Mucho texto y crossover

AU (Alternative Universe)

Ya llevaba días que no podía dejar la cama, se la había pasado tendida ahí, sin hacer nada, a veces miraba el techo, pero el sentimiento de pesadez la invadía, como sí este fuera a caérsele y aplastarla de un momento para otro, tenía miedo de que sí salía sintiera lo mismo con el cielo. ¿Había alguna razón real para levantarse?

Ella fue la que encontró el cuerpo de su hermano afuera de la habitación del hospital, aunque su abuela había evitado que el cerezo lo devorara no llegó a tiempo para salvarlo. Ese día, mientras lo tenía abrazado, lloró como nunca, tanto que hasta podría jurar que los ojos se le secaron. A pesar de que llevaba días encerrada en el cuarto principal del departamento de su hermano, ya no lloraba, solo sentía un enorme vacío en el corazón.

Supo que algo andaba mal cuando de un momento a otro sintió como si una aplanadora le pasara por el corazón. Corrió, corrió lo más rápido que pudo hacia donde se suponía que estaba su hermano. Todo terminó de derrumbarse cuando lo encontró.

¿Por qué había sucedido eso? Se sentía infinitamente culpable. Ella lo sabía, sabía que Seishiro era el sakurazukamori y aun así decidió creer. Qué tonta, ¿no? La gente no cambia, hay quienes simplemente no saben amar. Seishiro era de esos, de los que quitan, y se había llevado a su hermano. Hokuto sabía lo que seguía después de ese capítulo en el que ella se encontraba deprimida, se lo había jurado y ella sí cumplía sus promesas.

Pero lo haría después, por el momento, solo quería estar en esa habitación hasta que se le pudriera el alma. Solo así podría tomar represalias contra ese asesino. Necesitaba tiempo, necesitaba descansar. Cada cierto tiempo se quedaba dormida, pero las pesadillas, los buenos recuerdos que se volvieron en memorias amargas la invadían en un constante recordatorio de que su otra mitad ya no estaba, su gemelo. Su estómago rugía furioso por comida, le ardía, pero se negaba a salir de ahí aún si la abuela había ido a verla y llevaba días insistiendo detrás de la puerta. No se levantaría, no por ahora.

[…]

Después de casi una semana en cama, Hokuto decidió tomar un baño y por fin hacer algo al respecto. Tenía la cabeza pegada a la pared mientras el agua fría corría por su cuerpo. Recordaba vagamente cuando ella y su hermano se bañaban juntos de niños. Varias veces, por sugerencia suya, habían intercambiado ropas y jugado bromas a los demás miembros del clan. Normalmente ese recuerdo la haría reír pero ahora se sentía tan lejano y ajeno.

De repente todos los recuerdos invadieron su mente como flashazos; su niñez, la vez que decidieron irse de Kioto, Seishiro, las promesas, las risas, la película se detuvo en la sonrisa hipócrita del Sakurazukamori. Golpeó el azulejo con todas sus fuerzas. Su hermano siempre le había dicho que ella era la más fuerte de los dos, ¿Qué diría si la viera? No, ella no era fuerte, en ese momento se sentía tan frágil como una hoja de papel. Hubiera deseado ser ella en vez de él, ella era la mayor, ¿No se supone que debía protegerlo?

Tantas cosas que pudo haber evitado, pero al final tomaron caminos incorrectos, nunca debió confiarle a su hermano a ese hombre, era su culpa y ahora lo había alejado de su lado.

Coraje, enojo. Hokuto recordó aquella tarde en la cocina con Seishiro, ellos tenían una promesa. Y ella ya estaba más que lista para cumplirla.

Tenía un horrible moretón en la mano con la que había golpeado el azulejo, parecía como si el dolor le hubiera hecho sentirse viva de nuevo. Se detuvo frente al espejo y se miró por un largo rato. Tokyo, una ciudad que no te acepta fácilmente, una ciudad que atrae a las personas con sus luces y sus novedades, del mismo modo que la luz atrae a los insectos, en Tokyo, las cosas se hacían de una manera muy diferente al resto de la ciudad, ahí es normal traicionarse, desecharse los unos de los otros, odiar. Tokyo no necesitaba la amabilidad de Subaru, pero si su poder y su persona, Tokyo necesitaba a personas con el carácter fuerte de Hokuto, pero no su poder ni su persona.

Tomó las tijeras de un cajón en el tocador del baño y miró detenidamente su reflejo y vió sus manos temblorosas, sin evitar recordar la vez que se mudaron a Tokyo.

"Aquí nunca podremos ser nosotros mismos y tú lo sabes" le había dicho a la abuela en un arranque de ira "Queremos nuestra libertad".

"¿Y están dispuestos a pagar el precio de esa libertad?".

Le sabía amarga la boca al recordar esas palabras, su libertad les costó muy caro, pero de una manera u otra comprendió que sin importar donde estuvieran, Seishiro habría de encontrar a su gemelo y el desenlace sería el mismo, ¿Era eso lo que llamaban destino? Que

cruel, lo odiaba.

Con rabia obligó a sus manos a dejar de temblar. Vio el filo de las tijeras y comenzó a cortar sus largos mechones negros.

