Decir que Amira estaba abrumada sería un eufemismo.

De un momento a otro había sido reclamada por su padre divino -que, por cierto, ¿Apolo? ¿Really?-, sus hermanos le dijeron que recogiera sus cosas de la Cabina de Hermes y le dieron la bienvenida a la Cabina de Apolo, que se veía un pelo menos ostentosa por dentro que por fuera, y que tenía un toque cálido que Amira no sabía identificar, pero eran los hijos del dios del Sol, ¿no? Seguro se debía a eso.

Karissa parecía más que encantada con su reclamo, e incluso parecía haber olvidado el inminente ataque de pánico que Amira sabía que había estado a punto de darle con toda la situación, y se había ido a su Cabina con un ánimo no muy lúgubre, al contrario de Amira, que en lugar de alegrarse solo parecía haberse amargado.

No era que no estuviera feliz por ser reclamada al fin.

Simplemente no esperaba algo así.

Sí, había visto como reclamaban a Karissa, pero verlo y vivirlo eran cosas diferentes, especialmente porque Karissa no había hecho magia cuando fue reclamada.

Austin mencionó algo sobre hechizos para decir la verdad para todos los hijos de Hermes, pero Amira había estado muy cansada como para cuestionarlo y simplemente se echó en su nueva litera a dormir.

Su confusión no disminuyó cuando despertó.

Kayla le había presentado a Yan y Gracie, dos de sus hermanas que aparentemente se quedaban todo el año, y Amira apenas había abierto la boca cuando Austin ya la estaba arrastrando fuera de la Cabina.

Amira sentía que era algo temprano para estar merodeando en el Campamento, pero considerando que ya habían otros campistas caminando por ahí, no creía que sus excusas para quedarse en la cama fueran muy válidas.

Quería ir y buscar a Karissa y quizá dar una vuelta con ella también, tal vez hablar un rato y distraerse del gran evento de la noche anterior, despejarse de todas las preguntas que la acosaban, alejarse de sus hermanos por un momento y procesar el hecho de que era hija del dios del Sol y que aparentemente, después de una vida de ser hija única, ahora tenía al menos una docena de hermanos de los cuales a la mayoría no les conocía ni el color de piel.

Sentía la cabeza pesada, como si le estuvieran estirando el cabello en todas las direcciones posibles, como si estuviera siendo controlada por una marioneta.

Por alguna razón, aún no podía creer que lo que estaba pasando era su realidad. Parecía más bien un chiste. Hubiera esperado cualquier otro dios, excepto Apolo. Aunque tenía la impresión de que fuera quien fuera su padre, Apolo, Hermes, incluso el mismísimo Zeus, seguiría igual de incrédula.

¿Así se sentía Karissa al saber que su padre era Hades?

—Y… ¿a dónde vamos? —preguntó después de un rato de andar sin rumbo por el Campamento. Austin estaba relajado, caminando a su lado sin prisa alguna, y Amira se percató de las pequeñas líneas de felicidad que había en su rostro. Un hoyuelo al mover los labios y ¡voilá! Un rostro encantador.

Era demasiado temprano para estar tan contento.

—Tú solo camina —respondió sin prisa.

Amira hizo una mueca, pero lo siguió sin mucho alboroto. Apenas podía levantar los pies al caminar. Estaba mental y físicamente agotada con todo lo que sucedía últimamente, y siendo honesta, no podía esperar para irse del Campamento y volver a su vida relativamente normal y miserable.

Miró de reojo a Austin, que iba distraído por el camino, como si no tuviera una sola preocupación en el mundo y su única meta era vagar eternamente contento por el mundo sin ensuciar su mente con preguntas inútiles como las que siempre plagaban la mente de Amira.

Dentro de su mente, Amira bufó.

Fuera de ella, sin embargo, siguió su camino junto a Austin hasta llegar a la entrada del Campamento, y por una fracción de segundo Amira estaba segura de que Austin la iba a mandar a freír churros.

