—Kagome Kagome Kago no naka no Tori wa, Itsu Itsu deyaru?... —La pequeña estaba cantando mientras permanecía sentada con los ojos cerrados, tapándole los ojos a su hermosa muñeca de caireles rubios, en medio del frondoso jardín de la casa. La niña se reía, entretenida. Su madre desde la puerta la miraba extrañada de que decidiera jugar ese juego sola.
Aunque, no le sorprendía mucho, desde siempre supo que su niña era especial, que podía ver cosas que otros no y eso la hacía sentir orgullosa.
—...Yoake no ban ni, Tsuru to kame to subetta… —La mujer le dio un último vistazo antes de entrar a la casa para seguir con sus labores —...Ushiro no shou… —cuando el canto cesó, la madre volvió a mirar hacia el jardín, y lo encontró completamente vacío.
[...]
Desde hace meses que el cielo estaba apagado, nubes grises, viento frío; perfecta representación de su interior. Vacío. Muchas veces miraba al cielo esperando ver algo, una simple señal de la barrera que, supuestamente, estaba cubriendo al mundo. La barrera que el sacrificio de Kamui había creado. Sin embargo, por más que mirará el cielo lleno de nubes nunca lograba visualizar nada de nada, tal vez, solo era una triste mentira para acabar la guerra entre dragones… No. No podía ser eso, sí fuera una mentira ¿qué sentido tendrían las muertes? En especial su muerte.
—Subaru-san, desde que llegaste no has dejado de mirar al cielo —su abuela siempre se dirigió a él con respeto, y más aún después de ver las heridas en su nieto.
Ella era una mujer seria y pocas veces perdía el temple, aun así, sus ojos no podían dejar de reflejar una enorme tristeza cada vez que veía la venda sobre el ojo del chico
—Como te decía... —retomó poniendo un sobre largo con papeles en el suelo, sobre que Subaru tomó y leyó de reojo— Sonomi-san ha estado perdida hace tres días, la casa principal nos ha pedido que la busquemos —Subaru analizó la foto de la niña: cabello rizado color negro, ojos carmín y mejillas regordetas coloreadas de rosa. Una niña de 10 años, hija de una casa importante en Japón, además, aprendiz de las artes del Yin y el Yang. Una pequeña onmyouji en entrenamiento—. Es un caso extraño que solo pueden confiarnos a nosotros, desde que el Sakurazukamori murió no se habían presentado casos como este. Debemos encontrarla y devolverla a su familia.
Había comenzado a llover, Subaru no pudo evitar preguntarse si la madre de la niña estaría llorando junto a la lluvia. Su abuela lo miró con los ojos siempre llenos de tristeza y suspiró.
—Deberías ir a descansar, hablaré con Amano sobre los detalles que faltan. Ya han preparado tu habitación.
Caminó entre la gran casa, sintiendo el frío calarle los pies desnudos, pero no le importó, estaba acostumbrado y, a decir verdad, de un tiempo para acá, había aprendido a apreciar cada vez más el clima frío, era… conveniente.
Tomó un baño caliente, cenó solo y se acostó en el futón limpio que le habían preparado. Miró hacia el techo por largas horas, escuchando los movimientos de la casa, hasta que decidió que era suficiente, acarició el ojo bajo la venda -su pequeño secreto- y durmió plácidamente algunas horas.
Al día siguiente empezó la investigación. Cuando salió de la casa, Amano ya lo estaba esperando, listo para seguir órdenes. Desde hace años él había sido un ayudante personal importante, así que no le sorprendía ni molestaba su presencia, en sí, creía que era bueno tener un compañero en tan laborioso trabajo.
Comenzaron en el hogar de la niña, donde los recibió una mujer elegante, vestida de manera tradicional, sonriendo levemente por cortesía. Subaru pudo comprobar su teoría anterior; en las mejillas de ella había rastros de lágrimas secas y sus ojos tenían unas ojeras impresionantes: la madre había llorado toda la noche junto a la lluvia. Caminaron por la casa, Amano recolectaba detalles de la desaparición y Subaru se enfocaba en sentir, buscando algún rastro de magia en el lugar o en la habitación de la infanta. Pero, a pesar de ello, no había mucho que rescatar en el sitio.
