Los personajes no me pertenecen son de J.K Rowling y Rick Riordan.
Summary: Él siempre supo que pertenecía a dos mundos muy diferentes, que no interactúan entre ellos. Hijo de tres hombres. Con dos profecías sobre su cabeza y seres poderosos que lo quieren muerto. Deberá dividir su tiempo para poder proteger a sus amigos y las personas que ama.
Hechizos Accio
Palabras griegas ¡Maya!
Idioma "Hola"
Recuerdos [Hola]
Chat: Hola
Llamada —Hola—
Capitulo 17 Comienza la búsqueda
Pov Hadrien
Mire como Percy tomo las riendas y llevo el carro hasta la línea de salida. A Tyson le dio una estaca de tres metros y le encomendó mantener lejos a los rivales que se acercaran demasiado, así como desviar cualquier cosa que pudieran arrojarnos.
—No golpear a los ponis con el palo —insistía él.
—No. Y tampoco a la gente, si puedes evitarlo. Vamos a correr jugando limpio. Tú limítate a evitarme distracciones para que pueda concentrarme en conducir —escuche que dijo Percy, con suavidad y convicción para que comprendiera.
— ¡Venceremos! —dijo Tyson sonriendo abiertamente. Ignore su conversación y me enfoque en los pájaros que miran intensamente a todos.
— ¿Qué pasa? —pregunto Silena, es una chica divertida y muy inteligente, a pesar que muchos chicos y chicas de las otras cabañas traten a los hijos de afroditas como idiotas, es cierto que les gusta verse bien y no todos tienen muchas luces, pero la mayoría sorprenderían a los demás campistas, si se tomaran la molestia de conocerlo.
Mientras los carros se alineaban, en el bosque se iban reuniendo más palomas de ojos relucientes. Chillaban tanto que los campistas de la tribuna empezaron a mirar nerviosamente los árboles, que temblaban bajo el peso de tantos pájaros. Tántalo no parecía preocupado, pero tuvo que levantar la voz para hacerse oír entre aquel bullicio.
—Esos pájaros no son normales, solo quiero ser precavido y poner un escudo—saque mi varita, sin importarme las miradas que todos pusieron al verla, y lance un hechizo que nos protegerá, lamentablemente no puedo decir lo mismo de los competidores.
—"Aisha, prepárate para cazar pajarracos"—sisee acariciando a mi hermoso familiar.
— ¡Aurigas! ¡A sus marcas! —gritó Tántalo emocionado. Hizo un movimiento con la mano y dio la señal de partida. Los carros cobraron vida con estruendo. Los cascos retumbaron sobre la tierra y la multitud estalló en gritos y vítores.
Casi de inmediato se oyó un estrépito muy fuerte. Miré cómo se volcó el carro de Apolo; el de Hermes lo había embestido. Sus ocupantes habían saltado, pero los caballos, aterrorizados, siguieron arrastrando el carro de oro y cruzando la pista en diagonal. Travis y Connor Stoll, los del Hermes, se regocijaron de su buena suerte.
Pero no por mucho tiempo, porque los caballos de Apolo chocaron con los suyos y su carro volcó también, dejando en medio del polvo un montón de madera astillada y cuatro caballos encabritados.
Volví a centrarme en la cabeza de la carrera. Nuestro carro va a buen ritmo, por delante de Ares, pero el carro de Annabeth nos lleva mucha ventaja, ya esta dando la vuelta al primer poste, mientras su copiloto sonreía sarcástico y les decía adiós a Percy y Tyson.
— ¡Nos vemos, chicos! —El carro de Hefesto también empezó a adelantarnos. Beckendorf apretó un botón y se abrió un panel en el lateral de su carro.
— ¡Lo siento, Percy! —chilló. Tres bolas con cadenas salieron disparadas hacia la ruedas de nuestro carro. Habrían sido destrozados si Tyson no las hubiese desviado con un golpe rápido de su estaca. Además, le dio un buen empujón al carro de Hefesto y lo mandó dando tumbos de lado.
— ¡Buen trabajo, Tyson! —grito Percy. Para poder escuchar lo que dicen use un hechizo que me permite mejorar uno de mis sentidos, en este caso la audición.
