El día de Karissa inició con un gran dolor de cabeza. Sentía el mundo dando vueltas cuando se levantó de la cama y tuvo que sostenerse de la litera para no caerse cara al piso. Tenía los dedos de los pies congelados, lo cual era extraño considerando el ambiente cálido de la Cabina 13, porque sí, a pesar de lo tétrica que era, una vez superabas el miedo inicial te acostumbrabas a su comodidad.

Salió de la Cabina arrastrando los pies, aunque nunca había sido una persona de levantarse de malas, pues las circunstancias impedían que tuviera un buen despertar. Vamos, ¿quién estaría de buen humor tras un día tan pesado? Se enteraba de que un espíritu o monstruo o lo que sea quería advertirle por quién sabe que cosa, regalándole una linda visión de su mejor amiga encontrando su fin de una forma muy horrorosa, luego la secuestraban los dioses y la llevaban a su nido de víboras donde casi la rostizan, por cierto, tras lo cual tuvo al menos tres ataques de pánico, y si no, entonces fue un solo ataque de pánico muy, pero que muy extenso.

Karissa se sentía muy justificada en su diminuto ánimo, ¿de acuerdo?

Se dejó caer en la mesa de Hades luego de hacer su ofrenda, y se jaló un vaso de agua antes de tomar un bagel del centro y empezar a comerlo con todo el dolor del mundo. Hasta comer le pesaba en esos momentos. Vagamente registró a Amira mirándola desde la mesa de Apolo, y mientras observaba el pabellón se percató de que Chris también lo hacía, pero por alguna razón su mirada era tan intensa que Karissa decidió concentrarse en su desayuno antes de pensar a fondo.

Si tan solo pudiera dejar de pensar por completo.

―¿Karissa?

Levantó la mirada del bagel y Amira le alzaba las cejas desde arriba, en esa familiar expresión de "me estás preocupando pero no diré nada hasta que tú lo hagas". Karissa se comió el resto rápidamente, ignorando el hambre que aún tenía, y se levantó tras su amiga, que empezaba a caminar fuera del pabellón.

Mientras caminaban, Karissa sentía cada músculo de su cuerpo gritando por ayuda, hasta el cabello le dolía. Uno pensaría que una noche de sueño ininterrumpido sería suficiente para sentirse descansado, para iniciar el día siguiente un poco fresco, algo recuperado-

Pero no.

Karissa estaba lamentando cada pequeña acción que la llevó al Campamento y, consecuentemente, al Olimpo y que causó todo el dolor e incomodidad que sentía en el cuerpo, y es que era tanto que no podía pensar en otra cosa. Era como tener una aguja clavándose en tu piel cada cinco segundos, cada pequeño movimiento instigaba dolor.

Aún así, siguió caminando, y mirando a Amira de reojo no pudo evitar compararla con su padre. Lo poco que había podido enfocar de Apolo en su momento era una cabellera rubia alborotada, y solo eso era un gran contraste con el cabello oscuro de Amira. Claro, no era la única hija de Apolo con características oscuras, pero le resultaba difícil mirar a Apolo y Amira y pensar en ellos como padre e hija.

Sin mencionar la obvia diferencia de personalidades, pues la sonrisa que Apolo tenía en sus labios mientras estaban en el Olimpo era más que suficiente para confirmar que era una persona muy vivaracha, al contrario de Amira, cuya expresión predeterminada era un ligero ceño fruncido.

No había podido fijarse en los demás dioses, muy concentrada en tratar de no tener hacer ridículo. Para nada, pues al final solo empeoró todo, respondiendo de mala manera a Zeus, que aunque le había parecido bastante arrogante y menso seguía siendo el Rey de los dioses.

Y luego estaba su padre.

Bueno, al menos la estaba defendiendo, ¿no? Aunque eso fue antes del desastre…

Honestamente, Karissa no sabía cómo sentirse con respecto a su padre. Hades no parecía tener algo en su contra, pero tras el espectáculo que había ofrecido no estaba segura de qué pensar. Como que se arrepentía de no haber hablado con él cuando Apolo le ofreció la oportunidad, pero era muy tarde para cambiar de opinión, así que se tragó su arrepentimiento.

