Capítulo 5: Enganchado de una Amazona.
Orihime sale del baño, ya limpia y vestida con un sencillo vestido, ideal para caminar por la ciudad y curiosear. Lo que sea antes que lleguen los amigos de su madre, que no quiere oler la tensión entre su padre y el ex. Parece que Rena pensó lo mismo porque se había ido con su doncella Millie, alegando que comería en la ciudad. Incluso Sora se fue, aunque en su caso de seguro es por no aguantar las ganas de ver a Harribel.
En pleno desayuno tocan a la puerta y Gerald fue a abrir en lo que Kyoko le sirve a Orihime el té. Escuchan al mayordomo fornido darle la bienvenida a una dama que conocen bien y Orihime sonríe al verla.
—¡Rukia! — Lady Rukia Kuchiki, heredera del ducado Kuchiki al ser hija única del duque Byakuya y la fallecida duquesa Hisana. Una dama que personifica elegancia y belleza ideal con su larga cabellera negra y ojos color lavanda. — Me alegra mucho verte, no nos pudimos juntar mucho en Gardenium Village.
—A mí también me alegra verte. — Que raro, todos notaron que se oía tensa cuando normalmente anda alegre… o molesta por culpa de alguna tontería que ha hecho su prometido o amigos que menciona mucho. — Lamento molestarte en la hora del desayuno pero tengo que hablar contigo de algo importante. Antes que… antes que sea tarde.
—¿Eh? — Se pone en pie, preocupada ya que no es normal en su amiga que se vea de esa manera o diga esa clase de cosas. — ¿Qué ocurre?
—Yo… es sobre Jugram, no sé si quieres que lo diga con tus padres presentes.
—¿Jugram? ¿Le ha pasado algo? — Histérica, quizás el motivo de su rara ausencia se deba a que esté en peligro.
—Si es sobre Jugram, dilo delante de nosotros. — Dice Shutara para luego tomar de su té. — Después de todo, ha estado cortejando a nuestra hija en este medio año.
—¿Ah? — Kirinji se altera y ve a esposa e hija. — ¿Cómo es que no sé sobre eso?
—Porque le dije que eso es decisión de Orihime, no nuestra querido. — Sonríe, transmitiendo sus palabras y gestos que corte el asunto o iba a pegarle.
—Rukia, dime por favor que le ha pasado. — Suplica Orihime.
—Jugram se ha comprometido con Lady Candace Catnipp, la hermana del marqués.
Ella cree que ha sido apuñalada y el mundo empieza a girar a su alrededor e incluso llega un momento que se ha vuelto oscuro. En cuando toma nuevamente consciencia se da cuenta que había terminado de rodillas en el suelo, sujeta por su padre.
No… no puede ser…
—No es verdad… si me ha pedido matrimonio… e iba a… iba a… — Iba a buscar el anillo es lo que quiere decir, pero no le salen las palabras. Quería llorar, encerrarse bajo las sabanas y no salir hasta que se muera y deban enterrarla. — Rukia… ¿Cómo lo sabes? ¿No será una mentira de Lady Candace?
—También lo creí pero tras averiguar un poco, descubrí a la condesa Haschwalth hablar maravillas de la boda de su hijo que será tras el termino del mes y que haya abierto los ojos antes de terminar atrapado con… contigo. — Los Tenjiro se pueden imaginar que Rukia estaba censurando las palabras que la condesa Haschwalth ha dicho sobre Orihime. — Según los comentarios que ella ha dejado entrever, su marido amenazo a Jugram que si se casaba contigo y no con Lady Candace, lo iba a desheredar.
¿Qué? ¿Jugram la botó… por dinero?
Todavía le duele todo… pero ha despertado la rabia. Las lágrimas fueron reemplazadas por puños listos al ataque.
Y sin mirar atrás corrió ignorando los gritos a sus espaldas.
Corrió y corrió sin descanso, sabiendo exactamente a dónde ir. Mientras le faltaba el aliento y le dolía el abdomen, su mente se repite los buenos momentos que ha tenido con Jugram desde que se conocieron; sus aventuras de amigos, de amantes y de prometidos. ¿Y ahora esto?
Se detiene ya frente al hotel Getsuga, un lugar que se ve bello por fuera y no deja de entrar y salir gente. Devuelve el saludo de un portero y examina el lugar, rogando tener la suerte que lo pille allí y no tenga que ir a preguntar y pensar en una mentira que le crean y no causar un escándalo.
Solo quiere causar uno pequeño. Lo necesario para que su madre no la asesine.
Allí está.
