Intento Marinette: Dejarse conquistar


Los días habían sido bastante agitados después de que recuperó los kwamis que estaban en poder de Gabriel Agreste, después de que descubrió que Adrien tenía un origen mágico y no solo eso, sino que, además, éste era nada más ni nada menos que Chat Noir.

Es que era hilarante, si se lo preguntaban a ella, nunca se hubiera imaginado que Adrien era Chat Noir, eran tan distintos, tan polos opuestos. Pero, dándole otra mirada, podía entender tantas cosas de su compañero, actitudes, posturas.

Descubrir que Adrien era Chat Noir, creo que le generó incluso más shock que saber que Gabriel Agreste era Hawk Moth, lo había sospechado en su tiempo y quizás esa semilla de duda siempre había estado dentro de ella. Quien sabía.

Lo que si sabía es que sus padres estaban muy sobre protectores de ella después de descubrir que era Ladybug, por no decir que su padre casi se infarta. Pero así era, su pequeña era la valiente superheroina, y tenía que aprender a sacarla de su interior para poder volver a la vida normal…

O al menos espero esperaba, hasta que Tikki que llevaba tiempo mordiéndose los labios, soltó una frase que la sorprendió y confundió en partes iguales.

—¿Qué, Adrien, qué?

—Estaba haciendo planes para conquistarte —dijo Tikki, lamentándose no poder guardar silencio. Abrió uno de sus grandes ojos que mantenía cerrados y encontró a su portadora con ambas manos en su rostro— ¿Marinette?

—¿Adrien va a intentar conquistarme? —Tikki tuvo que observar bien a la chica, porque no podía creer que estuviera en una nube de ensueño.

—¿Marinette?

—Es que me preguntó que hará… —luego salió de su ensoñación y se puso seria—. Espera, ¿por qué quiere conquistarme?

—Quizás quiere demostrarte que te ama por lo que eres y no por ser Ladybug —aquella frase de Wayzz hizo que volteara hacia el Kwami.

—Quizás tengas razón… ¡Bien! —se dijo, empuñando ambas manos—. ¡Vamos a dejarnos conquistar!

Y aunque los kwamis la observaban con confusión, su risa hizo que todos estuvieran tranquilos. Confiaban en Marinette.

Y ella confiaba en que Adrien le daría un buen show.

Y claramente no se equivocó, empezó encontrándose con él después de todos los acontecimientos vividos y solo se le ocurre decirle ¿Alola?

Bueno, no iba a echarle a perder el intento, así que decidió seguirle la corriente, demostrarle que ella también conocía ese saludo. Luego, cuando se dio cuenta que ahora se sentaría con él, el corazón casi se le sale por la boca, pero también descubrió que era buena opción, poder consolarlo mientras Rose y los demás hablaban de su valía, la hizo sentir feliz de poder estar junto a él.

Lo siguiente que notó en Adrien es que el chico parecía ponerse muy nervioso con ella, al grado de preguntarle cosas como el clima. Cosas bien random, si podía decirlo de alguna forma. Cosas que hicieron que ella solo pudiera reírse.

Lo mismo aplicó mientras estaban en la clase de la profesora Mendeléiev, quizás sea la rutina de trabajar en equipo durante tanto tiempo que les fue también, que Adrien terminó haciéndolos trabajar el doble porque tuvieron que limpiar el salón.

Desde que conocía a Adrien nunca había tenido tanta, pero tantas ganas de golpearlo como en ese momento, que ni siquiera se percató cuando el paño con el que limpiaba se estrelló contra la cara del rubio.

Marinette ese día descubrió que Adrien también podía ser muy tierno mientras era atolondrado y nervioso, y le encantó tanto, que, aunque tuvo que fingir que nada pasaba a la hora de salida, ni bien le dio la espalda, se sentía desfallecer.

Y quizás si murió, porque su casa al otro día estaba invadida por flores.

Su padre observaba los canastillos llenos de bouquet de flores de diferentes colores y tonos, con tal gesto de enfado que sabía que estaba en problemas.

—La panadería está pasada a flores, hija, no sé que pasaba por la cabeza de ese muchacho, pero vas a tener que deshacerte de ellas.

—Pero, las plantas —dijo, parándose frente a ellas—. Son demasiado bonitas, podría ponerlas en mi balcón.

—Tu madre y yo regalaremos flores hoy con la compra, tú trata de deshacerte de este canasto.

—Está bien —en cuanto su padre se retiró, Marinette tomó las plantas y los arreglos florales y los dejó en su habitación. Luego observó los pequeños ramitos y los agregó al canastillo. Supongo que debo agradecerle primero.

Tomó su teléfono celular y llamó a Adrien para saber que pasaba por su mente en ese momento para comprar tantas.

