El entrenamiento de Amira había sido patético.
Karissa no lo diría en voz alta para no ofender a su amiga, pero era más que obvia la diferencia entre ambas. Giselle limpió el piso con Amira, tal como Danny había dicho.
Obviamente Amira no podría ganarle una pelea en algún futuro cercano, especialmente considerando que apenas tenía unos días de entrenamiento.
Por suerte, Danny no hizo ningún comentario sobre su patética derrota, por lo que pudieron salvar algo del mal humor de Amira sin ningún herido.
Aún así había salido de pésimo humor a la clase de arquería, y así se mantuvo por un largo rato. Tanto que su mal rendimiento en arquería fue incluso peor de lo normal, y al final Quirón la excusó de la clase para evitar algún accidente.
Había algo extraño en su actitud.
Karissa no era su mejor amiga en vano, conocía a Amira como la palma de su mano y sabía que estaba distraída desde la mañana.
No sabía exactamente qué había pasado antes de ver a Amira en la mañana, pero si sabía que desde ese momento parecía tener la mente en otro lugar. No sabía si sentirse ofendida o preocupada por la falta de atención de su amiga, pero decidió irse por lo último.
¿Habría sido Will? Amira le había mencionado que era el Capitán de Cabina y que había llegado junto a Nico, pero si hubiera sido él, seguro lo habría mencionado. Amira no era alguien que se quedaba callada cuando algo la molestaba, más bien ventilaba sus frustraciones con Karissa muy seguido.
Eso solo hacía que Karissa se preocupara más.
El día se pasó como una brisa veraniega, al menos en su opinión.
Amira había estado con un humor de perros, y cada tanto podía jurar que le tiraba miradas de odio al cielo, como si estuviera maldiciendo en su mente a todos y cada uno de los dioses, lo cual no sería una sorpresa. ¿O quizá solo estaba siendo paranoica? Tal vez estaba exagerando y Amira solo tenía un pequeño caso de orgullo herido.
Pero aún así, Amira no solía sufrir por su ego, y muy pocas veces dejaría que algo la afectara a tal grado, de hecho era una persona bastante relajada en esos aspectos. Las cosas como perder una competencia, un insulto aquí o allá, no eran de importancia para ella. Para ella, las cosas realmente importantes vienen del corazón.
Así que, aún si Amira tenía el orgullo herido, no tendría un problema tan grande con ello. Entonces debía ser otra cosa, pero exactamente, ¿qué era lo que la tenía de tan mal humor?
Estuvo todo el día distraída, tratando de encontrar la razón del mal humor de su amiga pero no podía dar con una explicación decente.
Karissa suspiró. Si tan solo pudiera saber lo que pasaba por su mente, todo sería más fácil. A Amira se le hacía tan sencillo saber qué le pasaba a Karissa y por qué, a veces se preguntaba si no tendría algún tipo de poder para leer mentes o si acaso ella misma habría hablado en voz alta, porque vamos, ¿cómo podía saber siempre lo que pensaba o como se sentía? Pero Amira siempre adivinaba.
La hacía sentir algo tonta a veces.
Amira era una persona compleja en ciertas cosas y simple en otras, era cuestión de identificar cuáles eran esas cosas y podías entenderla medianamente bien.
Pero también era alguien muy sensible a las emociones, y a veces cambiaba de parecer sin razón, iba de un lado a otro dependiendo de cómo se sentía.
¿Acaso su pequeña rivalidad con Danny estaría acabando con su paciencia? Podría ser que se había sumado su mal humor mañanero junto a la irritante presencia de Danny, y por eso había adoptado esa actitud.
—Oye, ¿estás bien?
Karissa volteó.
Danny sonreía, a menos de cinco pasos de ella, con la cabeza inclinada y una botella de agua en la mano. Además, parecía haber estado hablando con ella por un rato.
Karissa le devolvió el gesto.
—Hola Danny, no te había visto, estaba distraída —se disculpó. Danny sacudió la cabeza y se sentó junto a ella. Había estado mirando mientras Amira escalaba el muro de lava, perdida en su propio mundo, pero-
¿En qué momento había llegado tan cerca? ¿Acaso había estado tan distraída como para no escuchar que hablaban con ella?
Suspiró internamente, deseando, no por primera vez, poder conocer mejor los pensamientos de su amiga.
—No respondiste mi pregunta —señaló Danny.
—¿Qué?
—¿Estás bien?
—Oh, sí, sí, claro.
Danny debió ver alguna mueca extraña en u rostro, pues inmediatamente se sentó a su lado con una sonrisa alegre.