—Hace cuatro días estaba jugando en el jardín de la casa —dijo Amano, mientras miraba el jardín desde la ventana abierta de la infantil habitación rosa pastel—. La mamá dijo que solo se fue unos segundos y volvió cuando la dejó de escuchar cantar, desde ahí no la han vuelto a ver.
—Entiendo —. Subaru registró el jardín de pies a cabeza y no encontró marcas de conjuros o algún otro rastro, se agachó y miró debajo de la cama, después suspiró y sacó un cigarrillo de su gabardina—. Algún rastro de secuestro, ¿Algo?
—Quien sea, la lluvia es su aliado. La casa está en la colina, huellas o rastros, han sido borrados por el agua y el lodo; en el jardín solo encontramos pelo de gato, flores cortadas y esto —Amano le mostró un pequeño listón rosa guardado en una bolsa, parecía que uno de los extremos estaba quemado. Subaru lo examinó cuidadosamente desde el plástico.
—Quién lo hizo, sabía perfectamente como lo hacía, pudo atraerla con un hechizo. Esto —señaló el listón—fue manipulado con magia.
[...]
—¿A dónde vamos? —preguntó la niña, siguiendo a la persona enfrente a ella, abrazando a su muñeca con una mano y al pequeño animalito con la otra.
—Cuando te pregunté si querías hacer algo divertido dijiste que querías ir al parque en medio de la lluvia porque tu madre no te deja ensuciarte con el lodo. Hoy podrás ensuciarte todo lo que quieras.
—¿Y mi mamá no se enojará mucho conmigo?
—Por supuesto que no.
—¿Me lo prometes?
—Te lo prometo.
[...]
Llevaba tres cigarrillos en el día. Esta vez estaban en la escuela, un colegio privado. Ahí observaron a los niños y hablaron con algunas mamás sobre algún sospechoso. Con lo poco que tenían, la teoría era la siguiente: El secuestrador había usado el listón con magia para ubicar a Sonomi y asegurarse que estuviera completamente sola, luego, entró desde el bosque que daba la espalda al patio, saltó las paredes y se llevó a la niña con él. Sin embargo, dentro de la teoría, también contemplaban a Sonomi yendo con su captor por propia voluntad, debido a que el secuestrador no podría cargarla todo el camino sin dejar marcas en el suelo por el peso extra. Bajo esa idea, Sonomi debería conocer a quien se la llevó y el único lugar vulnerable era la escuela.
Subaru iba a sacar el cuarto cigarro cuando Amano se sentó junto a él e hizo que se le cayera de sus manos.
—Lo siento —Amano levantó la cajetilla.
Comenzó a llover y ambos decidieron volver a casa con las manos vacías, o eso creían. Amano manejaba lento debido a la lluvia y Subaru tenía la cabeza pegada a la ventana, mirando el deprimente paisaje; todo bien, hasta que en el río… Fue ahí donde encontraron su siguiente pista.
—¡Para, Amano! —gritó Subaru, su compañero frenó de repente y él bajó del auto apresuradamente—¡Hey! ¡Alto ahí!
Una muñeca sucia estaba siendo arrastrada por el río. Un hombre con un enorme gancho intentó alcanzarla. Lluvia y pequeños trozos de vestido rosa estaban escondidos en el lodo.
[...]
—Dime, ¿Hay algo más que quieras hacer por hoy?
—Sinceramente, no. Creo que he hecho más este día que en toda mi vida —dijo la pequeña, comiendo su helado de mil sabores.
—Entonces, ¿iremos allá? –preguntó el extraño con interés—¿Ya no sientes miedo?
—Nunca sentí miedo, de alguna manera sabía que sería así. Pero me alegra que fueras tú, eres amable y cumpliste todos mis deseos, me agradas.
[...]
La familia no se tomó la noticia nada bien. La madre se había desmayado al descubrir que su hija no volvería a casa.
El hombre detenido fue investigado por la policía, y la familia Sumeragi, en la casa del sospechoso -una pequeña cabaña cerca del río- había encontrado libros de magia antigua, libros muy muy viejos y gastados, además de más trozos de vestido rosa. Al hablar con los niños, muchos de ellos lo recordaban por darles dulces de vez en cuando, decían que era bueno y amable con ellos. Dentro de las evidencias había guantes con sangre y botas de goma ideales para la lluvia.
