"Las cosas molestas nunca acaban"
Eran muchas emociones, no sabía cuál de todas expresar. Esta feliz. Confundido. Irritado. Sorprendido. Triste. Melancólico. Son muchas emociones que siente que si no expresa alguna de ellas lo terminaran consumiendo por completo.
—¡Que cruel eres, Tsuna! —Le reclamo el mayor, su tono aparenta estar dolido. Eso lo sorprendió, no esperaba que su hermano le reclama tan pronto, antes de que siquiera le pudiera preguntar a que se refería su hermano continuo—. Sé que no conteste las primeras llamadas, pero tampoco era para que me reclamaras y me insultaras… —Una pequeña lagrima fingida se escapó de los ojos miel.
El castaño solo atino a mirarlo confundido, el jamás hizo eso en la noche y no recuerda haber hablado con su hermano en la noche…
—Yo… No sé a qué te refieres… —Arrastro sus palabras, dudaba completamente de si lo que decía era verdad o no. ¿Quizás si le contesto, pero como estaba todavía con sueño no lo recuerda…? No, eso no tenía sentido. No contiene ninguna lógica, ¿verdad? —. ¿A qué te refieres…?
Su hermano lo libero de su abrazo, miel analizaba a chocolate, queriendo ver más allá de lo que estaba diciendo, tratando de encontrar algún indicio de que estaba mintiendo, sin embargo, al no encontrar nada suspiro dramáticamente.
Tsuna se dedicó unos instantes para analizar más a su hermano mayor, ha cambiado bastante, tiene un aura distinta: es mucho más seguro de sí mismo y aun así sus ojos siguen mostrando la misma bondad con la que creció y le brindo cuando más necesitaba.
—En la madrugada, cuando estaba en camino… Te marque varias veces, en ninguna respondiste, porque de seguro estabas durmiendo… —Dejo que su hermanito procesara un momento aquella frase. Después se volvió a sujetar fuertemente de él, dejando que su cara reposara en aquel pequeño hombro. Por supuesto que no lo quería dejar ir a pesar de que ambos ya se habían colocado de pie, sin embargo, ninguno se movió—. Pero cuando al fin creí que me respondiste solo murmuraste: "Ya no quiero ser tu hermano…", me lastimaste mucho, y no solo eso, también me comenzaste a insultar y a maldecirme, casi me deseabas la muerte…
El menor de los Sawada, abrió sus ojos a mas no poder, no cree que su hermano este mintiendo, después de todo él nunca lo hizo, sin embargo, el jamás le diría aquellas crueles palabras o al menos no las ultimas...
—Yo… Nunca te conteste… —Trato de que su tono fuera de completa seguridad. De que no se notara su inseguridad ante la posibilidad de que en realidad si lo haya dicho, pero que no recuerde.
Su intuición le gritaba que su hermano decía la verdad a pesar de que estaba dudando de todo lo que salía de su propia boca. Eso no era buena señal. Si su querido hermanito no fue tiene que haber otra persona que lo suplanto o algo en el momento en que llamo.
—Si tú no fuiste, ¿entonces quien fue? —Afilo su mirada, toda la bondad que antes poseía desapareció en un instante en cambio ahora demostraban molestia y desagrado, su hermano menor se estremeció notablemente.
Mentalmente se golpeó, sin duda sus guardianes lo hubieran regañado por no saber cuándo mantener sus pensamientos para sí mismo. Antes de poder retirar sus palabras su hermano se defendió de la manera que menos esperaba.
—¡Yo jamás te diría eso! —Grito alterado, dio un salto; liberándose también del agarre de Ieyasu, quería demostrar que él no estaba mintiendo y que su inseguridad se debía a otra cosa, pero no sabía a qué "cosa" se refería realmente. Ieyasu se quedó mudo, su hermanito nunca había gritado o bueno no desde su cumpleaños número catorce—. ¡Siempre te voy a querer! ¡Siempre necesitare de tus consejos y apoyo! ¡Nunca quise que te apartaras de mi lado…! —En cuestión de segundos se cubrió su boca con ambas manos, avergonzado por decir algo que nunca pensó en revelar, por algo que ha estado pensando desde que Ieyasu se marchó junto con su padre… —Olvida lo que dije… —Murmuro apenado, sintió un pequeño déjà vu. Su flequillo cubría sus ojos, dio media vuelta con la intención de finalmente marcharse de ahí.
