Los personajes no me pertenecen son de J.K Rowling y Rick Riordan.
Summary: Él siempre supo que pertenecía a dos mundos muy diferentes, que no interactúan entre ellos. Hijo de tres hombres. Con dos profecías sobre su cabeza y seres poderosos que lo quieren muerto. Deberá de dividir su tiempo para poder proteger a sus amigos y las personas que ama.
Hechizos Accio
Palabras griegas ¡Maya!
Idioma "Hola"
Recuerdos [Hola]
Capítulo 8 Regresando a Inglaterra
Pov Hadrien
Un viento cálido recorrió el pasillo y las puertas se abrieron de par en par. Los guardias se hicieron a un lado.
—Supongo que eso significa entrez-vous —comente casualmente. La sala es igual que en mi sueño, salvo que en esta ocasión el trono de Hades está ocupado. Era el tercer dios que conozco, pero el primero que me pareció realmente divino.
Para empezar, medía por lo menos tres metros de altura, e iba vestido con una túnica de seda negra y una corona de oro trenzado. Tiene la piel de un blanco albino, el pelo por los hombros y negro azabache. No esta musculoso como Ares, pero irradia poder. Esta repantigado en su trono de huesos humanos soldados, con aspecto vivaz y alerta. Tan peligroso como una pantera. Estoy seguro que se convertirá en mi tío preferido.
—Hola tío Hades—salude casualmente. Hades levantó una ceja. Cuando se inclinó hacia delante, en los pliegues de su túnica aparecieron rostros en sombra, rostros atormentados, como si la prenda estuviera hecha de almas atrapadas en los Campos de Castigo que intentaran escapar ¿Qué cosas horribles había que hacer en la vida para acabar convertido en ropa interior de Hades?
—Todos los dioses son idiotas al creer que tienes el rayo, incluso tuvieron la osadía de culparme cuando tambien fui robado, todos creen que quiero guerra—lo mire con interés.
—Eres el Señor de los Muertos. Una guerra expandiría tu reino, ¿no? —dijo con cautela Annabeth.
—¡La típica frasecita de mis hermanos! ¿Crees que necesito más súbditos? Pero ¿es que no has visto la extensión de los Campos de Asfódelos? ¿Tienes idea de cuánto ha crecido mi reino sólo en este último siglo? ¿Cuántas subdivisiones he tenido que abrir? Más demonios de seguridad. Problemas de tráfico en el pabellón del juicio. Jornada doble para todo el personal… Antes era un dios rico, Hadrien Black. Controlo todos los metales preciosos bajo tierra. Pero ¡y los gastos! —se lamentó.
—Caronte quiere que le subas el sueldo —dije solo para fastidiarlo. Recordando como este renegaba sobre eso.
—¡No me hagas hablar de Caronte! ¡Está imposible desde que descubrió los trajes italianos! Problemas en todas partes, y tengo que ocuparme de todos personalmente. ¡Sólo el tiempo que tardó en llegar desde palacio hasta las puertas me vuelve loco! Y los muertos no paran de llegar. No, diosecilla. ¡No necesito ayuda para conseguir súbditos! Yo no he pedido esta guerra—bramó Hades.
—¿Qué te robaron tío? —pregunte curioso. Y cambiando de tema, no quiero seguir escuchando sus lamentos.
—No solo se robaron el rayo maestro, sino que tambien mi casco—no me sorprende que culpen a mi padre, es el único que posee su arma.
—Pero…. Señor Hades, ¿Su yelmo de oscuridad también ha desaparecido? —terció Annabeth, desconcertada.
—No he dicho nada de la desaparición del yelmo, porque no albergaba ilusiones de que nadie en el Olimpo me ofreciera la menor justicia ni la menor ayuda. No puedo permitirme que se sepa que mi arma más poderosa y temida ha desaparecido. No robaste el rayo, pero si mi yelmo, devuélvelo —gruñó Hades. Lo mire molesto, ahora no solo me culpan de robar el estúpido rayo, sino tambien el casco.
—Yo no lo tengo.
—¡Pero si ya lo tienes! ¡Has venido aquí con él, pequeño insensato, pensando que podrías amenazarme! —gritó Hades.
—¡No lo tengo!
—Abre la bolsa que llevas—Me sacudió un presentimiento horrible. Me descolgué la mochila y abrí la cremallera. Dentro hay un cilindro de metal de medio metro, con pinchos a ambos lados, que zumba por la energía que contiene
—Maldito dios de cuarta, les dije que no debíamos aceptar nada, pero no, es una ofensa rechazar el regalo de un dios, ni una mierda, estoy harto de todos los malditos dioses que se creen con el derecho de usarme como su mula de carga y meterme en sus retorcidos juegos—todos me vieron sorprendidos, incluyendo Hades que dejo de gruñir, mi magia se siente por todo el lugar.
—No he pedido el rayo maestro de Zeus. Y ahora… mi yelmo. ¿Dónde está? —preguntó en voz baja y algo de diversión.