Karissa volvió a mirar a Amira.
—¿Hay algo que te moleste? —preguntó Danny.
—Oh, ya sabes, solo...—dudó—. Aún no sé qué arma debería elegir.
—¡Eso es fácil de arreglar! Solo tienes que hablar con Jake: el puede ayudarte —Danny sonrió.
—De hecho, Nyssa ya nos había ayudado con el arma de Amira, solo no he tenido tiempo de ir a verla.
—Eso está bien, Nyssa es genial.
Karissa sonrió, asintiendo ausentemente. Amira ya había llegado a la cima del muro y miraba hacia ellos con cara de pocos amigos, pero no se lo tomó a pecho, y aparentemente Danny tampoco, pues le saco la lengua muy a gusto mientras le hacía una mueca.
Karissa negó con la cabeza: par de infantiles los dos.
Volvió la mirada a Amira y todo cambió.
Por un segundo, el tiempo pareció detenerse, y en un parpadeo Amira resbaló de la cima del muro, cayendo rápido y demasiado cerca de la lava. A Karissa se le congeló la sangre. Se levantó pero le temblaban las piernas, no pudo moverse ni un centímetro más mientras miraba a su mejor amiga cayendo sin pausa a su (muy probable) muerte. Trató de abrir la boca para gritar, para decir algo, lo que fuera, pero su cuerpo permanecía inmóvil.
En menos de un minuto, Amira tocó el suelo.
—¡Karissa!
Karissa parpadeó.
Danny tenía una mano en su hombro, la sonrisa se había desvanecido y a cambio le mostraba una mueca en el rostro.
Miró hacia arriba.
Amira seguía de pie en la cima, con los ojos puestos en ella y una pregunta silenciosa en ellos.
"Que mala suerte sería... que con un resbalón terminara todo, ¿no lo crees?"
Karissa volteó, pero a su alrededor no había nadie, solo Danny, quien la miraba atento. Se le puso la piel de gallina, cada músculo de su cuerpo se tensó y su respiración se detuvo por más tiempo del que debería.
¿Qué demonios acababa de suceder?
Danny sacudió un poco su hombro, y Karissa lo miró con los ojos bien abiertos.
—¿Acaso no viste? ¿No escuchaste? —preguntó.
—¿Ver qué? —Danny frunció el ceño—. ¿Estás bien?
Karissa apretó su brazo, mirando a todos los lados. —¿No viste nada? ¿No la oíste? ¡Estoy bien! ¡Es en serio! ¿No viste nada?
—¡Karissa! —la tomó de los hombros y la sacudió un poco más fuerte. Karissa lo miró a los ojos, confundida y asustada y con los pelos de punta. Danny miró hacia el muro, haciéndole una seña a Amira para que bajara rápido—. ¿Qué tenía que ver? ¿Tú viste algo?
—¿¡Cómo no lo vas a ver!? ¡Amira se cayó! ¡Y alguien acaba de hablar justo aquí detrás de mí! ¡Y ahora Amira está arriba y no hay nadie aquí!
Danny abrió los ojos, más que confundido.
Karissa miró a Amira, que se acercaba apurada a ellos y la abrazó, demasiado asustada para seguir hablando.
(Amira se quejó mentalmente: Karissa estaba apretando bastante fuerte.
Le echó una mirada a Danny, que observaba pensativo a Karissa, y le hizo una seña con una mano, mientras la otra acariciaba el cabello de su amiga.
Danny negó con la cabeza, volteando hacia donde Karissa había estado señalando. No había nada, y Amira no entendía nada. Karissa temblaba ligeramente mientras la abrazaba, y Amira recordó brevemente cuando tenía sus ataques de pánico en medio de la escuela, esa época cuando tuvo sus peores momentos, cuando Karissa lloraba detrás de los baños, cuando la miraba con una pizca de inseguridad y un montón de esperanza.
Danny suspiró.
—Creo que... debemos hablar con Quirón.
Amira alzó las cejas antes de acomodar su rostro en una mueca enojada, aún sosteniendo a Karissa cerca, siempre cerca.
—¿Para qué? ¿Qué mierda pasó aquí? —cuestionó. Danny apretó los labios, dudoso. Amira quería arrancarle las uñas—. No voy a preguntar de nuevo, ¡habla ya!
Danny hizo un sonido extraño que en otra ocasión Amira catalogaría como una rata siendo desmembrada, pero que en ese momento solo podía interpretar como un desafío a ver cuánto aguantaría sin hablar si le pateaba las joyas familiares repetidamente.
