Los personajes no me pertenecen son de J.K Rowling y Rick Riordan.

Summary: Él siempre supo que pertenecía a dos mundos muy diferentes, que no interactúan entre ellos. Hijo de tres hombres. Con dos profecías sobre su cabeza y seres poderosos que lo quieren muerto. Deberá de dividir su tiempo para poder proteger a sus amigos y las personas que ama.

Hechizos Accio

Palabras griegas ¡Maya!

Idioma "Hola"

Recuerdos [Hola]


Capítulo 5 Reconocimiento

Pov Hadrien

Dimos un paseo, aunque puse mucho cuidado en no caminar detrás de él. No quiero que me golpee con su cola. Pasamos junto al campo de voleibol y algunos chicos se dieron codazos. Me señalaban continuamente, y decían «Es él.»

La mayoría de los campistas son mayores. Sus amigos sátiros eran más grandes que Grover, todos trotando por allí con camisetas naranjas del campamento mestizo, sin nada que cubriera sus peludos cuartos traseros. Detesto cuando las personas tienen el descaro de ver fijamente, como esperando que me ponga a hacer piruetas o algo así.

Me volví para mirar la casa. Es mucho más grande de lo que me había parecido: cuatro plantas, color azul cielo con madera blanca, obviamente no se compara a la mansión. Estoy examinando la veleta con forma de águila que hay en el tejado, cuando algo captó mi atención, una sombra en la ventana más alta del desván a dos aguas. Algo había movido la cortina, sólo por un instante, y tuve la certeza de que me están observando.

—¿Qué hay ahí arriba? —le pregunté a Quirón. Miró hacia donde señalaba y la sonrisa se le borró del rostro.

—Sólo un desván.

—¿Vive alguien ahí?

—No. Nadie —respondió tajante, lo mire sin decir nada, ya lo averiguare.

—Vamos, Hadrien. Hay mucho que ver—me urgió Quirón con demasiada premura.

Paseamos por campos donde los campistas recogían fresas, mientras un sátiro tocaba una melodía en una flauta de junco. Quirón me contó que el campamento producía una buena cosecha que exportaba a los restaurantes neoyorquinos y al monte Olimpo. Esto no es como esperaba, es tan net magii, lo peor es que la barrera del lugar bloquea la señal de mi celular, un verdadero asco, toque de forma ausente a Aisha, ¿porque acepte venir?

—Cubre nuestros gastos. Y las fresas casi no dan trabajo—aclaró. También me dijo que el señor D producía ese efecto en las plantas frutícolas: se volvían locas cuando estaba cerca. Funcionaba mejor con los viñedos, pero le habían prohibido cultivarlos, así que plantaba fresas.

Observé al sátiro tocar la flauta. La música provocaba que los animalillos y bichos abandonaran el campo de fresas en todas direcciones, como refugiados huyendo de un terremoto. Me pregunté si Grover podría hacer esa clase de magia con la música, y si seguiría en la casa, aguantando la bronca del señor D. no veo porque debe ser regañado, si mis padres se enteran de lo que está pasando, me vendrán a buscar sin pensarlo dos veces. Solo por curiosidad, pregunte por él. A pesar de que solo causo problemas, me da un poco de lastima.

—Grover tiene grandes sueños, Hadrien. Quizá incluso más grandes de lo que sería razonable. Pero, para alcanzar su objetivo, antes tiene que demostrar un gran valor y no fracasar como guardián, encontrar un nuevo campista y traerlo sano y salvo a la colina Mestiza.

—Ya veo, aunque técnicamente lo hizo—aunque quien lo trajo fui yo.

—Estoy de acuerdo contigo, mas no me corresponde a mí tomar la decisión. Dioniso y el Consejo de los Sabios Ungulados deben juzgarlo. Me temo que podrían no ver este encargo como un logro. Después de todo, Grover no te protegió como debía. Y está también el desafortunado… destino de tu tía. Por no mencionar que Grover estaba inconsciente cuando lo trajiste al interior de nuestra propiedad. El consejo podría poner en duda que eso demostrara valor por parte de Grover —convino Quirón.

—Y dije que no está muerta, es una bruja muy poderosa, no moriría de esa forma tan vergonzosa. Le darán una segunda oportunidad, ¿no? —Quirón se estremeció.

—Me temo que ésta era su segunda oportunidad, Hadrien. El consejo tampoco es que se muriera de ganas de dársela, después de lo que pasó la primera vez, hace cinco años. El Olimpo lo sabe, le aconsejé que esperara antes de volver a intentarlo. Aún es pequeño…—bueno a mí no me parece pequeño.

—¿Cuántos años tiene?

—Bueno, veintiocho.

—¿Qué?

—Los sátiros tardan el doble de tiempo en madurar que los humanos. Grover ha sido el equivalente a un estudiante de secundaria durante los últimos seis años.

—Eso es horrible.

—Pues sí. En cualquier caso, Grover es torpe, incluso para la media de sátiros, y aún no está muy dado en magia del bosque. Además, se le ve demasiado ansioso por perseguir su sueño. A lo mejor ahora encuentra otra ocupación…—convino Quirón.

—Vamos, Hadrien. Visitaremos el bosque—A medida que nos acercamos, reparé en la enorme vastedad del bosque. Ocupa por lo menos una cuarta parte del valle, con árboles tan altos y gruesos que parece posible que nadie lo hubiera pisado. Hay un campo de tiro al blanco, el lago de las canoas, el campo de lanzamiento de jabalina, el anfiteatro del coro y el estadio donde Quirón dijo que se celebraban lides con espadas y lanzas.

—¿Lides con espadas y lanzas? —pregunté.

—Competiciones entre cabañas y todo eso. No suele haber víctimas mortales. Ah, sí, y ahí está el comedor—Quirón señaló un pabellón exterior rodeado de blancas columnas griegas sobre una colina que miraba al mar. Hay una docena de mesas de piedra de picnic. No tenía techo ni paredes.

Al final me enseñó las «cabañas», que en realidad son una especie de casas de una sola planta, pequeñas y tan triste de ver. Hay doce, junto al lago y dispuestas en forma de U, dos al fondo y cinco a cada lado. Sin duda son las construcciones más estrambóticas que he visto.

Salvo porque todas tienen un número de metal encima de la puerta (impares a la izquierda, pares a la derecha), no se parecen en nada. La número 9 tiene chimeneas, como una pequeña fábrica; la 4, tomateras pintadas en las paredes y el techo de hierba auténtica; la 7 parece hecha de oro puro, brilla tanto a la luz del sol que es casi imposible mirarla. Todas dan a una zona comunitaria del tamaño aproximado de un campo de quidditch, moteada de estatuas griegas, fuentes, arriates de flores y un par de canastas de básquet.

En el centro de la zona comunitaria hay una gran hoguera rodeada de piedras. Aunque la tarde es cálida, el fuego arde con fuerza. Una chica de unos nueve años cuida las llamas, atizando los carbones con una vara.