—Tu estúpido yelmo no está aquí, pero cierto dios de la guerra va arrepentirse de haberme utilizado, te dejare a Tia Bella un rato más, mientras no la molestes no tendrás problemas y cuídalos a ellos, son míos, iré por tu casco y regreso—sisee con frialdad. Me acerque su trono, se cómo vengarme de todos los dioses, lo siento por padre.
Le hice señas para que se acercara, confundido lo hizo, le susurre que le daría la posibilidad de entrar al olimpo como los otros dioses y que conseguiría que le dieran su propia cabaña. Solo asintió serio y con obvias dudas, les di a los chicos una perla a cada uno.
Al romperlas, aparecimos en la playa, aún estoy furioso y lo que menos deseo son charlas, tome sus manos y nos apareci a la orilla. Ellos arrojaron todo lo que sus estómagos tenían, hice una mueca de asco y lo desvanecí con un movimiento de mano, me disculpe con la mirada, ya que no tienen la culpa de lo que esta pasando.
—La profecía tenía razón «Irás al oeste, donde te enfrentarás al dios que se ha rebelado.» Pero no era Hades. Hades no deseaba una guerra entre los Tres Grandes. Alguien más ha planeado el robo. Alguien ha robado el rayo maestro de Zeus y el yelmo de Hades, y me ha cargado a mí por ser hijo de Poseidón. Le echarán la culpa a Poseidón por ambas partes. Al atardecer de hoy, habrá una guerra en tres frentes—dije serio.
—¿Quién podría ser tan malvado? ¿Quién desearía una guerra tan letal? —pregunto Grover impactado.
—Veamos, déjame pensar —dije, mirando alrededor. Y ahí estaba, esperándonos, enfundado en el guardapolvo de cuero negro y las gafas de sol, un bate de béisbol de aluminio apoyado en el hombro. La moto rugía a su lado, y el faro volvía rojiza la arena.
—Eh, primo. Deberías estar muerto —me llamó Ares, al parecer complacido de verme. Saque mi varita y le lance un hechizo cortante. El siseo de dolor y me vio sorprendido.
—Te equivocaste conmigo, primo—eleve las aguas y lo golpee con ella, la hice tan dura como el concreto, ignore los gritos de Grover y Annabeth.
—Devuélveme el yelmo de tío Hades ¡Ahora!—sisee con frialdad, puede que no pueda ganarle solo, pero tengo a Aisha.
—Eso me dolió, no importa. Mira, primo, el asunto es que estás impidiendo los esfuerzos en pos de la guerra. Verás, tenías que haber muerto en el inframundo. Entonces el viejo Alga se hubiese cabreado con Hades por matarte. Aliento de Muerto hubiera tenido el rayo maestro y Zeus estaría furioso con él. Pero Hades aún sigue buscando esto… —Se sacó del bolsillo un pasamontaña, del tipo que usan los ladrones de bancos net magii, lo colocó en medio del manillar de su moto, donde se transformó en un elaborado casco guerrero de bronce.
—El yelmo de oscuridad —dijo Grover, ahogando una exclamación.
—Exacto. A ver, ¿por dónde iba? Ah, sí, Hades se pondrá hecho un basilisco tanto con Zeus como con Poseidón, ya que no sabe cuál le robó el yelmo —repuso Ares.
—¡Pero si son tu familia! —protestó Annabeth. Ares se encogió de hombros.
—Los enfrentamientos dentro de una misma familia son los mejores, los más sangrientos. No hay como ver reñir a tu familia, es lo que digo siempre.
—Pudiste conservar el rayo maestro, sin la necesidad de enviarlo al inframundo, esa no fue tu idea, sino de alguien más ¿me equivoco? —pregunte, preparándome para atacarlo de nuevo.
—¡Claro que sí! —De sus gafas de sol salieron hilillos de humo, como si estuvieran a punto de incendiarse.
—Tú no ordenaste el robo. Alguien más envió a un héroe a robar los dos objetos. Entonces, cuando Zeus te envió en su busqueda, diste con el ladrón. Pero no se lo entregaste a Zeus. Algo te convenció de que lo dejaras ir. Te quedaste los objetos hasta que otro héroe llegara y completara la entrega. La cosa del foso te está mangoneando—insistí, acaso me creen idiota.
—¡Soy el dios de la guerra! ¡Nadie me da órdenes! ¡No tengo sueños!
—¿Quién ha hablado de sueños? —Ares parece agitado, pero intentó disimularlo con una sonrisa.
—Volvamos a lo nuestro, primo. Estás vivo y no permitiré que lleves ese rayo al Olimpo. Ya sabes, no puedo arriesgarme a que esos imbéciles testarudos te hagan caso. Así que tendré que matarte. Nada personal, claro—Chasqueó los dedos. La arena estalló a sus pies y de ella surgió un jabalí, aún más grande y amenazador que el que colgaba encima de la cabaña cinco del Campamento Mestizo. El bicho pateó la arena y me miró con ojos encendidos mientras esperaba la orden de matarme. De inmediato me metí en el agua.
—Pelea tú mismo conmigo, Ares —lo desafié. Se rió con cierta incomodidad. Ellos conocen los que podemos hacer los magos, pero, aunque los años en la academia han ayudado a fortalecer mi magia y mente, no lo suficiente para vencerlo.