En toda su vida, su madre nunca había mencionado a su padre. De hecho, recordaba haber llegado un día de la escuela y preguntado sobre su padre, y su madre solo le dirigió la mirada más fría que había recibido en su vida- hasta ese momento, claro. Se volvían más cortantes con el paso del tiempo.

Había sido Chris quien le explicó que normalmente todos tienen un padre y una madre, pero que ellos eran diferentes, igual que muchos chicos solo tenían un padre y una madre.

En su momento, Karissa había estado confundida, había inclinado la cabeza y preguntado tantas cosas que su hermano terminó por obligarla a dormir.

Ahora entendía mejor a Chris.

Todo lo que él trataba de explicarle, él había tenido que aprenderlo solo. Las cosas que Karissa había preguntado, probablemente no tenía respuesta para ello. Al menos ella lo tenía a él, ¿pero a quién tenía Chris? Si su madre se había comportado así con solo su pregunta no quería ni saber cómo habría reaccionado con un Chris mil veces más impetuoso y vocal con sus sentimientos.

Debió haber sido tan solitario para él…

Y luego había llegado Karissa y ya no solo debía ocuparse de sí mismo sino también de ella cuando su madre decidiera ir a satisfacer sus necesidades sociales. Era una carga algo pesada para un niño y podía entender la necesidad de escapar en cuanto se diera la oportunidad.

Porque eso era lo que Chris había hecho, lo sabía bien.

Había tenido su tiempo de pensar en todo eso mientras se recuperaba de su ataque de pánico, que parecía haber aclarado su mente en niveles espirituales, y entendía su razonamiento de querer protegerla y marcharse para hacerlo, pero también sabía que más que un sacrificio había sido un alivio.

No podía culparlo, en serio, no sabría qué decidir si tuviera la oportunidad de huir de su madre también.

Karissa suspiró, sentándose a un costado mientras Amira preparaba su armadura para ir a entrenar con Giselle. Ambas intercambiaron palabras mientras se preparaban para empezar y Karissa se preguntó qué habría hecho Amira mientras no estaba. ¿Se habría distraído con Giselle? ¿La habría pasado bien? Esperaba que no se hubiera preocupado mucho por ella, pero sabía que era en vano.

A veces pensaba que Amira encontraba solo equilibrio cuidando de ella.

Tendría sentido. Su vida era bastante caótica de por sí antes de conocerla y solo cuando empezaron a ser amigas fue que ambas lograron encontrar un ancla para mantenerse firmes. Amira necesitaba sentirse útil, necesitada; y Karissa necesitaba sentirse querida, que no era un estorbo.

Si la psicóloga escolar estuviera ahí presente seguramente le diría a Karissa lo poco saludable que era depender tanto en una persona, sobre todo en la forma en la que lo hacían ellas, pero eso ya lo sabía. No necesitaba que alguien se lo dijera.

Sabía que se había vuelto dependiente del cuidado de Amira, y aunque a veces se sentía un poco sofocante cuando era muy intensa, reconocía que la hacía sentir mejor consigo misma todo el tiempo. Saber que había alguien que siempre estaría atenta a ella y que siempre velaba por su bienestar, era algo que Karissa había creído perder junto a Chris, pero que Amira le había devuelto con su brusca personalidad.

Mientras la observaba reciprocando la violencia de Giselle, golpe por golpe, solo podía pensar que su amiga de verdad merecía mucho más de lo que Karissa podía ofrecerle.

No pudo pensar mucho más porque Chris llegó con una espada y le ofreció enseñarle. Karissa lo miró por unos segundos, antes de levantarse e ir por una armadura.

Tal vez así podría aligerar un poco la carga de Amira.

(Aunque le doliera hasta el culo luego de terminar el dichoso entrenamiento.)

Cuando llegó la hora del almuerzo, Karissa estaba desmayándose del hambre.

No era para menos, primero que nada porque todo su machacado cuerpo le dolía como el demonio, y segundo, había hecho lo más que pudo entrenando con su hermano, que a mitad de la lección fue sustituido rudamente por Clarisse, quien entre gruñidos le enseñó a Karissa lo básico para poder defenderse, y aunque los movimientos de Karissa eran muy tensos, le había dicho que no estaba haciendo un muy mal trabajo.

