Es un patrón de abuso emocional en el que la víctima es manipulada para que llegue a dudar de su propia percepción, juicio o memoria.
AU (Alternative Universe)
Subaru
Abro mis ojos lentamente y la luz del sol que entra por la ventana deslumbra mi vista de inmediato. Gruño, odio el sol por las mañanas. Escucho el sonido del tic tac del reloj en la pared blanca, escucho aves, el río, la tostadora; mis sentidos están, de cierta manera, más agudos que de costumbre. ¿Dónde estoy?
Miro a mi alrededor sin tener respuesta alguna, estoy desnudo, tengo frío y mi cabeza da vueltas, las náuseas son tantas que tengo ganas de vomitar, así que voy al baño y lo hago; la acidez en la garganta se me hace familiar, por alguna razón siento que no es la primera vez que vomito, por alguna razón sé dónde queda el baño de la habitación. Me siento en la tapa del escusado y me miro en el espejo que está frente a mí, es un espejo de cuerpo completo. Me pregunto ¿Quién querría mirarse mientras hace del baño? Tal vez un retorcido juego, producto de una mente retorcida.
Al analizar mi reflejo me doy cuenta de las marcas rojas en mi piel, algunas son recientes y otras parecen ya estar borrándose, también, alcanzo a ver cicatrices y heridas frescas. Mi sentido común me dice que debo asustarme, pero por alguna razón me siento tranquilo, ¿Costumbre? Tal vez; pero la venda en mi mano me causa intriga, está mal puesta, como si la hubiera colocado con prisa ¿Yo la coloqué?
Levanto las vendas y echo un vistazo rápido.
Oigo la tostadora terminar su labor, él viene.
Mi nombre es Subaru Sumeragi, tengo… ¿20?, ¿19?, ¿21? Sé que rondo entre mi segunda década de vida. Tengo una afición por los animales y la naturaleza, estudio… ¿Estudiaba? ¿Qué hacía antes de venir aquí? Tengo una hermana mayor llamada…
—Subaru, ya está listo el desayuno—entra al baño y me ve ahí sentado, le sostengo la mirada un rato hasta que él me sonríe y acaricia mi mejilla con ternura—. ¿Volviste a vomitar? No te preocupes, ya he preparado algo para eso —se aparta de mí y lo veo recargarse en la puerta—. Vamos, se va a enfriar.
Mi nombre es Subaru Sumeragi, rondo entre mi segunda década de vida. Tengo una afición por los animales y la naturaleza….
El sonido de la cristalería al chocar con la madera me saca de mis pensamientos. Seishiro ha puesto el desayuno en la mesa y se sienta frente a mí, mirándome con una sonrisa. Miro el plato: huevos con pan tostado, jamón frito, una salchicha, seis champiñones salteados y una ciruela en rodajas, todo acomodado con la apariencia de una carita feliz. Y por supuesto, el café negro.
Suspiro, sabiendo que no debo dejarme llevar, aunque no sé a ciencia cierta el por qué no debo dejarme llevar. Es solo una pequeña voz casi extinta en mi cabeza que me grita que no lo haga. Sigo un poco desorientado, la boca me sigue sabiendo a vómito y el reloj no hace más que estresarme. ¿Por qué estoy aquí? ¿Por qué yo...?
—Estás pensando mucho —dice mientras come su propio desayuno—. ¿En qué piensas, cariño?
Cariño...
—Nada en particular.
—Entiendo —los cubiertos chocan con los platos en un silencio que se forma tras mi ambigua respuesta—. ¿Te gustaría salir a caminar por el bosque un rato? Hace mucho que no damos un paseo.
Paseo...
—Suena bien —sonrío ¿Me siento verdaderamente feliz por su propuesta?
El desayuno termina y él levanta los platos, mientras, yo sigo perdido, mirando el enorme balcón desde mi asiento. Lo veo acercarse, por alguna razón trago pesado y mi cuerpo se pone a la defensiva, a pesar de que yo no siento temor, no siento nada.
—Te vas a enfermar si sigues así —no me di cuenta cuando colocó una silla a mi lado. Él comienza a pasar su nariz por mi mejilla en un gesto cariñoso, mientras su mano recorre mi cintura desnuda.
¡Ah! la ropa. Debería ponerme algo si vamos de paseo.
Sonrío de nuevo, creo que sus caricias ¿Me gustan? Sus manos pasaron de mi cintura a mis muslos, por instinto, me siento en sus piernas y dejo que me bese. Sabe a tabaco, no me quejo, me gusta. Besa mi cuello y yo le dejo ser; su cabello huele a humo y a algo más que no logro identificar bien. Está succionando de nuevo mi piel y yo suspiro por el tacto. Paso mis brazos por su cuello y veo la venda… la venda.
Mi nombre es Subaru Sumeragi, rondo entre mi segunda década de vida. Tengo una afición por los animales y…
Me besa como si pudiera leer mis pensamientos y silenciarlos. Quita mis brazos de su cuello y me aleja un poco para juntar nuestras frentes. Estoy confundido ¿Qué estoy haciendo?
