Intento Nª9: Hablar con los Suegros
Adrien siempre se había llevado bien con los señores Dupain-Cheng, y aunque sabía que ambos padres de Marinette eran conscientes de los sentimientos de su hija por él, sabía, también, que ahora no solo era su interés amoroso, sino también el hijo de quien había hecho sufrir a su hija.
Adrien sabía que ir a enfrentarse a ellos era el último paso en toda esa cruzada y era la que más le aterraba. ¿Cómo lo verían? ¿En qué concepto lo tendrían después de todo lo que había pasado?
¿Lo querrían para su hija? ¿Se opondrían a entregar a su única descendencia a alguien como él?
Decidió dejar de darle vuelta al asunto y levantarse de la cama para empezar la semana.
Bajó a tomar desayuno en la cocina, mientras hablaba con el chef, y en cuanto estuvo listo le pidió a su guardaespaldas que lo llevara a lo de Marinette.
Ya no quería pensar más, ni armarse escenarios dañinos en su mente, lo mejor era despegar las dudas y ver que resultaba.
Y aunque así lo pensó, no iba a negar que sintió que ambas manos le transpiraban cuando descendió del auto y se encontró en la puerta de la panadería.
Aspiró profundamente e ingresó, dejó salir al cliente que estaba en el interior y se presentó.
Tanto Tom como Sabine observaron al chico con una mirada que Adrien no podía entender ni descifrar. ¿Pena? ¿Vergüenza? ¿lastima?
—Hola Adrien —Sabine fue la primera en saludar, para que éste saliera de sus pensamientos autosaboteadores—, ¿Qué te trae aquí tan temprano? ¿Vienes por algo de comer?
—En realidad, vine a hablar con ustedes —afirmó. Tom se miró con Sabine, y ésta salió de detrás del mostrador hacia la puerta, donde colocó el cartel en cerrado, luego se volteó hacia ambos y retomó la palabra, ante la mirada atenta de Adrien.
—Tú dirás.
—No quiero darme muchos rodeos, yo, quiero a su hija —dijo, observando que aquella confesión no generaba ninguna reacción en ninguno de ellos—. Marinette siempre ha sido muy importante para mí, con o sin la máscara de los Miraculous, ustedes lo saben bien. Ustedes saben que siempre fui sincero con respecto a mis sentimientos por Ladybug, ustedes mismos me dijeron que no tenía porqué ocultar ni disculparme por lo que sentía. Y sí, en un inicio pensé que eran dos chicas diferentes, pensé que Marinette solo era una apreciada amiga para mí —bajó la mirada, mirándose las manos, antes de empuñarlas—. Pero, mientras más la trataba, más parecía envolverme en ella. Todo me parecía maravilloso, tiene una energía tan bonita que también quedé prendido de ella —ladeó la sonrisa—. Nunca pensé que podía enamorarme de dos personas al mismo tiempo, me sentía culpable por sentir lo que sentía, pero al final, solo terminé amando por completo a su hija —miró a ambos con los ojos, llenos de lágrimas—. Amo la fortaleza y determinación que demostraba como Ladybug y la inocencia y la torpeza que demostraba como Marinette. Yo, solo quiero que me permitan estar con ella. Cuidarla como lo he hecho todo este tiempo, y así espero seguir, si ambos me lo permiten.
—Adrien… —Tom tomó la palabra—… hay cosas que aun no comprendemos del todo —confesó—. Saber que mi pequeña era Ladybug fue un golpe muy fuerte para ambos —pudo sentir la mirada de Sabine sobre él, así que tras fingir toser continuó—. Para mí fue algo tremendo. Marinette es mi niña, siempre va a ser como mi bebé y así será, aunque ella sea adulta, esté casada y me llene la casa de nietos. Y entiendo, y valoramos mucho el aprecio que sientes por ella, pero aun es algo en lo que estamos trabajando como familia. Ambos, ustedes dos, están en un proceso de sanación y no me gustaría que se vieran afectado por esto, ¿me entiendes?
—Si, claro —afirmó, aspirando profundo—. Yo no quiero entorpecer el tratamiento de Marinette ni que se vea afectado el mío tampoco, pero mi terapeuta me aconsejo que dijera lo que pensaba, lo que sentía, que no me quedara callado y sentía que era lo más honesto, venir a hablar con ustedes.
—Y te lo agradecemos —dijo Sabine, apoyando su mano en la espalda del chico—. Eso nos demuestra que en realidad quieres a nuestra hija y para bien. Mira, creo que lo único que puedo agregar a lo que dijo Tom es que si quieren estar juntos, es un trabajo que solo podrán hacerlo ustedes. Es un trabajo donde si se equivocan no habrá mariquitas milagrosas que reparen todo.
—Lo sé —afirmó Adrien—. Soy muy consciente de eso, también de que tengan sus dudas porque soy… hijo de ese hombre, pero mis sentimientos son reales y estoy dispuesto a seguir luchando porque ella sea feliz a mi lado.
—Bueno, si crees estar listo para eso —Tom volvió a tomar la palabra y cuando Sabine y Adrien lo miraron, observaron que éste miraba a Marinette que estaba parada en la puerta trasera de la tienda, con los ojos tan llorosos como los de Adrien—. Ella es la única que puede darte una respuesta concreta. ¿Marinette? —Ésta miró a su padre y lo abrazó con fuerza— ¿Qué quieres hacer, hija?
—Quiero creer, papá —le dijo. Y tras eso, se separó de él, Adrien instintivamente le extendió la mano y Marinette caminó hacia él para tomarla, y éste la tomó con firmeza.
—Cualquier cosa —dijo Sabine, caminando hacia Tom—, saben que cuentan con nosotros, los dos.
—Gracias —dijeron al unisonó, antes de abrazarse.
Bueno, el plan conquista había terminado con éxito, ahora Adrien podía alardear frente a Plagg.
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Y este fic ha terminado.
Solo queda el especial desde el punto de vista de Marinette. Pero eso será otro día.
Mil gracias por acompañarme en esta locura 😊
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Aquatic~