— ¡Pájaros! —exclamó él. Solo entonces note que los pájaros alzaron vuelo y desciende a una velocidad alarmante, como un tornado. Muchos chicos corrieron y se salieron de mi escudo, por lo que inevitablemente empezaron a luchar, otros buscaron sus armas y se pusieron en guardia, entrecerré los ojos y saque mi espada.
— ¡Pájaros del Estínfalo! ¡Si no logramos ahuyentarlos, picotearán a todo el mundo hasta los huesos! —gritó Annabeth. Redujo la velocidad y puso su carro junto al de Percy.
—Tyson, debemos dar la vuelta—dijo Percy.
— ¿Vamos en dirección equivocada? —preguntó.
—Eso siempre —dijo Percy con un gruñido, y dirigió el carro hacia donde nos encontramos nosotros. Los gritos y graznidos estan fastidiándome.
—Todos, tomen sus armas, los heridos deben ser transportados a las tribunas, hay un escudo que impide que esos pajarracos se acerquen—todos hicieron lo que ordene, ayudaron a los heridos y trataron de pelear con esos pajarracos, aunque al ser tantos, no fue fácil, puedo quemarlos a todos, pero tendría que abarcar casi toda la zona y mi magia siempre pelea contra la barrera, si la uso, puedo destruir lo que queda de ella, así que aunque quiera debo de contenerme, las barreras ya gimieron cuando puse el escudo, al parecer eso es lo máximo que pueden soportar.
Mire a Aisha destrozando a todo pájaro que esta a la vista, usaría magia elemental, pero no estoy seguro si las barreras lo soportaron, mejor prevenir que lamentar. Justo en ese momento llegaron Annabeth y Percy, tratando de luchar contra los pájaros, pero estas son demasiadas.
— ¿Cómo las detendremos? Son demasiadas—dijo Annabeth atravesando con su cuchillo a una de ellas.
— ¡Hércules utilizó el ruido! ¡Campanas de latón! Las ahuyentó con el sonido más horrible que pudo…—dije recordando una de las tantas historias. Sus ojos se abrieron como platos.
—Percy… ¡la colección de Quirón! —los mire sin comprender, al parecer ya saben cómo solucionar este embrollo.
— ¿Crees que funcionará? —pregunto Percy. Ella le entregó las riendas a su guerrero y saltó al carro con Percy.
— ¡A la Casa Grande! ¡Es nuestra única posibilidad! —Clarisse acababa de cruzar la línea de meta sin la menor oposición, y sólo entonces pareció darse cuenta de lo grave que era la situación. Esa chica es tan despistada.
— ¿Salen huyendo? ¡La lucha está aquí, cobardes! —Desenvainó su espada.
—No huyen, encontraron una solución—los defendió Silena. Justo en ese momento, una música estridente se escucho por todo el lugar. Los pájaros demonio se volvieron completamente locas. Empezaron a volar en círculo y a chocar entre ellas como si quisieran aplastarse sus propios sesos.
Enseguida abandonaron la pista y se elevaron hacia el cielo, convertidas en una enorme nube oscura.
— ¡Ahora! ¡Arqueros!—gritó Annabeth. Con un blanco bien definido, los arqueros de Apolo tenían una puntería impecable. La mayoría sabía disparar cinco o seis flechas al mismo tiempo. En unos minutos, el suelo estaba cubierto de palomas con pico de bronce muertas, y las supervivientes ya no eran más que una lejana columna de humo en el horizonte.
El campamento estaba salvado, pero los daños eran muy serios; la mayoría de los carros había sido totalmente destruida. Casi todo el mundo estaba herido y sangraba a causa de los múltiples picotazos y algunas de las chicas de la cabaña de Afrodita chillan histéricas porque les habían arruinado sus peinados y rajado los vestidos. Solo Silena se salvo y solo porque se quedo conmigo, ayudando a los heridos que estaban siendo colocados en las tribunas.
— ¡Bravo! ¡Ya tenemos al primer ganador! —exclamó Tántalo, pero sin mirar a Annabeth y Percy. Caminó hasta la línea de meta y le entregó los laureles dorados a Clarisse, que lo miraba estupefacta. Luego se volvió hacia ellos con una sonrisa.