Apenas dio un pequeño paso y le dolió, las heridas que recibió por parte de sus matones aún no han desaparecido solo porque su hermano nuevamente apareció en su vida. Sin embargo, tampoco quería quedarse en ese sitio, volvió a dar otro pequeño paso, no estaba seguro si quería ir a su habitación o ir a informarle a su madre que finalmente llego del colegio.
Dejo que su hermano se perdiera unos minutos en sus pensamientos, ya lo había decidido él no se quedaría atrás, no, ya no lo haría. Quiere volver a formar parte de la vida de su hermanito.
—Tsuna… —Fue raro no escuchar el "Tsu-Tsu" de su parte. Giro levemente la cabeza y una mano se posiciono en su hombro. Se sintió raro.
El castaño giro levemente dejando que la tensión que existía entre ellos creciera, ninguno decía nada. "Probablemente se molestó por mi comentario…" pensaba de manera decaída Tsunayoshi. Sin embargo, unos brazos lo rodearon y lo mantuvieron sujetado como si se fuera algo frágil que está a punto de romperse.
Ah, se sentía apreciado, amado. Imito la acción de su hermano, le devolvió el abrazo.
No se necesitaron decir palabras. Solo estar en silencio. Juntos.
Ieyasu cerró los ojos, dejando que su llama lograra transmitir todo lo que estaba sintiendo. No quería que su hermano se arrepintiera de lo que dijo, no debería de hacerlo, al contrario, tiene que estar orgulloso de que sus sentimientos sean puros y honestos.
—¡Que adorables son mis hijos! —Fue el grito de felicidad de su madre que resonó por todo el pasillo. Nana se sostenía su rostro con ambas manos, un pequeño carmesí adornaba sus mejillas.
Ambos hermanos dejaron de abrazarse y de inmediato miraron a su madre que comenzaba alardear de que sus hijos son como un par de ositos entre otras cosas.
—¡Mama…! —Ambos hermanos respondieron en un grito, el rojo llegaba hasta las puntas de sus orejas. Estaban muy avergonzados.
Al darse cuenta de que los dos coordinaron en el grito no lograron contener una pequeña carcajada de felicidad. Los tres se sentían muy entusiasmados, como si el primogénito jamás los hubiera dejado.
—¡Es la verdad! —Exclamo orgullosa, por el momento ignoraría las heridas de su hijo menor, no quería arruinar el ambiente.
—¡Pero…! —Fue interrumpido, ni siquiera puede contradecir a su adorada madre.
—Bueno, vamos a cenar antes de que se enfrié la comida. —Ordeno la mujer con un tono dulce, dio media vuelta y se adentró a lo que aparenta ser el comedor.
Ambos hermanos suspiraron dramáticamente, su madre sin duda es un misterio cuando se trata de averiguar qué es lo que está pensando.
El castaño se relajó, una pequeña mueca de felicidad adorno su rostro—. En verdad te extrañe, Ieyasu… —Murmuro lo suficientemente alto el menor.
El mencionado volvió a sonreír y en un rápido movimiento paso su mano por la espalda del menor—. Yo también te extrañe…
Tsuna asintió y de inmediato fijo su vista al suelo, estaba muy contento, sin duda valió la pena llamar a su hermano, ahora está más que seguro que si vuelve a llamarlo este sin duda nuevamente los visitara sin ningún problema.
Sus pasos eran pesados y no es porque él quisiera que así fuera, no, simplemente era inevitable que resonaran cuando se encontraba en su hogar.
