—¡TODOS USTEDES SON UNOS IDIOTAS! ¿¡CUÁL ES SU MALDITO PROBLEMA!?
A Amira se le iba a reventar una vena.
Acababa de ser testigo de cómo se llevaban a su mejor amiga a quién sabe dónde para quién sabe qué y los imbéciles que eran sus hermanos la habían detenido de ir por Karissa.
Decir que no estaba teniendo un buen rato sería… subestimar la gama de sus emociones.
Sin poder soportar compartir el espacio con ellos por más tiempo, Amira salió del pabellón temblando de la ira. Apenas podía controlar las ganas de golpear a alguien, así que decidió alejarse lo más posible de cualquier persona, y según tenía entendido, el bosque era la mejor opción para eso.
Ignoró la vocecita en su cabeza que le recordaba que el bosque tenía algunos monstruos y se adentró al lugar sin darle bola a nada que no fueran las ansias de violencia que le recorrían las venas.
¿Cómo podían simplemente dejar que se llevaran a Karissa? ¡Y lo que es más, detenerla de ir a su lado!
Solo pensar en lo que podrían hacerle a su amiga le revolvía las entrañas. Quería tomar a Will del cuello y sacudirlo hasta que vomitara sangre, ¿en qué estaba pensando?
Amira no era estúpida.
Había leído suficientes poemas sobre mitología para saber que todos tenían un factor común, y era la crueldad de los dioses. Lo que fuera que fueran a hacerle a Karissa en el Olimpo no sería nada bueno, eso era obvio. ¿Pero qué podía hacer ella? No sabía cómo ir al Olimpo tampoco, además, aún si lo hiciera, la pregunta seguía siendo la misma: ¿qué podía hacer al respecto?
Respiró hondo, deteniéndose en medio del bosque.
Se pasó las manos por la cara, presionando sus palmas contra sus ojos.
Miles de ideas cruzaban su mente, cada una peor que la otra, recordando al tipo que aún seguía castigado con un pajarraco comiéndole los órganos, o al que debía empujar una piedra cuesta arriba por la eternidad. Si así había sido para ellos, ¿qué le quedaba a su amiga?
¿Qué le quedaba a Karissa?
¿Y qué le quedaba a ella si no esperar por las consecuencias?
De repente le ardían los ojos.
Se sentó a los pies de un árbol cercano a calmarse, pero sus emociones estaban demasiado alteradas como para volver a su cauce. Por un lado, estaba aterrorizada del castigo que podrían darle a Karissa, le temblaban las manos en una mezcla de ira y horror que le susurraba que ni siquiera la volvería a ver, pero por otro lado, estaba la pura, llameante, cegadora furia que la invadía en contra de los dioses. Era tan obvio que era debido al supuesto juramento de Hades, Poseidón y Zeus, el juramento que los tres idiotas habían roto sin miramientos, y era tan malditamente injusto.
En menos de un mes sus vidas habían tomado un giro tan monumental gracias a ellos, un cambio que ni siquiera habían pedido, tan poco bienvenido que Amira se deshacía en ganas de gritar sobre la injusticia de ello. ¿Qué derecho tenían a poner sus vidas en riesgo solo por diversión? Porque eso eran ellos, los semidioses, ¿no es cierto? El resultado de momentos de diversión con los mortales que les llamaban la atención a los dioses por el rato que durara.
¿Y no era eso doloroso? Tal vez su madre nunca supo la identidad de Apolo, Amira era consciente de eso, pero siempre había dicho que su padre la amaba, que si pudiera estaría con ellas, que la adoraría, que estaría orgulloso de ella-
¡QUE CHISTE!
Si los dioses amaran a sus hijos no los dejarían a su suerte sabiendo los peligros que conlleva el solo hecho de compartir su sangre.
Si tuvieran al menos un poco de bondad en sus ancianas almas podrían perdonar a Karissa por un crimen que ni siquiera cometió. ¡Que castiguen a Hades si tanto querían torturar a alguien nuevo! Pero por supuesto, Hades era un dios, y muy poderoso además; era mucho más factible castigar a la ilusa semidiosa.
Aún si tenía que empezar otra maldita guerra, lo haría. Nadie que se metiera con Karissa saldría impune, eso lo podía asegurar.
No sabía cómo, no sabía cuándo, pero si algo le pasaba a su amiga, se aseguraría de que los dioses se arrepintieran.