Jugram, apuesto como siempre con esa larga melena rubia y sereno con esa mirada neutra al hablar con otros caballeros.
¿Cómo puede estar tan tranquilo después de lo que ha hecho?
La rabia crece más y la ayuda a caminar como una guerrera a punto de cometer asesinato y no como un animal herido e histérico. Ni siquiera presta atención al imbécil que debe hacer un lado por obstaculizarle el camino, sus ojos estaban enfocados en ahora su ex.
—¡Jugram! — Le grita al tenerlo frente a frente.
Alcanza a ver los ojos del hombre asustados antes de plantarle un puñetazo en la cara. Directamente en la nariz.
Jadea tras dar el golpe, ignorando el escándalo de la gente a su alrededor o cómo sangre en abundancia cae entre los dedos de Jugram, quien trataba inútilmente de detener la hemorragia. Se quejaba de dolor mientras un empleados le preguntaba histérico si estaba bien y otro había agarrado a Orihime del brazo y trata de sacarla de allí pero se suelta.
—¡¿Cómo has podido hacerme esto?!
No eran necesarias más palabras.
—Lo siento, no me esperaba que vinieras… odias la ciudad…
—¡¿Qué?! ¡¿De verdad esa es tu respuesta?!
—Iba a decírtelo en cuando fuera para allá y te enteraras por mi boca y no otro.
—¡¿O sea tu brillante plan era decirme que rompías nuestro compromiso estando ya casado con otra?! ¡¿Que yo este preocupada por ti en mi casa mientras tú gozas tu noche de bodas?!
—Por favor, no es como si no hubieras buscado entretenimiento en otra parte.
No.
No puede ser que haya dicho eso.
Jugram también se sorprende que haya dicho eso su propia boca. De seguro su herido orgullo lo ha dicho para recuperar algo de dignidad.
Pero no fue suficiente.
Porque una furiosa, herida y llorosa Orihime aprovecha que está sentado en el suelo para darle ahora una patada en la cara.
—Eres un imbécil, yo de verdad te amaba ¿Sabes? — Le dijo con sinceridad. — Pero veo que todo fue una bonita ilusión de tu parte, una buena obra de teatro bien planeada. — Sonrió sarcástica, su bello rostro aún estaba cubierto en lágrimas lo que aumento la espina de culpabilidad en el futuro conde.
—Orihime, no quise decir eso. — Trato desesperadamente de remediar la situación pero las palabras ya habían sido dichas. — Mis palabras nunca fueron mentira.
—¿Ah sí? Tus acciones dicen otra cosa. — La gente alrededor se había detenido para ver la escena, los buenos chismes eran una gran forma de entretenimiento y al parecer los nobles veían esto como el cotilleo caliente del que se hablaría en los círculos sociales un buen tiempo.
—¿Jugram? — Se escucha una voz intervenir. — ¿Que está pasando? — Una hermosa dama de cabello y ojos verdes apareció en ese momento, llevaba un hermoso vestido verde con blanco con amplio escote y accesorios de plata.
—Candace… — Murmuro el rubio, Orihime por su parte no dejaba de ver a la joven marquesa frente a ella quien veía a ambos de forma altiva.
—Estás haciendo un escándalo, algo impropio de un noble. — Hablo estrictamente la mujer, está vio de reojo a la hija del barón y no pudo evitar arquear la ceja. — ¿Y tú eres?
—Nadie importante al parecer. — Respondió Orihime secamente.
—Oh, creo que ya lo sé. — Murmuro la joven mientras sonreía altivamente. — Mi suegra me habló de ti; cabello naranja rojizo, marimacho y grosera ¿Eres la hija de ese aristócrata de campo de clase baja?
Jugram se tenso por las palabras de su prometida, para la familia del marqués Catnipp el estatus de la familia y árbol genealógico eran algo sumamente importante, creían firmemente en la sangre noble y cuidaban mucho a quienes ingresaban en su árbol familiar, jamás aceptarían una mancha de sangre plebeya o de aristócratas inferiores en ellos.
—¿Aristócrata de clase baja? — Orihime rechina los dientes y aprieta su vestido con fuerza, el hecho de ver a Jugram desviar la mirada término por hacer añicos su corazón, ni siquiera entraría a defenderla. — Sí, tiene usted razón señorita, soy una "aristócrata de clase baja" como dice la condesa Haschwalth. — Lo dijo con sarcasmo.
—¿Qué clase de hotel es este que permite que la gentuza entre? Deberías conocer tu lugar y retirarte si tienes algo de dignidad. — Lady Candace se puso junto a Jugram y se colgó a su brazo. — ¿No es verdad querido? — Le dijo coquetamente.
