Título: Sueña conmigo.
Personajes: Claude, Athanasius.
Pairings: Claude/Athanasius.
Línea de tiempo: Semi-AU.
Advertencias: Disclaimer Who Made me a Princess/Princesa encantadora; los personajes no me pertenecen, créditos a Spoon y Plutus. Posible y demasiado OoC [Fuera de personaje]. Semi-AU [Universo Alterno]. Situaciones exageradas. Nada de lo ocurrido aquí tiene que ver con la serie original; todo es creado sin fines de lucro.
Clasificación: M
Categoría: Comedia, Romance, Drama
Nota de autora: la somnofilia (consensuada) se volvió un gusto culposo para mí


Summary: Claude se ha dormido debajo de él. No puede evitar el ligero sentimiento de diversión que choca contra el de la ternura insensata que le causa. Claude no se retuerce, no hace sonidos ni mueve siquiera un músculo bajo su toque. Sólo respira, respira a profundidad y en compás. Nada extraño. (Si las personas pudieran tener corazones en las pupilas, Athanasius tal vez los tendría en este momento.) «Eres tan adorable así...»


—Vaya, tus ojeras se ven terribles.

Claude deja de mirar con recelo la hoja en sus manos, para mirar con recelo a Athanasius.

Recelo que no le dura mucho porque de pronto tiene una boca sobre su boca, un beso seco y plano pero inesperadamente amable, y se permite cerrar los ojos para concentrarse solamente en eso. Ya no hay líneas insulsas que debe revisar ni un sello casi sagrado en su palma. De hecho, sus dedos cansados ya han soltado el desagradable papel en algún lado, realmente no sabe dónde y ya no le importa mucho. No mientras la lengua experta de su compañero le obliga a relajar sus labios para pasarla por todo su interior, haciendo sonidos húmedos que no van más lejos que sus oídos.

Un par de segundos después el beso se rompe y consigue respirar de nuevo. Se siente cansado incluso para eso, así que no puede mirar con tanto enojo al hombre a su lado, como le hubiera gustado.

—Supongo que no has podido dormir muy bien últimamente. —Se burla Athanasius, con una sonrisita cargada de falsa amabilidad.

—¿Te gusta adivinar cosas obvias? —Claude chasquea la lengua y se reclina contra el respaldo del sofá, soltando un largo bostezo—. ¿Qué haces aquí?

—Oh, pensé que teníamos una rutina —declara el mayor, acercándose al emperador y agarrando su mandíbula con suavidad, dejando besos lentos contra la mejilla del adormilado rubio—. Pero parece que hoy no se podrá.

Claude frunce el ceño y le mira de reojo con intensidad. Sus exhaustos orbes de gema brillan apenas, pero no exactamente por alegría, no después de escuchar esas últimas palabras.

—¿Qué quieres decir?

—Quiero decir, mírate —la sonrisa de Athanasius se vuelve burlona al apartarse, y su agarre se torna firme y obliga a Claude a girar su rostro hacia él, quedando cara a cara—. Te ves tan cansado que siento que en cualquier momento te desmayarías.

—¿Es así? —Relaja el ceño, pensativo. El cansancio no le deja poner las expresiones hastiadas que quisiera—. Aunque no pensé que te importaría... incluso si me duermo.

Athanasius enarca una ceja.

—¿Crees que soy algún tipo de monstruo al que le gusta abusar de personas inconscientes?

—Te ves como uno. Ya has hecho que yo–

—Te recuerdo —le interrumpe, con la sonrisa forzada—, que no puedes echarme la culpa si tú mismo permitiste todo.

El emperador se muerde la lengua. Aún estando adormilado, puede recordar todas esas veces llenas de preguntas antes de llevar a cabo una nueva sugerencia. Y aunque eso le molesta, de hecho es un poco aliviante. Sólo que todavía no se puede acostumbrar a un trato así viniendo de un bastardo como Athanasius.

—Bien —acepta sus palabras. El mayor enarca ambas cejas, un poco sorprendido por la singularidad de que hubiera decidido no continuar con una pelea. Aun así, los ojos de Claude no parecen más tranquilos—. Entonces puedo permitirte algo así ahora también. ¿Estás bien con eso?