[…]

La muerte de Subaru Sumeragi solo fue informada al consejo del clan, ningún otro miembro o alguien de las casas aliadas sabía de aquello. Hokuto renunció a su feminidad, algo de lo que siempre estuvo orgullosa, pero no se sentía triste, era lo mejor para todos. Su abuela le enseñó a mejorar su habilidad espiritual, invocar y hacer contratos con espíritus poderosos para compensar la falta de poder, Hokuto nunca podría compararse con su gemelo, pero hacía todo en sus manos para mantener el teatro.

Su abuela le había insistido en varias ocasiones en que desistiera de la idea de reemplazar a su hermano y de su venganza. Pero ya no había marcha atrás, era ese odio y ese coraje la que la mantenía con vida. El rencor y los insanos sentimientos la mantenía repudiando al causante del daño.

Había enviado a varios miembros del clan, pertenecientes a ramas de baja categoría, a buscarlo, pero parecía que se había esfumado con el viento, aunque Hokuto sabía que el Sakurazukamori no podría resistirse a la idea de que su objetivo siguiera vivo. Era cuestión de tiempo y ella era paciente.

[…]

La estación de Shibuya siempre había sido de las más concurridas de la ciudad y ella volvía después de una noche entera de trabajo y búsqueda. Había escuchado rumores de eventos paranormales relacionados con flores, así que no dudó ni un minuto en ir a revisar, sin embargo, solo era un caso común y corriente. Estaba frustrada, hace casi un año que no habían señales de Seishiro, tenía a mucha gente buscando y no había encontrado nada, era imposible solo desaparecer, así como así. Era irracional, no tenía sentido. No podía evitar pensar que eso también era obra del destino.

Estaba en el cruce peatonal, esperando a que el semáforo le diera pase, revisó su reloj con desinterés cuando sintió algo vibrar en su interior. Un pitido comenzó a escucharse en sus oídos y buscó de inmediato el origen. Algo estaba fuera de lugar en aquel momento

¿Dónde? ¿De dónde proviene esa incertidumbre? ¿Será él?

No tuvo tiempo de reaccionar porque en ese momento alguien iba a pasar la calle aun con el semáforo peatonal en rojo. Hokuto extendió la mano y lo tomó de la capucha, evitando que un enorme camión lo aplastara.

—¿Oye que mierda te pasa? ¡¡Casi te atropellan!! ¡¡Debes mirar por dónde…!! —cuando miró al extraño sintió sus entrañas removerse en su interior.

[…]

—¡Me has salvado, en verdad tenía muchísima hambre!

Estaban en un McDonalds, el hombre estaba alegremente comiendo una hamburguesa del menú infantil mientras ella lo miraba desconcertada. Aquel tenía una ropa bastante extraña, cabello negro, lentes oscuros y una sonrisa que parecía casi perpetua. Una sonrisa que le recordaba a la de Seishiro; estaba segura, ese tipo desprendía la misma energía que el Sakurazukamori, solo por eso lo llevó con ella.

—¿Quién eres? —preguntó Hokuto, meneando su bebida sin siquiera haberla tomado. Su invitado ya había notado desde hace bastante tiempo que su anfitriona no había tocado la comida.

—Soy un viajero —dijo alegre, abriendo su juguete—. Pero no vengo de algún lugar que conozcas.

Hokuto no dijo nada y se limitó a verlo terminar su bebida con ímpetu, mientras se entretenía descubriendo las funciones de su juguete barato.

—¿Te vas a comer eso? —cuando la chica negó con la cabeza él solo se lanzó contra sus Nuggets.

"Es extraño" pensó mientras lo veía comer como desesperado.

—Oye, em, seré franco contigo. Me recuerdas a alguien que estoy buscando así que quiero saber si tienes algo que ver con él.

—¡Claro! Dime, ¿Quién es?

—Busco… —la chica se acercó al viajero y susurró— al Sakurazukamori.

—¿Al qué?

—Al Sakurazukamori —insistió, pero bufó cuando se dio cuenta que el hombre verdaderamente no le estaba entendiendo— a Seishiro Sakurazuka.

—¡¿Tú también lo buscas?! —exclamó sorprendido, dejando de lado su juguete.

—¡¡Así que sí sabes algo!!.

—Más o menos, es que mi situación es complicada…

Hokuto sintió de nuevo nacer esa rabia en su interior y esta vez no la iba a controlar. Golpeó la mesa con las manos, llamando la atención de los demás comensales, y tomó al viajero del cuello con violencia.

—¡¡Me da igual si vienes desde Luxemburgo o Perú, pero me vas a decir todo lo que sabes de ese hombre!!, ¡¡¿Quedó claro?!!.

El viajero asintió repetidas veces asustado mientras Hokuto lo dejaba de nuevo sentado.

—¿Cuál es tu nombre?

El hombre sabía que si no respondía rápido probablemente terminaría golpeado, pero aún así dudó un poco en responder. Se hizo un silencio incómodo hasta que decidió mandarlo todo al demonio y esperar a ver que sucedía, tal vez sería divertido.

—Fuuma.