Subaru estaba rendido, había sido fácil -para su sorpresa-, estaba dispuesto a gastar una semana o dos en el caso, pero no fue necesario. El asesino había sido encontrado y él podía volver a sus propios asuntos.
La abuela se había reunido con él para felicitarlo e intentar persuadirlo de que se mudara nuevamente a Kyoto, cosa que Subaru -por milésima vez- rechazó, sabía que se lo decían por su bien, pero Tokyo era su hogar y no podría abandonarlo nunca.
Tomó un baño caliente, cenó solo y se acostó en el futón. Miró hacia el techo por largas horas, escuchando los movimientos de la casa, hasta que decidió que era suficiente, acarició el ojo bajo la venda -su pequeño secreto- y salió de la casa sin hacer ruido. Esa noche no llovió y se sintió liberado, caminando junto a la luna, como su única compañera de travesuras. Pasó el río y se detuvo cerca del parque frente al enorme cerezo de aura celestial, por fin dejó libre aquel ojo ámbar de la molesta venda y a los pies del árbol, se percató de los pequeños rizos negros, los cuales recogió y miró sin ninguna emoción.
—Así que fuiste tú.
Subaru lo miró sin ninguna expresión en el rostro, no es como si no lo esperara, tarde o temprano alguien se daría cuenta. Aunque le sorprendió la rapidez con la que lo encontró.
—Sería un insulto a ti si en este punto fingiera inocencia.
El pelinegro miró a Amano de pies a cabeza, el pobre hombre se veía decepcionado e increíblemente triste.
—¿Cómo pudiste? Quería confiar que no serías tú —dijo con rabia.
—Eso significa que ya sospechabas que era yo desde antes…
Hubo un largo silencio hasta que Amane habló.
—El día que recibiste el pedido, Lady Sumeragi me dijo que te vigilara y que te considerara el principal sospechoso desde el comienzo.
No le dolió saber que su propia abuela desconfiaba de él, de hecho, se le había hecho extraño que la mujer no preguntara nada acerca de la muerte del Sakurazukamori, ni de su ojo, nada de nada. Era obvio que ella se daría cuenta del cambió en su naturaleza mágica, incluso él había evitado usar su shikigami para evitar hacer más evidente lo obvio.
Subaru Sumeragi desde hace meses no conjuraba magia blanca.
—¿Cómo me descubriste tan rápido?
—La familia de la niña no tiene gatos. Además, mientras registrábamos la habitación miraste bajo la cama y noté como levantaste algo del suelo rápidamente —Amano sacó un pequeño pétalo de cerezo que guardaba dentro de su saco, y se lo mostró—. El día que fuimos a la escuela, cuando la cajetilla cayó, también lo hizo esto.
—Entiendo —Subaru prendió un cigarro y se dispuso a fumar en medio del frío.
—¡¿Cómo es que estás tan tranquilo?!, ¡Llevamos trabajando juntos desde hace años, yo confiaba en ti!
Subaru miró al cerezo de reojo y luego a su subordinado, mientras calaba el humo de su adicción.
—¿Por qué lo hiciste?
[...]
Sonomi conoció a Subaru en una de las reuniones oficiales de las familias afiliadas a la casa Sumeragi y se habían hecho amigos desde que él le había regalado un hermoso listón rosa para su cabello; prometiendo que, en un futuro, ella sería una muy poderosa onmyouji. Sonomi estaba emocionada porque alguien como el jefe de la familia más importante de la organización le dijera algo como eso, así que desde ese día Subaru fue algo así como su héroe.
—Kagome Kagome Kago no naka no Tori wa, Itsu Itsu deyaru?... —La pequeña estaba cantando mientras permanecía sentada con los ojos cerrados, tapándole los ojos a su hermosa—...Yoake no ban ni, Tsuru to kame to subetta Ushiro no shou…
Escuchó el maullido de un pequeño gatito, dándose cuenta de que el animal había entrado al jardín. La pequeña miró hacía su habitación y recargado en el marco de la ventana, estaba Subaru, saludándola con una mano, ella inmediatamente fue hacia aquel lugar y de un saltó entró al cuarto.