Athanasius parpadea un par de veces, y luego frunce el ceño. Sus dos manos sujetan la nuca del emperador y lo mantienen frente a su rostro. Mirándolo por unos segundos más, percibe un deje de preocupación crecer en su interior mientras más nota esos orbes cansados y la piel pálida, que hace que las bolsas bajo los ojos se vuelvan más notorias. Pero, a pesar de todo eso, el maldito seguía viéndose absolutamente atractivo.

Deja escapar un largo suspiro.

—Eres insaciable, Claude.

Claude desvía la mirada con desdén, como si no le importara su opinión en lo más mínimo. Aun así, el azabache puede notar una ligera sonrisa que es todo menos inocente.

Antes de que Athanasius pueda pensar más en esa sospechosa mueca que tal vez no haya visto nunca antes, el rubio agarra sus manos y las separa de su cuerpo. Se levanta del sofá y lo estira hacia la cama. Lo suelta antes de tirarse sobre el colchón y acomodarse boca arriba como si fuera a darse una siesta cualquiera.

Athanasius vuelve a suspirar, mientras lleva una mano a su rostro y sonríe con resignación.

—Sabes, siento que esto es extraño —comenta el mayor, subiendo una rodilla al enorme lecho y luego la otra, moviéndose hasta quedar sobre el emperador. El mismo que apenas le mira, mientras parpadea lentamente. Athanasius pone las manos a cada lado de la cabeza del rubio—. De repente, es como si confiaras demasiado en mí, hermanito.

Claude apenas frunce el ceño otra vez, antes de cerrar los ojos y sólo mover la boca para hablar, mientras continúa consciente por última vez.

—Si encuentro sangre cuando despierte, definitivamente te mataré.

—No puedo prometerte nada.

El hombre más joven ya no le contesta, y Athanasius no sabe si es porque la idea no le molesta o simplemente se ha quedado dormido. Se decanta por la segunda opción, mientras observa más detalladamente la imagen que da Claude frente a él; con su expresión relajada y respiraciones suaves, el pecho blanco subiendo y bajando, semi-cubierto por las túnicas suaves, y los brazos tirados a los costados, los dedos ligeramente cerrados y los labios mojados abriéndose levemente.

Athanasius no ha tenido muchas oportunidades de ver a su medio hermano dormir tan pacíficamente frente a él, aunque no porque no pudiera. Luego de todas las veces que ya han compartido cama, lo normal sería que ya se hubiera memorizado la imagen del aterrador emperador estando así de vulnerable frente a él, sólo que no, porque él mismo no ha querido verlo. De todas las oportunidades nunca quiso tomar alguna, siempre vistiéndose al apenas terminar las rondas de sexo y saliendo de la habitación antes de que alguien llame a la puerta.

Así que esto es simplemente un poco demasiado impactante para el hombre de pelo negro. Claude se ha dormido debajo de él. No puede evitar el ligero sentimiento de diversión que choca contra el de la ternura insensata que le causa, así que desliza los dedos por el rostro inconsciente de su medio hermano, trazando su mandíbula y sus mejillas, su nariz, cejas y labios. Claude no se retuerce, no hace sonidos ni mueve siquiera un músculo bajo su toque. Sólo respira, respira a profundidad y en compás. Nada extraño.

Si las personas pudieran tener corazones en las pupilas, Athanasius tal vez los tendría en este momento.

—Eres tan adorable así... —declara en voz baja, agarrando con ambas manos ese rostro tan bonito y palpando la piel suave y tersa. Se inclina hacia adelante, besando los labios, que no le regresan el gesto—. Tan adorable, tan lindo... tierno...

Si Claude estuviera despierto, definitivamente le reprocharía por usar esas cursis palabras para describir al tiránico emperador de Obelia. Pero Claude está dormido, y parece tener un sueño demasiado pesado.

Los besos de Athanasius pasan de los labios que se han hinchado y mojado más, a las mejillas blancas, que se tornan rosadas debido a los repetidos toques que muy pronto continúan por otras partes. Uno en la punta de la nariz y otro en la frente, entre las cejas, en la mandíbula y el mentón, y finalmente al cuello. Allí se detiene mientras suelta una gran bocanada de aire y respira profundamente el aroma que desprende el menor.