Le sorprendió saber que todo había sido pura torpeza del chico, un descuido…

Aspiró profundamente y tras cortar la llamada, se fue a cambiar. Luego, llamó a su padre para que lo ayudara a bajar el canastillo y repartir algunas flores en el colegio, tomando algunas para colocarse sobre sus trenzas.

El Adrien que vio ahora fue tan adorable, él estaba preocupado porque la vio regalando las flores, y sí, era bastante descortés, pero su padre mandaba en la casa y a ella no le quedaba más opción que acatar.

Durante el transcurso de la tarde, notó a Adrien bastante perdido en sus pensamientos y esperaba que ella no fuera la causante, así que cuando salieron de clases, subió rápidamente hacia su habitación para colocar las plantas en su balcón, adornarlas y que él viera, incluso a la distancia, que para ella, su obsequio era muy importante.

No se esperó encontrar a Chat Noir en su balcón con una caja llena de chocolates caseros que él mismo le había hecho. ¿Podría enmarcar esos chocolates? ¡Los había hecho él, con sus bonitas manitas! Quería morir, su corazón no parecía resistir aquellos detalles.

Y aun mejor, es que los chocolates estaban deliciosos, solo pudo darle un premio, un beso en cada una de sus mejillas, por haber puesto todo su esfuerzo en esto y solo para ella.

Estaba encantada…

Aunque no con la idea de un Adrien de chocolate tamaño real.

Adrien luego le pasó una carta que leyó en la comodidad de su cama, con los ojos llenos de lágrimas porque los recuerdos de la batalla final contra Gabriel Agreste volvieron a ella con fuerza.

«Marinette: Mi querida Lady, yo no sé cómo empezar realmente esta carta. Hay tanto que quiero decirte… Aquella batalla en mi casa, descubrir que mi padre era el villano que siempre nos atormentó, fue un duro golpe para mí. Un sentimiento de impotencia me invadió en aquel momento, nunca había visto tan negro en mi vida. Realmente, deseaba desaparecer…

Y, creo, que gran parte de que yo aun esté de pie fue porque tú estuviste a mi lado, ambas. Todo lo que vivimos para llegar a este momento, todo lo que pasamos, ¿Crees que valdrá la pena? ¿Crees que alguien como yo merece la dicha y la alegría de tener tu amor?

Solo sé que te quiero, que nada más me gustaría que estes a mi lado toda la vida.

Pero, ¿qué tal tú? ¿Podrás mirarme a la cara sin recordar lo quien soy o lo que soy? ¿Podrás creer que algo entre nosotros es posible?

Marinette… ¿Qué puedo hacer?»

No tuvo más resolución que ir a abrazarlo, tomarlo entre sus brazos y decirle que sí, que aquello era posible, que lo solucionarían juntos y serían felices…

Pero, como siempre había un pero…

Marinette acababa de enterarse de algo que la dejó paralizada, se sentía una tonta de primera y solo quería hacer puré de Plagg en ese momento. ¿Cómo jugaron con ella así? ¡Cielos! ¿Qué habría pensado Adrien de eso? ¡Ella estaba demasiado prendida de Cat Walker! De hecho, le gustaba en demasía… y ¿era Chat Noir? ¿De verdad? Por un lado, agradecía que no fuera así porque sino nunca hubiera podido controlarse a si misma, pero por el otro lado se sentía estúpida y traicionada.

Así que, para esconder su propia vergüenza, le hizo un poco la ley del hielo a su compañero, que buscó todas las formas para que ella lo perdonara, como invitarla a un spa.

Ella vio el ticket en su mano debatiéndose que hacer. No fue hasta que su madre mencionó que estaría encantada de acompañarla que decidió dar su brazo a torcer y aceptar aquella salida para relajarse.

Y claro que le hizo bien.

Aprovechó el tiempo para hablar con su madre sobre Adrien, sobre los pasos que quería dar a futuro y lo importante que era para ella, que él estuviera bien.

—Tienen mucho que trabajar ambos, si quieren estar juntos —le había dicho Sabine, mientras disfrutaban de la comodidad de la habitación donde se hospedaban.

—Adrien es lo que más quiero en mi vida, mamá —respondió—. Y sé que el sentimiento es mutuo.

Y no mentía en absoluto.

Cuando bajó esa mañana por algo dulce en la panadería, se sorprendió a escuchar que Adrien estaba ahí. Se quedó tras la puerta escuchando todo lo que ellos tres hablaban y no pudo evitar que sus ojos se llenaran de lágrimas.

Adrien era una de las mejores cosas de su vida.

Abrió la puerta, abrazó a su padre y luego, tomó finalmente la mano de Adrien.

No quería planes, quería la realidad, la realidad donde ambos estaban juntos y felices.

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Y estamos ahora sí, completos 😉

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Gracias por leer~

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Aquatic~

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31 de Enero de 2022 – 7 de Abril 2022