Sus ojos obsesivos a menudo están en ella, y sus sentidos están en él, pero de nuevo no hay mucho más que ella pueda ver. Hay muchos tonos oscuros aquí, opacos y etéreos, retorciéndose, bailando entre la niebla.

Tragándose todo su mundo.

Es hermoso por derecho propio, tal vez, pero anhela las formas extraordinarias que tanto escucha detallar. Desea conocer el color. Aparte del negro, solo hay una vista sobre su habitación, que solo alcanza a conocer entre los dedos.

Es extranjera aquí, tan foránea, sin embargo, este es su nuevo hogar ahora. Los enfermeros la guían siempre con paciencia, pero una mano errante no deja de acariciar su rostro y más allá, en altas horas de vigilia.

Él la atraviesa, la conquista, arruina y saquea. Él la come viva, la lame en lugares impropios, bebe sus sueños y los reemplaza con pesadillas, chupa los días cálidos que una vez anheló, la aprieta en su puño.

Y ella lo deja, en silencio, siempre en silencio.

Porque ser jodida en cuerpo y mente simultáneamente es lo máximo que ha sentido. Nadie pregunta si está bien, ni por las manchas moradas entre sus muslos y muñecas, nadie cuestiona su silencio.

Ella lo siente en su columna vertebral, en su garganta, pero sobre todo lo siente en su cabeza. Su triunfo y regocijo la envuelven.

Luego, cuando la oscuridad los oculta nuevamente, ella no ve su rostro, pero imagina su expresión, cuando lanza el filo a donde cree están sus ojos. Está segura de que acierta al oírlo maldecir, debería estar feliz, se lo merece, sin embargo, está desconsolada, incontrolablemente triste. Porque está demasiado herido, pero demasiado salvajemente oscuro para ser contenido, demasiado brillante como para ser atrapado así, confinado en un diorama maldito de un paisaje lleno de sombras.

Con ella.

Ella lo mira, busca un reflejo que sabe nunca verá, y está tranquila a pesar de que su furia ciega y ardiente quema su piel y sus huesos. Sus manos están sobre su garganta, duras, implacables, pero no robando aire, al menos no todavía.

- Lo siento mucho- susurra, y una parte de ella realmente lo dice en serio.

"No puede soportar lo mucho que duele."

- Oh, lo harás - dice, el rojo en sus ojos se escurre sobre sus mejillas, sobre ambos, hasta que pequeñas manchas de tinta carmesí reemplazan su niebla oscura y ella está cautivada, ve un faro radiante, en cualquier segundo, en cualquier segundo se volverá un zarcillo más entre los muchos fantasmas.

"Lo mucho que la quema, tallando su sangriento rastro sobre su piel, de una manera casi hermosa y miserable. Qué alucinante, qué horriblemente cautivador."

- No estés triste – le susurra él con palpable crueldad– esto es sólo el comienzo-