Luego de una semana tan estresante, lo único que Lars quería era descansar y olvidarse un poco de su situación. Hizo a un lado los documentos que parecía no terminar de leer y suspiró fastidiado. Había dormido poco y comido cualquier cosa que sus habilidades culinarias le permitieran. Sin embargo, no era su alimentación ni sus tareas lo que lo hacían sentirse desdichado, sino que extrañaba a Mei. Ella se había ido de viaje con su hermana, y aunque, prometieron comunicarse de vez en cuando, no era lo mismo.
Se sentía como cuando vivía solo y en la casa reinaba el silencio. Aunque le agradaba la calma, ya no estaba acostumbrado a eso. Además, estaba cansado de torturarse escuchando las mismas canciones que solo le recordaban a ella. Le parecía que exageraba, pues se había ido hacía apenas dos semanas, no dos años. Aun así, no podía evitar sentirse solo. Lars se recostó en el sofá, preguntándose qué estaría haciendo ella en esos momentos y cerró los ojos, dejándose llevar por la dulce imagen de su pronto regreso.
Minutos después, escuchó que llamaban a la puerta. Imaginándose que era alguna visita indeseada, quiso ignorarlo y volverse a dormir, pero llamaron de nuevo con más insistencia. Entonces despertó por completo y a pesar de haberlo hecho con buenos pensamientos, consideró que aquella había sido una siesta bastante mala. Ahora estaba de mal humor y con el cuello adolorido, pero todo se vio olvidado cuando abrió la puerta y se encontró con la radiante sonrisa de su novia.
"¿Mei?" exclamó como si no lo creyera.
"¿No te da gusto verme?" le preguntó ella.
"Por supuesto que sí."
Lars sonrió porque su deseo se había hecho realidad. La hizo pasar y le ayudó con su equipaje, mientras ella le contaba todo lo que le había traído.
"¿Por qué no me dijiste que ya ibas a regresar? Hubiera ido por ti a la estación o al menos te habría ayudado con tu equipaje" le preguntó él, preocupado al ver esas tres grandes maletas y un par de bolsas más, y es que Mei no era para nada práctica para viajar.
"Ay, conejito. No cargué nada. Mi hermana me trajo, además quería sorprenderte, por eso no usé la llave" dijo ella simplemente.
Lars se sentó en el sofá y la miró, sonriendo aún con cansancio. Entonces, tomó a Mei de la mano para acercarla hacia él y hacer que se sentara en sus piernas. Necesitaba el contacto de su cálido y suave cuerpo cerca de él. Mei aceptó el gesto con gusto, disfrutándolo también porque lo había echado mucho de menos, y continuó contándole todo lo que había pasado. Luego de un momento, él escondió su cara en el cuello de ella.
"Conejo ¿qué pasa?"
"Te extrañé" susurró con voz ronca contra su piel, haciendo que ella se estremeciera ante el contacto y dejara escapar un ligero suspiro. Entonces, se puso de pie y lo tomó de la mano para guiarlo a la habitación. Él no opuso ninguna resistencia, como siempre que ella lo llamaba para ir a la alcoba. Era hora de calmar otro apetito que solo ella podía saciar.
Sin perder más tiempo, hicieron el amor de forma apasionada, sin pensar demasiado y sin palabras, y volvieron a hacerlo esta vez más despacio, ahora derrochando la ternura que venían acumulando luego de días de no verse. Él la necesitaba tanto como ella a él. Finalmente, ambos se quedaron descansando en la cama, acurrucados. Lars escondía su cara en el pecho de Mei, mientras ella le acariciaba suavemente el cabello.
"Mei, discúlpame, soy un pésimo anfitrión, lo hicimos dos veces y debes estar exhausta. No sé si ya comiste o si querías dormir. Lo siento, ni siquiera tengo algo preparado" susurró, escondiendo aún más su rostro y ella sonrió cuando sintió el ardor de sus mejillas.
"Nada de eso, conejito. Te extrañé muchísimo. Dos semanas sin ti se sintieron como dos años" contestó ella en forma traviesa. "Espero que te sientas mejor, porque yo me siento de maravilla" exclamó ella.
Ambos rieron y volvieron a besarse, primero con mucha pasión y luego más suavemente apenas separando los labios. Después se miraron a los ojos y sonrieron. Él le tomó la mano entre las suyas y le dio besos tiernos.
"Sabes, podríamos hacer un viajecito solo nosotros dos la próxima vez ¿A dónde te gustaría ir?" le dijo ella.
"A donde tú quieras, siempre y cuando estemos juntos"
Ella sonrió y volvió a besarlo. Ahora ya se sentía en casa.