—Ponte algo abrigado, hace frío afuera —me mira, pero no siento ternura o pasión en sus ojos, hay algo más, pero sigo sin saber de qué se trata. Le resisto la mirada, sintiendo muchas ganas de irme de ese lugar, alejarme de su rango de visión.
Me levanto y él hace lo mismo, aprovecha que le doy la espalda para besar mi nuca por última vez.
Estoy extasiado; sus manos, su voz, todo se siente tan bien, pero a la vez me siento extraño, como si me faltaran muchas piezas de este rompecabezas. Sigo sin identificar por qué.
[…]
Nuestras botas resuenan cuando pisamos hojas secas, lo veo recoger algunas bayas con gesto de felicidad, mientras yo estoy cargando algunos leños, supongo que son para la chimenea. Me doy un pequeño tiempo para admirar la cabaña desde afuera; es de dos pisos, el segundo tiene terraza y el primero un pequeño garaje donde guardamos las cosas cuando salimos a pescar a la pequeña laguna cercana.
Conozco bien este lugar, al parecer.
—Mira esto —su voz me saca de mis pensamientos y lo veo con un nido de pájaros en sus manos—. Estaba por ahí tirado, ¿Es lindo no?
—Si, es precioso —tomo el pequeño nido entre mis manos y sonrío, será un bonito adorno para la repisa.
—El día está precioso, ¿Te gustaría ir a nadar?
—¡Claro!
Intercambiamos cargas, él me da la cesta con las bayas y yo le entrego los troncos. Seishiro se adelanta un poco y yo al seguirlo siento algo crujir bajo mis pies. Al bajar la vista miro los cascarones de huevo de ave, su viscoso y algo ensangrentado contenido se había adherido a mi zapato, estoy seguro de que Seishiro los pisó al verlos. Mi sentido común me dice que debería sentirme triste o molesto, tal vez asqueado, pero solo logro barrer mi zapato con las hojas caídas y seguirle el paso, pensando en el bonito nido que pondré en la mesa.
[…]
Me sumerjo en el agua fría y nado divertido. Seishiro me ve desde la orilla. Cuando hacemos ese tipo de actividades en el lago no solemos ir tan profundo, para eso teníamos el yate, aunque pocas veces lo usábamos.
—¡Ven a nadar conmigo! —lo animo mientras muevo mis brazos. Él me sonríe y se quita la camisa para entrar al agua junto a mí.
Jugamos a salpicarnos y después me embullo en el agua para intentar jalarlo desde la cintura para ahogarlo, cosa que funciona, pero una vez ambos bajo el agua, él me toma en brazos y me carga de forma nupcial, empiezo a patear para que me deje ir, a modo de juego. Las risas, todo se siente tan correcto en ese momento, en verdad lo adoro. Nos besamos y él me baja para tomarme de la cintura, mientras acaricio su cara. Es un beso profundo y húmedo, como un hechizo que no quiero que se rompa, hasta que… A lo lejos, escucho un sonido familiar pero distante en mis recuerdos, era el motor ¿de un carro? Me giro levemente para intentar ver de donde proviene, se escucha lejano, sin embargo, una vez le doy la espalda a Seishiro él me toma de la cabeza y me sumerge en el agua agresivamente.
No puedo respirar, y Seishiro no afloja la fuerza de su mano, empiezo a pelear por la desesperación de no tener aire. Araño sus manos, pero ni así me suelta, el agua se mete por mis fosas nasales y mi boca, siento mis ojos hinchados y como los pies dejan de responder. ¿Aquí acaba todo?
Cuando dejo de pelear, él me levanta del cabello sacándome del agua, dándome la oportunidad de respirar de nuevo.
Toso toda el agua, sintiendo las lágrimas caer por mi rostro hinchado; de pronto, él toma mi rostro con mucha fuerza y mete sus dedos pulgares en mi boca, abriéndola dolorosamente. Sus ojos, su mirada, mi piel se eriza al verlo pero en este punto no sé si siento excitación o miedo, tal vez mucho miedo. Suelta mi boca, dejándome adolorido. Sin ganas de reprocharle nada, solo lo veo ir hacía la orilla y ponerse su camisa.
—Hay que ir a casa —me dice mientras se aleja y yo me quedo con las manos en el cuello.
[…]
—Saldré un momento —anuncia mientras yo leo en el sofá cerca de la chimenea.
Por alguna razón el aire se siente más liviano sin su presencia, me acomodo mejor en el sillón y espero a que regrese. Un par de horas después, escucho la puerta trasera abrirse y azotarse. Aguardo a que venga a la sala a decirme su típico "Ya llegué" pero eso no pasa.
—¿Cariño? —lo llamo, pero no hay respuesta ¿Me habré equivocado?
Escucho ruidos en el sótano, con intriga me dirijo hacia ahí esperando ver a Seishiro arreglando algo o haciendo alguna escultura de madera -afición que acababa de descubrir-. Veo las escaleras y prendo la lucecita, pero me detengo en el primer escalón, me paralizo, algo en mi me dice que no debo bajar, que debo dar media vuelta y salir corriendo del lugar, de la cabaña, del bosque. Pero me convenzo de que son puras imaginaciones mías y bajo de todos modos, aun si esa sensación de peligro me martilla la cabeza por cada escalón.
