"Un descansito en una casa rural rodeada de amigos y pajarillos trinando por las mañanas, eso es lo que necesito. Unas risas, un montón de abrazos y un buen chute de chocolate, y el ridículo que siento pasará a ser historia; Hans pasará a ser historia.

"Voy a seguir conduciendo mi huevo por en medio de este precioso bosque, voy a pasar la semana de mi vida, voy a oler las flores y a cantar con las alimañas como la mismísima Blancanieves y voy a salir de aquí siendo una mujer nueva.

"¿A quién quiero engañar? Me molestan horrores los cantos de los pájaros por las mañanas. ¿Es que no podían empezar a piar a partir de las 10? ¡¿Qué les he hecho yo?! Y, el bosque… dicen que la naturaleza es relajante, pero para mí significa moscas flotando en el interior de mi desayuno, alergias, picotazos de mosquitos por las noches y un frío terrible a la hora de dormir. Al menos, la compañía de verdad será buena. Estoy deseando escuchar el sermón de Elsa y las constantes bromas de Olaf sobre mi estrepitoso fracaso amoroso…

"¿Es que era tanto pedir? No esperaba una relación perfecta, pero, estaría bien encontrar a un hombre sincero para el que yo fuese algo más que una fuente de dinero y prestigio; y, ya puestos a pedir, que fuese también dulce, gentil, sexy y divertido."

Y, en ese momento, como si todos los dioses del firmamento hubiesen unido fuerzas para responder a mis plegarias, a unos 300 metros más allá, un fornido y atractivo rubio salió de entre la arboleda y echó a correr hacia mi coche, cual Mitch Buchannon en medio de la playa, pero completa y absolutamente desnudo.

—¿Un único desengaño amoroso y ya pierdo la cabeza? Qué poco aguante tengo…

Así que, puestos a perder la cabeza, al menos, me dediqué a disfrutar de las vistas. ¿De dónde habría sacado mi mente la inspiración para dotar tan bien a aquel hombre? Aunque, puestos a imaginar, yo le preferiría algo menos sudado y sucio. Y, la verdad, la cara de desesperación que ponía no ayudaba a disfrutarlo…

"Venga, cabecita mía, cúrratelo un poco más; tú puedes hacerlo mejor."

Y vaya si se lo curró. De repente, una enorme masa oscura y peluda apareció tras de él.

—¡¿Un oso?!

Aquello era demasiado surrealista hasta para mi falta repentina de cordura. Estaba claro que yo no estaba creando esa escena.

—¡¿Hay un jodido oso persiguiéndole por medio de la carretera?!

Así que, de verdad había veces en que la realidad superaba a la ficción. Frené rápidamente y abrí la puerta del asiento del copiloto justo para cuando el rubio estaba llegando a mi altura con el oso pisándole los talones.

—¡Sube!

Buchannon no dudó ni un segundo, se lanzó de cabeza dentro del coche y cerró la puerta como un rayo en el mismo momento en que el oso nos alcanzó.

—¡Arranca, arranca, arranca!
—¡No quiero atropellar al oso!
—¡Marcha atrás! ¡Lo que sea!

El oso comenzó a olfatear el coche como tratando de descubrir qué extraña magia le estaba apartando de su presa, así que aproveché para activar los seguros, dar marcha atrás unos metros y salir disparada hacia delante esquivando al plantígrado y desapareciendo de la escena mientras quemaba neumático.

Aproximadamente un kilómetro más allá, con los nudillos blancos de apretar el volante, los hombros casi en las orejas y la vista aún puesta de vez en cuando en el retrovisor para asegurarme de que de verdad el oso no nos seguía, la voz de aquel rubio me devolvió de golpe a la incómoda realidad: había un desconocido desnudo en mi coche.