faltaba unos centímetros y finalmente lo abrazaría, no lo consiguió. De un momento a otro su hijo se apartó murmuro unas palabras y salió de la cocina.

Entro a su habitación y se encerró en ella, aventó el libro a su cama, tenía asuntos más importantes que revisarlo.

Termino de limpiarse sus lágrimas; respiro profundo, de inmediato comenzó a buscar su celular en los cajones de su escritorio y dentro de su ropero, no lo encontró. Dio varias vueltas a la habitación tratando de recordar donde lo dejo.

De reojo vio su cama, en específico su almohada, tomo asiento en la parte superior de su cama y con cuidado movió su almohada, ahí estaba su celular, suspiro un poco mientras lo tomaba entre sus manos y lo desbloqueaba, su mano tembló, no era momento de dudar.

Inmediatamente entro a la aplicación de "contactos", busco con su mirada el contacto de su hermano, lo encontró enseguida. No es como si tuviera muchos contactos para empezar.

Bajo a su número y le presiono en "Marcar".

Un pitido se hizo presente, segundo tras segundo, el sonido seguía. Colgó de inmediato, tal vez no escuchaba su celular, lo volvió a intentar varias veces.

"O tal vez me odia y no quiere hablar conmigo…", sacudió la cabeza, alejando los oscuros pensamientos que lo estaban invadiendo.

El sonido duro un par de segundos y se detuvo. Sonrió, finalmente había respondido.

—¡Hermano…! —Lo llamo feliz, esperando que el otro contestara, no fue así.

"Deja el mensaje después de tono…". Ah, era demasiado bueno para ser verdad, por un momento su pequeña sonrisa vacilo, pero con el mismo tono alegre decidió dejarle un mensaje, tal vez lo pueda escuchar cuando tenga tiempo libre.

—Ieyasu… —Dudo un momento al decir su nombre, desconocía como reaccionaria su hermano al escuchar su nombre salir su boca después de todo lo horrible que le dijo. Sacudió la cabeza, lo peor que podía pasar era que no lo quisiera ver… No es como si se vieran mucho que digamos—. ¿Cómo te encuentras? Yo bien, igual mama. Ella te extraña… —Era verdad, ella lo extrañaba siempre la veía adorando y dejando escapar suspiros pesados cuando observaba el álbum de fotos—. Yo… —Volvió a dudar—. Lo siento… —Soltó, dejo que pasaran varios segundos—. Perdón por la forma en la que te trate la última vez que nos vimos, el día de mi cumpleaños. —Aclaro y se rasco la cabeza con su otra mano, su voz estaba llena de arrepentimiento—. Ahora sé que tenían buenas intenciones, perdón por no entenderlo en el pasado… Espero poder verte en el cumpleaños de mama… —Murmuro con esperanza. Un pequeño sentimiento de incomodidad se instaló en su pecho—. ¡Olvida lo último solo estoy delirando! —Grito avergonzando y finalizo el llamado.

Se golpeó un poco la cabeza. Al menos se había disculpado.

Sus parpados pesaban cada vez más, se acostó de inmediato. Fueron muchas emociones para solo un día. Ni siquiera se molestó en cambiarse o curarse sus heridas.


El horrible sonido de su alarma lo despertó, pero se negó abrir los ojos, a tientas busco su despertador para poder apagarlo. Cuando creyó que lo apagaría se terminó cayendo del escritorio.

Se quejó en voz alta y con toda su fuerza de voluntad se colocó de pie, miro al suelo, no estaba, como si hubiese desaparecido al igual que el ruido que lo acompaña

Un nuevo sonido lo tomo por sorpresa, era su despertador, volteo de inmediato. Estaba en el mismo lugar de siempre. El color lo abandono un momento antes de apagarla. Por un momento olvido como respirar, su mano que estaba herida ahora se encontraba llena de vendajes y no solo eso, también estaba usando su pijama azul. ¿Acaso era sonámbulo? ¿Su madre entro en la noche y le ayudo a cambiarse, verdad? Porque de no ser así no le encontraba sentido a esa situación.