Amira estaba a nada de implementar su plan cuando el niño decidió hablar-
—Karissa parece haber tenido una visión, o al menos eso creo. No estoy seguro, solo mencionó que había visto que caías del muro y que escuchó a alguien hablar detrás de ella.
-y al final, no dijo nada conclusivo. Genial.
Amira miró de reojo a su amiga. ¿Una visión de ella cayéndose? ¿Qué clase de perversa pesadilla podía ser esa? Claramente, lo que sea que había pasado había logrado perturbar por completo a Karissa, así que no descartó la posibilidad de que fuera algún tipo de criatura mitológica bromeando y divirtiéndose a costa suya.
Por Dios, ¿exactamente en qué se habían metido? ¡Sabía que era mala idea quedarse!
Apretó los dientes. La mentalidad de Karissa era frágil en ciertos aspectos, y su salud dependía muchas veces de su estado emocional, por lo que una broma de esta magnitud era pasarse un poco muchísimo del límite.
Viendo cómo temblaba y la abrazaba hasta tener los dedos blancos por la fuerza que hacía, ¿a quién podía parecerle divertido algo así?
Danny insistió. —En serio creo que deberíamos ir con Quirón...
Muy a regañadientes, Amira asintió y siguió a Danny a través del Campamento en busca del centauro.
Esta situación... no le agradaba para nada.)
Cuando Karissa se calmó lo suficiente como para separar su rostro del hombro de Amira, estaban sentadas en un sofá en la Casa Grande, con Quirón frente a ellas y Danny a un costado.
Se encogió sobre sí misma, tratando de encontrar algo de seguridad en el abrazo de Amira, que permanecía a su lado a través de todo, sosteniendo su mano en la suya y tan explosiva como siempre, a punto de estallar en sus caras si seguían mirando como unos idiotas -como ella misma diría-. Karissa apretó su mano, aterrorizada con la idea de que pudiera ser su imaginación jugando con ella, que en un abrir y cerrar de ojos Amira estaría en el suelo en un charco de su propia sangre, y ella estaría inmóvil en su sitio, sin haber hecho nada por Amira, sin poder decir palabra, siendo tan inútil como siempre.
Amira empujó el hombro de Karissa con el suyo, instándola a hablar. El corazón de Karissa seguía acelerado, no parecía querer calmarse, incluso cuando ya no sentía la falta de aire, aún tenía una incomodidad en el pecho.
Danny aún la miraba mitad preocupado, mitad confundido, y Quirón solo esperaba paciente a que alguien le explicara la situación.
Amira miró a Karissa y asintió en dirección a Quirón, aún cuando obviamente (al menos a ojos de Karissa) preferiría estar en cualquier lugar menos ahí.
Karissa habló.
Al terminar de explicar lo sucedido de forma automática y casi robótica, las otras tres personas la miraron en absoluto silencio, pero Karissa ya no tenía nada que decir, así que se apoyó del sofá y siguió tomando la mano de Amira.
Recordar aquella voz en su oído solo le daba escalofríos. Era como si le pusieran una aguja en el cuello y la presionaran contra su piel por diversión al ritmo de las palabras.
Era aterrador.
—Entonces, ¿qué? —Amira rompió el silencio, mirando entre Quirón y Danny—. ¿Qué significa eso? ¿Es algún tipo de premonición o algo?
Quirón se mantuvo en silencio por unos segundos, antes de mirar a Amira.
—Dudo mucho que haya sido una visión del futuro, de hecho —pasó su mano por su barba—, parece más una advertencia
Karissa trataba de entender lo que hablaban pero aún estaba aturdida por lo que acababa de pasar y recién podía unir un pensamiento con otro para poder dar aunque sea media idea lógica a lo que estaban diciendo.
Amira alzó las cejas, incrédula.
—¿Una advertencia? ¿De qué? ¿Por qué?
—Eso quisiera saber —suspiró Quirón.
Danny se removió, inquieto. —¿A alguien más le preocupa que haya entrado un ente o lo que sea que haya sido eso a advertirle a Karissa sin que nadie se diera cuenta?
Quirón lo miró. —A menos que haya sido un dios, eso solo puede significar que esta persona, aparte de ser muy poderosa, no tenía malas intenciones.
"¿No tenía malas intenciones?", fue lo que pasó por la mente de los semidioses. ¿Entonces qué sería cuando tuvieran malas intenciones? ¿Entrar a sus Cabinas y cortar sus cuellos mientras duermen? ¿O quizá volverlos locos con ilusiones como la de Amira?