[…]

Hokuto no podía parar de morderse los labios, ¡¿Acaso ese idiota le estaba viendo la cara?! Estaba más que furiosa; ese Fuuma fue a contarle cuentos de ciencia ficción y tenía el cinismo de decirlo con seriedad. ¡Tenía ganas de destrozar algo! Se metió a un callejón y pateó un bote de basura.

—Wao te ves enojada.

Se paralizó, reconocía esa voz sin importar a donde fuera. Soñaba con esa voz todas las noches, era imposible olvidarla.

Se giró rápidamente y comenzó a buscar con la mirada, pero estaba sola en aquel lugar. Llamó a su shinigami, un pequeño mono de aspecto esponjoso, y lo hizo buscar por los tejados.

¿Era posible?, ¿En verdad él estaba ahí o era otra broma de su cabeza? Seishiro, Seishiro Sakurazuka, él debía estar por algún lado, lo sentía, lo sentía bastante cerca. Era como fuego que quemaba su estómago y cosquilleos en las plantas de los pies, aunque no sabía qué era ese sentimiento realmente, ¿Era excitación?, ¿Era furia? O era…

¿Miedo?

Salió corriendo del callejón y pasó empujando gente; su shikigami bajó de los tejados y se posó en su hombro, mientras ella seguía intentando perseguir ese presentimiento. Algo en ella podía detectarlo, sentirlo y se negaba a dejarlo ir. No supo cuándo ni porqué, pero sus ojos habían comenzado a lagrimear.

¿Sería capaz de matarlo aun teniéndolo en frente? Su odio y su enojo decían que sí, pero entre más tiempo pasaba, los agridulces recuerdos de su convivencia la abrumaban. Odiaba aceptarlo, pero con el tiempo, ella le había agarrado afecto a aquel asesino. ¿Si se enfrentaban podría terminar con todo?

Llegó al cruce peatonal y queriendo seguir aquella corazonada, cruzó sin fijarse. Se dio cuenta de su error cuando escuchó la bocina de un camión. Lo miró como si fuese cámara lenta, ella perfectamente podía echarse para atrás y volver a la acera, sentía que tenía todo el tiempo del mundo. Pero se preguntó ¿Qué cambiaría? Vivir, morir, daba igual, ya no estaba tan segura de su venganza, ya no estaba segura de nada, ¿valía la pena vivir como un zombie por la ciudad? La gente vive y muere todos los días, a veces ni se dan cuenta de lo que vivir significa y se la pasan derrochando su tiempo. Ella era así, tal vez pudo haber disfrutado mucho más con su hermano y su familia, pero nunca sintió lo que el tiempo y la vida significaban hasta que se fue. Hasta que su departamento tuvo el letrero de "Se renta" de nuevo y alguien nuevo comenzó a habitarlo.

Se dio cuenta que todo, después de la muerte de su hermano, se parecía a ese momento, a ese camión a punto de aplastarla. Todo seguía moviéndose y avanzando a su alrededor, pero ella parecía un espectador, se sentía dejada atrás por el mundo mismo. ¿Debía esquivar aquel camión? ¿Valía la pena hacerlo? El clan encontraría un nuevo líder, estaba segura de eso, en ese caso, daba igual, ¿Verdad?

Cerró los ojos, esperando el impacto, hasta que sintió como la jalaban del cuello de la gabardina. Fue muy rápido. tanto que su mochila salió volando y el camión la destrozó mientras ella estaba a salvo.

—Deberías mirar por donde caminas —Fuuma le sonrió con su típica sonrisa burlesca y Hokuto solo pudo secarse las lágrimas con enojo y lo miró con una mirada que claramente decía "¿Cómo me encontraste?"—. Soy un cazador, y siempre encuentro a mis presas.

[…]

Era muy tarde y ambos caminaban por las calles, sin un rumbo fijo, Hokuto pensó en ir a su departamento, pero no quería llevarlo con ella, seguía sin bajar la guardia.

—Un viajero dimensional, ¿eh?

—Así parece.

—Entonces —dijo alargando la "o" apropósito—, en otra dimensión Seishiro es tu hermano mayor.

—Sip.

—Pero en esta dimensión no sabes si están relacionados.

—Ajam.

Siguieron caminando en un silencio incómodo hasta que Hokuto se detuvo y lo miró de frente.

—¿¿Por qué demonios estás siguiéndome??

—Acabo de llegar a este mundo, no sé nada de aquí, además soy un cazador de objetos, estoy buscando algo valioso aquí —Fuuma también se detuvo, metió una mano en su bolsillo y con la otra apretó la nariz de Hokuto—, y tú —apretó la nariz mientras alargaba la "u"— te ves como alguien que sabe sobre el mundo sobrenatural, tal vez me des pistas.

Hokuto claramente se enojó y apartó la mano del desconocido.

—¿Y por qué te ayudaría si se puede saber?

—Porque puedo ayudarte a encontrar a Seishiro —al escuchar eso la chica alzó la ceja y lo miró expectante—. Mira, Subaru-kun, soy un cazador y rastrear cosas o personas es literalmente mi oficio, tú me ayudas, yo te ayudo.

