Hace días que no comía, su estado de sueño empeoraba y las oscuras ojeras eclipsaban sus hermosos ojos verdes. ¿Por qué había resultado así? ¿Por qué miraba al techo, decidiendo sí debía levantarse o no? Estaba cansado, cansado de absolutamente todo lo que le rodeaba. No había razones para ir más allá de las frías paredes de su cuarto, ni motivo alguno para siquiera estar despierto.

Sentía asco, vergüenza, y una profunda tristeza en su corazón, en su alma.

El teléfono sonó estrepitosamente. De nuevo el clan lo buscaba y nuevamente el mundo real lo arrastraba. A pesar de ello, él no quería volver a ese mundo cruel y hostil; pues odiaba, odiaba a ese mundo, odiaba el por qué y el cómo las cosas sucedían. Se odiaba por no arrepentirse y se odiaba por seguir deseando.

¿Esto es el amor, Hokuto? No podía evitar preguntarle a la taza vacía, esa que se encontraba a un lado de la suya, situada en el estante. Hablaba con la taza como si su hermana pudiera escucharlo de nuevo, a pesar de que aquello era imposible. Y era su culpa.

¿Esto era amor?, ¿Esa depresión y desesperanza que sentía al pensar en el pasado?, ¿Era amor lo que llevó a su hermana a morir?, ¿Era amor…? No. Eso definitivamente no era ninguna clase de amor; era el juego de una mente retorcida e insana, era la diversión de un monstruo. Un monstruo que amaba con toda el alma.

De nuevo, el teléfono sonó y lo ignoró. No respondería, por lo menos, no ese día.

Se sentó a mirar su entorno; una cocina y una barra que, en el pasado, presenciaba risas y charlas amenas, ahora, de ello, solo quedaban fantasmas de lo que alguna vez fue. Mientras más tiempo se escurre como arena entre sus dedos, más consciente era de lo solo que estaba, probablemente de lo solo que toda su vida estuvo, a pesar de tener a su gemela a lado, siempre se sintió diferente; como si no perteneciera a ese mundo de moda, amigas, amigos y risas. Desde que nació, el mundo le había cerrado la puerta en la cara... hasta que llegó el.

Lo recordaba todo: la estación, su risa. Sus memorias se sentían tan inasequibles, como la bruma en la montaña. Sus ojos amables tras el cristal, el primer café que tomaron juntos, las pláticas, las miradas que se escapaban de vez en cuando, las sensaciones, el calor. La primera y única vez que le había concedido un beso al mayor, un beso inocente en la mejilla que le hizo sentir millones de sensaciones, desde las conocidas hasta nuevas y vergonzosas. Lo recordaba todo, rememorando como se había sentido, como estar en casa. Esa persona era igual a él, alguien diferente.

¿Por qué? ¿Por qué acabó así?

La sangre, el dolor, la tristeza. Muchas noches despertó sintiendo aquello como si le sucediera entre sueños, como si él volviera para llevárselo y nunca devolverlo; y en todas esas ocasiones, él extendió sus brazos como si fuera a recibirlo.

Nunca llegó.

Miró el triste salón, preguntándose cómo hubiera sido su vida sí en aquella estación él hubiera caído y parado de repente, ignorando la risa al otro lado del andén; sí hubiera sido más listo y hubiera dejado que su shikigami hiciera el trabajo. No. Antes, si hubiera dejado aquel lamento en paz, hubiera esperado a su abuela como se lo pidieron.

Su imprudencia lo había llevado hasta él.

¿Habría tenido una vida más feliz? Hokuto definitivamente estaría ahí, riendo y regañándolo como siempre; pero, a pesar de ello, no sentiría esa calidez culposa en su mejilla o el cosquilleo en sus manos, no se sentiría tan solo y tan acompañado a la vez. Subaru sabía que él estaba en algún lugar, lo sentía y eso, lo hacía sentir acompañado, aun si no estaba a su lado, existía alguien ahí afuera con la misma naturaleza extraña. Su hogar, su tumba, su todo.

En otro mundo, en otra vida, tal vez estarían juntos. Él como veterinario, él mismo como un chico cualquiera, ambos esperándose uno al otro hasta que llegara su momento. Pero ya no quería soñar; dolía, sus fantasías le dolían como hierro caliente en la herida, por eso había dejado de dormir, porque entre sueños se sentía rodeado por unos fríos brazos, besado por unos labios de hielo. Sensaciones extrañas que a veces le parecían tan reales, tanto que incluso llegó a delirar con un perfume ajeno.

Se abstuvo, no debiendo desearlo.

Subaru prefería estar encerrado en su habitación, bebiendo un café añejo; mientras Seishiro prefería mirar desde lejos, anhelándolo como un niño que desea un juguete de aparador. Ambos se atraían, ambos eran iguales, pero no podían estar juntos, sus naturalezas eran muy opuestas, y quizás por eso se amaban de manera retorcida y dañina.

Caso cerrado.

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Hi~~
Algo cortito para el día de hoy, pero mañana vendrá algo más largo y elaborado.
Tengo la idea de que Seishiro siempre estuvo ahí y Subaru lo sabía, pero nunca se buscaron aún si Subaru quería su venganza. Súper masoquistas no mmn.
Obviamente puse la canción de "A soulmate who wasn't meant to be" de Jessica Benko, queda super bien.
Y recuerden amiguitos: Hay personas que quitan y personas que dan. Siempre busca alguien que te dé algo, que te haga mejorar o que te inspire, no mereces menos
Besos en sus colas 3
Bye~~