—Bueno si tus usas eso, tengo al mio—al instante Aisha creció y voló hacia al jabalí, lo tomo con su boca y lo despedazo.
—¿Vas a pelear conmigo ahora? ¿O vas a esconderte detrás de otro de tus cerditos? —le espeté. Ares estaba morado de rabia.
—Ojo. Podría convertirte en…
—… ¿una cucaracha o una lombriz? Sí, estoy seguro. Eso evitaría que patearan tu divino trasero ¿verdad? —Las llamas danzaban por encima de sus gafas.
—No te pases, niño. Estás acabando con mi paciencia y te convertiré en una mancha de grasa.
—Si ganas, conviérteme en lo que quieras y te llevas el rayo. Si pierdes, el yelmo y el rayo serán míos y te apartas de mi camino —propuse, tengo tanta magia acumulada. Ares resopló con desdén y esgrimió su bate de béisbol.
—¿Cómo lo prefieres? ¿Combate clásico o moderno?
—Para estar muerto tienes mucha gracia. Probemos con el clásico —contestó. Entonces el bate se convirtió en una enorme espada, cuya empuñadura era un cráneo de plata con un rubí en la boca.
—Hadrien, no lo hagas…. Es un dios. —me advirtió Annabeth.
—Es un cobarde —repuse. Empecé a liberar mi magia, se siente realmente bien, todo este enojo y frustración, Ares empezó atacar, pero solo chocaba contra un muro invisible, puedo ver que se está frustrando. Decidí enfrentarme en iguales términos y saqué mi Anaklusmos.
Un mandoble dirigido a mi cabeza silbó en el aire, pero ya no estaba allí. Tal como con Luke, es como ver todo en cámara lenta. Salte y descargue mi espada, pero Ares es igual de rápido, se retorció y desvió con su empuñadura el golpe que debería de haberle dado directamente en el cabeza. Sonrió socarrón.
—No está mal, no está mal—nuestras espadas chocaban una y otra vez. Lo hace con tanta fuerza, que mis brazos se están resintiendo. Mande magia a ellos para resistir cada embiste. Volví a lanzar una estocada al rostro de Ares, quien volvió a desviarla. Parecía adivinar mis movimientos justo antes de que los ejecutara. Se que no puedo vencerlo, no soy idiota, tiene siglos de experiencia, además de ser el dios de la guerra.
Atacó. Desvié su espada. Me acerqué lo suficiente para alcanzarlo e intenté engañarlo con una finta, pero paró el golpe. Las olas me golpean en la espalda. Ares está sumergido hasta las rodillas. Sentí el vaivén del mar, las olas crecer a medida que subía la marea, y de repente tuve una idea. Despues de todo, de todos mis elementos, el agua es mi especialidad.
Estoy conteniendo la marea, pero la presión aumenta como la de una botella de champán agitada. Ares se adelantó, sonriendo y muy ufano de sí mismo. Bajé la espada fingiendo agotamiento. «Espera, ya casi está», le dije al mar. La presión ya parecía incontenible. Ares levantó su espada y en ese momento dejé ir la marea. Montado en una ola, salí despedido bruscamente por encima del dios.
Un muro de dos metros de agua le dio de lleno y lo dejó maldiciendo y escupiendo algas. Aterricé detrás de él y amagué un golpe a su cabeza, como había hecho antes. Se dio la vuelta a tiempo de levantar la espada, pero esta vez esta desorientado y no se anticipó a mi truco. Cambié de dirección, salté a un lado y hendí Anaklusmos por debajo del agua. Le clavé la punta en el talón, para luego herirlo en un costado, justo en las costillas.
El alarido que siguió fue fuerte, sonreí y me apareci lejos de él. Hasta el mismo mar se apartó de Ares, dejando un círculo de arena mojada de quince metros de diámetro. Icor, la sangre dorada de los dioses, brotó como un manantial de la bota y costado del dios de la guerra. Su expresión va más allá del odio. Es dolor, desconcierto, imposibilidad de creer que lo habían herido.
Cojeó hacia mí, murmurando antiguas maldiciones griegas, pero algo lo detuvo. Fue como si una nube ocultase el sol, pero peor. La luz se desvaneció, el sonido y el color se amortiguaron, y entonces una presencia fría y pesada cruzó la playa, ralentizando el tiempo y bajando la temperatura abruptamente. Me recordo la sensacion que dejan los dementores cuando estan cerca.
Me recorrió un escalofrío y sentí la presencia de ese ser, el del abismo. La oscuridad se disipó. Ares parecía aturdido. Annabeth y Grover están en la playa, conmocionados, mientras el agua rodea de nuevo los pies de Ares y el icor dorado se disolvía en la marea. Ares bajó la espada.
—Tienes un enemigo, diosecillo. Acabas de sellar tu destino. Cada vez que alces tu espada en la batalla, cada vez que confíes en salir victorioso, sentirás mi maldición. Cuidado Hadrien Black. Mucho cuidado —me dijo furiosos.