Buscando a tientas encuentra las manos de Claude y hace entrelazar sus dedos, por supuesto, sin que le sigan la corriente. Vuelve a usar su boca sobre la piel nívea del hombre debajo suyo, besando con vehemencia y abriendo y enseñando los dientes justo en la unión entre el cuello y el hombro, mordiendo ese lugar para sentir finalmente una reacción; Claude se tensa ligeramente, pero no dura más de un segundo y Athanasius lame la zona que ha quedado marcada por él.

Muerde otro lugar, una y otra vez, distintos sitios desde el cuello hasta el comienzo de su pecho. Suelta las manos inconscientes y hace a un lado las prendas del emperador, rasgando la fina tela como si se tratara de papel, el sonido de rotura haciendo eco por la fresca habitación imperial. Sabe que Claude se enojará al despertar, pero bien puede explicarle que era mejor hacer esto a tener que despertarlo para desvestirlo. Una excusa que el rubio aceptaría a regañadientes, probablemente.

Athanasius no se deja perder en sus pensamientos y toca con cuidado la piel blanca, pasando los dedos por los pectorales hasta detenerse sobre los pezones rosas. Juguetea con ellos usando las puntas de sus dedos mientras sus dientes vuelven a encajarse en un hombro, con más amabilidad que antes pero sin soltarse. Aun así, Claude se remueve apenas, haciendo un sonido vago y casi imperceptible desde su garganta que el azabache disfruta genuinamente.

Levantando la cabeza para asegurarse de que el emperador continuara dormido, y viendo que así es, vuelve a bajar la dirección de su boca para succionar más piel, dibujando marcas rojas sobre el pecho del más joven. No muerde esta zona, conociendo bien las reacciones agresivas que causaba al sistema nervioso de Claude. Si lo intentaba quizás lo despertaría en un santiamén así que, sólo para mantener esta dulce sensación donde su medio hermano menor parece darle la suficiente confianza como para dejarlo tocar su cuerpo estando inconsciente, simplemente da atenciones con sus labios y lengua, alejando los dientes y los tratos rudos.

Respira sobre una de las protuberancias en el pecho, y ésta se endurece más. Aún si su aliento es caliente. Lame ese lugar y escucha otro gruñido bajo, que no le detiene porque apenas es algo más que un suspiro. Su saliva mancha la piel y la zona se vuelve de un rosa mucho más fuerte, entonces se detiene y va al siguiente para hacer lo mismo. Al mismo tiempo, sus manos se dedican a desvestir la parte inferior del hombre rubio, de nuevo rompiendo las telas flojas pero dejando intacta la ropa interior.

Al pegarse más a Claude, puede sentir la erección del mismo tocar su vientre y, al separarse y mirar abajo, suelta una pequeña risa de burla que agradece que su hermano no escuche.

Se sienta y empieza a desabotonar su camisa, tirándola a un lado para continuar con el seguro de sus pantalones, dejando escapar un largo suspiro de alivio al librarse de la presión que estaba sufriendo por la ropa debido a su propia excitación. Lleva su mano a su cabello, tirándolo hacia atrás antes de inclinarse de nuevo a besar al hombre dormido, quien con los labios sueltos le deja asaltar el interior de su boca con toda calma. Con cuidado se acomoda entre las piernas relajadas y hace que éstas se cierren contra sus caderas, sujetándolas allí al apretar con cierta rudeza, pero sin llegar a las magulladuras.

—Esto es muy lento... —jadea contra la boca del rubio, acercando una mano para mantener el rostro del mismo hacia arriba. Puede escucharlo respirar suavemente, y también puede ver la saliva escapándose desde la comisura, así como el ceño que ha empezado a fruncirse levemente—. Te encanta darme problemas, Claude.

Claude no va responderle, pero Athanasius sabe que probablemente le hubiera molestado con una sonrisa cruel. Agradece que no pudiera ser así en este momento.