—Yo... Sí. — Murmuro con pesar sin atreverse a defenderse y enfrentar la mirada acusadora de la pelinaranja.
—¿Lo ves? Además ninguna mujer de buena familia se entregaría a un hombre antes tener un buen matrimonio asegurado. — Se río suavemente. — Cosa que tú no debes tener por lo que me he enterado.
—Ya veo... — Orihime bajo la mirada, sus sueños infantiles y de adolescencia se desvanecía frente a sus ojos como el aire. — Lamento las molestias y espero que sea muy feliz "conde" Haschwalth. —Tomo los bordes de su vestido e hizo una elegante reverencia. — Me retiraré y le deseo de todo corazón que ese título y el dinero puedan llenar su corazón… oh claro lo olvide. — Se río secamente. — Lord Jugram no tiene corazón, por lo que le recomiendo tener cuidado Lady Catnipp. —Ataco con pequeñas dagas, la dama de cabello verde alzo una ceja antes el llamado. — Se lo digo por su bien, cuídese de que no llegue alguna duquesa o miembro de la realeza ya que la condesa y su hijo la podrían cambiar por dinero, así como hizo conmigo. — Fingió mostrar pena, aunque se podía ver la burla en sus ojos. — Me dolería ver mucho a una dama de tan alto estatus siendo relegada. Usted ya sabe cómo son los juegos de poder dentro de los altos círculos de la aristocracia y la nobleza ¿Verdad?
—¡Eres una...! — La lady totalmente furiosa alzo su mano dispuesta a darle una buena bofetada.
Orihime cerró los ojos dispuesta a recibir el golpe, nunca huiría de una situación que ella misma provocó. Sin embargo el impacto nunca llegó, abrió un ojo para inspeccionar y pudo ver a un hombre bastante alto y de cabellos naranjas brillantes deteniendo la mano de la marquesa.
—Deténgase ahí Lady Catnipp. — Hablo con su voz gruesa y varonil.
—S-su excelencia., Lord Kurosaki. — Murmuro apenas la mujer, consternada de ver al heredero del ducado Kurosaki frente a ella.
—Creo que ha sido suficiente espectáculo ¿No creen? — Miro a todos los demás nobles quienes consternados se hicieron los desentendidos y volvieron a retomar su camino como nada hubiese pasado.
—L-lord Kurosaki. — Hablo suavemente la marquesa.
¿Kurosaki? ¿Él es el futuro duque Kurosaki? Orihime solo había oído historias de él así que nunca había sabido cómo era, por eso mismo no lo había reconocido cuando lo vio.
—¿Se encuentra bien? — Ignoro a la dama y se giro a Orihime.
—Si... Estoy bien. — Respondió desinteresada mientras recuperaba sus cabales.
—Lord Jugram, Lady Catnipp, tendre que pedirles que se retiren de mi hotel y no vuelvan a cruzarse con la señorita en un futuro.
—¡¿Qué?! — Grito indignada la peliverde. — Pero fue ella la que me insulto.
—Por que usted comenzó primero. — Respondió Ichigo fríamente. — No me gusta repetir mis palabras.
—P-pero usted vio que...
—Lo vi todo desde el principio, eso es jugar sucio Lord Haschwalth. — Vio desinteresadamente al conde, aunque él también había tenido amoríos siempre fue con una a la vez y como había dicho anteriormente, jamás les prometió a sus amantes su corazón o amor incondicional.
—¡Pero...!
—Lady Catnipp. — Hablo Ichigo con voz fría como el hielo, cosa que hizo estremecer a la dama, Ichigo se agachó un poco para susurrarle al oído. — No me obligue a ventilar cosas que no quiere que los demás sepan Lady Catnipp.
La mujer se congelo en su lugar con ojos abiertos y se mordió el labio, frustrada. No muchos lo sabía pero Lady Candace había estado enamorada del príncipe Kurosaki desde que tenía trece años e Ichigo dieciséis; su familia trato concretar un compromiso con el ducado pero fueron rechazados en su momento por la duquesa y el duque, indicando que ellos no impondrían una prometida a su hijo y que él mismo elegiría a la compañera con la que pasaría el resto de su vida. La marquesa amo en silencio al duque toda su vida e intento acercarse a este sin éxito, nunca logro llamar la atención del duque para que se pudiesen acercar, había llegado al punto de mandar varias cartas de amor en privado y colarse a su habitación de hotel en alguna ocasiones para colarse desnuda en su habitación para provocarlo, cosa que nunca logro.