—Tu hermano también es un cazador y no ha podido encontrarme —Fuuma todavía no sabía que quien estaba frente a él no era Subaru, o si bien lo sabía, le seguía el juego. En realidad, a Fuuma le importaba poco lo que sucediera en esa dimensión.

—Eso es porque ambos decidieron jugar en un patio demasiado grande, las dimensiones son básicamente infinitas, así que su juego del gato y el ratón tomará bastante tiempo. En tu caso el patio de juegos es chiquito, de seguro lo encontraremos rápido.

Hokuto seguía sin saber si confiar en él o no. Pero ya llevaba casi dos años buscando y no había pistas claras.

—Será divertido —Fuuma extendió su mano y Hokuto aún con muchas dudas, la estrechó...

[…]

—Estás muy delgado y no has tocado tu desayuno.

Fuuma al final si había ido con ella a su departamento, básicamente llegó a dormir al sillón y a comer, pero por lo menos se había levantado mucho antes a preparar el desayuno. Eso ya era algo.

Hokuto por un momento se había olvidado de él y cuando olió la comida no pudo evitar levantarse con emoción. Por un momento se sintió como cuando era niña y en la casa principal del clan, comía su desayuno con la abuela y su hermano. Desde hace años que no despertaba con un aroma tan familiar. Se había parado con mucha expectativa, pensando que tal vez los vería ahí; pero al ver a Fuuma darle los buenos días solo sintió aún mayor el peso del abandono.

Fuuma tenía razón, estaba muy delgada. Lo había notado desde hace ya bastante tiempo, pero no lograba preocuparla lo suficiente. Cuando se miraba al espejo no podía evitar preguntarse ¿Dónde había quedado Hokuo? Aquella chica que cuidaba cada detalle de su salud y la de su hermano, quien siempre se procuraba, ¿Acaso Subaru pasaba por lo mismo que ella en ese momento? Era fácil descuidarse cuando literalmente casi todo Japón dependía de ti. Negó con la cabeza para sí misma y comió un bocado de su plato.

Le sabía amargo, ella no solía desayunar en su departamento, odiaba la soledad, pero ese día Fuuma en verdad estaba haciendo un esfuerzo por ser agradable. Le molestaba, por alguna razón Fuuma la irritaba bastante.

Se sentía mal por el chico, literalmente no le había hecho nada más que acompañarla y ella hasta sentía que de cierto modo lo odiaba, tal vez... ese odio no era para Fuuma, sino, para sí misma. Odiaba la soledad, pero ahora que tenía compañía la detestaba, eran esos sentimientos contradictorios los que la hacían vomitar. Odio, odio, odio. Que mierda de vida.

Hokuto no pasó más allá de la mitad del plato pero Fuuma no dijo nada, no quería terminar con un zapato en la cabeza; tampoco comentó nada de su ropa, era cierto que tenía estilo, pero los colores siempre eran de una gama monocromática deprimente, no es que fuera chismoso o le molestara, pero había viajado entre tantas dimensiones llenas de colores brillantes y divertidos que ver a "Subaru" vestido así le ponía hasta triste, aunque debía admitir que no era muy diferente al Subaru que él ya conocía.

Salieron para hacer cada uno sus actividades. Aunque la única actividad de Fuuma era seguir a la chica como un perrito. Hokuto se abstuvo de gritarle para alejarlo porque era muy temprano para hacer corajes.

—Y a todo esto, ¿qué estás buscando? —estaban en el tren, al ser tan temprano no había demasiada gente, así que ambos iban sentados uno al lado del otro.

—Una fuente de poder —dijo relajado, jugando con algo que parecía una brújula.

—Puedes llevarte una batería en ese caso, ¿no?

—Jajaja que simpático eres —fingió una sonrisa mientras su brújula comenzaba a brillar—. Busco algo que almacene poder mágico o espiritual, algo que se refuerce con el tiempo... Algo así como la batería que dices, pero con magia.

—¿Cómo un onmyouji, cómo yo podría ayudarte? Podrías haber buscado a un mago.

—Lo sé, pero, lo que busco pertenece a otro onmyouji, es esto —la brújula comenzó a brillar en un destello violeta y mostró un holograma de un cerezo.

Hokuto no supo qué decir, se había quedado boquiabierta mirando el cerezo, reconociéndolo al instante. Fuuma se quedó un momento esperando su reacción y se puso ansioso de que no dijera nada.

—¿Está todo bien?

—Si, es sólo que pensaba que era una gran coincidencia.

—Te equivocas, Subaru-kun. En este mundo no existen las coincidencias... solo existe lo inevitable.

[…]

—Entonces, ¿Seishiro-onisan mató a tu gemela y el cerezo se la comió? —iban hacia un trabajo y Hokuto por fin le había contado su historia.

—No alcanzó a hacerlo, nuestra abuela salvó el cuerpo antes de que lo devorara —hizo una breve pausa y continuó—. Pero, pareces extrañado, quieres decir que, ¿En otros universos no existe Hokuto?

—No es que no exista, es que es poco común, es más normal verte con Kamui y así, pero tú dices que no lo conoces así que debe faltar algún tiempo para que ustedes dos se encuentren.