Las dos enormes construcciones del final, los números 1 y 2, parecen un mausoleo, demasiado tétricas, me recuerdan las tumbas net magii. La número 1 es la más grande y voluminosa de las doce. Las puertas de bronce pulidas relucían como un holograma, de modo que desde distintos ángulos parecen recorridas por rayos. La 2 tiene más gracia, con columnas más delgadas y rodeadas de guirnaldas de flores. Las paredes están grabadas con figuras de pavos reales.

—¿Zeus y Hera? —aventuré.

—Correcto.

—Parecen vacías.

—Algunas lo están. Nadie se queda para siempre en la uno o la dos—Así que cada construcción tiene un dios distinto, como una mascota, pensé con disgusto. Doce casas para doce Olímpicos.

Me detuve en la primera de la izquierda, la 3. No es alta y fabulosa como la 1, sino alargada, baja y sólida. Las paredes eran de tosca piedra gris tachonada con pechinas y coral, como si los bloques de piedra hubieran sido extraídos directamente del fondo del océano. Al instante supe que es la de Poseidón, por lo que esta debe ser mi cabaña.

—¡Uy, yo no lo haría! —antes de que pudiera protestar, me hizo caminar.

La mayoría de las demás casas están llenas de campistas. La número 5 es rojo brillante: pintada fatal, como si le hubieran cambiado el color arrojándole cubos encima. El techo está rodeado de alambre de espinos. Una cabeza disecada de jabalí cuelga encima de la puerta, y sus ojos parecían seguirme.

Dentro vi un montón de chicos y chicas con cara de malos, echándose pulsos y peleándose mientras sonaba música rock, creo, no conozco toda la variedad en música net magii. Quien más ruido hace es una chica de unos catorce años.

Lleva una camiseta del Campamento Mestizo bajo una chaqueta de camuflaje. Me miró fijamente y lanzó una carcajada malévola. Tiene un aspecto más feroz, el pelo largo y greñudo, castaño. La miré con frialdad y sonreí cuando su sonrisa se borró.

Seguí andando, intentando mantenerme alejado de los cascos de Quirón.

—No hemos visto más centauros —comenté.

—No. Los de mi raza son gentes salvajes y bárbaras, me temo—repuso con tristeza. Antes de que pudiera comentar algo, me interrumpió.

—Ah, mira. Annabeth nos espera—dijo. La chica rubia que había conocido en la Casa Grande está leyendo un libro delante de la última cabaña de la izquierda, la 11. Cuando llegamos junto a ella, me repasó con mirada crítica. Es un libro griego, al parecer de arquitectura.

—Annabeth, tengo clase de arco para profesores a mediodía. ¿Te encargas tú de Hadrien? —dijo Quirón.

—Sí, señor.

—Cabaña once. Estás en tu casa —me dijo Quirón e indicó la puerta.

La 11 es la que más se parece a la vieja y típica cabaña de campamento net magii, con especial hincapié en lo de vieja. El umbral está muy gastado; la pintura marrón, desconchada. Encima de la puerta hay uno de esos símbolos de la medicina, el comercio y otras cosas, una vara con dos culebras enroscadas. ¿Cómo se llama? Un caduceo.

Está llena de chicos y chicas, muchos más que el número de literas. Hay sacos de dormir por todo el suelo. Quirón no entró. La puerta es demasiado baja para él. Pero cuando los campistas lo vieron, todos se pusieron en pie y saludaron respetuosamente con una reverencia.

—Espero que estés bromeando—dije con frialdad.

—Eres un por determinar. Aún no saben en qué cabaña ponerte, así que de momento estás aquí. La cabaña once acoge a los recién llegados, todos visitantes, evidentemente. Hermes, nuestro patrón, es el dios de los viajeros—El chico tendría unos diecinueve años. Es alto y musculoso, de pelo color arena muy corto y sonrisa amable. Viste una camiseta sin mangas naranja, pantalones cortados, sandalias y un collar de cuero con cinco cuentas de arcilla de distintos colores.

Lo único que altera un poco su apariencia, es una enorme cicatriz blanca que le recorre media cara desde el ojo derecho a la mandíbula, una vieja herida de cuchillo, al parecer.

Lo mire como si hubiera dicho la más grande estupidez, retrocedí y mire al cielo, si Poseidón piensa que me quedare esperando su estúpido reconocimiento, en versad no me conoce.

—¡Padre! Te juro que si no bajas en este momento, me largo de este maldito lugar—grite molesto. Mis padres me dijeron que, por respeto, al menos con los suyos lo llame así, aunque tambien lo hago cuando quiero algo.

—Hadrien, eso no funcionara—dijo Quirón, escuche las risas de los estúpidos chicos y chicas que salieron al escucharme.

—Hadrien Sirius Black Potter, no maldigas—la voz de Poseidón, retumbo por todo el campamento, al instante todos cayeron al suelo e inclinaron sus cabezas. Quirón miro en shock a mi padre, incluso el señor D. viene corriendo y miro a Poseidón sorprendido.

—No es mi culpa. Cuando me pediste que viniera, no me explicaste nada. Se puede saber ¿Por qué estoy aquí? —todo lo dije con mucha frialdad, Poseidón solo suspiro cansado. Se que dijo que es para conocer mis otras raíces, pero desde un comienzo supe que es una pobre excusa, para ocultar el verdadero motivo.

—¿Has estado viendo a tu hijo? Es contra las reglas—dijo el señor D. todos lo miran sorprendido.

—Mi hermano lo sabe, así que no hay problema—todos los campistas se acercaron, miran a Poseidón maravillados y envidiosos.

—¿Desde cuándo lo ves? ¿Y porque dice que tú se lo pediste? —pregunto Quirón confundido.

—Hace dos años y en realidad no pensaba venir al campamento, como dijo, se lo pedí, por su seguridad—chasqueé la lengua por semejante estupidez, seguridad, como si necesitara que los dioses me protegieran. Me abstuve de decir algo, por la mirada que Poseidón me está dando.

—Supongo que fuiste reconocido, por lo que ya no tienes que dormir en la cabaña 11—dijo Quirón.

—Lo llevare a la cabaña que le corresponde ¿Y tus cosas? —saque el baúl encogido y lo regrese a su tamaño normal. Cayo con un golpe seco, es un baúl especial, al entrar es como una casa, tiene dos habitaciones, una biblioteca, cocina, salón de duelo, un boticario, un invernadero, un laboratorio de pociones.

Con un enorme patio o bosque, aunque este tiene zonas diferentes, dependiendo de la criatura que lo habita, desiertos, ríos, hielo, montañas, donde están todas mis criaturas. Es negro, con bordes en plata, marcado por runas, tiene ocho esmeraldas incrustadas y mis iniciales son de diamantes.