—Tienen dos horas para retirarse. — Y finaliza tomando la mano de Orihime y llevarla lejos de ahí.
—E-espere... — Trata que no le moleste el calor de la mano. ¿Cómo puede tomarla de la mano tan despreocupado?— Du-duque Kurosaki.
—El duque es mi padre, yo soy solo el heredero.
—Su excelencia... Lord Ichigo, deténgase por favor.
Él hace caso solo por la manera en cómo sonó su nombre salir de los labios de esa mujer amazona. Joder, quiere oírselo decir en la cama mientras se introduce lo más profundo en ella.
Concéntrate.
—¿Pasa algo, lady...?
—Ah, sí... — Se toma el dobladillo de su vestido sencillo. — Lady Orihime Tenjirou, de la casa Inoue. Hija del barón Kirinji Tenjiro.
Al heredero le sorprende que a pesar de los ojos rojos y lo poco alterada que sigue, no pierde la elegancia en el momento de cumplir el protocolo. Por otra parte, ¿Dónde había escuchado ese nombre antes? Ichigo estaba seguro de haberlo oído pero en estos momentos no puede recordarlo.
—Ah... sí, ya recuerdo... creo que ayer conocí a un hombre con su apellido. Fue a dejar a una amiga mía devuelta a casa.
—Creo que se refiere a mi hermano Sora. — Mueve la cabeza en negación, no es momento para conversaciones sociales. — Lo siento Su Excelencia, yo... le doy las gracias de verdad por su ayuda en vez de echarme a la calle por escandalosa, pero es mejor que me vaya.
—No digas tonterías, él se lo tiene bien buscado y no puedo permitir que te vean así... no luces bien y no querrás llamar la atención.
—¿Mas de lo que ya hice?— Bromea.
—Te aseguro que una palabra mía basta para que esté a salvo... por favor, venga conmigo.
—¿Es correcto? Aparte que eso sí dará de qué hablar, no puedo imaginar lo que dirá su padre si se enterase.
—¿Por qué debería importarle?
—¿Cómo que por qué? Por lo que el Duque le hizo a mi madre. — Viéndolo como si fuera una persona lenta. Debió sumar dos más dos por su apellido, pero genuinamente anda confuso. — ¿No le han contado que su padre era un mujeriego total como usted?
—Algo he... ¡Un momento! ¿De dónde ha sacado usted esa opinión de mí?
La cara de Orihime es un poema con lo roja y avergonzada que está. Se tapa la boca con una mano y maldice su error, no debió hablar de esa manera a una persona que la ayudó, en especial al heredero del ducado Kurosaki que son técnicamente la realeza.
—Bueno... no se enoje, es que... tenemos una amiga en común que nos visita mucho en casa y... ha hablado unas cosas de usted. — Mas roja aun si es posible, al menos ya no se ve depresiva independiente de sus ojos hinchados.
—¿Una amiga en común? ¿Quien si se puede saber?
—¡Orihime!
La dama heredera, Kuchiki Rukia, se aparece muy preocupada y la toma de los hombros, preguntándole si se encuentra bien.
Por supuesto.
Tenía que ser la Enana Demonio.
—¡Rukia, ¿Qué le andas contando sobre mí a tus amistades?!
—¿Eh? Ah, pero si eres tú Ichigo. ¿Qué haces aquí? ¿No te ha tocado, Orihime? Tiene una mano...
—¡Oye!— Por un momento deseó ser Emperador en vez de Kaien solo por el placer de ordenar su ejecución. — ¡Este es mi hotel y no me cambies de tema!
—No te estoy cambiando tema, simplemente no sé de qué me hablas.
—¡¿Qué clase de cosas le andas contando a la Lady aquí presente y al resto de tus amistades?!
—La verdad: que te encanta andar de mujer en mujer... en especial si tienen los senos grandes como Orihime. Por eso, como buena amiga, la preparó para que no caiga en tus garras.
La cara de Orihime no pudo evitar teñirse suavemente de rojo por los comentarios, es decir, estaba acostumbrada a que los hombres le dijeran cosas obscenas debido a sus exuberantes "encantos" pero que su amiga lo dijera frente a la persona que le ayudo era incómodo, solo por ser amable.
—Rukia, su excelencia no me ha puesto la mano encima, al menos no de la forma que tú crees. — Explica nerviosa. — Incluso me ha ayudado.
—¿En serio? — Se sorprendió. — Me sorprende con lo mano larga que es.