Pero Austin sólo le sonrió y se quedó mirando colina abajo, de pie, habiendo arrastrado a Amira de la comodidad de la litera hacia el cruel mundo exterior a esa hora tan inmoral (como las 6am) y rehusándose a decirle por qué o si quiera dejar que fuera a comer algo.

Amira se sentía agraviada en extremo.

Estaba a nada de repartir un buen castigo verbal cuando Austin le señaló un punto lejano que le costó localizar. Parpadeó varias veces, sin saber exactamente qué era lo que debía ver, pero al cabo de un rato y con mucho esfuerzo logró distinguir dos siluetas que se acercaban a paso lento.

Amira volteó hacia Austin, dudosa, más Austin sólo le sonrió.

Hacía eso bastante, ¿verdad?

Volvió la mirada a los dos extraños, que poco a poco se iban haciendo más nítidos a sus ojos. Dos chicos, uno rubio, con saludables mejillas pecosas y piel bronceada, y un moreno de piel pálida y semblante neutral. El rubio hablaba con una sonrisa mientras el moreno solo asentía de vez en cuando (o al menos eso creía, no veía muy bien los movimientos), y pronto ambos estuvieron subiendo la colina.

Amira parpadeó de nuevo, completamente en blanco.

Apenas pudo reaccionar cuando los tuvo frente a ella, y Austin solo sonreía y sonreía, y Amira miraba a los dos chicos sin tener la más mínima idea de qué hacer.

—¡Austin! —el chico rubio saludó, su tono alegre chillando en los oídos de Amira. ¿Cómo alguien podía estar tan alegre en las mañanas?—. ¿Qué hay con la bienvenida?

—Hey Will, hola Nico. Tengo noticias —sonrió—. Ella es Amira, es hija de Apolo, llegó hace poco con su amiga Karissa.

El chico rubio sonrió ampliamente, estirando su mano para chocar los cinco con Amira, que obedeció, mitad dormida, mitad incrédula.

—¡Genial! Soy Will, hijo de Apolo y Capitán de la Cabina de 7, siento no haber estado para recibirte.

Ah, eso lo explicaba todo.

¿Acaso todos los hijos de Apolo eran así de energéticos en las mañanas? Amira estaba a punto de poner una carta para volver a la Cabina de Hermes: odiaba levantarse tan temprano, y lo primero que había hecho Austin fue levantarla e interrumpir su sueño, ¿para qué? Para ir a saludar a otro hijo del sol con más energía en un dedo de la que Amira tenía en todo su cuerpo.

Will continuó. —Y él es Nico, es hijo de Hades, probablemente no lo veas mucho por aquí.

Amira se atragantó. ¿Hijo de quién dijo? Le echó una mirada a Austin.

—Es bueno que llegaran, porque la amiga de Amira que les mencioné es hija de Hades también —explicó Austin.

Nico frunció el ceño, viéndose pensativo. —Parece que nos perdimos de algunas cosas.

Will solo asintió, sorprendido.

Todos se dirigieron a la Casa Grande para que Nico y Will hablaran con Quirón, dejando a Amira y Austin solos.

—¿Qué demonios?

Austin puso una mano en el hombro de Amira, viéndose muy calmado para alguien que tenía a una somnolienta y sorprendida Amira frente a él.

—Tranquila, tranquila. Will es un gran tipo, también es un buen Capitán, cualquier problema que tengas puedes llevarlo con él.

Ese no era el problema. De hecho, era el problema más minúsculo de los que tenía en mente.

—¿Me levantaste solo para esto? —si Amira fuera menos ella misma habría llorado de la frustración—. ¿Me tuviste dando vueltas tan temprano para venir a saludar? Además, creí que tú eras el Capitán de la Cabina de Apolo.

—No, no, no —negó rápidamente antes de suspirar aliviado—. Gracias a los dioses no lo soy, es solo que Will no estaba y alguien tiene que asegurarse de que la Cabina no se caiga mientras vuelve. Solemos tomar turnos entre Kayla y yo.