Nuevamente había fallado de manera miserable, aunque al menos esta vez consiguió un avance, uno pequeño que se podría decir que es insignificante, pero ya es algo después de más de 10 años…
Una mueca de alegría nació en su rostro, lo cual era raro, pues siempre poseía un semblante neutro.
Ah, para el esto solo era el inicio de algo realmente bueno de seguro al final sus esfuerzos van a valer la pena. Se dejó deleitar un momento al pensar en cuál sería la apariencia que adaptaría el pequeño Sawada Tsunayoshi. Sera increíble, o al menos eso quiere creer.
Detuvo sus pasos, tiene que dejar que las cosas sigan fluyendo, obviamente forzaría su mano de ser necesario. Ya lo hizo, el avance que se hizo se realizó con la ayuda del libro, ahora solo resta forzar un poco al menor para que lo invoque y después, oh bueno, el destino del castaño estará sellado por completo.
Cerro los ojos unos minutos, en su mente ya se estaban creando miles de formas de acelerar el destino. La sonrisa jamás lo abandono, al contrario, solo crecía aún más.
Una espesa neblina de color negro se comenzó a formar desde la planta baja. De poco en poco comenzó a subir, logrando instalarse por completo en toda la habitación, pero solo duro unos instantes. A los segundos ya había desaparecido por completo dejando atrás un olor horrible, similar al azufre, esa era la única prueba que existía de que estuvo presente.
Observaron pacientemente a que el demonio acabara con lo que sea que estuviera planeando, ellos no se meterían a menos de que sea necesario. Sin embargo, siempre existirá una persona que no comprende ese simple concepto y que disfruta molestar a los demás con su ignorancia.
—Sabes, aun no comprendo porque lo quieres tanto. Si fue divertido verlo caer muchas veces, pero aun así no le encuentro sentido, está más que claro que su destino es la luz no la oscuridad… —Comento tranquilo, para el nada de esto tenía sentido. Ni siquiera se dio cuenta de que el otro demonio abrió los ojos y lo estaba observando, inevitablemente se retorció levemente en su asiento, aquella feroz mirada ónix da mucho más miedo de lo que recordaba.
—En eso estoy de acuerdo con el idiota. —Hablo de inmediato otra persona, dejando que su codo reposara en uno de los brazos de la silla, mientras al mismo tiempo recarga su cabeza en su mano—. ¿Por qué estás intentando forzar el destino?
—¿'Forzar'? —Dejo las palabras un momento en el aire, el aura que lo rodeaba cambio de inmediato a una llena de odio y rencor—. Yo no estoy forzando nada, simplemente estoy haciendo lo necesario para cumplir con el objetivo del cual se supone que todos estábamos de acuerdo. —De inmediato se defendió, regalando a todos los presentes una mirada de completo recelo, quienes de inmediato trataron de contener el "miedo" que se comenzó apoderar de todos ellos.
Volvió a caminar, esta vez a una de las grandes puertas que permitía la salida al mundo material: al humano.
En todo el trayecto nadie lo intento contradecir. Nuevamente demostró quien manda.
Se detuvo al estar frente a una de ellas, no se molestó en voltear, solo daría el mensaje y se marcharía de ahí—. Ah, —todos de inmediato lo miraron—, por cierto, más les vale no meterse en mis asuntos.
—Pero. ¿Qué pasara si no lo consigues? —Cuestiono la única mujer del grupo, su voz era suave y serena. Ella era la única que se atreve a interrumpir al mayor cuando piensa o cree que es necesario.
Medito un poco aquella pregunta, miro unos instantes a la mujer antes de volver a fijar su vista a la puerta que está abierta—. No te preocupes, lo conseguiré y cuando lo haga, solo responderá a mi llamado. —Finalizo adentrándose por completo aquella puerta.
El sonido de algo siendo azotado informo a todos los presentes que el mayor nuevamente había abandonado ese plano.