Pov Quirón

Se escucho un jadeo colectivo, cuando Hadrien hizo aparecer el baúl. Aun no puedo creer que Zeus haya permitido que Poseidón viera a su hijo, presiento que la existencia de este niño, es un trago amargo para el resto de los dioses y prefieren tenerlo cerca.

—¡Hadrien! —una voz fuerte y autoritaria se escuchó, proveniente del niño. Saco un espejo, el cual se ilumino.

—Hola padre ¿Qué pasa? —una hermosa sonrisa surco su rostro, dandole un aire angelical, por la forma en que todos lo vieron embobados, incluyendo Dionisio, quien carraspeo y miro a otro lado, cuando Poseidón lo fulmino con la mirada.

—¿Las gemelas están contigo? —pregunto serio.

—No, la última vez que la vi, estaban en su habitación—murmuro tranquilo.

—Revisa el baúl, conociéndolas, debieron de irse contigo—le entrego el espejo a Poseidón y toco una de las esmeraldas del baúl.

—Hablen un rato, buscare a mis princesas—observe atónito como entro en el baúl.

—Espero que Hadrien no haya tenido problemas, más vale que no le pase nada—siseo secamente y con frialdad, un escalofrió me recorrió solo de escucharlo.

—No te preocupes, está sano y salvo—le dijo Poseidón. Justo en ese momento salió Hadrien con dos niñas, son muy lindas, cabellos negros con bucles hasta la cintura. Con unos impresionantes ojos grises. Se ven como de unos seis años más o menos.

—Padre, estaban dentro del baúl, puedo cuidarlas, igual presiento que me aburriré a muerte—dijo Hadrien tomando de nuevo el espejo.

—¿Estás seguro? —pregunto dudoso, me encuentro igual, no creo que este permitido tener a esas dos pequeñas, pero ni Dionisio o Poseidón, dijeron nada.

—Por supuesto, despídanse—les dijo poniendo el espejo, a la altura de las niñas.

—¡Adiós papi! —gritaron emocionadas.

—Nos vemos dentro de dos meses—dijo cerrando la comunicación.

—Bueno, ella son Elladora y Bellatrix—dijo señalando a las pequeñas, cuando nadie hablo y solo lo miramos a los tres fijamente.

—Hermano, este lugar es tan net magii —dijo una de las pequeñas con obvio disgusto.

—¿Dónde nos instalaremos padre? —dijo ignorando a Bellatrix, al menos eso creo. Elladora miro con desprecio a Poseidón, quien solo suspiro al ver las miradas que las dos pequeñas le lanzan.

—Vamos a la cabaña 3, hablaremos de ciertas cosas, cuando estemos ahí—con un movimiento de mano, el baúl fue detrás de ellos.

—Presiento que esos tres serán un dolor de cabeza, nos vemos más tarde—dijo Dionisio regresando a la casa.

—No es justo—dijo Annabeth, no hay que ser un genio para saber de que habla.

—Fue decisión de Zeus y no tenemos que involucrarnos o interferir—les dije a todos.

—¿Porque el niño bonito tiene privilegios? —pregunto molesta Clarisse.

—Es único, si los magos son sumamente poderosos, ahora imaginen que tan poderoso es este chico, quien además es hijo de uno de los tres grandes, los dioses deben de quererlo cerca. Al menos, para saber si es una amenaza—es algo que consideré cuando supe su existencia.

—Como menciono antes Dionisio, no se dejen engañar por su apariencia, no saben de lo que es capaz—con eso último, fui a buscar a Poseidón y Hadrien.

Al llegar, la cabaña de Poseidón, tiene un color diferente, en vez de gris, ahora las piedras son de color azul marino. Con cuidado entre, el lugar se ve ordenado y limpio, hay dos habitaciones, cosa que antes no existía, ya que las cabañas están provistas por varias literas, en esta ya no existe eso. En su lugar, hay un juego de sofás, un televisor, una sala de juegos. De donde, por Zeus, consiguieron todo, si solo han pasado minutos. Es como si fuera otro lugar.

—Lamento interrumpir, solo quería informar que la cena es a la siete treinta, puedes ir luego de que se instalen ¿Podemos hablar Poseidón? —salimos, no quiero hablar delante de los niños.

—¿Por qué? —sabe de lo que hablo.

—Conocí a James, el padre de Hadrien, en california, estaba muy tomado y admito que me aproveche, para los dioses los magos son como un manjar, una tentación muy difícil de ignorar, tuvimos relaciones y simplemente lo deje en la cabaña de la playa.

No me entere de la existencia de Hadrien, hasta dos años despues, al parecer usaron ciertos hechizos que permitieron que naciera. Ni siquiera lo pude ver, sino años más tarde, no quise interferir, sabes que no podemos involucrarnos con nuestros hijos, lo vi de lejos. En ese entonces tenía cinco años, fue en Rusia.

No es mitad dios, como todos creen, sino que solo posee un porciento, muchísimo menor, pero lo suficiente para volverlo más poderoso que un mago convencional. Hadrien posee tres padres, ya que para que sobreviviera tuvo que realizarse un ritual de sangre, sus rasgos exóticos lo demuestran.

La persona que llamo hace un momento, es su otro padre, Sirius. Hace dos años, tuve la oportunidad de presentarme ante ellos, estaban en una convención que los mortales hicieron, fue orden de Zeus que averiguara si es el chico de la profecía y un peligro para los dioses.

Hadrien acepto verme, pero aún estoy ganándome su afecto, le pedí que viniera para que conociera sus otras raíces y protegerlo de lo que está por ocurrir, en realidad no quería venir, está aquí porque lo prometió—lo mire incrédulo, sin dar crédito a todo lo que escuche.

—Comprendo, ¿el chico sabe esto? —no creo que se lo tome bien.

—Si, desde niño, digamos que ese es otro motivo por el cual me es difícil acercarme a él, no está contento por como trate a su padre, imagínate si se entera de la profecía.

Me tengo que ir, aunque puedo ver a Hadrien, son solo minutos y si los truenos y rayos son un indicio, Zeus está furioso, además de que aún no sabemos quién robo su rayo, aunque Zeus insista que fue mi hijo, algo estúpido, ya que no conoce nada sobre nuestro mundo. Me despediré y lo dejare a tu cuidado—presiento que el señor D. tiene razón.


Pov Hadrien

Despues de que Poseidón se despidió y se fue. Me quede con las niñas, las cuales se ven ilusionadas. Nosotros somos muy unidos, me admiran, soy un ejemplo a seguir, aunque ellas solo quieren estar conmigo y ayudarme. A diferencia mia, ellas desprecian los net magii, sin importar que hayan cosas que les guste. Para mí son útiles, como herramientas.

—¿Trajeron sus cosas? —pregunte curioso.

—Si, le pedimos a Mindy que nos empacara todo, nuestros baúles están dentro del tuyo—abrí el baúl y con un movimiento de varita, saque los suyos. El de Bella es morado y el de Ella azul, son estándar, por lo que solo poseen un diamante.