Amira asintió, obviamente desinteresada, por lo cual Austin tomó el implícito "cállate" que le estaban dirigiendo y solo miró a la puerta de la Casa Grande, esperando a que los otros dos salieran.

No podía decir que estaba enojada como tal, eso sería una mentira. Pero si estaba algo de mal humor, y es que para alguien que suele despertar a las 8 para llegar a la escuela a las 8:30, despertar a las 6 era como si escupieran en su rostro.

(Está bien, tal vez estaba exagerando, pero Amira estaba muy estresada últimamente, ¿de acuerdo? ¡Dénle un respiro!)

Will y Nico regresaron, aunque Nico tenía una expresión algo confusa, e informó de inmediato que iría a su Cabina. Amira no se sentía para nada a gusto dejando que fuera con Karissa, pero Will y Austin la arrastraron de vuelta a la Cabina de Apolo para un tiempo en familia con sus hermanos.

{Karissa estaba profundamente dormida, gracias, cuando alguien encendió las luces. Inmediatamente se cubrió la cabeza con las sábanas y se enredó en su lugar sin siquiera ver la hora. Su cuerpo le decía que era demasiado temprano para estar consciente y Amira-

Espera. ¿Amira?

Si era tan temprano que seguía cansada, dudaba mucho que Amira estaría despierta.

Karissa sacó la cabeza de las sábanas para echarle una mirada al reloj en la pared.

¿LAS 7AM?

Amira no estaría despierta a esa hora, no voluntariamente al menos.

Pero si Amira no era quien habia entrado a la Cabina y encendido las luces, ¿entonces quién era?

Se debatió entre levantarse o simplemente fingir estar muerta, pero al final ganósu curiosidad, y se sentó en la litera restregándose los ojos.

Parpadeó. Se frotó los ojos otra vez. Volvió a parpadear.

Que extraño. ¿Sería un sueño acaso? Se sentía demasiado real para ser un sueño. Pero no había otra explicación para que hubiera un chico pálido con cara de pocos amigos frente a ella a las 7am.

Tragó grueso, sonriendo nerviosa. —Hola, jaja. Ehm, ¿puedo ayudarte?

El chico no respondió, solo se sentó frente al escritorio donde Karissa había puesto sus cosas, mirándola fijamente.

Karissa soltó una risa nerviosa.

¿Qué estaba pasando?}

A Amira le estaban sudando las manos.

¿Qué estaría haciendo Nico con Karissa? ¿La estaría intimidando? ¿O quizá solo fue realmente a descansar? Pero, ¿y si realmente la estaba intimidando? Estaba sentada en su litera rodeada de los hijos de Apolo y una incesante charla amena, pero la ansiedad envolvía cada rincón de su mente.

Amira se llenó de pesar: Karissa era alguien fácil de abrumar, y si estaba dormida sería peor si despertaba en un ambiente hostil.

Quería ser positiva, Nico no se veía como alguien agresivo ni de mal carácter, más bien poco expresivo y algo huraño, pero tampoco lo conocía lo suficiente como para juzgar su carácter. ¡Ni siquiera intercambiaron 10 palabras!

—Amira, ¿estás bien? ¿Necesitas algo?

Will se sentó junto a ella con una sonrisa amigable. Amira se hizo a un lado, tratando de poner espacio entre ellos. Estaba dispuesta a aceptar un poco de cercanía de Austin y Kayla, tenía unos días conociéndolos y aunque eran muy diferentes a Karissa podía admitir que no le caían mal. Pero Will era completamente diferente, simplemente había algo demasiado... brillante... sobre él, como si el sol lo iluminara directamente. Como si cada uno de sus cabellos irradiara luz.

Era alguien tan opuesto a Amira que no podía sentirse cómoda con él.

—No es nada.

Austin se paró frente a ellos, mirando a Amira con una sonrisita. —No te preocupes, Nico es inofensivo. Karissa estará bien.