Respiró lentamente, con la mirada perdida entre las hojas y las flores, divagando de un punto a otro, imaginando una y otra vez, reproduciendo en su mente miles de escenarios, ninguno positivo, y hundiéndose cada vez más en una espiral de negatividad y furia.
Así pasaron minutos, tal vez unos veinte minutos, no estaba segura, pero si estaba segura de que el escalofrío que la recorrió de pies a cabeza de un momento a otro no podía significar nada bueno. A su izquierda escuchó un sonido extraño, pero que se parecía curiosamente a un perro.
Amira entrecerró la mirada: no recordaba haber visto ningún perro en el Campamento.
No había terminado de pensar eso e inmediatamente enfocó una figura al menos tres veces su tamaño, que babeaba, hambrienta, y se acercaba a ella con lentitud en una caminata depredadora.
Ahora bien, Amira no se había considerado nunca una persona cobarde, pero tampoco tenía vergüenza de admitir que en ese momento se congeló por completo, su mente se llenó de una nube blanca, libre de cualquier pensamiento racional.
Su primer instinto, como la imbécil que es, fue parpadear, mirando la figura borrosa del monstruo antes de suspirar.
—Maldita sea mi vida.
El monstruo pareció percatarse de que Amira ya lo había detectado y en dos zancadas estaba casi frente a Amira, que saltó fuera de su camino en menos de un parpadeo, pensando que quizá si jugaba con un monstruo así todos los días podría ganarle a Giselle en una pelea sin problema alguno. Corrió tanto como pudo, pero el monstruo seguía detrás de ella con una poderosa hambre mientras chasqueaba los colmillos a centímetros del rostro de Amira.
Consideró subir a un árbol, pero concluyó que antes de terminar de subir ya le habrían quitado una pierna, por lo que siguió corriendo, tratando de encontrar el lugar por donde había llegado, aunque sabía perfectamente que había perdido ese lugar hace largo rato.
Su corazón casi se detiene en cuanto sintió una de las garras del monstruo enredarse con su ropa. Amira siguió adelante sin prestarle atención a su ropa y si se rompía o no, porque, vamos, estaban a punto de romperla a ella como un hueso de juguete.
No pueden decir que no tiene sus prioridades claras.
El alivio de haberse zafado le duró muy poco, pues apenas había logrado adelantarse unos pasitos cuando tropezó con un tronco y le dio un sonoro beso al suelo mientras el monstruo detrás de ella trataba de saborearla.
Apenas había empezado a levantarse cuando un reflejo sobre su cabeza llamó su atención. Parpadeó ante la llama de fuego que aturdió al monstruo, pero no se detuvo mucho antes de huir mientras podía.
Algo la jaló del brazo y Amira hizo fuerza para soltarse, antes de identificar una voz conocida.
—¡VAMOS, YA! —Giselle la guió por un sendero algo más escondido mientras le lanzaba otro hechizo al monstruo, corriendo al ver que estaba suficientemente distraído y empujando a Amira, que sentía las piernas de gelatina, hacia adelante.
Ambas corrieron por lo que parecía una eternidad, y no se detuvieron hasta llegar a la salida del bosque, teniendo a la vista el campo de fresas, y solo ahí se detuvieron.
O bueno, Amira colapsó mientras Giselle se apoyaba de sus rodillas para recobrar el aliento.
Amira tragó antes de respirar, sintiéndose tres toneladas más liviana ahora que estaba lejos del monstruo.
Por un momento había jurado que no saldría viva de esa.
Miró a Giselle, que parecía estar diciéndole algo, pero Amira apenas podía respirar, así que ignoró a la hija de Hécate a favor de no tener un paro respiratorio ahí mismo.
Debería estar algo avergonzada de su poca capacidad aeróbica, sí, más consideraba un verdadero logro solo haber escapado de esa cosa para contar el cuento de su poca resistencia.
Con todo el dolor de su alma se prometió empezar a correr diariamente para evitarse una situación como esta en el futuro.
Cuando se encontraba más recuperada miró a Giselle, que se había sentado a su lado, observando el Campamento.
—Gracias por eso.
Giselle la miró inexpresiva. —¿Oh? ¿Sabes hablar?
—No sé si te das cuenta —rodó los ojos—, pero corrí por un muy largo rato de esa cosa, ¿de acuerdo? Apenas puedo hablar ahora.
—Bueno, te habrías ahorrado esta situación si hubieras hecho caso a lo que te dicen. No me digas que nadie te dijo que no entraras al bosque porque no te voy a creer, es lo primero que se le dice a los nuevos para evitar esto mismo.