—Y ahora, vamos a castigar a los alborotadores que han interrumpido la carrera—escuche a michos protestar.
—Al parecer no solo te prohibieron comer, sino que también te volvieron estúpido, porque no haces algo útil y das órdenes sensatas para que el campamento vuelva a estar en orden, el titulo que ahora posees no es adorno—dije con frialdad.
—T…tu, maldito mocoso—esta tan molesto, que no sabe ni que decir.
—Si no puedes, puedo hablar con tío Zeus, estoy seguro que puede mandar a alguien capaz—para limar asperezas y conseguir beneficios, le regale a mi padre, tío Zeus y tío Hades, teléfonos, para poder sondearlos y que bajen la guardia a mi alrededor. Es tan fácil subir sus egos, no puedo decir que harían todo lo que diga, sería estúpido y muy soberbio de mi parte.
Pero estoy consiguiendo su afecto, se que dentro de unos meses, los tendré comiendo de la palma de mi mano, solo debo de descubrir sus debilidades, gustos y explotarlos a mi favor, cuando se den cuenta de la verdad, sera demasiado tarde, son tan orgullosos, que estoy seguro fingirán que siempre lo supieron, con tal de salvar su dignidad.
Mi padre es una buena fuente de información, el pobre piensa que quiero saber todo sobre los dioses, cuando en realidad me estoy enfocando en detalles que harán que me amen, tía Bella y la abuela me enseñaron a manipular sin que las personas o dioses en este caso, se den cuenta, puede ser lento pero seguro, sonreí ante los regalos que les envié no hace mucho.
Pov Percy
Hadrien siempre lo deja furioso, por algún motivo que no comprendo, Tántalo no se atreve a castigarlo, pero gracias a lo que dijo, se tuvo que aguantar y volvió a ignorarnos, en vez de poner todo en orden como Hadrien le dijo, hizo un banquete en honor a Clarisse, no la odio ni nada, pero ella siempre se mete conmigo y se burla de mi, por lo que no es mi persona favorita. Hadrien, Annabeth, Tyson y yo fuimos a nuestra cabaña para hablar sobre mis sueños y lo que haremos al respecto.
—Puedo usar un hechizo de rastreo, enfocándome en esa extraña conexión que Grover y tu poseen, su vida esta en peligro y no podemos simplemente ignorarlo o esperar otro sueño—dijo serio Hadrien.
—Hay algo importante que descifre de los sueños, si lo encontró, puede que logremos salvar el campamento—dijo esperanzada Annabeth.
— ¿De que hablas? —pregunto curioso Hadrien.
—Un vellón. La piel del carnero se llama vellón o vellocino, y si resulta que ese carnero tiene lana de oro…—aclaro emocionada.
—El Vellocino de Oro. ¿Hablas en serio? —pregunte aturdido.
—Percy, ¿te acuerdas de las Hermanas Grises? Dijeron que conocían la posición de lo que andabas buscando y mencionaron a Jasón. También a él le explicaron hace tres mil años cómo encontrar el Vellocino de Oro. Conoces la historia de Jasón y los Argonautas, supongo—claro, eso fue días después que Quirón se fuera, Tántalo nos mando a recoger algunos encargos y bueno, viajamos con las hermanas grises.
— ¡Sí! Esa vieja película con los esqueletos de arcilla. Annabeth puso los ojos en blanco—dije emocionado, Hadrien solo nos ve confundido, según me conto, no conoce muchas historias del mundo muggle, como le llama donde vivimos nosotros, menos la de los dioses, Annabeth le ha prestado libros y Poseidón le ha contado muchas cosas, pero aun sigue sin conocer todo.
— ¡Oh, dioses, Percy! Eres imposible—dijo exasperada Annabeth.
— ¿Cómo era, pues? —que esperaba, apenas me acabo de enterar que los dioses son reales, nunca me intereso la clase de historia.