La misma mano sobre el rostro del emperador baja por el cuello lleno de marcas de dientes, el pecho con zonas enrojecidas, hasta ese abdomen marcado al que Athanasius todavía no le ha puesto la boca encima. Pero no se detiene allí, solamente raspa con ligereza con sus uñas desafiladas y vuelve a bajar, hasta palpar por sobre la tela de la última prenda intacta de Claude. El toque se convierte en una caricia lenta y tortuosa, hasta que se forma una mancha oscura en la punta de la carpa.

Sintiéndose satisfecho por esa reacción, vuelve a meter la lengua en la cálida cavidad que permanece mansamente abierta para él.

Tal vez en otro momento, se convence, apartándose de los labios que ya han sido jugueteados por suficiente tiempo pero que se verían increíblemente bien si tan solo estuvieran alrededor de...

Niega con la cabeza, suspirando sonoramente después. Para más tarde, para más tarde.

Regresa su atención a la zona inferior del emperador, y con lentitud retira la ropa interior, como burlándose un poco de ello. Deshaciéndose de la prenda al lanzarla a un lado, envuelve sus largos dedos en la circunferencia y estira suavemente hacia abajo y hacia arriba, mientras el líquido de la punta de desliza por la longitud y vuelve más fácil la fricción.

Aún con ese toque que se torna más rápido al pasar del tiempo, Claude no se despierta. Athanasius se sorprende un poco por ese hecho, observando con atención las diminutas reacciones que da el hombre; las cejas rubias frunciéndose un par de veces, tal vez en los momentos en los que el toque se vuelve menos placentero, y los labios moviéndose imperceptiblemente, también la respiración que pronto ha dejado de ser tan suave, convirtiéndose en jadeos no tan fuertes, pero que son fáciles de oír en mitad de una habitación tan silenciosa. Además de todo ello, una fina capa de sudor había empezado a formarse en su frente.

Athanasius sonríe complacido. Sus movimientos se aceleran y percibe el miembro palpitar en su mano. Con su otra mano se encarga de su propio dilema, sin deshacerse de su prenda inferior. Se muerde los labios y gime, el sonido apenas escapándose de su garganta, cuidando que su voz no perturbe el sueño de su medio hermano.

De pronto, la mano sobre Claude se detiene abruptamente, justo en cuanto el líquido trasparente había empezado a abundar lo suficiente y el órgano a palpitar con fuerza. Aparta el toque y ve la erección enrojecida retorcerse suavemente, signo de que faltaba tan poco para soltar su tensión. Bueno, Athanasius no era tan amable como para permitirle eso a Claude luego de que el monarca hubiera dejado implícito que tendría que hacer todo el trabajo en esta ocasión.

Ve a su hermano mover su cabeza y fruncir el ceño con más fuerza, sus dedos cerrarse levemente. Está disgustado por su falta de liberación, pero no se levanta de su inconsciencia ni siquiera con eso. Athanasius, en este punto, ya está seguro de que este bastardo no abrirá los ojos incluso si le da una bofetada en la cara.

Pero no es como si quisiera arriesgarse a darle una bofetada en la cara.

«Aunque no estaría mal replicar el sonido de otra forma».

Se relame los labios y extiende las palmas sobre el vientre plano, hasta colocarlas a los lados de su cintura y estirar al hombre con cuidado hacia él, acomodando amablemente el cuerpo dormido en una mejor posición, colocando una almohada debajo para tener la altura perfecta. En condiciones normales, Claude lo habría abrazado con sus piernas con fuerza hasta que los movimientos y el cansancio le obligaran a soltarlo, pero no ahora.

Volviendo a deleitarse con la vista, Athanasius se pierde ligeramente en la aureola dorada que forma el cabello del emperador alrededor de su cabeza, dándole un aspecto celestial. Y realmente quiere corromper hasta lo más mínimo de esa imagen, llenarla de tanta obscenidad que, más que alguien del cielo, parezca que se ha liberado desde las profundidades de un averno profano. La idea es tan tentadora que no tarda en hacer bailar sus dedos de nuevo contra las caderas ajenas, hasta que su mano esté una vez más contra el miembro endurecido.