Hokuto no sabía cómo tomarse eso, siempre creyó que la conexión que tenía con su hermano era irrompible y ahora se enteraba que Subaru tenía una conexión más fuerte con un tal Kamui. Devastación, sintió el estómago darle vueltas y después sintió de nuevo ira. Por fortuna, antes de empezar a reclamarle a Fuuma por algo que él no decidió, llegaron al lugar del encargo. Estaban a los pies de la escalera de la gran casa y cuando pisaron el primer escalón, el sonido de un cascabel hizo a Hokuto alzar la cabeza en busca de su origen.

Miró a Fuuma de reojo y cuando vió que él no había escuchado nada pensó que era su imaginación y siguió subiendo hasta que vio un pétalo de cerezo en el suelo. Se agachó para recogerlo y al levantarse ya no estaba en las escaleras de la gran casa. Era un espacio negro, nada se veía al horizonte ni en las cercanías, lo único cerca era un enorme cerezo. Buscó a Fuuma, pero estaba sola ahí, hasta que lo miró, lo vió a él.

—Es un lindo día de primavera, ¿No crees lo mismo, Hokuto-chan?, ¿O debería llamarte Subaru-kun?

—No te atrevas a mencionar su nombre, maldito.

—Lo siento, pero realmente son muy parecidos.

Hokuto sacó pergaminos de sus bolsillos y junto a ella aparecieron tres bestias. Dos zorros de tres colas, ambos tan grandes como ella y la tercera era un pequeño mono redondito y adorable, el primer familiar que conjuró en su vida.

—Has aprendido bastante.

—¡Te mataré!

—¿Y puedes hacerlo?

Hokuto se quedó pensando, ¿Sería capaz de matarlo? Se sintió como aquella vez en Shibuya. Se mordió el labio hasta hacerlo sangrar y se lanzó contra él. De nuevo el sonido del cascabel la distrajo. Seishiro desapareció pero el cerezo con sus ramas la aprisionó, intentó safarse, pero fue inútil. Seishiro reapareció frente a ella y la tomó del mentón.

—¿En verdad tienes el valor y la fuerza para asesinarme?

Los zorros se lanzaron al Sakurazukamori y el pequeño mono batallaba con las ramas para liberar a su ama. El cascabel volvió a sonar hasta que pareció haber una rasgadura en el ambiente negro y poco a poco comenzó a rasgarse como papel hasta desaparecer. Hokuto cayó de rodillas y sus shikigamis desaparecieron. Fuuma le ofreció una mano para levantarse, pero al ver que la chica seguía mirando al suelo retiró sus intenciones y le mostró un pergamino negro.

—Alguien no quería que vinieramos.

—¿Dónde...?

—Era una ilusión. Alguien mandó esto para mantenernos alejados antes de que siquiera llegáramos.

Hokuto se levantó y entraron a la enorme casa. Los recibió una mujer mayor que los llevó a un cuarto donde dos amantes se miraban con amor. Sin embargo uno de ellos estaba muerto.

¿Por qué? La mujer les había pedido exorcizar al fantasma, pero Hokuto mientras lo hacía, no podía preguntarse el por qué, ella se veía feliz y no dañaba a nadie, se veía en paz. Pensó en ella misma, si ella pudiera traería a su hermano de vuelta, a su lado. Pero su alma había sido devorada. No quedaba nada de Subaru Sumeragi.

Cuando terminó el trabajo, salieron de la casa en un silencio sepulcral, la chica no podía dejar de morderse los labios mientras pensaba como aquella mujer lloraba amargamente después de que su amante fue exorcizado.

—Él no debió haberse ido —dijo Hokuto, deteniéndose de repente, haciendo que Fuuma también se detuviera.

—¿Quién?

—Él no debió haberse ido —susurró para después girarse y tomar a Fuuma del cuello con violencia—¡ÉL NO DEBIÓ HABER MUERTO! ¡¡¡Yo debí haber llegado antes, yo debí haber muerto en su lugar!!!—No pudo parar las lágrimas que escurrían de sus ojos—, ¡¡Mírame!! ¡Soy un maldito payaso haciéndose pasar por él! Nunca tendré sus poderes, nunca seré tan talentosa como él. ¡Ni siquiera soy digna de existir en otros mundos! ¡¡Él no debía morir!! Yo... yo debí —la pobre había quedado de rodillas, completamente destrozada y Fuuma no sabía qué hacer.

Sintió pena por la pobre chica, pero también sabía que no debía empatizar demasiado, al final, eran de mundos distintos y él se iría, no quería involucrarse mucho. Se quitó su gabardina y se la dió ya que comenzaba a hacer frío. Se sentó en el suelo, a un lado de ella, esperando a que terminara de llorar, examinando el cielo que parecía querer romperse en una tormenta.

Pasó un buen rato hasta que su predicción se cumplió, la lluvia caía con rabia y ambos seguían ahí en el suelo sin hablar. Fue cuando comenzaron los rayos y la tormenta eléctrica que Fuuma la ayudó a levantarse y ambos se fueron a casa.

[…]

Hokuto sentía que había vuelto al punto de inicio. Se sentía tan vacía que nada la llenaba, iba y venía del trabajo y muchas veces Fuuma salía a investigar y a ella le daba poco. Se sentía patética.