—¡Oh! Cierto que son amigas, que por cierto, ¿hace cuánto se conocen ustedes dos? —preguntó Will, curioso.

—4 años.

—¿En serio? —Austin alzó las cejas—. Creí que eran amigas de infancia.

Amira negó, pero no dijo nada más. Miró el reloj en la pared. Apenas eran las 7:39.

—Amira, ¿por qué no vas a ver a Karissa? Nico no es muy bueno hablando, seguro ya la asustó.

Kayla hizo un gesto con la mano, como diciéndole "ya lárgate de aquí", y Amira no lo pensó dos veces antes de desaparecer en dirección a la Cabina de Hades. No había querido interrumpir en caso de que estuviera exagerando en su preocupación, pero las palabras de Kayla fueron el impulso que necesitaba para ir corriendo hacia su amiga.

Apenas estaba por tocar la puerta cuando Karissa abrió y la miró en blanco.

Ambas intercambiaron una mirada antes de volverse a Nico, que estaba detrás de Karissa con la misma (in)expresión en su rostro. Asintió en dirección a Amira antes de seguir su camino, seguramente al Pabellón.

Amira miró a su amiga de arriba a abajo, no se veía triste ni mucho menos, no había signos de un ataque de pánico inminente, todo parecía en orden.

Alzó las cejas en pregunta silenciosa y Karissa sonrió.

—Él es Nico di Angelo, es hijo de Hades también —explicó.

—Lo sé, Austin me lo presentó hace un rato.

Karissa cerró la puerta y ambas empezaron a caminar a paso lento.

—¿Qué opinas de él? —preguntó Karissa.

Amira se encogió de hombros. —No lo sé, apenas hablé con él. ¿Qué opinas de él?

Karissa calló. Amira frunció el ceño. ¿Acaso le había dicho algo? Oh bueno, ya era hora de pelearse con alguien. Contando que solo había tenido encuentros con dos personas, podía decir con orgullo que tenía un récord.

Lo normal serían unas tres o cuatro peleas, verbales o físicas, en una semana. ¡Una hazaña! Al menos los semidioses parecían controlarse un poco mejor que las personas normales.

(Amira no lo sabía, pero se iba a arrepentir de haber pensado eso en algún momento.)

Justo cuando estaba por ofrecer sus servicios como buena amiga que era, Karissa respondió.

—Creo que es... —se trabó por un minuto, pero Amira esperó a que terminara la oración—. Él no parece...

Ambas se detuvieron frente al Pabellón.

Karissa tomó aire.

—No me parece que sea... una mala persona.

Amira asintió vagamente. No era que desconfiara de Karissa, en lo absoluto, era su mejor amiga y siempre haría lo que fuera porque fuera feliz.

Pero.

Karissa era muy, como decirlo, ¿ingenua? Sobre algunas cosas. Se tomaba las cosas muy a pecho en ocasiones, y si la tratas bien puedes tenerla comiendo de la palma de tu mano por un largo tiempo. Era un hábito que Amira se esforzaba mucho en borrar, pero era parte de Karissa creer en las buenas intenciones de las personas, y contando que muy pocos trataban de ser sus amigos por su apariencia retraída, cualquier acto de amabilidad, por más mínimo que fuera, te ponía inmediatamente en su lista buena.

Claro, Amira no sería tan insensible como para desacreditar a Karissa en su cara, sobre todo cuando le había dicho directamente su opinión sobre Nico.

Le había tomado mucho valor decirlo y Amira no sería quien apagara ese coraje.

Y tampoco dejaría que otros lo apaguen.

—Fue muy amable conmigo, me explicó muchas cosas sobre mi padre y nuestros poderes... también mencionó que tenemos una hermana romana, luego te cuento bien eso —se apresuró a añadir. Le temblaba la voz y miraba al suelo, como esperando que la regañara—. El punto es que, que creo que es un buen chico. Incluso se refirió a mi como su hermana...