Tuve que duplicar varias cosas, ya que esta cabaña solo poseía literas y pequeños compartimentos para guardar cosas. Ahora si es un lugar digno de nuestra presencia. Tambien cambie el color, el gris es deprimente. En este momento nos encontramos viendo animes, Sakura Card Captor, es el favorito de las gemelas y aunque no es mi estilo, prefiero Another o Death Note, me tengo que aguantar.

—Hola, lamento interrumpir, pero Quirón me pidió que te mostrara el resto del campamento—dijo con frialdad, evite bufar porque es obvio que esta celosa, que culpa tengo que los dioses sean unos malditos, que ignoran a sus hijos. Miro el lugar con la boca abierta, cuando se dio cuenta que la estoy viendo, se sereno.

—Claro, vamos—las gemelas apagaron el televisor y tomaron mi mano. Mientras caminábamos, nos topamos con varios campistas, todos se nos quedan viendo, pero al menos, no me ven con frialdad como esta chica. Sino embobados.

—¡Pero bueno! ¡Un novato! —Me volví. La chica de la cabaña 5 avanzo hacia nosotros, con paso lento y decidido. Tres chicas la siguen, grandes y feas, todas vestidas con chaquetas de camuflaje.

—Clarisse ¿Por qué no te largas a pulir la lanza o algo así? —suspiró Annabeth.

—Fijo, señorita Princesa. Para atravesarte con ella—repuso la chica burlesca.

Erre es korakas! —replicó Annabeth, hablo en griego significa «¡Anda a dar de comer a los cuervos!»

—Los vamos a pulverizar —respondió Clarisse, pero le tembló un párpado.

—Hola, niño bonito—levante una ceja, nada impresionado con su rudeza.

—Ésta es Clarisse, hija de Ares—dijo Annabeth.

—¿El dios de la guerra? —pregunte desinteresado.

—¿Algún problema? —replico Clarisse con desdén.

—No. Eso explica el mal olor—contesté. Clarisse gruñó.

—Tenemos una ceremonia de iniciación para los novatos, Harriet.

—Sinceramente, no me tomare la molestia de aclararte mi nombre, sería como hablar con una pared, no se ve que tengas muchas luces—la mire aburrido.

—Lo que sea. Ven, que te la enseño.

—Clarisse… —le advirtió Annabeth.

—Quítate de en medio, listilla—Annabeth parecía muy firme, pero se quitó de en medio, tampoco quiero su ayuda. Antes de darle tiempo de algo, la elevé por los aires, no solo a ella, sino tambien a sus amigas, empecé a girarlas continuamente, sus gritos se oyen por todo el campamento. Annabeth está en una esquina, tapándose la cara, pero mirando entre los dedos.

Empecé a moverla de un lado al otro, las risas de las gemelas y sus gritos atrajeron la atención.

—Hadrien, bájalas ya—grito asustada Annabeth, con un chasquido de dedos, todas cayeron. Sonreí al ver que se desmayaron. Otros chicos de la casa de Ares, se la llevaron, viéndome con temor.

—Ya está, muéstrame el lugar—sonreí inocentemente.

La historia del incidente se extendió de inmediato. Donde quiera que voy, los campistas me señalan y murmuran algo sobre el episodio.

Me enseñó unos cuantos sitios más: el taller de metal (donde los chicos forjaban sus propias espadas), el taller de artes y oficios (donde los sátiros pulían una estatua de mármol gigante de un hombre cabra), el rocódromo, que en realidad consiste en dos muros enfrentados que se sacuden violentamente, arrojan piedras, tira lava y chocan uno contra otro, si no llegas arriba con la suficiente celeridad.

Por último, regresamos al lago de las canoas, donde un sendero conduce de vuelta a las cabañas.

—Tengo que entrenar. La cena es a las siete y media. Sólo tienes que seguir desde tu cabaña hasta el comedor —dijo Annabeth sin más.

—Gracias por el recorrido—comente tranquilo.

—Tienes que hablar con el Oráculo —dijo Annabeth.

—¿Con quién?

—No con quién, sino con qué. El Oráculo. Se lo pediré a Quirón—Miré el fondo del lago, algo llamo mi atención, noté dos adolescentes sentadas con las piernas cruzadas en la base del embarcadero, a unos seis metros de profundidad.

Llevan pantalones vaqueros y camisetas verde brillante, y la melena castaña les flotaba suelta por los hombros mientras los pececillos las atravesaban en todas direcciones. Sonrieron y me saludaron como si fuera un amigo que no veían desde hacía mucho tiempo.

—No las animes. Las náyades son terribles como novias. —me avisó Annabeth.

—¿Náyades? —pregunto curiosa Bella.

—Son ninfas de agua dulce, se podría decir que son como familiares míos, ya que son hijas de Poseidon y Anfitrite. No son inmortales, pero tienen una larga vida—no se mucho o casi nada sobre los otros dioses, pero conozco varias cosas de Poseidon, sé que es posible que tenga miles de hermanos, pero ninguno humano. Annabeth frunció el ceño.

—¿Sabes de que quiere protegerme mi padre? —pregunte, al instante se tensó.

—Ocurrió justo después de la visita, el tiempo comenzó a cambiar, como si hubiera estallado una trifulca entre los dioses. Desde entonces, he escuchado a escondidas a los sátiros un par de veces. Lo máximo que he llegado a escuchar, es que han robado algo importante. Y si no lo devuelven antes del solsticio de verano, se va a liar. Cuando llegaste, esperaba… Quiero decir… Athena se lleva bien con todo el mundo, menos con Ares. Bueno, claro, y está la rivalidad con Poseidón, tu padre. Pero, ahora ya no es posible. Tengo que conseguir una misión. Ya no soy una niña. Si sólo me contaran el problema…—prosiguió Annabeth con nerviosismo, puede que, a todos en este campamento, les interese hacer misiones y esas cosas, pero no tengo el más mínimo interés.

—¿Y que tengo que ver en todo ese embrollo? —pregunte serio.

—No lo sé—exclamo desanimada.

—Hermano, tengo hambre—dijo Ella viendo aburrida todo. Annabeth dijo que tenía algo que hacer y se fue, nos fuimos a nuestra cabaña, donde nos cambiamos y seguimos el aroma a barbacoa.

Subimos por la colina hasta el pabellón del comedor. Se nos unieron los sátiros desde el prado. Las náyades emergieron del lago de las canoas. Unas cuantas chicas más salieron del bosque. Una niña de unos nueve o diez años surgió del tronco de un arce y llegó saltando por la colina.

En total, habría unos cien campistas, una docena de sátiros y otra docena surtida de ninfas del bosque y náyades.

En el pabellón, las antorchas ardían alrededor de las columnas de mármol. Una hoguera central refulgía en un brasero de bronce del tamaño de una bañera. Cada cabaña tiene su propia mesa, cubierta con un mantel blanco rematado en morado. Me dirigí a la mesa que nos corresponde. Solo estoy con mis hermanas, ya que soy el único hijo de Poseidon.