Había pasado 3 días en ese estado zombie, si comía era porque sentía pena tirar la comida que Fuuma le preparaba, aunque nunca terminaba su plato.

Ya no sentía enojo. De hecho, pensaba que su enojo era estúpido, si, Seishiro tenía toda la culpa, pero estaba muy conciente de que ella no podría detenerlo, debía aceptar la realidad, él era mucho más fuerte y asesinarlo no le devolvería a Subaru, entonces, ¿Qué hacer? Ya no tenía ninguna idea de qué hacer.

Se miraba al espejo y no reconocía nada, ni siquiera se parecía a su gemelo ya. Era una desconocida mirándola desde el reflejo con lástima.

Y todo hubiera seguido igual hasta que...

El teléfono sonó, Hokuto no pensaba contestar pero sonó tantas veces, tan insistente que se obligó a pararse y tomar la bocina.

—¿Quién es?

—Lo encontré —la voz entrecortada de Fuuma se escuchaba al otro lado—. Está en Nagoya, creo que no me ha visto —Hokuto no supo qué responder, estaba impactada. Pasó un rato hasta que Fuuma pareció desesperarse—. Te lo digo porque te lo debo. Lo que tú decidas hacer, es tu decisión.

Escuchó la bocina sonar varias veces indicando que le habían colgado, ¿Qué debería hacer?

[…]

Fuuma lo seguía de cerca, con pasó alegre, no pretendía ser discreto, quería que lo notarán para charlar un poco y si las cosas se ponían rudas tendría que sacar algún truco de su bolso. Llegaron a un lugar alejado dónde extrañamente no había nadie. El Sakurazukamori los había conducido a su dimensión personal. Por fin, Seishiro encaró al desconocido.

—¡Hola! —saludó Fuuma con su típica sonrisa.

—¡Hola! —respondió Seishiro— ¿Hay algo en que te pueda servir?

En verdad ambos se parecían.

—Si eres eseguardián de esecerezo, supongo que sí.

—Ah un cerezo. ¿Te refieres a éste?

Detrás de Seishiro, el enorme cerezo se alzó orgulloso, de un color rosa vibrante que emanaba mucha energía pura.

—¡Wao! En verdad es una cosa gigante, mira, hasta rompiste mi brújula —Fuuma mostró el artefacto que parpadeaba como loco.

—Si, creció más desde la última comida que le dí, definitivamente esa persona era alguien poderosa.

—Hablas de Sumeragi-san, ¿verdad?

Seishiro, por primera vez, cambió su expresión mostrándose sorprendido, mientras Fuuma seguía sonriendo. El Sakurazukamori lo examinó con interés de pies a cabeza, algo en ese sujeto lo tenía inquieto y no sabía que era.

—Si, mira, ya me contaron tu asuntito con el chico. Digo, puedes hacer lo que quieras, es tu dimensión y así pero, creo que sí te pasaste un poquito. Aunque jajaja no puedo opinar mucho, mi hermano mayor es igual a ti.

—¿Quién eres?

—Realmente no importa, yo solo venía a preguntarte sí... de casualidad, am no sé ¿Te sobra una raíz de tu arbolote? De dónde vengo es raro un almacén de energía como éste, podría ir a otros mundos pero serían mucha vueltas, así que quería saber si me regalas una ramita —su tono de voz era amable pero de sus mangas había sacado su cable con un kunai en la punta mostrando el filo del arma.

—No creo que sea una petición muy amable, tomando en cuenta que tienes esoen tus manos.

—Soy alguien precavido.

—¿Y qué pasaría si me niego?

—Pues... tendríamos que alargar esto aún más de lo necesario.

Seishiro sonrió y sacó varios pergaminos de su ropa volviéndolos aves que atacaron a Fuuma. Una curiosidad de los cazadores es que, desde pequeños, son entrenados para cazar y sobrevivir a cualquier cosa, y bueno, él ya había peleado con vampiros de sangre pura, esquivar pájaros era pan comido. Los destrozó con su arma hasta que notó cómo se transformaban en ramas y lo ataban.

Interesante pensó, antes de cortar las ramas que sujetaban su mano y querer guardarse una ramita, la cual inmediatamente se marchitó, haciéndolo bufar.

—Parece que voy a tener que cortar definitivamente una raíz —le gritó a Seishiro desde lejos, mostrándole su ramita seca, las ramas lo habían alejado demasiado y Seishiro se rió.

Siguió atacando hasta que unas campanillas sonaron. Pronto el espacio vacío se llenó de flamas azules. Fuuma sonrió victorioso y Seishiro ya se lo esperaba.

Hokuto vestía el traje tradicional de la familia y sus shikigamis venían con ella. Traía en su cabello un broche rojo con campanillas que desde hace mucho no usaba. Se veía decidida y se paró a un lado de Fuuma.

—Así que llegaste, Hokuto-chan. Te ves distinta.

—Sei-chan...

—¿Has venido a asesinarme? ¿Por fin vendrás a cumplir tu promesa?

—Asesinarte no me devolverá a Subaru, ni calmara el dolor que siento —Hokuto sacó de su faja la pequeña daga familiar y apuntó al Sakurazukamori—. Pero tu muerte evitará más muertes de inocentes. Cómo la cabeza de la familia Sumeragi, es mi deber eliminarte.