Trato de fingir que todo era normal, un libro llamo su atención, era el mismo que consiguió el día anterior. Alzo la primera página, era completamente negra con unos toques naranjas, curioso lo comenzó a hojear, era raro, a pesar de que lo entendía a la perfección no tenía sentido las frases. Dejo el libro en su escritorio.

Salió de su habitación y se metió a bañar, después de que termino de prepararse para la escuela bajo al comedor, al menos tenía que comer desayunar con su madre antes de irse a su horrible infierno que lo está esperando.

Mientras esperaba a que su madre terminara de servir el desayuno reviso su celular, en específico su historial de llamadas. Sus ojos parecían que se saldrían de sus cuencas, tenía muchas llamadas perdidas de su hermano, al parecer si le devolvió la llamada. Pero lo que más lo inquietaba era que aparecía que si contesto una llamada, lo cual no tiene sentido pues se durmió poco después de dejar su mensaje de voz.

Intento llamar, fue en vano, esta vez de inmediato lo mando a buzón. Cancelo dejando escapar un suspiro de frustración.

"Tal vez conteste por accidente…", trato de convencerse con ese pensamiento.

—Mama. —La llamo, Nana de inmediato tarareo en respuesta. Tsuna sonrió y continúo: —. Gracias por curar mis heridas.

La castaña coloco un par de platos en la mesa. Tsuna agradeció en silencio por la comida. Nana tomo asiento y miro a Tsuna un momento, cerró los ojos y junto sus brazos como si estuviera tratando de recordar algo.

Tsuna no dejo de admirar a su madre aun cuando estaba comiendo.

—Yo no hice nada de eso, solo te arrope… —Revelo con calma, una pequeña sonrisa se implanto en su rostro—. Oh, por cierto. ¿Con quién hablabas anoche? ¿Con Ieyasu? ¿Con tu padre? ¡Dime!

Por un momento olvido como respirar, incluso casi se ahoga con su propia comida por la impresión. Escucho a su madre regañarlo un momento por lo descuidado que es.

—Mama… Yo no hable con nadie… —Con incertidumbre hablo. La castaña no dejaba de verlo, como si estuviera tratando de encontrar un indicio de que es una broma de mal gusto.

Nana recordó las viejas historias que su madre le contaba cuando era niña. Y con una voz que no era normal en ella hablo—. Tienes que tener cuidado Tsuna, si tu no hablaste entonces tiene que ser un ser de oscuridad. —El nombrado la vio como si estuviera loca, al igual que su madre esperaba que fuera una broma, pero poseía una expresión completamente seria, cosa muy rara. No coincidía con la dulce expresión que siempre decoraba su delicado rostro—. Estos seres hacen enloquecer a las personas y los pueden llevar hasta el suicidio.

La castaña cerró los ojos y comenzó a relatar todo lo que sabía. Ya no quería escuchar más delirios, así que decidió que esa hora de marcharse a la escuela, de inmediato acabo de comer—. Ya me voy, mama. —Finalizo mientras se paraba y le daba un pequeño beso en su mejilla, su madre solo siguió platicando de los seres de oscuridad y luz.

—Y es por eso que se supone que lo hacen para aumentar su número… —Termino al mismo tiempo que abría los ojos y escucho una puerta cerrarse—. ¡Ten un día excelente! —Grito feliz, esperando que su querido hijo lo alcanzara a escuchar. Ah, nuevamente comenzó a divagar demasiado. Bueno, luego se lo puede repetir con más calma.

Por otra parte Tsunayoshi estaba caminando lo más tranquilo a la escuela, escucho algunos rumores relacionados con sus matones, ah, sin duda le espera un infierno.

Corrió de inmediato a la escuela, no quería ser golpeado aun, todavía era muy temprano.

El suelo lo recibió, choco con alguien, con la espalda de una persona a la que todos temen.

