Intento Nª8: Niñera de Kwamis
Adrien no podía creer lo que estaba viviendo. Marinette no le abría la puerta a Chat Noir y le ignoraba las llamadas y los mensajes a Adrien.
Creía que iba a caer en cualquier momento en depresión otra vez, sino fuera porque Plagg tuvo la increíble idea de hacer que los kwamis fueran a pasar el fin de semana a su habitación para darle a la guardiana descanso y un fin de semana de spa.
No sabía si iba a aceptar o no, hasta que apareció como Ladybug en su habitación, cargando su caja de costuras donde escondía la caja de Miraculous.
—Confió en ti —le dijo, entregándole la caja. Sabía que la idea de perderlos otra vez, la preocupaba, pero él solo le sonrió.
—Confía en mí, después de todo, mi padre ya no está en la mansión —le recordó moviendo los hombros como si aquello no fuera tan importante. Y lo mejor del asunto, es que desde ese momento Nathalie había dejado de ingresar también a su habitación como si fuera cualquier otra parte de la casa—. Yo los cuidaré, tu aprovecha ese acceso vip que te di y pasa un gran día con tu madre.
—Gracias —respondió, retirándose a la brevedad.
Y ni bien se retiró, Plagg activó el código y los Kwamis salieron a inspeccionar todo el lugar, aunque algunos estaban reticentes a estar en la mansión después de los hechos con su padre, pues para algunos de ellos, era una situación que no querían volver a recordar, sobre todo el pequeño Nooroo.
Adrien paso una tarde muy agradable en compañía de los kwamis, pues, una vez que llenó la mesa de cosas deliciosa todos parecieron olvidar sus problemas y se divirtieron a lo grande. Escuchó las alocadas historias de estos, historias que hicieron que Plagg se molestara en un par de ocasiones, pero las risas no faltaban.
Hace tiempo que no se sentía tan vivo, hasta que…
—Señor Noir —Kaalki se sentó en su hombro—. ¿Qué intenciones tiene con nuestra guardiana? Se imaginará que después de nuestro secuestro y de conocer su sufrimiento, no podemos permitir que algo la perturbe. Ella es muy importante para todos nosotros.
Adrien observó a Kaalki y a los demás kwamis que esperaban una respuesta de su parte. Se detuvo un momento en Plagg, antes de hablar.
—Saben tan bien como yo, que tampoco permitiría que ella vuelva a pasar por un suceso así —aspiró profundamente—. Marinette es la chica que amo, lo que más deseo en la vida es que ella sea feliz y estoy seguro, que yo puedo contribuir en eso. Así que, si quieren saber que intenciones tengo, pues tengo una respuesta sencilla para ustedes: Protegerla y amarla como hago desde el primer día.
Aquella respuesta generó un silencio profundo en toda la habitación, hasta que Orikko exclamó encantado por la idea y todo los demás lo siguieron con algarabía, antes de retomar la comida.
Creyó escuchar algo, de que menos mal que no estaba Tikki, pero no sabía si era por lo glotona que podía ser aquella Kwami con las cosas dulces, o porque podría arruinarles la diversión.
Como sea, Adrien compartió y disfrutó tanto ese fin de semana con los kwamis, que cuando les pidió que regresara a la caja para ir a devolverlos a la casa de Marinette, estos lo tomaron completamente desprevenido al abrazarlo.
—¿Y eso?
—Es un abrazo grupal —le explicó Sass—. A la guardiana le gustan mucho.
—Y es nuestro agradecimiento por el fin de semana —completó Wayzz sonriéndole.
No iba a mentir, pero se transformó rápidamente en Chat Noir para no escuchar las burlas de Plagg, porque realmente quería llorar.
…
Cuando llegó al balcón, Marinette estaba esperándolo, lucía relajada, su rostro iluminado y su cabello caía sobre su hombro de forma brillante, la hacían ver tan radiante, que eso le alegró bastante.
—Sanos y salvo, M'lady.
—Gracias, Chaton —respondió, tomando la canasta de hilos.
—No hay de qué —dijo, con la mano en el pecho, dándole una pequeña reverencia—. Nos vemos mañana en clase.
—Hasta mañana —se despidió ella también, antes de volver a su habitación con la caja de miraculous.
Chat Noir esperó hasta que cerró la trampilla para salir del balcón.
Él había pasado un grandioso fin de semana y Marinette había tomado un merecido descanso.
Sin duda, habían ganado ambos.