—Estás enojado primito. Recuerda que me debes un juramento, bueno, tu maldición no funcionara, tu no me tocaras de ninguna manera, nunca—sentí como el juramento entraba en vigor.
—Retiro la maldición—dijo viéndome en shock, el juramento lo obliga a cumplir. Eso le enseñara a no jurar como si nada. Aprendí esto de tía Bella, es muy diferente al juramento inquebrantable y el magico. Este provoca cierta molestia en la persona hasta que lo cumpla, para los que no la conocen, siente que algo malo les pasara, cosa que no ocurrirá, pero quien soy para sacarlos de su error. Entonces su cuerpo empezó a brillar.
—¡Hadrien, no mires! —gritó Annabeth. La ignore y mire la auténtica forma de Ares, no es muy diferente a la de antes, solo que ahora usa una armadura completa, sé que los semidioses no pueden ver a los dioses cuando están en su auténtica forma, eso no aplica para los magos, el resplandor se extinguió y Ares con él. Recogi el yelmo de la oscuridad, pero antes que llegara escuche un aleteo. Las tres ancianas con caras furibundas, sombreros de encaje y látigos fieros bajaron del cielo planeando y se posaron frente a mí.
La furia del medio, dio un paso adelante. Enseñaba los dientes, pero no parecía amenazadora. Más bien parecía decepcionada, como si hubiera previsto comerme aquella noche y luego hubiese decidido que podía resultar indigesto.
—Lo hemos visto todo, Así pues, ¿de verdad no has sido tú? —susurró. La miré con frialdad y le lancé el casco, que agarró al vuelo, sorprendida.
—Devuélvele eso al tío Hades. Cuéntale la verdad, que le entregué mis pequeños a tía Bella —dije. Vaciló y la vi humedecerse los labios verdes y apergaminados con una lengua bífida.
—Vive bien, Hadrien Black. Conviértete en un auténtico héroe. Porque si no lo haces, si vuelves a caer en mis garras…—Estalló en carcajadas, saboreando la idea.
—¿Heroe? No gracias, eso se lo dejo a ella—dije señalándole a Annabeth. Ellas se sorprendieron. Despues las tres hermanas levantaron el vuelo hacia un cielo lleno de humo y desaparecieron.
—Hadrien… Eso ha sido alucinante…—dijo Grover.
—Ha sido terrorífico —terció Annabeth.
—¡Ha sido guay! —se obstinó Grover. Estoy agotado, quiero que todo termine.
—¿Han sentido eso… fuera lo que fuese? —pregunté probándolos, dudo que haya sido mi imaginación. Los dos asintieron, inquietos
—Deben de haber sido las Furias —dijo Grover.
Algo o alguien había evitado que Ares me atacara, y quien quiera que fuese es mucho más fuerte que las Furias. Observé a Annabeth, y cruzamos una mirada de comprensión. Supe entonces qué había en el foso, qué había hablado desde la entrada del Tártaro. Cronos, mi adorado abuelo.
Le pedí la mochila a Grover y miré dentro. El rayo maestro sigue allí. Vaya baratija para provocar casi la Tercera Guerra Mundial.
—Tenemos que volver a Nueva York, ahora —dije, queriendo acabar con esto.
—Eso es imposible a menos que vayamos… volando—contestó Annabeth.
—Nos apareceremos, espero que sus estómagos se hayan estabilizado—les dije, tomé sus manos y sin darle tiempo de pensar, nos apareci en New York. Al soltarlos ambos corrieron hacia el callejón y vomitaron de nuevo. Me siento algo culpable por hacerlos pasar por esto de nuevo, pero no quiero pasar horas en un aparato net magii, cuando puedo estar donde quiero en segundos.
—Eso fue horrible, es como si fuéramos absorbidos y reducidos, de nuevo—dijo Annabeth.
Nos separamos en la parada de taxis. Les dije que volvieran al Campamento Mestizo e informaran a Quirón de lo que había pasado. Protestaron, pero terminaron yéndose. Subí a un taxi y me encaminé a Manhattan.
Treinta minutos más tarde entre en el vestíbulo del edificio Empire State. No sin antes reparar mis ropas y dejarlas impecables, tomaría un relajante baño de burbuja, pero quiero acabar con esto.
—Quiero ir al piso seiscientos.
—Ese piso no existe, niño.
—Necesito una audiencia con Zeus—Me dedicó una sonrisa vacía.
—¿Una audiencia con quién?
—Ya me ha oído—sisee con frialdad.
—Sin cita no hay audiencia, niño. El señor Zeus no ve a nadie que no se haya anunciado.
—Bueno, me parece que hará una excepción—Me quité la mochila y la abrí. El guardia miró dentro el cilindro de metal y por un instante, no comprendió qué era. Después palideció.
—Sí—estoy irritándome. Iba a sacarlo para mostrárselo mejor, al ver que no se mueve.
—¡No! ¡No! —Brincó de su asiento, buscó presuroso un pase detrás del mostrador y me tendió la tarjeta.
—Insértala en la ranura de seguridad. Asegúrate de que no haya nadie más contigo en el ascensor.