Dejo que su cuerpo se hundiera entre sus cobijas, se sentía algo cansado, no por las heridas, más bien, se siente mentalmente cansado. Hoy sin duda fue un día de muchas emociones.
Suspiro un minuto antes de volver a colocarse de pie, dio unos pequeños pasos hasta quedar frente a su escritorio, específicamente frente al libro que consiguió en aquella iglesia. Lo sujeto y volvió a su cama con la intención de acostarse.
Lo volvió a hojear, nuevamente las frases no tenían sentido.
Es igual que los garabatos del pizarrón de clases.
Las voces de su madre y de su hermano resonaron en el pasillo, de seguro estaban terminando su plática. A los pocos segundos se detuvieron y un nuevo sonido se hizo presente.
Uno de ellos estaba tocando su puerto.
—Adelante… —Murmuro lo suficientemente alto para que la persona que estuviera al otro lado lo escuchara.
La puerta se abrió de poco en poco, revelando a su hermano mayor, que actualmente poseía un pijama anaranjado con unas manchas amarillas.
En tan solo un parpadeo nuevamente tenía a su hermano sobre él.
—¡Tsuna! ¡Déjame dormir contigo! —Grito entusiasmado mientras sujetaba de manera un tanto brusca a su hermanito.
El castaño grito un poquito por el repentino ajetreo por parte de su hermano.
—Suéltame… Para… —No logro completar sus frases.
Después de unos minutos finalmente su hermano se detuvo.
Tsuna negó rotundamente, si le gusta estar con él, disfruta escuchar todo lo que dice; sus anécdotas e historias por las cuales ha pasado. Sin embargo, aunque de pequeño se alegraba de poder dormir con él, ahora es distinto, se sentiría muy extraño dormir con su hermano mayor… Mas porque a Ieyasu le fascina abrazarlo y dormir estilo 'cucharita'.
Volvió a negar nervioso.
El rubio le regalo una mirada de confusión.
Coloco el libro sobre su cama, esto no pasó desapercibido por el primogénito. Pues era completamente anormal que su hermano leyera un libro por su propia voluntad…
—Pero, ¿por qué no? —Cuestiono confundido, el no veía nada de malo dormir nuevamente con su hermano, después de todo, extraña pasar tiempo con él. ¿Acaso su hermano no quería estar con él?
—Es que… —Arrastro un poco sus palabras.
El mayor estiro su mano y sostuvo un minuto el libro, era extraño.
—Oh, lo siento. Lo agarre sin tu permiso. —Le regalo una sonrisa avergonzada, había actuado sin pensar, otra vez.
—No pasa nada, solo tenías curiosidad, como siempre… —Se rasco la mejilla, su mirada vago a todos lados.
Ieyasu decidió ignorar el último comentario, no quería iniciar otra pelea con su hermano después de que finalmente hicieron las pases.
Sonrió levemente y lo comenzó a hojear, la primera hoja era blanca, las siguientes estaban en otro idioma—. ¿Cómo lo entiendes? Está en otro idioma… —Ah, tiene que dejar ese mal hábito de una vez.
El castaño lo vio un minuto antes, de echarle una mirada rápida al libro, de alguna extraña manera lo entiende—. Quien sabe, solo sé que dice… ¿Quizás sea mi intuición…?
—Puede ser… —Ambos se encogieron de hombros, evitando entrar en detalles.
—Yasu, ¿Cuánto tiempo te quedaras…? —Miro sus pies, como si fueran la cosa más interesante del mundo, sus manos estaban hechas puño, ya sabía cuál era la respuesta, pero tiene una mínima esperanza de que esté equivocado, de no tener la razón, como siempre.