No se mueve para masturbarlo, simplemente lo mantiene quieto y cerrado contra su palma caliente. Recibe una queja instantánea en la forma de un gruñido gutural, casi lastimero. Pero aun así los mágicos orbes imperiales no se muestran a través de esas largas pestañas doradas.

Con una de sus manos libres, hace aparecer una botella de lubricante que siempre usa en estas sesiones. Probablemente Claude tendría alguna guardada en el cajón, pero no podía apartarse para buscarla y era más sencillo de esta manera, así que abre la tapa con maestría y derrama todo sobre la entrepierna del hombre. El líquido trasparente, tan resbaloso y frío, se desliza por la erección y las manos, sobre el vientre y hasta la parte trasera. Athanasius no pierde tiempo y tira la botella vacía a otro lado, llevando la mano liberada al agujero resbaladizo del menor.

Se empapa con el fluido viscoso y bordea su interior con suavidad, mientras se inclina hacia adelante para volver a capturar la boca de Claude. Le besa con vehemencia, usando su lengua para mantener separados los labios, dejar que la saliva se filtre y se resbale por el mentón del más joven. Abre un poco los ojos entre el beso para notar cómo las cejas rubias se fruncen en el momento en el que inserta un dedo dentro de él, pero aun así Claude no se atreve a abrir los ojos, e incluso esa diminuta expresión suya se borra al pasar de los segundos. Athanasius no pierde el detalle, descubriendo que este no es el límite que necesita para sacarlo de su inconsciencia.

Aprieta un poco más el miembro entre sus dedos y se mueve de arriba abajo. Sus dientes muerden los labios ajenos. Recibe un gemido adormilado, ojos todavía cerrados. Sonríe al soltar la boca de Claude y luego muerde de nuevo su cuello, con más fuerza, dejando una marca de sus dientes. Inserta un dedo más y los mueve repetidas veces hacia adentro y afuera y luego separándolos. Athanasius escucha otro gemido, más fuerte que los anteriores, pero no suena como alguien que está a punto de despertar.

Apartando los dientes en la piel, observa los tonos rojos de sus chupetones y las marcas casi moradas de sus dientes romos. Escucha la respiración ajena volviéndose más pesada, no necesita levantar la cabeza para saber que Claude está frunciendo el ceño otra vez, tal vez más fuerte que antes. Acelera los movimientos de sus manos y detiene una de ellas antes de dejarle probar a su compañero una liberación adecuada, mostrando una sonrisa siniestra en cuanto escucha otro de esos quejidos lastimeros escapar de la boca de su emperador. Hay un dolor casi punzante en su entrepierna cuando lo escucha y lo vuelve a provocar, pero no se molesta en arreglarse y simplemente continúa mordiendo por aquí y por allá.

Poco tiempo después hay un sonido de deslizamiento mucho más notorio. Claude gruñe suavemente y respira con fuerza, mientras Athanasius sonríe y decide que la tortura a su compañero puede terminar aquí. Aumenta la velocidad de sus manos, y girando sus tres dedos en el interior de Claude toca el punto principal, causando una reacción directa y fuerte de estremecimiento en todo el cuerpo inconsciente. Un gemido más alto y luego Athanasius tiene fluidos blancos y cálidos manchando los dedos que se hallan cerca de la punta del miembro ajeno. Lo exprime hasta que Claude deja de respirar con fuerza y sólo quede en su cara dormida ese ceño fruncido, acentuado más que antes.

Sonríe casi enternecido. Aparta ambas manos y sus ojos negros se tornan azules mientras lame los restos blanquecinos entre sus dedos.

—Claude... Claude... Tal vez no pueda perdonarte...

Hay un cariño atroz en su voz y está seguro de que Claude lo miraría con asco si lo viera actuar así. No le importa, de todas maneras. Claude ahora mismo no es más que un hombre durmiendo, dejado a su merced. No es más que una pieza de juguete ante sus ojos, con su cabello y piel llena de sudor, respiraciones entrecortadas y pintado con distintas marcas rojas. Athanasius no se mortifica mucho con ello, aún si sabe que haberle dejado tantos rastros definitivamente hará que Claude quiera matarlo más tarde. No, realmente no importa.