—¡Lo siento! —Grito alterado, no quería que Hibari lo moliera a golpes tan temprano. El mencionado gruño en respuesta y mostro su tonfa. De un salto se puso de pie y se adentró a su salón.

Las clases fueron aburridas, siempre lo son, los garabatos en el pizarrón jamás tomarían sentido, pero aun así asistía, su madre quería que estudiara y el al menos lo intentaría aunque sea pésimo en eso… ¿En que era bueno? Se preguntó mentalmente, aún sigue sin encontrar la respuesta.

La última campana se hizo presente. Ya era hora de salir. No se molestó en salir rápido como otros días, sabía lo que pasaría y si escapaba nuevamente, nada le aseguraría que saldría ileso. Se recargo un poco en su escritorio, viendo en todo momento a la ventana, la mayoría de los alumnos se habían marchado y como siempre sus queridos matones lo estaban esperando en la salida. Al menos ahora no tienen su navaja.

Dejo escapar un suspiro de resignación. Con paso lento camino hasta donde se encontraban sus matones. En todo momento sintió varios tipos de miradas, tanto compasivas, como de pena y otras de burla. Pero había una que sentía sobre el resto, la de desprecio, no se necesitaba ser muy inteligente para saber a quién pertenecía. Hibari era la única persona que era capaz de transmitir esa mirada.

—¿Por qué te escapaste? —Pregunto el líder de los matones mientras pasaba su brazo por su espalda, si alguien que no conociera a Tsunayoshi y lo viera rodeado de varias personas sin duda pensaría que son buenos amigos, pues todos llevan unas sonrisas agradables, pero para el menor no lo eran, simplemente sus gestos y el hecho de cómo lo rodeaban significaba que estaban evitando que escapara.

—¡Si, dinos! ¡¿Dónde te escondiste?! —Agregaron varios matones a la vez, se escuchaban molestos.

—Sabes todas las molestias por las que pasamos, dame-Tsuna, incluso nos obligaste adentrarnos a esa estúpida iglesia abandonada. —Comento infeliz el líder, la sonrisa que poseía había desaparecido y en cambio tenía una mueca de asco.

El castaño frunció el ceño ante la mención de su apodo, eso no pasó desapercibido por sus matones, que de inmediato se burlaron.

"¿Qué ocurre, dame-Tsuna, acaso lastimamos tus sentimientos?"

"¿Vas a llorar dame-Tsuna?"

"Dame-Tsuna es dame-Tsuna, obviamente se sentirá mal"

"Que patético eres, dame-Tsuna"

"Por eso tu hermano se marchó, porque eres dame-Tsuna"

"Si, si, seguro que no soportaba la idea de tener un hermano como dame-Tsuna"

"Sin duda, hasta yo me avergonzaría de tener un lazo sanguíneo con dame-Tsuna"

Comentario tras comentario, burla tras burla, le lastimaron, en verdad que no quería odiarlos, pero en ese momento los detestaba con todo su ser, no comprendía porque todos disfrutaban burlarse del más débil de la escuela.

Mientras tanto los matones solo podían reírse de sus propias bromas, como si fueran lo más divertido de la escuela. Por un breve momento mentalmente agradecieron la existencia del enclenque. Por la simple razón que de no ser por Tsunayoshi lo más probable es que ellos jamás se hubieran conocido y llegado a ser tan buenos amigos.

—¡No me llames así! —Grito alterado, dándose cuenta de su error se cubrió la boca y de inmediato corrió no sin antes susurrar un: —. Lo siento... —Todos los matones se sorprendieron por el grito que soltó, no les importo, se comenzaron a reír por la expresión de indignación del menor.

Segundos más tarde lo comenzaron a perseguir, para ellos era divertido, era como cazar un ratón. Después de varios minutos finalmente lo alcanzaron y arrinconaron en un callejón lleno de basura.

El líder lo tomo por sus hombros y lo tiro al piso, cayo sentado, pero aun así le dolió bastante.