Aunque dudaba de si lo había dicho sinceramente o porque era hermana de su novio, pero quería inclinarse por la primera solo porque no tenía pinta de que haría algo así.

Amira no había estado muy contenta con que practicara con Clarisse, pues le parecía muy violenta, pero Karissa había enviado sus preocupaciones lejos recordándole que solo estaba enseñando lo más sencillo y asegurando que le pediría a Chris que fuera él que peleara con ella.

Luego de ver la clase de arquería y sentarse a un lado en la clase de vuelo en pegaso, sintió un alivio inmenso al tener frente a ella esa deliciosa comida que empezó a comer apenas hizo su ofrenda, sin siquiera haberse sentado.

Estaba tan concentrada que apenas notó la presencia que indujo el completo silencio en el pabellón. De hecho, podría decirse que ella era la única que comía con normalidad, pero estaba tan hambrienta que apenas podía contenerse. Se llenó la boca de comida, masticando y luego tomando un gran sorbo de soda, tragando y repitiendo el proceso.

Fue solo cuando alguien de la mesa de Iris tosió que Karissa levantó la mirada, encontrándose la dueña de la atención de todos.

Se atragantó, tosiendo.

―Eh, ¿sí?

Amira le hizo señas desde la mesa de Apolo, y mirando hacia donde le estaba indicando fue que reparó en que mientras comía había registrado un destello de luz a costado, pero lo había ignorado, creyendo que era solo una ilusión óptica.

Lamentablemente, no era para nada una ilusión.

De hecho, Karissa desearía más adelante que lo hubiera sido, pero como ya sabemos, es imposible cambiar el pasado.

Hermes se encontraba de pie junto a Quirón, que miraba a Karissa con toda la calma del mundo.

Soltó su plato, limpiándose las manos antes de mirar al dios inocentemente.

―Muy bien todos, presten atención ―habló Quirón. Todos miraron atentos al centauro―. Lord Hermes está aquí para pedir una búsqueda.

Inmediatamente todos rompieron en murmullos.

Karissa solo sentía un gran signo de interrogación cayendo sobre su cabeza.

¿Búsqueda de qué?

Captó la mirada mitad divertida mitad sabihonda de Hermes, y de repente tenía ganas de salir corriendo, porque tenía un muy mal presentimiento.

―Por orden del Rey de los dioses-

Karissa palideció.

―...Karissa Rodríguez, la hija de Hades, será la encargada de esta búsqueda.

¿En serio, Zeus? ¿Exactamente qué tan infantil puedes ser?

Apenas se contuvo de gritar ahí mismo: ¡se estaba medio recuperando de una crisis existencial! ¡Denle un momento de respirar!

Casi como si pudiera leer sus pensamientos, Hermes tosió y se dio la vuelta junto a Quirón, que llamó a Karissa hacía ellos. Karissa miró hacia Amira, y por un momento juró que ni siquiera estaba respirando. Se lamentó desde lo profundo de su corazón, pues lo justo lo que trataba de evitar había pasado.

Si no fuera por el dramático de Zeus, pensó resignada, arrastrando los pies tras Quirón y Hermes, sintiendo cada mirada en ella como una daga que le rebanaba la piel.

Ahora, el tema más importante era cómo podía sobrevivir saliendo del Campamento sin ningún tipo de entrenamiento.

El dolor de cabeza que había estado presente todo el día se afincó en su frente con la voluntad de un hombre a punto de morir, sacándole una mueca a Karissa, pero cuando Quirón volteó a verla solo le ofreció una sonrisa.

Por más que lo pensara, no había mucha posibilidad de salir viva de esta situación. La cabeza le iba a estallar, sin embargo se aseguró de escuchar atentamente cuando Hermes empezó a explicar la situación.

―Karissa, ¿conoces a la diosa Ate? ―fue lo primero que Hermes dijo. Sacudió la cabeza, aunque se le hacía algo familiar el nombre―. Probablemente escuchaste sobre ella en la Ilíada, es la diosa de la fatalidad y de la mala suerte.

Karissa frunció el ceño, tratando de recordar cuando los habían hecho leer la Ilíada en la escuela, y recordó un pequeñísimo fragmento que mencionaba a la diosa que Hermes decía, la describían como-

―¡La diosa de los pies ligeros!