—Escúchenme bien. La verdadera historia del Vellocino de Oro trata de dos hijos de Zeus, Cadmo y Europa, ¿sí?, que iban a convertirse en víctimas de un sacrificio humano y suplicaron a su padre que los salvara. Zeus envió un carnero alado con lana de oro, que los recogió en Grecia y los trasladó hasta Cólquide, en el Asia Menor. Bueno, en realidad sólo trasladó a Cadmo, porque Europa se cayó en el trayecto y se mató. Pero eso no importa—conto rápidamente la historia.
—A ella sí le importaría…—dijo Hadrien tranquilamente.
—La cuestión, ¡Hadrien!, es que cuando Cadmo llegó a Cólquide, ofrendó a los dioses el carnero de oro y colgó el vellocino en un árbol en mitad de aquel reino. El vellocino llevó la prosperidad a aquellas tierras; los animales dejaron de enfermar, las plantas crecían con más fuerza y los campesinos obtenían cosechas abundantes. Las plagas desaparecieron, y por eso Jasón quería el vellocino, porque logra revitalizar la tierra donde se halla. Cura la enfermedad, fortalece la naturaleza, limpia la polución atmosférica…—la mire asombrado, comprendiendo al fin su emoción y esperanza.
—Podría curar el árbol de Thalía—Annabeth asintió.
—Y reforzaría también las fronteras del campamento, Percy. Pero el Vellocino de Oro lleva siglos perdido; montones de héroes lo han buscado sin éxito—esta brincando de la emoción.
—Pero Grover lo ha encontrado. Salió en busca de Pan y ha encontrado el Vellocino de Oro, porque los dos irradian magia natural. Tiene sentido, Annabeth; podemos rescatarlo y salvar el campamento al mismo tiempo. ¡Es perfecto! —dije feliz de por fin salir a una mision de verdad, como Annabeth y Hadrien.
—Quizá un poquito demasiado perfecto, ¿no crees? ¿Y si es una trampa? Me acordé del verano pasado y de cómo había manipulado Cronos nuestra búsqueda. Casi había conseguido engañarnos para que lo ayudáramos a desencadenar una guerra que habría destruido la civilización occidental—vacilo viendo a Hadrien.
—Te recuerdo que no fue por mi culpa. Pero tienes razón, es demasiado perfecto, si esa cosa sana cualquier cosa, no sería raro que otras personas lo busquen para su propósito o en este caso, usarnos a nosotros para luego arrebatárnoslo, pero olvidas algo muy importante Annabeth, no importa donde vayamos, una vez consigamos lo que queremos, puedo aparecernos de regreso al campamento, sin darle la oportunidad de emboscarnos, tomaremos la camino más rápido y seguro—dijo con firmeza.
— ¿Qué alternativa tenemos? ¿Vas a ayudarnos a rescatar a Grover, sí o no?—pregunté. Ella miró a Tyson, que había perdido todo interés en nuestra conversación y juega tan contento con los juguetes que Hadrien compro.
—Percy, Hadrien, tendremos que luchar con Polifemo, el peor cíclope. Y sólo hay un sitio donde puede estar su isla: el Mar de los Monstruos —susurró.
— ¿Dónde queda eso? —pregunte confundido. Me miró como si creyese que me hacía el tonto.
—El Mar de los Monstruos. El mismo mar por el que navegó Ulises, y Jasón, y Eneas, y todos los demás—Hadrien solo puso los ojos en blanco.
— ¿El Mediterráneo, quieres decir? —pregunto tranquilamente.
—No. Bueno, sí… pero no—dijo confundida.
—Otra respuesta directa, muchas gracias—dijo Hadrien secamente.
—Mira, Hadrien, el Mar de los Monstruos es el mar que cruzan todos los héroes en sus aventuras. Esta en el Mediterráneo, sí, pero, como todo lo demás, ha cambiado de posición a medida que el centro de poder occidental se desplaza—explico lo mejor que pudo.
—Como el monte Olimpo, que ahora está encima del Empire State, ¿no? O como el reino de Hades, que se encuentra en el subsuelo de Los Ángeles—comento más claro.
—Exacto—dijo feliz que comprendiera.
—Pero un mar entero lleno de monstruos… ¿Cómo puede ocultarse algo así? ¿No verían los mortales que pasaban cosas raras, quiero decir, barcos tragados por las aguas y demás? —pregunte confundido.