Así lo hice. En cuanto se cerraron las puertas del ascensor, metí la tarjeta en la ranura. En la consola se iluminó un botón rojo que ponía «600». Lo apreté y esperé. Se escucha una música ambiental y al final «ding». Las puertas se abrieron.
Estoy de pie sobre una pequeña pasarela de piedra en medio del vacío. Debajo tengo Manhattan, miles de metros, aun mas que cuando estoy volando en escoba. Delante, unos escalones de mármol serpenteaban alrededor de una nube hasta el cielo.
Desde lo alto de las nubes se alza el pico truncado de una montaña, con la cumbre cubierta de nieve. Colgados de una ladera de la montaña hay docenas de palacios en varios niveles. Una ciudad de mansiones: todas con pórticos de columnas, terrazas doradas y braseros de bronce en los que arden mil fuegos. Los caminos subían enroscándose hasta el pico, donde el palacio más grande de todos refulgía recortado contra la nieve.
En los precarios jardines colgantes florecían olivos y rosales. Vislumbré un mercadillo al aire libre lleno de tenderetes de colores, un anfiteatro de piedra en una ladera de la montaña, un hipódromo y un coliseo en la otra. Es una antigua ciudad griega, pero no está en ruinas.
Es nueva, limpia y llena de colorido, como debía de haber sido Athenas dos mil quinientos años atrás. Al menos tuve el gusto de conocer el Olimpo, así es como me imaginaba el campamento, por eso me decepcioné al verlo. Pase al lado de unas ninfas del bosque, que se rien y me tiran olivas de su jardín.
Los vendedores del mercado me ofrecen ambrosia, un escudo y una réplica genuina del Vellocino de Oro, en lana de purpurina. Las nueve musas afinaban sus instrumentos para dar un concierto en el parque, mientras se congregaba una pequeña multitud: sátiros, náyades y un puñado de adolescentes guapos que debían de ser dioses y diosas menores. Nadie parecía preocupado por una guerra civil inminente.
De hecho, todo el mundo parecía estar de fiesta. Varios se volvieron para verme pasar y susurraron algo que no pude oír.
Subí por la calle principal, hacia el gran palacio de la cumbre. Es una copia inversa del palacio del inframundo. Allí todo era negro y de bronce; aquí, blanco y con destellos argentados.
Hades debía de haber construido su palacio a imitación de éste. No era bienvenido en el Olimpo salvo durante el solsticio de invierno, así que se había construido su propio Olimpo bajo tierra. Es realmente injusto que le nieguen la entrada, solo por el lugar que rige y lo que hace, por eso, así es como conseguiré fastidiar a los otros dioses.
Unos escalones conducían a un patio central. Tras él, la sala del trono. Columnas descomunales se alzaban hasta un techo abovedado, en el que se desplazaban las constelaciones de oro. Doce tronos, construidos para seres del tamaño de Hades, estaban dispuestos en forma de U invertida, como las cabañas en el Campamento Mestizo. Una hoguera enorme ardía en el brasero central.
Zeus, el señor de los dioses, lucía una armadura dorada con bronce. El suyo es un trono sencillo de platino. Lleva la barba bien recortada, gris, veteada de negro, como una nube de tormenta. Su rostro es orgulloso, hermoso y sombrío al mismo tiempo, y tiene los ojos de una gris lluvia. El de mi padre es verde con detalles marinos y su símbolo en él. Las mujeres visten los típicos vestidos griegos, pero en diferentes colores. Los otros dioses tienen algo distintivos, pero todos visten con una armadura y ropa griega que usaban hace siglos. El único ausente es Ares.
Pov Poseidon
Todos miraron a mi hijo impresionados, hemos estado viendo su viaje desde que salió del campamento. Aunque no todo el tiempo, ya que Zeus ha estado insoportable, culpándome continuamente del robo. Camino hacia mi direccion sin detenerse y se elevó por los aires, hasta quedar sentado en mis piernas. Todos lo vieron con incredulidad, ya que camino como si estuviera en su propia casa.
—Padre, estoy molesto contigo—siseo resentido entre mis brazos.
—¿No deberías dirigirte primero al amo de la casa, chico? —Mi hijo solo lo vio molesto y levanto una ceja, pero no contesto.
—Paz, hermano. El muchacho respeta a su padre. Es lo correcto —dije tratando de evitar un conflicto.
—¿Sigues reclamándolo, pues? ¿Reclamas a este hijo que engendraste contra nuestro sagrado juramento? —preguntó Zeus, amenazador.
—He admitido haber obrado mal. Ahora quisiera oírlo hablar—dije apaciguador.
—Según tengo entendido, usted fue el primero en romperla, ya que Thalia su hija, era mayor cinco años—comento Hadrien, la furia resplandeció en los ojos de Zeus, instintivamente lo acerque más.
—Hadrien—dije advirtiendo, solo se encogió de hombro.
—Lo siento— dijo serio.
—Este niño es un maleducado, no respeta a los dioses—dijo Athena seria.