—Inténtalo.

El fuego comenzó a expandirse, pero el cerezo seguía intacto. Hokuto intentó apuñalar a Seishiro quien la esquivó con facilidad, pero no contaba que Fuuma, desde las llamas, había atrapado su brazo con su cable. Seishiro murmuró varios conjuros llamando a su propio Shikigami que estaba a punto de arrancarle la cabeza al cazador, pero uno de los zorros golpeó al águila alejándola.

Dos contra uno, algo bastante injusto, pero su oponente era ágil y veloz, así que no era una pelea tan desnivelada.

—¡Fuuma!, ¡¡el árbol!!

El cazador, aprovechó que Hokuto entretenía a Seishiro, y fue hacia su destino; el cerezo pareció notarlo porque de inmediato comenzó a atacar. Por suerte, Fuuma ya venía mentalizado para ello y apuñaló al cerezo con una daga color violeta.

En realidad, la raíz de cerezo fue un pedido de Amaterasu* y Tsukuyomi* al nuevo dueño de la tienda, Watanuki, y este al encomendar a Fuuma en la búsqueda, le dió esa daga hecha con glicinias cosechadas por la misma SashikiWarashi, esa daga neutralizaría las energías malignas del cerezo, paralizándola, de manera que Fuuma pudiera cumplir su misión.

El árbol se detuvo y Fuuma prosiguió a ir a las raíces a cortar con la misma daga violeta.

Por su parte, Hokuto estaba con la ropa muy dañada y varios cortes en su rostro. Miles de cuervos la habían emboscado y sus zorros habían sido inmovilizados por el águila. Aún así, seguía en pie y determinada a acabar con esto de una vez por todas. Su expresión cambió cuando escuchó un grito de Fuuma. Lo miró de reojo y vio como el cerezo comenzaba a tragarlo.

No es que la glicinia no sirviera, es que, el cerezo mismo ya era demasiado poderoso, más de lo estimado y pensaba en recuperarse del daño de la daga comiéndose al cazador, aún así, Fuuma seguía aferrándose energéticamente a sus raíces y seguía cortando.

Hokuto iba ir en su auxilio, pero Seishiro le cerró el paso.

—¿Es este tu deseo Hokuto-chan?, ¿Pelearás hasta morir?

—¿Tengo otra opción, Sei-chan?

—Subaru quería que vivieras una vida plena y feliz, él mismo se entregó.

—¿En serio crees que me tragaré eso?

—En ese caso, haz lo que desees —Seishiro se puso en posición de ataque y Hokuto empuñó con fuerza la daga.

Después de eso, todo pasó muy rápido y a la vez lento. Hokuto estaba segura de que Seishiro la esquivaría y la apuñalaría por detrás, pero en ese momento, ella sentía la tibia sangre el asesino en sus manos.

Estaba atónita, no tenía sentido, ¿Cómo?

Seishiro la miró con una sonrisa y le dijo en un susurro casi inaudible.

—El día que murió Subaru, pasó exactamente igual. Yo creí que él me mataría pero...

Seishiro lo recordaba muy bien. Ese día en el hospital él y Subaru se encontraron frente al cerezo.

"Sabía que eras tú" dijo el chico con una sonrisa triste. "¿Lo recordaste?" Preguntó Seishiro.

"Lo soñé hace unos meses y desde entonces no puedo parar de pensarlo" ambos habían guardado silencio y Subaru apretó los puños.

"¿Y bien?" Dijo Seishiro mirándolo "¿Qué pasa con la apuesta?".

Subaru miró a la nada, con melancolía, sacó la daga de losSumeragisde su saco "Eso debería preguntar yo. ¿Te sientes enamorado?".

"No. A decir verdad, eres un humano común y corriente. No siento nada por ti, eres interesante, lo admito, pero no siento nada especial".

"Hokuto-chan, dice que el amor es querer estar con alguien y compartir, no tiene que ser romántico, solo, quieres estar en su vida, es cotidianidad, hasta ahora lo entiendo" reiteró Subaru, antes de apuntarlo con la daga, temblando horriblemente. Aunque su voz quería seguir apacible, también temblaba y las lágrimas comenzaron a bajar por sus mejillas "Cuando supe que eras el Sakurazukamori en verdad me sentí traicionado, quise odiarte, pero al final me di cuenta que las cosas no salieron comoplaneaste. Eres el Sakurazukamori, yo el jefe de losSumeragis, nuestro destino ya estaba escrito desde antes. Me tomó mucho tiempo asimilarlo, debo confesarte que no quiero hacerlo. Pero por el bien de todos, ya no hay marcha atrás".

Una pelea similar, como si se vieran en un espejo. Solo que, cuando Seishiro apuñaló a Subaru, estaba sorprendido. Subaru estaba en sus brazos desangrándose, mirándolo con aquellosorbesverdes que se le hacían tan curiosos.

"D-desdeque supe que eras el Sakurazukamori comencé aobservarteaún más y me di cuenta que eres un mentiroso compulsivo".

"¿Por qué te dejaste matar?".