Amira suspiró ruidosamente.
Sí, sí, sí. Por supuesto que les habían dicho eso, pero en su abrumadora ira había ignorado los posibles peligros de desobedecer esa orden que ahora veía súper lógica y razonable y le recomendaría a Karissa seguir sin duda alguna.
Claro, si es que la dejaban viva para poder decírselo.
—… a la próxima que trates de matarte trata de hacerlo más silenciosamente, ¿bien? ¡Se te escuchaba desde aquí!
Amira se levantó en silencio, ignorando la conversación que Giselle trataba de entablar. Aún con la adrenalina que seguía recorriendo sus venas, no podía sacarse de la mente a su amiga que muy probablemente no tendría la misma suerte que ella.
Giselle pareció captar su cambio de humor, pues se calló y la siguió en silencio.
Amira llegó a la orilla del lago, donde se sentó a mirar el agua en la misma posición en la que había estado antes de ser groseramente interrumpida por el monstruo, con toda la intención de volver a su nube de pesimismo.
—Oye —Giselle puso una mano en su hombro. Amira la miró con una ceja alzada—, no te preocupes mucho. Puede que no lo parezca, pero la mayoría de los dioses no odia a sus hijos.
Amira apretó los labios, incrédula. ━¿La mayoría? Que alivio.
—Estoy segura de que si el Señor Rayo allá arriba quiere hacerle algo no estarán de acuerdo. Además, el Señor del Inframundo tampoco lo permitiría.
—Seguro —bufó.
━En serio ━insistió Giselle, pero incluso ella sabía que no había mucha posibilidad de que eso pasara, después de todo, Giselle debía conocer a los dioses mucho mejor que Amira, y si había estado presente en las famosísimas guerras entonces lo sabría muy bien.
Ambas se mantuvieron en silencio, Giselle mirando el Campamento y Amira solo tomando el aire que por un momento creyó que nunca podría respirar de nuevo. Con un suspiro admitió en su interior que no estaba preparada para los riesgos de la vida de un semidiós, y que tenía que ponerse las pilas con el entrenamiento que Giselle le estaba impartiendo si no quería ser el aperitivo de un monstruo sin siquiera pisar fuera de los límites del Campamento.
Cuando Amira se sintió lo suficientemente estable como para levantarse y no sufrir una humillante caída, hizo lo propio y empezó a caminar con Giselle a su lado, ambas renuentes a romper el silencio primero.
Claro, todo esto fue antes de presenciar un deslumbrante brillo en medio del Campamento, y cuando este se desvaneció, Karissa estaba ahí, vivita y coleando junto a un tipo rubio que empezó a brillar repentinamente. Giselle cubrió los ojos de Amira hasta que el dichoso resplandor desapareció por completo, y cuando volvieron a mirar ni siquiera Karissa estaba ahí.
Amira respiró hondo.
¿Estaba alucinando? No le sorprendería teniendo en cuenta la cantidad de emociones que había experimentado en un lapso de menos de dos horas. Karissa estaba ahí… y en un parpadeo había desaparecido. Otra vez.
Miró a Giselle con la duda plasmada en su rostro, y contrario a lo que creyó, Giselle tenía la misma expresión de mitad incredulidad, mitad vacilación que ella.
Se miraron en silencio.
Giselle señaló vagamente al espacio donde se dieron los hechos.
━Karissa estaba-
━Ah, ¿también lo viste? Gracias a dios ━se alivió Amira, dejando ir el aire que mantenía en sus pulmones.
━Ese era Lord Apolo.
━¿Quién?
━Tu padre, Amira. Lord Apolo vino a traer a Karissa aquí ━el tono de voz de Giselle se hacía más agudo mientras terminaba la oración y al final sonó más como una pregunta que una afirmación.
Amira parpadeó, lo cual no fue una buena idea para la inminente migraña que estaba empezando a acecharla. ¿Su padre era ese chiquillo rubio? Increíble, el poder de los dioses era inmenso, ¿y lo usaban para parecer adolescentes eternamente? ¿Tendrían las hormonas adolescentes también? Porque eso explicaría bastante la cantidad de hijos que tienen.
Sacudió la cabeza. No era momento de pensar en eso, primero debía ir con Karissa y asegurarse de que estaba bien, y se lo dijo a Giselle, quien asintió, aún sorprendida.