Una vez abajo entendí todo lo que mi cabeza me advertía, lo que las marcas en la venda me prevenían.
Hay alguien atado a una silla frente a él, está sangrando mucho de la cabeza. Sangre. Seishiro me mira inexpresivo y me sonríe, veo hacia abajo y trae un martillo cubierto de aquel líquido, al igual que en ambas manos. Sangre. No puedo hablar, no puedo hacer nada, me paralizo en cuanto veo el rostro de esa persona, tengo el gran presentimiento de que le conozco. Sangre.
—Mira, tenemos compañía —le dice Seishiro a su víctima.
No soporto el olor a humo y hierro producto de la sangre en el suelo y en sus manos. Salgo corriendo hacía el baño a vomitar. En la carrera quito la venda de mi brazo y presiono la herida para que el dolor me haga despertar.
Mi nombre es Subaru Sumeragi, tengo 21 años, rondo mi segunda década de vida. Tengo una afición por los animales y la naturaleza, estudio en la universidad. Tengo una hermana mayor llamada Hokuto, hace tres meses fui traído aquí por quien alguna vez fue mi novio, yo…
Vómito todo y siento otra vez la amargura de la bilis en mi garganta, tomo aire y vuelvo a devolver el estómago. Mi propio vómito no me deja escuchar cuando él viene detrás de mí, su mano se posa en mi hombro y mancha mi ropa de sangre. Lo miro con terror, miro sus ojos y me siento desfallecer, quiero correr, pero mis piernas no responden. Me toma con fuerza de las mejillas y me besa.
Intento separarme, pero es más fuerte, rasguño su cara, pero él insiste.
Sus labios, son tan cálidos y se siente... Bien.
Me relajo poco a poco y él también aligera su agarre, nos separamos por falta de aire y siento mis lágrimas recorrer mi rostro, mientras, él acaricia mis mejillas manchándolas de carmín.
—Te amo, Subaru —no puedo parar de llorar y él tiernamente levanta mi rostro y seca mis lágrimas con sus pulgares.
—Yo también te amo —sonrío, en verdad lo quiero.
Él me sonríe de vuelta y toma la venda y la pone en mi brazo con cariño, haciéndome sentir como la persona más especial del mundo.
—Saldré de nuevo, ¿Te parece irte a dormir sin mí?
—Está bien, amor. No te preocupes.
Me besa por última vez y sale del baño. Yo me rio, pero por alguna extraña razón mis ojos no dejan de llorar.
[…]
Abro mis ojos lentamente y la luz del sol que entra por la ventana deslumbra mi vista de inmediato. Gruño, no odio el sol por las mañanas, pero es un poco molesto, a veces. El sonido del tic tac del reloj en la pared blanca, las aves, el río y la tostadora me dan los buenos días. Mis sentidos están de cierta manera más agudos que de costumbre, el trauma de haber despertado me hace desconocer la habitación, pero confío en que se me pasará pronto.
Miro a mi alrededor y me entretengo mirando los muebles, visto mi pijama, aun así, tengo frío y mi cabeza da vueltas, las náuseas son tantas que tengo ganas de vomitar, así que voy al baño y lo hago; la acidez en la garganta se me hace familiar, por alguna razón siento que no es la primera vez que vomito. Me siento en la tapa del escusado y me miro en el espejo de cuerpo completo que hay frente a mí.
Al analizar mi reflejo me doy cuenta de las marcas rojas en mi piel, algunas son recientes y otras parecen ya estar borrándose, también, alcanzo a ver cicatrices y heridas frescas. No me preocupo mucho por eso; pero la venda en mi brazo me causa intriga, está bien ajustada y tiene algunas manchas de pintura roja. Debería cambiarla.
Me levanto para ir a la gaveta a buscar una gasa limpia y algo de cinta, la encuentro y vuelvo a mi asiento. Quito la venda y veo el mensaje escrito con cicatrices:
"No olvides"
Me miro al espejo y toco mi rostro. Mi nombre es Subaru Sumeragi, tengo… ¿20?, ¿19?, ¿21? Sé que rondo entre mi segunda década de vida. Tengo una afición por los animales y la naturaleza, estudio… ¿Estudiaba? ¿Qué hacía antes de venir aquí? Tengo una hermana mayor llamada…
Oigo la tostadora terminar su labor, él viene y yo me apresuro a vendar de nuevo.
[…]
Hokuto, 8 horas antes.
¿Dónde estoy?
Carpeta abierta.
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Holi~~~
Esta vez hay carpeta abierta porque tendrá continuación, así que OJO
Me gusta imaginarme este OS como una película de thriller. Todo muy tétrico y así
Y recuerden amiguitos: El amor y el cariño es cuidarse uno al otro pero sin olvidarse de la individualidad, así que la comunicación entre los miembros es muy importante
Besos en su colita
Bye~~