—Oh, lo dices por la cabeza, no es mi culpa que la diosa de la sabiduría, cometiera el error más estúpido, eso sin mencionar a Aracne —sonrió de forma inocente.
—Hadrien—espete de nuevo. Mire como Afrodita se reía y los otros dioses trataban de disimular su diversión. Zeus levanto la mano, para callar a todos, con una chispa de diversión en sus ojos.
—Bien, habla niño—conto todo lo ocurrido, con pelos y señales. Luego saco el cilindro de metal, que empezó a chispear en presencia del dios del cielo.
Se produjo un largo silencio, sólo interrumpido por el crepitar de la hoguera. Zeus abrió la palma de la mano. El rayo maestro voló hasta allí. Cuando cerró el puño, los extremos metálicos zumbaron por la electricidad hasta que sostuvo lo que parecía más un relámpago, una jabalina cargada de energía sonora que me erizó la nuca.
—Presiento que el chico dice la verdad. Pero que Ares haya hecho algo así… es impropio de él—murmuró Zeus.
—Es orgulloso e impulsivo. Le viene de familia —comente serio.
—Disculpen—tercio Hadrien
—¿Sí? —preguntamos a la vez. Zeus y yo.
—Ares no actuó solo. La idea se le ocurrió a otro, al abuelo Cronos—comento casualmente. Ambos lo vimos como si se hubiera vuelto loco. Todos los dioses empezaron a murmurar preocupados.
—¿Abuelo? —pregunte serio. Solo pensar que este atormentando a mi hijo.
—Se ha estado metiendo en mis sueños, la voz procedía del inframundo. Ares sugirió que el tambien había soñado, fue utilizado para desatar la guerra. La presencia la volví a sentir en la playa, la misma del foso. En la entrada al tártaro, algo poderoso y malvado se estaba desperezando allí abajo, algo antiguo, por eso supuse que es el abuelo Cronos, si la historia que Quirón conto es cierta—nos detalló sus sueños, para que comprendiéramos mejor. Discutí con Zeus, debemos de averiguar que está ocurriendo. Pero como siempre, no me escucho.
—Oye tío Zeus, por devolveré tu cac… rayo, quiero que me des algo, júralo, sin importar lo que sea—pidió inocentemente.
—Zeus, no creo…—intente advertirle.
—Calma hermano, me parece justo, te juro darte lo que pidas—cerré los ojos negando con la cabeza. Nunca hay que jurarle nada, sus padres me lo advirtieron y no les hice caso. Aprendí a las malas.
—Primero tengo que llamar a tía Bella, está en el inframundo—saco su celular y lo puso en altavoz. Todos lo vimos sorprendidos. Es imposible que funcione.
—Hola tía Bella, podemos encontrarnos en el campamento, ya quiero regresar a Inglaterra—le dijo serio.
—Ahora, no puedes esperar unos días, Perséfone dijo que puedo ir a torturar almas al lugar donde están los héroes, ella no puede entrar, pero yo si—susurro con deleite, todos nos horrorizamos con semejante situación, negué con la cabeza para que la hiciera irse.
—Quiero irme. Ahora—escuche lamentos y gritos.
—Si es lo quieres, sabes que te cumpliré cualquier capricho—ronroneo. Esa mujer da escalofríos.
—Me gustaría hablar con el tío Hades—le dijo, moviendo los pies mientras espera.
—Oye dios de pacotilla, mi adorable sobrino quiere hablar contigo, mueve tu trasero de ese estúpido trono—grito con frialdad.
—Te dije hace días que te largaras, vete al olimpo, estoy seguro que te encantara estar allá—se escucharon unos golpes, maldiciones y lamentos.
—Ella no vendrá aquí ¿Cierto? —pregunto con una sonrisa nerviosa Afrodita.
—No, solo si le pido que me venga a recoger. Tia Bella odia a los dioses, si ella viniera acabaría con este lugar, tío Hades cometió el error de secuestrarla—siento lastima por mi hermano.
—Chico, dijiste que te llevarías a esta mujer y aún sigue aquí—grito molesto Hades.
—No te sulfures, te van a salir arrugas. Recuerdas que juraste darme lo que sea, bien quiero un perro del inframundo, cachorro. Por cierto, te daré lo que te dije—me puse la mano en la cara y suspiré, lo sabía.
—Bien, pero que se vaya—una hermosa sonrisa, se formó en su rostro.
—Tia Bella, tráeme todo lo que tío Hades te dé y sal del inframundo—escuchamos la afirmación y luego colgó.
—Lo que quiero, es que tío Hades tenga una cabaña en el campamento y autorización de venir al olimpo, en otros festejos—lo mire con incredulidad.
—Hadrien ¿Cómo se te ocurre pedir eso? —comprendo que le caiga bien, pero no es sencillo lo que pide.
—¿Qué tiene de malo? Tío Hades, no es bienvenido solo porque es el dios del inframundo, no ha cometido más errores que los dioses presentes han hecho. Y si la historia es correcta, solo tuvo la mala suerte que le tocara esa área y mandar algunos monstruo a los semidioses, que según tengo entendido, ustedes suelen usarlos para probarlos ¿O me equivoco? —comento tranquilamente.
