VI. Claudine Crane
Llevaba mucho tiempo rogando que le dejaran ser el hada madrina de alguna mortal. Y cuando al fin le dieron el visto bueno, no se imaginaba que sería nada menos que su propia prima.
Está bastante emocionada. Se imagina la de cosas con las que podrá hacer con ella, pero debe controlarse, puesto que las hadas madrinas deben inspirar serenidad.
Debe pensar en alguna manera de presentarse a ella sin precipitarse, ni mucho menos espantarla.
Y es cuando ve a esa chica tímida de tez aceitunada, tan desesperada por empezar de cero. Y ella la ayudará. Ambas lo harán mutuamente.