—No sé de donde te sacaste que tocó a las damas en público, jamás he sido irrespetuoso con alguna mujer. — Corrige Ichigo seriamente.
—Pero ganas no te han faltado ¿Cierto?
—Maldita sea Rukia, ahora ya sé de donde salieron esos rumores exagerados sobre mi persona.
—¿Exagerados? Pero si es verdad que te vas tras cualquier culo bonito que veas.
Ichigo no pudo evitar que un pequeño rojo tiñera sus mejillas, la muy maldita estaba haciéndolo a propósito para hacerlo quedar mal.
—¿Me recuerdas porque somos amigos? — Dijo la pregunta gruñendo.
—Porque me gusta decirte tus verdades a la cara y necesitas que alguien te plante los pies en la tierra.
Orihime por su parte veía la escena nerviosa, no se atrevía a interrumpir la pequeña discusión entre ambos.
—Enana del demonio, me llevaré a Renji a la misión de Etanor por medio año.
—Idiota ¡Te prohíbo que hagas eso! — Ordeno con voz demandante.
—Como líder de los caballeros del dragón negro de occidente puedo elegir a quien enviar a las zonas de inspección. — Se cruzo de hombros.
—¡Cabeza de zanahoria!
—Sí, sí. — Dijo Ichigo ignorándola, sin embargo la discusión fue cortada por un borrón verde que pasó junto a la lady y el príncipe.
—¡Hermana! — Rena llegó rápidamente y abrazo a Orihime con fuerza. — ¿Estás bien? ¿No te paso nada? ¿Encontraste a Jugram? ¿Le diste su merecido? ¿Le cortaste el pene con tu cuchillo? — Pregunto rápidamente la joven peliverde, lo último con estrellas en los ojos.
—¡Demasiadas preguntas! — Resoplo Orihime. — Por orden sí, no, sí, por supuesto y ganas no me faltaron pero lo patee en esa bonita cara que tanto presume. — Se jacto orgullosa.
—Diablos… bien, al menos lo golpeaste. — Se encogió de hombros.
—Disculpe señorita ¿Quién es usted? — Pregunta Ichigo a Rena mientras ignoraba los reclamos de su amiga.
—¿Uh? — Los grandes ojos castaños de Rena encararon a Ichigo. — ¿Y tú quien eres?
—¡Rena! —La regaño Orihime.
—Yo pregunté primero pero de acuerdo, mi nombre es Ichigo Kurosaki mi lady. —Respondió amablemente el joven.
—Soy Rena Tenjiro. — Rena tomo su vestido y se inclino en una elegante reverencia pero en seguida algo hizo "clic" en su cabeza. —¿Kurosaki? ¡Ah!
—¿Pasa algo? —Pregunto extrañado por la reacción de la joven.
—Por su puesto, eres el mujeriego del que nos advirtió Rukia ¡No creas que dejare que le pongas una mano a mi hermana! —Abrazo a Orihime en un gesto protector.
—¡Rena! —La regaño.
—¿Qué? Si es el grosero que nos dijo Rukia y papá.
—Es alguien que me ayudo en un momento de emergencia así que discúlpate.
—¡¿Por qué?! —Orihime le dio un fuerte coscorrón que le hizo salir algunas lágrimas. —L-lo siento
— Lo siento, su excelencia. —Se disculpo su amazona. —Me temo que mi hermana pequeña es muy impulsiva.
—Despreocúpese, pero me gustaría que me aclarara algo ¿Acaso su padre y el mío se conocen? —Pregunto.
—Bueno, sí. —Respondió sorprendida. — ¿No le ha dicho nada el duque Kurosaki?
—Solo sé que tiene su pasado y que efectivamente era algo mujeriego pero es todo. —Dijo extrañado.
—Ya veo.
—Lady Tenjiro ¿Hay algo que quiera decirme? —Pregunto directamente mientras detenía los golpes de la heredera de los Kuchiki.
—No, no importa su excelencia. —Que importaba si era o no como su padre, no le correspondía a ella decírselo.
—¡¿Cómo que no?! ¡Si…! —La boca de Orihime cubrió la de su hermana.
—Ignórela por favor, debo irme así que me retirare ahora, su excelencia. —Se inclinó levemente mientras aun sostenía a su hermana.
—Nos vamos entonces. —Exclamo Rukia ya resignada, pero se giro antes donde Ichigo. — Orihime el carruaje está en la entrada del edificio. —Encaro a su amigo. —¡Y tu mas te vale no enviar a Renji lejos! —Le grito.
—No lo sé, eso dependerá de ti, no de mí. —Se jacto.