—¡Subaru-sama qué sorpresa! ¿Ha venido a jugar como me lo prometió?
—Si, he venido para que tú y yo vayamos a jugar.
—¿Mamá no se enojará? —preguntó con inocencia, acariciando al gato.
—No lo creo —Más bien, creo que se pondrá muy triste pensó— Además, el día de hoy te llevaré a dónde tú quieras a hacer lo que desees.
—¿Enserio?
—Por supuesto, pero después tendrás que acompañarme a ver a un amigo.
—Hum, está bien, pero espero que no nos tardemos mucho, ¡Hoy cenaremos curry! Y no me lo quiero perder.
Subaru sonrió mientras la pequeña se sentaba en su regazo y ambos desaparecían en medio de una tormenta de pétalos rosas.
[...]
—¿A dónde vamos? —preguntó la niña siguiendo el paso a Subaru.
—Cuando te pregunté si querías hacer algo divertido dijiste que querías ir al parque en medio de la lluvia porque tu madre no te deja ensuciarte con el lodo. Hoy podrás ensuciarte todo lo que quieras —habían salido con la llovizna para que la tormenta se llevara sus huellas. Lo ideal sería ser directo como él... pero su corazón no lo dejaría tranquilo si no cumplía ciertos deseos a la niña.
—¿Y mi mamá no se enojará mucho conmigo?
—Por supuesto que no —culpa, sentía mucha culpa al ver sus ojos inocentes seguirlo con total confianza.
—¿Me lo prometes?
—Te lo prometo –le sabía tan amarga esa promesa, pero estaba seguro que la cumpliría, su madre no se enojaría con ella. Porque ella no era la villana de esta historia.
—Sobre tu amigo, ¿cómo es él?
Subaru sintió el frío recorrer su espina dorsal y no tuvo el valor de mirarla.
—Subaru-sama, no volveremos, ¿verdad?
[…]
—Dime, ¿hay algo más que quieras hacer por hoy? —estaban en los columpios ya era muy tarde y se aseguró que nadie estuviera cerca.
—Sinceramente, no. Creo que he hecho más cosas en este día que en toda mi vida —dijo la pequeña, comiendo su helado de mil sabores.
—Entonces, ¿iremos allá? —preguntó con interés—¿Ya no sientes miedo?
—Nunca sentí miedo, de alguna manera, sabía que sería así. Me alegra que fueras tú, eres amable y cumpliste todos mis deseos, me agradas.
[...]
Sonomi estaba destinada a ser una gran onmyouji, sería muy poderosa. Sin embargo, su poder sería muy inestable y causaría muchos desastres a lo largo de todo Japón; la pequeña sería un peligro potencial y lamentablemente debía ser eliminada. En otras circunstancias, Subaru hubiera intentado ayudarla a controlar su poder, pero sinceramente estaba cansado de aquel estilo de vida, además, tenía hambre, mucha hambre, el cerezo no lo dejaba dormir por la sensación de vacío. Se preguntaba sí Seishiro-san pasaba por eso también.
Seishiro, su amado Seishiro.
—Es momento, Sonomi-chan.
—¿No me dolerá?
—Te prometo que no.
—Confío en ti, Subaru-kun.
[…]
La sangre de Amano bañó las raíces del cerezo, mientras el cuerpo era elevado por las grandes ramas y Subaru se sentó a descansar un poco. Pasó su mano por su frente, manchando su cara con sangre y después abrazó al árbol con cariño.
—Tú sabes que todo esto lo hice por ti, ¿verdad?, para mantenerte conmigo, Seshiro.san.
Caso cerrado.
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Hi~~
Comenzamos con las historias de nuestros tóxicos favoritos! Hay algunas cositas fuera de lugar, lo admito, pero supongo que queda con la temática.
Siempre acostumbro poner algo al final de todo capítulo que escribo así que esta vez les daré un consejo
Recuerden amiguitos, nadie vale más que ustedes mismos, son valiosos, valientes y únicos en su especie ya que nunca habrá nadie igual
Besos en su cola 3