—Tsu-tsu… —Hace mucho tiempo no escuchaba a su hermano llamarlo así, no logro contener un pequeño grito de emoción e inmediatamente lo tacleo en la cama. Esta vez el castaño no se molestó en alejarlo. Suspiro pesadamente—. En realidad hice todo este viaje para saber cuál era su estado, pensé que alguna desgracia había ocurrido al tener tantas llamadas perdidas. Me marchare al amanecer…
—Lo entiendo. —No lo hace, nunca lo entenderá, le duele mucho el pecho. Forzó una sonrisa y alegremente comento: —. Espero que tengas un buen viaje de regreso…
Lo envolvió en un abrazo, nuevamente intentaría calmar a su hermano con la ayuda de sus llamas, fue en vano.
—Gracias, pero creo que me quedare un poco más, para poder desayunar con ustedes y si quieres, te acompaño hasta la escuela. ¡Como en los viejos tiempos! —Sugirió extasiado, anhela repetir el pasado, específicamente cuando ambos eran niños y se sujetaban de la mano todo el camino hasta llegar a la escuela.
Tsuna volvió a negar, esta vez más relajado, se comenzó a reír, su hermano no ha cambiado y probablemente nunca lo hará—. Bien, puedes quedarte, sin embargo, más te vale que no te muevas mucho o te echare de inmediato. Deja el libro en la mesa. — Concluyo dándose media vuelta, mirando la pared. Juraría que de seguro su rostro está compitiendo con un tomate.
Ieyasu sonrió cálidamente, sin perder mucho tiempo dejo el libro en el escritorio, apago la luz y se acostó a un lado de su hermanito. No paso ni un segundo cuando lo abrazo. Ambos cayeron en cuestión de minutos.
El movimiento de las manecillas del reloj que se encontraban en la sala de estar era la única música de fondo que lo acompañaba esa noche. Dio un par de pasos y ya se encontraba dentro de una recamara. La habitación del menor de los Sawada.
Un pequeño sentimiento de incomodidad se instaló en el pecho. Abrió los ojos lentamente. Observo la pared. Una sombra se veía reflejada por la luz de la luna.
De inmediato dio un salto de la cama, quedo en el suelo, su puño se encontraba con el piso.
Miro a todos lados, en busca de alguna pista de aquella silueta. Pero nada. Nadie estaba en aquella recamara.
Frunció el ceño. Esa no era una buena señal.
Pequeños movimientos se hicieron presentes en la cama.
Ah. Despertó a su querido hermano.
—Ie… ¿Qu… Que estas… Haciendo…? —Su voz era apagada, sin procesar lo que estaba ocurriendo. Sus manos se frotaban levemente los ojos, tratando de despertar.
Oh, era tan adorable cuando estaba soñoliento.
—Nada, perdón te desperté. Voy rápido al baño, te puedes dormir en un momento regreso… —Pidió amablemente, Tsuna asintió y en seguida volvió a caer en los brazos de Morfeo.
Una pequeña sonrisa se implanto en su cara. Con mucho cuidado salió de la habitación, lentamente cerró la puerta, dejo que su memoria muscular lo guiara al primer piso, a la sala de estar.
Lentamente abrió la puerta y después la cerro, a tientas busco el interruptor, una vez que lo encontró lo movió al lado contrario, la luz de inmediato inundo la sala.
Una vez en ella su una nueva expresión nació en su cara, era una mirada firme acompañado con una mueca de desagrado.
Su celular estaba vibrando, era una llamada de uno de sus guardianes.
Lo tomo entre sus manos, vio el número y contesto: —. Necesito que actives el protocolo "C". —Colgó, no entro en detalles.
Se recostó en el sillón, su mirada viajo a la última foto familiar que se tomó antes de que se marchara. Aunque ya había visto esa foto muchas veces en el pasado, hoy finalmente lo noto.
Todos estaban sonriendo, nada fuera de lo común. Sin embargo, una sombra se colaba en ella, es la misma sombra que vio hoy cuando despertó.
Tenía un mal presentimiento.
—Tsuna… —Murmuro antes de cerrar los ojos, la llamada que hizo con su hermano la noche anterior al fin comenzó a tener sentido.
Se estiro un poco al colocarse de pie. Apago la luz y salió de la sala.
Tiene que regresar con su hermano.