"Cómo Sumeragi, debo pelear contigo hasta el final, y no quiero eso. Al final yo fui quien perdió la apuesta. De este modo leperteneceréal cerezo... y a ti, seré parte de tu vida eternamente".

"Eres muy especialSubaru-kun, desde niño".

"¿Ves? Siempre mientes".

Cuando Seishiro murió en los brazos de Hokuto, el cerezo pareció soltar un grito desgarrador antes de partirse en dos. Fuuma salió de entre la tierra con una raíz en su mano, mientras el cerezo continuaba quebrándose. Los pétalos caían como si fueran lágrimas de dolor. Y Hokuto no podía creer lo que había escuchado.

Miró al cerezo con una profunda tristeza y soltó a Seishiro para intentar abrazar al árbol.

—¡Perdóname!, ¡¡Perdóname, Subaru!!

Todo comenzó a derrumbarse y Hokuto estaba ahí, sin querer separarse del cadáver ni del cerezo. Fuuma se aseguró que la raíz no se secara y estaba dispuesto a huir pero se volteó a mirar a Hokuto.

—¡Esta dimensión es creada a partir del poder del cerezo! ¡Si no salimos ahora, ni con mi habilidad de cruzar dimensiones podré sacarnos! ¡¡Date prisa!! —Fuuma extendió su mano a Hokuto quien seguía sin moverse—¡Señorita! —por primera vez no se refería a ella como Subaru.

—Yo me quedo aquí, Fuuma —el cazador la miró atónito y ella siguió—. Aun si salgo, no hay nadie a quien ame afuera. Sé que la abuela se pondrá triste, pero acabo de perder a las dos únicas personas que amé en verdad... y yo los asesiné a ambos... No saldré.

—Señorita...

—Adiós Fuuma.

[…]

Fuuma estaba sentado en un McDonald 's, precisamente el primer lugar que visitó con Hokuto, y examinaba su adquisición. Aún siendo una ramita, tenía un gran poder acumulativo, seguramente Amaterasu y * sabrían cuidarlo hasta que fuera un frondoso árbol con energía purificada.

Terminó su cajita feliz y miró su juguete. Realmente esa dimensión había sido un trago demasiado amargo y se sentía algo triste, pero debía saltar a otra dimensión así que no tenía tiempo para eso.

Dejó el juguete aún con bolsa en el asiento de enfrente y ahí lo abandonó.

[…]

Hokuto estaba recargada en el tronco del marchito cerezo y el cadáver de Seishiro a un lado. Estaba esperando pacientemente a la muerte en ese lugar vacío y frío. Se había rendido por completo hasta que algo se iluminó como si alguien entrará a la abandonada dimensión.

—Pobrecita —dijo la voz—. El destino, fue muy injusto contigo —Hokuto le ignoró, más bien, no le escuchaba con claridad, ella estaba prácticamente muerta en vida— ¿No te gustaría… traerlos de vuelta?

—Es imposible—respondió con apenas un hilo de voz—Quienes mueren no pueden volver, es un tabú.

—Tienes razón—La presencia se sentó a su lado y la abrazó acariciando su cabello—Pero aún así no puedes dejar de desearlo. Tu corazón los desea de vuelta... acaso, ¿Eso es malo? El destino fue quien te los quitó, tu y yo sabemos que no debía ser así—Acarició su cabello con ternura mientras Hokuto escuchaba en silencio—Yo puedo ayudarte...

Con esas últimas palabras Hokuto recuperó un poco de luz en sus ojos y volteó a verle esperando saber más.

Carpeta archivada

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FIN del Angstruary 2022.

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Holi~

Este ya es el último capítulo del Anstuary Yayyy (O sea, si me pone triste que se acabe, pero me alivia un poco no tener que publicar diario jajaja)

WEEEEEEY Son casi o más de 6000 palabraaas!!! (Word dice una cosa y Wattpad dice otra) weeeee yo normalmente escribo de 3000 para abajo jajaja, por eso estoy publicando desde la compu porque mi cel no lo aguantó.

Ay Dios estoy súper feliz, antes de los agradecimientos y el consejo de hoy dejen les presento a unos personajes que hicieron cameo y que chance y no ubiquen (aunque probablemente si lo hagan, pero nehh)

Amaterasu, la hermana mayor de Tomoyo-Hime en Tsubasa Cronicles, interpretada por Kandapapa-Ou

Tsukuyomi, el nombre formal de Tomoyo-Hime en Nihon

SashikiWarashi, La morrilla que le roba el corazón a Doumeki para dárselo a Watanuki en xxxHolic

Fuuma (Amo a este Fuuma más de lo que me amo a mi misma) pues el viajero dimensional de Tsubasa Cronicles, jajajaja.

Ahora si, el consejo de hoy es que vivan sus lutos como quieran vivirlos, pero, PERO, no dejen que los consuma, busquen ayuda, no es malo estar vulnerable, confíen en quien los ama y siempre traten de salir adelante. Yo creo que las personas nunca se van realmente, porque están junto a nosotros en nuestras acciones en sus enseñanzas, en las memorias. Amen aquello, quédense con eso.

Los amo mucho.

Besos en sus colitas

Bye~