No ahora que sabe que Claude realmente no va a despertar.

—Oh, cariño...

Lleva una mano a la nuca del menor, sostiene su cabeza con una suavidad antinatural. Mientras tanto, presiona su parte inferior contra el agujero resbaladizo y se interna con facilidad, oyendo el deslizamiento húmedo y percibiendo la suave tensión en los músculos de Claude, que lo rechazan sólo un momento antes de acostumbrarse a la nueva intrusión. Athanasius se muerde los labios, sin dejar de sonreír, en tanto entra tan suavemente como puede. Aún si quiere hacerlo todo apresuradamente y obligarlo a gritar, incluso de dolor, a su pobre medio hermano inconsciente, es mejor si se toma su tiempo para disfrutar y ver las reacciones de éste incluso mientras todavía se atreve a permanecer dormido.

Athanasius realmente adora ver cómo frunce el ceño y respira más fuerte, cómo empieza a soltar sonidos ahogados en cuanto se retira y vuelve a entrar, aumentando de a poco el ritmo. Entrelaza de nuevo sus manos y las lleva hacia la cabecera de la cama, apretándolas contra las almohadas. Se inclina hacia adelante y pega su frente a la de su compañero, no deja de moverse, jadea con fuerza en cuanto aumenta el ritmo. De nuevo hay tensión de parte de Claude pero no es en rechazo, sino que avecina su propia excitación creciendo rápidamente otra vez, hasta erguirse de nuevo entre ambos cuerpos.

El sonido de deslizamiento se convierte en chapoteos y golpes ligeros, que también se vuelven más fuertes mientras pasan los segundos. Sólo uno de los dos hombres gime abiertamente, mientras que el otro suelta gruñidos inconsistentes y jadea de vez en cuando. El calor alrededor aumenta y ambos cuerpos se bañan en una fina capa de sudor. Con un vaivén apresurado las sábanas se arrugan y Athanasius se pregunta por un instante qué estará soñando Claude.

—Sueña conmigo... —murmura, pero no en un tono dulce. Hay molestia en su voz. Suelta una de las manos ajenas y la pasa suavemente por el rostro inconsciente, hasta que los largos dedos se cierren contra la garganta del emperador. Empieza a apretar, consiguiendo una expresión más notoria de insatisfacción, pero eso no lo detiene—. Sueña conmigo, Claude...

La sonrisa que se había borrado vuelve a brotar en cuanto percibe la falla en las respiraciones antes acompasadas del rubio, en su rostro que se torna más rojo y en los párpados que se cierran con más fuerza. Como si no quisiera despertar de su letargo, como si no quisiera volver a la realidad Claude todavía no se despierta incluso si está siendo embestido desde abajo y le privan del oxígeno necesario. Athanasius está extasiado con este descubrimiento y besa amorosamente la mejilla caliente de su compañero.

—Eso es... Eso es... —susurra suavemente, alternando la presión de su agarre para dejarlo respirar adecuadamente antes de volver a apresarlo—. Ah, si tan sólo te vieras ahora...

Sin poder evitarlo, vuelve a morder el hombro del rubio. Sus mordidas se vuelven más crueles, casi rompen la piel. Hay una sensación caliente en su vientre bajo y puede sentir a Claude tensarse y destensarse una y otra vez, apretando su circunferencia, enloqueciéndolo de a poco. Suelta su otra mano y con ella rodea otra vez el miembro del más joven, dándole una atención rápida sólo para que vuelva a correrse poco tiempo después, con una carga más pequeña que la anterior.

Se ríe contra la piel magullada y deja de asfixiarlo. Entonces encaja con fuerza los dientes en la unión del cuello y el hombro, hasta realmente sacar sangre. Escucha un gruñido gutural perteneciente a Claude mientras el sabor metálico se filtra entre la saliva y el sudor hasta llegar a su lengua. Una vez lo percibe, se aparta y se yergue mientras lame los restos rojos contra sus labios. Observa la herida que le ha causado al emperador y sonríe satisfecho ante las pequeñas gotas carmesí que se deslizan por la piel de leche.

