Hola todos. ¿Cómo están? Espero que esten muy bien, en estos tiempos "postpandemicos" que estamos viviendo.

Sé que me he ausentado mucho tiempo, pero he decidido publicar está historia, que escribí cuando los aires pandémicos se estaban estabilizando, allá por mediados del 2021. Estoy básicamente sacando mi frustración sobre lo sucedido. Sé que fueron tiempos difíciles, sé que muchos perdieron a miembros de su familia, amigos. Que muchas cosas pasaron, yo perdí mi trabajo, y sigo sin tener una estabilidad económica. Pero lo que me queda es tiempo para escribir y de alguna forma superar esto. Así que acompañenme a ver como hundo a Italia en un pozo y lo sacó de nuevo a la luz.

Como siempre, el anime de Hetalia no me pertenece.

Disfruten su lectura.

¿Cómo llegamos a esto?

Todo estaba bien, aparentemente bien. A Romano le había bajado la fiebre, el volcán Etna lo había dejado inhabilitado desde hace unos meses atrás; fue una navidad muy lúgubre y un año nuevo muy silencioso. Desde el 13 de diciembre, Veneziano no se había separado de su lado ni un solo segundo, dejándome a mí las tareas más pequeñas de la casa, como limpiar, cocinar, y comprar la comida.

Fue una pequeña lata, pero lo hice de todas formas. El humor de Veneziano había cambiado radicalmente desde el año pasado, y no quería ofuscarlo más de lo que se encontraba.

Pero nunca me hubiera imaginado esto.

¿Qué hice hoy de mal para que esto pasara? No creo recordar mi error. Si es que cometí alguno. ¿Qué hice hoy? Piensa. Me desperté como siempre, preparé el desayuno como siempre, Veneziano ya estaba al lado de Romano. Fratellone se estaba quejando de que quería estirar las piernas, por lo menos caminar por la sala de estar y la cocina. Veneziano ignoraba sus comentarios, y bueno cualquiera lo hubiera respondido algo como:" cuando te baje la fiebre" o "no, porque la mañana es muy fría" o alguna tontería así. Cuando deposité la bandeja de comida en el regazo de Romano, Veneziano salió de la habitación sin decir nada.

—¿Pelearon otra vez?

—No, Sebo, no ha dicho ni una sola palabra—me dijo Romano un poco preocupado mientras se acomodaba para comer—. Hoy está diferente.

Diferente, todo este año ha estado raro. De la noche a la mañana dejó de comer, se encerró en su habitación por días y, las pocas veces que salía, lo hacía solo para tomar agua o café. No he escuchado su voz en meses. Sus ojos navegan sobre oscuras ojeras que parecen botes trasatlánticos, dejó de sonreír, y está delgadísimo. Pero ¿quién soy yo para juzgar? Tal vez Romano sabe algo que yo no, o quién sabe quizá él pueda notar algún cambio. Me arrepentí de no haber hecho ningún esfuerzo por notarlo.

—Tal vez está preocupado por ti. La erupción no para, y teme que te empeores.

—Lo sé, pero desde hace tres meses que no se separa de mi lado. Y ahora yo me estoy preocupado por él.

— ¡Hey!, qué tal si yo te "cuido" por la tarde. Así el descansa, y por un pequeño precio te dejo caminar por el jardín ¿qué dices?

—No es mala idea. En cuanto regrese hablaré con él.

Qué tan equivocado estaba, de haberlo sabido hubiera propuesto algo distinto. Me está apretando y me corta el aire, de haberlo sabido, solo de haberlo sabido.

La mañana pasó de lo más aburrida, mientras terminaba mis quehaceres y preparaba el almuerzo.

Como todo un inocente, entre con el almuerzo y Romano lo retuvo un rato, le dijo que debía comer y descansar. Incluso yo con todo el cariño del mundo, le dije, le abracé por detrás y le aseguré que todo estaría bien, que si algo pasaba iría a despertarlo. El salió de la habitación sin decir nada y cerró tras de sí. Lo oímos bajar por la escalera, supusimos que estaba de acuerdo.

Error, fue un error y me disculpo.

Fratello, por favor déjame respirar

Me sostiene fuerte del cuello, no me está escuchando. ¡Ayuda! ¡Romano!

Bajé después de que Romano comiera, para lavar los platos y espiar la planta baja, vi a Veneziano sentado en el desayunador de la cocina, sin haber probado bocado. Ocultaba su rostro entre sus manos y vi que se estaba sujetando el cabello con fuerza, casi arrancándoselo. Hablaba solo, pero se dirigía a alguien.