Hermes asintió. ―Ha estado muy inquieta últimamente, verás, se le extravió una tiara que le obsequié hace unos siglos y no ha podido encontrarla.

¿Y eso qué tiene que ver conmigo?, se lamentó Karissa. ¿Por qué me castigan así?

―El problema es que no sabemos cómo desapareció, solo que había un semidiós cerca de donde estaba oculta la tiara ―explicó―, y por alguna razón, Ate está convencida de que tú la robaste.

Karissa lo miró en silencio, estupefacta.

¿Cómo demonios iba a robarle algo a una diosa si apenas se venía enterando de que existían?

Estaba empezando a cuestionar la inteligencia de los dioses, en serio. Primero Zeus y ahora Ate, oh, bueno, no debía ser coincidencia, seguramente era una de los diez mil hijos.

Hermes le sonrió.

―¿De casualidad estabas cerca de Central Park hace unas tres semanas?

―Sí, estuve visitando a unos tíos de mi madre- ayyy…

―Exactamente ―suspiró el dios―. Ate está muy convencida de que has sido tú, y aprovechando tu conflicto con nuestro padre quiso castigarte, pero Hades intervino.

Karissa asintió: sabía que Ate era hija de Zeus, es que por favor, ¿qué puede esperarse de ese caprichoso ser? Más bien le sorprendía pensar en Hermes como alguien medianamente agradable, probablemente le caería bien si no estuviera dándole la trágica noticia de que había sido elegida para una misión suicida.

Porque estaba segura que no iba a volver de este viajecito.

―Dijo que era imposible que lo hubieras hecho, y aseguró que encontrarías la tiara y probarías tu inocencia, y tras una larga, pero muy larga discusión, Zeus accedió a darte una oportunidad.

―Ah, eso lo explica ―murmuró Karissa.

ESPERA.

QUE QUIÉN HIZO QUÉ.

¿Hades intervino a su favor? ¿Otra vez? ¿Después de haber hecho el ridículo frente a los dioses? No sabía si sentirse halagada o avergonzada. ¿Acaso era merecedora de que le dieran esa oportunidad?

Oh dios, ¿qué se suponía que debía hacer ahora?

―Así que se decidió que tendrás una semana para conseguir la tiara y entregarla a Ate, o de lo contrario serás castigada a los criterios de ―finalizó Hermes.

Karissa sonrió, sus labios pálidos y la cabeza retumbando.

―Por supuesto ―aceptó, mientras se retorcía por dentro, ahogándose en histeria y pánico, pero demasiado cansada de su reciente episodio como para tener otro. Se aclaró la garganta, rogando porque no se le quebrara la voz a mitad de la oración, pero su intento de valentía debió verse algo forzado, pues Quirón tosió ligeramente―. ¿Y cuándo exactamente inicia este lapso?

―Mañana mismo ―respondió Hermes. Karissa no sabía si era su imaginación, pero por un segundo pareció ver algo como pena en los ojos del dios, aunque no pudo centrarse en eso, pues volvió a sonreír.

―Entiendo ―si Karissa fuera más como Amira, habría gruñido y empezado a reclamar y exponer las razones por las cuales era imposible que ella hubiera robado lo que sea, pero siendo Karissa, guardó silencio y aceptó su destino sin chistar.

Al menos, no exteriormente.

―Te pareces mucho a tu madre ―mencionó Hermes. Para otra persona, eso normalmente sería un halago, pero para Karissa se sintió como una bofetada en el rostro. Después de años de críticas constantes, le era imposible compararse con su perfecta, elegante madre, así que oír eso de alguien era un poco más que doloroso―. Saluda a Chris por mí.

―Ah, sí ―el dios ya había dado la vuelta a la esquina y desaparecido entre los árboles―… claro.

Perdida, Karissa volvió la mirada a Quirón, que se había mantenido en silencio todo el rato, muy concentrado pensando en algo. Dudosa, se acercó a él.

Miles de pensamientos volaban por su cabeza, pero apenas pudo abrir los labios para preguntar, lo primero en salir fue un confuso y atolondrado susurro, al borde del llanto.

―¿Ahora qué se supone que haga?