Vi a Grover sentado a la mesa 12 con el señor D, unos cuantos sátiros y una pareja de chicos rubios regordetes clavados al señor D. Quirón está de pie a un lado, la mesa de picnic es demasiado pequeña para un centauro.

Annabeth se halla en la mesa 6 con un puñado de chicos de aspecto atlético y serio, todos con sus ojos grises y el pelo rubio color miel.

Clarisse está en la mesa de Ares. Al parecer había superado el mareo, porque está riendo y eructando con todos sus amigos. Al final, Quirón coceó el suelo de mármol blanco del pabellón y todo el mundo guardó silencio. Levanto la boca.

—¡Por los dioses! —Las ninfas del bosque se acercaron con bandejas de comida: uvas, manzanas, fresas, queso, pan fresco, y barbacoa. Les pedí a las ninfas jugo de calabaza, más como reto, sonreí cuando mi vaso se llenó. A las gemelas están bebiendo jugo de naranja.

Mire como todos se levantaron para dar su ofrenda a los dioses, hice lo mismo, porque le prometí a Poseidon, que trataría de adaptarme.

—Sí, supongo que es mejor que los salude a todos, mocosos. Bueno, hola. Nuestro director de actividades, Quirón, dice que el próximo capturar la bandera sera dentro de unas semanas. De momento, los laureles están en poder de la cabaña cinco—En la mesa de Ares se alzaron vítores amenazadores.

—Personalmente, no podría importarme menos, pero los felicito. También debería decirles que hoy ha llegado un nuevo campista. Aunque todos se debieron de dar cuenta, Hadrien Black, bien. Hurra y todo eso. Ahora pueden sentarse alrededor de su tonta hoguera de campamento. Venga —prosiguió el señor D. Nos dirigimos al anfiteatro, donde la cabaña de Apolo dirigió el coro. Mas tarde cuando las chispas de la hoguera ascendían, fruncí el ceño, cuando esta siguieron y siguieron elevándose, formando una silueta, los gritos no se hicieron esperar.

—¡Tu! —grito furioso tío Hades señalándome, aunque la apariencia que agarro es graciosa. El típico demonio net magii.

—¿Yo? —pregunte inocentemente.


Pov Quirón

Todos los campistas se cubrieron y sacaron sus armas. Excepto Hadrien y sus hermanas, no sé si porque son magos y tienen demasiada confianza en sus poderes o es que piensan que Hades no le hará nada.

—El chico no tiene nada que ver con el robo—le grite atrayendo su atención.

—Robo, no me importa el robo, quiero que venga por esa maldita mujer—grito colérico.

—¿Tia Bella te está dando problemas? —pregunto con malicia.

—Está torturando a las pobres almas, ¿sabes cuantas quejas he recibido? —pregunto lanzando llamas por todos lados, destruyendo varios árboles en el proceso. Claro que ninguna les dio a esos tres.

—Bueno, quien fue el idiota que la secuestro en primer lugar—replico con burla Hadrien.

—¿Me estas llamando idiota? ¡Soy el dios del inframundo! —exclamo furioso, sus ojos lanzan fuego.

—Bueno, si te queda—en esta ocasión si los ataco, pero antes de llegar siquiera a tocarlos, Hadrien levanto su mano y lo desvaneció.

—Pareces un niño, en fin ¿Para que me llamaste? —pregunto con aburrimiento.

—Ya lo dije, ven y llévatela—murmuro más calmado.

—¿Qué gano a cambio? —pregunto mirándose las uñas, como si fuera lo más interesante.

—La matare y se la daré de comer a mis perros—muchos jadearon y temblaron de puro terror, el niño ni parpadeo.

—Hazlo, si puedes, tía Bella es una maldita desquiciada, una muy poderosa, acabarías siendo un juguete en sus manos, antes de que logres lo que dices—se puso a reir y las niñas solo miran todo divertida, porque presiento que dice la verdad.

—Te daré lo que quieras, pero ven a buscarla—grito molesto.

—Júralo y no piense que no hare que lo cumplas, tengo mis métodos, sino pregúntale a mi padre—Hades lo mire desconfiado, pero en verdad debe querer sacar a esa mujer del inframundo.

—Lo juro—despues de eso, desapareció.

—¿Por dónde entro al inframundo? —me pregunto tranquilamente.

—No puedes simplemente ir al inframundo, una vez entras, es casi imposible salir—acaso piensa que es un juego de niños.

—Me puedo aparecer, es una habilidad mágica que me permite aparecerme en cualquier parte del mundo, solo conociéndolo—bueno eso es útil, pero no sabemos si funcionara.

—Deja que el señor D. lo autorice, necesitaras dos acompañantes. Además, sería bueno que hables con el oráculo—asintió de mala gana, al menos no se ira por su cuenta.

—Poseidon y Zeus están luchando por lo robado ¿cierto? —había suspicacia y astucia en su mirada.

El trueno retumbó en el valle. Las nubes de tormenta habían alcanzado la orilla de la playa. Por lo que se podía ver, el cielo y el mar bullían.

—Si, por algo valioso… ¿Cómo sabes eso? —pregunte serio.

—El tiempo ha estado muy raro desde Yule, como si el mar y el cielo libraran un combate. Después hablé con Annabeth, y ella había oído algo de un robo. Y… también he tenido unos sueños—dijo algo molesto lo último.

—¡Lo sabía! —exclamó Grover.

—Cállate, sátiro —ordene, al ver la sorpresa e interés en todos los campistas, Annabeth ya está dando un paso.

—¡Pero es su misión! ¡Tiene que serlo! —Los ojos de Grover brillaron de emoción

—Sólo el Oráculo puede determinarlo—acaricie mi barba.

—Aun así, Hadrien, tienes razón. Tu padre y Zeus están teniendo la peor pelea de los últimos años. Luchan por algo valioso que ha sido robado. Para ser precisos: un rayo—lo escuche bufar y mirar al cielo.

—Si es un rayo, debe ser de Zeus, para pelearse debe ser igual de importante que el tridente de mi padre—lo mire atónito.

—¿Has visto el tridente tu padre? —pregunte sorprendido, no está prohibido, pero me sorprende que Poseidon se lo haya enseñado.

—Me dio curiosidad cuando me hablo de él, es interesante—asentí dandole la razón.

—El rayo maestro de Zeus. El símbolo de su poder, de donde salen todos los demás rayos. La primera arma construida por los cíclopes en la guerra contra los titanes, el rayo que desvió la cumbre del monte Etna y despojó a Cronos de su trono; el rayo maestro, que contiene suficiente poder para que la bomba de hidrógeno de los mortales parezca un mero petardo. Ha sido robado —proseguí nervioso

—¿Quién? —pregunto curioso.

—Mejor dicho, por quién. Por ti. —lo corregí. Se quedo atónito y despues se rio.