No había dado dos pasos cuando la llamaron. ━Oye, pero-
Amira volteó. Giselle tenía una mano en la cadera, mirando alrededor con una mueca.
━¿No deberías darle algo de espacio primero? Tal vez quiera estar sola un rato ━sugirió. Amira bufó, pero Giselle continuó━. Y es más, ¿acaso tienes una idea de a dónde fue Karissa?
Guardó silencio.
Era cierto. En el momento en el que habían cubierto sus ojos del resplandor divino de Apolo habían perdido de vista a Karissa y su paradero. Amira apretó los labios antes de encogerse de hombros: nada le costaba buscar.
Se dirigió a la Cabina de Hades primero, pensando que no podía haber ido tan lejos, pero cuando tocó la puerta nadie respondió y no se oía ni el más mínimo sonido adentro, por lo cual siguió buscando en otro lugar.
Aún así, pasó más de medio día y Amira no pudo encontrar a Karissa. Se sentó a descansar un rato y mientras miraba el suelo no podía evitar pensar en lo que le había pasado a Karissa en el Olimpo. Además, no sabía cómo estaba, si quería ayuda, si necesitaba compañía. No había comido mucho en el desayuno, ¿tendría hambre? ¿Estaba realmente ilesa de la furia de Zeus o era esa la razón por la que había decidido esconderse el resto del día?
Le temblaban las manos de pensar que su amiga podía haber pasado todo el día hundiéndose en sus pensamientos tras una experiencia desagradable (por decir lo menos) con el Rey de los Dioses.
Suspiró largamente, dándose cuenta de lo inútil que era por primera vez en un largo tiempo.
━¿Pero qué tenemos aquí? ━interrumpió una voz. Amira levantó la mirada, encontrándose con Connor Stoll, el Capitán de la Cabina de Hermes donde se hospedaron brevemente━. ¿Dónde está tu otra mitad? Me enteré de que pasaron algunas cosas.
Amira hizo una cara. ━¿Se ve como si supiera dónde está Karissa?
Connor alzó las cejas.
━¿No lo sabes? Qué extraño ━mencionó, sonriendo━, podría jurar que estaban pegadas a la cadera. No creía que fuera físicamente posible separarlas más de dos metros.
Amira gruñó, empezando a levantarse pero sin saber si era para darle un puñetazo en el rostro o para emprender una retirada estratégica para evitar una nueva ola de adrenalina en ese día tan patético.
Connor rió, empujándola del hombro para que se sentara de nuevo.
━¡Tranquila! Solo me pareció extraño ━sonrió.
━Deberías robar algo de dinero para comprarte un sentido del humor entonces ━masculló.
━¡Que agresiva! Con razón Jake te llama Sonrisas, eres todo un sol.
Amira lo miró directo a los ojos, sintiendo cada pequeña parte de su cuerpo arder por darle unos cuantos toques al hijo de Hermes, pero como sabía que no era adecuado, ni feasible, lo dejó ir a favor de decir justo en su cara. ━Literalmente no me importa. Lárgate.
Connor la miró expectante.
━Por favor ━escupió entre dientes.
Connor se encogió de hombros. ━Seguro, Sonrisas.
Se levantó y se sacudió los pantalones, pero antes de irse se inclinó junto a Amira, y le sonrió una última vez.
━Por cierto, vi a Karissa saliendo de la Cabina 13 hacia el pabellón hace un rato, solo venía decirte eso.
Amira lo miró irse, completamente sin habla. ¿Y cuál era su problema? Se levantó más rápido que niño al que le prometen helado de cena y fue corriendo al pabellón, pasando junto a Connor en el camino, pero ignorando su risa a favor de buscar a su mejor amiga.
Efectivamente, Karissa estaba comiendo de mala gana en la mesa de Hades mientras Chris, que estaba de pie junto a la mesa, hablaba con ella. No parecía muy atenta y estaba pálida, incluso más de su tono de piel naturalmente blanco.
Amira solo necesitaba ver sus ojos clavados en su fruta y el ligero temblor de sus labios al hablar para saber que había tenido un ataque de pánico y de los malos. Apretó los dientes con tanta fuerza que le sorprendió que no se le hicieran trizas en la boca.
Se acercó a los dos Rodríguez, tratando lo más posible de reprimir todo el enojo que venía acumulando desde la mañana y que solo parecía aumentar mientras más avanzaba el día, al igual que le venía sucediendo desde que llegaron al Campamento.