—No te equivocas niño, ahora comprendo tu advertencia hermano. Bien hare lo que pides, siempre cumplo mi palabra—ambos sabemos que lo hace porque no tiene opción.
—Eres genial tío Zeus, sabias que comprenderías —dijo Hadrien sonriéndole angelicalmente.
—¡No puedes hacer eso! —salto Athena. Una mirada de Zeus la callo.
—Asunto concluido. Tengo que ir a purificar este relámpago en las aguas de Lemnos, para limpiar la mancha humana del metal. Me has hecho un buen servicio, chico. Pocos héroes habrían logrado tanto—Se levantó y lo miró. Su expresión se suavizó ligeramente.
—Para mostrarte mi agradecimiento, te perdonaré la vida. No confío en ti, Hadrien Black. No me gusta lo que tu llegada supone para el futuro del Olimpo, pero, por el bien de la paz en la familia, te dejaré vivir—puse una mano en su hombro.
—Gracias, tío—pero en su mirada no hay temor alguno.
—Que no te encuentre aquí cuando vuelva. De otro modo, probarás este rayo. Y será tu última sensación—El trueno sacudió el palacio. Con un relámpago cegador, Zeus desapareció. Hadrien solo rio, para desconcierto de los otros dioses, que solo salieron.
—Tu tío, siempre ha tenido debilidad por las salidas dramáticas. Le habría ido bien como dios del teatro—suspire sin dar crédito, de todo lo que ha pasado. Hadrien consiguió todo lo que quiso.
—Aún me darás el hipocampo ¿Cierto? —no debería, pero el paso por mucho.
—Te lo prometí. Vayamos al campamento, no quiero saber lo que tu tía debe de estar ocasionando—el solo sonrió y asintió.
Pov Quirón
Los chicos llegaron hace una hora, contando todo lo que pasaron en su viaje, no puedo creer que el responsable de todo es Ares y según lo que dijo Annabeth, alguien aún más poderoso y oscuro, Cronos.
Me había costado mantener a los campistas tranquilos, gracias a los dioses, que las cosas se solucionaron.
—En este asqueroso lugar, estaba mi adorado sobrino—una hermosa mujer de cabellos negros y ojos grises, miraba el lugar con repugnancia, su belleza iguala a la de afrodita.
—¿Quién es usted? —pregunte serio, aunque me hago una idea.
—Tia Bella—las pequeñas hermanas de Hadrien corrieron a los brazos de la mujer.
—Se vinieron dentro del baúl de su hermano ¿Cierto? —les sonrió.
—Queríamos estar con nuestro hermano, pero todo ha sido tan aburrido. Por suerte, las ninfas y náyades, nos entretuvieron, son nuestras amigas—ella asintió.
—Hay que recoger sus cosas, nos vamos. Este lugar es tan poco digno de nuestra presencia—dijo con desprecio.
—¿Quién es usted? —pregunto sacando su espada Luke. Ello lo vio como si fuera basura y con un movimiento de mano lo mando a volar.
—¡Luke! —grito Annabeth, quien corrió ayudarlo. Otros fueron hacia ella, pero al igual que Luke, salieron volando.
—Basta, es la tía de Hadrien—dije al ver que todos pensaban atacar.
—Sigues vivo, chico cabra—Grover solo berreo y se ocultó de su vista.
—Ven tía, vamos a empacar—suspire aliviado al ver que se fueron.
—Es poderosa y hermosa—dijo Dionisio viéndola partir.
—Recién vengo de una reunión y no sabrás lo que hizo el chico, le pidió a mi padre que le diera una cabaña a Hades y acepto, dentro de poco, veremos a Caronte, quien sera el encargado de construirla—lo mire impactado y sin dar crédito a lo que dijo. Me conto absolutamente todo lo ocurrido, incluyendo su discusión con Athena, muchos campistas lo escucharon, los hijos de Athena no están contento de que su madre haya sido la burla de todos los dioses.
La de Ares tampoco, cuando escucharon que Hadrien no solo venció a su padre, sino que tambien lo hirió. Y la conversación que tuvo con su tía, nos provocó escalofrió a todos.
—Bueno, me voy a tomar una siestecita, el chico me dio más diversión y sorpresa, algo que no he tenido en siglos—dijo Dionisio yéndose a la casa.
—¿Entonces quiere decir que los hijos de Hades vendrán al campamento? —pregunto Luke.
—Así es, pero de igual forma, no hay ningún hijo de Hades, supongo que esa cabaña estará vacía, solo como homenaje—todos hablaban admirados y emocionados, por lo ocurrido, las únicas casas que no están contentas son la de Athena y Ares, pero se ve la admiración, aunque renuente.
—¿Ya llego mi tía? —pregunto Hadrien quien viene con Poseidon.
—Si, está en la cabaña—dije señalando por donde se fue.
—Te dejo, ya sabes que no soy del agrado de tu tía. Te mandare tu regalo—lo abrazo y beso su cabeza, para luego desaparecer.