—Claro que lo ven. No lo comprenden, pero saben que ocurre algo extraño en esa parte del océano. El Mar de los Monstruos queda junto a la costa este de Estados Unidos, al nordeste de Florida. Los mortales incluso le han puesto nombre—dijo seria.
— ¿El Triángulo de las Bermudas? —pregunte incrédulo.
—Exacto—Traté de asimilar todo aquello; supongo que no es más extraño que todo lo que he ido aprendiendo desde mí llegada al Campamento Mestizo.
—De acuerdo… Al menos, sabemos dónde buscar—comente serio.
—Es un área enorme, Percy. Buscar una pequeña isla en unas aguas infestadas de monstruos…—dijo insegura.
—El hechizo de rastreo se llama así por un motivo Annabeth, encontrarlo no sera difícil, si tengo suerte, puede que me quede con alguna criatura, si hubiera sabido de su existencia, habría ido antes—murmuro Hadrien pensativo.
—Bueno, somos el hijo y nieto del dios del mar. Ése es nuestro terreno. ¿Tan difícil puede ser? —pregunte con confianza. Hadrien es poderoso y nosotros hemos estado entrenando en el campamento, se que podemos lograrlo. Annabeth frunció el ceño.
—Tendremos que hablar con Tántalo y obtener su autorización para emprender la búsqueda; aunque nos dirá que no—dijo Annabeth seria.
—Eso es estúpido, no veo porque necesitamos su autorización, es un inútil resentido, apuesto que por molestar se lo dará a alguien más, probablemente a Clarisse, es tan predecible. Prefiero que lo hagamos por nuestra cuenta, de igual forma iremos no importa lo que diga—dijo Hadrien seguro de lo que dice.
—No si se lo decimos esta noche al calor de la hoguera, delante de todo el mundo. El campamento entero lo oirá, lo presionarán entre todos y no será capaz de negarse—dije confiado, Hadrien solo dio un suspiro exasperado y negó con la cabeza, obviamente no esta de acuerdo.
—Tal vez —dijo Annabeth con un pequeño resquicio de esperanza en su voz.
En la fogata de aquella noche, la cabaña de Apolo dirigía los cantos a coro. Tratan de levantar el ánimo general, pero no era fácil tras el ataque de aquellos pajarracos. Estamos sentados en el semicírculo de gradas de piedra, cantando sin gran entusiasmo y contemplando cómo ardía la hoguera mientras los chicos de Apolo nos acompañan con sus guitarras y liras.
Cantamos todas las canciones clásicas de campamento. La hoguera estaba encantada y, cuanto más fuerte cantábamos, más alto se elevaban sus llamas; cambiaba de color, y también la intensidad de su calor, según nuestro estado de ánimo. En una buena noche la había visto alcanzar una altura de seis metros, con un color púrpura deslumbrante, y desprender un calor tan tremendo que toda la primera fila de malvaviscos se había incendiado.
Aquella noche, en cambio, las llamas sólo alcanzaban un metro, apenas calentaban y tenían un color ceniciento. Dionisio se retiró temprano. Tras aguantar unas cuantas canciones, farfulló que hasta las partidas de pinacle con Quirón eran más divertidas, le lanzó una mirada desagradable a Tántalo y se encaminó a la Casa Grande.
— ¡Bueno, bueno! ¡Ha sido precioso! —exclamo Tántalo con una sonrisa desagradable.
Echó mano de un malvavisco asado ensartado en un palo y se dispuso a hincarle el diente en plan informal, pero antes de que pudiese tocarlo, el malvavisco salió volando. Tántalo intentó atraparlo a la desesperada, pero el malvavisco se quitó la vida arrojándose a las llamas.
—Y ahora, veamos los horarios de mañana—comento con una sonrisa fría, luego de ver la acción del malvavisco.
—Señor —dije. Le entró una especie de tic en el ojo.
— ¿Tienes algo que decir? —Me puse en pie y miré a Annabeth. Gracias a los dioses, ella también se levantó. Hadrien solo bufo y se quedo sentado junto a Tyson, obviamente piensa que es una pérdida de tiempo.