Sawada sabía lo que pasaría a continuación, cerró los ojos, una patada en su estómago ocasiono que se quedara sin aire, abrió los ojos, todos se comenzaron a reír por la forma tan patética del menor al intentar recuperar aire.

Sawada afilo su mirada, el líder gruño y chasqueo los dedos, todos dejaron de reír y de inmediato se lanzaron al menor.

Patada tras patada, puñetazo tras puñetazo, cada golpe que recibía le dolía mas, de seguro cuando terminaran tendría demasiados hematomas que no sanarían pronto.

No suplico que se detuvieran, ellos nunca lo harían hasta que se sintieran satisfechos.

Un tirón en su cabello ocasiono que reaccionara, dejo escapar un gran grito de dolor, que recordara donde está, cual su posición.

Mirada chocolate se encontró con una azul sin vida. Con la del líder, este lo miro un momento, como si estuviera apreciando todos los golpes que ocasiono en su tersa piel.

—No fue tan malo, ¿verdad, dame-Tsuna? —Cuestiono en burla mientras mostraba una sonrisa amigable. Tsuna se negó a responder. El líder jalo con mucha más fuerza su melena castaña, dejo escapar un pequeño quejido y con esfuerzo murmuro un "Si…". El matón sonrió satisfecho soltando la cabellera castaña. Sawada pensó que eso sería todo, pero un fuerte puñetazo en su mejilla izquierda lo hizo caer, se golpeó fuertemente su otra mejilla, incluso escupió un poco de sangre—. Más te vale que no vuelvas a intentar escapar, dame-Tsuna. — El nombrado se quedó en silencio por un momento vio las espaldas de todos su matones mientras soltaban pequeños comentarios sobre su aspecto tan deplorable—. Después de todo, ayer solo queríamos mostrarte el juguete que conseguimos…

Tsunayoshi solo asintió a lo que comentaron.

Un pequeño sonido de algo cayendo llamo su atención, miro a la pared, había una tubería vieja que rodaba, como si alguien la hubiese dejado caer apropósito.

Estiro su brazo un poco, queriendo tocarla, alcanzarla, hacerse con ella. "Si la consigo, tal vez pueda devolverles algo de lo que me han hecho desde que nos conocimos…", pensó vagamente, dejo de estirar su mano y la dejo caer mientras cerraba los ojos, esos pensamientos no eran buenos.

Volvió abrir los ojos, sus matones ya se estaban alejando. Con un poco de esfuerzo se recargo en la pared, sentía que moriría en cualquier momento, al menos si lo hiciera ya se disculpó con su hermano y su madre.

"Tengo que ser más fuerte o siquiera más valiente como lo fui en aquella iglesia…" Susurro para sí mismo mientras reía amargamente.

Jalo su bolso, saco un pequeño botiquín de emergencias y con un poco de esfuerzo se comenzó a curar cada una de ellas. Dolió un poco limpiarlas con alcohol, pero era mejor eso, no quería que se infectaran por un estúpido error.

Para cuando termino ya estaba anocheciendo, debía darse prisa o podía preocupar a su madre. Le dolió ponerse de pie y cada paso que daba se sentía más pesado, como si estuviese cargando algo que no era visible.

Tras recorrer varias calles, llego a su hogar.

—Mama, ya llegue. —Comento mientras se quitaba sus zapatos y ponía una sonrisa, no quería preocuparla. Miro vagamente la entrada, había otro par de zapatos, seguro su mama trajo visitas, si ese fuera el caso lo mejor sería irse directo a su habitación.

En verdad trato de que sus pisadas fueran silenciosas. Al estar lo suficientemente cerca del menor se abalanzo, el castaño dejo escapar un pequeño grito de sorpresa.

—Bienvenido Tsu-Tsu. —Una amplia sonrisa y unos ojos miel llenos de bondad lo recibieron.

Ah, tal vez está soñando. Porque no encuentra otro motivo por el cual su hermano mayor está aquí.


NT:

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