—Espero que no me mates por esto, Claude —se ríe levemente, extendiendo la mano para limpiar con sus dedos los rastros de sangre. Un estremecimiento de dolor en el menor causa una reacción en cadena y él gime un poco—. Ah, esto es realmente divertido. Eres tan lindo cuando estás así, hermanito.

Luego de limpiarse los dedos manchados de blanco y rojo con la boca, dirige sus manos a las estrechas caderas de Claude y, una vez fuertemente sujeto al punto de dejar marcas rojas, se mueve con más rapidez. Ve a Claude jadeando con más fuerza, pero todavía no se despierta. No se preocupa y, con un último empuje, se derrama dentro de él.

Sin embargo, en cuanto se detiene y observa el rostro todavía dormido de su medio hermano, Athanasius siente la misma molestia de antes volviendo a crecer en su interior. Claude no se despierta de su letargo ni siquiera con todo lo que ya ha hecho por él.

«No quiero que sueñes».

No quiere pensar que en el sueño del maldito emperador de Obelia hay alguien más que él.

Pero es inevitable pensarlo.

—Ah, supongo que realmente vas a dejarme todo el trabajo a mí... —se queja con falsa molestia, y moviendo sus manos sobre su vientre, recita un hechizo.

Claude se remueve ligeramente entre sueños, sin ser consciente de su destino.


En cuanto el emperador de Obelia vuelve a abrir los ojos, no logra captar nada más que el hecho de que está siendo empujado repetidamente contra una suave almohada que, de alguna manera, se siente asquerosa. Probablemente debido a que la misma almohada está húmeda de sudor y saliva, seguramente de él, así que quita la cara de allí pero entonces una mano lo vuelve a empujar desde la nuca, obligándolo a pegar la mejilla contra la tela.

Claude apenas procesa los sonidos amortiguados a su alrededor, y el entumecimiento sobre su sentido del tacto desaparece más rápidamente que antes. No es hasta entonces que capta el calor en su espalda y en su trasero, el dolor de tensión en sus muslos y el ardor y picor en su cuello. Jadea fuertemente en cuanto una embestida lo vuelve a empujar hacia adelante y el miembro en su interior golpea una parte realmente sensible, obligándolo a gruñir contra la tela bajo su cara. Respira ruidosamente por la boca, intentando hacer llegar suficiente oxígeno a su cerebro para procesar todo lo que tiene a su alrededor.

Se siente absolutamente sobreestimulado, le duelen los brazos y piernas y, antes de darse cuenta, se corre en seco pero no suelta nada más que unas gotas trasparentes que se unen al charco debajo de su vientre. Sus rodillas están hundidas en el colchón y hay un brazo rodeando su cintura, evitando que caiga por completo. Aun así, la mano apretando la parte trasera de su cabeza evita que alce la mirada, y de alguna manera no tiene ni una pizca de energía para luchar. Importante, sólo puede gemir de dolor y placer, sintiendo las gotas saladas de sus ojos caer calientes por su rostro, mientras aprieta desesperadamente las sábanas de la cama.

—Al fin despiertas, Claude.. —a pesar del tono eufórico y la voz ligeramente ronca y entrecortada de Athanasius, los movimientos no cesan ni por un instante. Claude no puede responderle, todavía lidiando con su reciente orgasmo y las sensaciones intensas en todo el resto de su cuerpo—. Te tardaste tanto, hermanito. Empezaba a aburrirme un poco, así que espero que entiendas que todo lo que hice fue para volver divertido el momento.

Claude jadea, gime, gruñe. Empieza a doler con más fuerza, pero no tiene voz ni voluntad para pedir que se detenga. No puede pensar con coherencia y sólo es capaz de apretar los dientes y convulsionar ligeramente antes de correrse de nuevo, esta vez sin que algo salga de él.

Para cuando ha alcanzado ese punto, algo de su cerebro vuelve a funcionar.

—Athanasius... ya... detente... basta... —murmura casi sin fuerza. La mano contra su cabello se tensa un poco, pero un segundo después deja de apretarlo y se aparta suavemente.

