¡Hola, sempais!

¡Ay! La verdad, esto estaba planeado para empezarse y terminarse ayer, pero fue un día de los mil rayos. Decidí hacerlo ahora en un intento por mantener la cordura que me queda de esta semana; además, seguro al final de este día, me sentiré demasiado mal para seguirlo.

Disclaimer: Naruto no me pertenece en lo absoluto. Esto tiene un fin para entretenerme a mí y ustedes.

Advertencias: Shonen-ai, súper (en serio demasiado) OoC, AU, probables errores de redacción.


Enfermo

El amor es un misterio. Todo en él son fenómenos a cual más inexplicable; todo en él es ilógico, todo en él es vaguedad y absurdo.

—Gustavo Adolfo Bécquer.

La única explicación lógica a todos esos síntomas era probablemente una enfermedad terminal. Necesitaba creerlo, pues la opción era más aterradora que beber el veneno de una serpiente. Sus latidos, malditos traicioneros, siempre desmentían su esperanza cuando Gaara atravesaba el inmenso salón con sus ojos turquesas, preciosos igual que gemas.

Sasuke se esforzaba por retirar la mirada de aquella figura menuda y ahogar los sentimientos mientras éstos pugnaban por liberarse. Querían gritarle al universo una obviedad del último siglo que el Uchiha se resistía a aceptar.

Él no se hallaba enfermo, aun si rara vez dormía, tenía poco apetito, le dolía el pecho, se revolvía su panza y su mente divagaba sobre mundos alternos. Qué lástima, repetía el de orbes carbón. Hubiera preferido la muerte a la incertidumbre de ver al pelirrojo fruncir el ceño antes de sonreírle.

—¿Todos los pelirrojos son así? —preguntó un día, un tanto malhumorado, a su hermano mayor. Éste dejó de leer y dibujó una expresión jovial—. ¿Qué es tan divertido, nii-san?

—¿Gaara te molesta?

Lo pensó unos segundos y, finalmente, sacudió la cabeza.

—Casi no me habla —declaró y, de repente, notó un agudo dolor en la boca del estómago . Apartó su lúgubre mirada, haciendo que Itachi se enderezara de un salto, preocupado—. Es sólo, no sé cómo hacen ustedes. Lidiar con Sasori seguramente es… difícil.

El mayor se peinó los cabellos y sonrió, volviéndose a mirar una de las fotografías que descansaban en la sala de estar: Shisui abrazando por el hombro a un ruborizado Itachi y un taheño cuyas comisuras de los labios se levantaban ligeramente y contradecían las —adorables— arruguitas entre sus cejas.

—Si está destinado a ser, lo será —dijo el pelilargo, encogiéndose de hombros—. La verdadera pregunta es si crees que vale la pena intentarlo. Si te rindes antes de siquiera empezar, bueno, lamentablemente no seré de mucha ayuda.

—Para ti es fácil decirlo —rezongó—. Nuestros padres te adoran y tus novios son espectaculares: Shisui es un excelente detective y Sasori un gran forense. Además, te aman. De veras.

Ugh, odiaba sonar como Naruto (aunque, tal vez si lo hiciera, Gaara le prestaría más atención).

—Gaara me parece un joven admirable —señaló Itachi, levantando una ceja y usando un tono acusador (uno que, siendo honestos, usaba poquísimas veces con él).

Sasuke se levantó de un brinco, igual que si la nota desaprobatoria del otro fuera un alfiler en su asiento. Caminó de un lado a otro, gruñendo cual lobo enjaulado.

—¡Lo sé! —Exclamó luego—. Oh, él siempre ha sido amable, inteligente, hasta divertido de una forma muy peculiar. Tiene unos ojos que… y una sonrisa que… —hizo una pausa antes de concluir, desalentado—: No es para mí. Soy una persona horrible.

El Uchiha se tiró en el sillón, observando un punto en la nada.

—¿Te ha dicho semejante cosa? —Inquirió el mayor. Su ira parecía haberse volcado, momentáneamente, en el joven más hermoso del universo concebible. Sasuke enrojeció.

—¿Eh? No, no. Pero lo sé. Gaara se merece a alguien como Naruto —dibujó un mohín—. Jamás le digas que estoy admitiendo que es mejor que yo.

—Mis labios han quedado sellados —replicó Itachi, visiblemente más alegre—. No estoy de acuerdo, de todas formas. Ha venido aquí, ¿sabes? Lo he observado mirarte.

—Tsk.

—Y Sasori nos comentó una vez que Kankuro le dijo que tú le gustas a Gaara —añadió, encogiéndose de hombros.

El menor levantó se irguió de golpe, con los ojos muy abiertos.

—¡¿Cómo?!

—No fue su intención —musitó Itachi, excusándolo—. A veces se le suelta la lengua (Sasori es sorprendentemente honesto cuando bebe). Y sabe que te gusta.

» Creo que Kankuro quería preguntarle sobre ti.

—¡¿Por qué no me dijiste nada?!

—Lo hicimos. Más o menos. Shisui te dio dos boletos para el jardín botánico, ¿recuerdas? Obviamente, nunca pensó que se los regalarías a Neji y Tenten. Y luego Sasori te trajo un bonito cactus y te sugirió dárselo a Gaara, ¿verdad? Pero te lo quedaste.

—¡No quería que pensara que lo acosaba! Eso es algo que haría tu novio.

El Uchiha ignoró la acusación y continuó,

—Y sólo recién, este pasado San Valentín, te pregunté si querías preparar algo para alguien especial. Pero insististe no tener a nadie. Me imaginé que nos habíamos equivocado.

Sasuke no esperó más. Lanzando su aplomo a la ventana, salió de la casa. Tomó la bicicleta que descansaba en el jardín y pedaleó como si la vida se le fuera en ello.

Gaara abrió y cerró la boca, sin llegar a articular ninguna palabra. Sasuke estaba frente a su casa, respirando agitadamente y levantando un ramo de rosas —ligeramente maltratadas—.

—Te habría traído un cactus —resopló el Uchiha, más despeinado que nunca—. Parecía mala idea hacerlo si iba en mi bici. Claro que, uh, esto no salió mejor. ¡Lo compensaré! Dame una oportunidad y seré el único hombre en el que puedas pensar.

El taheño adquirió un color tan rojo como su cabello bermellón, se giró de espaldas al moreno y gritó:

—¡Kankuro, te voy a matar!

FIN


¡Y eso es todo! Lamento si ha sido un chasco. Hice lo mejor posible con mi estado de ánimo y escribiendo entre llamadas.

Ojalá les haya gustado y me honren con un review o favorito.