Si el sale, el viento frío podría hacerle algo, y si llegara a salvarse del frío, ahí está ese odioso Virus, volando libremente en cada centímetro del ambiente. ¿qué tengo que hacer para protegerlo? No quiero que se enferme, no. Yo como quiera, yo estoy acostumbrado a este tipo de cosas. A las hambrunas, a las inundaciones, a las guerras, y a los golpes. En eso me preparaste bien.

Romano no puede debilitarse, yo ya lo he estado sobrecargando de trabajo innecesario. Desde hace meses que debería haberlo evitado. De alguna forma tengo que ponerme a trabajar, pero no puedo, no puedo hacerlo, solo veo los cadáveres en las calles, la desesperación, la multitud yendo de aquí para allá rogando por soluciones, sangre y destrucción por todo lado, a las odiosas ratas corriendo contentas alrededor de los hogares. ¿qué tengo que hacer para que todos podamos estar en paz? ¡DIME MALDITA BRUJA!

—Fratello ¿estás bien?

Toqué a Veneziano ligeramente en el hombro, el reaccionó de inmediato, se levantó de la silla me tomó del cuello, me apretó fuerte, tomó el cuchillo de la mesa y empezó a amenazar a la nada.

— ¡ALEJATE BESTIA!, SI TE ACERCAS NO RESPONDO, ¡MALDITA ZORRA!

—Veneziano—intenté hablar— suéltame

—¿QUÉ ME CALME? Si eso quieres, ¿verdad? Que baje la guardia para que acabes con nosotros uno a uno como casi lo hiciste la última vez. No te dejaré hacerlo, mientras yo esté aquí no te podrás acercar a ninguno de ellos ¿oíste? Ni a Romano, ni mucho menos Seborga.

El me regresó a ver por unos segundos. Me di cuenta que Veneziano estaba mirando sin ver, y en ese instante pensé que mi hermano se había vuelto loco, totalmente fuera de sí. Y qué tal vez me termine asesinando. Intenté zafarme de su agarre, pero como nunca su brazo estaba bien apretado.

¿Cómo llegamos a esto? ¿Qué hice hoy de mal para que esto pasara? No entiendo nada.

—No, idiota, por supuesto que no pienso moverme, si te sigues acercando te juro que yo mismo te mato, aquí y ahora.

Sea quien sea la persona con la que supuestamente está hablando mi hermano, creo que está tratando de que me libere. Y que se calme, que respire, que descanse.

—¿Qué yo qué? Y de verdad esperas que coma cuando hay niños que no tienen que comer, porque a sus padres les quitaron el trabajo. Esperas que yo me alimente cuando gente muriendo en el hospital sufriendo, y otra esperando que esa se recupere y rogándole a Dios que se salve, cuando ellos mismos pudieran ser los siguientes. Estas completamente loca de remate.

—¡VENEZIANO!

Romano vio a Veneziano ahogándome y amenazando a la nada en la cocina, con un cuchillo de mesa. Por un segundo no sabía qué hacer, hasta que se armó de valor y gritó.

Al instante, Veneziano le regresaba a ver con lucidez y asombro. La mirada se posó primero en Romano, luego en su brazo izquierdo y luego en su mano derecha. Me soltó de inmediato, caí al suelo haciendo arcadas para recuperar el aire. El cuello estaba rojo por el apretón, y dolía. Romano cayó de inmediato al piso para asistirme. Cuando regresó a ver, no vio a su hermano, el cuchillo estaba en el piso, y la puerta hacia el jardín abierta de par en par. Las nubes grises y el viento helado se hicieron presentes.

Veneziano corrió hacia el jardín y se detuvo en el medio de este, el viento frío le dio en la cara como impidiendo su escape y congelándolo en el lugar. Gotas de lluvia, grandes y pesadas lo confinaron a esa posición.

¿Qué fue lo que hice? Se preguntó. Casi mato a Seborga, pero ella estaba ahí, fresca como lechuga. ¿me he vuelto loco?

— ¿Fratello?

Romano bien cubierto con un paraguas, bufanda, gorro de lana, guantes y unas buenas botas para la lluvia; se acercó a él suavemente. Sus mejillas sonrosadas por la fiebre se asomaban por toda la cubierta lanuda de su bufanda.

—Has estado toda la tarde debajo de la lluvia, entra o te vas a enfermar.

Veneziano pensó que eso sería irrelevante, lo más factible era que él estuviera ya muerto y no se había dado cuenta. Y estas consideraciones no eran necesarias.

¿Les gustó? Espero que sí.

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Como siempre los veo en dos semanas.