—Tío Zeus es estúpido, porque querría su estúpido rayo, cuando tengo el poder de controlar todos los elementos—apenas acabo de hablar, el viento empezó a soplar fuerte, el fuego donde antes Hades utilizo para comunicarse se elevó, las aguas azotaron con fuerza, la tierra empezó a temblar y lo que me dejo atónito, rayos empezaron a caer alrededor del campamento, sus manos tambien tienen pequeños rayos.

—Increíble—dijo Luke viéndolo fascinado.

—Al menos eso cree Zeus. Durante el solsticio de invierno, durante el último consejo de los dioses, Zeus y Poseidón tuvieron una pelea. Las tonterías de siempre, que si Rea te quería más a ti, que si las catástrofes del cielo eran más espectaculares que las del mar y ese tipo de cosas. Cuando terminó, Zeus reparó en que el rayo maestro había desaparecido, se lo habían quitado de la sala del trono bajo sus mismas narices. Inmediatamente culpó a Poseidón. Ahora bien, un dios no puede usurpar el símbolo de poder de otro directamente; eso está prohibido por las más antiguas leyes divinas. Pero Zeus cree que tu padre convenció a un héroe humano para que se lo arrebatara —apostille, solo rodo los ojos.

—Mi padre es más poderoso que Zeus solo teniéndome a su lado, soy influyente en mi mundo ¿Qué haría Zeus contra un ejército de magos? —pregunto con malicia, palidecí al darme cuenta la verdad de sus palabras.

—Ten paciencia y escucha, niño. Zeus tiene buenos motivos para sospechar. Verás, las forjas de los cíclopes están bajo el océano, lo que otorga a Poseidón cierta influencia sobre los fabricantes del rayo de su hermano. Zeus cree que Poseidón ha robado el rayo maestro y ahora ha encargado a los cíclopes que construyan un arsenal de copias ilegales, que podrían ser utilizadas para derrocar a Zeus. Lo único que Zeus no sabía seguro es qué héroe habría usado Poseidón para cometer el divino robo—los murmullos entre los campistas parecen pequeños zumbidos.

—Bien, eso es todo, todos a dormir—se encogió de hombros y se fue con las pequeñas a la cabaña tres.

—Ese niño es peligroso, temo que padre no estará contento. Sabía que causaría problemas—dijo Dionisio, para luego irse a la casa.


Pov Hadrien

Llamarme ladrón, quien se cree que es, malditos dioses con sus aires de ínfulas, le dije lo del ejercito solo para fastidiarlo, se perfectamente que escuchan todo. Probablemente padre se moleste, ya que sabe que nunca tendría un ejército de magos a su lado.

—Te llamaron ladrón hermano—dijo Ella molesta.

—No te preocupes, solo por fastidiarlos, buscare ese cacharro y hare que se disculpe—sisee con frialdad. Escuche como golpeaban, al abrir me topé con Annabeth, la invite a pasar por educación. Saludo a mis hermanas, que le dieron las buenas noches con frialdad y se fueron a su habitación.

—Vine por dos motivos, el primero a pedirte que te unas a mi equipo de captura la bandera y el segundo a ofrecerme acompañarte a tu misión—lo dijo con seriedad y determinación, suspire cansado, no pensaba llevar a nadie, pero al parecer debo seguir las reglas de este lugar.

—Bien, mañana me explica eso de la bandera—ella asintió y se fue.

Las siguientes semanas me acostumbré a una rutina que casi parecía normal, si exceptuamos el hecho de que todos me ven como si fuera de otro planeta, los chicos y chicas de la casa de afrodita se la pasan alabando mi belleza, argumentando que lo más seguro es que sea hijo de esa diosa, sus coqueteos son algo natural, de igual forma ninguno atrae mi atención en ese aspecto. Me dan clase sátiros, ninfas y Quirón.

El resto del día pruebo todas las actividades al aire libre, para sorpresa de todos, soy bueno con el arco, mis padres no contrataron maestros por nada, puedo lanzar tres flechas a la vez sin fallar nunca.

¿Carreras? Las instructoras, unas ninfas del bosque, hicieron que me esforzara, atrape cinco de ocho. Me dijeron que no me preocupara, que ellas tienen siglos de práctica de tanto huir de dioses enamorados. Al menos soy de los mejores, ya que nadie nunca había atrapado tantas.

¿Y la lucha libre? Cada vez que me acerco a la colchoneta, destrozo a todos los que intentan golpear mi bello rostro, como suelen decir los chicos de Ares.

En el que más sobresalgo es la canoa, ni siquiera uso los remos, con un movimiento de mano, hago que el agua nos impulse, las gemelas están fascinadas con las náyades.

Sabía que los campistas mayores y los consejeros me observan, es molesto en realidad, pero los ignoro.

A pesar de todo, sigue sin gustarme el campamento, no está mal, pero no son las vacaciones de verano que hubiera deseado, lo único bueno son los seres que nunca vería en el mundo magico: como la náyades y ninfas, me la paso horas hablando con ellas, para consternación de muchos, a decir verdad, soy su amigo, cosa que nunca han tenido, ya que la mayoría quiere seducirla o las trata como otro instrumento de entrenamiento, no las ven como seres que piensa y siente, en verdad me molesta eso, me estiman tanto que recibo más comida que los demás. He estado haciendo mis deberes, una vez me puse hacerlo a la hora de la comida, al parecer mi vuela pluma es un distractor, suelo usarlo para que tome nota de lo que digo, pero por petición de Quirón, lo hago solo en la cabaña.

Pronto me acostumbré a la neblina matutina sobre la playa, al aroma de los campos de fresas por la tarde, incluso a los sonidos raros de los monstruos de los bosques por la noche. Ceno con mis hermanas y gracias a merlín, mi celular funciona de nuevo, tuve que arreglarlo, para que funcionara incluso bajo esta barrera, por lo que me la paso chat con mis amigos, los cuales me cuentan lo que hacen y lo único que deseo es estar con ellos, disfrutando de unas verdaderas vacaciones de verano.

El martes por la tarde, tres semanas después de mi llegada al Campamento Mestizo, tuve mi primera lección de combate con espada. Todos los de la cabaña 11 se reunieron en el enorme ruedo donde Luke nos instruiría. Sonreí ante la burla y confianza que todos tienen.

Empezamos con los tajos y las estocadas básicas, practicando con muñecos de paja con armadura griega. Quiero que se confíen, ese es el primer error que cometen muchos luchadores.

El único problema es que no encontré una espada que me fuera bien. O eran muy pesadas o demasiado ligeras o demasiado largas. Luke intentó todo lo que estuvo en su mano para pertrecharme, me di cuenta que ninguna de las armas de prácticas parece servirme.

—Buena suerte. Luke es el mejor espadachín de los últimos trescientos años. —me deseó uno de los campistas, lo estudiare primero, quiero conocer su técnica.

—Mantén la guardia alta, Hadrien—decía, detecte al instante el matiz de burla, puede que para los demás sea super simpático, pero note desde la primera vez que lo vi, la amargura.