Mentalmente, Amira aplaudió a Nico: si era sincero, entonces era una persona muy abierta para recibir a Karissa tan cálidamente.

Pero si era una farsa... pues bueno, iban a tener algunos problemitas en un futuro.

Asintió unas veces más antes de sonreírle a su amiga.

—Está bien cariño —le tomó la mano, apretándola suavemente—. Si tú dices que lo es, lo es.

Ambas entraron al Pabellón y se dirigieron a sus mesas antes de hacer la ofrenda a sus padres.

Amira suspiró desde lo profundo de su pecho. ¿Qué debería hacer? Su plan era irse lo más pronto posible del Campamento, pero mientras pasaban los días, Karissa se encariñaba más y más con las personas, y ahora incluso tenía un hermano.

Si de verdad quería dejar el campamento con Karissa tendría que apurarse con el entrenamiento.

Pero y si no lo hacía... ¿sería tan malo quedarse?

Sacudió la cabeza.

Tomó un trozo de carne al azar de su plato y lo lanzó al fuego con desgana.

"Oh, Apolo. Mira lo complicada que estás haciendo mi vida. ¿Por qué no me envías algo de ayuda divina?" Pensó, haciendo una mueca. "No sé, una ayudita con el entrenamiento no me vendría mal."

Amira se sentó en la mesa de Apolo junto a Kayla y Gracie, mirando de reojo a Karissa y Nico que parecían cómodos sin hablar mientras comían.

Durante todo el desayuno, Amira no podía quitarles la mirada de encima, sobre todo cuando entablaron una conversación que se veía muy animada si lo que podía ver de la expresión de Karissa significaba algo.

Mirando a Nico con atención, parecía tener una leve sonrisa en su rostro, pero podría ser la vista atrofiada de Amira que jugaba con su mente.

Apretó los dientes.

Al terminar de comer se levantó y se dirigió a Karissa para ir a entrenar con Giselle. Ambas se despidieron de Nico, pero la sonrisa que Amira creyó haber visto no estaba en ninguna parte.

¿Habría sido su imaginación? Pero si hubiera sido así, ¿por qué creería verlo sonreír? No le daba ningún beneficio que él fuera bueno con Karissa, aparte de la satisfacción de verla contenta. De hecho, si Amira quería lograr su propósito lo mejor era que Nico resultara ser un bastardo.

Aunque técnicamente todos ellos eran bastardos...

¡En fin!

Amira y Karissa llegaron al Coliseo, sentándose a esperar por Giselle.

—¿Qué arma crees que debería elegir? —preguntó Karissa. Amira alzó las cejas.

—¿Aún no decides? —Karissa negó—. No lo sé, ¿qué tal una espada?

O quizá ninguna.

Ninguna sonaba bien.

Honestamente, Amira no le veía lo interesante a elegir un arma, especialmente porque eso conllevaba seguir el entrenamiento para usarlas correctamente, y ese entrenamiento estaba acabando con ella.

Giselle era muy buena peleando, siempre trapeaba el suelo con Amira. ¡Aún no lograba vencerla!

Si Amira pudiera, se quedaría sentada sobre su trasero en lugar de matarse entrenando todos los días sin ver resultados y además comiendo tierra en frente de todo el mundo.

Pero Amira tenía una meta y estaba segurísima de que la iba a cumplir.

—¿Lista para recibir una paliza?

Danny tenía una sonrisita come mierda en el rostro, y Amira nunca había sentido tantas ganas de golpear algo en su vida.

Giselle les sonrió tranquila, pero el aura a su alrededor gritaba por favor no empiecen, por lo que Amira se abstuvo de empezar un pleito ahí mismo. Bufó, levantándose para ir junto a Giselle mientras Danny se sentaba junto a Karissa.

Ambas se pusieron en posición y Amira solo tuvo tiempo de mirar fugazmente los ojos de Giselle antes de encontrarse en el suelo.

—Concéntrate.

Amira se lamentó en su mente.

Iba a ser un largo entrenamiento.