— ¡Te odio! —Dijo ella, aun con varios huéspedes alrededor.
—También te quiero enana, nos vemos después. —Rukia le saco la lengua y se giró dignamente para retirarse del hotel, noto que las damas subían a un gran carruaje con la cresta de los Kuchiki el cual era un escudo con las alas de un águila y una flor de ciruelo en el centro.
Ichigo exhalo el aire, esa preciosa mujer de cabello naranja rojizo era una diosa en la tierra, además que era muy bella cuando estaba enojada. Ahora recordaba que idiotamente no le pregunto en donde se estaba hospedando, quizás debería visitar el ducado de los Kuchiki para obtener algo de información.
Estaba a punto de retirarse cuando un olor de peonias inundo su nariz, cuando se giro noto a lady Basterbine colgada de su brazo.
—Su excelencia, creí que ya se habría ido. —Dijo con voz dulce y empalagosa.
—Estaba a punto. —Respondió el pelinaranja.
—Entonces fue una suerte que pudiese alcanzarlo. —Había tenido la fortuna de que el príncipe Kurosaki la recogiera en la mansión McAllon la noche anterior y la invitase a estar con él esa noche. Admitía que estaba enamorada de Lord Ichigo pero no quería admitirlo con nadie más que su amiga por que decirlo era como una invitación a que este la dejase.
Y ella no estaba de acuerdo con eso.
—Lord Kurosaki ¿irá al baile de debutantes?
—Sí. —Respondió simplemente afianzándose al agarre de la joven y escoltándola.
—Bien, yo me preguntaba ¿si quisiera ser mi compañero en el banquete real? —Dijo tímidamente, después de todo como habían dicho las damas, pronto seria el debut de verano y el banquete real por la sesión internacional en el palacio.
—Me temo que no será posible Lady Bambietta, escoltare a mi hermana Yuzu ese día, se lo prometí.
—Ah, ya veo. Es una pena, pero espero que la princesa Yuzu se lo pase bien "maldita sea" —Pensó lo último, la condesa deseaba ser la envidia de las damas entrando del brazo de Ichigo pero por andar de niñero de su hermana eso no sería posible.
—Es tarde Lady Basterbine, le prestare un carruaje para que vuelva a su hogar. —Ofreció Ichigo ordenándole a un mozo que lo preparara.
—De acuerdo. —Murmuro ella.
El elegante carruaje tardo unos pocos minutos en llegar a la entrada, se veía cómodo y confortable, no tenía cresta alguna ya que pertenecía a uno de los de servicios que manejaba el hotel para trasladar a los huéspedes de un punto a otro.
—Vaya con cuidado, mi lady. —Ichigo la ayudo a subir al transporte y se inclino levemente, el carruaje avanzo e Ichigo se quedo viendo el transporte, una vez que dejo de verlo pidió su carruaje privado y fue a su hogar, necesitaba darse un baño rápido y prepararse para ir al palacio, necesitaba revisar el papeleo pendiente y el presupuesto militar de ese año ya debía comenzar a hacerse.
Por otra parte Rukia, Orihime y Rena se encaminaban al palacio real y conversaban por el camino.
—Rena ¿Cómo se te ocurre ser tan imprudente? —La regaño Orihime
—¡Pero papá dijo que tuviéramos cuidado con el hijo del duque ¿recuerdas?
—Sí, si él intentaba propasarse conmigo. —Le aclaro con énfasis—Cosa que no hizo en ningún momento, incluso fue amable y caballeroso al no echarme de ahí en ese momento pese al escándalo.
—Hmmpf. —Hizo un pequeño berrinche. — Lady Rukia ayúdame. —Pidió como si fuese un corderito.
—Lo siento, aunque yo también peleo con el tonto del heredero de los Kurosaki a veces. Como la gente ya nos conoce y saben que somos así no lo ven raro. —Dijo con pesar. — Aunque me duele decírtelo, Orihime tiene razón.
—¡Ambas están confabulando en mi contra!
—No estamos confabulando nada. —Le dijo Orihime frotándose las sienes con cansancio. — ¿Te das cuenta que el príncipe del ducado es un miembro de la realeza?
—P-pero su padre abdico al trono ¿no? —Pregunto dudosa. — Ya no pertenece a la casa imperial.
—Eso es cierto, pero aunque haya abdicado aun tiene sangre de la familia real ¿Qué pasa si el emperador se entera como lo evidenciaste?
—Pero…
—Déjalo Rena, además presiento que el duque Isshin no le ha contado a su hijo todo su pasado. —Orihime miro por la ventana. —Entiendo lo que sientes en cuanto a mamá, pero debes aprender a conquistar tu boca ¿entiendes?