—¡Vale, todo el mundo en círculo, arriba! Si a Hadrien no le importa, quiero hacer una pequeña demostración. —ordenó Luke, bueno es hora de divertirme.

Los chicos de Hermes se reunieron alrededor. Se aguantaban las risitas. Supuse que antes habían estado en mi lugar y se morían de impaciencia por ver cómo Luke me usaría como saco viejo, o eso piensan ellos. Solo y me puse en posición, tuve un maestro que me enseño todo sobre el manejo de una espada. Y como desarmar a un enemigo.

—Esto es difícil. A mí me lo han hecho. No se rían de Hadrien. La mayoría de los guerreros trabajan años antes de dominar esta técnica—remarcó, hizo una demostración del movimiento a cámara lenta. Desde luego, la espada cayó de mi mano con bastante estrépito. Esa técnica la aprendí a los cuatro años, como menciono, me tomo un buen tiempo dominarla.

—Ahora en tiempo real. Atacamos y paramos hasta que uno le quite el arma al otro. ¿Listo, Hadrien? —dijo en cuando recupere el arma. Cuando Luke ataco evite que me diera en la empuñadura de mi espada. Mis sentidos se pusieron alertas, veo sus ataques en cámara lenta, conté, di un paso adelante e imité la técnica con mejor destreza.

Luke la desvió con facilidad, pero detecté el cambio en su cara. Aguzó la mirada y empezó a presionar con más fuerza. La espada no es la que hubiera utilizado, no está bien equilibrada. Hice la misma maniobra de desarme, mi hoja dio en la base de la de Luke y la giré, lanzando todo mi peso en una estocada.

La espada de Luke repiqueteó en las piedras. La punta de mi espada está a tres dedos de su pecho indefenso. Los demás campistas quedaron en silencio. Una enorme sonrisa surco su rostro, en su mente lo que hice fue suerte de principiante. Volvió a retarme y acabamos igual, lo derrote.

—¿Cómo? —pregunto estupefacto.

—Recibo clases desde los tres años, pero gracias—sonreí con inocencia. El viernes me topé con Grover y nos pusimos hablar de las cabañas, me parece injusto que Hades no posea una. Solo porque cuando echaron la suerte le toco la peor parte de la tierra, mi padre nunca me ha contado porque no tiene más hijos y siempre he sentido curiosidad.

—Hace unos sesenta años, tras la Segunda Guerra Mundial, los Tres Grandes se pusieron de acuerdo para no engendrar más héroes. Los niños eran demasiado poderosos. Influían bastante en el curso de los acontecimientos de la humanidad y causaban mucho derramamiento de sangre. La Segunda Guerra Mundial fue básicamente una lucha entre los hijos de Zeus y Poseidón, por un lado, y los de Hades por el otro. El lado ganador, Zeus y Poseidón, obligó a Hades a hacer un juramento con ellos: no más líos con mortales. Todos juraron sobre el río Estige—El trueno bramó.

— ¿Y los hermanos mantuvieron su palabra? —pregunte. La expresión de Grover se enturbió.

—Hace diecisiete años, Zeus se cayó del tren. Había una estrella de televisión con un peinado de los ochenta… En fin, no se pudo resistir. Cuando nació su hija, una niña llamada Thalia… Bueno, el río Estige se toma en serio las promesas. Zeus se libró fácilmente porque es inmortal, pero condujo a su hija a un destino terrible—tengo suerte que solo posea cierta parte de dios, aunque tengo que contarle esto a mis padres.

—¡Pero eso no es justo! ¡No fue culpa de la niña! —Grover vaciló.

—Hadrien, los hijos de los Tres Grandes tienen mayores poderes que el resto de los mestizos. Tienen un aura muy poderosa, un aroma que atrae a los monstruos. Cuando Hades se enteró de lo de la niña, no le hizo ninguna gracia que Zeus hubiera roto el juramento. Hades liberó a los peores monstruos del tártaro para torturar a Thalia. Se le asignó un sátiro como guardián cuando tenía doce años, pero no había nada que pudiera hacer. Intentó escoltarla hasta aquí con otro par de mestizos de los que se había hecho amiga. Casi lo consiguieron. Llegaron hasta la cima de la colina. —Señaló al otro lado del valle, el pino junto donde luche con el Minotauro.

—Los perseguían las tres Benévolas, junto a una horda de perros del infierno. Estaban a punto de echárseles encima cuando Thalia le dijo a su sátiro que llevara a los otros dos mestizos a lugar seguro mientras ella contenía a los monstruos. Estaba herida y cansada, y no quería vivir como un animal perseguido. El sátiro no quería dejarla, pero Thalia no cambió de idea, y él debía proteger a los otros. Así que se enfrentó a su última batalla sola, en la cumbre de la colina. Mientras moría, Zeus se compadeció de ella. La convirtió en aquel árbol. Su espíritu ayuda a proteger las lindes del valle. Por eso la colina se llama Mestiza—Y despues se preguntan ¿porque los magos odian a los dioses? tratan a sus hijos como si fueran nada, un error.

—Gracias por lo que me toca—dije refiriéndome al ser hijo de uno de los tres grandes.

Esa noche, después de la cena hubo más ajetreo que de costumbre. Por fin había llegado el momento de capturar la bandera. Las gemelas se quedarán con Quirón, no quiero que nada malo les pase, desde que estoy aquí, nunca se han separado de mí, pero estos semidioses, son unos brutos.

Cuando retiraron los platos, la caracola sonó y todos nos pusimos en pie. Los campistas gritaron y vitorearon cuando Annabeth y dos de sus hermanos entraron en el pabellón portando un estandarte de seda. Medía unos tres metros de largo, era de un gris reluciente y tiene pintada una lechuza encima de un olivo. Por el lado contrario del pabellón, Clarisse y sus colegas entraron con otro estandarte, de tamaño idéntico pero rojo fuego, pintado con una lanza ensangrentada y una cabeza de jabalí. Me volví hacia Luke y le grité por encima del bullicio.

—¿Esas son las banderas?

—Sí.

—¿Ares y Athena dirigen siempre los equipos? ¿Con que equipo esta Hermes?

—No siempre, pero sí a menudo—repuso.

—Nos hemos aliado temporalmente con Athena. Esta noche vamos por la bandera de Ares. Y tú vas a ayudarnos. Se anunciaron los equipos. Athena se había aliado con Apolo, Hermes y por primera vez a Poseidon, las dos cabañas más grandes; al parecer, a cambio de algunos privilegios: horarios en la ducha y en las tareas, las mejores horas para actividades y con respecto a tu cabaña, no sé qué ganaras. No es como si necesitara eso, ya que no hago nada de lo mencionado, al menos no como ellos.