—Tenemos una idea para salvar el campamento —dije. Silencio sepulcral. Había conseguido despertar el interés de todo el mundo, y las llamas de la hoguera adquirieron un tono amarillo brillante.
—Sí, claro. Bueno, si tiene algo que ver con carros…—dijo Tántalo en tono insulso.
—El Vellocino de Oro. Sabemos dónde está —lo interrumpí. Las llamas se volvieron anaranjadas. Antes de que Tántalo pudiese responder, conté de un tirón mi sueño sobre Grover y la isla de Polifemo. Annabeth intervino para recordar los efectos que producía el Vellocino de Oro; sonaba más convincente viniendo de ella.
—El vellocino puede salvar el campamento. Estoy completamente segura —concluyó.
—Tonterías. No necesitamos ninguna salvación —dijo Tántalo.
—Estúpido e inútil, sin lugar a dudas—murmuro Hadrien, aunque todos lo escuchamos, Tántalo se puso rojo de la ira. Todo el mundo lo miró fijamente hasta que empezó a sentirse incómodo.
—Además ¿El Mar de los Monstruos? No parece una pista muy exacta que digamos; no sabríais ni por dónde empezar a buscar. —Añadió.
—Sí, sí, lo sé —dije. Annabeth se inclinó hacia mí y me susurró:
— ¿De veras lo sabes? —Asentí. Ella me había refrescado la memoria al recordarme nuestro viaje en taxi con las Hermanas Grises. En aquel momento, la información que me dieron no tenía ningún sentido. Pero ahora…
—Treinta, treinta y uno, setenta y cinco, doce —dije.
—Muy bien. Gracias por compartir con nosotros esas cifras inútiles…—dijo Tántalo.
—Son coordenadas de navegación. Latitud y longitud. Lo estudié, eh… en sociales —aclaré. Incluso Annabeth pareció impresionada.
—Treinta grados, treinta y un minutos norte; setenta y cinco grados, doce minutos oeste. ¡Tiene razón! Las Hermanas Grises nos dieron las coordenadas. Debe de caer en algún punto del Atlántico frente a las costas de Florida; el Mar de los Monstruos. ¡Hemos de emprender una operación de búsqueda! —dijo emocionada.
—Un momento —dijo Tántalo. Pero todos los campistas se pusieron a corear:
— ¡Una búsqueda! ¡Una operación de búsqueda! —Las llamas se alzaron aún más.
—No hace falta —insistió Tántalo.
—¡Una búsqueda! ¡Una búsqueda!
— ¡Está bien! ¿Quieren que autorice una operación de búsqueda, mocosos?—gritó Tántalo, los ojos llameantes de furia.
—¡Sí!
—Muy bien. Daré mi autorización para que un paladín emprenda esa peligrosa travesía, recupere el Vellocino de Oro y lo traiga al campamento, o para que muera en el intento —asintió. El corazón se me henchía de emoción. No iba a permitir que Tántalo me asustara. Aquello era lo que tenía que hacer: salvaría a Grover y al campamento; nada me detendría.
—Permitiré que nuestro paladín consulte al Oráculo. Y que elija dos compañeros de viaje. Creo que la elección es obvia—anunció Tántalo, nos miró a Annabeth y a mí como si quisiera desollarnos vivos.
—Ese paladín tiene que ser alguien que se haya ganado el respeto de todos, que haya demostrado sus recursos en las carreras de carros y su valentía en la defensa del campamento. ¡Tú dirigirás la búsqueda… Clarisse! — El fuego chisporroteó con un millar de colores diferentes. La cabaña de Ares empezó a patear el suelo y estalló en vítores:
—¡Clarisse! ¡Clarisse! —Ella se puso en pie, atónita. Tragó saliva y su pecho se hinchó de orgullo.
—Acepto la misión—la mire incrédulo y furioso.
—Predecible—murmuro Hadrien.
Hola chicas y chicos, mil gracias por sus comentarios, dos de mis historias quedaron mas cortas de lo que pensé, esta es una de ellas, prometo que el próximo capitulo sera mas largo.
Tal y como con el libro anterior, las cosas no serán iguales, estoy decidiendo que eventos pondré, ya veremos.
Nos seguimos leyendo
Besos y abrazos, Bella.