—Hadrien, ya tengo todo, vámonos—dijo su tía apareciendo, solo hasta ahora repare en las criaturas en los brazos de las pequeñas, una tiene un nemea y la otra un perro del infierno. Además del huevo, no quiero saber de qué, el cual lleva su tía.
—¿No se quieren quedar para el festejo? —los chicos tienen preparado una celebración por haber cumplido la misión.
—No gracias, cinco minutos querido—saco un collar de oro y las pequeñas lo tomaron.
—Fue divertido, nos vemos. Suerte con tu sueño Grover, adiós Annabeth—dijo Hadrien con una pequeña sonrisa y tomando el collar.
—Adiós Hadrien, hasta el próximo verano—grito emocionado Grover.
—Fue divertido hacer equipo contigo y procura no molestar de nuevo a mi madre—dijo como despedida Annabeth, supongo que a lo largo del viaje se acostumbró a su carácter. Un momento estaban ahí y al siguiente desaparecieron.
—Bueno, al parecer las cosas cambiaran, si Hadrien Black está involucrado—susurre algo preocupado, por los acontecimientos.
Pov Hadrien
Aparecimos en Grimmauld Place número 12, la casa esta hermosa, las paredes están pintadas de un hermoso color beige, la madera del piso es café oscura, muebles antiguos, de época victoriana, lo que resalta la antigüedad de la casa, hay hermosos cuadros de paisajes y miembros de la familia Black.
Pero lo que más destaca, es la hermosa chimenea de mármol negro y blanco, con serpientes de plata decorándola, jarrones de porcelana antiguos en la sala, alfombras persas e hindúes, con sus hermosos hilos de oro hacen que destaquen, al entrar a la biblioteca casi me desmayo de la impresión, hay tantos libros, es de dos pisos, me pican las manos por leerlos todos, pero eso tendrá que esperar.
Me dirigí a la sala de té, un hermoso solárium, en vez de techo hay vidrios haciendo que, entre luz natural, hermosas rosas de todos los colores decoran el lugar, así como tambien jazmines, lirios, tulipanes, todo tipo de flores que embellecen, hadas vuelan riendo y jugando. En el centro hay un pequeño lago, plantas de todo tipo lo rodean, dandole un aspecto muy natural.
Al entrar al comedor no me sorprendió ver lo exquisitamente decorado que esta, una enorme mesa de color negro destaca en la estancia, sillas con tapizados de color verde con gris, aquí las paredes son de madera con hermosos tallados de serpientes.
—Vinieron antes—dijo Padre entrando, con papá y la abuela.
—Nos aburrimos, es tan net magii—dije abrazándolos, los extrañé tanto. Presiento que no le gustara lo que les cuente.
—Cuéntales Hadrien, me voy a mi habitación, fueron unos días totalmente relajantes—claro se la paso torturando pobres almas. Las gemelas se fueron con la abuela.
—Bueno verán, todo comenzó con el secuestro de tía Bella—cuando acabe, la ira y el enojo predominaban en los rostros de mis padres. Mas cuando oyeron de la profecía, una que ni siquiera conozco.
—Así que por eso insistió en que fueras al estúpido campamento—siseo frialdad papá.
—Les aseguro, que se arrepintieron de tenerme ahí, los hice hacer cosas que nunca hubieran hecho, de no ser porque hice que lo juraran—la comprensión brillo en los ojos de mis padres.
—De igual forma, hablaremos con Poseidon—asentí y les dije que me iría a dormir, estoy cansado.
—Descansa hijo—sonreí y fui a mi habitación. Es enorme, está pintado de azul oscuro, con detalles en plata, en la cama pueden caber diez personas y dormir cómodamente, hay dos mesitas de noche a cada lado, una enorme chimenea color gris con detalles en verde con sillones de cuero de color negro, un escritorio color caoba oscuro, varias plumas, pergaminos y tintas de todos los colores perfectamente acomodados, un enorme armario color negro, al abrirlo es como otra habitación, mire toda mi ropa, tengo mágica como net magii, accesorios de todo tipo.
Además de eso mi padre añadió una pequeña biblioteca personal en mi habitación, al entrar note copias de mis libros antiguos. Al ir al baño, este es igual de grande que la habitación, tiene un enorme jacuzzi de mármol crema circular y todo parece conectado, las paredes son de color crema con hermosos diseños, es espacioso, tiene un enorme lavamanos, hay ventanas falsas. Con un movimiento de mano, el agua empezó a caer como cascada. Tome un baño de burbuja con sales aromáticas, cuando salí, me puse mi pijama y acosté, al segundo caí en un sueño reparador.
Bueno aquí acaba la aventura con los dioses, en el próximo capitulo veremos su encuentro con los Malfoy, espero les haya gustado, mil gracias por sus reviews. Recuerden que la personalidad de Hadrien es una combinacion de la de Sirius y James, ademas de la influencia de su adorable tia, no esperen que sea amable o se haga amigo rapidamente de Annabeth y Grover, despues de todo, no pasaron tanto tiempo juntos como en el libro, ademas Hadrien no es de lo que se hace amigo facilmente, para el debe de pasar un tiempo.
Nos seguimos leyendo
Bella.