━Cariño, ¿estás bien? ━fue lo primero que preguntó al llegar a ellos.
Karissa asintió sin levantar la mirada, por lo que Amira se agachó junto a ella para ver mejor su rostro. Entrecerró la mirada enseguida. Sus ojos estaban hinchados y tenía algunas erupciones en el rostro, lo que significaba que había vomitado hasta el punto de casi deshidratarse y por la mirada que tenía solo sabía que no se le iba a pasar tan fácil como esperaba.
━De acuerdo, come algo ━suspiró Amira, mirando de reojo a Chris, que estaba que se mordía las uñas de la preocupación.
Se levantó y le hizo una seña para que la siguiera.
━Ya volvemos Karissa.
Karissa asintió, dando un mínimo bocado a la sandía que tenía en mano. Amira negó con la cabeza y se alejó un poco a un espacio vacío del pabellón.
Chris miraba fijamente a su hermana, y por más que le doliera admitirlo, Amira podía reconocer en él algo de su propia preocupación por Karissa. Odiaba tener que aceptarlo, pero era inevitable cuando el tipo tenía los ojos fijos en ella y se negaba a mirar a otro lado, tratando de entender qué le pasaba a Karissa incluso si ella no le decía nada.
Amira podía identificarse con eso.
━¿Y bien? ━instó Amira, cruzando los brazos━. Estará bien, solo necesita recuperar el aliento.
━¿Qué tiene? Se ve...
━¿Enferma? Podrías decirlo así, pero no es nada a lo que no esté acostumbrada.
Finalmente, Chris desvió la mirada de Karissa para ponerla en Amira, que se la devolvió sin una pizca de miedo.
━¿Qué le pasa, Amira? ━preguntó nuevamente.
Amira suspiró con fuerza, irritada con todo y todos, deseando que alguien le diera un maldito descanso por al menos una hora, porque aparentemente, todos tenían la misión de hacerle la vida imposible.
━Esto no es algo que yo deba decirte ━resopló. Chris estaba a punto de protestar pero Amira le hizo una mueca, interrumpiendolo━. Si quieres saber, pregúntale a Karissa.
El hijo de Hermes frunció el ceño, acercándose a Amira, señalando a Karissa. ━Mira cómo está, la voz le temblaba cuando hablaba conmigo. ¡No estaba así en la mañana! Algo pasó en el Olimpo y ahora está así, ¿de verdad no me piensas decir nada? Soy su hermano, tienes que decirme, si no, ¿cómo puedo ayudarla?
Amira se encendió.
━¡Escúchame bien elfo de mierda! Yo no sé mucho más que tú, ¿de acuerdo? Se fue en la mañana y volvió al rato y desde entonces no la veo, si quieres saber tanto solo ve y pregúntale, ¿no crees? Además, ¿en qué podrías ayudarla tú?
Se detuvo un segundo, mirando el rostro frustrado de Chris antes de poner una expresión de falso asombro y continuar.
━Oh, puede ser que no quiere hablar contigo sobre ello, ¿y por qué no? ━Amira lo miró a los ojos━. Ah, claro. Es que no confía en alguien que la abandonó. Honestamente, yo tampoco lo haría.
Amira hizo una mueca de desdén, dando un paso atrás. Antes de irse le dedicó una última mirada al hijo de Hermes, que mantenía la boca cerrada y no por falta de cosas que decir, de eso estaba segura, pero al menos sabía que en ese punto no podía pelear con Amira.
Después de todo, no estaba equivocada.
━Por cierto ━entonó, dirigiendo toda la fuerza de su furia a sus ojos cuando Chris se dignó a mirarla de frente━, ahórrate otra situación de estas y no vuelvas a exigirme nada, ¿bien? Bien.
Así, Amira drenó un poco del enojo acumulado que tenía y le aclaró algunas dudas.
Porque entre él y ella, sin lugar a peros, quien conocía mejor los problemas y actitudes de Karissa era ella. La que había calmado un poco sus ansiedades en el transcurso de dos años, la que la acompañaba durante sus ataques de pánico, la que la llevaba lejos de los estímulos que pudieran ocasionar un incidente, la que conocía sus métodos de relajación, sus síntomas, era ella. Amira. No Chris.
Sí, Chris podría conocer muchas cosas de su pasado, y haber compartido con ella muchos momentos de presión junto a su horrible madre, pero no había duda de que quien conocía mejor el presente de Karissa era Amira.