Intercambiaron una mirada atónita antes de mirar a Quirón nuevamente.
—De todas maneras, si hubiera sido un dios, ¿por qué tendría que dar un mensaje tan tétrico? —Danny se cruzó de brazos—. ¡Es más, ni siquiera le dijo qué quería o algo!
—Puede que no haya sido un dios —dijo Quirón.
Danny bufó. —Eso significa que alguien invocó a un monstruo y ahora está haciendo de las suyas, ¡no hay otra explicación!
Quirón asintió lentamente, aún sin confirmar nada. El corazón de Karissa se encogió incluso más.
—Ahora la duda es, ¿quién fue el idiota que decidió que hacer algo así sería una buena idea?
Amira alzó la voz.
—¡Espera! ¿Estás diciendo que los campistas aquí pueden dejar entrar a los monstruos? ¿Es eso lo que dices? —una mueca de ira se abrió paso en su rostro—. ¡Dijeron que este lugar era seguro!
—Y lo es, pero hay pequeñas excepciones al caso...
—Ningún lugar es completamente seguro en el mundo.
Karissa apenas pudo abrir la boca para decir exactamente cómo se sentía sabiendo eso, cuando tocaron la puerta de la entrada de repente. A Karissa se le erizó cada uno de los cabellos en su pálido cuerpo de solo pensé que podría ser aquella persona que en menos de una hora la había reducido a su yo de 12 años: asustada, confundida e inútil.
Quirón se dirigió a la entrada con calma y Danny se interpuso entre la puerta y ellas, dejando apenas un espacio para que pudieran ver quién era.
Karissa sintió su respiración fallar, pero al menos está vez tenía el cálido apoyo de Amira y su mano en la suya, y sintió su pecho más ligero con Danny frente a ellas (y es que Amira podía decir lo que fuera, pero Karissa no era tonta, y podía ver que Danny, por muy juguetón que fuera, no tenía ninguna mala intención), y se permitió relajarse un poco mientras esperaban a que Quirón abriera la puerta.
Sin embargo, antes de que Quirón llegara siquiera a un metro de la puerta, esta se abrió de par en par, y dejó ver a un chico y una chica, ambos con tierra y barro seco en la ropa, el chico con rostro cansado pero sonriendo levemente y la chica con el ceño fruncido y los fornidos brazos soltando la puerta.
—¿Por qué tardaste tanto Quirón? Ni que estuviera tan lejos la puerta —reclamó la chica en voz un poco alta.
Danny se relajó y se hizo un lado, murmurando un ya llegó la loca, y Karissa pudo observar mejor a los dos semidioses frente a ellas.
La chica tenía una bandana en el cabello y solo con ver sus hombros Karissa podía decir con seguridad que entre ella y Pina se podían dar unos buenos madrazos y aún no sabría quién ganaría.
Pero fue el chico que le quitó por completo el aliento que acababa de recuperar. Su corazón se aceleró mucho más que cuando había visto a Amira precipitándose a su muerte, y una extraña presión se hizo presente en su cabeza.
Ignoró la mirada de Amira y la forma en la que apretaba su mano suavemente para preguntarle si estaba bien: ¡¿cómo podría estar bien?!
El chico tenía un rostro tan familiar como desconocido, un rostro que había visto todos los días de su vida por 11 años de su vida, un rostro que conocía tan bien como el suyo propio, incluso mejor que el suyo. Esa sonrisita que tanto había extrañado por años y que nunca creyó que volvería a ver.
Él la miró.
Ella lo miró.
Se miraron.
Él fue el primero en reaccionar. (Como siempre, pensó Karissa. Siempre había sido el más atento de los dos, el más audaz, el más veloz. Siempre un paso adelante de los demás, siempre con una sonrisita y un susurro conspirador que compartía solo con ella en medio de la noche; con un dulce robado del estante de dulces que no los dejaban tocar a menos que fueran niños buenos. Siempre protector, siempre presente.)
—Tú... —dio un paso hacia Karissa, sin despegar sus ojos de ella ni por un segundo. Las piernas de Karissa temblaron, y ni siquiera se dio cuenta de que se había puesto de pie. Él tomó un aire profundamente—. ¿Kari? ¿Karissa? ¿Eres tú?
Karissa tragó en seco.
De repente como que le cosquilleaban las puntas de los dedos.
Parpadeó tres veces, tratando de concentrarse en respirar y mantener la calma, pero puntos negros se hicieron presentes en la sala.
En menos de un suspiro, todo se oscureció.