Ares se había aliado con todos los demás: Dioniso, Deméter, Afrodita y Hefesto. Por lo visto, dos chicos de Dioniso eran bastante buenos atletas. Los de Deméter poseían grandes habilidades con la naturaleza y las actividades al aire libre, pero no eran muy agresivos. Los hijos e hijas de Afrodita no me preocupan demasiado; prácticamente evitan cualquier actividad, miran sus reflejos en el lago, se peinan y cotillean. Por su parte, los únicos cuatro niños de Hefesto no eran guapos, pero sí grandes y corpulentos debido a su trabajo en la herrería todo el día. Podrían ser un problema. Eso dejaba, por supuesto, a la cabaña de Ares: una docena de los chicos más grandes, feos y alborotadores—Quirón coceó el mármol del suelo.

—¡Héroes! Conocen las reglas. El arroyo es la frontera. Vale todo el bosque. Se permiten todo tipo de artilugios mágicos. El estandarte debe estar claramente expuesto y no tener más de dos guardias. Los prisioneros pueden ser desarmados, pero no heridos ni amordazados. No se permite matar ni mutilar. Yo haré de árbitro y médico de urgencia. ¡Ármense! —Abrió los brazos y de repente las mesas se cubrieron de equipamiento: cascos, espadas de bronce, lanzas, escudos de piel de buey con protecciones de metal.

—Estás en patrulla de frontera—por supuesto, sabe que puedo controlar los elementos y si deseo, puedo mandarlos a volar. He limitado mi uso en la magia, no quiero que los magos estadounidenses se den cuenta de mi presencia, no estoy seguro que las barreras de los dioses los detengan, en realidad lo dudo mucho, es tan simple.

—¡Equipo azul, adelante! —gritó Annabeth. El equipo rojo nos provoca a gritos mientras se encaminaba hacia el norte.

—Ojo con la lanza de Clarisse. Te aseguro que no te conviene que esa cosa te toque. Por lo demás, no te preocupes. Conseguiremos el estandarte de Ares. ¿Te ha dado Luke tu trabajo? —aunque despues solo negó con la cabeza, como si recordara algo.

—Es fácil. Quédate junto al arroyo y mantén a los rojos apartados. Déjame el resto a mí. Athena siempre tiene un plan—que aburrido, espero que esto acabe pronto, mi padre dijo que llamaría, quiere saber cómo están las niñas.

Es una noche cálida y pegajosa. Los bosques están oscuros, las luciérnagas parpadeaban. Annabeth, me ubico junto a un pequeño arroyo que borboteaba por encima de unas rocas, mientras ella y el resto del equipo se dispersaba entre los árboles.

Saque mi celular y le tome fotos al lugar, es algo que he estado haciendo desde que llegue, se la mostrare a mis padres, para que me compren algo por tortúrame de esta manera.

En la lejanía se oyó la caracola. Escuché vítores y gritos en los bosques, entrechocar de espadas, chicos peleando. Un aliado emplumado de azul pasó corriendo a mi lado como un ciervo, cruzó el arroyo y se internó en territorio enemigo.

Al otro lado del arroyo, de pronto la maleza explotó. Aparecieron cinco guerreros de Ares gritando y aullando desde la oscuridad.

—¡Al agua con el niño lindo! —gritó Clarisse. Sus ojos despidieron odio a través de las rendijas del casco. Blandía una lanza de metro y medio, en cuya punta de metal con garfios titilaba una luz roja. Sus hermanos sólo llevan las espadas de bronce típicas.

Cargaron a través del riachuelo. Apenas pusieron un pie, eleve el agua, para luego congelarla, todos quedaron atrapados, ninguno se podía mover, por más que gruñeran y gritaran.

Entonces oí chillidos y gritos de alegría, y vi a Luke correr hacia la frontera enarbolando el estandarte del equipo rojo. Un par de chicos de Hermes le cubrían la retirada y unos cuantos apolos se enfrentaban a las huestes de Hefesto. Los de Ares se levantaron y Clarisse murmuró una torva maldición.

—¡Una trampa! ¡Era una trampa! —exclamó. Trataron de romper el hielo con sus escudos y espadas, pero es en vano.

El estandarte rojo brilló y se volvió plateado. El jabalí y la lanza fueron reemplazados por un enorme caduceo, el símbolo de la cabaña once. Los del equipo azul agarraron a Luke y lo alzaron en hombros. Quirón salió a medio galope del bosque e hizo sonar la caracola.

El juego ha terminado. Hemos ganado. Estaba a punto de unirme a la celebración cuando la voz de Annabeth, justo a mi lado en el arroyo.

—No está mal, héroe ¿Dónde demonios has aprendido a luchar así? —Miré, pero no estaba allí, obviamente está usando algo que la hace invisible. El aire se estremeció y ella se materializó a mi lado quitándose una gorra de los Yankees. Y no luche, solo los congele.

—¿Heroe? No lo creo, es solo un juego —le dije. Annabeth se encogió de hombros.

Volví a oír el gruñido canino de antes, pero esta vez mucho más cerca. Un gruñido que pareció abrir en dos el bosque.

Los vítores de los campistas cesaron al instante.

—¡Apártense! ¡Mi arco! —Annabeth desenvainó su espada. En las rocas situadas encima de nosotros, hay un enorme perro negro, con ojos rojos como la lava y colmillos que parecen dagas. Me mira fijamente. Nadie se movió.

—¡Hadrien, corre! —grito Annabeth. Intentó interponerse, pero el perro era muy rápido. Le saltó por encima, una sombra con dientes se abalanzó sobre mí, antes de que me embistiera, lo petrifique, por lo que quedo como una estatua, me agache para verlo mejor.

Di immortales! Eso era un perro del infierno de los Campos de Castigo. No están… se supone que no…—exclamó Annabeth.

—Alguien lo ha invocado. Alguien del campamento —dijo Quirón. Luke se acercó. Había olvidado el estandarte y su momento de gloria se había esfumado.

—¿Puedo quedármelo? —interrumpí, trate de tocarlo, pero despide un vapor muy caliente, necesito ese cachorro.

—No es un cachorro—dijo, para luego atravesarlo con la espada, observe el cadáver derretirse en una sombra, fundirse en el suelo, hasta desaparecer. Al parecer tío Hades es un resentido y no le gusta ser insultado.

—Tío Hades está impaciente, ¿puedo ir a verlo? —pregunte algo resentido, como pueden matar a una criatura tan hermosa así. Todos me vieron como si estuviera loco, no me importa, quiero ir al inframundo, con o sin su permiso.


Hola chicos y chicas, espero les haya gustado, como pueden ver, las cosas se están poniendo interesante, cualquier duda, ya saben solo comente y tratare de contestarles.

Las gemelas tienen más influencia negativa sobre los muggles o net magii, ya que a diferencia de Hadrien, reciben clases normales, por lo que tienen más tiempo libre, para pasarlo con su abuela. Aunque no lo mencione, tanto James como Sirius, trabajan en negocios familiares, tanto de los Potter como los Black.

Mil gracias por sus reviews.

Nos seguimos leyendo

Bella.