Por eso caminó hasta su amiga con toda la confianza del mundo y esperó a que terminara de comer algo más antes de tomar una manzana y salir del pabellón juntas, sin mirar atrás, y con la certeza de que esta discusión era suya por completo.
Ambas amigas llegaron a orillas del lago, que rápidamente se estaba convirtiendo en su lugar predeterminado, y se sentaron en silencio por un rato. Amira tomó las manos de Karissa, sabiendo que estarían frías y temblorosas, y las apretó entre las suyas, soplando para darles algo de calor.
En los siguientes días estaría algo débil por haber vomitado, así que debería tener más cuidado de no enfermarse o eso sería un gran problema para ambas.
Amira permitió el silencio, concentrándose en mantener tibias las manos de su amiga, esperando paciente, como muy pocas veces, a que Karissa se sintiera lista para hablar de lo sucedido.
De todas maneras, tardara lo que tardara, Amira siempre esperaría por Karissa.
Karissa no tardó mucho en romper su voto de silencio, y en susurros le contó lo que había pasado en el Olimpo. Amira tuvo que emplear todo el (poco) autocontrol que tenía para no tener un arranque de ira ahí mismo, sabiendo que su amiga necesitaba apoyo, y no podría darle eso si estaba perdida en su enojo.
Con este razonamiento, Amira se mantuvo lo suficientemente calmada como para entender que Hades, como había sugerido Giselle, sí había defendido a Karissa de Zeus, al igual que la mayoría de los Olímpicos.
Luego vino la parte más horrible, al menos del punto de vista de Amira, que fue cuando Karissa tuvo que controlar su ataque de pánico en el Olimpo a la fuerza porque su vergüenza fue superior a su ansiedad, y que apenas llegó se encerró en el baño en la Cabina de Hades a tener su ataque en tranquilidad, y vomitó tres veces antes de que Nico llegara y la empujara a dormir un rato tras ver su desastre, asegurándole que él se encargaría de limpiar.
Afortunadamente, Nico no le hizo preguntas de ningún tipo y solo se limitó a dejarle un vaso de agua tibia y algunas pastillas para el dolor de cabeza antes de irse a hacer lo que Nico siempre hace (que aún es desconocido para ellas).
Mentalmente, Amira felicitó a Nico por no invadir la privacidad de Karissa y tener esos pequeños gestos con ella, y lo consideraba diez veces mejor que los intentos de Chris de ser el hermano perfecto cuando claramente no lo era.
Para cuando Karissa terminó de contar cómo durmió el resto de la tarde hasta salir a comer algo de cena, estaba acostada en el suelo con la cabeza apoyada en el regazo de Amira, que acariciaba su cabello con lentitud.
━Me alegro de que Nico estuviera ahí para ti ━mencionó Amira, mirando al cielo estrellado━. Traté de ir por ti cuando llegaste pero nadie abrió la puerta.
━No escuché, lo siento.
━No te disculpes, ¿eres estúpida? Estabas teniendo un ataque de pánico, Karissa.
Karissa suspiró y Amira relajó su tono de voz.
━Pero está bien, no quería que estuvieras sola, sabía que no pasaría nada bueno en el Olimpo ━admitió.
La hija de Hades sonrió un poco a su amiga, asintiendo. ━Fue amable de su parte.
━Así es.
Ambas amigas entraron en silencio otra vez, hasta que Amira se percató de que Karissa estaba casi durmiéndose ahí mismo y la levantó para cruzar sus brazos y ayudarla a caminar hasta la Cabina 13, donde Nico la ayudó a meter a Karissa a la cama.
Al tener a la niña bien arropada en su litera, Amira y Nico intercambiaron una mirada, pero no emitieron sonido alguno respecto a lo sucedido.
━Buenas noches.
━Buenas noches.
Amira estaba a punto de salir de la Cabina cuando decidió voltear y dirigirse a Nico nuevamente. Un impulso que luego lamentaría, como la gran mayoría de las decisiones que tomaba en su vida.
El hijo de Hades la miró, confundido por su regreso, con una ceja alzada.
━Gracias ━dijo Amira. Lo miró a los ojos, y con toda la sinceridad que pudo recoger de su cuerpo, le repitió━. Gracias.
Luego, se dio la vuelta y se fue, cerrando la puerta detrás de sí con los pies pesados pero el pecho ligero.
Al menos podía confirmar que habían otras personas que se preocupaban por Karissa.