—Siii. —Acepto la chica.
—Si madre se entera de tu comportamiento, tendrás suerte si solamente interrumpe tu debut y te manda con el tío Hyosube a Okken.
—¡No! — Se aferra al brazo de su hermana. — No quiero que se arruine mi oportunidad de brillar.
—No te preocupes, si eso pasa, intercambiamos lugares. A escondidas.
—Solo te sacrificas porque no quieres estar aquí… pero igual te lo agradezco.
—Es gracioso lo mucho que Rena quiere su debut cuando tú solo quieres escaparte. — Comenta Rukia mientras mueve su abanico, enseñando su sonrisa picara. — Además, el marqués Ichibe no se encuentra en Okken, también ha sido invitado.
—¡¿De verdad?! — Las hermanas Inoue no pueden creer su suerte, ¡Con lo poco que ven al hermano de su madre! Va a ser divertido.
—¿Y cómo sabes eso? — Cuestiona Rena alzando una ceja.
—Pequeña Rena, no olvides con quien estás hablando. — Su sonrisa picara se ensancha. — Nada se le escapa a mis bellos oídos… como la visita de tu tío o…
—O que me han puesto los cuernos. — Interrumpe Orihime en un suspiro. No había acusación en la voz.
Nadie dice o hace algo y el resto del viaje ha sido en silencio. Orihime se siente mal por haber arruinado el buen ambiente, sabía que solo querían animarla pero no estaba de humor. Quería comer chocolate, ahogarse de tanto llorar y no levantarse de la cama por lo menos tres años… bueno, es lo que desea pero sabe que para mañana ya estaría fuera de la cama y con la nariz pegada en un libro con tal de no pensar en lo que le causa dolor.
Piensa en el encuentro con Su Excelencia, el Lord Ichigo… más concretamente en sus ojos cuando la vio unos segundos y le pregunta si estaba bien antes de decirle a Jugram y a Candace que se fueran del hotel. A ellos y no a ella que ha sido la escandalosa. Ella que en vez de ser lanzada a los lobos ha sido protegida de la jauría que es la sociedad.
Tiene unos ojos preciosos… y una mirada tan… profunda. Es decir, que parece ser el tipo de persona que cuando se fija en ti, lo hace de verdad, no pierde ni un detalle y te desarma.
Debe ser eso lo que le permite conseguir a sus conquistas.
Agacha su mirada a la mano que el heredero Kurosaki le había sostenido, aun podía sentir un leve cosquilleo del calor masculino y si se concentra, sus músculos le pueden hacer recuerdo de la fuerza que ejerció la mano sobre la propia.
—Debería pensar en una manera de agradecerle. — Murmura de pronto.
—¿Qué? — Dice Rukia.
—Lord Ichigo… debería agradecerle de alguna manera su ayuda. — Presiona sus labios. — Eres su amiga de muchos años, ¿Qué crees que le guste? Algo que yo le pueda dar.
—Sexo. — Bromea Rena traviesa y Orihime le da un codazo. — Solo bromeo.
—Hmm… no me gusta esto. — Admite Rukia, no quería a sus amigos tan mezclados. Algo le dice que habría muchos problemas… pero conoce a su amiga y sabe que no estará tranquila hasta tener su consciencia tranquila. — Ichigo no es de muy… material, ¿Sabes? Prefiere cosas que sean útiles.
—Entiendo. — Dice mientras asiente. — Es un soldado, ¿No?
—Sí, líder de la mejor tropa del ejército imperial. — Admite con desgana, sabiendo que le puede quitar a su prometido si pudiese.
—Entonces sé que le puedo regalar en agradecimiento.
—¿Una espada? Te advierto que está pegada a la suya como un bebé con su manta.
—No. — Trata de no reírse por la imagen que aquel comentario alimento a su mente.
—¿Dagas? — Sigue Rena.
—Tampoco… le daré algo en lo que soy buena: medicina. — Sonríe. — Ya que el entrenamiento es agotador y ocurren accidentes, le será bueno tener algo para sus heridas o agotamiento muscular. — Junta sus manos. — Algo productivo y útil.
—No es mala idea. — Admite Rukia con un asentimiento de cabeza. — Con lo mucho que él y los otros idiotas les encanta matarse entre ellos, es perfecto.
La idea de tener algo que hacer le sube el ánimo y sonríe genuinamente tras tres horas de estar en lo profundo de un pozo depresivo.