Las embestidas bajan de intensidad. Claude puede sentir al otro hombre inclinarse contra él hasta pegar su pecho a su espalda.

—Está bien, bien —susurra contra su oído, la voz anormalmente amable a pesar de las respiraciones erráticas—. Sólo un poco más. Me lo debes, Claude.

Claude no puede discutir, sólo se deja ser hasta que, finalmente, una carga más se suelta en su interior. Puede percibir los fluidos filtrándose hacia afuera de su interior incluso cuando todavía está obstruido. El semen caliente se desliza por sus piernas tensas hasta manchar las sábanas.

Pasan un par de segundos, incontables, mientras ambos respiran con fuerza y recomponen algo de energía.

Cuando ya ha pasado suficiente, Athanasius finalmente se aparta y se tira para atrás. Claude se desploma hacia un lado y queda boca arriba, mirando el techo mientras suelta jadeos fuertes e intenta ignorar la sensación hormigueante en su interior y el líquido todavía derramándose. Cuando finalmente sus neuronas vuelven a funcionar, se levanta un poco para ver a Athanasius comenzando a levantarse de la cama.

—Espera ahí, tú... —rápidamente lo agarra del brazo. El hombre de pelo negro le da una mirada curiosa y cansada, Claude siente su garganta pesada, y su boca pastosa, pero no quiere pensar en eso. Se concentra en lo que está a punto de decir—. ¿Usaste magia negra en mí?

Esa podría ser la única respuesta de por qué demonios, pese a todos los maltratos a su cuerpo, pese a incluso ser convertido en un juguete para Athanasius, Claude no había despertado de su siesta. No era natural, incluso él lo piensa. Así que aprieta el brazo del mayor y evita que se escape. A pesar del cansancio físico que lo abruma, todavía tiene su propia magia para potenciar su fuerza.

Sin embargo, Athanasius no se muestra perturbado por su acusación, sólo enseña una sonrisa coqueta.

—¿Por qué lo haría, si tu sueño es naturalmente pesado? —Se burla, y extiende su mano libre para acariciar la mejilla de Claude, consiguiendo que éste baje la guardia y deje de apretarlo. El monarca no tiene razón para creer en esas palabras, pero termina haciéndolo, por alguna razón—. Aunque... no voy a negar el uso de magia negra. ¡Pero no te preocupes! No lo usé en ti, fue para mí.

—¿Tú, por qué?

—Bueno, puedes adivinar.

Claude abre la boca pero la vuelve a cerrar. Observa ligeramente a su alrededor, a todos los fluidos derramados, al calor y el dolor de su cuerpo.

Sí, no necesita preguntar, puede adivinar.

Aun así...

—Eres repugnante.

—No fui yo quien aceptó la idea de hacerlo dormido.

—Te advertí que no quería ver sangre, pero hay bastante. ¿Quieres que te mate?

—Oh, vamos, no te enojes —se encoge de hombros como si nada, sonriendo de lado—. No es grave, no te matará. Pero si quieres, puedo arreglarlo en un instante.

Antes de que Athanasius pueda mover la mano para hacer uso de algún hechizo, Claude lo detiene. El hombre de pelo negro mira con sorpresa a su contrario.

—Sólo... déjalo así. Se curará rápido, de todas formas.

Athanasius no hace preguntas. En cambio, ensancha su maliciosa expresión.

—Si tú lo dices...

—Pero tú vas a limpiar este lugar.

Con esa sentencia, Claude se levanta de la cama mientras estira consigo una sábana limpia para cubrirse, fingiendo que el escozor en sus piernas y la tensión de su espalda no existen mientras camina lejos. Athanasius queda un momento en shock antes de mirar anonadado al menor.

—¿Disculpa? ¿No tienes suficientes sirvientes para eso?

—Tú lo hiciste. Encárgate.

—Ah, qué bien me agradeces por haber hecho todo el trabajo, hermanito.

Como si se tratara de nada, el hombre también se pone de pie mientras agarra de paso sus pantalones y se los pone rápidamente. Camina junto a Claude hacia la habitación contigua, donde los esperaría un largo baño. Uno donde Claude probablemente volvería a quedarse dormido.