Bajan del carruaje ya devuelta al palacio y en cuando entran a los aposentos en que fueron alojados, sus padres se levantan al mismo tiempo de sus asientos. Se veían realmente preocupados y parece que habían cancelado sus planes ya que no estaban con sus ropas de salida. Orihime les da las gracias por sus mimos y promete estar bien, que solo necesita un reposo y volverá a ser la de siempre.
Ichigo se permite suspirar de alivio una vez había terminado de revisar el presupuesto militar en su oficina del palacio. Se recompensa dando una vuelta por los campos de entrenamiento, dándose cuenta de algo que llama su atención.
Había varios soldados lamentándose de su mala suerte con alcohol y de lo afortunado que era un sujeto que era la primera vez que aparecía. Uno de ellos había apuntado una dirección con su botella aun en la mano e Ichigo sigue la mirada, viendo a la capitana del lado oriente Harribel conversando con un hombre que, a pesar que la morena se comporta como siempre, hay algo entre ellos que deja en claro que tienen historia.
Ah, de seguro lo que esos tontos les molesta es que la mujer de piel chocolatada y cabello rubio se muestre interesada en un pretendiente que no es ellos. Pues los va a poner en su lugar.
—¡Oigan! — Disfruta verlos asustados de su presencia. — ¡Si van a estar actuando como viejos chismosos, usen ese tiempo entrenando! — Señala un punto. — ¡Los quiero ver dando doscientas vueltas alrededor de todo el terreno sin excusas!
Ignora sus quejidos para ver de nuevo al hombre que acompaña a Harribel y comprueba que no se ha equivocado.
Es Lord Sora, el mismo que escoltó a Cristal.
El hermano mayor de su Amazona.
Si conversa con él, puede saber en dónde se está alojando y visitarla con la excusa de querer saber cómo se encuentra… no es mentira que lo esté, en verdad sigue pensando en si estará mejor, pero igual no iba a perder la oportunidad.
—Capitana. — Se hace anunciar a la pareja.
—Capitán Comandante. — Harribel pone su puño en el pecho y se inclina. Sora lo reconoce y sigue el ejemplo a pesar de no ser un soldado.
—Lord Sora, no sabía que era amigo de la capitana.
—Su Excelencia, Harribel y yo nos conocemos debido a su retiro anual.
—El doctor que atendió mis heridas es el padre de Sora. El barón Kirinji Tenjiro.
—Entiendo… últimamente he escuchado tanto ese nombre que me muero por conocer al barón.
—Es un honor sus palabras y cruzar mi camino con el suyo otra vez.
Si supiera lo que ha estado imaginando hacer con su hermana, no diría eso.
—Lo mismo digo Lord Sora, es más… es una suerte que lo encuentro.
—¿Ah sí?
—Espero no sonar irrespetuoso o atrevido de mi parte el querer saber dónde se hospeda usted y su familia. Estoy preocupado por Lady Orihime y quisiera hacerle una visita y saber si se encuentra bien.
—¿Orihime? — Pestañea extrañado. — Lo siento, Su Excelencia, pero no entiendo. ¿Le ha pasado algo a mi hermana? He estado todo el día fuera.
—Preferiría que se lo contase ella, no quisiera dar una mala imagen de chismoso. ¿Entiende?
—Oh, por supuesto… y sobre su pregunta, nos estamos quedando aquí mismo en el palacio.
—¿De verdad? — Genuinamente sorprendido, que una familia noble y rural, poco oído, se esté quedando en el palacio es… extraño.
—Sí, la misma Emperatriz lo ha pedido considerando la historia de nuestras familias. — Ahí está otra vez aquel comentario, ¿Qué es lo que todo el mundo sabe menos él? — Lo siento Lord Ichigo, Harribel, pero debo irme y ver a mi hermana. Me ha dejado preocupado su comentario.
—Anda, Orihime es importante. — Dice la mujer haciendo un gesto con su mano para que se apresure.
—Sí… — Hace una inclinación y se marcha, aunque se detiene al dar cuatro pasos y enfrenta a Harribel. — ¿Un desayuno mañana?
—¿No debes que entregar papeles?
—La oficina de correos no se moverá. — Celebra que Harribel haya sonreído, aunque sea un poco. — ¿Por favor?
—Te espero aquí mismo a las siete de la mañana.
—Dalo por hecho. — Y se marcha por fin.
Ichigo y Harribel también se despiden y cada uno va a cumplir sus deberes.
Aunque el heredero del ducado sonreía animado por saber dónde estaba su Amazona.
Pero primero lo primero, debe ver a sus padres.
